Relatos de tesoros malditos || Relatos del lado oscuro
Se dice que si un tesoro no es para tí, si lo tomas, te costará la vida... crees que sea cierto???
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0:00 Muchas personas piensan o quizá sueñan con encontrar un tesoro y por supuesto volverse ricos, tener todo aquello material que siempre han deseado y toda suerte de parabienes. Sin embargo, tienen una idea un tanto extraña. Hay quienes piensan que un tesoro solamente puede ser el cofre aquel que esconden los piratas en una isla desierta y cosas similares. La realidad es que no es asÃ. El asunto de los tesoros es algo bastante complicado y además involucra una serie de fenómenos paranormales que pueden llegar a ser verdaderamente peligrosos.¿ No me lo cree? Quédese conmigo, vamos a escuchar algunas historias de tesoros. Relatos del lado oscuro Fantasmas Seres extraños Sucesos inexplicables. Perversidad romana. Historias que otras mentes prefieren ignorar.
1:08 Carla nos platica una historia que le ocurrió a su papá. Hace algunos años, su padre era representante... voluntario de un partido polÃtico en el Estado Mexicano de Guanajuato. Asà es que solÃa ir a las comunidades, platicar con las personas, expresarles la necesidad de actuar de cierta forma y de unirse al partido, etc. Un hombre de convicciones. Una fina persona. Nada de polÃticos corruptos. No, no, era un hombre que querÃa un cambio. Y por eso iba a las reuniones en las pequeñas comunidades y en las regiones apartadas a en donde conoció muchÃsimas personas. Además era un hombre de sangre muy ligera que fácilmente se podÃa relacionar con las personas y establecer vÃnculos de amistad. En una de estas comunidades, al terminar una reunión, encontró un hombre que vendÃa algunos artÃculos sobre una especie de mesita improvisada.
2:18 Los artÃculos que vendÃa parecÃan ser piezas arqueológicas. SÃ, sÃ, piezas arqueológicas. Es decir, restos de alguna cultura. Cuando se acerca y están platicando, aquel hombre opina también y comienzan a hacerse amigos. Aquel sujeto le llamaban Roberto. Y comentando... El papá de Carla, don Guadalupe, le dice, oiga,¿ eso que vende ahà es original, es auténtico? SÃ, claro, es auténtico. Oiga, mi amigo, mire, le voy a dar un buen consejo. Tenga cuidado porque lo que usted está haciendo es un delito. Tomar piezas arqueológicas y venderlas no está bien. Eso si lo sorprende puede ir a dar a la cárcel y le va a ir muy mal. Y aquel hombre se rey le dice, no se preocupe, no pasa nada. Solamente son algunas cositas que uno encuentra allá en los montes. Bueno, yo le recomiendo que tenga cuidado. El hecho es que van platicando y en sucesivas reuniones vuelve a encontrárselo y al término de la reunión junto con otras personas se ponen a platicar y siempre este sujeto tiene por ahà alguna cosa que contar. Don Guadalupe siempre le recuerda, tenga cuidado.
3:29 Le aseguro que no es una buena idea. La región de Guanajuato no es muy conocida popularmente por sus sitios arqueológicos. Sin embargo, es un lugar en donde hay cosas increÃbles. Por ejemplo, Arroyo Seco. Es un yacimiento arqueológico que tiene algunas de las pinturas rupestres más extrañas de México. Es asombroso y está en un lugar verdaderamente insólito. Hay otros tantos lugares como Las Plazuelas, como Peralta. que son lugares en los que habÃa construcciones que recientemente fueron descubiertas. Es decir que durante mucho tiempo, estos yacimientos arqueológicos con toda su información, con todos sus tesoros, estuvieron literalmente descuidados y obviamente muchas personas aprovechaban eso para ir allá, rascar un poco y encontrar alguna pieza que después iban a vender.
4:21 En una de tantas ocasiones, Aquel hombre viene como de costumbre a la plática, platican, se rÃen un poco. Y don Guadalupe le dice, oiga Roberto,¿ es negocio eso que está usted haciendo? Mire, yo lo veo con riesgo para usted y se lo digo de todo corazón. Si llegan aquà las autoridades, usted va a ir a dar a la cárcel. Si estas piezas son auténticas, como usted dice, va a ir a dar a la cárcel.¿ Qué tanto vale la pena? No hombre, no don Guadalupe, esto sà vale la pena. Si agarro una pieza bonita, algo bonito, bonito, lo puedo llegar a vender muy, muy caro.¿ Qué es muy caro para usted? Pues depende, pero¿ sabe algo? Encontré algunas cosas asombrosas. Mire, y de entre sus ropas saca un pequeño cuchillo de pedernal. No es muy grande, pero es una pieza bellÃsima. El pedernal es una especie de roca filosa que se puede labrar. para formar la hoja de un cuchillo y tiene el mango probablemente con jade o alguna cosa similar. Es una pieza increÃblemente labrada que definitivamente no se parece en nada a las piezas comúnmente encontradas en las tiendas de artesanÃas. Dice,¿ y esto lo encontró usted allá? SÃ, sÃ, junto con muchas otras cosas.
5:40 Hay unas vasijas preciosas. Hay, bueno, encontré también algunas piezas menores, joyerÃa. Hombre, DeberÃa usted reportarlo a AntropologÃa porque estos son cosas muy valiosas. No sé cuánto valga esto, pero¿ este cuchillo? 16 mil pesos.¿ Lo quiere? No, no. Ni tendrÃa el dinero ni las ganas de comprar algo asÃ. Era algo propiedad de la nación. Le explica que encontró un pequeño Ãdolo ceremonial, algo, y lo colocó en 100 mil pesos. Asà es que eran cosas que valÃan mucho dinero. Pasan los dÃas, vuelve a ver otra reunión en este lugar. Don Guadalupe, este hombre que era el representante, y un hombre amigable, platican nuevamente, están allá, firman, traen...
6:29 Y a la salida no está Roberto. Qué raro. Siempre llegaba a platicar. Vaya, se habÃan hecho amigos. Es más, terminando la plática y después de que vendÃa alguna chucherÃa por ahÃ, se iban a tomar un refresco juntos y a seguir platicando. Pero esa vez no está Roberto. A la semana siguiente tampoco. En los meses sucesivos y conforme se aproximan los periodos en los que habÃa que hacer alguna cosa, elecciones y demás, se vuelve más intensa la actividad y tienen que estar yendo más y más y no lo ven en ningún momento. Pasa el tiempo y a los meses de aquella situación regresa. Tiene que llevar una información, algo, una nueva asamblea y se encuentra otro de los conocidos. con el que platica mucho y que siempre estaba cuando estaba ahà Roberto. Y lo llama y le dice, óyeme,¿ qué pasó con Roberto? No lo he visto en mucho tiempo. Ya lo metieron a la cárcel, ¿verdad? No, no, no, don Guadalupe. Se ha visto malÃsimo.¿ Cómo que malÃsimo? No lo reconocerÃa usted. No lo reconocerÃa. Está hecho un esqueleto, se está muriendo. ¿Cómo?¿ Por qué? No lo sé. Mal de ojo, seguro mal de ojo, pero está malÃsimo. Hombre, qué tristeza me da. Bueno, si lo ves, dile que si le puedo ayudar en algo, me pase a ver.
7:50 Ãl ya sabe dónde vivo. Ya se va a sus cosas. A Carla, en particular, le hace memoria un incidente que habÃa habido. En esos dÃas en los que le llevaron el cuchillo para que lo viera, aquel hombre habÃa llevado también unas caracolas. SÃ, unos objetos ceremoniales como una especie de instrumento de viento que producÃan un sonido que erizaba la piel. Cuando Roberto y Don Guadalupe estaban juntos platicando, Carla, que estaba por ahÃ, escuchó aquel sonido y la dejó muy nerviosa. Era un sonido imponente. De aquellas piezas ni siquiera preguntaron cuánto podÃan valer y prefirieron no decir nada. Cuando Don Guadalupe llega a casa y comenta aquello de que el hombre que vendÃa las piezas arqueológicas está muy enfermo, bueno, pues qué pena, ¿no?
8:38 Ninguno de los que están allà tiene más palabras que decir. Era un señor, se enfermó, bueno. Unos dÃas después, por la tarde, ocurre algo inusual. Aparece aquel hombre. Toca la puerta de don Guadalupe y abre. Y por supuesto Carla, que era una niña en ese momento, se acerca y lo ve. Y lo que ve es un esqueleto. Es un hombre que está en los huesos, con la piel ceniza. Tiene varios mechones faltantes de pelo, los ojos hundidos, los labios totalmente raros como agrietados. Camina con dificultad, pero ha venido a ver a don Guadalupe para agradecerle su preocupación y que hubiera preguntado por él. Don Guadalupe lo hace pasar, lo siente en una silla y le dice, hombre, muchacho,¿ qué te pasó? Roberto era un tipazo asà enorme, de piel cobriza, bañado de sudor por el esfuerzo, el sol.
9:33 Era un hombre fuerte. Lo sientan, le sirve un vaso con agua, se refresca un poco y le dice, no hombre, don Guadalupe, si supiera usted,¿ qué pasó? Me enfermé muy mal, muy mal, muy mal. Y empieza a contarle que más o menos en aquel tiempo que lo dejó de ver, comenzó a sentir dolores por todas partes, un cansancio increÃble y empezó a debilitarse. Aún cuando comÃa no le aprovechaba la comida y la mitad de lo que comÃa lo regresaba. Empezó a dejar prácticamente de comer, de beber, de caminar. No podÃa. Empezó a ir a un hospital, a otro, a otro. Fue con este médico que determinó que tendrÃa un cáncer. El otro determinó que tendrÃa tal otro. Y el otro asà y asÃ. Le hicieron tomas de sangre, muestras.
10:22 Lo metieron a una máquina. Lo mandaron a la gran ciudad a que le hicieran otras cosas. HabÃa reunido algún dinero con todas las cosas que habÃa vendido. Pero todo se fue. Todo se fue completamente. No hombre, qué pena.¿ Y qué pasó? Pues no era eso. Después de haber consultado a una veintena de especialistas que cada cual le fue diciendo una cosa diferente, seguÃa muy mal. Bajando, bajando, bajando. En uno de los últimos laboratorios que le hicieron, el técnico que examinó la sangre y las muestras le dijo, usted está en perfecto estado. Yo no veo nada anómalo en sus exámenes. Usted se está muriendo perfectamente sano, como si voluntariamente estuviera muriendo. En ese último estudio y ante semejante comentario decidió dejar por la paz aquello e ir a buscar a un viejo conocido, allá en las montañas, un hombre al que le decÃan brujo, curandero, chamán, lo que usted quiera, cuando llegó. Aquel hombre por poco lo saca de su casa. Iba a cruzar la puerta. Cuando aquel sujeto empezó a gritar, que no, que no entrara, que se saliera inmediatamente, que esperara allá, lejos, lejos, haciendo señas en dirección hacia unos árboles que estaban afuera de la casa, allá, espera, no entres. Alarmado, retrocede y se sienta.
11:46 Aquel hombre comienza a hacer cosas y vienen unos ayudantes que le dan un brebaje, viene otro que lo rocÃa con algo y le hace. Después de mucho rato, viene aquel curandero. quien desde cierta distancia, sin acercarse, sin tocarlo, por supuesto le dice, tú te metiste a un camposanto, te metiste a un entierro, por eso estás asÃ. Por supuesto, Roberto no quiere aceptarlo, porque sabe algo, lo que habÃa encontrado ahà eran cosas bellÃsimas de un valor increÃble. Era una pequeña cueva, escondida en las montañas, habÃa llegado con mucho esfuerzo, Y cuando llegó encontró desde el cuchillo aquel precioso, las caracolas, unas vasijas llenas de cosas extrañas, encontró por supuesto muchos restos humanos. Probablemente algunos de ellos habÃan sido sacrificados o asesinados y otros no. Pero también encontró numerosas piezas de pedrerÃa muy fina, muy antigua, propia de las culturas que se asentaron en esta región. HabÃa desde platos, objetos ceremoniales, vasijas, pero nunca se lo dijo a nadie.
13:00 Lo habÃa guardado en el más absoluto secreto y dado que la entrada era tan complicada, tan difÃcil de llegar, estaba seguro que nadie lo sabÃa. Pero este hombre se lo dice, tú te metiste a un camposanto, a un lugar en donde enterraron gente y te robaste sus cosas. Ãl responde, no, eso no es cierto. A lo que nuevamente aquel chamán le dice, claro que sÃ, por eso te estás muriendo. yo los estoy viendo, vienen contigo allà está un tipo ese está muy enojado porque dice que el cuchillo que le quitaste era algo que apreciaba mucho ese otro de allá era un músico ceremonial y le robaste sus instrumentos y hay otros ahà que están muy molestos también porque algo les tomaste pero no entiendo bien lo que dicen están enojados y los traes colgados el del cuchillo dice que te va a matar por supuesto Roberto se queda helado. Donde está sentado, claramente se da cuenta que aquel hombre está diciendo algo que no podrÃa saber.
14:07 Levanta la mirada y le pregunta qué puedo hacer. Fácil, devuelve todo y pide perdón. AsÃ, devuelve todo y pide perdón y no se te ocurra volver a tocar nada. Lo que hiciste fue lo peor que pudiste hacer, es ser un enterramiento. Estas gentes, esto que traes ahora en vida, Fueron chamanes, fueron seres poderosos y tú fuiste a robarles. Devuélvelo, pide perdón y no vuelvas a tomar nada. Por supuesto, Roberto, como puede, recupera lo que habÃa vendido por ahÃ, algunas cosas, y una tarde, caminando con gran dificultad entre los peñascos, logra meterse a la cueva en donde coloca todo y de rodillas, llorando, pide perdón. Después de eso se dio la vuelta, salió y penosamente, con mucho esfuerzo, comenzó a arrojar piedras, a tapar la entrada, hasta que finalmente aquello quedó perdido en medio de la maleza y él volvió a su casa sintiéndose sensiblemente mejor. Con el paso de los dÃas ya podÃa caminar bien. Con el paso de los dÃas decidió ir a ver a su amigo para decirle que tenÃa razón, pero no la que él creÃa, no lo iban a meter a la cárcel. Lo iban a matar los dueños de aquellos objetos que él creyó que a nadie le importarÃan. Por supuesto, al paso del tiempo, recuperó su fuerza, se volvió otra vez aquel hombre imponente de piel, cobriza fuerte, en sus tierras cultivando, sembrando. La
15:42 salud y la fortuna le florecieron a partir de entonces. Porque aún después de la muerte, aquellos poderosos chamanes, sacerdotes, seguÃan apreciando sus objetos. Quizá, porque en alguna concepción de su universo, después de la vida, hay otra vida, y necesitarÃan todo aquello que estaba allÃ, y Roberto se los habÃa robado.¿ Usted qué pensarÃa? Y ahora, del Estado Mexicano de Guanajuato, De esta región donde ocurre el relato anterior, déjeme que lo lleve un poco más hacia el norte, a Fresnillo, Zacatecas. Le voy a platicar algo histórico brevemente.
16:35 Cuando México entra en el periodo de la Revolución Mexicana en 1910 más o menos, esta zona se convierte en un punto de tránsito importante. Tropas que venÃan del norte de México, la famosa división del norte de Pancho Villa y un montón de tropas más cruzaban por aquÃ. por lo que los federales se atrincheraron en las diferentes ciudades del Estado Mexicano de Zacatecas, entre otras el propio Fresnillo. Lo que significó la llegada de tropas villistas, carrancistas. Los revolucionarios llegaron y aplastaron a las tropas federales. Diversas batallas se libraron ahÃ, al mando del general Panfilo Natera, al general Felipe Ãngeles, al propio general Pancho Villa. El hecho es que llegaron, Y ciertamente la llegada de los revolucionarios no era algo muy saludable. Le explico un detalle. VenÃan con sed de venganza.
17:28 Y estas regiones eran realmente bastante ricas. Eran regiones en las que habÃa haciendas con mucha producción, ciudades muy prósperas con comercio importante, y por supuesto aquellos que llegaban venÃan deseosos de tomar todo lo que pudieran. Muchos de ellos no tenÃan ninguna idea polÃtica en absoluto. pero iban a la bola, como le llamaban, porque de alguna forma recuperarÃan algo, obtendrÃan algún beneficio. Por su parte, los soldados federales tampoco eran unas almas de Dios. Se trataba de sujetos peligrosos, muchos de ellos eran soldados de leva. Es decir, no eran soldados con un entrenamiento o con una carrera militar, sino gente que habÃa sido tomada de entre las comunidades para que se vistiera un uniforme y fuera a echar bala.
18:14 Asà es que unos y otros solÃan ser extraordinariamente crueles y violentos. Y si cuando los federales llegaban a alguna comunidad, esta comunidad habÃa ayudado a los revolucionarios, los federales acababan con esa gente. Pero cuando llegaban los revolucionarios de vuelta, porque asà era este juego, arrasaban con las comunidades que en algún momento habÃan apoyado a los federales, y Fresnillo estuvo entre los dos bandos, todo el tiempo. Fresnillo en aquel momento era una ciudad bastante próspera, Era una comunidad grande. Y sin embargo, cuando llegaron los villistas y los del general Felipe Ãngeles, bueno, ocasionaron horrores. Y luego cuando llegaron los de Huerta, de Victoriano Huerta, y trataron de recuperar aquello, masacraron a otras personas. Fueron momentos muy tensos.¿ Y sabe qué ocurrÃa? No solamente se robaban las cosas materiales, sino que también mataban a las personas y agredÃan sexualmente a las muchachas. Eso era un denominador común, lo que llevó a que muchas personas optaran por esconderse. Pero no todos.
19:21 Si llegaban los guerrilleros, los revolucionarios, si no encontraban a nadie, buscarÃan dónde estaban escondidos. Asà es que muchas veces se quedaban para dar la cara. El padre, algún hijo varón, la abuela, la empleada, una señora ya mayor, solÃan ser la forma de distraer un poco mientras que las jovencitas, Estaban escondidas en algún sótano, en alguna zona baja, en algún lugar donde no las vieran. Era la forma en la que se podÃan proteger. Las armas no servÃan de nada. En un cierto momento habÃa 20.000 villistas que atacaron, revolucionarios que atacaron Fresnillo, mientras que los federales eran 5.000.¿ Con qué fuerzas se podrÃan defender? No habÃa manera. Y exactamente eso fue lo que pasó. Entre 1911 y 1914, Fresnillo fue tomado por un bando, luego por otro, luego por otro, y en cada ocasión se cometieron atrocidades, lo que llevó a las personas a optar por esconderse. Y el abuelo de Lilian, el bisabuelo de Lilian, hizo eso. Una de tantas tardes llega corriendo un hombre y comienzan a sonar las campanas del pueblo.
20:31 Es un aviso. Vienen. No saben quién viene. Saben que habÃa una pequeña guarnición, pero ya no están. Es decir, los soldados, al saber que venÃan los guerrilleros aquellos, los revolucionarios, se fueron. Cuando llegan, comienzan a arrasar todo. Pero el bisabuelo de Lilian lo que hizo fue esconder, esconder a sus hijas. HabÃa hecho un arreglo por allá atrás. Una especie de aljÃber que habÃa convertido como en un refugio, muy difÃcil de identificar. Y más allá. HabÃa estado enterrando... El dinero que tenÃan, los bienes. Era un hombre que le habÃa ido bien en la vida, que habÃa trabajado muy duro y junto con su hijo, el mayor, y algunos otros parientes habÃan hecho dinero. Por lo que cuando oÃan que venÃan los revolucionarios, se fueron a los terrenos atrás.
21:18 Era una casa muy grande que tenÃa un corral, un patio. Por allá atrás fueron a enterrar una especie de ollas, estas ollas de barro. Estos jarrones de barro los rellenaban con lo que valÃa algo. En ocasiones se trataba de papel moneda que muy pronto no valdrÃa nada, pero en otras ocasiones era dinero de oro, de plata, joyerÃa y cosas que pudieran tener algún valor. Lo escondieron allá y en otro lugar escondieron las semillas y demás y se prepararon para la llegada de los guerrilleros y cuando llegaron, por supuesto que no los iban a dejar en paz, se llevaron al hombre, se llevaron a su hijo A la nana, que era la única que estaba por ahÃ, le dieron un culatazo en el estómago y ahà la dejaron doblada. Pero al papá y al hijo mayor se los llevaron. Los golpearon incansablemente hasta que quedaron convertidos en unos sacos graves, muy lastimados. El hijo no soportó y murió.
22:19 Su cuerpo lo aventaron por ahà en una barranca. Al viejo creyeron que estaba muerto y también lo tiraron. Pero pronto, cuando se fueron los revolucionarios, alguien fue y lo encontró y estaba con vida. Lo llevaron de regreso a casa todavÃa lúcido, pero tan lastimado que apenas pudo decir lo que querÃa hacer. Para esta hija es tal casa, para esta otra es tal otra casa. TenÃan varias. Asà es que dejó protegidas a las hijas y murió. Fue pasando el tiempo. Y por supuesto la pregunta clave es¿ dónde está el dinero? Las hijas no podÃan trabajar y empezaron a haber problemas por todos lados. Y con el paso del tiempo, bueno, las cosas se van acomodando y cada quien encuentra su camino. Pero de igual forma el paso del tiempo hace que las familias vayan mudándose, cambiando de lugar.
23:09 Y llega un punto en el cual comienzan a vender las propiedades. Y asà es como la primera casa que se vende fue algo muy peculiar.¿ Por qué? Ellas habÃan rascado por todas partes, buscando a ver dónde estaba el dinero que su papá habÃa enterrado, y nunca lo encontraron. El viejo siempre les dijo que tenÃan que luchar por ellas mismas, que habÃa dejado esas propiedades para que vivieran ahÃ, pero que del dinero eso no. TenÃa esa mala idea, o esa buena idea, de que el dinero solamente corrompe. HabÃa visto a hombres convertirse en animales en buscar dinero, asà es que no querÃa eso para sus hijas. Pero fue entonces cuando vendieron la primera casa. Ya no habÃa tanto dinero y hacÃa falta algo. El nuevo dueño de la casa pretendÃa construir algo ahà pequeño. Un comercio pequeño.
24:07 Mandó unos trabajadores y empezaron a demoler la vieja casa. Y poco tiempo después, en lugar de construir un pequeño comercio, construyeron un edificio de varios niveles. Una cosa enorme con un montón de puertas y accesorios. Todo el mundo se sorprendió y comenzó a correr el rumor de que aquel sujeto habÃa encontrado el dinero que estaba escondido allá. Después, cuando vendieron la otra parte de la casa, la que daba hacia el mercado, para un hombre que iba a poner una carnicerÃa, llegaron sus trabajadores y empezaron a derribar las viejas paredes, la vieja casa, y de pronto todos los trabajadores huyeron. Y nunca nadie los volvió a ver. Bueno, es un decir. Después se supo de ellos que todos habÃan ido a otros lugares porque habÃan encontrado mucho dinero, mucho oro. Allá atrás, ahà donde el viejo habÃa escondido eso.
25:05 Y después alguien que vino a terminar la construcción volvió a encontrar y en otro lado otra vez y asà sucesivamente. Era increÃble, pero¿ sabe qué? No todo en esta vida es felicidad, porque el hombre que construyó el edificio aquel con muchas cosas murió muy poco tiempo después. Muy enfermo, nunca se recuperó. El carnicero tuvo suerte porque él nunca encontró nada. Pero los trabajadores que encontraron, eso sà que les fue mal. Y no volvieron, no solamente porque hubieran huido, sino porque murieron. Y cada uno de aquellos que tenÃa la gran fortuna de encontrar el tesoro iba perdiendo la vida. Ese dinero no era para ellos, no era para nadie. Aquel hombre al morir seguramente habÃa pensado que ese dinero solamente traerÃa tristeza, pesar, dolor. Lo mismo que él tuvo cuando vio a su hijo morir a manos de aquellos revolucionarios que insistentemente preguntaban dónde está el dinero, dónde escondiste el dinero, dónde están las hijas y no quiso decirlo.
26:07 Asà es que aquello estaba marcado. Con el paso de los años la vida sigue y por supuesto, Las familias se recomponen y cada quien sigue su camino, pero queda la memoria, la memoria de aquello, de ese dinero que encontraron y que les causó tanta tragedia, porque sabe, estaba marcado con la sangre, la sangre de su dueño, al que mataron, para que revelara dónde estaba el tesoro. Y de Fresnillo, Zacatecas, déjeme que lo lleve a Torreón, Coahuila, también al norte de México. También. Un lugar que históricamente está marcado por la violencia, la guerra, sucesivas invasiones de los Estados Unidos, guerras interiores, levantamientos armados, Revolución Mexicana e Independencia. Vaya, no son lugares en los que se pueda decir que se ha vivido en paz. Aún hoy en dÃa. El hecho es que en 1968, Lidia va con su abuelo. A visitar a su compadre. Viven ahà mismo en Torreón. Tienen algún grado de parentesco. Como suegros con suegros. Algo tienen ahÃ.
27:25 Además de ser buenos amigos. El abuelo de Lidia. Quien la ve como su hija. Y la ha criado desde que nació. Es un hombre de mucha confianza. Es una gran persona. Asà como se lo estoy diciendo. Un tipo derecho. De esos que no tienen vuelta. Están allá. Se toman un café. Se rÃen un rato. Cuando el compadre le dice. Oigan. Compadre, venga, le quiero enseñar algo.¿ Qué es, compadre? No, no, venga usted, venga usted, le muestro, está allá afuera. El abuelo se va caminando sin darse cuenta que Lidia, que en ese momento tiene unos ocho años, va oyéndolos a escondidas, como buena niñita, curiosita. Va con sus zapatitos muy mona, muy arregladita, porque la abuela la cuida como si fuera de oro.
28:12 Es su gran tesoro. Y el abuelo está loco por su nieto. El hecho es que ella va a escondidas por ahà atrás a ver de qué se trata. Se imagina quién sabe qué cosa, que alguna cosa linda de ser. Pero cuando llegan allá atrás, lo que hay es un montón de tierra y un agujero, un agujero grande. Es como una poza, como un pozo, algo que hicieron. Y al compadre le empieza a explicar. Mire usted, mandé a hacer aquà una letrina para un nuevo baño y excavamos ese pozo. Pero¿ sabe qué, compadre? Nomás no le diga a nadie. Pero allá abajo encontré algo.¿ Qué encontró usted, compadre?
28:53 Cuando ya estábamos llegando hasta abajo, topé con algo. Algo como de unas especies de jarros. Y los limpié y revisé adentro y¿ sabe qué, compadre? Están llenos de monedas de oro. No, hombre, no me diga eso, compadre.¿ Y qué hizo?¿ Qué hizo? Las hice un ladito y seguà rascando. Y resulta que abajo de eso hay un montón de esqueletos, compadre. Están allá los muertos. Entonces volvà a poner eso y les iba yo echando tierra, pero cuando salÃ...¿ Qué cree, compadre? HabÃa dos tipos. Dos tipos.¿ Qué le dijeron?¿ Le querÃan quitar eso? No, no, no. No, compadre, no eran vivos.
29:34 Han de haber sido de esos que estaban allá abajo porque allÃ... Cuando me paré y los vi, me empezaron a hablar, pero yo ya los veÃa y esos no eran de ahora. No, compadre, esos no eran de ahora, esos ya eran muertos de hace tiempo. Y me dijeron, ese dinero es para ti. Anda, bájate y sácalo, es para ti, no te preocupes. Tómalo que te va a caer bien. Y entonces,¿ qué pasó, compadre? Nada, pues yo ya estaba contento. Y fue cuando me dijeron, nomás te pido un favor. Regálame dos personas, dos chiquitos, dos que tú quieras, de aquà de tu casa. Ni te vas a dar cuenta que ya no están. Ãndale, me los traes allá abajito y ahà los dejas. En pocas palabras, tenÃa que traer dos niños, matarlos y enterrarlos ahÃ. Y después de eso el dinero era de él. Horrorizado, no supo qué decir. Y mejor se fue gritos y gritos rezando el Padre Nuestro. Cuando el compadre le dice...¿ Y usted qué piensa hacer? Si usted, compadre, le entrarÃa. No, claro que no. Para mÃ, ningún tesoro vale nada. Yo ya tengo mi tesoro. Y el tesoro estaba huyendo todo, es decir, la nieta que estaba ahà a la vuelta, estaba huyendo todo espantadÃsima, esperando a ver en qué momento el abuelo decÃa, va, yo le entro y avienta a su niña. Es decir, a Lidia. Lidia se imaginó, mi abuelo va a decir, sÃ, aquà ven, traigan a Lidia y aquà le echamos. Pero no, el abuelo se puso de una pieza y dijo, no,¿ cómo cree? Jamás. Para
31:06 mà es más tesoro mi niña que ninguna otra cosa en la vida. Conmigo no cuenta. Y sabe qué, compadre, mejor tape eso. Ande, tape eso y no esté teniendo pensamientos. El compadre se rió y le dijo,¿ qué pensamientos iba yo a tener, compadre? Jamás. Nada más le digo, para que sepa usted que si me pasa algo es por eso. Yo no toqué nada. Ni pensaba hacerlo. Aquel hombre tenÃa una niñita también, la Cuquilla, le decÃan, de unos ocho años, y también era su tesoro. Asà es que no, y a nadie le dirÃa. Tapó aquello y advirtió a su familia. Jamás rasquen ahÃ. El que rasque ahÃ, le va a caer una maldición muy fea y van a tener muchos problemas y se van a morir muy pronto. Y los amenazó tanto que nadie nunca más volvió a rascar ahÃ.
31:52 Lo que sea que hubiera encontrado. Y aquellos huesos o aquellos seres siguen ahÃ. Por supuesto el tiempo va pasando. Y claro, en algún momento alguien lo encontrará. Solo Dios sabe lo que pasará en ese momento. Pero ese dÃa, el abuelo de Lidia al salir de ahÃ, con gusto agarró la mano de su nieta. Y la nieta con orgullo agarró la mano de su abuelo. De una sola pieza. aquel que ni siquiera un cañonazo de 50 mil pesos lo doblarÃa, y se fueron caminando muy contentos a su casa. Y ahora, si me lo permite, vamos a dejar México, un momento, y nos vamos a Barbuda, en el Caribe, una isla preciosa.
32:47 Allá vive Mijail. Y Mijail nos cuenta una historia bien interesante. Una historia de su abuela. Muchos años atrás, su abuela y su abuelo vivÃan en una pequeña casa, con piso de madera, muy tropical. El abuelo era marino y servÃa en la marina mercante. Asà es que habÃa veces que se iba por mucho tiempo y habÃa veces que venÃa. El hecho es que una tarde, la abuela está sentada. Está oyendo su radionovela, como siempre le ha gustado. Tiene una de estas mecedorcitas. Y está tejiendo algo, haciendo algo, muy contenta, cuando de pronto empieza a sentir como un sueño raro. Asà como cansada, como raro. Y de pronto, pum, se pierde un momento. Pero cuando reacciona, frente a ella hay un hombre.¿ Y usted qué hace aquÃ? Tranquila, yo la voy a ayudar.¿ Usted a qué me va a ayudar? Venga, le voy a enseñar algo. Ande, venga. La abuela. En esa especie de trance, sueño, como usted quiera verlo, deja la costura a un lado y se levanta, pero sigue oyendo el ruido de la radionovela y camina hacia donde ese hombre le está hablando. No siente temor, pero tampoco siente confianza. Aquel hombre le dice, mire, hay que levantar esa tabla del suelo. Ande, levántela. Pero¿ cómo la voy a levantar? Está, yo le ayudo. Y en una cosa rara, como que jalone, le dice, ahora sÃ, levántela. La abuela levanta la tabla. Rasque. Allá abajito de la madera habÃa
34:20 ya tierra suelta. Entonces rasca y encuentra algo. Dice, ahora sáquelo. Sáquelo. Oiga usted,¿ pero eso qué es? Usted sáquelo. Mueve la tierra y saca. Y resulta que hay una especie de caja. Como una caja de madera rara. Cuando levanta la tapa aquella, adentro está lleno de monedas. Ella no sabe muy bien si es de oro o de qué es eso. Pero está lleno de monedas y de cosas. Y entonces lo tapa. Y aquel sujeto le dice, es suyo, ande, es suyo, tómelo, pero la vuela en esa especie de trance raro. No reacciona y prefiere que no y tapa aquello y lo avienta y se va. Y en ese momento despierta, sentada en su silla aquella, en su mecedora, y la radionovela está sonando. No ha dejado de escuchar la radionovela en todo este tiempo. se sorprende porque de hecho el tejido también está en la mesa donde ella en su sueño o lo que fuera porque en realidad era extraño en su sueño ella habÃa tomado su costura aquella que estaba haciendo y la habÃa puesto allá y ahora que reacciona la costura está allá pero no sólo eso esa tarde también regresa su marido y cuando regresa ella le platica ese sueño raro y el hombre se rÃe mucho le dice pero en qué cabeza cabe te quedaste dormida oyendo tus cosas esas y seguro soñaste algo No, estuvo muy raro, fulano, mira, es en esa tabla de ahÃ. Y cuando se acercan, la tabla está desprendida. Y además se ve como que
35:52 hay tierritas alrededor, como si hubieran regado tierritas. Pero la abuela recuerda que ella no estuvo bien eso, que no le gustó. El hombre, el marido, levanta la tabla con facilidad, nada más la toca y la levanta. Y si ahà abajo está, el hombre rasca, pero no encuentra nada. AsÃ. Rasca y rasca. Ya ves, son puras fantasÃas. Tú qué locura ni que nada. Va por un martillo, clava aquello y ya lo arregló y siguen con su vida. Algún tiempo después al abuelo de Mijail lo transfieren a otra base, pero no se imagine usted 20 años. No, no. En unos meses después lo transfieren a otra base y se tienen que cambiar de lugar. VivÃan en la costa y se tienen que ir a otra parte. El hecho es que venden la casita. No es una casa enorme, es una cabaña.
36:39 El comprador es un sujeto común y corriente, un marinero, también conocido de ellos, un hombre que anda en la pesca. Se las compra y se va a vivir allá. Pocos dÃas después, alguien les comenta que aquel hombre encontró el tesoro. Oh, sÃ. Aquella historia falsa que habÃa dado tanta risa al abuelo, resulta que el abuelo le habÃa platicado por ahà a alguien y ese alguien a alguien más y asà se corrió el rumor. Y por supuesto, el marinero que compró la casa, lo primero que hizo fue ir a buscar el tesoro y lo encontró. Y se corrió la voz por todas partes. Aquel hombre habÃa encontrado el dinero, el tesoro, como decÃan ellos. Solo Dios sabe qué era lo que habÃa ahÃ, pero el hecho es que ese hombre lo sacó.
37:24 Felizmente y todo mundo se enteró. Pocos dÃas después estaba muerto. SÃ. Salió al mar. Era un marinero de años. Y en un dÃa con sol, calma, oleaje suave, viento suave, desapareció para nunca volver.¿ Tesoros o maldiciones? Y esto ocurre en Barbuda, no en México.¿ Ahora quiere que le cuente otro? Vámonos otra vez al norte de México, Saltillo, Coahuila. Hace algunos años.
38:10 No tiene tanto tiempo. Marta nos platica una experiencia muy rara. Su papá tiene dos hermanos. Ambos trabajan y viven en una zona conocida como La Carbonera, que está retirada de Saltillo. El papá, Marta y su familia viven en Saltillo. El hecho es que un dÃa están en casa en la noche cuando alguien toca la puerta y aparece una mujer ahà que nadie conoce. Es una mujer que está muy exaltada, que viene y le dice uno de tus hermanos se accidentó y está en el hospital y se va corriendo. No saben de dónde salió esa mujer, ni quién era, ni por qué estaba allÃ, ni nada. Y no dijo ni cuál hermano. Bueno. Se dan a la tarea de ir hospital por hospital, buscando al hermano, suponen que algo pasó.
38:54 Y sÃ, efectivamente, cuando llegan al hospital número 2, al general número 2, resulta que ahà sà estaba su hermano, y habÃa tenido un accidente de auto. Allá arriba, cerca de la carbonera, en los pueblos, en la zona de montañas, se habÃa salido del camino, un camino vecinal, un camino de tierra, y habÃa caÃdo una barranca. Estaba lastimado, tenÃa algunas costillas lastimadas, Algunas lesiones no estaba grave. Se recuperarÃa. La persona que los atiende les dice que además venÃa en estado etÃlico, que venÃa ebrio completamente y que por eso habÃa perdido el control y se habÃa salido. Qué raro. Van allá y se lo encuentran. Y bueno, está consciente. Y cuando le preguntan qué pasó, dice no, no, no, no me lo vas a creer.¿ Por qué? Me encontré con el diablo.¿ Cómo que te encontraste con el diablo? Dicen que ibas borracho. No, mano,¿ cómo crees? Y empieza a platicarles. El dÃa en cuestión habÃa ido a ver a unos amigos suyos en el poblado.
39:55 Después de ahà tenÃa que volver a agarrar esta ruta vecinal para volver a casa. Como estaba ya muy cansado de todo el dÃa trabajar, nada más estuvieron platicando un rato y él se tomó una cerveza. HacÃa calor. Es un lugar muy caliente. Asà es que ya, un tanto cansado, Decide subirse a su camioneta y regresarse. Hay un detalle pintoresco. Y es que no era una camioneta nueva. Más bien era una camioneta vieja. Y como el asiento ya tenÃa algunos agujeros por el uso, le habÃa puesto una cobija muy bonita de colores. Uno de esos zarapes de colores muy mexicanos para que no se vieran los agujeros del asiento.
40:35 Ãl contaba. que al ir de regreso a casa, ya oscuro, va en aquel camino solitario y siente muchas ganas de hacer pipÃ, debe orinar. No hay nadie, está lejos de cualquier parte, no hay ninguna comunidad, no hay casas, no hay transporte ahÃ, es un camino vecinal, es un camino interior. Asà es que detiene la marcha, se baja y ahà a un lado hace sus necesidades. Después se regresa a su camioneta, cierra la puerta, la pone en marcha y en ese momento se le aparece un tipo aquà en la ventana, pegado en la ventana. Y al mismo tiempo que se le pega en la ventana hay un olor espantoso en el ambiente, un olor muy feo. Y él se da cuenta que ese olor es como de azufre, porque a veces ellos queman azufre para algunas cosas del campo.
41:23 Y es ese mismo olor. Y este tipo le está pegando en el vidrio y le dice, oye, tengo mucho frÃo, dame tu cobija. refiriéndose a la cobija con la que tiene cubierto el asiento. Pero es su zarape, su zarape veteado de esos bonitos, de colores, y no te voy a dar nada,¿ cómo crees?¿ Quién sabe quién seas tú? Tal por cual pone en marcha el vehÃculo y aquel sujeto sigue golpeándole la ventana, diciéndole, tengo mucho frÃo, dame tu cobija. Arranca y comienza a manejar. Es un camino de esos de tierra suelta, no es como para echar carreras, asà es que va relativamente despacio cuando de pronto enfrente de él está de nuevo ese tipo. Aún cuando va despacio, no hay manera de que ese mismo sujeto hubiera venido corriendo y ahora estuviera enfrente. Pero está enfrente, detiene la marcha y le vuelve a gritar, dame tu cobija, ándale desgraciado, tengo mucho frÃo o déjame que vaya contigo, ábreme la puerta y me voy contigo. No, pues ya le dio miedo.
42:24 vuelve a poner en marcha la camioneta y aquel sujeto salta y se le pone en el vidrio y no lo deja ver diciéndole una y otra vez dame tu cobija, tengo mucho frÃo dame tu cobija, hasta que de pronto le dice, si me das tu cobija te doy un tesoro yo te llevo a donde está el tesoro entonces este hombre para la camioneta porque será todo lo que usted quiera pero ambicioso si es y aquello del tesoro inmediatamente le despierta mucha curiosidad por lo que baja un poquito el vidrio Es a la ventanilla de la camioneta y le dice, si me das el tesoro, yo te doy la cobija. Primero el tesoro, luego la cobija. Y aquel sujeto se rÃe mucho y le dice que sÃ.
43:05 Pero que él lo va guiando. Y no se quita del vidrio. Y entonces, arranca. Aquel tipo le va diciendo, muévete a la derecha, ahora a la izquierda, ahora a la derecha, ahora a la izquierda. Y cuando se da cuenta, cae a la barranca. Su camioneta se voltea y ahà se queda. Bueno. Pues sÃ, sonaba increÃble. El papá de nuestra amiga Marta se rÃe mucho. Dice, podÃas haber inventado algo más creÃble, hombre, que se te atravesó un burro o cualquier cosa, pero eso que contaste. Ay, compadre ya como sea, paga la multa para sacar la camioneta, porque ya que se accidentó, alguien que pasaba por ahà mandó a la policÃa, la policÃa recuperó el vehÃculo y lo llevan a detener. Cuando van a donde está la camioneta detenida, De pronto se acuerdan de aquello de la cobija.
43:57 La cobija. Y al asomarse en el interior se percatan de que efectivamente ya no está la cobija. El problema es que tampoco el tesoro. Asà es que si usted pensaba encontrar por ahà un tesoro, no piense que va a ser cosa buena. Y de hecho a veces pueden ser cosas muy peligrosas. Ahora déjeme que lo lleve a los años ochentas. Estamos en la zona conocida como Cholula en Puebla. Es una zona histórica increÃble. Cholula es hoy en dÃa la ciudad viva más antigua de Latinoamérica. Es la ciudad que más tiempo ha estado ocupada de forma continua en la historia de Latinoamérica. Pero además, tiene numerosos edificios que datan del siglo XVI. Su convento, su iglesias y tiene una iglesia en cada esquina es una locura pero además tiene la pirámide más grande en cuanto a volumen del mundo si la pirámide de cholula tiene un basamento gigantesco el problema es que está totalmente cubierta de tal forma que pareciera ser simplemente un cerro una pequeña montaña y en la parte de arriba está una iglesia es un paisaje bellÃsimo porque además detrás de esta iglesia hay dos volcanes impresionantes que cuando están cubiertos de nieve generan una imagen que debe de haber impresionado a cualquiera,
45:28 pero le voy a platicar algo. En 1519, estas tierras tranquilas, que en los años 80 seguÃan siendo zonas de cultivo de maÃz, fueron escenario de una masacre. En 1519, el conquistador español Hernán Cortés, apoyado por unos 3.000 o 4.000 tlaxcaltecas, pertenecientes a la etnia tlaxcalteca, tomaron por asalto Cholula. Y pensando que se preparaba una emboscada en su contra, masacraron a 6.000 habitantes. La parte baja, cercana a la pirámide, que era el lugar de los asentamientos de las personas donde tenÃan sus casas, sus cocinas, lo que fuera, fue arrasada por estas huestes. Cientos de personas quedaron tendidas por todos lados en un ataque relámpago.
46:21 La gran mayorÃa de estos cuerpos se fueron perdiendo entre las tierras, Y al paso del tiempo, y volviendo a 1980, cuando comienza a urbanizarse esta zona, cuando comienzan a crecer las casas y demás, y hace falta servicios, comienzan a darse cuenta que donde sea que escaven, encuentran restos arqueológicos. Es imposible detener todo el avance, porque apenas excavar un poco se encuentran fragmentos de ollitas, de platos, de vasijas, y entonces ocurre aquello. Florentino era un ingeniero que estaba trabajando en los sistemas de drenaje. Cuando le hablaron, tenÃa que ir de urgencia. A una cuadra de ahÃ, donde estaba trabajando un equipo de excavación, habÃan encontrado esqueletos. Al asomarse, habÃa varios esqueletos. No era uno, eran varios. Un grupo de arqueólogos que estaban trabajando cerca en un hallazgo fueron allá a valorar y efectivamente eran de la época aquella, eran esqueletos muy, muy antiguos. Descubrieron un poco, abrieron aquà y allá, y encontraron la forma en la que estaban.
47:25 Aparentemente estaban como entrelazados. Era algo muy raro. Como si hubiesen estado juntos y se hubieran abrazado o los aventaron juntos. Era algo muy feo. El hecho es que aquel equipo, después de algunas semanas y previo a la temporada de lluvias, termina el retiro de aquellos restos y de aquellos hallazgos. Cuando les avisan que pueden continuar, siguen su marcha. El ingeniero baja, revisa cómo están las condiciones, valora si hay que compactar o lo que sea y es cuando encuentra aquello. Allà donde habÃan estado los esqueletos, algo se les quedó a los muchachos. Es una punta de flecha, una punta de pedernal, blanca, grande, quizá como de una lanza más que de una flecha. Es una pieza muy amativa. Ya se llevaron todo,¿ por qué no tomarla? Y a Florentino se le ocurre tomarla y guardarla en la bolsa de su camisa. Y sigue con su trabajo como siempre. En aquel momento, en los años 80, era un hombre de 30. Fuerte, activo, muy quemado por el sol, con su sombrero, siempre manejando su camioneta de obra en obra. Y a partir de ahà comienzan los sueños. Florentino nos platicaba esto ya bien entrados los 2000 en el programa de radio. Su experiencia, como al llegar a su casa, Platicarle a su esposa cómo habÃa estado su dÃa y sentarse a cenar le enseñó aquella pieza. A la mujer le dio miedo. Y se
48:56 lo dijo, a mà me da miedo. Con esa cosa mataron a alguien. Y era muy probable. Esa pieza debe de haber estado entre los huesos. Y probablemente al moverlo se cayó y nadie la recuperó. Pero probablemente le habÃa quitado la vida a alguno de aquellos que estaba allÃ. A Florentino le pareció emocionante. Asà es que junto con varias cositas más que habÃa ido encontrando en las excavaciones, pequeños fragmentos, lo colocó en una repisa que tenÃa, donde guardaba todo esto. Y no se imagine usted qué tiempo después. Ãl decÃa que esa misma noche empezaron los sueños. Unos sueños feos. Un sueño en el que un hombre le hablaba y le decÃa cosas, pero él no entendÃa nada.
49:39 OÃa la voz, pero no lo veÃa. Después oÃa otros gritos. En las noches siguientes el sonido se volvÃa dramático, en pleno sueño. Comenzaba a escuchar como aquel hombre le hablaba en una lengua que él no entendÃa. Y después comenzaba a oÃr los gritos, los lamentos, los llantos, todo eso tan feo. Y se despertaba y no podÃa volver a dormir, pero lo peor fue como a las dos semanas, porque ya no fue en sueños. Esa noche no quiso dormir, se bebió un café muy fuerte y se tomó unas pastillas que él sabÃa que se usaban para no dormir. Y estaba sentado en una silla. con los ojos bien abiertos. No querÃa dormir y entonces empezó a escuchar las voces.
50:20 Se levantó, solo para asegurarse que no estuviera durmiendo. Se levantó, vio a su esposa durmiendo, caminó hacia donde tenÃa la televisión, vio todo, pudo tomar un vaso con agua y entonces, al momento de darle un trago, oyó todo aquello como si estuviera encima de él, como si todas estas personas lloraran a su alrededor. Los gritos, los lamentos, como si estuvieran dentro de su casa. Se espantó, se espantó y se espantó muchÃsimo. A la mañana siguiente fue a ver a un cura, pero el cura no le creyó nada. Ese hombre hacÃa misas y punto. Asà es que le dijo que rezara. Y rezó. Esa misma noche se puso a rezar, pero no era eso. Estoy seguro de que no le entendieron nada de lo que rezaba, porque aquellas voces volvieron y volvieron con más fuerza. Ya no solamente dormido, ahora también despierto. Y luego, luego vino lo que le dio tanto miedo. Porque a mitad de la madrugada, él estaba oyendo esas voces, pero pensó que esas voces estaban en su cabeza, que se estaba volviendo loco. Pero empezó a llorar su niño. Era un niño pequeño. Y acto seguido, su niña, como de unos cinco o seis años, también comenzó a llorar y vino llorando a decirle que quiénes eran esas personas que hablaban, que quiénes eran esos señores, que por qué estaban llorando esas señoras. Y entonces despertó su esposa y los agarró a los niños y todo el mundo salió corriendo de allÃ, horrorizados. Ellos conocÃan personas de allá. Y asà fue como encontraron el camino para
51:51 ir a hablar con el brujo. Todo el mundo lo conocÃa. Era un señor que hacÃa curaciones y todo tipo de cosas. Y cuando Florentino lo fue a ver, lo primero que le dijo fue, eso que me cuentas es porque tienes algo, algo de ellos, algo que pasó. Hay algo que los tiene aquà amarrados. Algo que los clavó al suelo. Claro, él sabÃa de lo que hablaba. Dijo, sÃ, yo sé de qué me habla usted. FÃjese que asà y asà y asÃ. Pues ahà estás.¿ Qué hago con eso?¿ Qué hago con eso, oiga? Hazme un favor. Ya está cubierta la excavación, ¿verdad? SÃ.¿ Dónde están los restos? Se los llevaron los muchachos. Llévaselo. Eso que tienes, llévaselo. Que lo pongan donde estaba. que lo integren con aquello, que lo sumen y déjaselos allá, que ellos tengan el problema.¿ Está usted seguro? Haz la prueba. Total fue preguntando, supo que habÃa unas personas en una universidad muy grande que hay ahÃ, que tenÃan contacto, los fue buscando, llevó la pieza, le dijo, mira, realmente no es tan importante, esto se encuentra con frecuencia, bueno, es que quiero entregárselas Y fue tal la necedad hasta que encontró a aquellas personas que tenÃan una especie de pequeño museo o depósito donde trabajaban y allá se las dejó.¿ Y sabe qué pasó? Al poco tiempo aquellos pobres muchachos vinieron corriendo a preguntarle qué rayos habÃa hecho porque a partir de que habÃa llegado eso no habÃan podido ver la suya y fuera de dÃa o de noche de pronto comenzaban a oÃrse las voces y los lamentos y
53:22 terminaron regresando a la tierra todo lo que habÃan tomado decÃa que esa muchacha y ese muchacho que eran los que encabezaban la excavación los arqueólogos lo habÃan ido a ver para preguntarle qué rayos era porque escuchaban exactamente lo mismo que él habÃa escuchado usted qué pensarÃa cosas raras de la vida y bueno después de haber compartido con ustedes estas experiencias que nos han ido platicando a lo largo del tiempo quisiera comentar algo esta noche no vamos a tener saludos de hecho ya no vamos a estar enviando saludos ni felicitaciones les ofrecemos una disculpa tiene una razón muy especial Cada dÃa hemos recibido muchÃsimas peticiones, de todo tipo de saludos, felicitaciones, y resulta imposible poder hacer todos estos saludos y felicitaciones, pero además resulta incorrecto dar algunos sÃ, otros no. Dado que es imposible poder cumplir con todos, hemos preferido ya no hacerlo. Ofrecemos una disculpa por ello y a partir de este momento le pedimos encarecidamente que que no nos envÃe solicitudes de saludos. No vamos a estar enviando más saludos. Les agradecemos el tiempo
54:53 que nos han dedicado, el tiempo que nos han compartido, el tiempo que hemos podido enviar estas felicitaciones y saludos. Se los agradecemos. Buenas noches y que descansen en paz. Gracias por ver el video. Música Música Música
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