Monjas, hospitales y fantasmas || Relatos del lado oscuro
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0:00 Normalmente decir las palabras sin relación una con otra les cambian completamente el significado. Si yo ahora mismo le digo hospital, no necesariamente le implica ningún aspecto paranormal. Si ahora mismo yo le digo monja, probablemente se imagine una monja de las que conoció en la escuela o quizá de las que ha visto en la iglesia, no lo sé. Y si le digo fantasma, la cosa cambia completamente. Porque fantasma, hospital y monja no parecieran tener relación directa. Uno no se lo imaginarÃa asÃ. Y sin embargo, prácticamente cualquier hospital que se jacte de ser un gran hospital tiene un fantasma de una monja. Si no me lo cree, acompáñame.
0:43 Relatos del lado oscuro Fantasmas Seres extraños Sucesos inexplicables Perversidad humana. Historias que otras mentes prefieren ignorar. Para iniciar este recorrido,¿ qué le parece si me acompaña a Guadalajara, capital del mexicano estado de Jalisco, una ciudad muy antigua? conocida como la Perla de Occidente, de gran belleza y de gran cultura. Una ciudad que comenzó muy pronto a tener desarrollos importantes, como por ejemplo tener un hospital civil, un hospital que pudiera estar al alcance de cualquiera. A finales del siglo XVIII, 1780 más o menos, es cuando se abre el Hospital Civil de Guadalajara. Una pieza magnÃfica. Con el paso de los años aquello fue mejorando, Y sabe algo interesante. Sigue activo. Por supuesto que ha cambiado de muchos aspectos, pero el edificio central sigue estando allÃ. Ese mismo edificio, que en algún momento fue fundado en el siglo XVIII, sigue estando ahÃ. En el año 2021 fue nombrado Patrimonio Cultural del Estado de Jalisco por el Instituto Nacional
2:16 de AntropologÃa e Historia, lo cual es un nombramiento muy importante. En este lugar, Durante muchÃsimo tiempo, las personas llegaban a pedir atención médica. Y obviamente, hay toda suerte de historias, desde fantasmas de personas que fallecieron ahà dentro, sonidos extraños, el viejo edificio, la parte antigua, porque hoy en dÃa también hay un hospital civil mucho más moderno, pero la parte antigua sigue operando y sigue dando resultados y sigue teniendo algunos huéspedes que llegaron para nunca irse. Interesantemente, uno de los casos más conocidos no es allá una leyenda del siglo XVI, sino un hecho histórico del siglo XX.
3:02 Todo comienza en 1968. Una religiosa llamada Manuela, su nombre de religiosa es Manuela, ingresa a trabajar al hospital. Es 1968. Esto significa que fue hace unos treinta y tantos años. Era una excelente asistente. Las monjas en ese entonces, en el Hospital Civil de Guadalajara, cumplÃan la función de apoyo a enfermerÃa. No es que fueran un reemplazo de las enfermeras, por supuesto que no, pero eran las personas que iban a ver al enfermo a su cama, a ver cómo estaba, si necesitaba algo, que hacÃan oración junto de ellos para reconfortarlos, que hablaban con las familias. TenÃan una función muy interesante porque, entre otras cosas, hacÃan la labor de tanatólogo. preparar a las personas para lo que venÃa. Y muy pronto, según se cuenta, Sor Manuela o Manuelita, como todo el mundo la conocÃa, destacó entre todas. No solamente porque era una excelente enfermera, era su profesión, de hecho, sino porque además era una persona increÃblemente humana. No importaba si fuera de dÃa o de noche, si hacÃa falta que estuviera, se quedaba.
4:10 HabÃa veces que un paciente estaba en un estado crÃtico. Estaba encontrando sus últimos alientos de vida Y su hermanuela se quedaba a ayudarle a bien morir. Otras veces estaba en un quirófano toda manchada de sangre por haber estado colaborando con la cirugÃa. Otras veces iba corriendo a llevar esto, atender lo otro. Cuando una persona gritaba pidiendo algo, ella era la que llegaba. Pronto, pronto se convirtió en jefa de enfermeras. Según cuentan, su labor era tan destacada que aún siendo monja y esto, de alguna manera limitaba un poco, o por lo menos en apariencia limitaba un poco su ejercicio profesional. La realidad es que seguÃa adelante y aún asà tenÃa tiempo para ir a realizar las oraciones y los servicios que normalmente hace una monja católica. El asunto es que iba muy bien. Muy bien hasta que en 1994 el cáncer avanzó de manera incontrolable. Muy pronto se hizo evidente que su hermanuela TenÃa los dÃas contados, pero no asà las sonrisas. A pesar de la enfermedad y de lo crÃtico de su condición, si bien ya no podÃa estar al lado de una cama durante largas horas o atendiendo a un enfermo en la labor de enfermerÃa, sà podÃa estar allà reconfortándole, tomando una mano, haciendo oración con los ojos cerrados, en parte pidiendo por el descanso de esa alma, pero también en parte por el alivio de la persona que estaba al lado, etc. Hasta su muerte.
5:44 Fue una pérdida. Las personas que le conocieron recuerdan con tristeza cuando se corrió la noticia de que Manuelita habÃa muerto. Ya era una persona mayor. No pierda de vista que habÃan pasado 26 años y probablemente tendrÃa más de 30 cuando ingresó. EstarÃa llegando arriba de los 60. Sin embargo, tampoco era una persona anciana, pero el cáncer fue galopante. Acabó con ella. Se dice que el servicio religioso de su funeral fue particularmente socorrido en visitantes. Personas que llegaban allá solo para tocar la caja del ataúd. No para otra cosa, salvo para tocarlo. No se podÃa ver cómo estaba, puesto que la enfermedad habÃa sido poco grata. Pero se acercaban a tocarle.
6:29 Muchas personas llegaban todavÃa, mucho tiempo después, preguntando por Manuelita, sin saber que ella habÃa muerto. Bueno, el problema es que después comenzaron a preguntar por Manuelita. Aún mucho tiempo después. pero no porque no supieran que habÃa muerto, sino porque la habÃan visto. Las personas comenzaron a relatar que a mitad de la noche sentÃan una enorme angustia, una enorme tristeza, sabiéndose graves o en condiciones crÃticas. Y cuando se daban cuenta, junto a ellos, habÃa esta monja que les reconfortaba. Les tocaba la cabeza con una mano cálida que parecÃa mágica porque reconfortaba a las personas. Esto podrÃa haber sido simplemente una confusión, pero tenga en cuenta que muy pronto después de la muerte de Manuelita, el hospital ya no tuvo monjas.
7:22 Asà es que no habÃa ninguna monja por ahÃ. Y sin embargo, muchas personas iban relatando haber visto una monja aquÃ, una monja allá, otra monja allá, pero siempre era la misma. Una mujer alta, como era Manuelita, con una enorme sonrisa, muy silenciosa. Apenas un par de palabras. Y después la oración. Esta oración que no exactamente parecÃa oÃrse, pero se sentÃa. El hecho es que algunos de los relatos acerca de los encuentros fueron particularmente extraños. Bien entrado el siglo XXI, por allá del 2010, una persona vivió un encuentro con Manuelita.
8:06 Una persona cuyo nombre se reserva habÃa sufrido un accidente. Su hermano se encontraba junto a la cama cuidándole. En un cierto momento ve que alguien pasa por afuera para algún asunto, se levanta y va para allá. Cuando regresa, observa que junto a la cama de la persona que estaba herida por el accidente, se encuentra una monja, una hermana de un hábito negro, como siempre, con las manos al frente, haciendo oración. Es una persona silenciosa. Cuando regresa, El hermano de la persona accidentada entra para unirse en oración. Aquella monja simplemente le mira con un semblante inusual. Inusual porque no se podÃa decir ni siquiera bien a bien cómo era su rostro. Simplemente agacha la cabeza, pone la barbilla contra el pecho, las manos juntas y comienza a caminar hacia salida. Y se va. Este hombre se queda ahÃ, pero ve un alivio importante. solo que no pudo agradecerle a la monja y le hubiera encantado que se quedara un rato más, que hiciera oración con él, porque estaba muy preocupado. El hermano habÃa sufrido un accidente grave y se encontraba a las puertas de la muerte. HabÃa salido de terapia intensiva, habÃa tenido alguna recuperación, pero estaba muy grave.
9:26 No le daban muchas esperanzas, asà como se lo dijo. El accidente habÃa sido tan grave que no le daban esperanzas. Y aun cuando pudiera seguir unos dÃas más con vida... era muy probable que nunca recuperara la conciencia, puesto que el golpe le habÃa dañado el cerebro. Punto. Estaba perdido. Aquel hombre, viendo la tranquilidad de aquella monja, le inspira a pedirle. Por lo que sale, pero han transcurrido 20 segundos desde que la monja cruzó la puerta, cuando al llegar al largo pasillo, ese pasillo con arcadas y un piso precioso, la monja ya no está. Por lo que regresa rápido a donde se encuentran las enfermeras, a las que les pregunta por la monja. Ah sÃ, oiga, perdone, la monja, la hermana que estaba aquÃ, que estaba haciendo oración en la habitación,¿ me puede decir hacia dónde se fue? A lo que aquellas enfermeras se le quedan viendo nuevamente y le preguntan, perdone, pero no hay ninguna monja en este momento.
10:21 Yo estaba en la habitación, vi una monja rezando con mi hermana, salió y ya no la encuentro. Seguramente entró a hacer algún servicio religioso, por eso no vieron para dónde se fue. Entonces una de aquellas enfermeras que tenÃa algún tiempo más de estar en este hospital se acerca al mostrador y le pregunta, perdone,¿ me podrÃa decir un detalle? SÃ. La monja estaba a los pies de la cama o a la cabecera de la cama. Aquel hombre responde, a la cabecera de la cama. Es cierto, estaba en la cabecera de la cama junto al buró. Ahà estaba.¿ Qué importa eso? Aquella La enfermera le toma la mano y le dice, va a salir bien su pariente, no se preocupe, va a salir bien.¿ Por qué me dice eso? Porque siempre que ven a la monja en la cabecera, el paciente sobrevive. Cuando lo ven a los pies, cuando ella está a los pies, no va a sobrevivir. Y tal como se lo dijeron las enfermeras, su hermano sobrevivió y se recuperó positivamente. Hay una creencia antigua en México, una creencia en donde la muerte se coloca en dos lugares.
11:32 Si se coloca a los pies de la cama, la persona está ida. Ya, se va. Si se coloca en la cabecera, sobrevivirá. Pero esta creencia viene de mucho tiempo atrás. Aún y cuando hay por ahà una novela que es Macario, que es el ahijado de la muerte, asà se llama la novela, en donde se plasma esto, la realidad es que esta es una creencia que habÃa desde el siglo XVI relacionada con la muerte. El asunto está en que aquà las personas comenzaron a interpretar eso con las apariciones de Sor Manuela en pleno siglo XXI.¿ Y sabe qué? No es el único. La aparición de Sor Manuela se considera una aparición casi de un ángel. Hay muchos que aseguran que es una santa o que fue en vida una santa y que tras la muerte se le ha concedido la posibilidad de seguir ayudando a aquellos que más lo necesitan.¿ Usted qué pensarÃa? Y desde la parte central de México, déjeme que ahora lo lleve a España, a la provincia de AndalucÃa, más particularmente a la ciudad de Cádiz.
12:51 Le voy a platicar algo. Normalmente nos imaginamos la monja fantasmal, como en las novelas antiguas o en las leyendas de la época colonial. Esas que se dibujaron en panfletos y que se repartÃan por todas partes de la monja en el siglo XVI, que aparecÃa misteriosamente... Uno se imagina que, por ley, si hay un fantasma de una monja en un lugar, debe de ser porque es un edificio muy antiguo. Pero en este lugar del que le voy a hablar no es asÃ. En la ciudad de Cádiz, en AndalucÃa, hay un hospital que se conoce como el Puerta del Mar. Es un excelente hospital. Y además es un hospital relativamente nuevo.
13:32 Probablemente este edificio date de los años 70's. No tengo el dato exacto, pero es muy reciente y es un hospital de alto nivel, con todo lo que usted se pueda imaginar de medicina de alto nivel. Es un lugar saso. Además, es uno de los edificios más altos de toda la ciudad. Con sus 12 niveles, aloja cualquier cantidad de especialidades. Pero también tiene un huésped inesperado. Una monja fantasmal. Durante años, las personas han asegurado ver a una monja fantasmal. Es una situación extraña por muchas razones. Primero, porque suele estar cerca de los elevadores. Y esto ha sido muy, muy repetido.
14:17 Personas que de pronto relatan haber llevado el susto de su vida cuando se dan cuenta que han visto un fantasma. El caso de una chica. Esta chica ha llegado al hospital a ver a su parienta que está en el octavo piso o séptimo piso. Cruza la puerta, lleva consigo sus cositas, no sé cuánto, oprime el botón para que se abra la puerta, se abre la puerta del elevador Ella sube, se cierra la puerta del elevador y de pronto una voz muy amable le pregunta a qué piso. Ella responde a las siete. Gracias. Y observa que una mano oprime el botón y comienzan a subir. Ella ha visto que se trata de una religiosa. Con el hábito café común, como siempre, no le ha prestado mayor atención, aunque siendo realistas, Cuando está por llegar al piso 7 empieza a sentirse incómoda con la idea de que cuando las puertas se abrieron ella no la vio. No la vio.
15:11 Ahà no estaba. Está casi convencida de que ahà no estaba.¿ En qué momento subió? Este nerviosismo la lleva a mirar por el rabillo del ojo y ver que esta religiosa que está detrás de ella sigue ahÃ, silenciosa, con las manos metidas en el hábito, Este traje que usan las monjas, agachada, como en actitud contemplativa, muy silenciosa. Llegan al piso, suena la campanita, se abren las puertas y esta chica ya con ese nerviosismo que trae, camina tres o cuatro pasos y se gira para ver qué es lo que habÃa detrás de ella y no hay nada. Nada, ahà no hay nadie y no hay ningún lugar al que hubiera podido ir. Porque por la forma de este recibidor, hacia donde hubiera ido la monja la habrÃa visto. Además, era muy notorio. Y le estoy hablando del año 2004. Porque es cuando comienza a aparecerse. No se imagine usted que comenzó a aparecer allá en el siglo XV. No, comenzó a aparecer en el 2004. A partir de ahÃ, la situación se ha vuelto repetitiva. Personas que de pronto corren al módulo de enfermerÃa o al módulo de vigilancia para decir que algo feo les acaba de ocurrir. Y entonces vienen otras narraciones.
16:30 Porque si bien es inesperada, su función no es dañar. En ocasiones han ocurrido cosas tan locas como el tipo aquel. Es un residente, una persona que atiende a los enfermos y está en el módulo y se ha quedado dormido. Lleva tantas horas trabajando el pobre que no sabe qué ha pasado que se queda dormido. Una mano sirve de almohada. Y vaya, es de esas veces que una persona se queda tan dormida que hasta está babeando. Cuando de pronto oye una voz que le dice, es mejor que contestes. Está sonando el timbre. Seguro que hay una persona que necesita de ti.¿ Por qué no atiendes? Este hombre se despierta rápido sobresaltado, preguntándose qué fue eso. Y efectivamente, en el momento en el que despierta, se oye la alarmita aquella de que alguien está llamando con el botón. pero él está completamente solo. Es decir, que alguien en alguna de las habitaciones está llamando con el botón de emergencia al que está junto a la cama, pero en el lugar en el que él está, donde se quedó dormido, es un espacio abierto, solamente hay un mostrador, pero ahà no hay nadie. Cuando se levanta corriendo viendo para todas partes, bueno, efectivamente habÃa una emergencia, eso es cierto. No pasó a mayores porque alguien lo despertó. Después están estas otras cosas locas.
17:52 Como los casos en donde una persona va caminando tratando de encontrar el lugar al que le han mandado. Quizá donde tiene que ir a tramitar algo de urgencia, un medicamento, a dar un informe, algo y está perdido. Y de pronto en un pasillo al dar la vuelta hay una monja que le dice no, no, por aquà no es, es para allá. Lo que usted busca es para allá, pero ni siquiera lo ha dicho. Esa persona ni siquiera ha dicho a dónde va, pero obviamente esta monja parece saberlo todo porque le da indicaciones y le guÃa hacia dónde tiene que ir. Claro que hay veces que es muy molesto, como el caso de un médico que llega corriendo porque le han avisado que hay un paciente en una condición grave. Asà es que sube al elevador, cierra la puerta y comienza a subir aquello, cuando de pronto junto a él aparece la moja que le dice con calma, todo va a salir bien, créame, todo va a salir bien.
18:42 Pero el médico está absolutamente seguro de que ahà no habÃa nadie. Cuando ha subido al elevador, ahà no habÃa nadie. Por supuesto, al pobre le da un soponcio de aquellos... que poco más y no llegaba a atender al enfermo, pero efectivamente el enfermo se recuperó. Ahà viene el problema.¿ Quién es?¿ O por qué está ahÃ? También se le ha visto en alguna de las habitaciones de pronto entrar, como si fuera algo muy rápido, como si de pronto alguien llegara corriendo y entrara, pero tú no ves por dónde llega, solamente ves el último trayecto, el último fragmento de su recorrido, cuando está un par de metros de la puerta parece materializarse Y entonces entra. El resto del tiempo tú no le ves. Pero las personas suelen sentirse bien.
19:28 Y volvemos sobre lo mismo. Es un hospital relativamente nuevo. Nunca ha sido atendido por monjas.¿ Por qué habrÃa una monja ahÃ? Y ahà viene algo muy interesante. Y es que si bien el Puerta del Mar es un hospital relativamente nuevo, el lugar no lo es. Por supuesto que la ciudad de Cádiz es una ciudad antiquÃsima. Y en este lugar, allá por 1700 y pico, habÃa un convento franciscano. Monjas franciscanas. Pero eso no es todo. Porque al paso del tiempo un buen dÃa deciden que urge un hospital. Y demuelen el viejo convento que ya estaba en desuso.
20:08 Ya no habÃa nadie ahÃ. Lo derriban completamente y construyen un hospital. Esto debe de haber sido en algún momento antes del cambio del siglo al siglo XIX. Pero este hospital a su vez fue demolido en algún momento del siglo XIX y construido uno nuevo que posteriormente de nuevo fue demolido y dio pauta a la construcción del Puerta del Mar. En consecuencia,¿ quién murió ahà o quién dejó ahà algo o quién atendÃa? Es una buena pregunta, pero sà habÃa quienes, porque en los dos periodos anteriores al Puerta del Mar sà habÃa personas. monjas misioneras atendiendo.¿ Alguien que no aceptó retirarse?¿ Alguien que decidió quedarse y seguir atendiendo?¿ Cómo saberlo? Ahora desde España. Déjeme que lo lleve a Colombia, a Barranquilla. Barranquilla tiene uno de esos hospitales viejos, el Hospital General de Barranquilla. Es una instalación que tiene muchÃsimo tiempo de haber sido construida, que ha sido remodelada, que ha visto mejores dÃas ciertamente, que ha tenido mejores momentos.
21:25 Sin embargo, la historia que le voy a contar no es tan antigua. Es una historia que surge en los años ochentas. Es cuando comienza a ver los reportes, a pesar de de que el hospital pueda ser tan antiguo, el relato de los pacientes y del personal médico comienza en los años 80s. Y es que en este lugar hay una historia que todo el mundo conoce. En los años 50s del siglo XX, el Hospital General de Barranquilla estaba viviendo un momento muy malo. Bueno, ha vivido muchos momentos muy malos, pero en ese momento habÃa hacinamiento, falta de médicos, falta de personal de enfermerÃa, falta de todo. por lo que aceptaron que un grupo de monjas misioneras viniera a colaborar. Al ser un hospital público, un hospital que no tenÃa muchos ingresos, realmente se necesitaba toda la ayuda.
22:16 Un buen dÃa llega una monja joven, relativamente joven, muy activa, muy apegada a lo que era, muy dada a ayudar al prójimo y que además tenÃa una misión complicada, porque su trabajo incluÃa atender A las prostitutas. A este hospital llegaban personas dedicadas a la prostitución que traÃan consigo todo tipo de enfermedades y de cosas terribles. Historias verdaderamente dolorosas de una época muy dolorosa. El hecho es que Hortensia atendÃa a todos por igual. No tenÃa problema en estar haciéndole curaciones a una persona que sabÃa que era una mujer que vivÃa en pecado. Eso no le importaba. SeguÃa atendiéndole.
23:00 Tal es el caso que una de esas ocasiones llega al área del hospital donde está abortencia una chica muy joven. Es evidente que está dedicada a la prostitución. Es una chica muy joven, de facciones finas. Una niña que realmente apenas alcanzarÃa los 20 años y viene en avanzado estado de gravidez. Es un embarazo probablemente de un octavo mes y viene muy mal. No se ha atendido, nadie la ha cuidado y esta criatura viene totalmente descompuesta por todas partes. No solamente la criatura que trae dentro, sino la propia chica. Viene muy mal, la fiebre es terrible, está delirante y a pesar de los antipiréticos y de los esfuerzos que se hacen, la condición va volviéndose cada vez más crÃtica.
23:49 Pero la monja está junto de ella, animándole, con la esperanza de que salga adelante, haciendo oración por ella todo el dÃa, toda la noche y los dÃas sucesivos. Aquella chica comienza a mejorar un poco, hasta el punto en el que la hermana no se mueve de su lado. Le ha prometido que cuando nazca ese bebé, le va a poner su mismo nombre, Hortensia, por todas las ayudas recibidas. Y claro que Hortensia desarrolla una empatÃa especial. Esta chica le recordará a alguien,¿ cómo saberlo?¿ Será parecida a algún familiar?¿ Le duele verla? La realidad es que le duele verla al igual que le duele ver a muchas otras mujeres que llegan ahà golpeadas, heridas, con infecciones horrorosas, producto de la prostitución. Era una época en la que no habÃa ningún respeto para nadie. Ni ningún cuidado, por supuesto. El asunto está que, sin embargo, una noche la hermana Hortensia tiene que irse. Está cansadÃsima. No ha dormido en muchas noches y en muchos dÃas. Se ha dedicado en cuerpo y alma a atenderle, a limpiar las heridas, a cuidarla, a ver los medicamentos, a no moverse de su lado.
24:56 Pero esa noche está tan cansada que no puede más. Llega a su celda en donde duerme y cae rendida. a la mañana siguiente cuando llega al hospital y se acerca a la cama. Ya no está la chica y ya no está porque ha muerto. En la madrugada ha sufrido un colapso o vaya usted a saber qué fue lo que pasó. El hecho es que ha muerto llamando a Hortensia. Según se cuenta, fue tal la tristeza de aquella monja, tal la presión que sintió, que murió. Pocos dÃas después de aquella chica, Hortensia encontraba la muerte y Una complicación cardÃaca producto de aquella depresión, producto del esfuerzo exagerado, producto de lo que usted quiere y mande se la llevó a la tumba. Según se cuenta, a partir de ese momento no habrÃa mucho barullo. Sin embargo, en los años ochentas de pronto comenzó a haber algunos relatos inusuales, inusuales porque ya no habÃa monjas. Antes de eso sà habÃa, asà es que es probable que le hayan confundido para a partir de los años ochentas comenzó a haber relatos tan inusuales como que de pronto alguien escuchaba a una monja que le hablaba, bueno, a una mujer que le hablaba y le decÃa, oye, no, como hablan en Colombia, oiga, oiga, oiga,¿ por qué no va y bebe un té? He dejado un té para usted. Cuando aquel médico se levanta sintiéndose
26:29 bastante reconfortado y busca el té, pues no hay nada. En otras ocasiones de pronto una persona llama a la enfermera y le dice, oiga, no sea malita,¿ le puede usted hablar a la monja si no quiere venir?¿ Por qué?¿ De qué se trata? Oiga, es que mire, ha venido la monja y ha platicado con nosotros y me he quedado con las ganas de agradecerle porque nos ha hecho oración, nos ha caÃdo tan bien, pero no hay ninguna monja. Y cuando describen a la monja, resulta que la gran mayorÃa de aquellos testigos han visto a la misma monja. Pero espere, porque todavÃa no termina. En 1988, de pronto, hay una persona herida. Alguien ha llegado herido. No es raro que eso pasara. El médico que la está atendiendo sale un momento, ya lo ha estabilizado, lo ha dejado bien.
27:18 Sale un momento, son las 12 o la 1 de la mañana, es muy noche. Aquella persona herida debe de tener custodia, puesto que hay un delito. El médico sale, se identifica, va, trae un café, como le llaman allá en Colombia, un tinto, un tintico. Y viene, ya con su café para revisar algún dato, y cuando pasa frente a la puerta de aquel herido, observa que hay una monja rezándole. AhÃ, en la cama, a un lado, hay una monja con las manos asà y con la cabeza agachada, haciendo oración. Pero,¿ cómo está la monja ahÃ?¿ Quién dejó entrar a una monja? Esto no se vale. Vaya, son los años ochentas y ahà ya no podrÃa entrar nadie a esa hora de la madrugada.¿ Quién rayos dio permiso? Se regresa y le dice al guardia que está ahà custodiando. Oye,¿ por qué diste permiso de entrar?¿ Quién dijo que podÃa entrar alguien a esa habitación? Si está restringido el acceso.¿ A qué nombre se queda Circe? Pero si no ha entrado nadie.¿ Cómo no? Mira, vamos para allá. No pierda de vista que en todo momento han estado los dos parados a tres metros de la puerta. Si alguien hubiera salido, lo hubieran visto, pero cuando llegan ya no hay nadie. Se acercan rápido a ver al enfermo, al herido, aquel que se voltea, se les queda viendo y dice, ay, qué bueno que vino la monja, no sabe cómo me ha aliviado, se ha puesto a hacer oración conmigo.¿ Y dónde está? ¿Salió? ¿Salió?
28:36 Pero no habÃa nadie. Cuando preguntan abajo, en la recepción, en donde están los guardias del acceso principal, ahà no ha entrado nadie, no han abierto la puerta para nada. Cuando van hacia la parte lateral donde hay una segunda puerta donde está el área de triaje, ahà tampoco han visto a nadie entrar y la puerta está cerrada. La hermana Hortensia. Y esto se ha repetido de las formas más variadas. De pronto alguien va caminando por un pasillo todo apesadumbrado y viene la hermana Hortensia detrás diciéndole unas palabras de alivio, no sé qué. Se le suele ver con la cara sonriente y radiante.¿ Usted qué pensarÃa? Ya vamos tres lugares totalmente diferentes. Guadalajara, México, Cádiz, Colombia y todavÃa falta más. Espere. Ahora bien. Si usted ha oÃdo estos relatos breves que le he compartido, seguramente pensará que todos los relatos de monjas fantasmales son lindos y que todos los relatos de monjas fantasmales tienen una misión beatÃfica y angelical. Bueno, no necesariamente. Y no necesariamente porque ahora déjeme que lo lleve a Costa Rica, en donde hay un relato interesante. En Costa Rica hay un hospital muy antiguo, el San Juan de Dios. Es un hospital prehistórico. que fue construido en algún momento, bueno, que inició su construcción
30:07 en algún momento del 1700 y fracción. Fue evolucionando, fue convirtiéndose en esto, fue convirtiéndose en lo otro y fue creciendo. Hasta que llegaron las religiosas, quienes se hicieron cargo de la atención hospitalaria. HabÃa médicos, por supuesto, y estaban las religiosas. Era un buen hospital. El tiempo fue pasando y, por supuesto... Conforme el tiempo pasa se va deteriorando, pero al mismo tiempo fue haciéndose una sala general por aquÃ, otra sala por allá, otro edificio más por allá. Con la llegada del siglo XX llegó también la radiologÃa, llegaron los laboratorios, posteriormente llegó la medicina nuclear, pero el viejo edificio sigue estando ahÃ. Y ahà es donde surge esta historia. Esta historia nos la ha compartido Ivette, Ivette Alvarado. Y es una historia que nos ha encantado, pero que al mismo tiempo nos rompe un poquito el esquema. Su abuela era una niña muy particular, una niña muy activa, una gran niña.
31:11 Una niña que al paso de los años se convertirÃa en una gran madre y en una gran abuela. Pero en 1935 tenÃa unos 10 años y la vida no habÃa sido del todo buena. Y no habÃa sido del todo buena porque a los 4 años su madre murió. dejando la huérfana. Pero su padre, su padre ni siquiera lo conoció. El bisabuelo habÃa muerto poco antes de que ella naciera. Junto con sus cuatro hermanos, fueron a parar a la casa de una tÃa que tenÃa nueve hijos. Asà es que en esa casa se criaron trece hijos, porque esta tÃa se fajó la falda, se puso fuerte y se aventó a criar trece hijos, con unos pocos colones y con muchas ganas. Y lo lograba. El problema es que obviamente no alcanzaba para todo. Y un buen dÃa, esta niña se enferma. El nombre de esta niña era Marina. Y con 10 años era inminente una operación. Y no era una operación fácil. Era una operación que requerÃa muchas complicaciones y que solo podÃa hacerse en un hospital grande. El San Juan de Dios. No habÃa mucho dinero como para pagar otro hospital, asà es que bueno en este. Y cuando llega al hospital se lleva la sorpresa de que además el área pediátrica está saturada. Si quieren operarla y quieren que se quede ahÃ, se tendrá que quedar en el área de adultas. En el área de mujeres, pero de adultas.
32:34 Y bueno, va, la operación. Venga la operación. Horrible. TodavÃa a la antigua, de esas operaciones en donde te ponÃan una cosita en la nariz que era éter. Como una rejillita con una cosa mojada en éter. Que cuando volvÃas de la anestesia, te sentÃas todo apaleado, pero además por el tipo de operación. Marina no puede comer ni puede beber nada. todo le duele, porque habÃa escasez de ciertos medicamentos, asà es que limitaban un poquito. Cuando la llevan a la habitación, aquella sala, aquel pabellón donde habÃa muchas otras camas de señoras, pues se hace evidente que es la más pequeña, apenas tiene 10 años, y ahà hay mujeres mayores por todas partes. De hecho, la mujer que está junto de ella, Fanny Calvo, recuerda el nombre perfectamente, Doña Marina sigue con vida, 97 años y sigue contando la misma historia.
33:25 El hecho es que Su compañera al lado, la señora que está en la cama de junto, es Fanny Calvo. Y Fanny Calvo ve a aquella chiquita que le duele todo, que no encuentra la manera de acomodarse, que se siente de la patada, y le hace la plática. Le pregunta cositas. Aquella señora está también convalesciente de una operación, asà es que tampoco se las ve del todo claras. Está dolida, sabe lo que es esto. Pero además observa cómo esta criatura tiene la boca seca, seca, Y no ha comido nada porque por el tipo de operación se ordenó ayuno desde el dÃa anterior y ayuno absoluto después de la operación. No puede comer nada ni beber nada. Pero es una situación tan penosa. Cuando llega la noche, esta niña respira sofocada.
34:10 Todo le duele y la sed, la sed la está matando. Aquella mujer de pronto observa que pasa una monja. Ah, sÃ. Hermana, hermana, por favor, hermana, le suplico. Aquella monja detiene la marcha un poco y Fanny Calvo, que está viéndola, le dice, serÃa usted tan amable de traerle un poco de agua a esta criatura. Mire usted cómo está que no puede. Aquella monja no dice nada. Fanny le habla todo a la monja. La monja no responde. Marina, que está ahà acostadita, que es la niña, voltea la cabecita y observa que es una monja vestida con un hábito como feo. No es que fuera diferente, simplemente feo. Como... como feo, como sucio.
34:55 El asunto está en que la niña se queda ahÃ. De pronto, Fanny le dice, mira, aquà viene la monja. Y aparece la monja llevando un platito con hielitos. Lo cual, por cierto, era una práctica habitual para niños o para personas que no pueden beber por alguna restricción médica que no permite que se les dé lÃquidos. Se les pasa el hielo por la boca, por los labios, lo cual produce una sensación refrescante. la poca agua que entra se pierde en el trayecto, no llega al interior. Asà es que es un alivio inmediato. Y sÃ, la niña Marina, que está acostadita, cierra los ojitos porque siente el alivio de aquella mano con un hielo que le frota los labios.
35:37 Cuando los abre, ve a su compañera, a Fanny, la señora Fanny, que está con los ojos increÃblemente abiertos, mirando, y de pronto empieza a rezar, Padre nuestro que estás en el cielo santo, Y empieza a rezar en voz alta y Marina alcanza a verle el horror en la mirada. Asà es que cuando ella se da cuenta que está horrorizada por lo que está frente a Marina, Marina gira la vista y observa a esa cosa que se ve muy rara. Muy, muy rara. Pero acto seguido, no solamente lo observa, sino que siente como las manos aquellas la sujetan de las piernas frÃas. helada e empieza a jalarla hacia abajo.
36:30 Es un momento muy tenso porque esta chiquitina de 10 años siente como la agarra de los tobillos y la jala. Y al mismo tiempo está viendo a Fanny Calvo, su compañera de cama, rezando a voz en cuello, con las manos pegadas, temblando de miedo. Y es el peor momento porque es cuando Se da cuenta que el resto de las mujeres de la habitación también están rezando y alcanza a ver para allá y ve que otra de las señoras hasta los ojos tiene cerrados y reza gritos. No es que estén gritando de miedo, están rezando todas en una forma tan rara y ella siente como aquello la jala, recoge las piernitas. En un momento dado recoge las piernitas y se tapa con la almohada, tratando de cubrirse, de esconderse, pero siente claramente como eso. Con esas frÃas y huesudas manos la vuelve a agarrar y la intenta jalar como si se la quisiera llevar. Y lo único que Marina piensa es, madre, por favor, protégeme. Hablándole a su difunta madre. Momento en el cual, pum, todo se detiene. Todo se detiene. Hay un momento como de una pausa en el tiempo, como una cosa tan rara, porque se escuchan las voces de estas mujeres rezando todas al unÃsono. Pero ella parece que no se moviera. Cuando reacciona, ya no hay nada. Ya no hay nada. Hay una sensación tan extraña que cuando la mañana siguiente llega la tÃa a saludarla y a ver cómo está, le dice o me sacas de aquà o me escapo. Asà de fácil. Marina tenÃa lo suyo,
38:00 asà es que Sin más ni más, la tÃa ese mismo dÃa dijo aquà nos vamos y la echó y se la llevó a casa. Allá la terminó de curar. Hoy dÃa tiene 97 años y cuenta su experiencia. Y es que durante mucho tiempo el San Juan de Dios ha tenido una leyenda. La leyenda de la monja del vaso. Esa que dice que en muchas ocasiones las personas ven llegar a una monja que les trae un vaso con agua. Sienten un alivio enorme porque seguramente tienen mucha sed. Y cuando les acerca el vaso y ven la mano, nadie se lo quiere tomar porque es una mano esquelética. La mano de una persona muerta hace muchos años. Porque se cuenta que esta monja, muchos años atrás, cuando el hospital estaba operado por monjas, era una persona negativa, floja y odiosa.
38:48 Se cuenta que lo que jamás quiso fue ser monja de hospital. Odiaba eso, odiaba ser monja. Trataba con desprecio a todos, trataba de mala manera a todos, ofendÃa, gritaba, no cuidaba, es más, si podÃa, le hacÃa daño a las personas. Hasta que murió. Y entonces, según se cuenta, hoy en dÃa trata de enmendar eso. Y según se cuenta también, el dÃa que alguien beba de ese vaso, ella descansará. Pero eso es muy poco probable. En realidad, algunos teóricos de lo paranormal sostienen que este tipo de manifestaciones son manifestaciones de miedo. Es decir, que tienen miedo. Miedo a lo que sigue después. Miedo a que si van a la luz, van a ir a dar directo al infierno por los crÃmenes cometidos o por las faltas cometidas.
39:36 En este caso, faltar a la caridad. Faltar a la vocación de atender al prójimo, al amor al prójimo y haber maltratado. Asà es que para muchos, la monja de la copa o del vaso, como también se le conoce, en realidad es un espectro que vive en miedo, que se queda por miedo. que no puede seguir adelante, trascender de este plano y por ello busca el alivio de atender a otros, pero no lo puede. No es algo que esté en su naturaleza, asà es que lo que hace sale tan mal como esta historia que le he contado en donde la señora Marina, hoy de 97 años, vivió un encuentro con una monja fantasmal. Desde Costa Rica, déjeme que lo lleve de regreso a Jalisco, México. En una población conocida como Tlaquepaque, un lugar de mucha historia. En este sitio hay un centro cultural. El centro cultural, el refugio.
40:43 Era un lugar muy particular. Era un hospital antiguo. En los años siguientes fue desarrollando actividades, pero en 1979 fue abandonado. No era un hospital religioso como tal. Era un hospital privado. y muy probablemente sea de principios del siglo XIX. Asà es que tampoco es tan antiguo, pero como sea, este hospital, en 1979, debido al deterioro, a la falta de clientes, a que ya la tuberculosis no era una enfermedad tan grave, ya no habÃa pacientes, lo que usted quiera y mande, queda abandonado, y en 1985 se convierte en el centro cultural, el refugio. Y es un edificio precioso. Actualmente hay exposiciones, hay eventos culturales, clases.
41:27 Es un lugar maravilloso. Ya no hay pacientes. Obviamente ya no hay pacientes. Salvo que alguien se quedó tras la muerte. El antiguo hospital El Refugio en Tlaquepaque, Jalisco, tiene un fantasma. Y ha sido visto recientemente por muchÃsimas personas. Es una aparición de una monja fantasmal. Y no es agradable. Es una aparición violenta, una aparición que altera, que altera el entorno, que azota puertas, que hace cambios de temperaturas súbitos, que verdaderamente se convierte en una entidad casi oscura. Al igual que el caso de la monja, aquella que le he contado.
42:10 En este caso, la situación se ha tornado violenta en los últimos años. Desde la época en que el edificio entró en recuperación, comenzaron los trabajos para llevarlo a ser el actual edificio hermoso que es, la situación se volvió rara. Porque de pronto, el celador, el encargado de cuidar las puertas, de pronto veÃa que alguien caminaba junto de él y al darse la vuelta veÃa una figura espectral que verdaderamente despertaba el pánico. A veces los trabajadores oÃan que alguien les hablaba por su nombre con una voz desagradable, horrenda. A veces, de pronto, comienza a soplar un viento raro Pero solo ahÃ, ese viento que desordena cosas, que tira cosas y es cuando aparece. Hay quienes se han asustado mucho, pero hay quienes no solamente se han asustado, sino que han recibido alguna agresión. La monja del refugio puede tirarte, empujarte, jalarte, arañarte y luego la ves como se aparta. Hay muchos relatos de ese estilo en épocas recientes. Personas que durante una noche se quedaron por estar montando una exposición, por estar haciendo algo y de pronto son sorprendidos por esta manifestación que aparece. A veces es silenciosa y solo se le ve cruzar de un lado a otro, otras veces provoca cosas desagradables. Y es que cuento la historia que esta mujer era especialmente viciosa, perversa y enferma. Una persona agresiva, grotesca, que todo el tiempo solamente pensaba en salir de ahÃ.
43:41 No tenÃa ninguna vocación, habÃa sido enviada ahà por obligación porque era hija de una familia respetable y no querÃan que anduviera con algún vagabundo y al igual que muchas otras chicas de aquella época. Fue llevada a un convento de donde no se le permitirÃa salir. Las familias solÃan pagar una cantidad importante de dinero, la dote, a cambio de que el convento se quedara con la chica. Era también motivo de orgullo, sobre todo en los estados más atractivos. creyentes o más religiosos era una figura bastante reconocida una hija de familia en el convento significaba cierto aplomo cierto prestigio igual que tener un hijo sacerdote y más si llegaba a algún sitio alto de la curia esto era muy bien visto en aquella sociedad un tanto atrasada pero en particular se cuenta que esta joven no querÃa estar ahà y nunca quiso estar ahà Sin embargo, un buen dÃa la muerte la encontró. Hay muchas versiones, porque por supuesto es una leyenda. El origen de este fenómeno paranormal es una leyenda. El fenómeno como tal ha sido descrito muchas veces, pero lo que se cuenta es que desesperada, deseosa de escapar, se quitó la vida. Y por ello sigue vagando, porque sabe que tiene muchos platos rotos que pagar.
44:59 Y sabe que su lugar no es arriba, sino abajo. Pero hay una cosa muy peculiar. Se le conoce como la monja maldita. Muchas personas la han visto en un lugar, la capilla. La capilla fue parte del lugar donde estaban las monjas en aquel antiguo hospital. Y es ahà en donde se le ha visto muchas veces en la séptima fila. Es lo que se cuenta, que de pronto alguien entra, aún al atardecer, ni siquiera de madrugada al atardecer, y hay una monja sentada. Pero cuando alguien se acerca, caminando, no necesariamente hablarle, simplemente se acerca caminando, la monja desaparece, no sin antes darles el susto de su vida, porque su apariencia es la de una calavera desencarnada, asà como se lo estoy diciendo. Y eso no es la leyenda, eso es lo que algunos han asegurado haber visto ahÃ.
45:51 El por qué se sienta en la séptima fila. Según se cuenta, y eso es la leyenda, que ahà abajo está escondido el tesoro. Su dote, aquella que dieron para que se quedara en el convento, no fue utilizada por las religiosas porque al haberse quitado la vida, consideraron que ya no era apropiado, por lo que enterraron ahà el dinero. Ahà lo dejaron. Lo que les habÃan dado como dote, ahà lo guardaron. Y el cuerpo de la monja no fue sepultado, contrario a lo que se dice que en un nicho de aquà o de allá, no, no fue sepultado ahÃ, porque una persona que se quita por mano propia la vida, no va al campo santo. Probablemente le hayan sepultado en algún lugar del municipio, en algún panteón público donde no hubiera terreno consagrado. El problema es que sigue estando allÃ. Y hoy, siglo XXI, Aún investigadores paranormales, gente que ha llegado allá, ha captado psicofonÃas y sonidos extraños, voces, lamentos e imágenes. Es un lugar con una historia macabra de una monja maldita. Y ahora, desde Tlaquepaque, en el central estado mexicano de Jalisco, déjeme que lo lleve a la gran ciudad de México. Años sesentas. Un poquito tardÃos,
47:22 casi setentas. Esta historia nos la ha compartido una persona del auditorio y por memoria de su madre no vamos a dar los datos, pero su madre fue una de las primeras ginecólogas que habÃa en México. Era una mujer que habÃa luchado mucho por abrirse camino y entrar en un terreno en donde generalmente eran hombres. Es irónico, pero bueno. En aquel entonces asà era. La gran mayorÃa de los médicos para mujeres eran hombres, pero ella no. Esto le habÃa dificultado, por ejemplo, ingresar en algunas clÃnicas y demás. El hecho es que fue a trabajar en un hospital. Un hospital que se encontraba por el rumbo de observatorio. Era una clÃnica particular. Y era una clÃnica que tenÃa, entre otras cosas, un área de maternidad y de gineco-obstetricia.
48:07 Ella entró a trabajar ahÃ. Y era una persona muy destacada, además muy humana. Con el paso de los años se volverÃa una persona muy conocida, por eso mismo guardamos el anonimato. Y esta historia la compartió con sus hijas y durante muchos años repetÃa la misma historia. Ella contaba que una de esas noches, cuando llegó a su turno, le tocaba el turno de la noche, era una especie como de mujeres a la noche, no sé, era como un castigo, como durante el dÃa que atiendan los hombres y en la noche que venga ella. El asunto es que llegó a la noche, la fue a dejar su esposo, todo muy bien. De pronto le llaman al consultorio donde estaba, en la pequeña oficina que tenÃa, le llaman de urgencia.
48:49 Ha llegado una paciente en estado crÃtico, viene muy mal. La han llevado a la zona de emergencias. No era una clÃnica muy grande, pero tenÃa un espacio donde llegaban. Y bueno, va para allá. Cuando llega, encuentra a una mujer en un estado muy grave. Tiene una temperatura altÃsima. El latido cardÃaco está hasta las nubes. Está elevadÃsimo el ritmo cardÃaco, pero la presión arterial hasta el suelo. Está incluso un poco delirante. Solamente hay pequeños momentos de lucidez. Asà es que esta doctora se aproxima y le dice, soy la doctora fulana de tal.¿ Cómo se llama?¿ Cuál es su nombre? Y aquella mujer no responde, no acierta a responder.¿ Qué pasó con usted? No hay nada, no hay ningún informe. La habÃan ido a dejar y ya no estaban. La persona que la habÃa ido a dejar habÃa ido a traer algo, habÃa ido a ver algo y no estaba. Asà es que no hay mucho de dónde partir. Pero cuando empieza a revisarla, se da cuenta que el abdomen, el vientre, está particularmente distendido, casi como si tuviese un sexto o séptimo mes de embarazo. Pero al mismo tiempo, cuando toca el vientre, La sensación de aquel vientre no es la de un vientre que está criando un bebé. No es un lÃquido amniótico. Hay algo diferente.
50:11 Cuando baja un poco y se va hacia la zona genital, hay un olor horrible. Un olor putrido. Un olor de alguien que está muy grave. No hace falta ser genio para darse cuenta que esta mujer habÃa entrado en una septicemia espantosa y estaba muy cercana a la muerte. Por otra parte, habÃa perdido muchÃsima sangre. La habÃan llevado precisamente por eso, por el enorme sangrado. Pero este sangrado tenÃa varios dÃas. Esto no era de ahora. Inmediatamente pide que se le hagan unas radiografÃas. Pero eso toma tiempo, porque son los años 70. Y si bien la clÃnica aquella tenÃa una máquina de rayos X, el radiólogo no estaba. Asà es que habÃa que esperar. También ordena una serie de pruebas de sangre y demás que también hay que esperar.
51:00 Y mientras tanto aquella mujer está tiritando, delirante por momentos, ausente por momentos, consciente. En un cierto momento la doctora viene a revisarla de nuevo. Ha ordenado que se le ponga un antibiótico, un antipirético, una vÃa intravenosa, lo que haga falta pues, lo que hace un médico. Y le toma la mano. Le toma la mano para preguntarle cuál es su nombre. Pero aquella mujer no responde, solo se le queda viendo. Y lo que la doctora ve en aquellos ojos es mucho miedo. Mucho miedo. Pero también mucha pena. Mucha vergüenza. Vergüenza de encontrarse en una mesa, en un quirófano, lo que sea. Encontrarse ahÃ. Era muy raro. Esta doctora le da esta sensación horrible de que algo no va bien.
51:48 En ese momento le toca el hombro a la enfermera que le dice, doctora, la llaman en maternidad. Ella le dice, regreso enseguida. Cuando va a maternidad resulta que una parturienta, una mujer joven que está por dar a luz, ya está con contracciones, ya está con problemas y ella es la doctora. Si es que se da la tarea, cuesta mucho trabajo, toma mucho rato, el bebé se atora, no se atora, sale, no sale. Vaya, no habÃa ultrasonidos en ese momento, asà es que mucho de lo que se hacÃa era verdaderamente asombroso y a veces los forceps... Aquellos con los que se jalaba la cabecita hacÃan mucho daño, pero ella preferÃa otras cosas. Está allá, está acá. Cuando llega el radiólogo, cuando llega todo el mundo, llevan a la enferma, le hacen. Un rato después, cuando ya dio a luz a un hermoso bebé, rollizo, precioso, felicitaciones, no sé cuánto, se va para allá y le entregan los resultados.
52:38 Y es evidente, no era un embarazo. Lo que ve en la radiografÃa y lo que ven los resultados del examen de sangre no es nada halagador. Esta mujer tenÃa un tipo de tumor que habÃa sido abandonado ahà dentro. Con el paso del tiempo habÃa crecido, se habÃa desprendido, se habÃa alojado en alguna parte, habÃa comenzado literalmente a pudrirse dentro de esta mujer, lo que le provocó que estos contaminantes entraran a su torrente sanguÃneo. Esta mujer estaba en una septicemia avanzada. El resultado de la sangre revelaba un montón de problemas que muy probablemente no podrÃan resolver. En ese momento, mientras está revisando, llega su reemplazo de esa noche, que es otro médico que va a encargarse del caso. Están preparándose para mandar la cirugÃa. Necesitan un cirujano.
53:26 Esto ya no es de ginecologÃa, sino de cirugÃa. Necesitan abrir, necesitan liberar todo aquello, extraer los órganos internos que estén contaminados. Bueno, bueno, una de esas operaciones titánicas. Ella se despide de las enfermeras y demás. No va a entrar a despedirse de la paciente. Está inconsciente prácticamente. Se va. Un par de dÃas después, cuando vuelve a su turno de la noche, le entregan los expedientes de las personas que están ahÃ. No está el de aquella mujer, de la persona con septicemia. Simplemente era otro paciente. Era un paciente muy grave. No pregunta mucho, solamente a una de las enfermeras le pregunta, oiga,¿ sabe usted qué ocurrió con la paciente de tal noche? Ah, doctora, qué pena, falleció. Falleció, sÃ, sÃ, era un caso muy crÃtico, era muy poco probable que sobreviviera. Aquella doctora sintió tristeza, sintió tristeza porque vio esos ojos de no me quiero morir, me da miedo morirme, no debe de pasarme esto, como que no creÃa. Esa persona no creÃa que le estuviera pasando eso, que se estuviera muriendo. No era una mujer tan mayor, debe de haber tenido unos cuarenta y tantos años, pero habÃa muerto. El asunto está en que la vida sigue, van pasando los dÃas, unas semanas, todo va muy bien.
54:44 Cuando de pronto comienza a ocurrirle algo raro. SeguÃa en el turno de la noche. La forma de los horarios era una noche se quedaba de ocho de la noche a las ocho de la mañana. Descansaba una noche completa, es decir, un dÃa no iba a trabajar ni esa noche y hasta la otra noche muy bien. Pero cuando volvió, una de esas noches al llegar, se ha quedado sola. Está en su privado, sentada, notando cosas, cuando de pronto al levantar la vista ve pasar tranquilamente una monja frente a ella. Es una sensación tan rara. De madrugada una monja, el hábito era café con el velo de color negro, una figura blanca, le envolvÃa el rostro. Se quedó tan rara.
55:35 No prestó mucha atención, pero un rato después, mientras sigue revisando algunos de los expedientes, al levantar la vista se lleva el susto de su vida, porque estaba ahà otra vez, pero esta vez estaba dentro del cubÃculo. En un espacio grande. Estaba una salita, estaba la mesa donde ella trabajaba, habÃa otra cosa por allá y de pronto está ahà en un rincón. Y la puede ver. Cuando levanta la vista puede verla, pero no distingue el rostro porque tiene la cabeza completamente agachada y parte del velo le cubre. Asà es que ella simplemente dice, dÃgame hermana, buenas noches,¿ en qué le puedo servir? Pero antes de que termine de decir el servir ya no hay nada. Se levanta rápido y sale corriendo de aquel lugar hasta el módulo de enfermeras en donde la ven lÃvida, con el rostro completamente blanco.
56:17 Y la enfermera en tono de broma le dice, ya vio usted un muerto. SÃ, o no sé, no sé qué pasó.¿ Qué vio? Le da pena decirlo, asà es que mejor le dice, no, olvÃdelo, es el cansancio. Qué barbaridad. Los reflejos en las ventanas. Aquella clÃnica tenÃa como medio muro y luego vidrio. Los reflejos fueron los reflejos. Regresa y sigue la vida. DÃas después de nuevo. Esta vez va caminando cuando de pronto ve pasar frente a ella en uno de aquellos largos pasillos una monja. Pero cuando se acerca a ver el lugar pues va caminando y ve el lugar donde entró la monja y no habÃa donde entrar. No habÃa para donde se fuera. Simplemente contra la pared. Regresa con las enfermeras y de nueva cuenta le dicen usted vio algo. Nada, no vi nada. Y entonces llega aquel otro dÃa, algunas semanas después, cuando ella está trabajando de nuevo, siente la necesidad de ir al baño, entra al inodoro, se está lavando las manos y cuando levanta la vista, tiene la monja al lado. Ella siente que se desmaya, pero es una doctora y los doctores no son personas cualquiera. Casi no son humanos, son a prueba de bombas. Asà es que de pronto se compone y dice, a ver,¿ qué es esto? Y puede distinguir un rostro que le es familiar, pero no por las facciones,
57:51 sino por la tristeza y el miedo. Cuando se gira, no hay nadie. Nadie. Esto mismo le ocurrirÃa, de hecho, hasta en su casa. Una madrugada, cuando está en casa, estaba durmiendo en casa esa noche, despierta y le parece que aquella imagen, esa figura, está en su propia habitación. Cuando se incorpora y toca al marido que lo despierta y prende la luz, no hay nada. Una noche más, y cuando está ya en el hospital, hablando con las chicas, una de ellas le dice, usted ha visto algo, algo la está molestando, esta chica era muy sensible. Era una chica que a veces simplemente volteaba para otro lado. Estaba hablando contigo y de pronto se volteaba para otro lado porque habÃa visto algo. Se acerca y le dice, doctora, usted vio algo. Algo le está siguiendo. FÃjese que en la familia somos sensitivas y todo aquello. Le podemos ayudar porque usted trae algo. Yo veo que trae algo.¿ Qué le pasó? Es que fÃjate que es tonto, pero es que veo una monja. Pero en este hospital nunca ha habido monjas. Y ella misma se lo dice, en este hospital nunca ha habido monjas, era un hospital nuevo, que siempre habÃa sido civil completamente, no habÃa monjas. Y sin embargo la he visto varias veces aquà dentro, con mucha tristeza, con un rostro de gran tristeza, y es cuando la chica aquella le dice, bueno,¿ no le dijeron?¿ No me dijeron qué?¿ Quién fue su paciente?¿ Se acuerda la paciente
59:22 de la septicemia, aquella noche horrible, el tumor adentro y todo? SÃ, era una monja. ese convento viene aquà porque son usted y la otra doctora las que atienden. ¿Cómo? SÃ, era monja.¿ La que falleció? SÃ, falleció, era monja. Ahà fue cuando le cayó el veinte, de que esas facciones y esa expresión le eran familiares, si bien el rostro no, porque la persona que falleció aquella noche estaba completamente hinchada por la septicemia. Esta persona conservaba la facción, aquella expresión horrible de tristeza, de pena, de dolor. Unos dÃas después fue a la iglesia. Hicieron varias misas, oraciones. El sacerdote le puso un escapulario, una serie de cosas. Regaron agua bendita por toda su casa y nunca más la volvieron a ver.
1:00:16 Por si acaso, cuando llegó a su consultorio, la noche después de aquella misa y todo eso, cerró la puerta y en voz bajita le dijo a aquella mujer, a aquella monja, Descanse usted, hermana. Descanse. No se preocupe. Ya no hay nada de qué avergonzarse. Lo que usted tenÃa era algo natural. No era algo malo. No era algo prohibido. Era algo completamente natural. No tenÃa que avergonzarse. Usted falleció por causas naturales. Siga su camino. Siga la luz. Hasta el dÃa de su muerte, aquella doctora platicaba que esa vez... Sintió mucho miedo, pero al mismo tiempo, más que el miedo fue la tristeza de alguien que no era su tiempo.
1:01:07 Buenas noches y que descansen en paz. Música Música Música CC por Antarctica Films Argentina
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