El idolito, una historia de duendes _ Relatos del lado oscuro
Una historia vieja, de esas que la gente cuenta.
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0:00 en el sureste mexicano. Existen muchas historias en las regiones que en otro tiempo fueron ocupadas por mayas, olmecas, aquellos pueblos precolombinos. Hay historias acerca de duendes, chaneques, aluches, todo tipo de leyendas. Algunas de ellas hablan de seres aterradores que pueden causar mucho daño. Otras, sin embargo, pueden hablar de situaciones en las cuales los duendes, los aluches, los chaneques han ayudado a las personas. Esta historia que le voy a compartir habla de eso. Usted puede juzgar, creer o no creer, pero la persona que lo cuenta afirma que el abuelo era verdaderamente confiable. Asà que, le invito, acompáñeme, adentrémonos en la selva, vayamos a conocer historias antiguas, historias del sureste mexicano. Bienvenidas, bienvenidos, comenzamos. Relatos del lado oscuro.
1:03 Historias que otras mentes prefieren ignorar. Arnulfo hoy en dÃa presumo que debe de tener más de 30 años. Es un constructor, es un hombre que trabaja en obras, al igual que su padre y al igual que el padre de su padre, el abuelo. Es una familia que a lo largo de los años ha Se ha dedicado siempre a construir. Y son personas confiables en muchos aspectos y muy conocedoras de su trabajo. Pero él tiene una historia muy loca. Una historia que podrÃa ser considerada como increÃble. Pero al mismo tiempo es una historia muy grata. Una historia que vale la pena contar en una época en la que tenemos noticias tremendas por todos lados. Y creo yo que vale la pena recordar que a veces hay historias que van un poco más allá de las noticias terribles, de los crÃmenes, de guerras y tragedias. Y asà es esta historia. Y Arnulfo recuerda un tiempo en casa del abuelo. Cuando él era pequeño, la familia completa vivÃa en la misma casa.
2:08 Abuelo y abuela, papá, mamá, los hermanitos, todos vivÃan en aquella enorme propiedad al sur de la Ciudad de México. El abuelo la habÃa construido muchos años atrás. Y cuando fueron creciendo los hijos, les fue dando un pedazo a cada quien. Pero en la casa grande, en la casa que era del abuelo y la abuela, vivÃan Arnulfo, sus tres hermanos, su mamá y su papá. Y recuerdo un detalle muy curioso. Cuando era chico, cuando era pequeño, no sé, siete u ocho años, en el jardÃn de la casa del abuelo, que era un jardÃn muy cuidado, habÃa, abajo de un gran árbol, una especie de montÃculo de piedras, y sobre de este montÃculo habÃa un idolito. Era un idolito de piedra medio feo. A él siempre le dio desconfianza y nunca se acercaba, pero estaba ahà el idolito.
3:02 El abuelo ya era viejo en aquel entonces, ya casi no salÃa al campo. Pero ese idolito tenÃa una historia. En fin, el caso es que él veÃa al idolito y además veÃa que el abuelo, cuando salÃa, regresaba y siempre que volvÃa, después de que dejaba cosas en la cocina para la abuela y todo eso, iba allá. y le ponÃa alguna cosita al idolito. Ya fuese un dulce, unas frutas, algo. Era una curiosidad aquello. No siempre, pero muchas veces hacÃa eso. Y una vez al año, les ponÃa platos con comida, como si fuera una ofrenda. A él siempre le dio miedo por todo eso, y siempre le dio la impresión de que era algo casi diabólico.
3:46 Hasta un dÃa en el que ya no apareció el idolito. Cuando él salió a jugar en el jardÃn, Miró para allá y solamente estaba el montón de piedras, pero ya no estaba el idolito. Ese dÃa su papá y su abuelo se habÃan ido a alguna parte. Cuando volvieron le preguntó a su papá por el idolito. Y el abuelo lo escuchó y le dijo que viniera. Que se sentara que le iba a contar la historia del idolito. Y él le dijo que no era necesario porque Arnulfo le daba miedo a aquella cosa. Y se lo dijo, es que siempre me ha dado miedo. Y el abuelo le dijo, no tienes que tener miedo, escucha. Porque esta es una historia que empezó hace muchos años. Y empezó a hablar hacia atrás en el tiempo, dijo, en los años 50. El abuelo habÃa comenzado a trabajar en una empresa de construcción.
4:32 No era profesionista, pero era un hombre joven, muy fuerte, con muchas ganas. Y que además era bueno para aprender. Asà que habÃa aprendido el manejo de maquinaria, el manejo de explosivos, cosa muy delicada. HabÃa aprendido muchas cosas. HabÃa comenzado a trabajar desde niño. Asà que cuando surgió la oportunidad de irse a Tabasco a trabajar en medio de la selva, la aceptó inmediatamente. No cualquiera acepta esos retos. TenÃa que dejar a la abuela con los niños pequeños en una casa que estaba medio construir. Pero se fue. Agarró una petaca con cosas y se fue. Estando allá, el trabajo era muy pesado. El calor es insoportable, la humedad.
5:15 Muchos desertaban y se iban, ingenieros, topógrafos, pero a él le asignaron una tarea importante. Era muy joven, pero era una persona inteligente, asà es que a él le tocaba abrir brecha, ir con las topadoras, bajando la vegetación, y cuando encontraban algún obstáculo, por ejemplo rocas, habÃa que demolerlas. Ãl se encargaba de organizar a la gente que volaba las piedras, una tarea muy peligrosa. Porque además todavÃa en ese tiempo se utilizaban sistemas muy tradicionales. Llegaba una máquina, perforaba unos agujeros. Llegaba un tipo al que le llamaban el poblador que le metÃa dinamita, una mecha larga y a correr todo el mundo. Hoy en dÃa se usan otras técnicas, por supuesto. Pero en aquel momento asà lo hacÃan.
6:03 Y fue la primera vez que les pasó aquella cosa rara. El abuelo sentado platicaba esto con verdadera emoción porque... en aquel sitio, en medio de la nada, a kilómetros de la población más cercana, mientras abrÃan brecha para la carretera, esa enorme roca apareció ahÃ, de pronto. No la habÃan visto. La gente que habÃa hecho el trazo original no la habÃa visto, pero cuando desmontaron la vegetación habÃa esta roca enorme. Trajeron al equipo, perforaron, comenzaron a poblar, prendieron, y a correr todo el mundo, y cuando se dieron cuenta y esperaban que hiciera boom, aquello no solo no hizo boom, sino que no hizo nada. Cuando fueron a ver, pues no.
6:51 No pasó nada. Pero retirar la carga explosiva de una falla cuando falla algo es muy delicado. Asà es que tuvieron que hacerlo con sumo cuidado. No fuera a ser que aquello no hubiera hecho explosión correctamente, pero estuviera en proceso de ignición. Asà es que tuvieron que hacer muchas cosas. Total, no funcionó. Volvieron a hacer el trabajo, volvieron a poblar, volvieron a hacer lo que se tenÃa que hacer. Volvieron a aprender aquello y todo el mundo a correr y a guarecerse porque además como no eran explosiones muy controladas sino que aquello volaba y salÃan piedras en todas direcciones, habÃa que esconderse. Pero no pasó nada. El tipo que ponÃa los explosivos se queda mirando con el abuelo, el abuelo se le queda mirando con cara de te voy a dar dos por burro.¿ Van a revisar? Pues no, nada.
7:47 Aquel hombre se excusa diciendo que seguro es la humedad ambiental, porque habÃa una humedad que se te pegaba, y el calor insoportable, bueno pues, hombre. Total que se mueven, mandan a otro campamento a traer otras cosas que son más modernas, allá tienen un equipo diferente, lo colocan, se disponen, esto ya traÃa unos estopines para la detonación, otra cosa... y no pasa nada... de nuevo, no pasa nada... total que están ahÃ, están jalando... ya llegó el jefe... el jefe es un hombre que venÃa de la Ciudad de México... por parte de la constructora... un tipo muy correcto, pero muy duro... se les queda viendo y bueno... de tarugos no los bajó... cómo era posible que tres veces... y no pudieran volar una móndriga piedra... que aquello no podÃa ser...
8:35 está ahà discutiendo con ellos... Si la humedad, si no pusiste bien, si te equivocaste, cuando de pronto aparece este hombre raro. Era un hombre enjuto, de apariencia inusual. Muy, muy moreno por el sol, muy quemado por el sol, con el rostro seco. No era muy alto. Más bien era una persona bajita, seca. Ãnicamente vestÃa un pantalón blanco, como de manta. Y estaba ahà parado junto de ellos, viéndolos. De pronto el jefe, que está regañando a esta gente, se voltea y dice,¿ tú qué?¿ Tú qué buscas?¿ Qué quieres aquÃ? Y aquel hombre le dice, bueno, es que no pidieron permiso para volar la piedra. Y a ti te tengo que pedir permiso.¿ Tú quién eres para que te pida permiso? Y el jefe era rudo. ImagÃnense ustedes, estar trabajando en la jungla y en medio de la vegetación. Serpientes, bichos, arañas.
9:30 No cualquiera se avienta. Y estas eran personas muy recias. Asà es que se le pone...¿ Tú qué?¿ Quién eres para que te pida permiso? No, no no, no. No, no es a mÃ. Es que usted no le pidió permiso a los dueños de la piedra. Aquel hombre se rÃe y dice,¿ qué dueños ni qué nada? Si no les pide permiso, no va a poder tronarla porque a ellos les gusta su piedra. Y si quiere usted de veras pasar por aquà y quitar esa piedra, pÃdales permiso. Y ya que esté rota la piedra, llévela allá adentro. Allá. adentro, y hágales asÃ, como una cuevita, va a ver cómo van a poder trabajar contentos. El jefe se enoja, le dice que se largue, que no sé cuándo, pero no van a poder volar. Total, que el abuelo le dice, ya, bájale, bájale.¿ Qué quieres? No, yo no. Pero para ellos, pÃdanles permiso. Háblenles, déjenles regalos de eso que están comiendo, de eso que huele tanto que les están preparando. Tráiganles, habÃa unas mujeres que iban avanzando con el contingente de constructores, que se encargaban de preparar comidas y demás. De eso, tráiganles, aquà déjenles, al atardecer, tienen aguardiente. Tráiganles un poco de aguardiente. De eso anaranjado que tomaron, de eso que estaban tomando, y todos se quedan viendo, de eso tráiganles unas botellas. Era una bebida de aquel entonces que era el Orange Crush.
11:01 De ese detalle Arnulfo hace mucha mención. porque el abuelo lo recordaba con gusto. Era tanto el calor que, vaya, en algún momento poderte tomar una bebida frÃa y azucarada era muy agradable. Y eso era lo que tenÃan, unas botellas de vidrio de una bebida que se llamaba Orange Crush. El caso es que de esa bebida querÃa que le pusieran. Pues no era la gran cosa, realmente lo que pedÃan era algo muy sencillo. El jefe lo primero que se imaginó es que cada vez que... El abuelo y su gente se retiraban para guarecerse de la explosión. El hombre aquel y sus compadres seguro venÃan y jaloneaban. Era una treta, pero bueno.¿ Qué más da? Unos platos de comida, no pasaba nada. Asà es que prepararon la comida, la pusieron ahÃ, unas botellas de refresco, unas botellas de aguardiente y todo el mundo se fue. Al amanecer no estaba eso. Ya no estaba. Entonces el abuelo supuso que sÃ, que era cierto lo que decÃa el jefe, que esos parientes, esa gente estaba ahà atenta a ver qué pescaba, pero realmente no era algo significativo. Asà es que poblaron rápido, prendieron y ¡pum! Aquello tronó. Pero no tronó feo, no salieron rocas por todos lados, simplemente tronó y pudieron desmontar. Le preguntó al jefe si hacÃan lo que habÃan pedido. Luis dijo, hazle lo que habÃan pedido, ándale, llévate esas piedras para allá con un bulldozer, con un pailoder, con lo que tengas.
12:27 Y ármales hay algo. Total, les tomó un dÃa de trabajo de estar acomodando las piedritas. Siguieron su camino. Y bien, contentos, avanzaron bien un tramo. Pero al pasar un arroyo, comenzó a pasarles otra cosa rara. Aquello parecÃa de broma. Pero al cruzar el arroyo, la maquinaria comenzó a fallar. Pero no una máquina, sino todas. Y hasta los automóviles, las camionetas que usaban para trasladarse, comenzaron a fallar. Tú llegabas, parabas tu máquina después de trabajar todo el dÃa y a la mañana siguiente, caput, no prendió. Llegaba el mecánico, la revisaba, pues no, no le encontraba nada, solo que no prendÃa. Le cambiaban la baterÃa de una a otra, le echaban éter, le hacÃan, le deshacÃan, nada. Ya cansados de esto, después de un par de dÃas que fueron a la ciudad a traer unas refacciones, que fueron a traer unos filtros, que tú, que yo, que no sé cuánto, están allà todos metidos, ya vino el jefe. El jefe atendÃa varios frentes, asà es que viene a ver qué está pasando con este. Y cuando está parado ahà junto a una de estas máquinas grandes, al voltear, adivine quién está. SÃ, el hombre en juto. Ese hombre todo moreno, moreno, moreno, quemado por el sol, con su pantalón blanco parado ahÃ.
13:46 El jefe, tipo rudo, se voltea y le dice, tú tienes que ver con esto, ¿verdad? El hombre aquel le dice, no, yo no. Pero... Tú sabes por qué está pasando esto, ¿verdad? SÃ, señor.¿ Y qué está pasando? Es que aquà ya son otros dueños y usted no les pidió permiso y les ha estado tirando sus árboles y sus plantas y no lo van a dejar pasar ya. Bueno,¿ y qué puedo hacer? El jefe ya pensando, este cuate con sus compadres ya vino de allá para acá y ahora quiere otra cosa. Tiene que pedirles permiso y darles algo que les guste. Algo como que a la música les gusta. La música.
14:32 Se rÃe mucho el jefe. Dice,¿ qué música ni qué nada? Si quieres pongo a este a chiflar. Al abuelo que estaba ahà junto. Ãndale, chiflales una canción. Y aquel hombre muy serio les dice, no señor. Tiene que ir usted a tal pueblo, aquà caminando, tal y tal. Y allá va a encontrar a unas personas. DÃgales.¿ Y qué?¿ Y si no lo hago? No, pues no sé. No sé yo. Entonces se da la vuelta y se va. Total llega allá y habÃa un hombre que era el que se encargaba de todos estos menesteres. En esa comunidad era como un curandero, chamán. Y ya mandaron al abuelo a que investigara. El abuelo va y habla. Y aquel hombre le dice que seguro se toparon con tierra de chaneques o algo parecido.
15:16 Que lo ideal serÃa eso. a darles lo que están pidiendo. Dice, bueno, pues es que ese hombre dijo que música. Dice, ah, pues aquà hay una banda. Y también comida. SÃ, sÃ, sÃ, todo, todo. Total, no era mucho dinero, pero sà habÃa que pagar. Dijo, bueno, pues vamos a pagar. El abuelo, al decirle al jefe, el jefe se pone hasta colorado, le dice, bueno, hazlo. Imagina que es ese tipo con sus compadres que cuando te descuidas viene y te tapa el filtro, te echa azúcar en el tanque, alguna cosa te hacen. Dales el gusto, tráerles la fiesta para acá. Contratan a aquella gente y era una musiquita muy, muy chillona, muy fea. Era algo muy feo. El sonido de aquella musiquita era muy chillón.
16:02 Estuvieron tocando mucho rato. Después pusieron un montón de cosas ahÃ. Las personas que habÃan traÃdo. Ellos llevaron todo. Total, al dÃa siguiente, cuando le dan a la máquina, la máquina prende. Cuando le dan a la otra, la otra prende. Cuando llegan con este equipo y aquel otro, todo prende. Bueno, pues ya está. Y ahà van avanzando. Pasan otro arroyo y les empieza a llover. Pero a llover mucho. Entonces no pueden avanzar. ImagÃnese usted, terrenos blandos, altamente orgánicos, maquinaria pesada de la de antes, que tenÃa catarinas planas, se empiezan a enlodar. Bueno, bueno, no pueden avanzar. Están ahà esperando que pase un poco aquello, no sé cuánto, y tiene que ir a la ciudad del jefe para ver algo.
16:50 Hay una población cercana. En cuanto monta en la carretera principal, que está a unos kilómetros, ahà no llueve, y en la población tampoco llueve, no ha llovido. Cuando vuelve, apenas regresar de la carretera, salirse y entrar a la brecha, unos metros adelante comienza a llover. Cuando llega al campamento, están ahà viendo qué van a hacer para resolver esto, qué técnicas emplear, cuando al voltear, exactamente, adivinó usted, el hombre en juto estaba ahà parado. ParecÃa como si no se mojara. Total se asoma y dice, tú tienes que ver. Tienes que ver con esto. No, yo no. Pero sà sabes cómo arreglarlo. SÃ, sÃ, sÃ.¿ Y qué puedo hacer para que deje de llover? Y se rieron. Nadie lo creÃa. Vaya, era como de broma. El abuelo de Arnulfo siempre decÃa que en su primera impresión es que esto era una broma.
17:49 que aquel hombre habÃa estado por ahà escondido en alguna parte esperando a que comenzara a llover para aparecerse. Pero bueno, como sea, le sugirió que de nueva cuenta trajeran a la orquesta. Pusieran allá, y le señaló por dónde, unas mesas bien puestas y que les pusieran muchas cosas buenas. Y les dijo lo que querÃa. Hicieron lo mismo. Fueron allá al pueblo, contrataron a aquella gente, regresaron, la musiquita chillona... mucho copal, una sustancia que se quema, que huele mucho, y una persona que cantaba con esa voz aguda, aguda, y se fueron. Lo interesante es que mientras aquella gente llegó, cuando llegaron y comenzó la fiesta y todo esto, dejó de llover. Inmediatamente dejó de llover. Al dÃa siguiente ya no llovió. Y al siguiente tampoco. Y asà siguieron, pudieron avanzar muy bien. Vamos, aquello era como de broma. SÃ, estoy de acuerdo. Pero cuando estaban cerca ya del entronque, porque este era un camino que unÃa una población rural que no tenÃa entrada con una carretera principal, fue una época en la que se hicieron muchas obras importantes en México.
19:03 El caso es que están por llegar ya al entronque donde van a conectar con la vÃa principal, ya se ve la carretera ahà y están viendo los últimos detalles, poniéndose de acuerdo cuando aparece aquel hombre. El hombre en juto. Lleva consigo un costalito. como de yute, como de fibra, una cosa muy tosca, muy rústica, la lleva en la mano. Y está parado ahÃ. Cuando se asoman, ven que está ahà el hombre. El jefe sale y le dice,¿ qué pasó?¿ Ahora qué pasó? Ya está preocupado a ver qué habÃa. Y aquel hombre le dice, oiga, le traigo un regalo. No, no te preocupes, no hace falta. Dice, no, no, tengo que darle su regalo. Y se queda ahà hablando con él y le da el costalito al jefe. El hombre aquel se va. El jefe regresa al campamento, a la caseta aquella donde estaban con el costalito. Y el abuelo de Arnulfo, que era una persona de confianza cercana, se acerca y le pregunta qué pasó. Ahora,¿ qué querÃa?¿ Más música o fiesta? Dice, no. Que es un regalo de agradecimiento porque fuimos muy generosos.¿ Y qué es? No sé.
20:11 Lo abren y era un idolito. Un idolito feo. No era muy grande, era un idolito Sucio, de tierra, como feo Dice,¿ esto qué es? Pues no sé Algo más me dijo, me lo mandaban, no sé cuánto Pero yo qué voy a hacer con esto, hombre Si yo de aquà me voy a otro lado, no sé qué, no voy a estar cargando eso Oiga jefe,¿ me lo puedo llevar? Llévatelo, hombre, pues es que vas a andar cargando tú, pues ahà tú como quieras Total, terminaron aquello y el abuelo regresa a casa A veces se ausentaba por varios meses. Eran dÃas muy duros. La abuela tenÃa que ver todo. Y siempre que volvÃa, al rato recibÃa noticias del nuevo niño.
20:58 Pero esa vez regresó con el idolito. Y se lo enseñó a la abuela. La abuela lo vio y le dijo, ¡ay, qué feo! ¡No, que es un idolito!¡ Es muy bueno!¡ Es fino!¡ Es una pieza de colección!¡ Se lo regalaron a mi jefe y él me dejó que me lo trajera! ¡No, pero es que está feo!¡ A mà me da miedo! Total, el abuelo pone eso por allá. Y ahà se queda el asunto. Era una casa grande. Para ese entonces el papá de Arnulfo y sus hermanos eran chicos. Estamos hablando de años 50. Eran chicos, muy chicos. Pasan los dÃas y el abuelo se tiene que volver a ir. HabÃa otro frente, esta vez hacia otra zona. El caso es que ya se despide y se va. Y al rato comienzan los problemas.
21:41 La abuela no veÃa una porque empezaron los ruiditos. Primero era como si hubiera alguien caminando por aquà y por allá. Después eran cosas como que te abrÃan las puertas, aparecÃan cosas tiradas, la comida que la abuela guardaba con tanto cuidado en la despensa, regada. HabÃa cosas que se rompÃan, habÃa puertas que se te cerraban, y luego comenzaron esas voces agudas, muy, muy agudas, que parecÃan venir de todos lados. La abuela se espantó, se espantó mucho, porque además, Los niños también oyeron eso y les dio miedo. Vamos, hasta el perro. El perro se salió de la casa y se fue a un rincón y por allá se quedó.
22:22 Fue tal el miedo que le dio a la abuela que agarró a sus chamacos. Agarró su perro y se fue a dormir a casa de sus papás. Allá se fue a quedar la abuela con los niños chicos. Total que pasan unas semanas, regresa el abuelo y se encuentra con que están allá y a él no le gusta eso. Ãl tenÃa su propia casa y le reclama a la mujer. La mujer le dice, es que cuando te fuiste, el Ãdolo ese empezó a hacer un montón de cosas feas.¿ Cómo que el Ãdolo? No, hombre, pasó esto y aquello y no sé cuánto. El abuelo dijo, se queda donde está y son puras tonterÃas lo que están diciendo. Están como locos, total, el abuelo no lo podÃa creer, pues hombre rudo y demás. Es una pieza arqueológica, es una cosa fina. En aquel entonces no se tenÃa... El respeto hacia la arqueologÃa y hacia los restos arqueológicos. Cualquiera tenÃa en su casa ahà un idolito. Cualquier cosa que encontraba uno en la excavación, ahà estaba. El abuelo les dice que lo dejen en paz, que ahà está bien. Y que no estén pensando tonterÃas. Total, se vuelve a ir unos tres, cuatro dÃas después. Casualmente, mientras él estuvo, no pasó nada. Pero apenas se vuelve a ir el abuelo, las cosas se ponen locas. Y otra vez, aquellos ruidos, aquellas voces, aquel correr de algo por la casa, la puerta que se te azota. te prenden y apagan las luces, vamos, la niña, la niña, la nena, era pequeña, amanece con el pelo todo enredado, todo feo, todo revuelto, era como güerilla, porque la abuela era de Jalisco, y bueno, aparece con el pelo todo feo, toda maltratada, no pueden dormir, el
23:54 perro se va, una mañana cuando lo buscan, el perro ya no está, se escapó, Lo fueron a encontrar en la casa de alguien, pero mejor se quedó allá. Total que la abuela agarra sus cosas y se vuelve a ir a casa de sus papás. Con todo y chamacos, pero esta vez sin perro. El asunto está en que pasan los dÃas y el abuelo regresa. Cuando llega a su casa es noche y no hay nadie. Se imaginó que se habÃan ido a casa de los papás, pero bueno. Total que ya guarda la camioneta, se mete.¡ Qué nochecita! Aquà no duermes. Toda la noche le hicieron cosas, le jalaron, le aventaron, le hicieron de lo que no se imaginan.
24:39 A las cinco de la mañana está en la casa de los papás de la abuela, con los ojos todos ojerosos.¿ Qué carajos hicieron en mi casa? Pues lo que tú trajiste. Total, les dice que va a ir a tirar eso por ahà lejos. Que ya, pues ni modo. Si eso empezó con el idolito dichoso, pues lo va a ir a tirar por allá lejos. Y sÃ, regresa a la casa, agarra al idolito, lo mete en un saco que tenÃa ahà en una bolsa, lo echa a la camioneta y al momento de tratar de arrancar, nada. No prende. Y hazle como quieras. Y era una camioneta de la empresa y era nueva. Pues nada, no prende, se mete, le jala, le pica, sabÃa de mecánica, pues era gente de campo, sabÃa cómo arreglar un motor, nada. Baja la cosa aquella, la pone por allá en el jardÃn y la camioneta prende. Total, pues nada, se tiene que ir otra vez. Y para colmo de males, los papás de la abuela ya no quieren que estén allá porque también el muerto y el arrimado a los tres dÃas apestan. Entonces pues ya no pueden quedarse allá, se quedan en la casa, pero el idolito está allá en el jardÃn, allá en un rincón.
25:52 Pero siguen pasándoles cosillas, siguenles pasando esto de que te cierran la puerta y te abren la ventana a mitad de la noche, te prenden la luz, está durmiendo alguien y le prenden la luz. Total, abuela, pues ya nerviosa, junta a los niños, se van todos a dormir a la misma habitación. Pero siguen oyendo aquellas cosas. Total, un dÃa que viene el abuelo, y está aquà un par de dÃas, habla con uno de sus cuñados que están nerviosos, que está pasando en la casa, y el cuñado le dice,¿ por qué no te vas allá? Allá donde trajiste esa cosa y pregunta. Busca a ver dónde vive el hombre ese que dices que te dio eso y pregúntale qué haces.
26:33 Llévale de regreso su porquerÃa. Pues total, otra vez va el idolito a la camioneta y otra vez la camioneta que no prende. Bajan el idolito, la camioneta prende. Total, que el abuelo ya en su desesperación tiene que ir a ver un asunto por allá. Después de muchos dÃas de medio dormir, no dormir, tiene que ir a ver un asunto por aquella zona y aprovecha estando allá para ir a buscar al hombre ese Ãl se acuerda más o menos del lugar donde tronaron la piedra, aquella grande que fue el primer lugar donde encontraron al hombre. Llega allá con el vehÃculo, se baja, se intenta meter entre la jungla a ver si encuentra alguna vereda o algo, pero pues no es tan fácil entrar asà como asÃ. Aquello está ensortijado. Total, que no puede pasar. Busca por otro lado, se cruza la carretera para ver si de aquel lado habÃa algo. No hay nada ahÃ. Se va a subir a la camioneta ya para arrancar. Y otra vez no prende. Verdaderamente piensa que el problema es la camioneta y no el idolito. Se baja, levanta el cofre, capó, como le llaman en otras partes. Está ahà agachado cuando al voltear, ahà parado está el sujeto aquel. SÃ, él mismo, el tipo en juto de piel morena y pantalón blanco. Dice,¿ qué pasó, don? Dice, óyeme.¿ Y tú de dónde saliste?
27:52 Yo aquà andaba. Oye,¿ Qué porquerÃa es esa que me diste? Yo no le di nada. SÃ, como no el idolito ese del costal. Dice, no, yo no se lo di. Eso era para su jefe, no para usted. Pues mi jefe me lo dio a mÃ, me lo regaló a mÃ. No, qué mal.¿ Pero cómo qué mal? Pues,¿ qué cosa es eso? Dice, no, don. Es que como estaban muy agradecidos los dueños, todos los dueños, le mandaron unos a que lo cuidaran. pero que cuidaran al jefe, no a usted.¿ Cómo que al jefe?¿ De qué estás hablando? SÃ, los dueños le pusieron unos niños para que lo cuiden, pero como no está el jefe, seguro se están aburriendo porque no tiene nada que hacer y le van a hacer un montón de maldades. Ese hijo de tu tal por cual, si me hubieran dicho, pues es que no era para usted.¿ Y qué puedo hacer?
28:52 Ya traté de traerme el idolito para acá y no pude.¿ Ahora qué hago? Dice, pues hable con ellos. DÃgales que usted ya es el nuevo dueño y que usted es el que va a cuidar de ellos. Deles cositas y póngalos afuera. Busque un árbol bonito. Hágales un lugarcito para ellos y deles cositas. El abuelo se reÃa mucho y dice, no, estás más loco que yo. Dice, pues es que si no se van a estar aburriendo y usted sabe que los niños... que no tienen algo que hacer, se aburren. Pero dÃgales para que lo cuiden a usted. Ahora que lo cuiden a usted, va a ver. Total, el abuelo dice, bueno, ya me puedo ir. Dice, sÃ, cuando usted quiera. Cierra la tapa del motor, se sube y la camioneta arranca.
29:38 Cuando voltea para buscar al tipo ese, ya no está. Pero fueron segundos. Total, que regresa ya y para no hacer las cosas más difÃciles ni este relato más largo, Trae unas piedras, arma ahà un montÃculo parecido al que habÃan hecho allá en la jungla, aquella en la selva, abajo de un árbol muy grande que tenÃan, y allá va, pone el idolito. Le dice a la abuela que le prepare unas cosas sabrosas, unos guisos que a él le gustaban mucho, con unos molitos y eso. Se los pone. Va y compra unas bebidas gaseosas de esa marca que le dije que es color naranja, las pone. Va y se trae también un poco de piloncillo y cosas asà las pone. Y se sienta ahà sintiéndose ridÃculo como pocas cosas, a hablar con el aire, a decirle al aire, oigan, miren, el jefe, el jefe no necesita que lo protejan, él ya tiene quien lo proteja, pero me dio a mà esta figura y ustedes ahora están aquà y yo quiero que me cuiden a mÃ, que me acompañen, que me protejan, les prometo que cada vez que salgamos, cuando regrese, les voy a traer alguna cosilla que les guste, les debo ya estos regalos, no sé cuánto, y se levantó sintiéndose ridÃculo y se fue. Pero esa noche durmieron muy bien, y las siguientes también, y siguieron durmiendo muy bien. Cuando llegó el momento de irse otra vez al campo, al trabajo, en la casa no habÃa ruidos, no habÃa cosas raras.
31:02 Cuando el abuelo regresó, preguntó cómo ha estado todo. Todo bien, todo bien, y hasta el árbol aquel raro floreció, pero bonito. Total que fue y trajo cosas y les dio las gracias por acompañarlo. Y asà se acostumbró a hacer eso, a regresar y traerle cosas a aquellos para agradecerles que lo cuidaran, y decÃa él, a Arnulfo le platicó, que sà lo cuidaban, que sÃ, que sà lo cuidaban. Una vez, estaban en alguna parte de Guerrero, que es un estado muy caliente también, cerca de la costa del PacÃfico, y él estaba en su campamento, habÃan estado trabajando en algo, una remodelación de una carretera, una ampliación, algo, y el campamento estaba metido, asà como en la vegetación, Eran varias casetas que habÃan construido. Una era la de él, que era el capataz. HabÃa otras para los trabajadores, una por allá para la supervisión, lo que fuera. Y una noche llegaron los vándalos. Era gente peligrosa. En esa época, en los años 60, en el Estado Mexicano de Guerrero hubo alzamientos armados.
32:08 HabÃa gente que se habÃa levantado en armas. Eran luchadores sociales, muchos de ellos. Muchos de estos grupos eran Eran verdaderamente gente que querÃa mejorar las condiciones de vida. Otros no. También habÃa bandas de delincuentes, gavillas de delincuentes, y tal parece que los que fueron esa noche eran delincuentes. Ya se habÃan topado antes con los guerrilleros, con los insurgentes. Era gente encabezada por un maestro. Se los habÃan topado y no habÃa pasado nada. Pero esta vez, esa madrugada, llegaron los vagos, comenzaron a robar, a golpear, Dejaron muy lastimados a los trabajadores, les quitaron todo, se robaron piezas, se robaron las camionetas que habÃa en el campamento. Todos menos al abuelo. El abuelo no se enteró de nada.
32:57 Cuando temprano en la mañana se levanta para ir a trabajar, abre la puerta de su caseta donde dormÃa. Y afuera hay gente lastimada, hay uno con una cortada en la cabeza, otro con una herida, no están las camionetas. Bueno,¿ qué pasó? Vinieron los delincuentes, asà y asÃ. Hombre, qué mal.¿ Y a usted qué le hicieron? No, pues nada.¿ Cómo que nada? Si a todos los bolsearon, a todos nos pasaron. No, pues no, a mà no.¿ No me habrán visto? Pero era la caseta grande, era la primera que estaba ahà a la vista. Pues no y no. Y el abuelo contaba que cuando ya pasó esto y ya se fueron los que tenÃan que ir al médico, él salió a ver qué pasaba Y alrededor de su caseta, como el suelo estaba muy húmedo porque en las noches siempre llueve ahÃ, habÃa montones de huellitas, chiquitas, muchas. Y luego vio las huellas de unos hombres, porque eran huellas grandes con un calzado diferente, que se acercaban y luego cambiaban y se iban.
33:53 Y se metÃan entre la selva. Y otro lado igual. Esa noche entendió que quizás sà lo protegÃan. Y a partir de ahÃ, cada vez que se iba, pasaba y dejaba algo. Cada vez que regresaba, pasaba y dejaba algo. Cuando ya fue más cansado, en los años 80, ya se sentÃa cansado, ya no salÃa a campo tan frecuentemente. Simplemente cuando se iba a trabajar y volvÃa, traÃa alguna cosita. Cuando se retiró, ya habÃan entrado los 90, ya siendo un hombre muy mayor. Estaba en su casa y arreglaba el árbol, arreglaba el jardÃn y a veces se sentaba ahà junto. No hablaba ni nada. Fue la época en la que Arnulfo veÃa el idolito feo y a su abuelo. Y luego el abuelo iba a hacer las compras con la abuela y al volver traÃa algo y se lo ponÃa.
34:44 Pero un dÃa Arnulfo, cuando regresó y salió a jugar al jardÃn, ya no estaba el idolito. Y siempre tuvo esa curiosidad,¿ qué pasó con el idolito? Y ya pasado el tiempo el abuelo fallece y le pregunta al papá,¿ qué pasó con el idolito? Y la historia del idolito era todavÃa más impresionante porque en un cierto momento el abuelo, ya sabiéndose muy enfermo, ya sintiéndose mal, habló con los dueños, con sus cuidadores, los niños. Les explicó que ya se sentÃa muy mal y que ya no podrÃa estar con ellos, que ya no lo tenÃan que cuidar, que él ya se iba a ir. Y que necesitaba llevarlos de regreso a sus selvas, a sus campos que lo acompañaran y los llevarÃa. Subieron el idolito al auto de uno de sus hijos y manejaron para allá. Una enorme distancia, son muchÃsimas horas, una carretera muy complicada, pero todo el tiempo.
35:49 Tuvieron buen clima y el automóvil no falló para nada. Se pararon dos o tres veces en el camino, a comer, a descansar. Cuando llegaron allá a aquel lugar, Ahà estaba la carretera que habÃa hecho en los años 50. Claro, ahora era mucho más amplia. HabÃa muchas cosas. HabÃa una población que no existÃa. Cuando llegaron a un cierto punto del camino, identificó por ahà que era más o menos el lugar en donde habÃan hecho aquella especie de cuevita de piedras. Le dijo a su muchacho que esperara ahÃ. Se bajó con el idolito y se metió un poco. No se puede entrar, no es fácil. Pero por allá lo acomodó. Se regresó se subió al auto y dieron la vuelta y es otro detalle curioso porque cuando estaban por arrancar al mirar hacia allá el papá de Arnulfo asegurarÃa haber visto parado ahà a un hombre enjuto con la piel muy tostada con un pantalón blanco que los veÃa fijamente al tiempo que se alejaban el abuelo fallecerÃa pocos dÃas después habÃa ido a dejar a los niños, a los dueños Los habÃa regresado, ya no necesitaba que lo cuidaran, pero no querÃa dejarlos ahÃ. Asà que se quedó el árbol, se quedaron las piedras, pero el idolito ya no está.
37:11 Por supuesto, usted puede creer o no, yo puedo simplemente contar una historia que me han compartido. Pero es una historia que me ha gustado mucho, porque tiene que ver con algo que a mà me ha gustado mucho, que es trabajar en campo, ser ingeniero de obra, usar un casco feo Estar en lugares deshabitados. Son cosas que me han gustado mucho y a lo largo de los años, en muchos de estos trabajos en que he estado, me han platicado historias de duendes. Por ahà en el canal tenemos un capÃtulo exclusivamente de historias de duendes. Pero esta, la historia de Arnulfo, me la he reservado porque siempre me ha gustado. Y esta noche he querido compartirla con ustedes.
37:54 Muchas gracias. Buenas noches. Y que descansen. En paz. Gracias por ver el video.
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