Aug. 3, 2026

El idolito, una historia de duendes _ Relatos del lado oscuro

El idolito, una historia de duendes _ Relatos del lado oscuro
El idolito, una historia de duendes _ Relatos del lado oscuro
Relatos del lado oscuro
El idolito, una historia de duendes _ Relatos del lado oscuro

Una historia vieja, de esas que la gente cuenta.

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#relatos de misterio #relatos de terror #historias de miedo #asesinos #terror parapsicológio #joseramoncantalapiedra

0:00 en el sureste mexicano. Existen muchas historias en las regiones que en otro tiempo fueron ocupadas por mayas, olmecas, aquellos pueblos precolombinos. Hay historias acerca de duendes, chaneques, aluches, todo tipo de leyendas. Algunas de ellas hablan de seres aterradores que pueden causar mucho daño. Otras, sin embargo, pueden hablar de situaciones en las cuales los duendes, los aluches, los chaneques han ayudado a las personas. Esta historia que le voy a compartir habla de eso. Usted puede juzgar, creer o no creer, pero la persona que lo cuenta afirma que el abuelo era verdaderamente confiable. Así que, le invito, acompáñeme, adentrémonos en la selva, vayamos a conocer historias antiguas, historias del sureste mexicano. Bienvenidas, bienvenidos, comenzamos. Relatos del lado oscuro.

1:03 Historias que otras mentes prefieren ignorar. Arnulfo hoy en día presumo que debe de tener más de 30 años. Es un constructor, es un hombre que trabaja en obras, al igual que su padre y al igual que el padre de su padre, el abuelo. Es una familia que a lo largo de los años ha Se ha dedicado siempre a construir. Y son personas confiables en muchos aspectos y muy conocedoras de su trabajo. Pero él tiene una historia muy loca. Una historia que podría ser considerada como increíble. Pero al mismo tiempo es una historia muy grata. Una historia que vale la pena contar en una época en la que tenemos noticias tremendas por todos lados. Y creo yo que vale la pena recordar que a veces hay historias que van un poco más allá de las noticias terribles, de los crímenes, de guerras y tragedias. Y así es esta historia. Y Arnulfo recuerda un tiempo en casa del abuelo. Cuando él era pequeño, la familia completa vivía en la misma casa.

2:08 Abuelo y abuela, papá, mamá, los hermanitos, todos vivían en aquella enorme propiedad al sur de la Ciudad de México. El abuelo la había construido muchos años atrás. Y cuando fueron creciendo los hijos, les fue dando un pedazo a cada quien. Pero en la casa grande, en la casa que era del abuelo y la abuela, vivían Arnulfo, sus tres hermanos, su mamá y su papá. Y recuerdo un detalle muy curioso. Cuando era chico, cuando era pequeño, no sé, siete u ocho años, en el jardín de la casa del abuelo, que era un jardín muy cuidado, había, abajo de un gran árbol, una especie de montículo de piedras, y sobre de este montículo había un idolito. Era un idolito de piedra medio feo. A él siempre le dio desconfianza y nunca se acercaba, pero estaba ahí el idolito.

3:02 El abuelo ya era viejo en aquel entonces, ya casi no salía al campo. Pero ese idolito tenía una historia. En fin, el caso es que él veía al idolito y además veía que el abuelo, cuando salía, regresaba y siempre que volvía, después de que dejaba cosas en la cocina para la abuela y todo eso, iba allá. y le ponía alguna cosita al idolito. Ya fuese un dulce, unas frutas, algo. Era una curiosidad aquello. No siempre, pero muchas veces hacía eso. Y una vez al año, les ponía platos con comida, como si fuera una ofrenda. A él siempre le dio miedo por todo eso, y siempre le dio la impresión de que era algo casi diabólico.

3:46 Hasta un día en el que ya no apareció el idolito. Cuando él salió a jugar en el jardín, Miró para allá y solamente estaba el montón de piedras, pero ya no estaba el idolito. Ese día su papá y su abuelo se habían ido a alguna parte. Cuando volvieron le preguntó a su papá por el idolito. Y el abuelo lo escuchó y le dijo que viniera. Que se sentara que le iba a contar la historia del idolito. Y él le dijo que no era necesario porque Arnulfo le daba miedo a aquella cosa. Y se lo dijo, es que siempre me ha dado miedo. Y el abuelo le dijo, no tienes que tener miedo, escucha. Porque esta es una historia que empezó hace muchos años. Y empezó a hablar hacia atrás en el tiempo, dijo, en los años 50. El abuelo había comenzado a trabajar en una empresa de construcción.

4:32 No era profesionista, pero era un hombre joven, muy fuerte, con muchas ganas. Y que además era bueno para aprender. Así que había aprendido el manejo de maquinaria, el manejo de explosivos, cosa muy delicada. Había aprendido muchas cosas. Había comenzado a trabajar desde niño. Así que cuando surgió la oportunidad de irse a Tabasco a trabajar en medio de la selva, la aceptó inmediatamente. No cualquiera acepta esos retos. Tenía que dejar a la abuela con los niños pequeños en una casa que estaba medio construir. Pero se fue. Agarró una petaca con cosas y se fue. Estando allá, el trabajo era muy pesado. El calor es insoportable, la humedad.

5:15 Muchos desertaban y se iban, ingenieros, topógrafos, pero a él le asignaron una tarea importante. Era muy joven, pero era una persona inteligente, así es que a él le tocaba abrir brecha, ir con las topadoras, bajando la vegetación, y cuando encontraban algún obstáculo, por ejemplo rocas, había que demolerlas. Él se encargaba de organizar a la gente que volaba las piedras, una tarea muy peligrosa. Porque además todavía en ese tiempo se utilizaban sistemas muy tradicionales. Llegaba una máquina, perforaba unos agujeros. Llegaba un tipo al que le llamaban el poblador que le metía dinamita, una mecha larga y a correr todo el mundo. Hoy en día se usan otras técnicas, por supuesto. Pero en aquel momento así lo hacían.

6:03 Y fue la primera vez que les pasó aquella cosa rara. El abuelo sentado platicaba esto con verdadera emoción porque... en aquel sitio, en medio de la nada, a kilómetros de la población más cercana, mientras abrían brecha para la carretera, esa enorme roca apareció ahí, de pronto. No la habían visto. La gente que había hecho el trazo original no la había visto, pero cuando desmontaron la vegetación había esta roca enorme. Trajeron al equipo, perforaron, comenzaron a poblar, prendieron, y a correr todo el mundo, y cuando se dieron cuenta y esperaban que hiciera boom, aquello no solo no hizo boom, sino que no hizo nada. Cuando fueron a ver, pues no.

6:51 No pasó nada. Pero retirar la carga explosiva de una falla cuando falla algo es muy delicado. Así es que tuvieron que hacerlo con sumo cuidado. No fuera a ser que aquello no hubiera hecho explosión correctamente, pero estuviera en proceso de ignición. Así es que tuvieron que hacer muchas cosas. Total, no funcionó. Volvieron a hacer el trabajo, volvieron a poblar, volvieron a hacer lo que se tenía que hacer. Volvieron a aprender aquello y todo el mundo a correr y a guarecerse porque además como no eran explosiones muy controladas sino que aquello volaba y salían piedras en todas direcciones, había que esconderse. Pero no pasó nada. El tipo que ponía los explosivos se queda mirando con el abuelo, el abuelo se le queda mirando con cara de te voy a dar dos por burro.¿ Van a revisar? Pues no, nada.

7:47 Aquel hombre se excusa diciendo que seguro es la humedad ambiental, porque había una humedad que se te pegaba, y el calor insoportable, bueno pues, hombre. Total que se mueven, mandan a otro campamento a traer otras cosas que son más modernas, allá tienen un equipo diferente, lo colocan, se disponen, esto ya traía unos estopines para la detonación, otra cosa... y no pasa nada... de nuevo, no pasa nada... total que están ahí, están jalando... ya llegó el jefe... el jefe es un hombre que venía de la Ciudad de México... por parte de la constructora... un tipo muy correcto, pero muy duro... se les queda viendo y bueno... de tarugos no los bajó... cómo era posible que tres veces... y no pudieran volar una móndriga piedra... que aquello no podía ser...

8:35 está ahí discutiendo con ellos... Si la humedad, si no pusiste bien, si te equivocaste, cuando de pronto aparece este hombre raro. Era un hombre enjuto, de apariencia inusual. Muy, muy moreno por el sol, muy quemado por el sol, con el rostro seco. No era muy alto. Más bien era una persona bajita, seca. Únicamente vestía un pantalón blanco, como de manta. Y estaba ahí parado junto de ellos, viéndolos. De pronto el jefe, que está regañando a esta gente, se voltea y dice,¿ tú qué?¿ Tú qué buscas?¿ Qué quieres aquí? Y aquel hombre le dice, bueno, es que no pidieron permiso para volar la piedra. Y a ti te tengo que pedir permiso.¿ Tú quién eres para que te pida permiso? Y el jefe era rudo. Imagínense ustedes, estar trabajando en la jungla y en medio de la vegetación. Serpientes, bichos, arañas.

9:30 No cualquiera se avienta. Y estas eran personas muy recias. Así es que se le pone...¿ Tú qué?¿ Quién eres para que te pida permiso? No, no no, no. No, no es a mí. Es que usted no le pidió permiso a los dueños de la piedra. Aquel hombre se ríe y dice,¿ qué dueños ni qué nada? Si no les pide permiso, no va a poder tronarla porque a ellos les gusta su piedra. Y si quiere usted de veras pasar por aquí y quitar esa piedra, pídales permiso. Y ya que esté rota la piedra, llévela allá adentro. Allá. adentro, y hágales así, como una cuevita, va a ver cómo van a poder trabajar contentos. El jefe se enoja, le dice que se largue, que no sé cuándo, pero no van a poder volar. Total, que el abuelo le dice, ya, bájale, bájale.¿ Qué quieres? No, yo no. Pero para ellos, pídanles permiso. Háblenles, déjenles regalos de eso que están comiendo, de eso que huele tanto que les están preparando. Tráiganles, había unas mujeres que iban avanzando con el contingente de constructores, que se encargaban de preparar comidas y demás. De eso, tráiganles, aquí déjenles, al atardecer, tienen aguardiente. Tráiganles un poco de aguardiente. De eso anaranjado que tomaron, de eso que estaban tomando, y todos se quedan viendo, de eso tráiganles unas botellas. Era una bebida de aquel entonces que era el Orange Crush.

11:01 De ese detalle Arnulfo hace mucha mención. porque el abuelo lo recordaba con gusto. Era tanto el calor que, vaya, en algún momento poderte tomar una bebida fría y azucarada era muy agradable. Y eso era lo que tenían, unas botellas de vidrio de una bebida que se llamaba Orange Crush. El caso es que de esa bebida quería que le pusieran. Pues no era la gran cosa, realmente lo que pedían era algo muy sencillo. El jefe lo primero que se imaginó es que cada vez que... El abuelo y su gente se retiraban para guarecerse de la explosión. El hombre aquel y sus compadres seguro venían y jaloneaban. Era una treta, pero bueno.¿ Qué más da? Unos platos de comida, no pasaba nada. Así es que prepararon la comida, la pusieron ahí, unas botellas de refresco, unas botellas de aguardiente y todo el mundo se fue. Al amanecer no estaba eso. Ya no estaba. Entonces el abuelo supuso que sí, que era cierto lo que decía el jefe, que esos parientes, esa gente estaba ahí atenta a ver qué pescaba, pero realmente no era algo significativo. Así es que poblaron rápido, prendieron y ¡pum! Aquello tronó. Pero no tronó feo, no salieron rocas por todos lados, simplemente tronó y pudieron desmontar. Le preguntó al jefe si hacían lo que habían pedido. Luis dijo, hazle lo que habían pedido, ándale, llévate esas piedras para allá con un bulldozer, con un pailoder, con lo que tengas.

12:27 Y ármales hay algo. Total, les tomó un día de trabajo de estar acomodando las piedritas. Siguieron su camino. Y bien, contentos, avanzaron bien un tramo. Pero al pasar un arroyo, comenzó a pasarles otra cosa rara. Aquello parecía de broma. Pero al cruzar el arroyo, la maquinaria comenzó a fallar. Pero no una máquina, sino todas. Y hasta los automóviles, las camionetas que usaban para trasladarse, comenzaron a fallar. Tú llegabas, parabas tu máquina después de trabajar todo el día y a la mañana siguiente, caput, no prendió. Llegaba el mecánico, la revisaba, pues no, no le encontraba nada, solo que no prendía. Le cambiaban la batería de una a otra, le echaban éter, le hacían, le deshacían, nada. Ya cansados de esto, después de un par de días que fueron a la ciudad a traer unas refacciones, que fueron a traer unos filtros, que tú, que yo, que no sé cuánto, están allí todos metidos, ya vino el jefe. El jefe atendía varios frentes, así es que viene a ver qué está pasando con este. Y cuando está parado ahí junto a una de estas máquinas grandes, al voltear, adivine quién está. Sí, el hombre en juto. Ese hombre todo moreno, moreno, moreno, quemado por el sol, con su pantalón blanco parado ahí.

13:46 El jefe, tipo rudo, se voltea y le dice, tú tienes que ver con esto, ¿verdad? El hombre aquel le dice, no, yo no. Pero... Tú sabes por qué está pasando esto, ¿verdad? Sí, señor.¿ Y qué está pasando? Es que aquí ya son otros dueños y usted no les pidió permiso y les ha estado tirando sus árboles y sus plantas y no lo van a dejar pasar ya. Bueno,¿ y qué puedo hacer? El jefe ya pensando, este cuate con sus compadres ya vino de allá para acá y ahora quiere otra cosa. Tiene que pedirles permiso y darles algo que les guste. Algo como que a la música les gusta. La música.

14:32 Se ríe mucho el jefe. Dice,¿ qué música ni qué nada? Si quieres pongo a este a chiflar. Al abuelo que estaba ahí junto. Ándale, chiflales una canción. Y aquel hombre muy serio les dice, no señor. Tiene que ir usted a tal pueblo, aquí caminando, tal y tal. Y allá va a encontrar a unas personas. Dígales.¿ Y qué?¿ Y si no lo hago? No, pues no sé. No sé yo. Entonces se da la vuelta y se va. Total llega allá y había un hombre que era el que se encargaba de todos estos menesteres. En esa comunidad era como un curandero, chamán. Y ya mandaron al abuelo a que investigara. El abuelo va y habla. Y aquel hombre le dice que seguro se toparon con tierra de chaneques o algo parecido.

15:16 Que lo ideal sería eso. a darles lo que están pidiendo. Dice, bueno, pues es que ese hombre dijo que música. Dice, ah, pues aquí hay una banda. Y también comida. Sí, sí, sí, todo, todo. Total, no era mucho dinero, pero sí había que pagar. Dijo, bueno, pues vamos a pagar. El abuelo, al decirle al jefe, el jefe se pone hasta colorado, le dice, bueno, hazlo. Imagina que es ese tipo con sus compadres que cuando te descuidas viene y te tapa el filtro, te echa azúcar en el tanque, alguna cosa te hacen. Dales el gusto, tráerles la fiesta para acá. Contratan a aquella gente y era una musiquita muy, muy chillona, muy fea. Era algo muy feo. El sonido de aquella musiquita era muy chillón.

16:02 Estuvieron tocando mucho rato. Después pusieron un montón de cosas ahí. Las personas que habían traído. Ellos llevaron todo. Total, al día siguiente, cuando le dan a la máquina, la máquina prende. Cuando le dan a la otra, la otra prende. Cuando llegan con este equipo y aquel otro, todo prende. Bueno, pues ya está. Y ahí van avanzando. Pasan otro arroyo y les empieza a llover. Pero a llover mucho. Entonces no pueden avanzar. Imagínese usted, terrenos blandos, altamente orgánicos, maquinaria pesada de la de antes, que tenía catarinas planas, se empiezan a enlodar. Bueno, bueno, no pueden avanzar. Están ahí esperando que pase un poco aquello, no sé cuánto, y tiene que ir a la ciudad del jefe para ver algo.

16:50 Hay una población cercana. En cuanto monta en la carretera principal, que está a unos kilómetros, ahí no llueve, y en la población tampoco llueve, no ha llovido. Cuando vuelve, apenas regresar de la carretera, salirse y entrar a la brecha, unos metros adelante comienza a llover. Cuando llega al campamento, están ahí viendo qué van a hacer para resolver esto, qué técnicas emplear, cuando al voltear, exactamente, adivinó usted, el hombre en juto estaba ahí parado. Parecía como si no se mojara. Total se asoma y dice, tú tienes que ver. Tienes que ver con esto. No, yo no. Pero sí sabes cómo arreglarlo. Sí, sí, sí.¿ Y qué puedo hacer para que deje de llover? Y se rieron. Nadie lo creía. Vaya, era como de broma. El abuelo de Arnulfo siempre decía que en su primera impresión es que esto era una broma.

17:49 que aquel hombre había estado por ahí escondido en alguna parte esperando a que comenzara a llover para aparecerse. Pero bueno, como sea, le sugirió que de nueva cuenta trajeran a la orquesta. Pusieran allá, y le señaló por dónde, unas mesas bien puestas y que les pusieran muchas cosas buenas. Y les dijo lo que quería. Hicieron lo mismo. Fueron allá al pueblo, contrataron a aquella gente, regresaron, la musiquita chillona... mucho copal, una sustancia que se quema, que huele mucho, y una persona que cantaba con esa voz aguda, aguda, y se fueron. Lo interesante es que mientras aquella gente llegó, cuando llegaron y comenzó la fiesta y todo esto, dejó de llover. Inmediatamente dejó de llover. Al día siguiente ya no llovió. Y al siguiente tampoco. Y así siguieron, pudieron avanzar muy bien. Vamos, aquello era como de broma. Sí, estoy de acuerdo. Pero cuando estaban cerca ya del entronque, porque este era un camino que unía una población rural que no tenía entrada con una carretera principal, fue una época en la que se hicieron muchas obras importantes en México.

19:03 El caso es que están por llegar ya al entronque donde van a conectar con la vía principal, ya se ve la carretera ahí y están viendo los últimos detalles, poniéndose de acuerdo cuando aparece aquel hombre. El hombre en juto. Lleva consigo un costalito. como de yute, como de fibra, una cosa muy tosca, muy rústica, la lleva en la mano. Y está parado ahí. Cuando se asoman, ven que está ahí el hombre. El jefe sale y le dice,¿ qué pasó?¿ Ahora qué pasó? Ya está preocupado a ver qué había. Y aquel hombre le dice, oiga, le traigo un regalo. No, no te preocupes, no hace falta. Dice, no, no, tengo que darle su regalo. Y se queda ahí hablando con él y le da el costalito al jefe. El hombre aquel se va. El jefe regresa al campamento, a la caseta aquella donde estaban con el costalito. Y el abuelo de Arnulfo, que era una persona de confianza cercana, se acerca y le pregunta qué pasó. Ahora,¿ qué quería?¿ Más música o fiesta? Dice, no. Que es un regalo de agradecimiento porque fuimos muy generosos.¿ Y qué es? No sé.

20:11 Lo abren y era un idolito. Un idolito feo. No era muy grande, era un idolito Sucio, de tierra, como feo Dice,¿ esto qué es? Pues no sé Algo más me dijo, me lo mandaban, no sé cuánto Pero yo qué voy a hacer con esto, hombre Si yo de aquí me voy a otro lado, no sé qué, no voy a estar cargando eso Oiga jefe,¿ me lo puedo llevar? Llévatelo, hombre, pues es que vas a andar cargando tú, pues ahí tú como quieras Total, terminaron aquello y el abuelo regresa a casa A veces se ausentaba por varios meses. Eran días muy duros. La abuela tenía que ver todo. Y siempre que volvía, al rato recibía noticias del nuevo niño.

20:58 Pero esa vez regresó con el idolito. Y se lo enseñó a la abuela. La abuela lo vio y le dijo, ¡ay, qué feo! ¡No, que es un idolito!¡ Es muy bueno!¡ Es fino!¡ Es una pieza de colección!¡ Se lo regalaron a mi jefe y él me dejó que me lo trajera! ¡No, pero es que está feo!¡ A mí me da miedo! Total, el abuelo pone eso por allá. Y ahí se queda el asunto. Era una casa grande. Para ese entonces el papá de Arnulfo y sus hermanos eran chicos. Estamos hablando de años 50. Eran chicos, muy chicos. Pasan los días y el abuelo se tiene que volver a ir. Había otro frente, esta vez hacia otra zona. El caso es que ya se despide y se va. Y al rato comienzan los problemas.

21:41 La abuela no veía una porque empezaron los ruiditos. Primero era como si hubiera alguien caminando por aquí y por allá. Después eran cosas como que te abrían las puertas, aparecían cosas tiradas, la comida que la abuela guardaba con tanto cuidado en la despensa, regada. Había cosas que se rompían, había puertas que se te cerraban, y luego comenzaron esas voces agudas, muy, muy agudas, que parecían venir de todos lados. La abuela se espantó, se espantó mucho, porque además, Los niños también oyeron eso y les dio miedo. Vamos, hasta el perro. El perro se salió de la casa y se fue a un rincón y por allá se quedó.

22:22 Fue tal el miedo que le dio a la abuela que agarró a sus chamacos. Agarró su perro y se fue a dormir a casa de sus papás. Allá se fue a quedar la abuela con los niños chicos. Total que pasan unas semanas, regresa el abuelo y se encuentra con que están allá y a él no le gusta eso. Él tenía su propia casa y le reclama a la mujer. La mujer le dice, es que cuando te fuiste, el ídolo ese empezó a hacer un montón de cosas feas.¿ Cómo que el ídolo? No, hombre, pasó esto y aquello y no sé cuánto. El abuelo dijo, se queda donde está y son puras tonterías lo que están diciendo. Están como locos, total, el abuelo no lo podía creer, pues hombre rudo y demás. Es una pieza arqueológica, es una cosa fina. En aquel entonces no se tenía... El respeto hacia la arqueología y hacia los restos arqueológicos. Cualquiera tenía en su casa ahí un idolito. Cualquier cosa que encontraba uno en la excavación, ahí estaba. El abuelo les dice que lo dejen en paz, que ahí está bien. Y que no estén pensando tonterías. Total, se vuelve a ir unos tres, cuatro días después. Casualmente, mientras él estuvo, no pasó nada. Pero apenas se vuelve a ir el abuelo, las cosas se ponen locas. Y otra vez, aquellos ruidos, aquellas voces, aquel correr de algo por la casa, la puerta que se te azota. te prenden y apagan las luces, vamos, la niña, la niña, la nena, era pequeña, amanece con el pelo todo enredado, todo feo, todo revuelto, era como güerilla, porque la abuela era de Jalisco, y bueno, aparece con el pelo todo feo, toda maltratada, no pueden dormir, el

23:54 perro se va, una mañana cuando lo buscan, el perro ya no está, se escapó, Lo fueron a encontrar en la casa de alguien, pero mejor se quedó allá. Total que la abuela agarra sus cosas y se vuelve a ir a casa de sus papás. Con todo y chamacos, pero esta vez sin perro. El asunto está en que pasan los días y el abuelo regresa. Cuando llega a su casa es noche y no hay nadie. Se imaginó que se habían ido a casa de los papás, pero bueno. Total que ya guarda la camioneta, se mete.¡ Qué nochecita! Aquí no duermes. Toda la noche le hicieron cosas, le jalaron, le aventaron, le hicieron de lo que no se imaginan.

24:39 A las cinco de la mañana está en la casa de los papás de la abuela, con los ojos todos ojerosos.¿ Qué carajos hicieron en mi casa? Pues lo que tú trajiste. Total, les dice que va a ir a tirar eso por ahí lejos. Que ya, pues ni modo. Si eso empezó con el idolito dichoso, pues lo va a ir a tirar por allá lejos. Y sí, regresa a la casa, agarra al idolito, lo mete en un saco que tenía ahí en una bolsa, lo echa a la camioneta y al momento de tratar de arrancar, nada. No prende. Y hazle como quieras. Y era una camioneta de la empresa y era nueva. Pues nada, no prende, se mete, le jala, le pica, sabía de mecánica, pues era gente de campo, sabía cómo arreglar un motor, nada. Baja la cosa aquella, la pone por allá en el jardín y la camioneta prende. Total, pues nada, se tiene que ir otra vez. Y para colmo de males, los papás de la abuela ya no quieren que estén allá porque también el muerto y el arrimado a los tres días apestan. Entonces pues ya no pueden quedarse allá, se quedan en la casa, pero el idolito está allá en el jardín, allá en un rincón.

25:52 Pero siguen pasándoles cosillas, siguenles pasando esto de que te cierran la puerta y te abren la ventana a mitad de la noche, te prenden la luz, está durmiendo alguien y le prenden la luz. Total, abuela, pues ya nerviosa, junta a los niños, se van todos a dormir a la misma habitación. Pero siguen oyendo aquellas cosas. Total, un día que viene el abuelo, y está aquí un par de días, habla con uno de sus cuñados que están nerviosos, que está pasando en la casa, y el cuñado le dice,¿ por qué no te vas allá? Allá donde trajiste esa cosa y pregunta. Busca a ver dónde vive el hombre ese que dices que te dio eso y pregúntale qué haces.

26:33 Llévale de regreso su porquería. Pues total, otra vez va el idolito a la camioneta y otra vez la camioneta que no prende. Bajan el idolito, la camioneta prende. Total, que el abuelo ya en su desesperación tiene que ir a ver un asunto por allá. Después de muchos días de medio dormir, no dormir, tiene que ir a ver un asunto por aquella zona y aprovecha estando allá para ir a buscar al hombre ese Él se acuerda más o menos del lugar donde tronaron la piedra, aquella grande que fue el primer lugar donde encontraron al hombre. Llega allá con el vehículo, se baja, se intenta meter entre la jungla a ver si encuentra alguna vereda o algo, pero pues no es tan fácil entrar así como así. Aquello está ensortijado. Total, que no puede pasar. Busca por otro lado, se cruza la carretera para ver si de aquel lado había algo. No hay nada ahí. Se va a subir a la camioneta ya para arrancar. Y otra vez no prende. Verdaderamente piensa que el problema es la camioneta y no el idolito. Se baja, levanta el cofre, capó, como le llaman en otras partes. Está ahí agachado cuando al voltear, ahí parado está el sujeto aquel. Sí, él mismo, el tipo en juto de piel morena y pantalón blanco. Dice,¿ qué pasó, don? Dice, óyeme.¿ Y tú de dónde saliste?

27:52 Yo aquí andaba. Oye,¿ Qué porquería es esa que me diste? Yo no le di nada. Sí, como no el idolito ese del costal. Dice, no, yo no se lo di. Eso era para su jefe, no para usted. Pues mi jefe me lo dio a mí, me lo regaló a mí. No, qué mal.¿ Pero cómo qué mal? Pues,¿ qué cosa es eso? Dice, no, don. Es que como estaban muy agradecidos los dueños, todos los dueños, le mandaron unos a que lo cuidaran. pero que cuidaran al jefe, no a usted.¿ Cómo que al jefe?¿ De qué estás hablando? Sí, los dueños le pusieron unos niños para que lo cuiden, pero como no está el jefe, seguro se están aburriendo porque no tiene nada que hacer y le van a hacer un montón de maldades. Ese hijo de tu tal por cual, si me hubieran dicho, pues es que no era para usted.¿ Y qué puedo hacer?

28:52 Ya traté de traerme el idolito para acá y no pude.¿ Ahora qué hago? Dice, pues hable con ellos. Dígales que usted ya es el nuevo dueño y que usted es el que va a cuidar de ellos. Deles cositas y póngalos afuera. Busque un árbol bonito. Hágales un lugarcito para ellos y deles cositas. El abuelo se reía mucho y dice, no, estás más loco que yo. Dice, pues es que si no se van a estar aburriendo y usted sabe que los niños... que no tienen algo que hacer, se aburren. Pero dígales para que lo cuiden a usted. Ahora que lo cuiden a usted, va a ver. Total, el abuelo dice, bueno, ya me puedo ir. Dice, sí, cuando usted quiera. Cierra la tapa del motor, se sube y la camioneta arranca.

29:38 Cuando voltea para buscar al tipo ese, ya no está. Pero fueron segundos. Total, que regresa ya y para no hacer las cosas más difíciles ni este relato más largo, Trae unas piedras, arma ahí un montículo parecido al que habían hecho allá en la jungla, aquella en la selva, abajo de un árbol muy grande que tenían, y allá va, pone el idolito. Le dice a la abuela que le prepare unas cosas sabrosas, unos guisos que a él le gustaban mucho, con unos molitos y eso. Se los pone. Va y compra unas bebidas gaseosas de esa marca que le dije que es color naranja, las pone. Va y se trae también un poco de piloncillo y cosas así las pone. Y se sienta ahí sintiéndose ridículo como pocas cosas, a hablar con el aire, a decirle al aire, oigan, miren, el jefe, el jefe no necesita que lo protejan, él ya tiene quien lo proteja, pero me dio a mí esta figura y ustedes ahora están aquí y yo quiero que me cuiden a mí, que me acompañen, que me protejan, les prometo que cada vez que salgamos, cuando regrese, les voy a traer alguna cosilla que les guste, les debo ya estos regalos, no sé cuánto, y se levantó sintiéndose ridículo y se fue. Pero esa noche durmieron muy bien, y las siguientes también, y siguieron durmiendo muy bien. Cuando llegó el momento de irse otra vez al campo, al trabajo, en la casa no había ruidos, no había cosas raras.

31:02 Cuando el abuelo regresó, preguntó cómo ha estado todo. Todo bien, todo bien, y hasta el árbol aquel raro floreció, pero bonito. Total que fue y trajo cosas y les dio las gracias por acompañarlo. Y así se acostumbró a hacer eso, a regresar y traerle cosas a aquellos para agradecerles que lo cuidaran, y decía él, a Arnulfo le platicó, que sí lo cuidaban, que sí, que sí lo cuidaban. Una vez, estaban en alguna parte de Guerrero, que es un estado muy caliente también, cerca de la costa del Pacífico, y él estaba en su campamento, habían estado trabajando en algo, una remodelación de una carretera, una ampliación, algo, y el campamento estaba metido, así como en la vegetación, Eran varias casetas que habían construido. Una era la de él, que era el capataz. Había otras para los trabajadores, una por allá para la supervisión, lo que fuera. Y una noche llegaron los vándalos. Era gente peligrosa. En esa época, en los años 60, en el Estado Mexicano de Guerrero hubo alzamientos armados.

32:08 Había gente que se había levantado en armas. Eran luchadores sociales, muchos de ellos. Muchos de estos grupos eran Eran verdaderamente gente que quería mejorar las condiciones de vida. Otros no. También había bandas de delincuentes, gavillas de delincuentes, y tal parece que los que fueron esa noche eran delincuentes. Ya se habían topado antes con los guerrilleros, con los insurgentes. Era gente encabezada por un maestro. Se los habían topado y no había pasado nada. Pero esta vez, esa madrugada, llegaron los vagos, comenzaron a robar, a golpear, Dejaron muy lastimados a los trabajadores, les quitaron todo, se robaron piezas, se robaron las camionetas que había en el campamento. Todos menos al abuelo. El abuelo no se enteró de nada.

32:57 Cuando temprano en la mañana se levanta para ir a trabajar, abre la puerta de su caseta donde dormía. Y afuera hay gente lastimada, hay uno con una cortada en la cabeza, otro con una herida, no están las camionetas. Bueno,¿ qué pasó? Vinieron los delincuentes, así y así. Hombre, qué mal.¿ Y a usted qué le hicieron? No, pues nada.¿ Cómo que nada? Si a todos los bolsearon, a todos nos pasaron. No, pues no, a mí no.¿ No me habrán visto? Pero era la caseta grande, era la primera que estaba ahí a la vista. Pues no y no. Y el abuelo contaba que cuando ya pasó esto y ya se fueron los que tenían que ir al médico, él salió a ver qué pasaba Y alrededor de su caseta, como el suelo estaba muy húmedo porque en las noches siempre llueve ahí, había montones de huellitas, chiquitas, muchas. Y luego vio las huellas de unos hombres, porque eran huellas grandes con un calzado diferente, que se acercaban y luego cambiaban y se iban.

33:53 Y se metían entre la selva. Y otro lado igual. Esa noche entendió que quizás sí lo protegían. Y a partir de ahí, cada vez que se iba, pasaba y dejaba algo. Cada vez que regresaba, pasaba y dejaba algo. Cuando ya fue más cansado, en los años 80, ya se sentía cansado, ya no salía a campo tan frecuentemente. Simplemente cuando se iba a trabajar y volvía, traía alguna cosita. Cuando se retiró, ya habían entrado los 90, ya siendo un hombre muy mayor. Estaba en su casa y arreglaba el árbol, arreglaba el jardín y a veces se sentaba ahí junto. No hablaba ni nada. Fue la época en la que Arnulfo veía el idolito feo y a su abuelo. Y luego el abuelo iba a hacer las compras con la abuela y al volver traía algo y se lo ponía.

34:44 Pero un día Arnulfo, cuando regresó y salió a jugar al jardín, ya no estaba el idolito. Y siempre tuvo esa curiosidad,¿ qué pasó con el idolito? Y ya pasado el tiempo el abuelo fallece y le pregunta al papá,¿ qué pasó con el idolito? Y la historia del idolito era todavía más impresionante porque en un cierto momento el abuelo, ya sabiéndose muy enfermo, ya sintiéndose mal, habló con los dueños, con sus cuidadores, los niños. Les explicó que ya se sentía muy mal y que ya no podría estar con ellos, que ya no lo tenían que cuidar, que él ya se iba a ir. Y que necesitaba llevarlos de regreso a sus selvas, a sus campos que lo acompañaran y los llevaría. Subieron el idolito al auto de uno de sus hijos y manejaron para allá. Una enorme distancia, son muchísimas horas, una carretera muy complicada, pero todo el tiempo.

35:49 Tuvieron buen clima y el automóvil no falló para nada. Se pararon dos o tres veces en el camino, a comer, a descansar. Cuando llegaron allá a aquel lugar, Ahí estaba la carretera que había hecho en los años 50. Claro, ahora era mucho más amplia. Había muchas cosas. Había una población que no existía. Cuando llegaron a un cierto punto del camino, identificó por ahí que era más o menos el lugar en donde habían hecho aquella especie de cuevita de piedras. Le dijo a su muchacho que esperara ahí. Se bajó con el idolito y se metió un poco. No se puede entrar, no es fácil. Pero por allá lo acomodó. Se regresó se subió al auto y dieron la vuelta y es otro detalle curioso porque cuando estaban por arrancar al mirar hacia allá el papá de Arnulfo aseguraría haber visto parado ahí a un hombre enjuto con la piel muy tostada con un pantalón blanco que los veía fijamente al tiempo que se alejaban el abuelo fallecería pocos días después había ido a dejar a los niños, a los dueños Los había regresado, ya no necesitaba que lo cuidaran, pero no quería dejarlos ahí. Así que se quedó el árbol, se quedaron las piedras, pero el idolito ya no está.

37:11 Por supuesto, usted puede creer o no, yo puedo simplemente contar una historia que me han compartido. Pero es una historia que me ha gustado mucho, porque tiene que ver con algo que a mí me ha gustado mucho, que es trabajar en campo, ser ingeniero de obra, usar un casco feo Estar en lugares deshabitados. Son cosas que me han gustado mucho y a lo largo de los años, en muchos de estos trabajos en que he estado, me han platicado historias de duendes. Por ahí en el canal tenemos un capítulo exclusivamente de historias de duendes. Pero esta, la historia de Arnulfo, me la he reservado porque siempre me ha gustado. Y esta noche he querido compartirla con ustedes.

37:54 Muchas gracias. Buenas noches. Y que descansen. En paz. Gracias por ver el video.