El fantasma de la soldadera de Cholula _ Relatos del lado oscuro
Fueron muy valientes. Cuando moría el hombre, ellas tomában el arma y seguían luchando. Pero también fueron víctimas y sus memorias quedaron ahí, grabadas, en la forma de un fantasma.
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0:00 Relatos del lado oscuro. Fantasmas. El pensamiento de un hombre. Relatos del lado oscuro. El pensamiento de un hombre. Venga conmigo, vamos a viajar un poco atrás en el tiempo.
0:46 Es alrededor de 1920 y estamos en San Pedro Cholula, Puebla, México, en la parte del centro del paÃs, al pie del volcán Popocatépetl, que es el volcán más alto de México, el monte más alto de México. Para esa fecha, San Pedro Cholula era una comunidad apartada, lejos del centro de Puebla. Hoy en dÃa pareciera ser parte de la gran ciudad, estar embebido en la gran ciudad, pero alrededor de 1920 es una población apartada, separada de la gran ciudad de Puebla por un enorme margen de territorios agrÃcolas, haciendas y la principal vÃa de comunicación es a través de la vieja carretera o el camino real. Cholula, San Pedro Cholula en 1920, sigue siendo una comunidad de costumbres muy arraigadas. TodavÃa hoy en dÃa es una ciudad que tiene un Ãndice de iglesias por número de habitantes impresionante. Hay quienes aseguran que tiene una iglesia para cada dÃa del año, hay quienes aseguran que no es asÃ. El hecho es que hay muchÃsimas iglesias y fue una comunidad peculiar. Es la ciudad viva más antigua de Latinoamérica. Y justo ahÃ, a un lado,
2:16 está la pirámide más grande, el basamento más grande de todo el mundo. Si bien las pirámides de Egipto son enormes, el basamento de la pirámide de Cholula es el más grande del mundo. Y está justo abajo de una capilla de la iglesia que está arriba, la iglesia de los remedios. Abajo de eso está la pirámide. En 1920 se sabÃa que habÃa restos arqueológicos ahÃ, obviamente. Pero no le platico más de eso. Déjeme que camine con usted a través de la enorme plaza. Es la Arcada, el portal más largo de Latinoamérica. Es tan impresionante que aquà se han filmado pelÃculas durante años. La famosa pelÃcula Enamorada. con MarÃa Félix.
3:11 Parte de la pelÃcula se filmó ahÃ, en Los Arcos. Asà es que ahora vamos caminando. Es común para 1920 ver muchas personas que vienen. Vienen de todas partes de la región. Bajan de la zona del volcán, de la zona de San MartÃn Tesmelucan, del Verde. También llegan personas desde Tlaxcala, que vienen al mercado de San Pedro Cholula. Es un sitio que tiene una actividad económica muy activa, pero también una actividad religiosa tremenda. Lo que aquà ocurre es conocido en muchas partes del paÃs. En la parroquia principal, está hacia el final de la plaza, es una iglesia grande, es una iglesia muy antigua. No es el convento de San Gabriel que es franciscano, es la iglesia principal y hay un sacerdote nuevo. Es un sacerdote que le cae bien a la gente. Es un tipo diferente. Para la época no es el clásico padrecito anquilosado y ceremonioso. Incluso hay quienes aseguran que es un buen charro y que se avienta a sus jaripeos. Y que también hay veces que lo han visto cantar con el mariachi. Pero es un buen sacerdote, no es un borracho ni nada de esto.
4:31 Es un hombre que respeta los votos. Y las personas le han tomado confianza. Tiene algún tiempo que ha llegado, pero no mucho. Hay quienes dicen que su nombre es el padre Sebastián. Hay quienes dicen que es el padre Francisco. Hay versiones encontradas porque esta historia no es muy conocida. Pero según contaban los abuelitos, el padre era apreciado. Asà que la gente le tenÃa confianza y la iglesia empezó a llenarse. Pero también empezó a llenarse de... de ciertas cosas raras. El padre comenzó a escuchar frecuentemente testimonios de personas que hablaban de haber visto algo muy perturbador. Personas que venÃan de regreso de San Andrés y que por alguna razón habÃan cruzado cerca de la pirámide por la vieja estación, aseguraban haber sido molestados por algo, un horrible espanto. Otros, Aseguraban haber venido de regreso de la zona del rancho del Cristo vivo y haberse topado con el espanto. Otros más habÃan salido de los bares, ahà de la esquina atrás del convento, por donde está la otra lunita, y haberse topado con el espanto. Al padre aquello le llamaba la atención. No era frecuente escuchar que la gente contara cosas.
6:01 Pero Las historias seguÃan llegando y más o menos hablaban de lo mismo. Cuando don Pascual, don Pascual Cuapa, le contó su historia, comenzó a preocuparse por lo que le platicaba porque era un hombre de mucha confianza. Era conocido como una persona que no tomaba. Hombre de trabajo, hombre de campo, cercano a la iglesia, siempre participaba en todas las misas, siempre participaba en todas las fiestas. ConocÃa también a los hijos, a la esposa lo que aquel hombre le contó esencialmente era lo mismo que habÃa venido oyendo un horrible espanto pero que era el espanto aquel hombre le platicó que regresaba por la noche habÃan estado trabajando más allá en las tierras rumbo a la ex hacienda de Zabaleta toda la tarde habÃan estado allá entrada la noche Ãl, acompañado de varios de los peones, venÃa de regreso a San Pedro, hacia el barrio de Santiago. Tuvieron que cruzar por ahà porque venÃan por el camino real.
7:14 Pasaron el puente de la Virgen y siguieron caminando. Cuando llegaron cerca de las vÃas, aquel hombre le relató haber visto una mujer que salÃa a su paso. Era tarde en la noche, probablemente eran las 10 u 11 de la noche. cuando aquella mujer salió a su paso. Para esta época, 1920, San Pedro Cholula no tiene mucho alumbrado que digamos. Hay algunas farolas y hay un sereno que da vueltas y revisa que estén prendidas, pero en ese punto ellos vienen alumbrándose con unos quinqués de ferrocarrilero que consiguieron y observan a la mujer que se acerca a ellos. Viene sola y extiende la mano. Está pidiendo. o por lo menos extiende la mano aquel hombre al ver que una mujer de condición bastante precaria porque además era una mujer contrahecha con apariencia extraña extiende la mano no lo duda no lo duda en un momento lleva inmediatamente la mano al bolsillo toma una moneda y la entrega a la mujer pero al momento en el que suelta la moneda en la mano de la mujer en la mano de la mujer la moneda cae al piso y rebota. El buen hombre se agacha para recoger la moneda, vuelve a tomarla y se la va a entregar, pero al momento de
8:45 dejarla caer, la moneda atraviesa, esta vez no hay duda, ve cómo pasa la mano y cae al piso. En ese momento se da cuenta que está viendo algo que no es humano y aquella imagen da la vuelta y se aleja suavemente unos pasos y comienza a desvanecerse. ante la mirada de aquel grupo de personas, y se pierde rumbo a la estación del tren. DÃas después, otro hombre también perteneciente a la comunidad, cercano al cura, viene de regreso con su esposa. Han tenido que regresar tarde de ver a un familiar, cerca de ahà en San Andrés.
9:30 Cuando vienen de regreso, tienen que cruzar por este paraje. Es un paraje solitario a estas horas de la noche, pero tienen que regresar. Hubieran preferido quedarse, pero no habÃa dónde quedarse. Aun cuando son apenas dos kilómetros de distancia, tengan en cuenta que es de noche esto oscuro. Cuando llegan a ese paraje, observan a la mujer frente a ellos. Nuevamente, aquellas personas describieron lo mismo. Una mujer contrahecha, Agachada, extendiendo la mano, en una posición rara, aquel hombre siente desconfianza de lo que ve. Aquella persona, porque en la oscuridad y con la tenue iluminación de las dos farolas que estaban a mitad de la calle, apenas distingue cómo extiende la mano, le da mucha desconfianza, por lo que apresura el paso sin dar ninguna limosna. Su esposa, que viene junto a él, apresura también el paso y la deja que ella camine hacia adelante mientras él queda atrás. Ha pasado la revolución. Mucha gente todavÃa anda armada en las calles.
10:46 Aquel hombre reconoció, según decÃan, ir armado. Asà es que se apresta a que si le sale un bandolero desenfunde y dispara. Mientras la mujer avanza, sin embargo, al voltear para ver a la mujer, se da cuenta que la mujer no se ha quedado allá. La mujer contrahecha viene detrás de él. Ãl apresura aún más el paso al tiempo que le grita, mujer, corre, corre que viene detrás de nosotros. En ese instante aseguraron ambas personas que eran de la confianza de la iglesia, haber escuchado un grito verdaderamente desgarrador. un grito, un lamento, pero también un grito de odio, de horror, de muchas cosas que venÃan siguiéndolos.
11:35 Ellos comienzan a correr todavÃa más rápido para llegar a las espaldas del convento de San Gabriel. De ahà todavÃa tenÃan que caminar hacia la calle principal e internarse rumbo al barrio de Jesús. Asà es que esta cosa los viene siguiendo, dando fuertes gritos que les hielan la sangre el hombre, saca el arma y apunta y dispara varias veces. Sin embargo, aquella cosa no parece tener el menor impacto con el arma, por lo que este hombre comienza a correr, más fuerte todavÃa. ReconocerÃa incluso haber dejado a la mujer ahÃ, quien después tuvo que alcanzarlo corriendo todavÃa más rápido mientras se levantaba las enaguas, porque aquella cosa venÃa justo detrás de ellos, gritando. Los gritos fueron confirmados por varios de los vecinos quienes no se atrevieron a abrir sus puertas.
12:28 Cuando llegaron a la esquina de la plaza principal, el espectro parece haberse desvanecido. Para el padre Sebastián, aquello era muy inusual. Eran personas de confianza. No venÃan tomados, venÃan de diferentes actividades, pero no iban a fiestas. Y entonces comienzan a llegar más y más personas. Un grupo de personas que venÃa de regreso de una fiesta se enfrentó con el mismo problema y todos en conjunto fueron a esa hora a tocarle la puerta al padre para decirle que el espanto los habÃa seguido casi hasta la esquina, dando grandes gritos. Aquello provocó mucha zozobra en la gente de San Pedro. Como ya le digo, habÃa pasado la Revolución Mexicana La gran guerra habÃa comenzado en 1910. AquÃ, en San Pedro, las cosas no habÃan estado tan mal. Ãnicamente habÃan estado Gumercindo Sánchez, Ubera y Macuil, quienes se levantaron con las guerrillas en 1911, pero después llegaron los zapatistas con este hombre, Fortino Ayakica. Esos dÃas fueron feos, muy feos.
13:48 Eran duros. muy duros, tomaban lo que querÃan. Los echaron fuera. En el 17, cuando llegaron las tropas de Ãlvaro Obregón, se retiró a Yaquica. Pero las tropas de Ãlvaro Obregón no se quedaron mucho tiempo y sobre todo no se metieron en muchos problemas. TenÃan un objetivo militar más importante que San Pedro. En San Pedro, de hecho, no habÃa guarnición. Se habÃa retirado hace algún tiempo. Los rurales estaban más hacia la zona de San MartÃn Tesmelucan, hacia la zona del otro lado del volcán, en donde habÃa diferentes guarniciones de rurales, estaba un regimiento de militares federales, pero en San Pedro las cosas estaban muy tranquilas. Asà es que la gente realmente no vivió el horror de la revolución.
14:35 HabÃa habido balazos, habÃa habido uno que otro cañonazo, incluso habÃa habido algunos robos. Pero la gente del Rancho del Cristo Vivo, que era un objetivo muy cercano a las vÃas, No la pasó tan mal, según decÃan. O bueno, es difÃcil saberlo. El hecho es que el cura comienza a darse cuenta que toda esta gente está viendo algo. Algo que no parece tener sentido. Y la gente comienza a exigir. Si el padre Sebastián no va y expulsa a ese demonio, la gente se va a ir al convento con los franciscanos. Es una amenaza importante. Tenga en cuenta que las iglesias vivÃan en buena medida de lo que las personas donaban.
15:20 Por lo tanto, el padre decide tomar acción. Si aquello es un demonio que ha escapado del infierno, habrá que ir allá y hacer unas oraciones, expulsarlo, bendecir el lugar. Varios feligreses se arman de valor y lo acompañan. Es una noche airosa a principios de noviembre. cuando aquel grupo de personas decide ir a ver de qué se trata. Algunos de ellos son miembros de la iglesia, quienes van armados con escapularios, el sirio pascual no sirvió porque el aire lo apagó. Lo único con lo que cuentan es la oración. Cuando llegan allá la primera noche no hay nada, no se ve nada. Vuelven a salir la siguiente noche.
16:08 Durante varias noches hacen la misma faena, salen de la parroquia, Caminan hasta llegar a la estación varias cuadras, caminan hacia el cruce con el camino real y esperan y vuelven a esperar. Desanimados comienzan a irse. Algo no salió bien. Hasta aquella noche, muy cercana al 20 de noviembre, los abuelitos lo recordaban porque contaban que era un momento en el que se iba a celebrar algo. relacionado con la revolución. El caso es que el padre iba únicamente acompañado por uno de sus sacristanes. Cuando llegan al lugar, están esperando, hace frÃo, sopla el viento, el sacristán ya se quiere ir, cuando de pronto, frente a ellos, aparece. Los que platicaron la historia, los que escucharon al padre contar la historia, relataban que la mujer era muy pequeña, se veÃa contrahecha, como torcida de alguna forma, y levantaba la mano. Levantaba aquella mano rara, espectral, en medio del aire de la noche.
17:29 Este punto en particular, cerca de las vÃas, hay unas construcciones bajas. Son casas muy antiguas, en donde las personas estaban mirando al cura parado ahÃ. lo veÃan por una rendija. Los abuelitos en aquel momento eran niños que estaban escondidos abajo de la cama mientras rezaban, en tanto que los padres veÃan por las rendijas entre los oscuros de aquellas gruesas paredes al sacerdote con su sacristán y el espectro acercándose. Algunos cuentan que el sacristán no resistió y salió corriendo, otros que sà se quedó muy valiente. Cuando la mujer se acerca aún más y extiende aquella mano, El cura saca la moneda, se la pone y observa cómo atraviesa esa mano y cae al piso, golpeteando varias veces mientras ruede y se aleja. El sacerdote saca otra moneda y se la vuelve a poner en la mano, pero en ese instante vuelve a caer la moneda al piso, golpetea y rueda. Entonces observa cómo la imagen de la mujer se va alejando hacia la estación. El sacerdote no pierde la ocasión y camina detrás de ella, observando cómo se va alejando. Y al llegar a la vieja estación, a la antigua estación del ferrocarril, la imagen se desvanece. Simplemente se desvanece. Desconcertado, el cura regresa a la noche siguiente
19:03 y a la siguiente y asà hasta que la vuelve a ver. Vuelve a extender la mano, pero cuando extiende la mano, el cura saca su... hisopo para regar agua bendita y rocÃa aquella imagen con agua bendita y hace dos o tres oraciones hay una especie de oración de protección en donde dice por el poder de Cristo que me inviste yo te ordeno que si eres del infierno regreses allá de inmediato la rocÃa pero la imagen no reacciona simplemente no reacciona no pasa nada Saca una moneda, la entrega, cae al piso la moneda y la mujer se va hacia el tren, hacia las vÃas del tren.
19:53 A la mañana siguiente el cura hace venir a varios hombres y armados con palas les indica que vayan allá y comiencen a rascar porque lo que están viendo no es un demonio, es un muerto. Aquellos hombres están muy asustados porque Algunos relatan que los ha perseguido el espanto. Vuelve a intentarlo. Unas noches después, regresa y vuelve a ver el espanto, como viene acercándose. Y en lugar de darle una moneda, se queda parado. El espanto reacciona gritando.
20:36 Ãl se da cuenta de aquello, es un sonido horrible. El sacristán obviamente salió corriendo en cuanto eso ocurrió, pero el cura se queda y observa como el espanto no lo está persiguiendo, sino que se está retirando, gritando y va exactamente hacia el mismo lugar, hacia las vÃas. Sin duda alguna algo tenÃa que ver. Vuelven a venir los hombres con palas, picos y todo y comienzan a excavar. Les indica que debe de haber algo ahÃ. cerca de la estación y entonces ocurre algo muy inusual todavÃa más inusual uno de los hombres que estaba arriba cuidando un sacristano encargado de la iglesia de los remedios arriba de la pirámide al ver el movimiento baja y pregunta¿ qué hacen?
21:30 cuando le dicen que están buscando algo por el espanto de la estación el espanto de la mujer aquel hombre les dice que paren todo que Ãl les explica qué es, que Ãl les va a contar lo que ocurrió. Y es una historia muy triste. Cuando todos se acercan, Ãl les comienza a contar que después de que llegaron los obregonistas, la gente de Zapata se habÃan ido. Ya habÃan partido, ya no habÃa nadie. Cuando llegó aquel tren de obregonistas y se estacionó ahÃ, no se iban. Eran muchos, era un tren militar como se llamaba en la época de la revolución. VenÃan con muchos hombres, sombrerudos como les decÃan.
22:14 VenÃan también muchas soldaderas. Las soldaderas no eran mujeres guerreras, o algunas serÃan mujeres guerreras que iban armadas con rifles y demás, pero muchas otras eran simplemente mujeres que atendÃan a los soldados. Los soldados mexicanos de la revolución viajaban con mujeres que cocinaban, preparaban cosas, los curaban. hacÃan las veces de enfermeras, también se encargaban, obviamente, de atenderlos en otros aspectos. A bordo del tren se dice que habÃa mucha inquietud por una mujer que daba mucha guerra. Era una mujer muy bajita, muy, muy bajita. Y, obviamente, habÃa provocado pleitos entre los diferentes soldados hasta el punto en el que el general, Solo Dios sabe cuál era el general porque aquà cada quien se ponÃa el tÃtulo que querÃa.
23:11 El general dio la orden de que la echaran del tren. Los hombres a los que les dio la orden entendieron y tenÃan tanto miedo del general que obedecieron sin dudarlo. Subieron a la mujer arriba del tren y la echaron. Es decir, arriba de un vagón y de ahà la aventaron. Solo Dios sabe qué fue lo que quiso decir el jefe de aquel escuadrón o de aquel grupo de soldados. Probablemente haya dicho, bájenla del tren. Pero al decir, échenla, los hombres entendieron, échenla, y sin pensarlo dos veces la aventaron desde arriba. Según contaban, al caer al piso de espaldas, la mujer se fracturó la espalda, se rompió la columna y ya no se podÃa mover. Ahà postrada se quedó.
24:07 porque nadie se iba a atrever a ir a ayudarla. Era muy conocido que los obregonistas eran muy violentos y que solÃan fusilar al primer indicio de que alguien habÃa desobedecido. Asà es que la gente, la gente de San Pedro, oÃa los lamentos de la mujer. Estaba tirada ahà junto al tren. No se podÃa mover, no podÃa caminar, no podÃa alejarse. Cuando este hombre le relata al cura eso, el cura le pregunta¿ y por qué nadie le ayudó? Y él dice es que sà venimos a ayudarla. Vino la gente de San Andrés, pero la gente del tren dijo no la toques o el general se enoja y te mata. Ahà se tiene que quedar. Y ahà se quedó.
24:59 No le llevaron de comer, no le llevaron agua. Contaban que se oÃan los gritos de la mujer. los gritos que se escuchaban, pidiendo una poca de agua, una poca de ayuda. Después comenzó a gritar que la mataran, que por favor alguien le diera un balazo, pero nadie se atrevió. Si el general se enteraba, seguramente que los iba a mandar fusilar. Unos dÃas después, finalmente, el tren militar arrancó y siguió su camino a la Ciudad de México. Cuando se habÃan ido, la gente se volvió a acercarse pero ya estaba muerta cuando se acercaron y la vieron el cuerpo ya estaba muy dañado estaba descompuesto era una persona tan pequeñita que sin pensarlo dos veces se excavaron ahà mismo ahà cerquita metieron el cuerpo y lo taparon pero para que no fueran a regresar los soldados y se armara una carnicerÃa no le pusieron ni siquiera una cruz el hombre que habÃa bajado de la iglesia de los remedios y que contaba todo eso DecÃa que habÃa sido en 1917.
26:11 Les indicó dónde estaban los restos. Y efectivamente, apenas rascar un poco, estaban los restos de una mujer. TodavÃa tenÃan algo de tejido, tenÃan cabello, sin saber siquiera cómo se llamaba, quién era. Solamente era una pequeña persona. Solo Dios sabe cómo se llamarÃa, pero bueno. Bendijeron los restos, lo pusieron en una cajita. y lo llevaron al Panteón de San Andrés. Hay quienes dicen que la sepultaron con una cruz que decÃa Rosa, 1917. Otros dicen que le pusieron Lupita. Como nadie sabÃa cómo se llamaba y tenÃa que tener un nombre, ahà se lo pusieron. Durante muchos años, el 2 de noviembre, la gente que se acordaba de aquello iba a ponerle flores. Después, la historia se fue perdiendo en el tiempo. La Revolución Mexicana fue una guerra muy larga. Dejó muchas muertes Se considera que fue la octava guerra más letal de la historia.
27:10 La octava guerra civil más letal de la historia. Durante la Revolución Mexicana no solamente murieron en combate las personas, murieron de la fiebre española, murieron del hambre. Los trenes eran secuestrados por diferentes facciones militares y por lo tanto no habÃa transporte para los alimentos. Hubo muchas cosas terribles y además fue muy larga. Algunos historiadores consideran que la guerra civil mexicana, la revolución mexicana comenzó en 1910 y terminó hasta 1927. Otros consideran que terminó en el 17 y hay algunos que se aventuran a pensar que terminó hasta la llegada del general Lázaro Cárdenas a la presidencia en los años 30. Como fuera, fue una guerra muy prolongada y que costó muchas vidas a este paÃs. Y esta historia tiene que ver con eso, con la revolución mexicana. Muy buenas noches y que descansen en paz.
28:49 Gracias por ver el video.
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