Usó La Voz De Mi Hermana Para Que Le Abriéramos La Puerta - Historias De Terror - REDE
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
0:05 Yo vivÃa en una casa en Sinaloa con mis dos hijos pequeños. Mi esposo trabajaba mucho y habÃa noches en que me quedaba sola con ellos. El mayor tenÃa cinco años y el más chico dos. Nuestra rutina era sencilla. En la tarde les daba de cenar, los bañaba y después los acostaba en el mismo cuarto para tenerlos cerca. Asà pasábamos casi siempre. Por eso recuerdo bien la primera noche en que escuché aquella lechuza sobre la casa. Primero se oyó una vez, luego otra, y luego otra más. Me llamó la atención porque el ruido venÃa de arriba y muy cerca. Pensé que era una lechuza parada en el techo y nada más. Después de eso, escuché un murmullo.
0:51 No eran palabras claras. Se oÃa bajo, moviéndose por arriba del cuarto. Y lo primero que pensé fue que alguien andaba afuera, pero no se escuchaban pasos en la calle ni perros ladrando. Solo estaba ese ruido de lechuza y después ese murmullo por encima de la casa. Me levanté, fui a la ventana y traté de ver hacia afuera, pero no alcancé a distinguir nada. Esperé un poco más y todo se quedó en silencio. Volvà a acostarme, pero ya no pude dormir bien. Al dÃa siguiente no le di tanta importancia. Se lo comenté a una vecina y me dijo que en esos dÃas se paraban muchas lechuzas en los techos, asà que traté de quedarme con esa explicación.
1:38 La siguiente noche volvió a pasar. Primero se oyó la lechuza, después el murmullo, pero esta vez duró más y se movÃa de un lado de la casa al otro. Mi hijo mayor se despertó y me preguntó quién estaba hablando afuera. Yo le dije que nadie, que se durmiera. Ãl me respondió que desde hacÃa rato se oÃa una señora. Ahà empecé a sentir miedo, porque yo todavÃa no le habÃa dicho nada de lo que estaba escuchando. Me quedé con los dos niños abrazados hasta que todo se calmó. Desde entonces comenzó a repetirse. Ya muy noche se escuchaba la lechuza y luego el murmullo. A veces estaba arriba del techo, a veces junto a la ventana, y otras veces pasaba por el patio y regresaba. Yo empecé a dejar una luz prendida y la televisión con volumen bajo, porque el silencio me ponÃa peor. También revisaba puertas y ventanas varias veces antes de acostarme. QuerÃa encontrar una explicación simple. Pensaba en gente haciendo bromas o en algún animal. Pero con los dÃas el asunto cambió. Ya no eran solo murmullos.
2:48 Empezaron los golpes en la ventana y los raspones en la malla. Eran tres o cuatro marcas seguidas, despacio, con pausas. Yo esperaba a que amaneciera y salÃa a revisar. Unas veces no encontraba nada. Otras veÃa plumas tiradas en el patio. Mis gallinas amanecÃan amontonadas. El perro del vecino, que siempre ladraba por todo. Cuando se oÃa la lechuza, se metÃa debajo de un carro y ya no salÃa. Mi esposo alcanzó a escuchar una de esas noches el primer ruido. Me dijo que tal vez era un ave y que yo ya estaba alterada. No me gustó que me dijera eso, pero tampoco tenÃa cómo probar lo que yo estaba viviendo.
3:31 El problema siguió asà varios dÃas, hasta que una noche pasó algo que sà dejó marca. Se fue la luz y el calor me despertó. Los niños seguÃan dormidos. Apenas abrà los ojos, escuché la lechuza arriba de la casa y luego vino el murmullo. Agarré una lámpara y alumbré hacia afuera. Alcancé a ver la silueta de una lechuza parada arriba, debajo, pegado a la pared. Vi algo más. Primero pensé que era una persona agachada. Después distinguà una mano apoyada en el muro. TenÃa forma de mano de mujer, pero mucho más larga, y los dedos se veÃan delgados.
4:11 En cuanto movà la luz, aquello subió rápido hacia arriba. Me metà al cuarto y cerré de golpe. El mayor se despertó llorando y dijo que la señora ya estaba ahÃ. Le pregunté cuál señora y me respondió que la que hablaba en las noches. Lo jalé junto con su hermano y me quedé sentada en la cama esperando. Enseguida se oyó un rasgueo sobre la malla de la ventana. Después el murmullo quedó justo del otro lado y entre esas voces salió mi nombre. Lo escuché claro. Una voz de mujer lo dijo despacio. Y luego volvió el rasgueo. Yo sentà que me faltaba el aire, pero no contesté y nadie se movió. Todo duró unos minutos y después se quitó.
4:58 Cuando amaneció, salà a revisar. La malla de la ventana tenÃa tres cortes largos, casi parejos. En el piso del patio habÃa plumas y una mancha pegada en la pared. Ahà ya no pude seguir diciendo que eran ideas mÃas, asà que me llevé a los niños con mi mamá Cuando le enseñé la ventana, se quedó seria y me preguntó que si desde cuándo estaba pasando todo eso. Le conté lo de la lechuza, de los murmullos, de los golpes y de la voz que habÃa dicho mi nombre. Mi mamá me dijo que esa noche ya no me regresara. Dormimos en su casa, pero ahà también se oyó. Volvió la lechuza, después el murmullo pasó por arriba de la lámina.
5:42 Mi mamá se sentó en la cama y me agarró del brazo. Las dos lo estábamos oyendo. Desde ese momento dejó de ser una historia que solo yo contaba. Esa misma noche mi hijo mayor se despertó y dijo que la señora habÃa llegado otra vez. Señaló hacia arriba y se tapó la cara. Mi mamá me dijo en voz baja que eso ya habÃa encontrado camino para llegar hasta nosotros. Al dÃa siguiente, regresé a mi casa por ropa y por unas cosas de los niños. Barrà las plumas y traté de dejar todo en orden. QuerÃa pensar que, tal vez, si yo actuaba normal, aquello se iba a acabar. Pero esa noche, cuando ya estaba guardando a los niños, escuché el primer sonido otra vez sobre la casa. La lechuza habÃa vuelto, y ahà entendà que eso apenas iba empezando.
6:36 Después de esa noche, mi esposo dejó de decir que yo estaba imaginando cosas y decidió quedarse despierto para ver qué andaba rondando la casa. Cenamos temprano, acostamos a los niños y apagamos casi todo. Ãl se sentó cerca de la puerta con una lámpara y un machete. Yo me quedé en el cuarto con los niños. Al principio no pasó nada, pero luego se escuchó la lechuza en el techo. Mi esposo salió al patio en cuanto sonó. Yo me quedé quieta y lo que escuché fue otra cosa. Primero se oyó el murmullo arriba del cuarto. Después escuché a mi esposo entrar de golpe. Cerró la puerta y me dijo que no saliera. Le pregunté qué habÃa visto y me respondió que algo se habÃa asomado por la barda.
7:25 Me dijo que alcanzó a ver dos manos agarradas de arriba muy largas con uñas curvas y no quiso decir nada más. Esa noche se acostó vestido y dejó el machete al lado de la cama. Desde ahà el problema se volvió más seguido y más claro. La lechuza llegaba y después se oÃan los murmullos. A veces parecÃa que andaban varias. Se distinguÃan voces distintas, unas más bajas y otras más agudas. Pero la que se acercaba a la ventana del cuarto de mis hijos sonaba siempre igual. Era una voz de mujer vieja, ronca y arrastrada. Varias noches dijo mi nombre, otras dijo el de mi esposo, una vez dijo el nombre de mi hijo mayor, y después empezó con el del más chico, pero ahà fue cuando me di cuenta de que todo se estaba cargando sobre él.
8:17 Quise cortar el asunto cambiando de lugar, asà que me fui con mis hijos otra vez a casa de mi mamá. La primera noche estuvo tranquila, en la segunda se oyó la lechuza en el poste de enfrente, Y luego vino el murmullo por arriba. Mi mamá lo escuchó completo. Se quedó rezando en voz baja hasta que todo se retiró. Mi hijo menor se despertó llorando y se aferró a mÃ. Al dÃa siguiente amaneció decaÃdo y con fiebre. Y ahà entendà que aquello ya no se quedaba solo en mi casa y que seguÃa al niño. Regresamos porque no podÃa quedarme por tiempo indefinido con mi mamá. Esa noche pasó algo peor. LlovÃa poco y la luz se fue. Yo tenÃa al niño chico cargado porque seguÃa caliente. El mayor dormÃa a un lado y, en cuanto la casa quedó en silencio, se oyó la lechuza sobre el techo. Luego vino el murmullo, pero esta vez se quedó justo afuera de la ventana. Me acerqué despacio y levanté apenas la cortina.
9:21 Ahà fue donde alcancé a ver algo en el borde de arriba. No le vi el cuerpo completo, pero sà la cabeza y una parte de la cara. TenÃa plumas pegadas y abajo una boca ancha. Los dientes se le veÃan delgados, juntos y filosos. Después apoyó una mano en la pared y ahà la vi mejor. Era una mano larga, con uñas negras y curvas. Me fui hacia atrás con el niño en brazos. El mayor despertó y empezó a llorar. En ese momento, algo cayó al patio. Escuché el golpe y luego dos pasos. Después vino el rasguño en la puerta de la cocina. Mi esposo quiso salir, pero mi mamá, que esa noche se habÃa quedado con nosotros, le dijo que no abriera. Nadie se movió y el murmullo siguió del otro lado de la puerta. Entre esas voces se escuchó una más clara. Esa voz dijo que le entregáramos al niño y que nos iba a dejar en paz.
10:21 Nadie respondió, asà que los rasguños siguieron un rato y luego todo volvió a subir al techo. Cuando amaneció vimos marcas en la puerta. La pintura estaba levantada en cuatro lÃneas. En el piso habÃa barro, plumas y pelo largo mojado. Mi hijo menor amaneció con dos rayas rojas en el tobillo. La verdad, no vi quién se las hizo. Solo sé que en la noche anterior el niño estaba bien y al amanecer ya traÃa eso. Ahà entendà que el asunto ya habÃa pasado de los ruidos. Pedà ayuda con una señora de la colonia. Ella me mandó con doña Elvira, una mujer mayor que habÃa atendido casos parecidos. Fui a buscarla con mi mamá y le conté desde el principio cómo empezó todo. Le dije que primero se oÃa la lechuza, luego el murmullo, después los rasguños, la voz y las marcas.
11:20 También le dije que en otras casas se habÃa escuchado lo mismo cuando yo llevaba al niño conmigo. Doña Elvira me preguntó si el más chico se enfermó desde que empezó eso. Le respondà que sÃ. Entonces me dijo que una de esas brujas ya se habÃa pegado al niño y por eso podÃa seguirnos. Las otras rondaban. pero la que bajaba a la casa iba por él. No me habló enredado ni quiso asustarme más. Me dijo que todavÃa se podÃa cerrar el paso, pero que habÃa que hacerlo bien. Esa misma tarde fue a mi casa. Revisó el cuarto, la ventana, la puerta de la cocina y el patio.
12:01 Me preguntó en dónde dormÃan los niños y desde dónde se escuchaban más fuerte los ruidos y si alguna vez yo habÃa contestado cuando dijeron mi nombre. Le dije que no. Me respondió que asà debÃa seguir, porque esas cosas entraban mejor cuando uno les abrÃa con la voz o con la mano. Antes de que oscureciera, nos dio instrucciones claras. Esa noche los niños no iban a dormir en su cuarto. Nadie iba a salir si escuchábamos golpes o si alguien llamaba desde afuera. Tampoco podÃamos responder si oÃamos la voz de algún familiar. Mi esposo iba a quedarse adentro. Ella dijo que lo importante era aguantar hasta que eso se mostrara y luego cerrarle la entrada. Nos movimos todos a la sala. Los niños se quedaron conmigo en un mismo colchón.
12:53 Mi mamá se sentó junto a la pared. Mi esposo apagó las luces y aseguró puertas y ventanas. Y doña Elvira comenzó a preparar lo suyo en silencio. Ya entrada la noche, se escuchó la primera lechuza. Después otra más lejos y luego otra. Los niños se apretaron contra mÃ. Doña Elvira levantó la cara y dijo en voz baja que ya estaban afuera. Y ahà empezó la noche más pesada de todas. Doña Elvira no hizo escándalo ni empezó con cosas raras. Trabajó en silencio y nos dijo solo lo necesario. Recorrió la casa rezando, puso protección en puertas y ventanas y dejó a los niños conmigo. También nos pidió que nadie se separara, porque mi esposo querÃa quedarse cerca de la puerta con el machete. Pero ella le dijo que esa noche no iba a servir salir a pelear con algo que apenas se dejaba ver. Lo importante era aguantar y no responder. Se escuchó la primera lechuza arriba de la casa. Al rato respondió otra más lejos y luego la otra. El murmullo empezó enseguida. VenÃa por el techo. bajaba al patio y volvÃa a subir. Varias veces se detuvo encima de la sala. Yo tenÃa al niño chico abrazado y sentÃa su cuerpo tembloroso. El mayor estaba despierto. Mi mamá rezaba despacio y doña Elvira se quedó mirando la ventana. El murmullo se fue acercando hasta
14:25 quedar del otro lado de la malla. Al principio eran varias voces, después quedó una sola. Esa voz dijo mi nombre, luego dijo el de mi mamá. Después usó la voz de mi hermana y pidió que abriéramos porque venÃa a ayudarnos. Mi mamá dio un paso, pero doña Elvira la detuvo y le dijo que se quedara quieta. Ahà sentà el miedo más fuerte de esos dÃas, porque la voz se escuchaba igual a la de mi hermana. La malla de la ventana empezó a moverse hacia adentro, primero despacio y luego con más fuerza, pues algo la estaba jalando desde afuera. Mi esposo dio un paso para acercarse, pero Doña Elvira le dijo que esperara. Entonces escuchamos un rasgueo largo y la tela se abrió en una parte. Por ese hueco entraron las puntas de unos dedos. Eran largos, delgados y oscuros.
15:21 Las uñas se curvaban, la mano tanteó el marco y rasgó un poco más. Yo vi eso desde donde estaba sentada con mis hijos y me quedé quieta. Después de la mano apareció la cara arriba del marco. Alcancé a verla unos segundos. TenÃa plumas pegadas a la cabeza y a un lado del cuello, pero la cara era de mujer vieja. La boca estaba abierta y le vi los dientes. Eran muchos, finos y puntiagudos. Los ojos reflejaron la poca luz y se quedaron fijos hacia adentro. Cuando esa cosa abrió más la boca, mi hijo mayor soltó el llanto. En ese momento, Doña Elvira se acercó a la ventana, rezó en voz fuerte y lanzó agua bendita hacia afuera.
16:06 La cara desapareció de golpe, y afuera se oyó un chillido bronco y luego un golpe en el patio. No salimos a ver, solo escuchamos cómo se levantó y se arrastró hacia la cocina. El murmullo regresó, pero ya no estaba igual. La voz que hablaba sonaba enojada y decÃa mi nombre seguido de groserÃas y que al niño se lo iba a sacar tarde o temprano. Yo abracé más fuerte a mis hijos y mi esposo quiso abrir la puerta, pero doña Elvira le dijo que eso era lo que buscaban. Los ruidos siguieron un buen rato. Se escuchaban pasos arriba del techo, golpes junto a la puerta y el aleteo pesado de algo grande moviéndose de un lado a otro.
16:51 Por momentos volvÃan varias voces al mismo tiempo. Después quedaba una, pero luego, otra vez, habÃa varias. Doña Elvira siguió rezando. El humo que puso en un recipiente empezó a llenar la casa. El niño menor se calmó un poco. El mayor se quedó dormido del puro cansancio. Y yo seguÃa despierta, mirando la ventana rota y esperando el siguiente golpe. En un momento todo se juntó, se oyeron carreras arriba del techo, un golpe fuerte sobre la cocina, aleteos y el murmullo pegado otra vez a la puerta. Después vino un silencio corto, luego se escuchó algo caer del otro lado del patio.
17:35 Ya no se movió igual que antes, solo quedó un ruido arrastrado y después el aleteo se fue alejando. Otra voz más lejana respondió desde la calle. Luego ya no se oyó nada. Nadie habló adentro de la casa durante un buen rato. Doña Elvira nos dijo que todavÃa no nos moviéramos. Esperamos hasta que empezó a aclarar. Entonces salimos al patio. La malla de la ventana estaba más abierta. La puerta de la cocina tenÃa marcas más hondas que las del dÃa anterior. En el piso habÃa plumas, barro y una mancha de sangre oscura. Cerca del lavadero encontramos una uña negra, larga y curva. Estaba clavada en una tabla.
18:19 Doña Elvira la recogió con un trapo y dijo que con eso bastaba para cerrarle el paso. Se la llevó al fondo del terreno y la quemó. El olor que soltó fue fuerte y mi esposo se quedó parado mirando sin hablar. Después de esa noche ya no volvió a oÃrse la lechuza sobre la casa, tampoco el murmullo, y los rasguños se acabaron. Mi hijo chico dejó de amanecer con fiebre, aunque tardó en recuperar el sueño. El mayor duró mucho tiempo despertando asustado. Yo seguà revisando ventanas y puertas por costumbre, y cada vez que el viento movÃa algo, yo sentÃa que aquello podÃa regresar. Mi esposo me dijo que ya habÃa pasado, pero yo ya no me sentÃa segura en esa casa. Nos fuimos meses después. vendimos la casa y nos cambiamos, la verdad, no fue fácil, nos apretamos con dinero y nos movimos más lejos, pero preferà eso, a quedarme donde pasó todo, hasta hoy cuento lo mismo, primero llegaron en forma de lechuza, después se oÃan murmullos de mujer alrededor de la casa, luego vinieron los rasguños, la voz diciendo mi nombre, las manos con uñas largas, la cara en la ventana y las marcas en el patio.
19:41 También digo lo otro, que fue lo único que nos ayudó. Una mujer que supo cómo cerrarle la entrada a eso que buscaba a mi hijo. Desde aquella noche se fue. Yo me libré de esa bruja, pero pagué con el miedo de mis hijos, con mi sueño y con la casa donde vivÃamos. Y eso fue lo que pasó.
Apple Podcasts
Spotify
Castro
RSS Feed