March 22, 2026

Usó La Voz De Mi Hermana Para Que Le Abriéramos La Puerta - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Yo vivía en una casa en Sinaloa con mis dos hijos pequeños. Mi esposo trabajaba mucho y había noches en que me quedaba sola con ellos. El mayor tenía cinco años y el más chico dos. Nuestra rutina era sencilla. En la tarde les daba de cenar, los bañaba y después los acostaba en el mismo cuarto para tenerlos cerca. Así pasábamos casi siempre. Por eso recuerdo bien la primera noche en que escuché aquella lechuza sobre la casa. Primero se oyó una vez, luego otra, y luego otra más. Me llamó la atención porque el ruido venía de arriba y muy cerca. Pensé que era una lechuza parada en el techo y nada más. Después de eso, escuché un murmullo.

0:51 No eran palabras claras. Se oía bajo, moviéndose por arriba del cuarto. Y lo primero que pensé fue que alguien andaba afuera, pero no se escuchaban pasos en la calle ni perros ladrando. Solo estaba ese ruido de lechuza y después ese murmullo por encima de la casa. Me levanté, fui a la ventana y traté de ver hacia afuera, pero no alcancé a distinguir nada. Esperé un poco más y todo se quedó en silencio. Volví a acostarme, pero ya no pude dormir bien. Al día siguiente no le di tanta importancia. Se lo comenté a una vecina y me dijo que en esos días se paraban muchas lechuzas en los techos, así que traté de quedarme con esa explicación.

1:38 La siguiente noche volvió a pasar. Primero se oyó la lechuza, después el murmullo, pero esta vez duró más y se movía de un lado de la casa al otro. Mi hijo mayor se despertó y me preguntó quién estaba hablando afuera. Yo le dije que nadie, que se durmiera. Él me respondió que desde hacía rato se oía una señora. Ahí empecé a sentir miedo, porque yo todavía no le había dicho nada de lo que estaba escuchando. Me quedé con los dos niños abrazados hasta que todo se calmó. Desde entonces comenzó a repetirse. Ya muy noche se escuchaba la lechuza y luego el murmullo. A veces estaba arriba del techo, a veces junto a la ventana, y otras veces pasaba por el patio y regresaba. Yo empecé a dejar una luz prendida y la televisión con volumen bajo, porque el silencio me ponía peor. También revisaba puertas y ventanas varias veces antes de acostarme. Quería encontrar una explicación simple. Pensaba en gente haciendo bromas o en algún animal. Pero con los días el asunto cambió. Ya no eran solo murmullos.

2:48 Empezaron los golpes en la ventana y los raspones en la malla. Eran tres o cuatro marcas seguidas, despacio, con pausas. Yo esperaba a que amaneciera y salía a revisar. Unas veces no encontraba nada. Otras veía plumas tiradas en el patio. Mis gallinas amanecían amontonadas. El perro del vecino, que siempre ladraba por todo. Cuando se oía la lechuza, se metía debajo de un carro y ya no salía. Mi esposo alcanzó a escuchar una de esas noches el primer ruido. Me dijo que tal vez era un ave y que yo ya estaba alterada. No me gustó que me dijera eso, pero tampoco tenía cómo probar lo que yo estaba viviendo.

3:31 El problema siguió así varios días, hasta que una noche pasó algo que sí dejó marca. Se fue la luz y el calor me despertó. Los niños seguían dormidos. Apenas abrí los ojos, escuché la lechuza arriba de la casa y luego vino el murmullo. Agarré una lámpara y alumbré hacia afuera. Alcancé a ver la silueta de una lechuza parada arriba, debajo, pegado a la pared. Vi algo más. Primero pensé que era una persona agachada. Después distinguí una mano apoyada en el muro. Tenía forma de mano de mujer, pero mucho más larga, y los dedos se veían delgados.

4:11 En cuanto moví la luz, aquello subió rápido hacia arriba. Me metí al cuarto y cerré de golpe. El mayor se despertó llorando y dijo que la señora ya estaba ahí. Le pregunté cuál señora y me respondió que la que hablaba en las noches. Lo jalé junto con su hermano y me quedé sentada en la cama esperando. Enseguida se oyó un rasgueo sobre la malla de la ventana. Después el murmullo quedó justo del otro lado y entre esas voces salió mi nombre. Lo escuché claro. Una voz de mujer lo dijo despacio. Y luego volvió el rasgueo. Yo sentí que me faltaba el aire, pero no contesté y nadie se movió. Todo duró unos minutos y después se quitó.

4:58 Cuando amaneció, salí a revisar. La malla de la ventana tenía tres cortes largos, casi parejos. En el piso del patio había plumas y una mancha pegada en la pared. Ahí ya no pude seguir diciendo que eran ideas mías, así que me llevé a los niños con mi mamá Cuando le enseñé la ventana, se quedó seria y me preguntó que si desde cuándo estaba pasando todo eso. Le conté lo de la lechuza, de los murmullos, de los golpes y de la voz que había dicho mi nombre. Mi mamá me dijo que esa noche ya no me regresara. Dormimos en su casa, pero ahí también se oyó. Volvió la lechuza, después el murmullo pasó por arriba de la lámina.

5:42 Mi mamá se sentó en la cama y me agarró del brazo. Las dos lo estábamos oyendo. Desde ese momento dejó de ser una historia que solo yo contaba. Esa misma noche mi hijo mayor se despertó y dijo que la señora había llegado otra vez. Señaló hacia arriba y se tapó la cara. Mi mamá me dijo en voz baja que eso ya había encontrado camino para llegar hasta nosotros. Al día siguiente, regresé a mi casa por ropa y por unas cosas de los niños. Barrí las plumas y traté de dejar todo en orden. Quería pensar que, tal vez, si yo actuaba normal, aquello se iba a acabar. Pero esa noche, cuando ya estaba guardando a los niños, escuché el primer sonido otra vez sobre la casa. La lechuza había vuelto, y ahí entendí que eso apenas iba empezando.

6:36 Después de esa noche, mi esposo dejó de decir que yo estaba imaginando cosas y decidió quedarse despierto para ver qué andaba rondando la casa. Cenamos temprano, acostamos a los niños y apagamos casi todo. Él se sentó cerca de la puerta con una lámpara y un machete. Yo me quedé en el cuarto con los niños. Al principio no pasó nada, pero luego se escuchó la lechuza en el techo. Mi esposo salió al patio en cuanto sonó. Yo me quedé quieta y lo que escuché fue otra cosa. Primero se oyó el murmullo arriba del cuarto. Después escuché a mi esposo entrar de golpe. Cerró la puerta y me dijo que no saliera. Le pregunté qué había visto y me respondió que algo se había asomado por la barda.

7:25 Me dijo que alcanzó a ver dos manos agarradas de arriba muy largas con uñas curvas y no quiso decir nada más. Esa noche se acostó vestido y dejó el machete al lado de la cama. Desde ahí el problema se volvió más seguido y más claro. La lechuza llegaba y después se oían los murmullos. A veces parecía que andaban varias. Se distinguían voces distintas, unas más bajas y otras más agudas. Pero la que se acercaba a la ventana del cuarto de mis hijos sonaba siempre igual. Era una voz de mujer vieja, ronca y arrastrada. Varias noches dijo mi nombre, otras dijo el de mi esposo, una vez dijo el nombre de mi hijo mayor, y después empezó con el del más chico, pero ahí fue cuando me di cuenta de que todo se estaba cargando sobre él.

8:17 Quise cortar el asunto cambiando de lugar, así que me fui con mis hijos otra vez a casa de mi mamá. La primera noche estuvo tranquila, en la segunda se oyó la lechuza en el poste de enfrente, Y luego vino el murmullo por arriba. Mi mamá lo escuchó completo. Se quedó rezando en voz baja hasta que todo se retiró. Mi hijo menor se despertó llorando y se aferró a mí. Al día siguiente amaneció decaído y con fiebre. Y ahí entendí que aquello ya no se quedaba solo en mi casa y que seguía al niño. Regresamos porque no podía quedarme por tiempo indefinido con mi mamá. Esa noche pasó algo peor. Llovía poco y la luz se fue. Yo tenía al niño chico cargado porque seguía caliente. El mayor dormía a un lado y, en cuanto la casa quedó en silencio, se oyó la lechuza sobre el techo. Luego vino el murmullo, pero esta vez se quedó justo afuera de la ventana. Me acerqué despacio y levanté apenas la cortina.

9:21 Ahí fue donde alcancé a ver algo en el borde de arriba. No le vi el cuerpo completo, pero sí la cabeza y una parte de la cara. Tenía plumas pegadas y abajo una boca ancha. Los dientes se le veían delgados, juntos y filosos. Después apoyó una mano en la pared y ahí la vi mejor. Era una mano larga, con uñas negras y curvas. Me fui hacia atrás con el niño en brazos. El mayor despertó y empezó a llorar. En ese momento, algo cayó al patio. Escuché el golpe y luego dos pasos. Después vino el rasguño en la puerta de la cocina. Mi esposo quiso salir, pero mi mamá, que esa noche se había quedado con nosotros, le dijo que no abriera. Nadie se movió y el murmullo siguió del otro lado de la puerta. Entre esas voces se escuchó una más clara. Esa voz dijo que le entregáramos al niño y que nos iba a dejar en paz.

10:21 Nadie respondió, así que los rasguños siguieron un rato y luego todo volvió a subir al techo. Cuando amaneció vimos marcas en la puerta. La pintura estaba levantada en cuatro líneas. En el piso había barro, plumas y pelo largo mojado. Mi hijo menor amaneció con dos rayas rojas en el tobillo. La verdad, no vi quién se las hizo. Solo sé que en la noche anterior el niño estaba bien y al amanecer ya traía eso. Ahí entendí que el asunto ya había pasado de los ruidos. Pedí ayuda con una señora de la colonia. Ella me mandó con doña Elvira, una mujer mayor que había atendido casos parecidos. Fui a buscarla con mi mamá y le conté desde el principio cómo empezó todo. Le dije que primero se oía la lechuza, luego el murmullo, después los rasguños, la voz y las marcas.

11:20 También le dije que en otras casas se había escuchado lo mismo cuando yo llevaba al niño conmigo. Doña Elvira me preguntó si el más chico se enfermó desde que empezó eso. Le respondí que sí. Entonces me dijo que una de esas brujas ya se había pegado al niño y por eso podía seguirnos. Las otras rondaban. pero la que bajaba a la casa iba por él. No me habló enredado ni quiso asustarme más. Me dijo que todavía se podía cerrar el paso, pero que había que hacerlo bien. Esa misma tarde fue a mi casa. Revisó el cuarto, la ventana, la puerta de la cocina y el patio.

12:01 Me preguntó en dónde dormían los niños y desde dónde se escuchaban más fuerte los ruidos y si alguna vez yo había contestado cuando dijeron mi nombre. Le dije que no. Me respondió que así debía seguir, porque esas cosas entraban mejor cuando uno les abría con la voz o con la mano. Antes de que oscureciera, nos dio instrucciones claras. Esa noche los niños no iban a dormir en su cuarto. Nadie iba a salir si escuchábamos golpes o si alguien llamaba desde afuera. Tampoco podíamos responder si oíamos la voz de algún familiar. Mi esposo iba a quedarse adentro. Ella dijo que lo importante era aguantar hasta que eso se mostrara y luego cerrarle la entrada. Nos movimos todos a la sala. Los niños se quedaron conmigo en un mismo colchón.

12:53 Mi mamá se sentó junto a la pared. Mi esposo apagó las luces y aseguró puertas y ventanas. Y doña Elvira comenzó a preparar lo suyo en silencio. Ya entrada la noche, se escuchó la primera lechuza. Después otra más lejos y luego otra. Los niños se apretaron contra mí. Doña Elvira levantó la cara y dijo en voz baja que ya estaban afuera. Y ahí empezó la noche más pesada de todas. Doña Elvira no hizo escándalo ni empezó con cosas raras. Trabajó en silencio y nos dijo solo lo necesario. Recorrió la casa rezando, puso protección en puertas y ventanas y dejó a los niños conmigo. También nos pidió que nadie se separara, porque mi esposo quería quedarse cerca de la puerta con el machete. Pero ella le dijo que esa noche no iba a servir salir a pelear con algo que apenas se dejaba ver. Lo importante era aguantar y no responder. Se escuchó la primera lechuza arriba de la casa. Al rato respondió otra más lejos y luego la otra. El murmullo empezó enseguida. Venía por el techo. bajaba al patio y volvía a subir. Varias veces se detuvo encima de la sala. Yo tenía al niño chico abrazado y sentía su cuerpo tembloroso. El mayor estaba despierto. Mi mamá rezaba despacio y doña Elvira se quedó mirando la ventana. El murmullo se fue acercando hasta

14:25 quedar del otro lado de la malla. Al principio eran varias voces, después quedó una sola. Esa voz dijo mi nombre, luego dijo el de mi mamá. Después usó la voz de mi hermana y pidió que abriéramos porque venía a ayudarnos. Mi mamá dio un paso, pero doña Elvira la detuvo y le dijo que se quedara quieta. Ahí sentí el miedo más fuerte de esos días, porque la voz se escuchaba igual a la de mi hermana. La malla de la ventana empezó a moverse hacia adentro, primero despacio y luego con más fuerza, pues algo la estaba jalando desde afuera. Mi esposo dio un paso para acercarse, pero Doña Elvira le dijo que esperara. Entonces escuchamos un rasgueo largo y la tela se abrió en una parte. Por ese hueco entraron las puntas de unos dedos. Eran largos, delgados y oscuros.

15:21 Las uñas se curvaban, la mano tanteó el marco y rasgó un poco más. Yo vi eso desde donde estaba sentada con mis hijos y me quedé quieta. Después de la mano apareció la cara arriba del marco. Alcancé a verla unos segundos. Tenía plumas pegadas a la cabeza y a un lado del cuello, pero la cara era de mujer vieja. La boca estaba abierta y le vi los dientes. Eran muchos, finos y puntiagudos. Los ojos reflejaron la poca luz y se quedaron fijos hacia adentro. Cuando esa cosa abrió más la boca, mi hijo mayor soltó el llanto. En ese momento, Doña Elvira se acercó a la ventana, rezó en voz fuerte y lanzó agua bendita hacia afuera.

16:06 La cara desapareció de golpe, y afuera se oyó un chillido bronco y luego un golpe en el patio. No salimos a ver, solo escuchamos cómo se levantó y se arrastró hacia la cocina. El murmullo regresó, pero ya no estaba igual. La voz que hablaba sonaba enojada y decía mi nombre seguido de groserías y que al niño se lo iba a sacar tarde o temprano. Yo abracé más fuerte a mis hijos y mi esposo quiso abrir la puerta, pero doña Elvira le dijo que eso era lo que buscaban. Los ruidos siguieron un buen rato. Se escuchaban pasos arriba del techo, golpes junto a la puerta y el aleteo pesado de algo grande moviéndose de un lado a otro.

16:51 Por momentos volvían varias voces al mismo tiempo. Después quedaba una, pero luego, otra vez, había varias. Doña Elvira siguió rezando. El humo que puso en un recipiente empezó a llenar la casa. El niño menor se calmó un poco. El mayor se quedó dormido del puro cansancio. Y yo seguía despierta, mirando la ventana rota y esperando el siguiente golpe. En un momento todo se juntó, se oyeron carreras arriba del techo, un golpe fuerte sobre la cocina, aleteos y el murmullo pegado otra vez a la puerta. Después vino un silencio corto, luego se escuchó algo caer del otro lado del patio.

17:35 Ya no se movió igual que antes, solo quedó un ruido arrastrado y después el aleteo se fue alejando. Otra voz más lejana respondió desde la calle. Luego ya no se oyó nada. Nadie habló adentro de la casa durante un buen rato. Doña Elvira nos dijo que todavía no nos moviéramos. Esperamos hasta que empezó a aclarar. Entonces salimos al patio. La malla de la ventana estaba más abierta. La puerta de la cocina tenía marcas más hondas que las del día anterior. En el piso había plumas, barro y una mancha de sangre oscura. Cerca del lavadero encontramos una uña negra, larga y curva. Estaba clavada en una tabla.

18:19 Doña Elvira la recogió con un trapo y dijo que con eso bastaba para cerrarle el paso. Se la llevó al fondo del terreno y la quemó. El olor que soltó fue fuerte y mi esposo se quedó parado mirando sin hablar. Después de esa noche ya no volvió a oírse la lechuza sobre la casa, tampoco el murmullo, y los rasguños se acabaron. Mi hijo chico dejó de amanecer con fiebre, aunque tardó en recuperar el sueño. El mayor duró mucho tiempo despertando asustado. Yo seguí revisando ventanas y puertas por costumbre, y cada vez que el viento movía algo, yo sentía que aquello podía regresar. Mi esposo me dijo que ya había pasado, pero yo ya no me sentía segura en esa casa. Nos fuimos meses después. vendimos la casa y nos cambiamos, la verdad, no fue fácil, nos apretamos con dinero y nos movimos más lejos, pero preferí eso, a quedarme donde pasó todo, hasta hoy cuento lo mismo, primero llegaron en forma de lechuza, después se oían murmullos de mujer alrededor de la casa, luego vinieron los rasguños, la voz diciendo mi nombre, las manos con uñas largas, la cara en la ventana y las marcas en el patio.

19:41 También digo lo otro, que fue lo único que nos ayudó. Una mujer que supo cómo cerrarle la entrada a eso que buscaba a mi hijo. Desde aquella noche se fue. Yo me libré de esa bruja, pero pagué con el miedo de mis hijos, con mi sueño y con la casa donde vivíamos. Y eso fue lo que pasó.