Aug. 15, 2026

Una Bruja Había Convertido Mi Casa En Su Lugar De Trabajo - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Tenía poco más de 20 años y sentía que ya venía cansado de todo. Trabajaba en un taller mecánico cerca de la casa, arreglando lo que llegaba. Carros viejos, motos maltratadas y camionetas de gente que apenas tenía para las refacciones. El trabajo era pesado, pero era lo único seguro que tenía. En la casa, las cosas estaban igual o peor. Había discusiones constantes por dinero, por deudas, por el carácter de mi papá. que explotaba por cualquier detalle, mi mamá se la pasaba preocupada haciendo cuentas que nunca daban, yo salía de la casa con la cabeza llena y regresaba igual, en medio de ese ritmo la empecé a ver, era una mujer que empezó a pasar seguido frente al taller, al principio llegaba con un carrito del mandado, se detenía un momento bajo la sombra, se acomodaba el cabello pintado y seguía su camino, Después entró un día para preguntar si alguien podía revisar un ruido en su carro. Yo la atendí. No parecía una anciana, pero se notaba que era mayor que yo. Usaba ropa llamativa, blusas ajustadas, pantalones bien cuidados y siempre traía el cabello pintado sin canas a la vista. Tenía una forma de hablar tranquila y segura, como si nada la presionara. Primero solo fueron comentarios sueltos.

1:30 Decía que el calor estaba fuerte que la gente andaba muy estresada, que en la calle se sentía el ambiente pesado. Mientras yo revisaba su carro, me preguntó si trabajaba ahí desde hacía mucho y si vivía cerca. Respondí con lo básico. Después empezó a ir más seguido. A veces no llevaba el carro, solo se asomaba al taller, preguntaba si ya habíamos comido, hacía un chiste sencillo y se quedaba un rato platicando conmigo. Era raro ver que alguien se interesara tanto en lo que yo hacía. Con el tiempo le fui contando cosas que casi no comentaba con nadie. Le dije que en mi casa había pleitos constantes, que el dinero no alcanzaba ni para lo básico, que a veces tenía ganas de irme a otro lado y empezar desde cero, pero que no sabía ni por dónde. Ella escuchaba todo sin interrumpirme, Me hacía preguntas directas.¿ Qué tanto ganaba?¿ Con quién vivía?¿ Y cómo era mi relación con mis papás?

2:31 No se reía, no se burlaba, solo asentía y me veía como si entendiera de verdad. Un día me dijo que se notaba que yo traía una mala racha encima, que había mucha envidia y mucho coraje alrededor de mí, y que por eso las cosas no avanzaban. Dijo que conocía esos casos, que ya había ayudado a otras personas a salir de situaciones parecidas. No se presentó como bruja, se presentó como alguien que sabía trabajar, para abrir caminos y quitar trabas. A mí, con la cabeza hecha un nudo, esas palabras me acomodaron todo de golpe. Era más fácil culpar una mala racha que aceptar que no podía con mi propia vida. Después de varias pláticas, me propuso que pasara a su casa para platicar con calma. Dijo que ahí podía explicarme mejor qué veía en mí y que podía darme algo para descansar, porque se me notaba el cansancio.

3:28 Afirmó que no me iba a cobrar nada al principio, que lo importante era que yo me estabilizara. Acepté sin pensarlo mucho. La verdad, sentía que por fin alguien estaba de mi lado. Su casa quedaba en una calle tranquila, de esas donde casi siempre se ven las mismas caras. Desde afuera parecía una casa normal de barrio, con rejas en silla y paredes descarapeladas. Por dentro se notaba lo apretado, los muebles eran viejos, con la tela gastada. En una de las paredes tenía un mueble pequeño, con imágenes pegadas, velas consumidas y platos con cera seca. La mesa principal estaba llena de cosas sin orden, velas gastadas pegadas a platos, vasos de vidrio con líquidos oscuros, fotografías apiladas, pedazos de tela con nombres escritos a pluma y bolsas de tela oscura amarradas con hilo rojo. No se veía decorado bonito ni limpio, se veía usado y cargado de cosas. Me sentó en una silla junto a la mesa y me dio una taza con un té, muy amargo. Dijo que era para bajar la ansiedad y para que pudiera dormir mejor.

4:42 Mientras yo lo tomaba, empezó a hacerme preguntas más precisas. Me pidió mi nombre completo, mi fecha de nacimiento y el nombre de mi mamá. Los anotó en un papel con letra firme. Luego me dijo que para trabajar mejor necesitaba algo que yo usara diario. Una playera, una gorra o una pulsera. Ese día traía puesta una gorra que usaba para el taller. me la quité y se la entregué ella la tomó con naturalidad como si fuera el paso lógico de todo eso cuando terminé el té tomó una de las bolsas de tela de la mesa era oscura de tela gruesa bien cerrada con hilo rojo me dijo que estaba vacía que la iba a preparar para mí mientras hablaba agregó un poco de tierra de un frasco sal gruesa de un plato y algunos recortes de papel donde escribió mi nombre varias veces Cerró la bolsa de nuevo, la apretó entre las manos y me la entregó.

5:41 Me indicó que la pusiera debajo de mi colchón, a la altura de mi pecho, y que no la abriera nunca. Me aseguró que con eso iba a ir jalando todo lo que me estorbaba. Me advirtió que los primeros días me iba a sentir peor, con más cansancio, pero que después vendría el alivio. Lo llamó trabajo fuerte y carga pesada. y dijo que no cualquiera se animaba a hacerlo. Me fui a la casa con la bolsa de tela, envuelta en una bolsa de plástico común. Entré a mi cuarto, levanté el colchón y la dejé justo donde me indicó. No lo pensé mucho, pues en ese estado aceptas cualquier cosa que suene a solución. Esa noche dormí inquieto. No tuve sueños raros que recuerde, pero desperté con la sensación de no haber descansado nada. El cuerpo se sentía flojo, como si me hubieran exprimido. Pensé que era por el día pesado anterior, pero al pasar los días noté que el cansancio no se iba. Empecé a levantarme más cansado que antes. El apetito se fue reduciendo. La comida me sabía insípida y me llenaba rápido. La ropa comenzó a quedarme más suelta. Primero la playera, luego el pantalón. Los compañeros del taller me decían que me veía pálido. que si estaba enfermo, yo me sentía aturdido, con la cabeza pesada, cometiendo errores tontos en el trabajo, apretar mal una pieza, olvidar un tornillo o entregar tarde un carro, cualquier cosa

7:14 me agotaba, al mismo tiempo sentía una necesidad rara de verla, si algo salía mal en el día, lo primero que pensaba era en ir a su casa para que me dijera cómo iba el trabajo, volví con ella, me recibió como si ya supiera que iba a regresar, Me vio la cara y dijo que así era el proceso, que si me sentía más cansado era porque estaba limpiando cosas muy pesadas. Me pidió otra cosa personal. Dijo que para reforzar el trabajo necesitaba recortes de mi cabello o una playera que usara seguido. Un día ahí mismo se ofreció a acomodarme el cabello con unas tijeras y guardó lo que cortó en un papel. Me pidió que en un papel en blanco escribiera mi nombre varias veces. y todo lo guardó en su mesa. En la casa, comenzaron a notar que ya no era el mismo. Llegaba del trabajo directo a la cama, casi no comía, respondía de mala gana, y mi mamá decía que me estaba apagando. Mi papá se molestaba, porque pensaba que solo estaba de flojo, pero yo ya no tenía fuerzas ni para explicar cómo me sentía.

8:26 Una tarde, después de llegar del taller... Me tiré en la cama con la ropa sucia y me quedé ahí, mirando el techo, sin energía para levantarme. Mientras estaba acostado, escuché movimientos en el cuarto. Mi mamá y uno de mis hermanos habían decidido revisarlo todo. Empezaron por la cama, levantaron el colchón y encontraron la bolsa de tela oscura, justo a la altura de donde yo apoyaba el pecho al dormir. También notaron que faltaba una playera mía, que siempre tenía guardada y luego la encontraron arrugada, con manchas raras, en un rincón del closet. Salieron del cuarto con la bolsa y la playera en la mano, las pusieron sobre la mesa de la cocina y se quedaron mirándolas con preocupación.

9:13 Yo apenas podía mantenerme sentado, pero alcancé a ver sus caras. En ese momento supe que lo que yo había aceptado no era un simple apoyo. Ahí había algo serio que me estaba consumiendo. Cuando pusieron la bolsa de tela y la playera sobre la mesa de la cocina, el ambiente en la casa se puso tenso. Yo me senté como pude en una de las sillas. Sentía el cuerpo pesado, la vista nublada y un cansancio que no se parecía a nada que hubiera sentido antes. Mi mamá miraba la bolsa con miedo. Uno de mis hermanos decía que eso no era normal. Otro se enojaba y me preguntaba, por qué tenía esa cosa debajo del colchón y por qué no había dicho nada. Me preguntaron directo qué era eso. Yo, con la boca reseca, empecé a explicar que una mujer me estaba ayudando con mi mala suerte y con los problemas que traía encima. Les conté que la conocí en el taller, que primero llegó como clienta y luego empezó a ir seguido, que se enteró de los pleitos de la casa, del dinero y de cómo me sentía estancado.

10:22 Les expliqué que ella dijo que sabía trabajar esas cosas, que podía abrir los caminos, y que por eso me pidió la gorra, luego el cabello, y luego que escribiera mi nombre. Dije que la bolsa era parte de ese trabajo y que por eso la había puesto debajo del colchón tal como ella indicó. Mientras hablaba, sentía la vergüenza mezclada con miedo. Veía la bolsa sobre la mesa y me daba cuenta de lo que había permitido. no era un frasco bonito no era una cosa decorativa era una bolsa de tela oscura apretada con hilo rojo manchada de tierra con un olor extraño que salía incluso cerrada la playera que encontraron en el closet tenía manchas que no reconocía y un olor rancio como a humedad mezclada con otra cosa alguien de la familia dijo que eso no se podía dejar así que se necesitaba la opinión de alguien que supiera de esos temas Mencionaron a una vecina que vivía a unas cuadras. Era una señora grande, conocida en el barrio por haber visto muchos casos de brujería y trabajos pesados. No cobraba por hablar y no se anunciaba en ningún lado, pero la gente la respetaba. Mandaron a llamar a la señora. Cuando llegó, se sentó frente a la mesa, saludó rápido, miró mi cara y luego centró la vista en la bolsa y en la playera.

11:49 Mi mamá le explicó de dónde salió todo eso, cómo la habían encontrado debajo del colchón y en el clóset, y cómo yo llevaba días así. La señora escuchó sin interrumpir. Luego tomó la bolsa de tela con las dos manos, la levantó un poco para sentir el peso y la giró varias veces. Dijo que necesitaba ver qué tenía adentro. Con cuidado desató el hilo rojo. Lo fue quitando poco a poco. Cuando abrió la bolsa, el olor se hizo más fuerte. Adentro había tierra oscura mezclada con sal. Entre esa tierra se veían cabellos enredados que la señora dijo que parecían míos por el color y el grosor. También había pedazos de tela con mi nombre escrito con pluma varias veces y un papel ya arrugado donde reconocí mi propia letra. Hasta abajo había una foto mía impresa, doblada, manchada y con señales de haber estado ahí bastante tiempo.

12:47 La señora dijo con un tono serio que eso no era para mejorar suerte ni para atraer clientes. Explicó que un trabajo así se hace para ir consumiendo a una persona poco a poco, usando su nombre, su imagen y partes de su cuerpo. Dijo que mientras la persona se debilita, la bruja se mantiene fuerte con lo que va sacando de ella. Me preguntó qué más le había entregado a esa mujer. conté de la gorra de la playera y de cuando me recortó el cabello y se lo llevó del papel donde escribí mi nombre varias veces y del té que me daba en su casa la señora movió la cabeza y dijo que ese trabajo estaba bien armado que por eso mi cuerpo se estaba quedando sin fuerza me afirmó que si no se cortaba todo la cosa podía terminar mal dijo que teníamos que hacer dos cosas una romper y quemar todo lo que trajera mi nombre, mi imagen o partes de mi cuerpo, y dejar de verla por completo. No la pintó como algo sencillo. Comentó que yo ya estaba muy debilitado, que por eso se tenía que actuar rápido. Mi familia, entre enojada y asustada, aceptó.

14:04 Decidieron ir a la casa de la mujer. Yo hice el intento de pararme para ir, pero las piernas no me daban confianza, pues me temblaban. Al final fueron un par de familiares sin mí. Cuando regresaron, contaron que su casa estaba cerrada. Los vecinos dijeron que la habían visto salir con una maleta y que no había vuelto. Por una de las ventanas pudieron ver una mesa parecida a la que yo les describí. Fotos de distintas personas, velas gastadas, platos con cera pegada y bolsas de tela. Con eso bastó para entender que no era solo conmigo. Esa mujer llevaba tiempo trabajando con varios. La señora que revisó la bolsa nos dio instrucciones claras. Dijo que no se podía tirar nada a la basura. Había que quemar la bolsa de tela, los papeles con mi nombre, la foto y, si era posible, una prenda que supiéramos que estuvo en manos de la bruja. Tomaron todo lo que correspondía al trabajo.

15:04 La bolsa abierta, los papeles, los pedazos de tela, la foto y la playera manchada. Salimos al patio. Prepararon un fuego sencillo con cartón y papel. Cuando la flama tomó fuerza, la señora echó primero la bolsa de tela y los papeles. El olor que salió era fuerte, una mezcla de tierra húmeda, sal quemada y grasa vieja. Después echó la foto y la playera. Yo, sentado en una silla, veía cómo el humo subía. Sentía el pecho apretado, como si parte de lo que estaba pegado en mí se estuviera desprendiendo. Cuando se consumió todo, la señora dijo que ahora tocaba limpiar el cuarto. Pidió que prepararan una cubeta con agua y sal.

15:48 Con esa agua limpiaron el colchón, el piso y las paredes cercanas al lugar donde estuvo la bolsa. Movieron la cama, sacudieron todo lo que había alrededor, abrieron ventanas y puertas. No hubo rezos largos ni escenas exageradas. Fueron acciones concretas. Limpiar, mover y ventilar. El objetivo era cortar todo rastro del trabajo en mi espacio. Ese día terminé exhausto, pero con una sensación distinta. El cuerpo seguía débil, pero ya no sentía ese hundimiento constante. Los días siguientes fueron pesados, aunque ya no iban en bajada. Seguía cansado, pero dejé de empeorar, y los moretones nuevos dejaron de aparecer. Empecé a dormir un poco mejor. No despertaba lleno de energía, pero al menos podía levantarme, sin sentir que el piso se me venía encima. El apetito tardó en regresar. Al principio solo comía unas cuantas cucharadas, luego medio plato. Poco a poco pude terminar un plato completo sin que el estómago se cerrara.

16:56 Con el paso de las semanas gané un poco de peso. La cara dejó de verse tan hundida. y pude regresar al taller y concentrarme de nuevo en el trabajo. Ya no pensaba en ella como antes, y esa necesidad de ir a verla se rompió. Supe que no había sido casualidad que se fuera justo cuando todo salió a la luz. En el barrio corrió el rumor de que ya había hecho cosas similares en otras colonias, y que siempre desaparecía cuando las familias se daban cuenta. Nunca más la volví a ver, ni en el camino al trabajo ni en el mercado. No apareció en el taller, ni mandó recados, ni buscó explicaciones. Se fue y dejó atrás lo que había intentado hacer conmigo. Con el tiempo entendí que lo que viví no fue solo una mala racha ni un simple desgaste. Fue un trabajo bien armado por una bruja que me vio vulnerable. Me ofreció apoyo y me fue consumiendo, mientras yo creía que estaba mejorando. Ahora, cuando alguien se acerca ofreciendo trabajos, limpias o soluciones rápidas para todo recuerdo la bolsa de tela debajo de mi cama la playera manchada y los días en los que apenas podía levantarme de la silla no necesito teorías ni advertencias ajenas ya sé en carne propia lo que es dejarse agarrar por una persona así y sentir como sin ruido y sin espectáculo te va quitando la vida poco a poco