Una Bruja Había Convertido Mi Casa En Su Lugar De Trabajo - Historias De Terror - REDE
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0:05 TenÃa poco más de 20 años y sentÃa que ya venÃa cansado de todo. Trabajaba en un taller mecánico cerca de la casa, arreglando lo que llegaba. Carros viejos, motos maltratadas y camionetas de gente que apenas tenÃa para las refacciones. El trabajo era pesado, pero era lo único seguro que tenÃa. En la casa, las cosas estaban igual o peor. HabÃa discusiones constantes por dinero, por deudas, por el carácter de mi papá. que explotaba por cualquier detalle, mi mamá se la pasaba preocupada haciendo cuentas que nunca daban, yo salÃa de la casa con la cabeza llena y regresaba igual, en medio de ese ritmo la empecé a ver, era una mujer que empezó a pasar seguido frente al taller, al principio llegaba con un carrito del mandado, se detenÃa un momento bajo la sombra, se acomodaba el cabello pintado y seguÃa su camino, Después entró un dÃa para preguntar si alguien podÃa revisar un ruido en su carro. Yo la atendÃ. No parecÃa una anciana, pero se notaba que era mayor que yo. Usaba ropa llamativa, blusas ajustadas, pantalones bien cuidados y siempre traÃa el cabello pintado sin canas a la vista. TenÃa una forma de hablar tranquila y segura, como si nada la presionara. Primero solo fueron comentarios sueltos.
1:30 DecÃa que el calor estaba fuerte que la gente andaba muy estresada, que en la calle se sentÃa el ambiente pesado. Mientras yo revisaba su carro, me preguntó si trabajaba ahà desde hacÃa mucho y si vivÃa cerca. Respondà con lo básico. Después empezó a ir más seguido. A veces no llevaba el carro, solo se asomaba al taller, preguntaba si ya habÃamos comido, hacÃa un chiste sencillo y se quedaba un rato platicando conmigo. Era raro ver que alguien se interesara tanto en lo que yo hacÃa. Con el tiempo le fui contando cosas que casi no comentaba con nadie. Le dije que en mi casa habÃa pleitos constantes, que el dinero no alcanzaba ni para lo básico, que a veces tenÃa ganas de irme a otro lado y empezar desde cero, pero que no sabÃa ni por dónde. Ella escuchaba todo sin interrumpirme, Me hacÃa preguntas directas.¿ Qué tanto ganaba?¿ Con quién vivÃa?¿ Y cómo era mi relación con mis papás?
2:31 No se reÃa, no se burlaba, solo asentÃa y me veÃa como si entendiera de verdad. Un dÃa me dijo que se notaba que yo traÃa una mala racha encima, que habÃa mucha envidia y mucho coraje alrededor de mÃ, y que por eso las cosas no avanzaban. Dijo que conocÃa esos casos, que ya habÃa ayudado a otras personas a salir de situaciones parecidas. No se presentó como bruja, se presentó como alguien que sabÃa trabajar, para abrir caminos y quitar trabas. A mÃ, con la cabeza hecha un nudo, esas palabras me acomodaron todo de golpe. Era más fácil culpar una mala racha que aceptar que no podÃa con mi propia vida. Después de varias pláticas, me propuso que pasara a su casa para platicar con calma. Dijo que ahà podÃa explicarme mejor qué veÃa en mà y que podÃa darme algo para descansar, porque se me notaba el cansancio.
3:28 Afirmó que no me iba a cobrar nada al principio, que lo importante era que yo me estabilizara. Acepté sin pensarlo mucho. La verdad, sentÃa que por fin alguien estaba de mi lado. Su casa quedaba en una calle tranquila, de esas donde casi siempre se ven las mismas caras. Desde afuera parecÃa una casa normal de barrio, con rejas en silla y paredes descarapeladas. Por dentro se notaba lo apretado, los muebles eran viejos, con la tela gastada. En una de las paredes tenÃa un mueble pequeño, con imágenes pegadas, velas consumidas y platos con cera seca. La mesa principal estaba llena de cosas sin orden, velas gastadas pegadas a platos, vasos de vidrio con lÃquidos oscuros, fotografÃas apiladas, pedazos de tela con nombres escritos a pluma y bolsas de tela oscura amarradas con hilo rojo. No se veÃa decorado bonito ni limpio, se veÃa usado y cargado de cosas. Me sentó en una silla junto a la mesa y me dio una taza con un té, muy amargo. Dijo que era para bajar la ansiedad y para que pudiera dormir mejor.
4:42 Mientras yo lo tomaba, empezó a hacerme preguntas más precisas. Me pidió mi nombre completo, mi fecha de nacimiento y el nombre de mi mamá. Los anotó en un papel con letra firme. Luego me dijo que para trabajar mejor necesitaba algo que yo usara diario. Una playera, una gorra o una pulsera. Ese dÃa traÃa puesta una gorra que usaba para el taller. me la quité y se la entregué ella la tomó con naturalidad como si fuera el paso lógico de todo eso cuando terminé el té tomó una de las bolsas de tela de la mesa era oscura de tela gruesa bien cerrada con hilo rojo me dijo que estaba vacÃa que la iba a preparar para mà mientras hablaba agregó un poco de tierra de un frasco sal gruesa de un plato y algunos recortes de papel donde escribió mi nombre varias veces Cerró la bolsa de nuevo, la apretó entre las manos y me la entregó.
5:41 Me indicó que la pusiera debajo de mi colchón, a la altura de mi pecho, y que no la abriera nunca. Me aseguró que con eso iba a ir jalando todo lo que me estorbaba. Me advirtió que los primeros dÃas me iba a sentir peor, con más cansancio, pero que después vendrÃa el alivio. Lo llamó trabajo fuerte y carga pesada. y dijo que no cualquiera se animaba a hacerlo. Me fui a la casa con la bolsa de tela, envuelta en una bolsa de plástico común. Entré a mi cuarto, levanté el colchón y la dejé justo donde me indicó. No lo pensé mucho, pues en ese estado aceptas cualquier cosa que suene a solución. Esa noche dormà inquieto. No tuve sueños raros que recuerde, pero desperté con la sensación de no haber descansado nada. El cuerpo se sentÃa flojo, como si me hubieran exprimido. Pensé que era por el dÃa pesado anterior, pero al pasar los dÃas noté que el cansancio no se iba. Empecé a levantarme más cansado que antes. El apetito se fue reduciendo. La comida me sabÃa insÃpida y me llenaba rápido. La ropa comenzó a quedarme más suelta. Primero la playera, luego el pantalón. Los compañeros del taller me decÃan que me veÃa pálido. que si estaba enfermo, yo me sentÃa aturdido, con la cabeza pesada, cometiendo errores tontos en el trabajo, apretar mal una pieza, olvidar un tornillo o entregar tarde un carro, cualquier cosa
7:14 me agotaba, al mismo tiempo sentÃa una necesidad rara de verla, si algo salÃa mal en el dÃa, lo primero que pensaba era en ir a su casa para que me dijera cómo iba el trabajo, volvà con ella, me recibió como si ya supiera que iba a regresar, Me vio la cara y dijo que asà era el proceso, que si me sentÃa más cansado era porque estaba limpiando cosas muy pesadas. Me pidió otra cosa personal. Dijo que para reforzar el trabajo necesitaba recortes de mi cabello o una playera que usara seguido. Un dÃa ahà mismo se ofreció a acomodarme el cabello con unas tijeras y guardó lo que cortó en un papel. Me pidió que en un papel en blanco escribiera mi nombre varias veces. y todo lo guardó en su mesa. En la casa, comenzaron a notar que ya no era el mismo. Llegaba del trabajo directo a la cama, casi no comÃa, respondÃa de mala gana, y mi mamá decÃa que me estaba apagando. Mi papá se molestaba, porque pensaba que solo estaba de flojo, pero yo ya no tenÃa fuerzas ni para explicar cómo me sentÃa.
8:26 Una tarde, después de llegar del taller... Me tiré en la cama con la ropa sucia y me quedé ahÃ, mirando el techo, sin energÃa para levantarme. Mientras estaba acostado, escuché movimientos en el cuarto. Mi mamá y uno de mis hermanos habÃan decidido revisarlo todo. Empezaron por la cama, levantaron el colchón y encontraron la bolsa de tela oscura, justo a la altura de donde yo apoyaba el pecho al dormir. También notaron que faltaba una playera mÃa, que siempre tenÃa guardada y luego la encontraron arrugada, con manchas raras, en un rincón del closet. Salieron del cuarto con la bolsa y la playera en la mano, las pusieron sobre la mesa de la cocina y se quedaron mirándolas con preocupación.
9:13 Yo apenas podÃa mantenerme sentado, pero alcancé a ver sus caras. En ese momento supe que lo que yo habÃa aceptado no era un simple apoyo. Ahà habÃa algo serio que me estaba consumiendo. Cuando pusieron la bolsa de tela y la playera sobre la mesa de la cocina, el ambiente en la casa se puso tenso. Yo me senté como pude en una de las sillas. SentÃa el cuerpo pesado, la vista nublada y un cansancio que no se parecÃa a nada que hubiera sentido antes. Mi mamá miraba la bolsa con miedo. Uno de mis hermanos decÃa que eso no era normal. Otro se enojaba y me preguntaba, por qué tenÃa esa cosa debajo del colchón y por qué no habÃa dicho nada. Me preguntaron directo qué era eso. Yo, con la boca reseca, empecé a explicar que una mujer me estaba ayudando con mi mala suerte y con los problemas que traÃa encima. Les conté que la conocà en el taller, que primero llegó como clienta y luego empezó a ir seguido, que se enteró de los pleitos de la casa, del dinero y de cómo me sentÃa estancado.
10:22 Les expliqué que ella dijo que sabÃa trabajar esas cosas, que podÃa abrir los caminos, y que por eso me pidió la gorra, luego el cabello, y luego que escribiera mi nombre. Dije que la bolsa era parte de ese trabajo y que por eso la habÃa puesto debajo del colchón tal como ella indicó. Mientras hablaba, sentÃa la vergüenza mezclada con miedo. VeÃa la bolsa sobre la mesa y me daba cuenta de lo que habÃa permitido. no era un frasco bonito no era una cosa decorativa era una bolsa de tela oscura apretada con hilo rojo manchada de tierra con un olor extraño que salÃa incluso cerrada la playera que encontraron en el closet tenÃa manchas que no reconocÃa y un olor rancio como a humedad mezclada con otra cosa alguien de la familia dijo que eso no se podÃa dejar asà que se necesitaba la opinión de alguien que supiera de esos temas Mencionaron a una vecina que vivÃa a unas cuadras. Era una señora grande, conocida en el barrio por haber visto muchos casos de brujerÃa y trabajos pesados. No cobraba por hablar y no se anunciaba en ningún lado, pero la gente la respetaba. Mandaron a llamar a la señora. Cuando llegó, se sentó frente a la mesa, saludó rápido, miró mi cara y luego centró la vista en la bolsa y en la playera.
11:49 Mi mamá le explicó de dónde salió todo eso, cómo la habÃan encontrado debajo del colchón y en el clóset, y cómo yo llevaba dÃas asÃ. La señora escuchó sin interrumpir. Luego tomó la bolsa de tela con las dos manos, la levantó un poco para sentir el peso y la giró varias veces. Dijo que necesitaba ver qué tenÃa adentro. Con cuidado desató el hilo rojo. Lo fue quitando poco a poco. Cuando abrió la bolsa, el olor se hizo más fuerte. Adentro habÃa tierra oscura mezclada con sal. Entre esa tierra se veÃan cabellos enredados que la señora dijo que parecÃan mÃos por el color y el grosor. También habÃa pedazos de tela con mi nombre escrito con pluma varias veces y un papel ya arrugado donde reconocà mi propia letra. Hasta abajo habÃa una foto mÃa impresa, doblada, manchada y con señales de haber estado ahà bastante tiempo.
12:47 La señora dijo con un tono serio que eso no era para mejorar suerte ni para atraer clientes. Explicó que un trabajo asà se hace para ir consumiendo a una persona poco a poco, usando su nombre, su imagen y partes de su cuerpo. Dijo que mientras la persona se debilita, la bruja se mantiene fuerte con lo que va sacando de ella. Me preguntó qué más le habÃa entregado a esa mujer. conté de la gorra de la playera y de cuando me recortó el cabello y se lo llevó del papel donde escribà mi nombre varias veces y del té que me daba en su casa la señora movió la cabeza y dijo que ese trabajo estaba bien armado que por eso mi cuerpo se estaba quedando sin fuerza me afirmó que si no se cortaba todo la cosa podÃa terminar mal dijo que tenÃamos que hacer dos cosas una romper y quemar todo lo que trajera mi nombre, mi imagen o partes de mi cuerpo, y dejar de verla por completo. No la pintó como algo sencillo. Comentó que yo ya estaba muy debilitado, que por eso se tenÃa que actuar rápido. Mi familia, entre enojada y asustada, aceptó.
14:04 Decidieron ir a la casa de la mujer. Yo hice el intento de pararme para ir, pero las piernas no me daban confianza, pues me temblaban. Al final fueron un par de familiares sin mÃ. Cuando regresaron, contaron que su casa estaba cerrada. Los vecinos dijeron que la habÃan visto salir con una maleta y que no habÃa vuelto. Por una de las ventanas pudieron ver una mesa parecida a la que yo les describÃ. Fotos de distintas personas, velas gastadas, platos con cera pegada y bolsas de tela. Con eso bastó para entender que no era solo conmigo. Esa mujer llevaba tiempo trabajando con varios. La señora que revisó la bolsa nos dio instrucciones claras. Dijo que no se podÃa tirar nada a la basura. HabÃa que quemar la bolsa de tela, los papeles con mi nombre, la foto y, si era posible, una prenda que supiéramos que estuvo en manos de la bruja. Tomaron todo lo que correspondÃa al trabajo.
15:04 La bolsa abierta, los papeles, los pedazos de tela, la foto y la playera manchada. Salimos al patio. Prepararon un fuego sencillo con cartón y papel. Cuando la flama tomó fuerza, la señora echó primero la bolsa de tela y los papeles. El olor que salió era fuerte, una mezcla de tierra húmeda, sal quemada y grasa vieja. Después echó la foto y la playera. Yo, sentado en una silla, veÃa cómo el humo subÃa. SentÃa el pecho apretado, como si parte de lo que estaba pegado en mà se estuviera desprendiendo. Cuando se consumió todo, la señora dijo que ahora tocaba limpiar el cuarto. Pidió que prepararan una cubeta con agua y sal.
15:48 Con esa agua limpiaron el colchón, el piso y las paredes cercanas al lugar donde estuvo la bolsa. Movieron la cama, sacudieron todo lo que habÃa alrededor, abrieron ventanas y puertas. No hubo rezos largos ni escenas exageradas. Fueron acciones concretas. Limpiar, mover y ventilar. El objetivo era cortar todo rastro del trabajo en mi espacio. Ese dÃa terminé exhausto, pero con una sensación distinta. El cuerpo seguÃa débil, pero ya no sentÃa ese hundimiento constante. Los dÃas siguientes fueron pesados, aunque ya no iban en bajada. SeguÃa cansado, pero dejé de empeorar, y los moretones nuevos dejaron de aparecer. Empecé a dormir un poco mejor. No despertaba lleno de energÃa, pero al menos podÃa levantarme, sin sentir que el piso se me venÃa encima. El apetito tardó en regresar. Al principio solo comÃa unas cuantas cucharadas, luego medio plato. Poco a poco pude terminar un plato completo sin que el estómago se cerrara.
16:56 Con el paso de las semanas gané un poco de peso. La cara dejó de verse tan hundida. y pude regresar al taller y concentrarme de nuevo en el trabajo. Ya no pensaba en ella como antes, y esa necesidad de ir a verla se rompió. Supe que no habÃa sido casualidad que se fuera justo cuando todo salió a la luz. En el barrio corrió el rumor de que ya habÃa hecho cosas similares en otras colonias, y que siempre desaparecÃa cuando las familias se daban cuenta. Nunca más la volvà a ver, ni en el camino al trabajo ni en el mercado. No apareció en el taller, ni mandó recados, ni buscó explicaciones. Se fue y dejó atrás lo que habÃa intentado hacer conmigo. Con el tiempo entendà que lo que vivà no fue solo una mala racha ni un simple desgaste. Fue un trabajo bien armado por una bruja que me vio vulnerable. Me ofreció apoyo y me fue consumiendo, mientras yo creÃa que estaba mejorando. Ahora, cuando alguien se acerca ofreciendo trabajos, limpias o soluciones rápidas para todo recuerdo la bolsa de tela debajo de mi cama la playera manchada y los dÃas en los que apenas podÃa levantarme de la silla no necesito teorÃas ni advertencias ajenas ya sé en carne propia lo que es dejarse agarrar por una persona asà y sentir como sin ruido y sin espectáculo te va quitando la vida poco a poco
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