Una Anciana Bruja Me Salvó Del Trabajo De Brujería Que Me Estaba Consumiendo - REDE
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0:05 Terminé con mi expareja, después de una discusión que todavÃa recuerdo con claridad. Ya venÃamos mal desde antes, con reclamos diarios, llamadas a cualquier hora y amenazas cuando yo intentaba cortar la conversación. Pero esa última vez cruzó un lÃmite. Me reclamó dinero, tiempo, mensajes y cosas que según ella yo le debÃa por los años juntos. Yo le respondà que ya no querÃa seguir, que la relación me quitaba calma y que cada encuentro terminaba peor. Ella se quedó frente a mÃ, seria, con la boca apretada, y soltó una frase que se me quedó metida. Te vas a arrepentir, no sabes con quién estás jugando. En ese momento pensé que era rabia. Me fui de ahà con las manos frÃas, pero todavÃa con la idea de que todo iba a bajar después de unos dÃas. Cambié mi rutina. Dejé de contestar llamadas desconocidas y traté de seguir trabajando. VivÃa solo en una casa, tenÃa mis cosas en orden y no estaba metido en problemas con nadie. Mi hermana pasaba a verme algunos fines de semana y en la oficina yo cumplÃa.
1:14 Lo primero apareció en la entrada. Una mañana vi tierra junto a la puerta, puesta en una esquina, separada del polvo normal de la calle. Lavarrà y no dije nada. Dos dÃas después encontré alfileres debajo del tapete. Estaban doblados, mezclados con tierra oscura. Los recogà con una servilleta y los tiré. Me dio vergüenza pensar en brujerÃa. También me dio miedo aceptar que alguien habÃa llegado hasta mi puerta para dejar eso. Preferà callarme porque, al decir algo asà en voz alta, la gente duda antes de escuchar. Después empezó el cansancio. DormÃa varias horas, pero despertaba con la cabeza cargada, los brazos pesados y el estómago revuelto. Me bañaba, salÃa al trabajo y a media mañana ya sentÃa el cuerpo vencido. En la oficina empecé a cometer errores tontos.
2:10 AbrÃa un archivo y olvidaba que iba a revisar. EscribÃa mal datos que conocÃa de memoria y contestaba con impaciencia. Un compañero me preguntó si estaba tomando pastillas o si habÃa bebido. Le respondà que solo estaba cansado, pero su mirada me dejó claro que no me creyó. En mi casa la tensión también creció. Mi hermana llegó un dÃa a visitarme y terminamos peleando por una cosa sin importancia. Yo la escuchaba hablar y sentÃa una irritación que no venÃa de la conversación. Le contesté mal, levanté la voz y vi cómo se le endureció la cara. Ella me reclamó que yo ya no era el mismo. que la recibÃa con enojo y que cualquier palabra me molestaba. Quise pedirle calma, pero la voz me salió áspera. Se fue antes de comer. Me quedé en la sala, con culpa, enojo y una presión en el pecho. Los dÃas siguientes me bajaron más, perdà el hambre, me dolÃa el estómago y la ropa empezó a quedarme floja. En el trabajo me llamaron la atención por errores que antes no cometÃa.
3:19 Mi jefe me pidió que controlara mis problemas personales. Yo intenté explicarle que me sentÃa enfermo, que no dormÃa bien y que algo en mi casa me tenÃa intranquilo, pero mis palabras salieron desordenadas. Desde esa conversación, varios compañeros dejaron de buscarme. Una noche encontré una bolsa escondida en una maceta. Noté la tierra removida, metà la mano y sentà el bulto. La saqué con cuidado y la puse sobre la mesa. Adentro habÃa cabello, un pedazo de tela, una foto mÃa cortada y un papel doblado con mi nombre completo. También estaba mi fecha de nacimiento. Leà las frases y sentà náusea.
4:01 PedÃan enfermedad, pleitos, ruina, pérdida de trabajo, soledad y desgaste. Eran ataques claros, dirigidos a partes exactas de mi vida. Y varias de esas cosas ya estaban pasando. La foto terminó de quebrarme. Era una imagen que solo mi expareja podÃa tener. Recordé el dÃa en que la tomó, el lugar y la ropa. Nadie más guardaba esa foto. La miré mucho rato, con la boca seca, y entendà que ya no estaba frente a una casualidad. Alguien habÃa usado mi nombre, mi fecha, mi imagen y cosas mÃas para dañarme. Guardé la bolsa en una caja y llamé a mi tÃa.
4:43 Ella siempre creyó en trabajos, limpias y daños hechos por encargo. Yo la escuchaba antes con distancia, pero esa noche no tenÃa fuerza para burlarme de nada. Le conté lo que encontré, la tierra en la puerta, los alfileres, el cansancio, los errores en el trabajo y la pelea con mi hermana. También le conté la amenaza de mi expareja. Mi tÃa no se asustó ni me regañó. Me pidió que no tocara más la bolsa y que al dÃa siguiente me llevarÃa con una mujer que sabÃa cortar esas cosas. Esa noche casi no dormÃ. Revisé la puerta, la cocina y el patio varias veces. Cada ruido me sacaba de la cama.
5:24 Cerca de la madrugada recibà un mensaje de un número desconocido. Era ella. Escribió que me veÃa mal, que apenas iba empezando y que todavÃa me faltaba sentir más. No contesté. Dejé el celular sobre la cama y me quedé sentado, con la caja en el suelo, esperando la mañana. Mi tÃa llegó temprano, me miró de frente y se le cerró la cara. No me habló con lástima, me tomó del brazo y me llevó con la bruja. La mujer era una anciana muy delgada, de espalda encorvada, manos huesudas y uñas largas, amarillentas y duras. TenÃa la piel marcada, los ojos hundidos y una forma de mirar que pesaba.
6:07 No saludó con amabilidad. Me señaló una silla y me ordenó sentarme. Su voz era baja, rasposa, sin prisa. Puse la bolsa sobre la mesa y la anciana la observó antes de abrirla. Sus uñas golpearon la madera mientras separaba el papel, la foto, el cabello y la tela. Leyó mi nombre moviendo apenas los labios. Después levantó la vista y dijo que aquello era un trabajo para quebrarme despacio, enfermarme, separarme de mi familia, cerrarme el trabajo y cansarme hasta que yo dejara de defenderme. Sentà un golpe en el estómago porque cada palabra tocaba algo que ya estaba ocurriendo.
6:48 Le pregunté si podÃa quitarlo y me respondió que sà podÃa cortarlo, pero no de cualquier manera, y que si habÃa más cosas escondidas en mi casa, el daño seguirÃa agarrado. Entonces le pedà algo que llevaba atorado desde que leà mi nombre en ese papel. Le pedà que, si era posible, le devolviera todo a quien me lo habÃa puesto. La anciana me miró sin parpadear y me advirtió que limpiar y devolver no eran lo mismo. Yo no retiré la petición y le dije que esa persona habÃa querido verme enfermo, solo, arruinado, y que yo ya no querÃa cargar un mal que no habÃa pedido. La bruja aceptó revisar mi casa, asà que fue conmigo y con mi tÃa. Caminó por la entrada, la sala, mi cuarto y el patio. Tocó algunas esquinas con las uñas y me pidió que sacara una caja del closet. Debajo habÃa un envoltorio que yo no habÃa puesto ahÃ, Lo levantó y dijo que ese era el amarre principal. Luego revisó debajo de la cama y encontró otro papel con mi nombre, junto a palabras de enfermedad, sueño cortado y pleito. Me senté porque las piernas me fallaron.
8:03 Mi tÃa me puso una mano en el hombro. La anciana guardó todo y dijo que ya habÃa suficiente para empezar el corte. Pero también dijo que nada de eso iba a salir sin cobrar algo. La anciana metió los objetos en una bolsa gruesa, la cerró con fuerza y me ordenó pasar la noche acompañado. Mi tÃa entendió sin preguntar más. Volvimos a mi casa, cerramos la puerta y dejamos encendidas solo las luces necesarias. Yo me senté en la sala con las manos frÃas y el estómago revuelto. No querÃa entrar a mi cuarto. La foto cortada seguÃa fija en mi cabeza y el papel con mi nombre. mi tÃa preparó algo de comer pero apenas probé un bocado esa noche dormà sentado por ratos con sobresaltos oyendo cada ruido al dÃa siguiente regresamos con la bruja la anciana estaba junto a la mesa con las uñas apoyadas sobre la madera no preguntó nada me miró la cara extendió una mano y pidió las mÃas me revisó las palmas los dedos y las muñecas Luego me dijo, estás gastado, tienes que comer aunque no tengas ganas, pues el cuerpo también pelea. Esa frase no sonó a consuelo, sonó a orden.
9:21 Mi tÃa se quedó detrás de mÃ, callada. La anciana puso la bolsa sobre la mesa y sacó los objetos uno por uno. No me explicó cada cosa, tampoco me permitió tocar nada. Dijo que yo no estaba ahà para aprender, estaba ahà para soltar. Sus manos se movÃan despacio, firmes, y sus uñas largas rozaban el papel con un sonido seco. Me pidió mirar mi foto cortada y mi nombre escrito sin bajar la cabeza, y obedecÃ. La anciana colocó el papel frente a mà y me ordenó hablar claro. No querÃa discursos, querÃa una decisión. Repetà que no aceptaba enfermedad enviada, pleito en mi casa, ruina en mi trabajo, ni soledad puesta por otra persona. La voz me tembló al principio, después salió más firme. Cuando mencioné a mi expareja con rabia, golpeó la mesa con una uña. No hables desde el odio, habla desde tu derecho a vivir. Respiré y volvà a decirlo sin insultarla. Al terminar esa parte, la anciana me preguntó por el retorno. Mi tÃa bajó la mirada y yo sentà el peso de esa palabra. Pensé en mi hermana saliendo de mi casa con enojo. en mi jefe hablándome con desconfianza, en mi cuerpo bajando de peso y en el mensaje de mi expareja. Dije que sÃ, si el daño tenÃa dueña, que volviera a ella. La bruja no celebró mi decisión, se inclinó hacia mà y sus
10:51 ojos hundidos no se apartaron de mi cara. Entonces no busques noticias, no llames y no preguntes con gusto. Te apartas y dejas que regrese lo que no era tuyo. AsentÃ. Ella añadió que el retorno no iba a devolverme el trabajo perdido, ni la confianza de mi hermana, ni las noches sin miedo. Yo lo sabÃa, pero necesitaba sacar aquello de mi cuerpo y de mi casa. El corte empezó sin ruido grande. La anciana habló bajo, con palabras cerradas, mientras pasaba los objetos por encima de un recipiente. A ratos me preguntaba dónde me dolÃa. Le respondÃa con frases cortas, todo el cuerpo. Me dieron ganas de vomitar, pero mi tÃa me sostuvo por los hombros. La anciana no se detuvo.
11:40 Yo sudaba, aunque tenÃa frÃo, y sentà la boca amarga, luego una debilidad larga en las piernas. Ella me ordenó mantenerme sentado. Perdà la cuenta mientras ella trabajaba con la foto, el papel, el cabello y los envoltorios encontrados en mi casa. Al final cerró todo de nuevo, apretó la bolsa y dijo que el trabajo ya estaba cortado de mi casa, pero mi cuerpo iba a tardar en reaccionar. Me mandó bañarme, comer algo caliente y dormir acompañado unos dÃas. También me ordenó tirar cualquier cosa extraña que apareciera, sin abrirla y sin darle conversación al miedo. Esa noche dormà en la sala, mi tÃa se quedó conmigo. desperté varias veces pero el cuarto ya no me jalaba de la misma manera el dolor seguÃa pero menos fuerte al dÃa siguiente pude terminar un plato de sopa mi hermana llegó por la tarde pues mi tÃa ya le habÃa contado lo necesario entró seria con culpa en la cara me pidió perdón por haber pensado que yo exageraba yo también le pedà perdón por mi forma de tratarla y nos abrazamos con cuidado no fue un arreglo completo Fue un primer intento. Regresé al trabajo débil. Me dieron tareas simples y acepté sin discutir.
13:04 Algunos compañeros siguieron distantes. Mi jefe habló de estabilidad, de rendimiento y de problemas personales. Lo escuché sin defenderme demasiado, pues la verdad querÃa conservar el puesto, aunque ya sabÃa que la confianza estaba dañada. Cada error anterior seguÃa ahÃ. Una limpia no borra lo que otros vieron, tampoco borra lo que uno hizo mientras se estaba cayendo. Mi expareja volvió a escribirme desde otro número. Preguntó qué le habÃan hecho, por qué no podÃa dormir, por qué en su casa todos peleaban. Luego cambió el tono y me acusó de haberle volteado algo. Leà el mensaje varias veces. No contesté.
13:49 Bloqué el número y dejé el celular lejos. Después llamó y contesté por impulso. TenÃa la voz ronca. Me llamó malagradecido. Repitió que yo merecÃa todo lo que me pasaba y soltó que la vieja con la que yo habÃa ido no sabÃa con quién se metÃa. No tuve que preguntarle nada. Ella sola confirmó lo que yo ya sabÃa. Le dije que no volviera a buscarme y colgué. La confirmación no me dio paz. Me dejó coraje porque durante semanas dudé de mà Pedà disculpas por cosas que no entendÃa y me enfermé mientras ella esperaba verme hundido. Volvà con la anciana y le conté la llamada. Escuchó sin sorpresa y apagó una vela con los dedos. Dijo que cuando un trabajo se rompe, quien lo mandó pierde control y se desespera.
14:42 Le pregunté si ya estaba libre. Despegado, respondió. Libre vas a estar cuando dejes de vivir alrededor de ella. Me pidió cambiar rutinas, limpiar la casa sin obsesión, comer, dormir y dejar de contar la historia a cualquiera. También me dijo que el retorno ya caminaba, pero que yo debÃa cargar con haberlo pedido. No discutà y me dolió escucharlo porque era cierto. La recuperación no llegó pareja. Dormà mejor, comà más y dejé de despertar con el cuerpo tan pesado, pero seguà nervioso. Mi hermana volvió a acercarse aunque algo quedó sensible entre nosotros. En el trabajo conservé el puesto, pero perdà una oportunidad casi asegurada y se la dieron a otra persona. Me dijeron que necesitaban a alguien más firme.
15:35 Me tragué la rabia. HabÃa sobrevivido al trabajo, pero las consecuencias seguÃan paradas frente a mÃ. De mi expareja supe poco. Una conocida mencionó que estaba enferma. delgada y peleada con su familia. La detuve antes de que siguiera, pues no querÃa escuchar detalles. Luego llegó un último mensaje. DecÃa que yo le habÃa arruinado la vida. Lo leà una vez y lo borré, pero esa noche no dormà bien. La bruja deshizo el trabajo, me devolvió el sueño por partes y cerró algo que yo no sabÃa cerrar. No me devolvió todo, Mi salud volvió con recaÃdas, mi trabajo quedó tocado.
16:18 Mi hermana y yo seguimos reconstruyendo lo nuestro, y yo aprendà a desconfiar de ciertas puertas abiertas. No terminé feliz, pero terminé vivo, más serio, con menos gente cerca y con una marca que todavÃa reconozco. Lo que se rompe por dentro no vuelve igual, aunque el daño se corte.
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