Todo Empezó Con Una Llave - Historias De Terror - REDE
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0:05 Mi abuelo murió después de varios meses enfermo. Durante sus últimos años vivió solo en una casa apartada y casi nunca permitÃa que alguien se quedara con él. Desde que yo era niño, mantenÃa un cuarto cerrado y decÃa que guardaba cosas personales. Después del entierro, mi madre me entregó una llave y un sobre que él habÃa dejado a mi nombre. Me dijo que habÃa insistido en que yo fuera a la casa. abriera ese cuarto y buscara una caja debajo de la cama pensé que podÃa tratarse de dinero o documentos por eso fui unos dÃas después abrà la casa fui directo al cuarto y usé la llave la caja estaba donde mi abuelo habÃa dicho dentro encontré fotografÃas de la familia cabello algunos dientes monedas viejas varios papeles doblados y una moneda de oro uno de los papeles tenÃa mi nombre Reconocà la letra de mi abuelo y empecé a leer. Ahà explicaba que nuestra familia mantenÃa un acuerdo con una mujer desde hacÃa generaciones, que él lo habÃa recibido de su padre y habÃa cumplido ciertos pagos para evitar que ella cobrara algo peor. También habÃa dejado escrito que después de su muerte yo era el elegido para continuar. El trato necesitaba mi aceptación, nadie podÃa obligarme a tomarlo. pero si me negaba el acuerdo terminaba y la mujer cobrarÃa una vida de la familia cada
1:37 año hasta que alguien aceptara ocupar el lugar que habÃa dejado mi abuelo me quedé sentado junto a la cama durante un rato con las hojas en las manos y volvà a leer el último párrafo antes de guardar todo dentro de la caja leà esa parte otra vez nunca habÃa escuchado a mi abuelo hablar de pactos ni de una mujer relacionada con la familia, y tampoco sabÃa qué pensar de la caja. Guardé los papeles, cerré la tapa y decidà llevármela para hablar con mi madre. Antes de salir, escuché tres golpes en la puerta principal. Pregunté quién era y una mujer respondió que querÃa hablar. Miré por la ventana y vi a una anciana de cabello gris, espalda encorvada y uñas demasiado largas, gruesas y curvas. Preguntó por mi abuelo, le respondà que habÃa muerto y ella soltó una risa fuerte, áspera, que duró varios segundos. Cuando terminó dijo que ya sabÃa lo de su muerte y que habÃa venido por la persona que él habÃa elegido. Le respondà que yo no habÃa hecho ningún trato. La anciana dijo que todavÃa podÃa hacerlo, que solo tenÃa que abrir la puerta y aceptar continuar con el acuerdo. Le dije que no. Volvió a preguntarme y le respondà que no iba a aceptar una deuda de mi abuelo. Entonces dejó de reÃr. Dijo que él habÃa cumplido durante años y que mientras alguien siguiera pagando, la familia quedaba fuera del cobro.
3:10 Si yo rechazaba el acuerdo, esos pagos terminaban y comenzaba otra forma de saldar la deuda. Le exigà que se fuera, pero ella permaneció frente a la puerta. Después sonrió. Dijo que acababa de empezar el primer año y se alejó. Esperé antes de moverme y, cuando miré otra vez, ya no estaba. Agarré la caja y avancé hacia la salida, pero escuché un golpe detrás de mÃ, seguido de la misma risa, ahora dentro de la casa. Dejé la caja en el suelo y me fui hacia el pasillo. La anciana salió del cuarto de mi abuelo, pero la puerta principal seguÃa cerrada. Le pregunté qué hacÃa ahà y respondió que venÃa a darme una última oportunidad. TenÃa entre los dedos la moneda de oro que habÃa estado dentro de la caja. Dijo que era parte del último pago de mi abuelo y que yo debÃa entregársela junto con mi aceptación.
4:08 Le contesté que podÃa quedarse con la moneda, pero que yo no iba a aceptar el pacto. Caminó hacia mÃ. Yo retrocedà y le ordené que se detuviera, pero siguió avanzando. Cuando intenté apartarla, me agarró del brazo. Sus uñas se clavaron en mi piel y al tirar para soltarme, una de ellas me abrió el antebrazo. La empujé con fuerza, conseguà separarla y vi mi sangre en sus dedos. La anciana volvió a reÃr y dijo que con eso ya podÃa encontrarme donde estuviera. Le pregunté si mi sangre significaba que habÃa aceptado y respondió que no, que el pacto seguÃa roto. pero ahora podÃa seguirme. Agarré una barra de hierro que estaba cerca y le dije que no se acercara.
4:56 Dio otro paso, la golpeé en el hombro y cayó contra la pared, pero se levantó casi de inmediato. No esperé y corrà hacia la salida. Ella me siguió y alcanzó a agarrarme de la camisa, pero la tela se rompió y logré salir. Subà al vehÃculo, cerré la puerta y arranqué. La anciana salió de la casa y se quedó cerca del camino, con la mano levantada y mi sangre todavÃa en las uñas. Gritó que podÃa marcharme, que eso no cambiaba lo que yo habÃa rechazado y que el primer año ya estaba corriendo. No respondÃ. El brazo seguÃa sangrando y fui a buscar ayuda. En una clÃnica me cerraron el corte. Dije que me habÃa cortado revisando las cosas de mi abuelo, porque no sabÃa cómo explicar lo ocurrido. Después me quedé con un familiar y llamé a mi madre. Le pregunté si alguna vez habÃa visto a una anciana cerca de la casa de mi abuelo.
5:56 Antes de responder, me preguntó cómo eran sus manos. Le dije que tenÃa uñas muy largas. Mi madre guardó silencio y después empezó a llorar. Me contó que cuando era niña habÃa visto varias veces a una mujer con esas mismas uñas, visitando a mi abuelo. Una vez los encontró juntos y vio que él le entregaba un frasco con sangre. Mi abuelo la descubrió mirando, la sacó del cuarto y le prohibió hablar del tema. Mi madre nunca supo quién era esa mujer. Cuando le conté lo que habÃa encontrado en la caja, me pidió que no regresara a la casa y que no me quedara solo. Durante varios dÃas no pasó nada. Seguà buscando una explicación, porque solo tenÃa los papeles de mi abuelo, una herida y el recuerdo de una mujer dentro de una casa cerrada. Esa duda terminó cuando volvió a encontrarme. DormÃa en casa de mi madre cuando escuché tres golpes en una ventana. Me levanté, fui a mirar y vi a la anciana del otro lado.
7:00 TenÃa la moneda de oro entre los dedos y me preguntó si habÃa cambiado de opinión. Le respondà que no. Entonces giró la cabeza hacia la habitación donde dormÃa mi madre y dijo que podÃa seguir negándome, que ella no tenÃa prisa y que el año todavÃa no terminaba. Después se alejó sin decir nada más. Me quedé frente a la ventana hasta verla desaparecer. Después fui al cuarto de mi madre y comprobé que seguÃa dormida. No la desperté, cerré la puerta, me senté cerca de ella y esperé hasta que amaneció. Desde esa noche, dejé de pensar que la anciana solo querÃa obligarme a cumplir una superstición. Ya habÃa usado mi sangre para encontrarme, y sabÃa exactamente dónde estaba mi madre. El pacto seguÃa sin mi aceptación, pero el cobro habÃa empezado. Después de aquella noche dejé de dormir en casa de mi madre y empecé a quedarme con distintos familiares. No pensaba que cambiar de lugar fuera a detener a la anciana, pero tampoco querÃa que siguiera acercándose a mi madre mientras yo estaba ahÃ. Durante esos dÃas procuré no quedarme solo y evité volver a la casa de mi abuelo, aunque la mujer siguió apareciendo. Algunas veces la veÃa desde una ventana o al otro lado de la calle Otras escuchaba primero su risa y después la encontraba esperando a cierta distancia. Siempre llevaba la moneda
8:33 de oro entre los dedos y siempre preguntaba lo mismo. Si ya estaba dispuesto a aceptar el pacto, yo le respondÃa que no y ella mencionaba a alguien de mi familia. Una vez dijo el nombre de mi hermana, otra vez el de mi madre y nunca aclaraba a quién iba a buscar primero. Esa forma de amenazarme terminó obligándome a pensar en todos al mismo tiempo, porque no sabÃa dónde iba a aparecer ni a quién podÃa alcanzar. Decidà regresar a la casa de mi abuelo para revisar los documentos que todavÃa quedaban ahÃ. Esta vez fui con un primo al que le conté que una mujer me habÃa atacado y que habÃa encontrado papeles relacionados con nuestra familia. No le hablé del pacto completo, solamente le dije que necesitaba revisar el cuarto y sacar todo lo que pudiera tener relación con mi abuelo. Entramos y buscamos entre sus cosas hasta encontrar un paquete escondido debajo de un cajón. Dentro habÃa documentos antiguos con nombres, firmas y anotaciones hechas por varias personas. Uno llevaba la firma de mi abuelo, otro la de su padre y habÃa varios más viejos. En ese momento entendà que mi abuelo no habÃa iniciado el acuerdo, lo habÃa recibido de alguien anterior y después habÃa hecho lo mismo conmigo. Entre los documentos, encontré una lista con nombres de familiares, algunos estaban marcados, otros tachados, y varios
10:07 correspondÃan a personas que habÃan muerto muchos años antes. Mi nombre aparecÃa al final junto a una nota. donde mi abuelo me señalaba como la persona elegida para ocupar su lugar. No decÃa que yo hubiera aceptado. Tampoco habÃa una firma mÃa. Y eso confirmaba algo que la anciana ya me habÃa dicho. PodÃan elegirme, pero el pacto solo continuaba si yo aceptaba. Mi primo estaba mirando los papeles cuando me preguntó qué significaban aquellas anotaciones. Antes de responder, escuchamos una risa afuera de la casa. y los dos dejamos de movernos. La anciana apareció cerca de la entrada. Mi primo preguntó quién era, pero ella no le respondió. Solo me miró a mÃ.
10:55 TenÃa una mano vendada y caminaba sin dificultad. Mi primo dio un paso hacia ella, y yo le pedà que se quedara donde estaba. La anciana le dijo que podÃa marcharse, que el asunto no era con él. Mi primo respondió que no pensaba dejarme solo. Entonces ella dijo el nombre completo de su madre. Ãl se quedó callado, no le dio ninguna explicación, solamente repitió que podÃa irse. Le pedà a mi primo que se marchara y esta vez aceptó. Salió de la casa sin discutir y cuando escuché el vehÃculo alejarse, me quedé solo frente a ella. Le pregunté por qué mi familia tenÃa que pagar una deuda que ninguno de nosotros habÃa iniciado. La anciana me respondió, que alguien de nuestra sangre habÃa aceptado el acuerdo, mucho antes de que naciera mi abuelo, y que cada generación habÃa decidido continuarlo, porque el pago era menor mientras alguien cumpliera.
11:54 Le pregunté qué entregaba mi abuelo, y dijo que unas veces eran objetos, otra sangre y otras cosas de la familia, pero que el valor estaba en cumplir con lo acordado. Le pregunté si existÃa alguna forma de terminar el pacto. Respondió que yo ya lo habÃa terminado cuando me negué, y que precisamente por eso habÃa comenzado el cobro. Mientras alguien aceptaba el trato, ella recibÃa pagos menores, y cuando nadie aceptaba, podÃa cobrar una vida de la familia cada año. Le pregunté cuántas personas pensaba matar. Dijo que una por año, hasta que yo aceptara ocupar el lugar de mi abuelo.
12:37 o hasta que ya no quedara nadie de la familia que pudiera hacerlo. Le respondà que no iba a aceptar una deuda que no era mÃa. Ella sonrió y dijo que eso no cambiaba la deuda. Después extendió una mano y me pidió que aceptara en ese momento. Yo habÃa llevado un cuchillo porque sabÃa que podÃa aparecer, asà que lo saqué y le advertà que no se acercara. La anciana soltó una carcajada y siguió avanzando. Intentó agarrarme del cuello y después lanzó una mano hacia mi cara. Levanté el brazo para cubrirme y sus uñas me abrieron varios cortes. La empujé y retrocedió unos pasos, pero volvió de inmediato y consiguió tirarme al suelo. Cayó encima de mà y trató de alcanzarme la cara. Giré la cabeza. Una de sus uñas me cortó la mejilla y sentà la sangre bajar por el cuello. Logré liberar una mano. Recuperé el cuchillo y la corté en la palma. Ella gritó, se apartó y yo me levanté para correr hacia la puerta, pero consiguió agarrarme por detrás y me clavó las uñas en el hombro. Caà de rodillas, me sujetó del cabello y me dijo que todo terminaba si aceptaba. Le respondà que no y cuando acercó la cara a la mÃa, alcancé a herirla en la pierna con el cuchillo. Me soltó y salà de la casa. Subà al vehÃculo y arranqué antes de que pudiera alcanzarme otra vez. La anciana
14:09 salió detrás de mà y se puso en medio del camino. Frené por un momento, pero ella no se apartó, asà que avancé. El vehÃculo la golpeó y cayó a un lado, pero seguà conduciendo. Cuando miré hacia atrás, ya estaba levantándose. Esa fue la última vez que intenté enfrentarla de esa manera. podÃa cortarla, hacerla sangrar y tirarla al suelo, pero nada de eso impedÃa que regresara. La moneda tampoco podÃa perderse. La arrojé lejos en más de una ocasión y siempre volvÃa a aparecer. Una vez la tiré en un terreno fuera del pueblo y dÃas después la encontré dentro de la habitación donde estaba durmiendo. La volvà a tirar y apareció otra vez entre mis cosas. Terminé guardándola con los documentos de mi abuelo, porque ya no tenÃa sentido seguir intentando deshacerme de ella. Pasaron varias semanas sin que nadie de mi familia muriera. La anciana seguÃa apareciendo y haciendo la misma pregunta, pero durante un tiempo no atacó a nadie.
15:17 Mi madre se quedó con mi hermana y algunos familiares empezaron a notar que algo estaba ocurriendo. Yo no les conté todo. Conservé los documentos y revisé los nombres de la lista varias veces, buscando alguna anotación que indicara una salida distinta. No encontré nada. Cada hoja repetÃa la misma idea. Alguien aceptaba, alguien pagaba y la familia quedaba fuera del cobro, mientras el acuerdo continuara. Entonces murió mi tÃo. HabÃa hablado con él poco antes y no me habÃa dicho que tuviera ningún problema. Lo encontraron solo en su casa con tres cortes profundos en el pecho. Cuando me avisaron, regresé al lugar donde estaba quedándome y encontré un papel debajo de la puerta. TenÃa una sola frase. El primer pago habÃa sido cobrado y junto al papel estaba la moneda de oro. Después de su muerte volvà a revisar los documentos y comparé los nombres con lo que mi madre recordaba.
16:21 Reconoció a varios familiares y también algunas marcas que mi abuelo utilizaba para anotar pagos. Ahà entendà por qué habÃa mantenido el pacto durante tantos años. No lo hacÃa para obtener algo. Lo hacÃa porque sabÃa qué ocurrÃa si dejaba de cumplir. Aún asÃ, aceptar significaba ocupar su lugar y mantener la misma obligación hasta mi muerte, para después dejarla en manos de otra persona. Por eso no acepté. La anciana empezó a aparecer con más frecuencia. Ya no hablaba demasiado. Llegaba, preguntaba si habÃa cambiado de decisión y esperaba mi respuesta.
17:01 Cuando decÃa que no, se reÃa y se marchaba. Algunas veces mencionaba a mi hermana y otras a mi madre. Una noche desperté con varios cortes en el pecho. No eran profundos, pero estaban recientes y yo habÃa estado solo. Después de eso dejé de buscar una explicación para la forma en que entraba. SabÃa que podÃa alcanzarme aunque cambiara de casa. La última vez que apareció se quedó afuera. Me preguntó si estaba listo para aceptar y le respondà que no. Entonces dijo el nombre de mi madre. Le advertà que la dejara fuera de aquello. Se rió y se marchó. Fui a ver a mi madre poco después y estaba bien. Entré a la habitación donde dormÃa y encontré la moneda de oro sobre su almohada, y mi madre me preguntó qué significaba. No tuve que revisar ningún documento, pues la anciana ya habÃa elegido a la siguiente persona.
18:02 Ahora no sé qué hacer porque es la vida de mi madre la que está en juego. Estoy pensando seriamente en aceptar el trato con la bruja.
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