Sept. 18, 2026

Todo Empezó Con Una BROMA.. Hoy Cobra Su DEUDA

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 No aceptes bromas de extraños a mitad de la noche. Yo acepté una hace poco más de tres años y todavía vivo con las consecuencias. Todo empezó durante mi primera semana como guardia nocturno, en un edificio corporativo que seguía en construcción. Una madrugada encontré un ascensor que no aparecía en ningún plano. Escuché a un hombre hablar desde el interior y pensando que algún compañero quería asustarme, le seguí el juego. Al día siguiente me convertí en millonario. Tres años después entendí que había comprado con ese dinero. Me llamó Julián. Cuando entré a trabajar ahí tenía deudas. Debía tarjetas, préstamos y varios meses de gastos atrasados. Mi esposa estaba embarazada de nuestro primer hijo y yo aceptaba cualquier turno extra porque necesitábamos dinero. El edificio aún no estaba terminado.

1:02 y según los planos, después del piso 12 solo había niveles técnicos, y no existía ningún piso 13. Una madrugada me enviaron a revisar los niveles superiores, porque varios sensores se habían activado. Subí solo y encontré un pasillo que nunca había visto. En la entrada había una placa con el número 13. Pensé que habían cambiado la numeración sin avisarnos, así que avancé hasta el fondo. y encontré un ascensor antiguo que tampoco aparecía en los planos. Pregunté por radio al supervisor si alguien estaba trabajando en esa zona. Me respondió que no, y después quiso saber de qué ascensor hablaba.

1:43 Mientras trataba de explicárselo, las puertas se abrieron solas, y dentro no había luz. Pensé que alguno de mis compañeros había preparado una broma hasta que escuché la voz de un hombre, pero no podía verlo. Me dijo que un hombre con tantas deudas no debería trabajar hasta esas horas y añadió que podía pedirle cualquier cosa porque esa noche era gratis. Me reí y le respondí que si de verdad podía darme lo que quisiera quería salir de la quiebra y las puertas se cerraron en cuanto terminé de hablar. Esperé unos segundos pero no pasó nada más. Llamé al supervisor y subió conmigo. El ascensor seguía al final del pasillo, aunque ya no abrió. Me aseguró que nunca lo había visto, y me preguntó si aquella puerta no podía ser parte de algún cuarto de mantenimiento. Yo sabía lo que había visto, pero no tenía una respuesta mejor. A la mañana siguiente, mi esposa me despertó, porque el banco llevaba varios minutos intentando localizarme. Había aparecido una cantidad enorme de dinero en mi cuenta. Fui a una sucursal convencido de que se trataba de un error, pero después de varias llamadas y revisiones, me explicaron que una antigua herencia había quedado detenida durante años por un problema legal y que una resolución reciente me reconocía como beneficiario. El dinero era mío, estaba a mi nombre y no tenía que devolverlo. Alcanzaba para pagar

3:15 todo lo que debía y todavía quedaba una cantidad que jamás habría reunido trabajando. Esa misma noche regresé al edificio y subí directo al piso 13. El ascensor seguía ahí. En la puerta habían marcado una fecha, exactamente tres años después de la noche anterior. Debajo había una sola palabra. Medianoche. Tomé varias fotografías y bajé al puesto de seguridad. Cuando las revisé, el pasillo aparecía en todas, pero en el lugar del ascensor solo se veía una pared. No le conté nada a mi esposa. pagamos las deudas compramos una casa y guardé gran parte del dinero yo seguí trabajando en el edificio aunque ya no lo necesitaba quería saber qué había pasado y sobre todo el por qué aquella fecha estaba en la puerta poco después nació mi hijo durante los primeros meses todo estuvo tranquilo mi esposa estaba bien el niño estaba sano y por primera vez dejé de pensar en cuentas vencidas Empecé a creer que quizá nunca volvería a pasar nada, pero tres meses después, a las tres de la mañana, las luces del piso 13 fallaron.

4:29 Cuando volvieron, había un hombre sentado junto a una pared. Llevaba un traje impecable, pero yo había revisado el lugar poco antes y sabía que no estaba ahí. Le pregunté quién era y no me respondió. Solo me felicitó por el nacimiento de mi hijo, pero yo nunca le había hablado de mi familia. El hombre siguió hablando con calma, me dijo que disfrutara el dinero y me recordó que el plazo seguía corriendo. Después se levantó y pasó junto a mí. Al verlo de cerca noté sus ojos, sus pupilas se estrechaban, se abrían y volvían a cambiar sin que la luz variara. Antes de irse me dijo que la próxima vez podía llevarle una fotografía del niño. Las luces fallaron de nuevo y cuando regresaron yo estaba solo.

5:19 Revisé las cámaras de seguridad y, en la grabación, aparecía hablando frente a un espacio vacío. Tres meses después volvió. Luego regresó otros tres meses más tarde. Siempre llegaba a la misma hora y yo nunca lo veía entrar. Las luces fallaban. Él aparecía y empezaba a hablar de cosas que no debía conocer. Sabía cuándo mi hijo se enfermaba, en dónde habíamos estado el fin de semana, cuánto dinero había gastado. y detalles de conversaciones que mi esposa y yo solo teníamos dentro de nuestra casa. En una de aquellas visitas, explicó lo que quería. Me dijo que el dinero no había sido un regalo, y que no pensaba cobrar con alguien que ya había vivido buena parte de su vida. Quería algo nuevo. Quería a mi hijo. Si lo llevaba al piso 13 antes de que venciera el plazo, yo podría marcharme, conservar el dinero y seguir viviendo. No contesté.

6:19 Sonrió de manera demoniaca y desapareció cuando volvieron a fallar las luces. Desde esa noche empecé a buscar ayuda. Fui con sacerdotes, curanderos, brujas, espiritistas y personas que aseguraban saber cómo romper pactos. Gasté miles. Muchos aceptaban escucharme hasta que les enseñaba la marca que había aparecido en mi pecho al cumplirse el primer año. Otros reaccionaban apenas la veían y me pedían que me fuera. Los médicos no encontraron una causa. La última mujer que consulté la observó durante unos segundos, dejó de hablar y comenzó a llorar. Fue la única que no quiso cobrarme. Me dijo que, por lo que entendía de aquella marca, el plazo ya estaba fijado y alguien tendría que pagar cuando llegara la fecha.

7:08 Creía que, si yo no entregaba al niño, vendrían por mí. Le pregunté si estaba segura. Respondió que nadie podía conocer por completo las reglas de algo así. Pero el contrato no iba a desaparecer, solo porque yo me negara a cumplirlo. Salí de su casa con una decisión tomada. Si alguien tenía que morir, sería yo. Yo había pedido el dinero, yo había aceptado el trato y mi hijo no tenía ninguna culpa. Durante los últimos meses dejé de buscar soluciones. y pasé todo el tiempo que pude con él, por las noches me quedaba junto a su cama mientras dormía, y pensaba en aquella madrugada, en lo fácil que habría sido seguir caminando, ignorar el ascensor y no responder a esa voz, dos meses antes de que venciera el plazo, el hombre del traje apareció por última vez, me preguntó si ya había tomado una decisión, le dije que sí, Sonrió y respondió que los padres siempre creen que pueden decidir cómo termina una historia, que empezó antes de que sus hijos pudieran defenderse. No entendí qué quiso decir, pero las luces se apagaron y cuando regresaron había desaparecido. Después de esa noche no volvió a presentarse. Yo seguí trabajando, seguí llegando a casa y seguí contando los días que faltaban.

8:33 Cada vez estaba más seguro de lo que iba a hacer. Cuando llegara la fecha, subiría solo al piso 13. Dejaría a mi esposa y a mi hijo lejos de ese lugar. Y si alguien tenía que pagar, sería yo. No volví a ver al hombre hasta la noche en que venció el plazo. Ese día me despedí de mi esposa sin contarle lo que iba a hacer. Le pedí que se quedara en casa con el niño y que no le abriera la puerta a nadie. Antes de salir, revisé las ventanas, cerré la entrada y corté la llave del gas. Luego conduje hasta el edificio con una sola idea. Si el plazo exigía una vida, entregaría la mía. Subí solo al piso 13. Llevaba la cruz que me había dado la última mujer que consulté. Me senté frente al ascensor y esperé.

9:23 Faltaban pocos minutos para medianoche, cuando las luces comenzaron a fallar. Las cámaras dejaron de responder y mi teléfono perdió la señal. Entonces, escuché pasos al fondo del pasillo. El hombre del traje apareció y caminó hasta detenerse frente a mí. Me preguntó dónde estaba el pago. Le dije que mi hijo estaba en casa y que el trato lo había hecho yo, y si quería cobrar una vida, podía llevarse la mía. Me temblaban las manos y me costaba mantener la voz firme, pero no retrocedí. preguntó si de verdad había pasado tres años creyendo en él. que yo podía decidir quién pagaba le repetí que dejara a mi familia en paz y se llevara mi vida pero sólo sonrió las puertas del ascensor se abrieron y no lo habían hecho desde la primera noche pensé que debía entrar pero me quedé donde estaba En ese momento, mi teléfono recuperó la señal y empezó a sonar. Era mi esposa. Contesté y escuché su voz entre llanto y el ruido de una ambulancia. Me dijo que había ocurrido una fuga de gas en la casa.

10:32 Tardé en responder porque yo mismo había cerrado la llave antes de salir. Luego dijo que nuestro hijo no respiraba y que los paramédicos intentaban reanimarlo. Miré al hombre del traje que seguía frente a mí. Mi esposa gritó mi nombre y detrás de ella escuché a alguien pedir que detuvieran la reanimación. El reloj llegó a medianoche y la llamada se cortó. Intenté marcar de nuevo pero el teléfono no respondió. Cuando levanté la vista, el hombre había desaparecido pero el ascensor seguía abierto. Desde el interior llegaron unos pasos pequeños que reconocí de inmediato. Mi hijo salió de la oscuridad con la misma ropa que llevaba cuando me despedí de él y estaba descalzo. Fui hacia él, pero se detuvo antes de salir por completo. Levantó la cara y vi sus ojos completamente negros. Lo llamé por su nombre, pero no me respondió. Sonrió y habló con la voz del hombre del traje. Me agradeció haber cuidado aquel piso durante tres años. Me llamó papá y dijo que ahora le tocaba cuidarme a mí. Corrí hacia la cabina, pero las puertas se cerraron antes de que pudiera alcanzarlo. Golpeé el metal e intenté abrirlas. Del otro lado, escuché la risa de mi hijo y, poco más tarde, la misma voz del hombre. El ascensor comenzó a bajar hasta que dejé de oírlo. Salí del edificio y conduje al hospital.

12:03 Mi esposa estaba ahí y nuestro hijo también, pero estaba muerto. Lo vi y toqué su mano. La fuga había ocurrido. aunque yo había cerrado el gas antes de salir, pero nadie encontró una causa clara. Pregunté por la fuga y me dijeron que había gas acumulado en la casa, aunque nadie entendía por qué todavía seguía saliendo con la llave cerrada. Mi esposa pensó que yo había cometido un error al revisar la instalación y no tuve valor para contarle lo ocurrido en el piso 13. Dos días después enterramos a nuestro hijo. Vi cerrar el ataúd y luego lo vi bajar a la tumba. Pensé que todo había terminado. Yo seguía vivo, el niño estaba muerto y el dinero continuaba en mi cuenta. No entendía por qué el hombre me había dejado salir del edificio, pero no quería buscar otra respuesta.

12:58 La respuesta llegó días más tarde. A las 3 de la mañana, escuchamos ruido en la entrada de la casa. Mi esposa se levantó y fui detrás de ella. Nuestro hijo estaba de pie en el pasillo, estaba descalzo y respiraba. Mi esposa gritó su nombre, corrió hacia él y lo abrazó. Yo no pude moverme. Había visto su cuerpo, había tocado su mano fría y lo había enterrado dos días antes. El niño me miró por encima del hombro de mi esposa. Llamamos a la policía y luego lo revisaron los médicos. Nadie pudo explicar de dónde había salido ni cómo había regresado. Reconocí a la casa, a su madre, a sus abuelos y sus juguetes. Recordaba palabras que usábamos con él. Sabía en dónde guardábamos sus cosas y conocía detalles que un extraño no podía saber. Para mi esposa, nuestro hijo había vuelto.

13:54 Después de tenerlo otra vez entre sus brazos, dejó de buscar explicaciones. Yo intenté aceptar lo mismo durante un tiempo. Comía, jugaba, dormía en su habitación, pedía las mismas cosas y me llamaba papá con la voz que yo conocía, y durante el día no hacía nada extraño. Tres meses después, me desperté a las tres de la mañana. El niño estaba sentado en una silla de nuestra habitación, mirándome. Mi esposa dormía a mi lado. Le pregunté qué hacía ahí, pero no me respondió, y sus pupilas empezaron a estrecharse. y a abrirse de la misma forma que las del hombre del piso trece. No me moví. Luego se levantó, salió del cuarto y regresó a su cama. A la mañana siguiente desayunó con nosotros y actuó con normalidad. Le pregunté si había entrado en nuestra habitación durante la noche, y me dijo que no. Tres meses después volvió, pero esa vez se sentó al borde de mi cama y habló con la voz del hombre. Me dijo que el contrato estaba cumplido, que el dinero era mío y que todavía me quedaban muchos años para gastarlo. Luego su voz cambió y volvió a ser la de mi hijo y me preguntó que íbamos a desayunar, pero no respondí. Regresó a su habitación y por la mañana actuó igual que siempre.

15:15 Desde entonces vivo con eso. Mi esposa cree que nuestro hijo regresó y yo ya no intento convencerla de lo contrario. Lo que vive con nosotros conoce sus recuerdos y sus hábitos. Come lo que comía, reconoce a la familia, recuerda su cumpleaños y sabe las canciones que su madre le cantaba antes de dormir. Cuando llego a casa, corre hacia mí y me abraza. Yo respondo al abrazo, pues no sé qué ocurriría si un día dejara de hacerlo. El edificio cerró poco después y más tarde comenzaron a demolerlo. Revisé los planos y el piso 13 nunca estuvo registrado y tampoco existía un espacio para aquel ascensor. No volví y la verdad ya no tenía sentido, pues lo que encontré ahí había terminado dentro de mi casa. El plazo venció hace meses y sigo vivo, y el dinero permanece en mi cuenta. Esa parte del trato se cumplió sin errores.

16:14 Mi esposa duerme tranquila porque cree que recuperó a nuestro hijo, pero yo duermo con la puerta abierta para escuchar cuando sale de su habitación. Cada tres meses, a las tres de la mañana, despierto antes de que llegue. Se sienta cerca de mí. A veces guarda silencio y otras me mira mientras sus pupilas cambian de forma. Luego regresa a su cuarto. Por la mañana vuelve a hablar, jugar y comer con nosotros. Nadie más nota la diferencia, pero yo sí. Pedí salir de la quiebra y recibí exactamente lo que pedí, pero nunca pregunté cuál sería el precio, y ahora lo conozco.

16:54 Sigo siendo millonario, pero mi hijo murió aquella noche. Vi su cuerpo, estuve en su entierro y sé en dónde está su tumba. Lo que vive en mi casa tiene su cara, su voz y sus recuerdos. Se sienta a nuestra mesa, duerme bajo nuestro techo y todavía me llama papá. Pero ya no tengo a mi hijo y lo que vive con nosotros no es él. Si te gustó este video, te recomiendo ir a ver La nómina del diablo y también El pacto que solo podía pagarse con sangre de mi familia.