Todo Empezó Con Una BROMA.. Hoy Cobra Su DEUDA
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0:05 No aceptes bromas de extraños a mitad de la noche. Yo acepté una hace poco más de tres años y todavÃa vivo con las consecuencias. Todo empezó durante mi primera semana como guardia nocturno, en un edificio corporativo que seguÃa en construcción. Una madrugada encontré un ascensor que no aparecÃa en ningún plano. Escuché a un hombre hablar desde el interior y pensando que algún compañero querÃa asustarme, le seguà el juego. Al dÃa siguiente me convertà en millonario. Tres años después entendà que habÃa comprado con ese dinero. Me llamó Julián. Cuando entré a trabajar ahà tenÃa deudas. DebÃa tarjetas, préstamos y varios meses de gastos atrasados. Mi esposa estaba embarazada de nuestro primer hijo y yo aceptaba cualquier turno extra porque necesitábamos dinero. El edificio aún no estaba terminado.
1:02 y según los planos, después del piso 12 solo habÃa niveles técnicos, y no existÃa ningún piso 13. Una madrugada me enviaron a revisar los niveles superiores, porque varios sensores se habÃan activado. Subà solo y encontré un pasillo que nunca habÃa visto. En la entrada habÃa una placa con el número 13. Pensé que habÃan cambiado la numeración sin avisarnos, asà que avancé hasta el fondo. y encontré un ascensor antiguo que tampoco aparecÃa en los planos. Pregunté por radio al supervisor si alguien estaba trabajando en esa zona. Me respondió que no, y después quiso saber de qué ascensor hablaba.
1:43 Mientras trataba de explicárselo, las puertas se abrieron solas, y dentro no habÃa luz. Pensé que alguno de mis compañeros habÃa preparado una broma hasta que escuché la voz de un hombre, pero no podÃa verlo. Me dijo que un hombre con tantas deudas no deberÃa trabajar hasta esas horas y añadió que podÃa pedirle cualquier cosa porque esa noche era gratis. Me reà y le respondà que si de verdad podÃa darme lo que quisiera querÃa salir de la quiebra y las puertas se cerraron en cuanto terminé de hablar. Esperé unos segundos pero no pasó nada más. Llamé al supervisor y subió conmigo. El ascensor seguÃa al final del pasillo, aunque ya no abrió. Me aseguró que nunca lo habÃa visto, y me preguntó si aquella puerta no podÃa ser parte de algún cuarto de mantenimiento. Yo sabÃa lo que habÃa visto, pero no tenÃa una respuesta mejor. A la mañana siguiente, mi esposa me despertó, porque el banco llevaba varios minutos intentando localizarme. HabÃa aparecido una cantidad enorme de dinero en mi cuenta. Fui a una sucursal convencido de que se trataba de un error, pero después de varias llamadas y revisiones, me explicaron que una antigua herencia habÃa quedado detenida durante años por un problema legal y que una resolución reciente me reconocÃa como beneficiario. El dinero era mÃo, estaba a mi nombre y no tenÃa que devolverlo. Alcanzaba para pagar
3:15 todo lo que debÃa y todavÃa quedaba una cantidad que jamás habrÃa reunido trabajando. Esa misma noche regresé al edificio y subà directo al piso 13. El ascensor seguÃa ahÃ. En la puerta habÃan marcado una fecha, exactamente tres años después de la noche anterior. Debajo habÃa una sola palabra. Medianoche. Tomé varias fotografÃas y bajé al puesto de seguridad. Cuando las revisé, el pasillo aparecÃa en todas, pero en el lugar del ascensor solo se veÃa una pared. No le conté nada a mi esposa. pagamos las deudas compramos una casa y guardé gran parte del dinero yo seguà trabajando en el edificio aunque ya no lo necesitaba querÃa saber qué habÃa pasado y sobre todo el por qué aquella fecha estaba en la puerta poco después nació mi hijo durante los primeros meses todo estuvo tranquilo mi esposa estaba bien el niño estaba sano y por primera vez dejé de pensar en cuentas vencidas Empecé a creer que quizá nunca volverÃa a pasar nada, pero tres meses después, a las tres de la mañana, las luces del piso 13 fallaron.
4:29 Cuando volvieron, habÃa un hombre sentado junto a una pared. Llevaba un traje impecable, pero yo habÃa revisado el lugar poco antes y sabÃa que no estaba ahÃ. Le pregunté quién era y no me respondió. Solo me felicitó por el nacimiento de mi hijo, pero yo nunca le habÃa hablado de mi familia. El hombre siguió hablando con calma, me dijo que disfrutara el dinero y me recordó que el plazo seguÃa corriendo. Después se levantó y pasó junto a mÃ. Al verlo de cerca noté sus ojos, sus pupilas se estrechaban, se abrÃan y volvÃan a cambiar sin que la luz variara. Antes de irse me dijo que la próxima vez podÃa llevarle una fotografÃa del niño. Las luces fallaron de nuevo y cuando regresaron yo estaba solo.
5:19 Revisé las cámaras de seguridad y, en la grabación, aparecÃa hablando frente a un espacio vacÃo. Tres meses después volvió. Luego regresó otros tres meses más tarde. Siempre llegaba a la misma hora y yo nunca lo veÃa entrar. Las luces fallaban. Ãl aparecÃa y empezaba a hablar de cosas que no debÃa conocer. SabÃa cuándo mi hijo se enfermaba, en dónde habÃamos estado el fin de semana, cuánto dinero habÃa gastado. y detalles de conversaciones que mi esposa y yo solo tenÃamos dentro de nuestra casa. En una de aquellas visitas, explicó lo que querÃa. Me dijo que el dinero no habÃa sido un regalo, y que no pensaba cobrar con alguien que ya habÃa vivido buena parte de su vida. QuerÃa algo nuevo. QuerÃa a mi hijo. Si lo llevaba al piso 13 antes de que venciera el plazo, yo podrÃa marcharme, conservar el dinero y seguir viviendo. No contesté.
6:19 Sonrió de manera demoniaca y desapareció cuando volvieron a fallar las luces. Desde esa noche empecé a buscar ayuda. Fui con sacerdotes, curanderos, brujas, espiritistas y personas que aseguraban saber cómo romper pactos. Gasté miles. Muchos aceptaban escucharme hasta que les enseñaba la marca que habÃa aparecido en mi pecho al cumplirse el primer año. Otros reaccionaban apenas la veÃan y me pedÃan que me fuera. Los médicos no encontraron una causa. La última mujer que consulté la observó durante unos segundos, dejó de hablar y comenzó a llorar. Fue la única que no quiso cobrarme. Me dijo que, por lo que entendÃa de aquella marca, el plazo ya estaba fijado y alguien tendrÃa que pagar cuando llegara la fecha.
7:08 CreÃa que, si yo no entregaba al niño, vendrÃan por mÃ. Le pregunté si estaba segura. Respondió que nadie podÃa conocer por completo las reglas de algo asÃ. Pero el contrato no iba a desaparecer, solo porque yo me negara a cumplirlo. Salà de su casa con una decisión tomada. Si alguien tenÃa que morir, serÃa yo. Yo habÃa pedido el dinero, yo habÃa aceptado el trato y mi hijo no tenÃa ninguna culpa. Durante los últimos meses dejé de buscar soluciones. y pasé todo el tiempo que pude con él, por las noches me quedaba junto a su cama mientras dormÃa, y pensaba en aquella madrugada, en lo fácil que habrÃa sido seguir caminando, ignorar el ascensor y no responder a esa voz, dos meses antes de que venciera el plazo, el hombre del traje apareció por última vez, me preguntó si ya habÃa tomado una decisión, le dije que sÃ, Sonrió y respondió que los padres siempre creen que pueden decidir cómo termina una historia, que empezó antes de que sus hijos pudieran defenderse. No entendà qué quiso decir, pero las luces se apagaron y cuando regresaron habÃa desaparecido. Después de esa noche no volvió a presentarse. Yo seguà trabajando, seguà llegando a casa y seguà contando los dÃas que faltaban.
8:33 Cada vez estaba más seguro de lo que iba a hacer. Cuando llegara la fecha, subirÃa solo al piso 13. DejarÃa a mi esposa y a mi hijo lejos de ese lugar. Y si alguien tenÃa que pagar, serÃa yo. No volvà a ver al hombre hasta la noche en que venció el plazo. Ese dÃa me despedà de mi esposa sin contarle lo que iba a hacer. Le pedà que se quedara en casa con el niño y que no le abriera la puerta a nadie. Antes de salir, revisé las ventanas, cerré la entrada y corté la llave del gas. Luego conduje hasta el edificio con una sola idea. Si el plazo exigÃa una vida, entregarÃa la mÃa. Subà solo al piso 13. Llevaba la cruz que me habÃa dado la última mujer que consulté. Me senté frente al ascensor y esperé.
9:23 Faltaban pocos minutos para medianoche, cuando las luces comenzaron a fallar. Las cámaras dejaron de responder y mi teléfono perdió la señal. Entonces, escuché pasos al fondo del pasillo. El hombre del traje apareció y caminó hasta detenerse frente a mÃ. Me preguntó dónde estaba el pago. Le dije que mi hijo estaba en casa y que el trato lo habÃa hecho yo, y si querÃa cobrar una vida, podÃa llevarse la mÃa. Me temblaban las manos y me costaba mantener la voz firme, pero no retrocedÃ. preguntó si de verdad habÃa pasado tres años creyendo en él. que yo podÃa decidir quién pagaba le repetà que dejara a mi familia en paz y se llevara mi vida pero sólo sonrió las puertas del ascensor se abrieron y no lo habÃan hecho desde la primera noche pensé que debÃa entrar pero me quedé donde estaba En ese momento, mi teléfono recuperó la señal y empezó a sonar. Era mi esposa. Contesté y escuché su voz entre llanto y el ruido de una ambulancia. Me dijo que habÃa ocurrido una fuga de gas en la casa.
10:32 Tardé en responder porque yo mismo habÃa cerrado la llave antes de salir. Luego dijo que nuestro hijo no respiraba y que los paramédicos intentaban reanimarlo. Miré al hombre del traje que seguÃa frente a mÃ. Mi esposa gritó mi nombre y detrás de ella escuché a alguien pedir que detuvieran la reanimación. El reloj llegó a medianoche y la llamada se cortó. Intenté marcar de nuevo pero el teléfono no respondió. Cuando levanté la vista, el hombre habÃa desaparecido pero el ascensor seguÃa abierto. Desde el interior llegaron unos pasos pequeños que reconocà de inmediato. Mi hijo salió de la oscuridad con la misma ropa que llevaba cuando me despedà de él y estaba descalzo. Fui hacia él, pero se detuvo antes de salir por completo. Levantó la cara y vi sus ojos completamente negros. Lo llamé por su nombre, pero no me respondió. Sonrió y habló con la voz del hombre del traje. Me agradeció haber cuidado aquel piso durante tres años. Me llamó papá y dijo que ahora le tocaba cuidarme a mÃ. Corrà hacia la cabina, pero las puertas se cerraron antes de que pudiera alcanzarlo. Golpeé el metal e intenté abrirlas. Del otro lado, escuché la risa de mi hijo y, poco más tarde, la misma voz del hombre. El ascensor comenzó a bajar hasta que dejé de oÃrlo. Salà del edificio y conduje al hospital.
12:03 Mi esposa estaba ahà y nuestro hijo también, pero estaba muerto. Lo vi y toqué su mano. La fuga habÃa ocurrido. aunque yo habÃa cerrado el gas antes de salir, pero nadie encontró una causa clara. Pregunté por la fuga y me dijeron que habÃa gas acumulado en la casa, aunque nadie entendÃa por qué todavÃa seguÃa saliendo con la llave cerrada. Mi esposa pensó que yo habÃa cometido un error al revisar la instalación y no tuve valor para contarle lo ocurrido en el piso 13. Dos dÃas después enterramos a nuestro hijo. Vi cerrar el ataúd y luego lo vi bajar a la tumba. Pensé que todo habÃa terminado. Yo seguÃa vivo, el niño estaba muerto y el dinero continuaba en mi cuenta. No entendÃa por qué el hombre me habÃa dejado salir del edificio, pero no querÃa buscar otra respuesta.
12:58 La respuesta llegó dÃas más tarde. A las 3 de la mañana, escuchamos ruido en la entrada de la casa. Mi esposa se levantó y fui detrás de ella. Nuestro hijo estaba de pie en el pasillo, estaba descalzo y respiraba. Mi esposa gritó su nombre, corrió hacia él y lo abrazó. Yo no pude moverme. HabÃa visto su cuerpo, habÃa tocado su mano frÃa y lo habÃa enterrado dos dÃas antes. El niño me miró por encima del hombro de mi esposa. Llamamos a la policÃa y luego lo revisaron los médicos. Nadie pudo explicar de dónde habÃa salido ni cómo habÃa regresado. Reconocà a la casa, a su madre, a sus abuelos y sus juguetes. Recordaba palabras que usábamos con él. SabÃa en dónde guardábamos sus cosas y conocÃa detalles que un extraño no podÃa saber. Para mi esposa, nuestro hijo habÃa vuelto.
13:54 Después de tenerlo otra vez entre sus brazos, dejó de buscar explicaciones. Yo intenté aceptar lo mismo durante un tiempo. ComÃa, jugaba, dormÃa en su habitación, pedÃa las mismas cosas y me llamaba papá con la voz que yo conocÃa, y durante el dÃa no hacÃa nada extraño. Tres meses después, me desperté a las tres de la mañana. El niño estaba sentado en una silla de nuestra habitación, mirándome. Mi esposa dormÃa a mi lado. Le pregunté qué hacÃa ahÃ, pero no me respondió, y sus pupilas empezaron a estrecharse. y a abrirse de la misma forma que las del hombre del piso trece. No me movÃ. Luego se levantó, salió del cuarto y regresó a su cama. A la mañana siguiente desayunó con nosotros y actuó con normalidad. Le pregunté si habÃa entrado en nuestra habitación durante la noche, y me dijo que no. Tres meses después volvió, pero esa vez se sentó al borde de mi cama y habló con la voz del hombre. Me dijo que el contrato estaba cumplido, que el dinero era mÃo y que todavÃa me quedaban muchos años para gastarlo. Luego su voz cambió y volvió a ser la de mi hijo y me preguntó que Ãbamos a desayunar, pero no respondÃ. Regresó a su habitación y por la mañana actuó igual que siempre.
15:15 Desde entonces vivo con eso. Mi esposa cree que nuestro hijo regresó y yo ya no intento convencerla de lo contrario. Lo que vive con nosotros conoce sus recuerdos y sus hábitos. Come lo que comÃa, reconoce a la familia, recuerda su cumpleaños y sabe las canciones que su madre le cantaba antes de dormir. Cuando llego a casa, corre hacia mà y me abraza. Yo respondo al abrazo, pues no sé qué ocurrirÃa si un dÃa dejara de hacerlo. El edificio cerró poco después y más tarde comenzaron a demolerlo. Revisé los planos y el piso 13 nunca estuvo registrado y tampoco existÃa un espacio para aquel ascensor. No volvà y la verdad ya no tenÃa sentido, pues lo que encontré ahà habÃa terminado dentro de mi casa. El plazo venció hace meses y sigo vivo, y el dinero permanece en mi cuenta. Esa parte del trato se cumplió sin errores.
16:14 Mi esposa duerme tranquila porque cree que recuperó a nuestro hijo, pero yo duermo con la puerta abierta para escuchar cuando sale de su habitación. Cada tres meses, a las tres de la mañana, despierto antes de que llegue. Se sienta cerca de mÃ. A veces guarda silencio y otras me mira mientras sus pupilas cambian de forma. Luego regresa a su cuarto. Por la mañana vuelve a hablar, jugar y comer con nosotros. Nadie más nota la diferencia, pero yo sÃ. Pedà salir de la quiebra y recibà exactamente lo que pedÃ, pero nunca pregunté cuál serÃa el precio, y ahora lo conozco.
16:54 Sigo siendo millonario, pero mi hijo murió aquella noche. Vi su cuerpo, estuve en su entierro y sé en dónde está su tumba. Lo que vive en mi casa tiene su cara, su voz y sus recuerdos. Se sienta a nuestra mesa, duerme bajo nuestro techo y todavÃa me llama papá. Pero ya no tengo a mi hijo y lo que vive con nosotros no es él. Si te gustó este video, te recomiendo ir a ver La nómina del diablo y también El pacto que solo podÃa pagarse con sangre de mi familia.
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