Todo Cambió Después De Una Sola Pregunta
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0:05 Accedà a jugar a la ouija con mi compañero de piso, usando un pedazo de cartón y un vaso de vidrio. Horas después estaba atrapado debajo de él, tratando de impedir que me arrastrara hacia el techo, y la única forma que encontré para conseguir que me soltara fue romperle dos dedos. VivÃa con Iván desde hacÃa varios meses. Nos llevábamos bien, compartÃamos los gastos, y cada uno hacÃa su vida sin meterse demasiado en la del otro. Una noche estábamos en la sala hablando de cosas sin importancia, cuando salió el tema de la ouija. Iván decÃa que todo aquello dependÃa de alguien moviendo el puntero y fingiendo que no lo hacÃa.
0:46 Yo pensaba casi lo mismo, asà que cuando propuso probarlo, acepté. No tenÃamos tablero, asà que tomó un pedazo de cartón. Escribió el alfabeto, los números, el sà y el no, y la palabra adiós. Luego fue a la cocina por un vaso pequeño. Lo colocamos boca abajo sobre el cartón y apoyamos un dedo cada uno. Al principio no pasó nada. Iván preguntó si habÃa alguien con nosotros y el vaso permaneció quieto. Repitió la pregunta, pero esta vez se movió unos centÃmetros. Los dos retiramos la mirada del cartón y nos vimos. Le dije que dejara de empujarlo, y él respondió que habÃa pensado exactamente lo mismo de mÃ. Seguimos porque ninguno querÃa admitir que aquello le habÃa incomodado. Hicimos más preguntas y el vaso volvió a desplazarse lentamente bajo nuestros dedos. Nunca salió disparado, ni hizo nada espectacular. Avanzaba poco a poco y se detenÃa. Eso nos permitÃa seguir pensando que el otro lo movÃa sin querer, o estaba alargando la broma. Iván hizo otras dos preguntas y el vaso respondió con movimientos cortos. Yo mantenÃa el dedo apenas apoyado, pendiente de cualquier presión que viniera de su lado, y él hizo lo mismo conmigo. En un momento levantamos las manos al mismo tiempo y el vaso quedó quieto. Eso nos tranquilizó un poco, porque todavÃa podÃamos atribuir todo al
2:19 contacto de nuestros dedos. En algún momento preguntamos si querÃa que continuáramos y el vaso fue hacia sÃ. Ahà se me quitaron las ganas. Retiré la mano y le dije a Iván que ya habÃa tenido suficiente. Ãl se rió, levantó también el dedo y dio por terminado el juego. Pero no llevamos el vaso hasta adiós ni hicimos ninguna otra cosa. Dejamos el cartón sobre la mesa con el vaso encima, apagamos la luz de la sala y cada uno se fue a su habitación. Antes de acostarme, revisé el teléfono durante un rato y traté de olvidarme del juego. No estaba asustado, pero sà estaba incómodo. Me molestaba no saber cuál de los dos habÃa movido el vaso. Cuando apagué la pantalla, el departamento quedó en silencio y terminé durmiéndome sin volver a pensar en el cartón. Me despertó un ruido que al principio no pude ubicar. Permanecà acostado, escuchando, hasta que volvió a sonar. Era un raspado breve. Después otro, con pausas irregulares entre uno y otro. Pensé que Iván se habÃa levantado y estaba moviendo algo en el pasillo.
3:29 Abrà la puerta, encendà la linterna del celular y miré hacia su cuarto. La puerta estaba abierta. Lo llamé una vez, pero no respondió. Asà que alumbré hacia adentro. Su cama estaba vacÃa y el raspado volvió a escucharse, y esta vez venÃa de arriba. Levanté el teléfono y lo vi. Iván estaba pegado al techo del pasillo con la espalda orientada hacia el suelo y las manos y los pies apoyados sobre la superficie. Todo su peso estaba sostenido por sus extremidades. No habÃa cables, muebles ni nada alrededor que pudiera mantenerlo ahÃ. Me quedé quieto, tratando de entender la posición de su cuerpo, hasta que dije su nombre. Giró la cabeza hacia mà y tenÃa los ojos completamente negros.
4:17 Lo llamé otra vez, pero no respondió. Movió primero una mano, luego un pie, y empezó a avanzar por el techo. Sus brazos y piernas cambiaban de posición a cada movimiento. Las articulaciones se doblaban demasiado, y de vez en cuando escuchaba un golpe seco. seguido por el roce de sus manos o sus pies. Yo retrocedà sin apartar la luz de su cara y le pedà que bajara. Continuó acercándose. Mientras retrocedÃa, mantuve la luz sobre él para no perderlo de vista. El teléfono me temblaba en la mano y seguà repitiendo su nombre, pero Iván no respondió ni se detuvo.
4:58 Cuando llegó al final del pasillo, apoyó las manos en la pared y giró el cuerpo. Bajó de cabeza con movimientos rápidos, manteniendo tres puntos de apoyo mientras adelantaba el cuarto. Yo seguà retrocediendo hasta quedar cerca de mi habitación. Iván alcanzó el suelo sobre manos y pies, se quedó inmóvil un segundo y levantó la cara. Sus ojos seguÃan negros. Entonces corrió hacia mÃ. Entré a mi cuarto e intenté cerrar la puerta, pero llegó antes. Metió un brazo entre la puerta y el marco. Me empujó con fuerza y me hizo perder el equilibrio. Caà de espaldas, pero antes de incorporarme, se lanzó encima de mà y me sujetó las muñecas contra el piso. Le grité que me soltara, giré un brazo, después el otro, pero no conseguà sacar ninguno.
5:47 Iván y yo tenÃamos una fuerza parecida en condiciones normales. pero en ese momento no podÃa moverlo. Empujé con las piernas y logré desplazarlo apenas unos centÃmetros. Sin embargo, se acomodó otra vez sobre mà y aumentó la presión de las manos. Le pregunté qué le pasaba y no me contestó de inmediato. Bajó la cara hasta quedar cerca de la mÃa y dijo que tenÃa que subir. CreÃa haber entendido mal, asà que le pregunté qué estaba diciendo. Repitió lo mismo, con la voz baja y sin soltarme. TenÃa que subir con él. Después empezó a tirar de mis brazos. Mi espalda se separó del suelo y sentà que los hombros me ardÃan por la tensión. Intenté apoyarme con los talones.
6:33 Patié y giré el cuerpo. Pero cada vez que una muñeca cedÃa un poco, él cerraba más los dedos. Logré plantar un pie contra el piso y empujé con toda la fuerza que tenÃa. Iván perdió el equilibrio durante un instante. y una de sus manos se deslizó de mi muñeca y terminó sujetándome por encima del codo. Mi mano derecha quedó libre, le golpeé el hombro y la cara, pero no me soltó el otro brazo. Volvió a inclinarse para inmovilizarme y entendà que, si recuperaba mi muñeca, iba a quedar atrapado de nuevo. Agarré dos dedos de la mano con la que me sujetaba y tiré hacia atrás. No querÃa hacerle daño, pero necesitaba abrir esa mano. Le grité que me soltara y seguà doblando, pero no cedió. Aumenté la fuerza hasta sentir que uno de los dedos se vencÃa.
7:26 Iván gritó y ese sonido sà era suyo. Su cara cambió durante un instante, pero la mano siguió cerrada sobre mi brazo. Tiré del segundo dedo con todo lo que pude y escuché un chasquido claro. El agarre desapareció. Iván retrocedió sobre las rodillas y miró su mano. Sus ojos volvieron a verse normales durante unos segundos. Me miró directamente y preguntó qué estaba pasando. Reconocà su voz, su expresión y la forma en que respiraba. Aproveché para apartarlo, me levanté y retrocedà hacia la puerta. Ãl seguÃa mirando los dedos, tratando de moverlos hasta que levantó la cabeza. La expresión se le endureció y sus ojos volvieron a oscurecerse, pero no esperé a que se pusiera de pie. salà de la habitación y corrà hacia la sala todo habÃa empezado ahà el cartón seguÃa sobre la mesa y el vaso todavÃa estaba encima entré a la sala fui directo a la mesa y agarré el vaso seguÃa boca abajo sobre el cartón en el mismo lugar donde lo habÃamos dejado detrás de mà escuché a Iván salir de mi habitación primero un golpe contra la pared y luego pasos rápidos por el pasillo Cuando apareció en la entrada, llevaba la mano lesionada pegada al pecho. TenÃa la respiración agitada y los ojos otra vez completamente negros. Dio un paso hacia mÃ.
8:55 Yo no sabÃa si romper el vaso iba a servir, pero era lo único que podÃa relacionar con lo que estaba pasando. Lo levanté y lo lancé contra el suelo con toda la fuerza que tenÃa. El vidrio se hizo pedazos. Iván se detuvo, perdió fuerza en las piernas y cayó de rodillas. Apoyó la mano sana en el piso y se quedó inclinado, respirando con dificultad. Yo seguà junto a la mesa sin acercarme. Esperé hasta que levantó la cabeza y sus ojos habÃan vuelto a la normalidad. Miró alrededor, bajó la vista hacia la mano lastimada y me preguntó qué le habÃa hecho. Le dije que no se moviera, tenÃa dos dedos deformados y ya comenzaban a hincharse. Volvió a preguntarme qué habÃa ocurrido. esta vez con la voz más alta. Le respondà que me habÃa atacado. Dijo que eso era imposible, que lo último que recordaba era haberse ido a dormir. Le dije que lo habÃa encontrado en el pasillo. Quiso saber en dónde y tarde un segundo en responderle y le dije que estaba en el techo iván se quedó callado le conté que se habÃa movido por encima de mà que habÃa bajado por la pared que habÃa corrido hasta mi habitación y que me habÃa sujetado contra el suelo negó con la cabeza y trató de levantarse pero el dolor de la mano lo obligó a sentarse otra vez Entonces vio mis muñecas. TenÃa marcas rojas alrededor de las dos, justo donde me habÃa agarrado.
10:27 Las observó unos segundos y dejó de discutir. Me senté frente a él, lejos de su alcance. No sabÃa si aquello habÃa terminado, asà que mantuve la vista en su cara mientras intentaba ordenar lo ocurrido. Iván seguÃa preguntando por su mano y al final le dije que habÃa tenido que doblarle los dedos para que me soltara. Bajó la mirada y trató de moverlos, pero se detuvo enseguida por el dolor. Me preguntó si los habÃa roto yo y le dije que sÃ. No respondió. Se quedó mirando la mano y yo entendà que, aunque todo lo demás terminara esa noche, eso iba a quedarse entre nosotros. Fuimos a urgencias.
11:09 En el camino acordamos decir que se habÃa caÃdo por las escaleras y habÃa apoyado mal la mano al intentar detenerse. En el hospital confirmaron que tenÃa dos dedos fracturados y se los inmovilizaron. Mientras esperábamos casi no hablamos. Iván preguntó una vez si de verdad lo habÃa visto en el techo y le respondà que sÃ. No volvió a tocar el tema hasta que salimos. Al regresar al departamento me pidió que le contara todo desde el momento en que me habÃa despertado. Lo hice sin adornarlo. Le dije que escuché un raspado. Salà al pasillo, encontré su cama vacÃa y levanté la luz del teléfono. Le expliqué cómo estaba colocado, cómo avanzó por el techo, cómo bajó por la pared y lo que me dijo cuando me tuvo atrapado. Cuando le repetà que querÃa que subiera con él, Iván dejó de mirarme y fijó la vista al frente, pero no me interrumpió. Entramos y fue directo al pasillo, luego levantó la cabeza. En el techo habÃa arañazos en el tramo donde yo lo habÃa visto avanzar y también cerca de la pared por la que habÃa bajado. Iván revisó sus pies y tenÃa varias uñas dañadas y pequeñas heridas en los dedos. Se sentó en el suelo y permaneció callado.
12:27 Ya no me pidió que demostrara nada. Después señaló la sala y me pidió que sacara de la casa el cartón y todos los restos del vaso. Recogà los pedazos, doblé el cartón y lo metà todo en una bolsa. Lo tiré ese mismo dÃa. Durante las semanas siguientes hablamos poco de lo ocurrido. Iván solo conservaba el recuerdo de haberse acostado y, más tarde, despertar en la sala con la mano lesionada. Yo tenÃa cada parte de aquella noche en la cabeza, y esa diferencia empezó a separarnos. Cuando lo veÃa pasar por el pasillo, volvÃa a verlo arriba. Cuando se sentaba cerca de mÃ, recordaba la presión de sus manos sobre mis muñecas. Y cada vez que veÃa los dos dedos inmovilizados, sabÃa exactamente cuándo se habÃan roto.
13:16 Iván nunca me acusó y yo tampoco intenté justificarme cada vez que el tema aparecÃa. Ya le habÃa contado lo que pasó. SabÃa que me estaba sujetando y que no conseguÃa liberarme. Aún asÃ, habÃa momentos en los que lo encontraba mirando la mano y la conversación se acababa. Ãl tenÃa dos fracturas que no recordaba haberse provocado. y yo era la única persona que podÃa decirle por qué estaban ahÃ. Unas semanas después me dijo que iba a mudarse con su hermano. Lo ayudé a sacar sus cosas y evitamos hablar del motivo. Cuando bajamos la última caja, regresó por una mochila, se quedó unos segundos junto a la puerta y me dijo que entendÃa por qué habÃa hecho lo que hice. No me dijo que estuviera bien y tampoco me pidió que me disculpara. Se miró la mano y luego se fue. Seguimos hablando durante un tiempo. Al principio nos escribÃamos cada pocos dÃas, luego cada varias semanas. Nunca hubo una discusión final. Simplemente dejamos de buscar razones para vernos.
14:20 Para Iván, yo era la persona que conocÃa unas horas de su vida que él habÃa perdido. Para mÃ, él seguÃa siendo mi amigo, pero también era el hombre que habÃa visto avanzar por el techo con los ojos negros y que después habÃa intentado levantarme del suelo. mientras me decÃa que tenÃa que subir con él. Esa imagen no desapareció cuando se mudó. Con el tiempo dejamos de llamarnos. Lo que más recuerdo no es el vaso rompiéndose ni los arañazos del techo. Es el momento en que le doblé el primer dedo. Iván gritó, su cara cambió y durante unos segundos volvió a ser él. Me miró sin entender dónde estaba, vio su mano y me preguntó qué estaba pasando. Luego levantó la cabeza y lo perdà otra vez.
15:08 Ese instante fue suficiente para saber que su cuerpo seguÃa sintiendo lo que yo le hacÃa, aunque él no pudiera controlarlo. Nunca supe cuánto alcanzó a recordar de esos segundos y tampoco se lo pregunté después. Ãl salió de aquella noche con dos dedos fracturados y se fue del departamento pocas semanas más tarde. Yo salà sin lesiones graves y pero sabiendo que habÃa tenido que romperle dos dedos a una persona que conocÃa para conseguir que me soltara. A veces vuelvo a pensar en el momento exacto en que tuve sus dedos entre los mÃos. Recuerdo haber dudado antes de hacer fuerza, porque sabÃa que, si seguÃa, iba a lastimarlo de verdad. Después pensé en el techo y tiré de ellos.
15:55 Esa decisión me sacó de debajo de él y también cambió nuestra amistad. Nunca volvimos a jugar ni intentamos repetir lo ocurrido. Iván se fue y con el tiempo dejamos de formar parte de la vida del otro. Lo único que todavÃa me pregunto es,¿ qué habrÃa ocurrido si aquella noche hubiera dudado unos segundos más, antes de romperle los dedos? Si te gustó este video, te recomiendo ir a ver Testimonio, jugué con la ouija y presencié una posesión. Y también la ouija abrió algo en mi casa y nunca se fue.
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