March 4, 2026

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0:05 Trabajo como taxista desde hace varios años, y la mayor parte de mi turno la hago de noche. Mucha gente piensa que manejar a esas horas es peligroso o incómodo, pero con el tiempo uno se acostumbra. La ciudad cambia cuando baja el tráfico, las avenidas se vuelven más silenciosas y los viajes suelen ser más largos, porque la gente que anda en la madrugada casi siempre viene de lejos, de bares, de trabajos nocturnos o de reuniones que terminan tarde. Para mí es más fácil moverme así y normalmente termino el turno con varios viajes buenos. Esa noche parecía tranquila, incluso más de lo normal. Ya llevaba varias horas manejando y estaba pensando en hacer uno o dos viajes más antes de regresar a mi casa. Había poco movimiento en las calles y las pocas personas que veía caminaban rápido hacia sus destinos. Recuerdo que estaba avanzando por una avenida con poca iluminación. Una de esas calles donde las lámparas del alumbrado están muy separadas y dejan tramos completos en sombra.

1:10 Fue ahí cuando lo vi. Había un hombre parado en la orilla de la calle, justo bajo uno de esos focos amarillos del alumbrado público. Lo que me llamó la atención de inmediato fue su ropa. Estaba vestido completamente de blanco. Llevaba una camisa blanca bien abotonada, pantalón blanco y unos zapatos claros que reflejaban la luz del poste. En medio de la oscuridad de la calle, resaltaba mucho como si estuviera iluminado. El hombre levantó la mano con calma para pedir el taxi. No hizo ningún gesto desesperado, ni trató de acercarse al coche como hacen algunos clientes cuando temen que uno no se detenga. Simplemente levantó la mano y esperó.

1:54 Yo reduje la velocidad y me acerqué hasta donde estaba parado. Cuando frené, el hombre caminó hacia la puerta trasera y la abrió con tranquilidad. Subió sin decir nada al principio. Cuando cerró la puerta, me dio una dirección en voz baja, con un tono muy tranquilo y firme. No parecía nervioso ni cansado. Hablaba como alguien que tiene muy claro a dónde va. Yo asentí y arranqué el taxi. Durante los primeros minutos, el viaje fue completamente silencioso, algo que suele pasar seguido en la madrugada. Hay pasajeros que prefieren ir callados, mirando el teléfono o simplemente descansando después de una noche larga.

2:35 Yo suelo intentar iniciar una conversación corta, más que nada para romper el hielo. Le pregunté si venía de alguna fiesta o de alguna reunión, sobre todo porque su ropa blanca parecía demasiado formal para esa hora de la noche. El hombre respondió que venía de una reunión importante. No dio más detalles, lo dijo con la misma voz calmada y luego volvió a quedarse en silencio. Seguimos avanzando varias calles sin hablar. Yo manejaba mientras observaba el camino y de vez en cuando lo miraba por el espejo retrovisor. El hombre iba sentado con la espalda recta y las manos juntas sobre las piernas, sin moverse mucho. Cada vez que levantaba la vista para verlo, encontraba la misma expresión seria en su rostro. Después de unos minutos volvió a hablar.

3:26 Dijo que muchas personas pasan la vida esperando que algo cambie, esperando que la suerte llegue por sí sola, pero que la mayoría de las oportunidades aparecen cuando una persona menos lo espera. Hablaba despacio como si estuviera explicando algo muy simple. Yo escuchaba mientras manejaba. pensando que quizá venía de algún evento o de alguna reunión de trabajo donde habían estado hablando de negocios o de cosas por el estilo. Luego mencionó que el destino muchas veces pone oportunidades frente a nosotros y que la mayoría de las personas no las reconoce por miedo o por desconfianza. Todo lo decía con un tono tranquilo, sin levantar la voz, como si fuera una conversación completamente normal. Mientras hablaba, yo lo observé otra vez por el espejo. Seguía en la misma posición, con la espalda recta y las manos apoyadas sobre las piernas.

4:22 No miraba mucho por la ventana y casi no cambiaba de postura. Su forma de hablar era calmada, pero algo en su actitud me parecía extraño, aunque en ese momento no sabría explicar exactamente qué era. Después de algunos minutos de camino, me pidió que cambiara la ruta. dijo que tomara una calle distinta a la que normalmente usaría para llegar al destino. Yo conocía bien la zona y sabía que había varias formas de llegar, así que no le di demasiada importancia. Giré donde me indicó y continué conduciendo. A partir de ese punto, las calles empezaron a verse más solitarias. Había menos casas, menos autos estacionados y las lámparas del alumbrado estaban todavía más separadas entre sí. En algunos tramos, el taxi avanzaba varios metros antes de pasar por otro poste de luz. El hombre siguió hablando con la misma calma. Dijo que muchas personas tienen miedo de lo que no entienden y que por esa razón dejan pasar oportunidades que podrían cambiar su vida. Comentó que algunas cosas aparecen solo una vez y que cuando eso ocurre hay que saber reconocerlas. Mientras hablaba, yo seguía conduciendo por aquellas calles cada vez más vacías. Después de varios minutos me pidió que me detuviera. Señaló una casa que estaba en una calle casi oscura, donde apenas llegaba la luz de un par de focos del alumbrado público. Frené el

5:53 taxi frente a la vivienda y miré alrededor por instinto. La zona estaba prácticamente desierta. No había gente caminando ni autos pasando en ese momento. Todo estaba muy quieto. Cuando detuve el taxi frente a la casa, El hombre vestido de blanco se quedó sentado unos segundos más. Pensé que estaba buscando dinero o revisando algo antes de bajar, pero en lugar de eso se inclinó un poco hacia adelante y me dijo que esperara un momento antes de marcharme. Habló con la misma voz tranquila que había usado durante todo el viaje. Luego repitió algo parecido a lo que había mencionado mientras veníamos en camino. Dijo que algunas oportunidades aparecen cuando una persona menos lo espera y que hay que saber reconocerlas cuando llegan. Después abrió la puerta del taxi con calma y bajó del vehículo. Cerró la puerta sin hacer ruido y comenzó a caminar hacia la casa que estaba frente a nosotros. Yo me quedé dentro del coche con el motor encendido, observando lo que hacía. La calle estaba casi completamente oscura y no se escuchaba movimiento en ninguna de las casas cercanas. Aquella vivienda en particular tenía las ventanas cubiertas con cortinas gruesas y apenas se alcanzaba a notar algo de luz en el interior. El hombre caminó hasta la puerta principal y tocó con suavidad.

7:19 No tardaron en abrir. La puerta se movió lentamente hacia adentro y él entró sin voltear hacia el taxi. Desde donde estaba estacionado alcancé a ver parte del interior de la casa durante unos segundos antes de que la puerta se cerrara. Lo que vi fue lo que realmente me dejó inquieto. Dentro había varias personas reunidas en la sala o en un cuarto grande que parecía conectado con la entrada. Todas estaban vestidas de blanco igual que el hombre que yo había llevado. Algunos llevaban camisas claras, otros túnicas largas, y otros ropa sencilla del mismo color. Había hombres y mujeres. Algunos estaban de pie cerca de las paredes, y otros estaban reunidos alrededor de algo que estaba colocado en el centro de la habitación. Lo que más me llamó la atención fue que varias de esas personas voltearon hacia la puerta justo en el momento en que el hombre entró.

8:14 Fue como si supieran exactamente a qué hora iba a llegar. Nadie parecía sorprendido por su llegada. Simplemente lo miraron entrar y luego volvieron a fijar la vista hacia el centro del cuarto. Desde el taxi no podía ver todo con claridad, pero alcancé a distinguir que, en medio de la habitación, había una mesa grande cubierta con una tela blanca que caía por los lados. Varias personas estaban paradas alrededor de esa mesa, formando una especie de círculo, mientras el hombre vestido de blanco caminaba hacia ellos. Uno de los que estaba más cerca de la mesa levantó la tela por un momento, como si estuviera acomodando algo o revisando lo que había debajo. Ese fue el instante en el que vi algo que todavía me cuesta explicar. Debajo de la tela había una forma que me provocó una sensación muy desagradable.

9:09 No pude distinguir exactamente qué era porque solo se vio durante un segundo, pero tenía una forma que me recordó a un cuerpo o a una figura humana acostada. No sé si era una persona o algún objeto con esa forma. pero lo que vi fue suficiente para que se me revolviera el estómago. El hombre al que yo había llevado se acercó al grupo sin hablar. Varias de las personas que estaban alrededor de la mesa levantaron las manos al mismo tiempo, como si estuvieran comenzando algún tipo de ceremonia o de reunión importante. No escuché palabras desde el taxi, pero el movimiento fue muy claro. Todos levantaron los brazos y miraron hacia la mesa cubierta. En ese momento, la puerta comenzó a cerrarse. La hoja de madera se movió lentamente hasta quedar completamente cerrada, y la escena desapareció de mi vista. Me quedé mirando la puerta durante varios segundos, sentado detrás del volante, tratando de entender lo que acababa de ver. La calle estaba completamente silenciosa. No había autos pasando ni personas caminando. Solo el sonido del motor del taxi y la luz débil del tablero iluminando el interior del vehículo. Miré nuevamente hacia la casa, esperando tal vez que alguien saliera o que la puerta se abriera otra vez.

10:29 Pero todo permaneció quieto. Sentí una incomodidad que no había sentido antes durante un viaje. Llevo años trabajando de noche y he visto muchas cosas raras. Personas borrachas, peleas, discusiones y clientes que dicen cosas extrañas. pero lo que acababa de ver dentro de esa casa era diferente. Había algo en esa escena que me dejó intranquilo. Me quedé unos segundos más estacionado frente a la vivienda. Pensé en irme de inmediato, pero una parte de mí seguía tratando de entender lo que había visto. La imagen de la mesa cubierta con la tela blanca seguía apareciendo en mi cabeza.

11:10 Finalmente puse el taxi en marcha. Giré lentamente y comencé a avanzar por la calle oscura hasta salir de esa zona. Mientras manejaba, no dejaba de pensar en la casa y en las personas vestidas de blanco reunidas alrededor de aquella mesa. Intenté convencerme de que, tal vez, se trataba de algún tipo de reunión religiosa o de un grupo que realizaba algún tipo de ceremonia espiritual. Hay muchas iglesias o grupos que se reúnen por la noche y realizan cosas que para otros pueden parecer extrañas. Pero, aún pensando eso, la imagen que había visto bajo la tela no dejaba de aparecer en mi mente. Seguí conduciendo durante varios minutos hasta regresar a una avenida donde había más luz y más movimiento.

11:56 Pasaron algunos autos y vi un par de personas caminando por la banqueta. Aún así, no pude dejar de pensar en lo que había pasado. En ese momento decidí algo. Ya no quería seguir trabajando esa noche. Apagué la aplicación de viajes, tomé el camino hacia mi casa y terminé el turno mucho antes de lo que había planeado. Mientras conducía de regreso, la escena dentro de aquella casa seguía repitiéndose una y otra vez en mi cabeza. Cuando llegué a mi casa, todavía estaba oscuro. La calle estaba vacía y apenas comenzaba a aclarar el cielo. Estacioné el taxi en el mismo lugar de siempre frente a la casa y apagué el motor. Me quedé unos segundos sentado dentro del vehículo antes de bajar, tratando de ordenar lo que había pasado durante el último viaje. No era la primera vez que llevaba a alguien a un lugar extraño en la madrugada. En este trabajo uno termina viendo muchas cosas raras.

12:55 Hay pasajeros que hablan solos, otros que se suben borrachos, otros que cuentan historias que parecen inventadas. Pero lo que había visto dentro de esa casa era diferente y no podía sacarlo de mi cabeza. La imagen de las personas vestidas de blanco reunidas alrededor de aquella mesa seguía apareciendo cada vez que cerraba los ojos. Bajé del taxi, entré a la casa y me preparé algo de comer porque no había cenado. Mientras estaba en la cocina, seguía pensando en lo mismo. Intenté distraerme viendo el teléfono un rato. Pero mi mente regresaba siempre a la escena que había visto cuando la puerta de aquella casa se abrió. Después de un rato me acosté para dormir. Al principio no pude.

13:41 Me quedé acostado mirando el techo mientras recordaba al hombre vestido de blanco hablando sobre la suerte, el destino y las oportunidades que aparecen cuando una persona menos lo espera. También recordé la forma en que todos los que estaban dentro de la casa levantaron las manos al mismo tiempo cuando él se acercó a la mesa. Tardé varios minutos en quedarme dormido. Cuando desperté, ya era de día. La luz entraba por la ventana y el ruido de algunos autos pasando por la calle indicaba que la ciudad ya estaba en movimiento otra vez. Me levanté, me preparé un café y salí para revisar el taxi antes de comenzar otro turno de trabajo. Es una costumbre que tengo desde hace años. Siempre reviso el interior del coche porque muchos pasajeros dejan cosas olvidadas. A veces son monedas, otras veces botellas, bolsas o papeles. En algunas ocasiones me han dejado teléfonos o carteras y siempre trato de devolverlas cuando es posible.

14:42 Abrí la puerta trasera del taxi y miré el asiento. Al principio no noté nada extraño. Pero cuando me incliné un poco, vi que sobre el asiento había una pequeña tarjeta blanca. Estaba colocada cerca de donde normalmente se sientan los pasajeros. Pensé que tal vez era alguna publicidad o una tarjeta que alguien había olvidado durante la noche. La tomé con la mano y la observé. Era una tarjeta pequeña, de papel grueso, completamente blanca. En la parte superior tenía un símbolo que no reconocí. Era una figura formada por varias líneas que se cruzaban entre sí, algo que parecía un dibujo o un emblema. Debajo del símbolo había una frase impresa. La frase hablaba sobre la fortuna y sobre las oportunidades que aparecen cuando una persona decide aceptar algo que el destino pone frente a ella. Cuando terminé de leer esa línea, sentí una incomodidad porque recordé de inmediato las palabras que el hombre vestido de blanco había repetido varias veces durante el viaje. Seguí leyendo. El texto decía que existía una organización que ofrecía prosperidad, protección y éxito a quienes aceptaran formar parte de ella. No mencionaba un nombre claro para el grupo. Solo hablaba de una organización que reunía a personas que entendían el verdadero valor de las oportunidades. En la parte inferior de la tarjeta había varias líneas más. Ahí aparecían indicaciones para llegar a un

16:16 lugar específico. Era una dirección acompañada de algunas referencias para encontrar el sitio con facilidad. Mientras leía esas instrucciones, empecé a sentir una presión en el pecho porque algo en esa información me resultaba demasiado familiar. Volví a leer las indicaciones con más atención. En ese momento entendí por qué me parecían conocidas. Las instrucciones llevaban exactamente al mismo lugar donde había dejado al pasajero vestido de blanco la noche anterior. Me quedé sentado dentro del taxi con la tarjeta en la mano. Durante varios minutos no hice nada más que mirarla. La frase sobre las oportunidades volvió a aparecer en mi cabeza, junto con la imagen del hombre sentado en la parte trasera del taxi, hablando con esa calma que tenía. En ese momento pensé en romper la tarjeta y tirarla a la basura. La idea de que alguien hubiera dejado eso dentro de mi taxi me parecía inquietante. También pensé que tal vez el hombre lo había hecho a propósito. como si hubiera querido que yo encontrara esa invitación después, seguí mirando la tarjeta unos segundos más, finalmente decidí no romperla, la doblé con cuidado y abrí la guantera del taxi, la guardé ahí junto con otros papeles del coche y cerré la tapa, no supe exactamente por qué decidí conservarla, tal vez por curiosidad o tal vez porque una parte de mí quería entender qué era realmente ese lugar, lo

17:48 que sí tenía claro era una cosa, Nunca regresé a esa casa. Durante mucho tiempo evité pasar por esa zona de la ciudad y cada vez que recordaba aquel viaje, sentía la misma incomodidad que sentí esa noche frente a la puerta de esa casa. La tarjeta siguió guardada en la guantera durante bastante tiempo. Nunca utilicé las indicaciones que estaban escritas en ella. Nunca intenté ir a ese lugar otra vez. Pero durante meses tuve la sensación de que alguien esperaba que volviera, como si aquel viaje no hubiera sido una coincidencia, como si aquella invitación hubiera estado dirigida específicamente para mí.