Feb. 12, 2026

Red De BRUJERÍA En Catemaco México Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Llegué a Catemaco después de manejar casi ocho horas desde la ciudad. Tomé un camión desde temprano porque quería llegar antes de que cerraran los locales del centro. Y aún así me encontré entrando al pueblo casi al anochecer. Había venido porque alguien me dijo que aquí podía encontrar un tipo de ayuda que no estaba buscando de manera consciente, pero que ya necesitaba. Mi negocio llevaba meses casi quebrado. Y yo misma sentía que estaba perdiendo el control de mi vida. Tenía 32 años y vivía en un departamento que apenas podía pagar. El negocio era una pequeña tienda de artesanías que abrí con un préstamo pensando que me iría bien.

0:47 Y al principio funcionó. Pero en menos de dos años empezó a caer. Busqué opciones tradicionales para mantenerlo a flote, pero ninguna funcionó. Fue entonces que una amiga me habló de Katemako y de la gente que ofrecía limpias, lecturas y rituales. Yo no buscaba eso, pero tampoco encontraba otra salida. Pensé que si hacía este viaje por lo menos sentiría que había intentado todo antes de cerrar definitivamente. Me hospedé en un hotel sencillo cerca del malecón. Dejé mi mochila y salí a caminar para conocer un poco el lugar. Vi la laguna desde lejos y me pareció enorme. Pregunté por la dirección de la mujer que buscaba y nadie se sorprendió al escuchar que venía por un servicio espiritual.

1:34 Me dijeron que la señora era conocida, que vivía en una casa sencilla cerca de un camino que subía hacia una zona con árboles más frondosos. Tomé un taxi para llegar más rápido y el conductor me dejó a unos metros de la casa. El lugar era modesto, con paredes de cemento sin pintura y una puerta de madera clara. Afuera había dos sillas de plástico y una maceta con una planta casi seca. Toqué la puerta y una mujer de unos 55 o 60 años salió sin preguntar quién era. Me observó con atención y me dijo mi nombre como si ya supiera que iría. Yo había hablado con una conocida que vivía en la zona y quizá ella le había dado mis datos. Asumí que había una explicación lógica. La mujer me pidió que pasara a una sala pequeña donde había una mesa, una vela blanca apagada y un vaso de agua que, según me explicó, ella siempre tenía ahí para las consultas. Me dijo que venía por lo de mi negocio casi quebrado. Sus palabras fueron tan exactas que tardé en responder, aunque intenté mantener la calma. Pensé que tal vez la amiga que me recomendó el viaje le había contado más detalles de los que yo creía. La señora habló con un tono seguro mientras me miraba de frente.

2:57 Dijo que no necesitaba contarle nada porque ella ya sabía lo suficiente. Me incomodó la forma en que lo dijo porque mencionó detalles que yo no había comentado con nadie del pueblo, como el número de empleados y el problema reciente con una renta atrasada. Me concentré en mantener una idea racional. Asumí que tal vez la amiga que me habló de ella había mencionado todo eso sin darse cuenta. Me dije que era posible que la mujer usara información previa para que yo creyera que tenía algún don especial. Me quedé sentada mientras la escuchaba describir la situación de mi negocio con precisión. Mencionó que llevaba semanas sin ventas constantes y que pasaba más tiempo cerrando que atendiendo clientes.

3:43 dijo que eso se podía limpiar si seguía las indicaciones de un ritual inicial que no era complicado pidió tres cosas una vela blanca, agua de la laguna y una fotografía del local afirmó que eso sería suficiente para hacer la primera parte del trabajo y que debía hacerlo al día siguiente yo asentí mientras intentaba organizar mis ideas me dijo que la vela podía conseguirse en cualquier tienda del centro que el agua debía tomarla directamente de la orilla y que la fotografía debía ser reciente. Cada indicación la dio con calma, como si fuera una rutina que hacía a diario. No me pidió dinero en ese momento y eso me tranquilizó un poco porque me dio la impresión de que estaba siendo honesta. Salí de ahí pensando que tal vez todo tenía una explicación lógica, aunque había un par de detalles que no lograba acomodar. Cuando regresé caminando hacia donde había bajado el taxi, pensé en la forma en que mencionó mis problemas económicos. No solo los describió, sino que también dijo cosas que yo no había comentado con nadie, como una oferta de compra del local que había rechazado hacía unos meses. Ese dato solo lo sabían dos personas en la ciudad y ninguna tenía relación con Katemako.

5:05 Empecé a justificarme diciendo que tal vez era una coincidencia. y que la mujer estaba adivinando basándose en cosas comunes que les pasan a quienes tienen negocios pequeños. Cualquiera que se dedica a estas prácticas puede usar frases que suenan acertadas para generar confianza. Regresé al hotel pensando en el ritual del día siguiente. Me acosté sin dudar del plan. Regresé a la casa de la mujer al día siguiente por la mañana. Había comprado la vela blanca en una tienda del centro. y había llenado una botella con agua de la laguna muy temprano. Llevaba también una fotografía reciente de mi local, impresa en papel normal, porque no encontré nada mejor en el hotel. El camino hacia la casa era el mismo del día anterior, con las mismas paredes sin pintura y las mismas macetas descuidadas. Toqué la puerta y la señora abrió casi de inmediato, como si ya supiera que estaba ahí. Me pidió que entrara y dejara mis cosas sobre la misma mesa donde me había atendido antes.

6:09 La mujer revisó la vela, la botella y la fotografía. Dijo que servirían para un primer movimiento de energía. Usó esa palabra, aunque yo no sabía exactamente a qué se refería. Encendió la vela sin hacer ningún tipo de ceremonia complicada. Solo la colocó frente a nosotros y después tomó la botella para ver el agua contra la luz. La fotografía la puso a un lado de la vela. Me pidió que me sentara y mantuviera las manos sobre mis piernas. La habitación estaba en silencio y solo se escuchaba el sonido de un ventilador pequeño que movía el aire de un lado a otro. Mientras la vela ardía, la mujer comenzó a hablar del interior de mi negocio con un nivel de detalle que me hizo sentir incómoda. Mencionó la mesa de madera que estaba cerca de la entrada y que tenía una pata floja desde hacía semanas. Dijo que el estante del lado derecho tenía tres figuras de barro que había cambiado recientemente porque ya no se vendían, y que la pared del fondo tenía humedad en la parte baja.

7:12 Esos detalles no aparecían en la fotografía que llevé. Eran cosas que solo alguien que hubiera estado dentro podría describir. Pensé que tal vez había conseguido fotos en internet, pero nunca publiqué imágenes actuales del local. La página de la tienda estaba abandonada desde hacía meses y las fotos más recientes no mostraban los cambios interiores. Intenté mantener la calma para no parecer molesta, pero sentía que cada detalle que mencionaba me apretaba el pecho un poco más. Ella continuó diciendo que la falta de ventas no tenía que ver con la ubicación ni con la publicidad, sino con una energía que se había acumulado entre los objetos. No entendía a qué se refería. Después me pidió que apagara mi celular.

8:00 Le dije que estaba en modo silencio, pero insistió en que quería que lo dejara completamente apagado cada vez que estuviera en su casa. Dijo que eso interfería con el proceso. Le hice caso porque no quería discutir y porque pensé que tal vez era parte de su metodología. Apagué el teléfono y lo guardé en mi bolso. Ella pareció más tranquila cuando lo hice y volvió a concentrarse en la vela, que seguía quemándose sin nada extraño en la flama. Cuando terminó el ritual, apagó la vela con los dedos, tomó la fotografía y la guardó en una caja pequeña que tenía debajo de la mesa. Dijo que la conservaría unos días para completar el trabajo. Me entregó la vela con la instrucción de no encenderla de nuevo hasta que ella me lo pidiera. Guardé la vela en mi bolsa y salí de la casa con la sensación de que la mujer había dicho demasiado sobre mi negocio como para tratarse de adivinanzas. Mientras caminaba por las calles de Catemaco rumbo al hotel, noté que varias personas me veían de manera directa.

9:03 No era una mirada casual. Eran miradas que se mantenían unos segundos más de lo normal. Pasé junto a un grupo de hombres sentados afuera de una tienda y escuché que detuvieron su conversación justo cuando me acerqué. No pude entender lo que estaban hablando antes, pero sí noté que cuando yo pasaba se quedaban callados y luego volvían a hablar cuando me alejaba unos metros. Me ocurrió lo mismo al pasar frente a una señora que barría la banqueta. Ella levantó la vista, me observó con atención y después volvió a lo suyo sin decir una palabra. No pensé en cosas sobrenaturales porque no era el tipo de razonamiento al que estaba acostumbrada. Más bien me pareció que la gente del pueblo se conocía entre sí y que tal vez hablaban de quienes visitaban a la bruja. Cuando llegué al hotel y abrí mi bolsa para acomodar las cosas, saqué la vela que había llevado al ritual. Noté que tenía marcas nuevas en la superficie, como si alguien hubiera raspado la cera con algún objeto fino. No eran marcas profundas, pero sí eran visibles en la parte lateral. Traté de recordar si la vela ya tenía esas líneas cuando la compré, aunque no estaba segura. Me quedé mirándola unos segundos, tratando de encontrar alguna explicación. Pensé que quizá la mujer la había manipulado durante el ritual, o que había movido la vela para acomodarla mejor. No imaginé nada fuera de lo normal, pero aún así me pareció extraño que no recordara haber

10:37 visto esas marcas antes. Guardé la vela de nuevo y me acosté en la cama del hotel mientras repasaba todo lo que había ocurrido durante el día. Recordé las miradas en la calle y la forma en que la gente detenía sus conversaciones cuando pasaba frente a ellos. Pensé en la precisión con la que la mujer había descrito mi negocio. Me pregunté si alguien del pueblo la ayudaba dándole información sobre los visitantes o si tenía contactos capaces de averiguar más de lo que aparentaban. Cerré la página del día con la duda de si realmente había ido ahí en busca de ayuda. o si había entrado sin darme cuenta en un lugar donde alguien ya sabía demasiado sobre mí.

11:20 Volví a la casa de la señora dos días después porque me dijo que el trabajo necesitaba continuidad. Había pasado esas 48 horas tratando de entender cómo sabía tantos detalles de mi negocio. Mi intención original era regresar solo para confirmar que todo tenía una explicación normal. La caminata desde el hotel se me hizo más larga que la primera vez porque iba pensando en cada una de las palabras que me había dicho. Llegué a la puerta y toqué. Ella abrió en cuanto levanté la mano como si estuviera atenta a mis pasos. Sin esperar respuesta, me indicó que pasara y me senté en el mismo lugar. Esta vez colocó un recipiente de vidrio lleno con agua. Lo puso frente a mí, acomodó la vela apagada a un lado y me dijo que quería que me quedara mirando el reflejo hasta que el agua dejara de moverse el interior de la casa estaba igual que siempre con ese ventilador que movía el aire hacia la mesa la luz entraba por una ventana pequeña así que el reflejo en el agua no era tan claro pero aún así podía ver la forma de mi rostro y parte del cuarto detrás de mí Me quedé observando la superficie mientras trataba de concentrarme en no parpadear tanto. Después de unos minutos, vi una sombra moverse detrás de mí dentro del reflejo. No era una figura definida, solo una mancha oscura que atravesó la parte superior del agua como si alguien hubiera pasado caminando

12:53 muy cerca de mi espalda. Giré la cabeza para ver qué era, pero no había nadie en esa parte del cuarto. Volví la vista al agua y la vi de nuevo. ahora más alargada, como si hubiera cruzado hacia la derecha. No sabía si era por la luz o por el movimiento del ventilador, pero sentí que había visto algo real. Mis manos se tensaron sobre mis piernas y la mujer notó mi reacción. Me pidió que siguiera mirando el agua sin mover la cabeza. Obedecí, aunque el corazón me latía más rápido. La sombra volvió a aparecer en el reflejo, esta vez más cerca de mi hombro. No era una silueta de persona, pero sí ocupaba un espacio lo bastante grande como para notarse. No quise moverme, solo seguí mirándola hasta que desapareció. La mujer tomó nota mental de todo sin preguntar nada en voz alta. Después de unos segundos me dijo que ya podía apartar la vista. Tomó el recipiente sin apuro y lo colocó a un lado de la mesa. Comenzó a interpretar lo que vio mientras yo trataba de entender si realmente había algo más que un juego de luz. Me habló de traiciones dentro de mi negocio y mencionó nombres de dos personas que conocía bien.

14:11 Una empleada que había renunciado hacía unos meses y un cliente que solía comprar seguido en la tienda. Los dijo con exactitud, sin dudar. afirmó que ambos habían hablado mal de mí y que eso había perjudicado mi trabajo desde antes de que yo me diera cuenta me quedé impactada porque no había forma de que ella supiera esos nombres eso no estaba en ninguna red social ni en ninguna publicación vieja ni en conversaciones que pudieran haberse filtrado eran datos que pertenecían a problemas internos que muy poca gente conocía Ya no estaba pensando en rituales ni en energías, sino en la posibilidad de que la mujer tuviera acceso a información que no debía tener. Comencé a pensar si alguien del pueblo podía estar recabando datos sobre mí, o si la señora tenía alguna red de personas que la ayudaban a obtener información de quienes la visitaban. Sentí que cada cosa que decía encajaba demasiado bien como para ser coincidencia.

15:14 La mujer siguió hablando con calma. sin levantar la voz y sin agregar detalles innecesarios. Solo mencionó hechos que yo conocía, lo que hacía más difícil encontrar una explicación racional. Cuando salí de la casa, mi cabeza estaba llena de preguntas. Caminé hacia el centro para comprar algo de comer y noté que un joven me seguía. Al principio pensé que solo iba en la misma dirección, pero después de varias cuadras me di cuenta de que mantenía la misma distancia detrás de mí. Cada vez que volteaba la vista hacia un escaparate para simular que veía algo, él también reducía la velocidad. No parecía un ladrón ni un turista. Era alguien del pueblo con ropa sencilla y una mochila cargada en un solo hombro. Intenté perderlo metiéndome en una tienda de recuerdos, pero se quedó afuera. Salí por otra puerta del local y tomé un camino distinto para regresar al hotel.

16:12 Al llegar, me detuve un momento en la recepción para observar si el joven todavía estaba cerca, pero no lo vi. Subí a mi cuarto y me senté en la cama con la sensación de que mi visita ya no era solo para recibir ayuda espiritual. Me pregunté si la bruja tenía personas vigilando a sus clientes. Pensé en la forma en que la gente del pueblo se quedaba callada cuando yo pasaba. Recordé la lista de nombres que mencionó durante el ritual y la exactitud con la que describió ciertas situaciones del negocio. Todo eso me hacía creer que había algo más allá de simples rituales. Horas después, cuando el sol ya se había escondido, recibí un mensaje en el celular de la mujer pidiéndome quedarme unos días más en Catemaco.

16:58 Dijo que faltaban tres rituales y que la parte más importante estaba por empezar. Afirmó que mi suerte estaba a punto de cambiar. Leí el mensaje varias veces mientras pensaba si debía quedarme o regresar a la ciudad. No sabía si confiar en ella o alejarme. Cerré el día con la sensación de que ya no podía distinguir si la mujer realmente quería ayudarme o si yo era parte de algo que no podía ver por completo, como si hubiera entrado en un lugar donde cada movimiento era observado sin que yo lo notara. Volví a la casa de la mujer esa misma tarde porque quería aclarar algunas cosas antes de decidir si continuaba con los rituales. Ella me pidió que la esperara un momento en una habitación contigua mientras preparaba algo en la mesa principal. La habitación era pequeña, con un estante de madera lleno de frascos, papeles doblados y libretas viejas. No tenía intención de revisar nada, solo estaba viendo a mi alrededor para distraerme. Pero una de las libretas estaba abierta sobre una mesa baja. Me acerqué sin pensar, más por curiosidad que por morbo. Al principio vi hojas llenas de nombres escritos a mano con una letra apretada. Cada nombre estaba acompañado de una dirección y una serie de anotaciones sobre rutinas diarias. Eran datos muy específicos.

18:24 La hora en que una persona salía de su casa. el trayecto que seguía para llegar al trabajo, las visitas que recibía los fines de semana. Había nombres repetidos varias veces, como si la mujer hiciera seguimiento diario de cada uno. Pasé la hoja y encontré otra lista similar, con descripciones de familias del pueblo, negocios locales y pequeñas anotaciones sobre clientes. Me sorprendió la cantidad de información. No parecía una agenda de clientes, sino un registro detallado de las vidas de muchas personas. Seguí pasando hojas sin saber exactamente por qué lo hacía, hasta que de pronto vi mi nombre escrito con claridad. Sentí algo en el estómago. Mi nombre completo estaba subrayado y a un lado aparecían datos que no recordaba haber mencionado. Decía que mi negocio estaba a punto de cerrar. Lo cual era cierto, pero también había anotaciones sobre mis movimientos bancarios, incluyendo un retiro reciente que hice para cubrir una deuda. Estaba escrito incluso el nombre de un proveedor con el que había tenido una discusión por un pedido atrasado. Eran datos que yo no había compartido con nadie de Catemaco. Verlos ahí me dio un mareo.

19:44 Me quedé quieta mirando la libreta, tratando de recordar si había mencionado algo de eso en la conversación anterior, pero estaba segura de que no. Había sido cuidadosa. No entendía cómo había llegado esa información a sus manos. Seguí leyendo y encontré una nota que decía que yo había pensado en vender el negocio hacía tres meses, pero que lo descarté porque temía perder todo. Esa información solo la había comentado con una amiga de mucha confianza, y ella vivía en otro estado. Sentí un escalofrío en la espalda, aunque traté de mantener la calma para razonar lo que estaba viendo. Pensé que quizá alguien había conseguido mis datos personales por internet.

20:29 Pero ver detalles tan específicos sobre decisiones que solo existían en conversaciones privadas me hizo sentir observada desde antes de llegar al pueblo. Estaba pasando otra hoja cuando escuché pasos acercándose. No tuve tiempo de alejarme de la mesa. La mujer entró al cuarto y me encontró mirando la libreta. Su expresión no fue de sorpresa ni de molestia. Solo me dijo que no debía buscar explicaciones terrenales a lo que no podía controlar. No levantó la voz ni intentó quitarme la libreta de las manos. Se quedó mirándome como si esperara mi reacción. Yo cerré la libreta sin decir nada y la dejé exactamente en el mismo lugar donde la encontré.

21:12 Sentí un peso en el pecho porque su presencia me pareció más imponente que antes. Ella continuó hablando con su tono habitual. Dijo que sabía que yo estaba dudando y que había considerado regresar a mi ciudad esa misma mañana. Mencionó la hora exacta en que llegué al hotel el día anterior. Dijo que crucé el malecón a las 6 con 22 y que entré por la puerta lateral porque no quería pasar frente al restaurante donde había mucha gente. Esa ruta solo la conocía yo. Nadie me había seguido hasta el hotel, al menos no que yo hubiera notado. Escucharla decirlo con tanta seguridad me produjo un miedo distinto, uno que no pude esconder. Ella observó mi reacción y dijo que los procesos que iniciaba con sus clientes necesitaban confianza, no vigilancia de su parte. Cuando salí de la casa, caminé por la calle principal y noté que algunas personas me miraban con más insistencia que los días anteriores. Dos mujeres que estaban frente a una tienda se quedaron observándome hasta que pasé frente a ellas. Un hombre sentado en una banca murmuró algo al oído de otro cuando me vio. No escuché lo que dijo, pero vi que me siguieron con la mirada mientras avanzaba. No parecía casualidad. Llegué al hotel con la intención de empacar mis cosas y salir esa misma noche. Me senté en la cama y traté de organizar mis pensamientos. Me pregunté si todo era una estrategia

22:42 de manipulación psicológica o si yo estaba exagerando por el cansancio y la presión de los últimos meses. Sentía la necesidad de irme. pero también una sensación de que debía quedarme para entender qué estaba pasando realmente. Cerré el día sin tomar una decisión. Me quedé mirando mi mochila semivacía mientras pensaba si lo mejor era dejar Katemako de inmediato, o si ya estaba demasiado involucrada en algo que no comprendía y que parecía estar diseñado para que no pudiera salir tan fácilmente. Regresé a la casa de la mujer al día siguiente porque quería terminar con los compromisos que ya había aceptado. Me dije que mientras más rápido cumpliera con los rituales, más pronto podría irme de Catemaco. Cuando llegué, noté algo que antes no había visto. Varias personas del pueblo estaban reunidas afuera de la casa. No estaban conversando entre sí, solo esperaban. Algunos tenían los brazos cruzados, otros miraban hacia la puerta como si aguardaran instrucciones. Al pasar junto a ellos, sentí sus miradas fijas, pero nadie dijo nada.

23:52 Abrí la puerta con la mano temblorosa y entré sin hacer ruido. La mujer ya me esperaba en la misma mesa donde había hecho los dos rituales anteriores. Esta vez había colocado una pieza de tela oscura, un pequeño cuenco con agua y la vela blanca que había usado conmigo el primer día. Frente a la vela había un espacio vacío. Me pidió una prenda personal que usara con frecuencia. No explicó el motivo, solo dijo que era necesaria para limpiar mi camino. Dudé un momento antes de sacar una pulsera que había llevado durante años. Me miró con atención cuando la coloqué sobre la mesa como si confirmara que era el objeto que necesitaba. Encendió la vela y movió el cuenco con agua hacia mí. Me pidió que me sentara cerca de la mesa y que no apartara la vista de la pulsera. La casa se quedó en silencio. El ventilador no estaba encendido esa mañana y no se escuchaban ruidos de la calle. La quietud era tan marcada que sentí que mi respiración se volvía más lenta por pura tensión.

24:56 La mujer comenzó a hablar. No recitó nada extraño. Solo empezó a describir decisiones que yo había pensado en los últimos días. Habló de mi idea de cerrar la mitad del negocio para ahorrar renta y de la posibilidad de vender parte del inventario a un comprador que me había contactado hace meses. Me quedé inmóvil mientras escuchaba cada palabra. La forma en que mencionaba decisiones tan íntimas me hizo sentir expuesta. No sabía si alguien había investigado mi vida desde antes de llegar al pueblo o si hablaba basándose en suposiciones. Pero cada frase coincidía con cosas que había analizado sola en mi departamento y que no había compartido con nadie. Mientras la vela ardía, la habitación siguió completamente en silencio. La mujer tomó la pulsera y la pasó sobre el cuenco de agua. Dijo que el objeto tenía que desprender las cargas que arrastraba conmigo. Solo quería que terminara.

25:54 El ambiente era tan tenso que sentí que estaba siendo empujada a aceptar lo que ella decía, aunque no estuviera de acuerdo con nada. Tuve la impresión de que ya no importaba lo que yo pensara. De pronto escuché pasos afuera de la casa. No eran pasos rápidos ni fuertes. Eran pasos constantes, como si varias personas se movieran en el mismo punto sin avanzar. La mujer no reaccionó y siguió concentrada en el ritual. Yo sí me puse rígida porque recordé a la gente reunida afuera. Quise asomarme por la ventana, pero no me atreví a moverme sin que ella lo notara. El sonido continuó varios minutos hasta que se detuvo. La mujer tomó la pulsera, la puso frente a mí y dio por terminado el ritual, como si no hubiera ocurrido nada afuera. Cuando salí de la casa, vi nuevamente a varias personas reunidas. Ya no estaban dispersas como al llegar. Ahora formaban una línea irregular frente a la puerta. Algunos estaban de pie mirando hacia mí de forma directa. Otros tenían la mirada baja, aunque levantaban la vista cuando yo avanzaba. No hablaban ni hacían ningún gesto.

27:07 se mantenían quietos, atentos. Observé que entre ellos había una señora que había visto en el mercado, un hombre que vendía frutas en la orilla de la carretera y un joven que había notado detrás de mí el día anterior. Ninguno se movió mientras yo caminaba hacia la salida de la calle. Lo único que escuchaba era el sonido de mis propios pasos sobre el pavimento. Avancé sin mirar atrás porque no quería confirmar si seguían observándome. Me daba miedo. Caminé rápido hasta llegar a una esquina donde ya no podía ver la casa. Me detuve un momento y traté de respirar con calma, pero sentía que el pecho me ardía por la tensión acumulada. Regresé al hotel con la sensación de que la mujer tenía un control que iba más allá de simples rituales. Pensé si era magia o manipulación, pero ninguna explicación me daba tranquilidad. Lo único que tenía claro era que algunos del pueblo parecía seguir la voluntad de la bruja, ya fuera por miedo o por costumbre.

28:12 Cerré el día sin encontrar una salida clara. Me quedé sentada en la cama con la pulsera en la mano. Pensando que cada paso que daba en Catemaco parecía vigilarse desde algún lugar que yo no podía ver. Solo sabía que ya no podía ignorar que la mujer tenía un alcance que no había imaginado cuando llegué en busca de ayuda. Decidí que debía irme de Katemako a primera hora. No quería esperar otro mensaje de la bruja, ni otro ritual, ni otra reunión de gente afuera de su casa. Dormí muy poco porque pasé varias horas escuchando cada ruido del pasillo del hotel. Cuando el cielo apenas comenzaba a aclararse, me levanté y guardé mis cosas sin hacer ruido. Evité encender la luz para no llamar la atención. Tomé mi mochila.

29:00 la pulsera que había usado en el ritual y la botella de agua que aún tenía en la mesa. Bajé las escaleras con la intención de pedir un taxi en cuanto pisara la recepción. Antes de agarrar la manija de la puerta de mi cuarto, escuché un roce en el piso del pasillo. No era un paso, solo un sonido leve como si alguien hubiera empujado un objeto. Cuando abrí la puerta, encontré un papel en el suelo. Era un pedazo de hoja arrancada de una libreta y tenía una frase escrita a mano. Todavía no ha terminado. No había símbolos, ni dibujos, ni nombres. Solo esa frase con letra firme. Me quedé de pie unos segundos mirando el papel porque no entendía cómo había llegado ahí sin que yo escuchara a la persona que lo dejó. Lo guardé en mi bolsa y bajé las escaleras tratando de convencerme de que era solo una forma de intimidación de la bruja. En la recepción pedí un taxi en voz baja. El empleado dijo que llamaría a un chofer conocido de la zona.

30:03 Me esperé afuera porque no quería seguir dentro del hotel. Mientras esperaba, Vi a dos personas del pueblo paradas en una esquina. Estaban inmóviles mirando hacia donde yo estaba. No hablaban ni hacían gestos, solo observaban. Me mantuve de pie mirando hacia la calle para no sentir la presión directa de sus ojos sobre mí. El taxi llegó después de unos minutos y me subí sin saludar. Le pedí que me llevara directo a la carretera. El chofer asintió y arrancó. Durante el trayecto, noté que el chofer revisaba el retrovisor cada pocos segundos. Al principio pensé que era su forma de conducir, pero después me di cuenta de que no estaba vigilando la calle. Estaba mirándome a mí. Mantenía los ojos en el espejo durante lapsos largos. No desviaba la vista hacia los costados ni hacia la parte trasera del vehículo.

30:58 solo hacia donde yo estaba sentada. Me acomodé en el asiento para evitar su mirada, pero cada vez que levantaba la vista lo encontraba mirándome otra vez. No dije nada porque no quería iniciar una confrontación. Me limité a mirar por la ventana mientras avanzábamos. El taxi salió del área urbana y tomó el camino que conducía hacia la carretera principal. Cuando por fin dejamos atrás las últimas casas, sentí un alivio momentáneo, aunque la tensión seguía en mi cuello y en mis manos, estaba muy trenzas. No sabía si realmente estaba escapando de algo o si solo estaba reaccionando al miedo acumulado de los últimos días. No podía asegurar que hubiera magia en lo que viví, pero tampoco podía descartar la sensación de que alguien tenía acceso a partes de mi vida que yo no había compartido. Mientras la carretera se extendía frente a mí, acepté que no tenía una respuesta.

31:57 No sabía si la bruja usaba información obtenida de formas que yo no podía ver o si realmente tenía un alcance que no se explicaba con lógica. Terminé el viaje sin poder distinguir si todo había sido manipulación extrema o algo que iba más allá de mi comprensión. Lo único que supe con certeza fue que Katemako quedó atrás, pero la idea de que alguien conocía cada paso que di durante esos días me daba mucho miedo.