Pacto Incompleto: ¿Habrá Valido La Pena Sacrificar A Su Familia? - Historias De Terror - REDE
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0:05 Me llamo Esteban Salazar. Vivo solo desde hace años y no tengo hijos. No llegué a eso por gusto ni por una idea rara que se me metió en la cabeza. Llegué por lo que vi en mi familia y por lo que crecà oyendo dentro de mi casa. Lo que voy a contar no lo digo como una historia para impresionar a nadie. Lo digo como lo recuerdo y como me lo repitieron durante años las personas que lo vivieron antes que yo. Una parte la vi con mis propios ojos. Otra la escuché tantas veces, siempre de la misma forma, que terminó ocupando un lugar fijo en mi vida. En mi casa no se hablaba de esto como de una leyenda, se hablaba como de una deuda que se habÃa quedado abierta y que seguÃa cobrando. Todo empezó con mi abuelo Julián.
0:53 Cuando yo era niño, en mi casa se hablaba de él con miedo, no porque hubiera sido un hombre especialmente cruel. ni porque a todos les gustara exagerar lo que hizo, sino porque sabÃan que habÃa tomado una decisión que arrastró a los demás. Mi padre lo decÃa de forma directa cuando ya estaba cansado de callarse. El problema de la familia comenzó el dÃa en que mi abuelo fue a buscar ayuda donde no debÃa. Mi abuela lo decÃa más bajo, pero decÃa lo mismo. Según ella, todo se echó a perder desde que él decidió pedir una salida fácil para un problema que tenÃa que resolver de otra manera. Mi abuelo estaba endeudado, tenÃa problemas con la tierra, con la casa y con la presión de sacar adelante a su familia.
1:39 Eso yo no lo vi, pero en mi casa se repitió siempre igual. Un conocido lo llevó con tres mujeres que hacÃan trabajos para la gente de la región. A esas mujeres nunca se les llamó de otra forma. En mi familia les decÃan brujas, sin rodeos y sin burlas. Mi abuelo fue con ellas porque ya no encontraba salida. QuerÃa conservar lo suyo, detener la ruina y volver a poner de pie a la familia. Mi padre decÃa que fue por miedo a perderlo todo. Mi abuela decÃa que fue por orgullo, porque no soportaba haberse vencido. Pero tal vez fueron las dos cosas. Yo no estuve ahà y no voy a fingir que sÃ. Lo que sé de esa noche lo escuché de mi padre, de mi abuela y del mismo abuelo cuando tomaba de más y empezaba a hablar sin cuidado. Los tres coincidÃan en lo importante.
2:33 Mi abuelo llegó a esa casa, habló con las tres mujeres y aceptó un pacto. A cambio de salir de la ruina, sostener la tierra y levantar su casa, él tenÃa que volver después y cerrar lo que habÃa abierto. Esa palabra era la que más se repetÃa en mi familia, cerrar. El trato no terminaba el dÃa en que lo hacÃa, quedaba pendiente y habÃa un plazo, habÃa una condición y si ese cierre no se hacÃa como se le habÃa indicado, el cobro no se iba a detener. En mi casa siempre se entendió de la misma forma, mi abuelo tenÃa que regresar antes de que naciera el primer nieto varón de la familia, ese era el lÃmite. Antes de que eso pasara, todavÃa podÃa cumplir y dejar todo terminado. Después ya no. Nunca supe con precisión qué era lo que debÃa llevar o entregar. Tampoco creo que él lo haya querido decir completo. A veces soltaba una versión, luego otra.
3:33 Y cuando mi padre le pedÃa hablar claro, se enojaba o se encerraba. Lo único seguro era esto, pidió ayuda, recibió lo que querÃa y después no quiso terminar el pacto como se le habÃa ordenado. Ese fue el centro del problema, no solo lo que hizo, sino lo que dejó a medias. También se repetÃa otra cosa, esa noche, además de las mujeres, hubo una presencia más. Mi abuelo no lo explicó igual cada vez, pero en lo esencial no cambiaba. DecÃa que una de las mujeres habló con una voz de hombre que no era la suya. Al principio evitaba decir más. Con los años dejó de cuidar las palabras y dijo de frente que habÃa tratado con el demonio. Yo no estaba ahà y no puedo asegurar lo que no vi, pero sà puedo decir que él no hablaba de eso como alguien que quiere llamar la atención.
4:28 Lo decÃa con miedo real y en esos momentos se le notaba. Cambiaba la cara, la forma de hablar y hasta la manera de quedarse callado después. Lo que vino luego fue lo que terminó de convencerlo de que aquello habÃa funcionado. La situación mejoró, logró sostener la tierra, salir de las deudas más urgentes y evitar que la casa se viniera abajo. No se hizo rico ni cambió su vida por completo. Fue algo más engañoso que eso. Le fue lo bastante bien como para pensar que el trato sà le habÃa servido y que todavÃa podÃa manejar lo demás cuando quisiera. Ahà estuvo el error. Recibió una salida rápida y creyó que luego iba a tener margen para decidir si cumplÃa o no. Mi padre decÃa que, en el fondo, le dio miedo volver. Mi abuela decÃa que, primero, lo fue dejando para después y luego empezó a fingir que ya no hacÃa falta. Pero lo cierto es que no volvió. Las mujeres sà lo buscaron una vez más.
5:31 Eso se lo escuché muchas veces a mi abuela. Según ella, fueron a la casa y le dijeron que el tiempo no se detenÃa y que tenÃa que regresar. Ãl respondió que ya habÃa hecho bastante con haber ido y que no pensaba llevarles a nadie. Mi abuela contaba esa parte con una seriedad que nunca le vi para otras cosas. DecÃa que esas mujeres no levantaron la voz ni hicieron escándalo. Solo le dejaron claro que, si no cerraba el pacto, el cobro iba a quedarse dentro de la sangre de la familia. Mi abuelo no volvió con ellas y después de eso se hizo el sordo. Pero en la casa nadie olvidó esa advertencia. A partir de ahà empezaron las muertes y el miedo. Murieron dos hijos de mi abuelo, uno después del otro, y en la familia nadie habló de eso como de hechos aislados. Se habló como de lo mismo que ya habÃa empezado a moverse desde antes.
6:29 Mi abuela decÃa que, desde que mi abuelo se negó a volver, la casa cambió. Empezaron los llamados desde afuera cuando no habÃa nadie. Los perros se escondÃan. Mi abuelo dormÃa mal. Se levantaba sobresaltado y revisaba la puerta como si esperara a alguien. Mi padre lo vio muchas noches sentado y callado, mirando hacia el patio, con la escopeta cerca y sin reunir valor para salir. Eso me lo contó tantas veces que, aunque no lo vi, lo tengo grabado como si hubiera estado ahÃ. Yo crecà oyendo todo eso, no como una historia para asustar niños, sino como una advertencia seria. En mi casa casi no se usaba la palabra maldición. La palabra que más se repetÃa era deuda maldita.
7:17 DecÃan que mi abuelo habÃa dejado una deuda abierta con el diablo y que lo peor no habÃa sido pedir ayuda, sino haber dejado el trato sin cerrar. Cuando fui creciendo, empecé a entender que el problema no se habÃa quedado con él. HabÃa pasado a sus hijos y luego siguió con nosotros. Siempre era parecido. Cuando alguien de la familia intentaba estabilizar su vida, formar pareja o levantar su casa, algo grave pasaba. Durante mucho tiempo quise pensar que una familia golpeada por tantas pérdidas termina habiendo relación donde tal vez no la hay. Me repetà eso durante años, y me lo repetà hasta que me tocó verlo más cerca.
8:01 Lo primero que recuerdo con claridad ya no viene de lo que me contaron, sino de mi propia casa. Para entonces mi abuelo todavÃa vivÃa y ya cargaba miedo encima. No hacÃa falta oÃrlo para notarlo. Se le veÃa en la forma de cerrar la puerta. En su reacción cuando alguien decÃa que habÃa escuchado su nombre afuera. Y en el silencio que se hacÃa cada vez que salÃa ese tema. Nadie se reÃa. Nadie mandaba callar al niño que decÃa haber oÃdo algo. Mi padre y mi abuela bajaban la voz. Se miraban entre ellos y actuaban como si el peligro pudiera entrar en cualquier momento. Asà crecà yo. Y lo que, durante un tiempo, sentà como una historia vieja. Con los años dejó de ser algo ajeno y se volvió mi propia vida. Los primeros recuerdos claros que tengo de todo esto son de mi casa. Cuando yo todavÃa era niño y el miedo ya vivÃa con nosotros. No era un miedo escandaloso. Nadie andaba gritando ni hablando del tema todo el dÃa. Era algo más callado y más pesado. Y se habÃa vuelto costumbre. La puerta se cerraba temprano. Si alguno decÃa que habÃa escuchado su nombre afuera, lo metÃan enseguida.
9:17 Si alguien se despertaba alterado, no lo mandaban de vuelta a la cama sin más. Primero revisaban la casa, después se sentaban a esperar a que pasara el susto. Yo crecà viendo eso como si fuera parte normal de la vida, pero con el tiempo entendà que no lo era. Mi madre venÃa de otra familia y al principio no tomaba en serio nada de lo que se decÃa sobre mi abuelo y el pacto. Pensaba que todo eso era miedo heredado, culpa vieja y costumbre de ver señales donde no las habÃa. Nunca se burló de manera cruel, pero sà intentó poner distancia. QuerÃa pensar que lo que pasaba en esa familia tenÃa una explicación más simple. Eso le duró poco Una noche, vio a mi hermana Elisa levantarse dormida y caminar hacia la salida. Era muy niña, y mi madre la alcanzó antes de que abriera. Cuando la cargó, Elisa dijo medio dormida que una señora estaba esperando al bebé. Mi madre estaba embarazada en ese tiempo. Después de eso, ya no volvió a hablar del tema como si fuera una simple idea metida en la cabeza de los demás. Ese embarazo se perdió. En la casa nadie discutió lo que dijeron los médicos, pues pasó lo que pasa muchas veces y no hubo nada más que hacer. Lo que dejó marca en nosotros fue otra cosa. La noche anterior mi abuelo habÃa estado alterado. Yo lo recuerdo desde lejos, gritando en el patio que no se llevaran a la criatura y
10:49 que cobraran con él. También recuerdo a mi padre metiéndolo a la casa para callarlo. Esa escena no se me borró nunca. porque yo todavÃa era chico y no entendÃa por qué un hombre ya grande hablaba como si estuviera tratando con alguien que nadie veÃa. Mi madre no dijo nada en ese momento, pero desde entonces empezó a mirar a mi abuelo con un miedo distinto. Con los años fui oyendo más cosas, no porque alguien quisiera explicármelas, sino porque en una familia marcada por tantas pérdidas es imposible ocultarlo todo. Supe que mi tÃo Mauricio, el hijo menor de mi abuelo, ya estaba cansado de entierros y silencios.
11:33 Ãl fue el primero que decidió enfrentar el asunto de forma directa. Dijo que no iba a seguir esperando otra desgracia sin hacer nada. Quiso ir a buscar a las mujeres con las que habÃa tratado mi abuelo. Mi padre estaba en contra y decÃa que remover eso solo podÃa empeorarlo todo. Mi tÃo le respondió que peor era quedarse quietos mientras la familia se iba rompiendo por partes. Al final se fueron los dos, mi tÃo y mi abuelo. De ese viaje el único que volvió entero fue mi tÃo. Llegó cansado, golpeado y con una cara que yo no le habÃa visto nunca. No querÃa hablar y mi abuelo apareció después lastimado y fuera de sÃ. Desde entonces ya no volvió a estar bien. De lo que pasó ese dÃa supe poco, porque mi tÃo solo lo contó una vez y nunca más quiso repetirlo. Dijo que todavÃa vivÃa una de esas mujeres y que les habló claro. Les dijo que el pacto ya estaba vencido, que mi abuelo habÃa dejado pasar el único momento en que podÃa cerrarlo y que después intentó arreglarlo a su manera. También les dijo que ya no estaban lidiando con un trato incompleto, sino con algo que llevaba años cobrándose dentro de la familia.
12:53 Mi tÃo no dio más detalles, solo dijo que al final mi abuelo tuvo miedo. Y esa frase bastó para que nadie volviera a insistir. Después de eso, mi abuelo se quebró. A ratos reconocÃa a la familia y a ratos no. Lo único que repetÃa con claridad era que cerraran la puerta y que no dejaran entrar al hombre. Nadie le preguntaba demasiado, porque bastaba verle la cara, para entender que no estaba diciendo eso por capricho. En el papel murió por enfermedad, en la casa todos dijeron otra cosa. dijeron que se murió arrastrando lo mismo que él habÃa abierto yo no supe qué pensar en ese momento solo entendà que ni siquiera la muerte de mi abuelo habÃa cerrado nada eso se volvió más claro cuando mi tÃo mauricio intentó hacer su vida se casó quiso tener hijos y le pasó lo mismo que al resto primero perdió un embarazo con su esposa luego tuvieron una niña que vivió muy poco Yo recuerdo ese velorio porque ya tenÃa edad para entender que no estábamos frente a una mala racha cualquiera. Mi tÃo no lloraba como los demás. Estaba lleno de rabia. Le dijo a mi padre que por fin ya habÃa entendido la regla, que a los hombres de esa familia no les iban a dejar levantar una casa en paz. Mi padre le pidió que se callara.
14:18 No lo hizo porque pensara que estaba equivocado. Lo hizo porque habÃa gente alrededor. y porque ya nadie en la familia sabÃa cómo decir esas cosas sin sentir que las estaba haciendo más reales. Mi padre intentó lo contrario, nos sacó de ese ambiente, consiguió trabajo en otra ciudad y quiso empezar de nuevo con mi madre, con mi hermana y conmigo. Durante un tiempo parecÃa que por fin estábamos viviendo como una familia normal. HabÃa preocupaciones normales, escuela, trabajo y discusiones comunes, Mi madre estaba un poco más tranquila, y mi padre se ocupaba de todo y a veces hasta parecÃa olvidar de dónde venÃamos. Yo también quise creer que esa distancia nos iba a servir. Quise pensar que, lejos de la casa donde habÃa empezado todo, tal vez el problema se iba a quedar atrás. Pero eso duró poco.
15:13 Mi hermana empezó a despertarse sobresaltada. decÃa que un hombre aterrador con ojos rojos y con una sonrisa demoniaca con dientes afilados y aroma muy especial a azufre se sentaba al borde de su cama mi madre pensó en nervios la llevaron con un médico e hicieron lo que cualquier familia hace cuando ve que algo no anda bien nadie dejó de atenderla por creer en historias pero una noche se levantó y salió de la casa la encontraron en la calle herida de muerte El conductor del coche dijo que ella se le atravesó de repente, que miró como una sombra negra la empujaba y no habÃa forma de probar otra cosa. Lo que quedó grabado en la familia fue que mi hermana habÃa salido dormida y que mientras todavÃa la atendÃan, repetÃa que tenÃa que abrir la puerta para ir con ese hombre. Después de eso, mi madre se vino abajo. Ya no dormÃa bien. Revisaba puertas y ventanas una y otra vez. VivÃa tensa. Mi padre aguantó como pudo, pero yo lo vi hacerse más callado y más viejo. Un dÃa encontró entre unas cosas viejas de mi abuelo una hoja con nombres y fechas. En medio aparecÃa repetida la misma frase, que no se habÃa podido cerrar, que esa deuda estaba abierta y que el diablo no perdona sus deudas. No me dejó verla mucho tiempo, pues no hacÃa falta, solo me bastó verle la cara. para
16:46 entender que ese papel confirmaba algo que él llevaba años temiendo. Poco después me habló como nunca antes. Me dijo que yo no debÃa prometerle familia a nadie. No me habló como hombre supersticioso, sino como padre asustado. Me dijo que esa deuda no se habÃa quedado atrás y que no pensaba verla entrar en otra casa por culpa nuestra. Yo me enojé. le dije que estaba cansado de vivir bajo una culpa que no era mÃa él me respondió que tampoco habÃa sido suya no pasó mucho antes de que lo perdiéramos murió en el trabajo en un accidente con testigos y explicación simple y todo estaba claro en el papel en mà no quedó claro nada salvo una cosa en mi familia cuando alguien intentaba vivir como cualquier persona algo se rompÃa Mi madre se fue con una hermana suya y no volvió a tocar el tema. Yo me quedé solo con todo lo que habÃa visto y con todo lo que habÃa oÃdo desde niño. Para entonces ya no estaba hablando de historias de mi abuelo ni de ideas repetidas por miedo. A esa altura ya llevaba demasiados muertos encima, como para fingir que no veÃa el patrón.
18:02 Y lo peor era que todavÃa me faltaba comprobar si ese problema también iba a alcanzarme a mÃ. Durante mucho tiempo quise pensar que conmigo podÃa terminar de otra forma, no porque tuviera una solución, sino porque uno se cansa de vivir convencido de que ya viene marcado. Yo también quise hacer una vida normal, quise pareja, casa y futuro como cualquiera. Durante años me repetà que no tenÃa sentido seguir pagando por algo que yo no habÃa hecho. Me lo repetà muchas veces, sobre todo cuando veÃa a otros vivir sin cargar con una historia como la mÃa. Pensaba que tal vez el problema no era una maldición, sino la forma en que mi familia habÃa aprendido a vivir.
18:50 Pensaba que si yo me alejaba de todo eso, si dejaba de repetir lo que habÃa oÃdo desde niño, tal vez iba a poder salir. Lo quise de verdad, no fue un intento a medias. Conocà a Laura cuando ya llevaba mucho tiempo guardando todo. No le conté la historia completa desde el principio, porque me daba vergüenza y porque también querÃa creer que estaba exagerando lo que habÃa vivido. Ella era una persona tranquila, seria y con una manera de pensar que a mà me hacÃa bien. Cuando por fin le hablé de mi familia, trató de entenderlo desde un lugar lógico. Me dijo que yo venÃa de una cadena de pérdidas, miedo y culpa, y que eso podÃa explicar muchas cosas. No me lo dijo para burlarse ni para rebajar lo que yo sentÃa. Me lo dijo porque querÃa ayudarme. En ese momento, yo quise creerle, me convenÃa creerle.
19:46 Por primera vez en mucho tiempo, sentà que tal vez no estaba condenado a repetir la misma historia. Nos fuimos a vivir juntos y los primeros meses fueron normales. Esa normalidad me hizo bajar la guardia. HacÃamos nuestra vida, hablábamos de cosas simples y por primera vez en mucho tiempo. Pensé que tal vez mi padre se habÃa equivocado, no porque él hubiera querido asustarme, sino porque también venÃa herido y habÃa vivido demasiado tiempo esperando otra pérdida. Con Laura me permità pensar eso. Me permità imaginar una vida que no estuviera organizada alrededor del miedo. Entonces, ella quedó embarazada.
20:27 Cuando me lo dijo, yo no reaccioné bien. No la rechacé, no me fui y no le dije nada cruel. Pero el miedo se me notó en la cara. Ella lo vio enseguida y se molestó. Me dijo que no iba a dejar que una historia vieja decidiera por nosotros. También me dijo que, si yo querÃa estar con ella, tenÃa que hacerlo completo, no a medias y con terror en la cara. TenÃa razón. Yo también me di cuenta de que habÃa pasado años diciendo que querÃa una vida normal. Y cuando por fin la tenÃa enfrente, lo primero que apareció fue el miedo. Le dije que iba a responder como debÃa y que no iba a salir corriendo. Se lo dije en serio. Poco después, empezaron cosas que me devolvieron todo lo que yo habÃa tratado de dejar atrás.
21:16 Una vez, Laura me dijo que habÃa escuchado una voz de mujer en la cocina. Pensó que yo habÃa dejado la radio prendida o que el sonido venÃa de otra casa, pero al revisar no habÃa nada. Otro dÃa encontramos una llave abierta que los dos jurábamos haber dejado cerrada. Luego empezó a dormir mal, se despertaba inquieta y me decÃa que estaba soñando con una casa, con tres mujeres y con un hombre del que no se le veÃa bien la cara. Lo peor no fue el sueño en sÃ, sino que empezó a describir partes de una historia que yo nunca le habÃa contado. Ahà sentà el mismo frÃo que habÃa visto en mi padre, cuando algo le confirmaba que el problema seguÃa vivo. Esa noche le hablé claro, le conté todo. Le conté lo de mi abuelo, el pacto, las muertes, lo que habÃa pasado con mi hermana, con mi padre y con los demás. Le dije también lo que él me habÃa advertido antes de morir. Laura no reaccionó como alguien que solo quiere asustarse y salir corriendo.
22:24 Hizo lo que harÃa cualquier persona que todavÃa quisiera salvar lo que tiene. Me preguntó si yo estaba dispuesto a buscar una respuesta y a enfrentar eso de una vez. Le dije que sÃ. No porque creyera que iba a resolverlo, sino porque ya no me quedaba forma de esconderme detrás del silencio. Volvà al lugar donde habÃa empezado todo. Ya no quedaba casi nadie, pero encontré a una de las mujeres que habÃan tratado con mi abuelo. Estaba muy vieja, tenÃa un aspecto aterrador, y le dije quién era y por qué habÃa ido. No hizo preguntas inútiles, me escuchó y después me respondió que mi abuelo habÃa dejado pasar el único momento en que todavÃa podÃa cerrar el pacto como se le habÃa ordenado. Me dijo que el problema ya no era el mismo de entonces, porque habÃan pasado demasiados años y demasiadas muertes. Según ella, lo que habÃa quedado abierto ya no se iba a resolver con otra visita ni con otro trato. Ya no habÃa forma de arreglarlo como se debió arreglar al principio. Yo le pregunté qué quedaba por hacer. Me contestó algo que no he olvidado desde entonces. dijo que si de verdad querÃa detener el cobro la única decisión limpia era no seguir pasando la deuda a nadie no me habló de matar a nadie ni de ofrecer otra cosa me habló de cortar la lÃnea por voluntad antes de que siguiera cortándose sola
23:54 por la fuerza yo le pregunté si me estaba diciendo que renunciara a tener familia me respondió que yo ya sabÃa la respuesta antes de llegar y que solo habÃa ido a oÃrla de otra boca Me fui de ahà entendiendo algo que ya venÃa sintiendo desde hacÃa tiempo, pero que todavÃa no me atrevÃa a aceptar completo. Volvà con Laura y le conté exactamente eso. No la engañé ni le di medias verdades. Le expliqué lo que la bruja me habÃa dicho y también le dije que ya no podÃa prometerle que todo iba a salir bien. Laura me escuchó y después me dijo algo que todavÃa le reconozco.
24:35 Me dijo que no iba a poner la vida de un hijo, dentro de una historia que no habÃa elegido. No me habló con odio ni con desprecio, me habló con claridad, y poco después perdió el embarazo. No voy a discutir lo que dijeron los médicos, dieron una explicación como en otros casos. Yo no peleé con nadie ni armé escenas, pero por dentro sentà lo mismo que habÃa visto en mi padre años antes. sentà la certeza de que el problema seguÃa vivo y de que si yo insistÃa iba a volver a pasar Laura se fue ese mismo mes y no la culpo pues hizo lo correcto para ella durante un tiempo quise pensar que si yo no buscaba hijos y no unÃa mi vida a la de nadie tal vez el daño se iba a detener ahà después entendà que ni siquiera hacÃa falta llegar tan lejos cada vez que intenté empezar algo con alguien algo se torció A veces fue un accidente alrededor, otras veces fue un miedo raro, otras veces fui yo mismo, porque ya no podÃa fingir que no veÃa lo que estaba pasando.
25:45 Desde entonces vivo solo, trabajo, vuelvo a mi casa y no dejo que nadie se quede conmigo. No prometo futuro, no hablo de hijos y no juego a ver si esta vez sà sale bien. No porque quiera hacerme la vÃctima, sino porque ya vi demasiadas veces. Lo que pasa cuando un hombre de mi familia intenta levantar una vida propia, sin haber pagado lo que otro dejó abierto antes. Hasta hoy sigo cargando con eso. Tengo algunos papeles, algunas notas viejas y los recuerdos de todo lo que vi. No me sirven para arreglar nada, solo me sirven para no mentirme. Mi abuelo pidió ayuda donde no debÃa, le dieron lo que quiso y después no cumplió. Lo demás vino detrás.
26:31 Afuera cada quien le pondrá el nombre que quiera. En mi casa siempre lo llamaron deuda maldita. Yo solo sé lo que vi y por eso sigo solo.
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