March 24, 2026

Pacto Incompleto: ¿Habrá Valido La Pena Sacrificar A Su Familia? - Historias De Terror - REDE

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0:05 Me llamo Esteban Salazar. Vivo solo desde hace años y no tengo hijos. No llegué a eso por gusto ni por una idea rara que se me metió en la cabeza. Llegué por lo que vi en mi familia y por lo que crecí oyendo dentro de mi casa. Lo que voy a contar no lo digo como una historia para impresionar a nadie. Lo digo como lo recuerdo y como me lo repitieron durante años las personas que lo vivieron antes que yo. Una parte la vi con mis propios ojos. Otra la escuché tantas veces, siempre de la misma forma, que terminó ocupando un lugar fijo en mi vida. En mi casa no se hablaba de esto como de una leyenda, se hablaba como de una deuda que se había quedado abierta y que seguía cobrando. Todo empezó con mi abuelo Julián.

0:53 Cuando yo era niño, en mi casa se hablaba de él con miedo, no porque hubiera sido un hombre especialmente cruel. ni porque a todos les gustara exagerar lo que hizo, sino porque sabían que había tomado una decisión que arrastró a los demás. Mi padre lo decía de forma directa cuando ya estaba cansado de callarse. El problema de la familia comenzó el día en que mi abuelo fue a buscar ayuda donde no debía. Mi abuela lo decía más bajo, pero decía lo mismo. Según ella, todo se echó a perder desde que él decidió pedir una salida fácil para un problema que tenía que resolver de otra manera. Mi abuelo estaba endeudado, tenía problemas con la tierra, con la casa y con la presión de sacar adelante a su familia.

1:39 Eso yo no lo vi, pero en mi casa se repitió siempre igual. Un conocido lo llevó con tres mujeres que hacían trabajos para la gente de la región. A esas mujeres nunca se les llamó de otra forma. En mi familia les decían brujas, sin rodeos y sin burlas. Mi abuelo fue con ellas porque ya no encontraba salida. Quería conservar lo suyo, detener la ruina y volver a poner de pie a la familia. Mi padre decía que fue por miedo a perderlo todo. Mi abuela decía que fue por orgullo, porque no soportaba haberse vencido. Pero tal vez fueron las dos cosas. Yo no estuve ahí y no voy a fingir que sí. Lo que sé de esa noche lo escuché de mi padre, de mi abuela y del mismo abuelo cuando tomaba de más y empezaba a hablar sin cuidado. Los tres coincidían en lo importante.

2:33 Mi abuelo llegó a esa casa, habló con las tres mujeres y aceptó un pacto. A cambio de salir de la ruina, sostener la tierra y levantar su casa, él tenía que volver después y cerrar lo que había abierto. Esa palabra era la que más se repetía en mi familia, cerrar. El trato no terminaba el día en que lo hacía, quedaba pendiente y había un plazo, había una condición y si ese cierre no se hacía como se le había indicado, el cobro no se iba a detener. En mi casa siempre se entendió de la misma forma, mi abuelo tenía que regresar antes de que naciera el primer nieto varón de la familia, ese era el límite. Antes de que eso pasara, todavía podía cumplir y dejar todo terminado. Después ya no. Nunca supe con precisión qué era lo que debía llevar o entregar. Tampoco creo que él lo haya querido decir completo. A veces soltaba una versión, luego otra.

3:33 Y cuando mi padre le pedía hablar claro, se enojaba o se encerraba. Lo único seguro era esto, pidió ayuda, recibió lo que quería y después no quiso terminar el pacto como se le había ordenado. Ese fue el centro del problema, no solo lo que hizo, sino lo que dejó a medias. También se repetía otra cosa, esa noche, además de las mujeres, hubo una presencia más. Mi abuelo no lo explicó igual cada vez, pero en lo esencial no cambiaba. Decía que una de las mujeres habló con una voz de hombre que no era la suya. Al principio evitaba decir más. Con los años dejó de cuidar las palabras y dijo de frente que había tratado con el demonio. Yo no estaba ahí y no puedo asegurar lo que no vi, pero sí puedo decir que él no hablaba de eso como alguien que quiere llamar la atención.

4:28 Lo decía con miedo real y en esos momentos se le notaba. Cambiaba la cara, la forma de hablar y hasta la manera de quedarse callado después. Lo que vino luego fue lo que terminó de convencerlo de que aquello había funcionado. La situación mejoró, logró sostener la tierra, salir de las deudas más urgentes y evitar que la casa se viniera abajo. No se hizo rico ni cambió su vida por completo. Fue algo más engañoso que eso. Le fue lo bastante bien como para pensar que el trato sí le había servido y que todavía podía manejar lo demás cuando quisiera. Ahí estuvo el error. Recibió una salida rápida y creyó que luego iba a tener margen para decidir si cumplía o no. Mi padre decía que, en el fondo, le dio miedo volver. Mi abuela decía que, primero, lo fue dejando para después y luego empezó a fingir que ya no hacía falta. Pero lo cierto es que no volvió. Las mujeres sí lo buscaron una vez más.

5:31 Eso se lo escuché muchas veces a mi abuela. Según ella, fueron a la casa y le dijeron que el tiempo no se detenía y que tenía que regresar. Él respondió que ya había hecho bastante con haber ido y que no pensaba llevarles a nadie. Mi abuela contaba esa parte con una seriedad que nunca le vi para otras cosas. Decía que esas mujeres no levantaron la voz ni hicieron escándalo. Solo le dejaron claro que, si no cerraba el pacto, el cobro iba a quedarse dentro de la sangre de la familia. Mi abuelo no volvió con ellas y después de eso se hizo el sordo. Pero en la casa nadie olvidó esa advertencia. A partir de ahí empezaron las muertes y el miedo. Murieron dos hijos de mi abuelo, uno después del otro, y en la familia nadie habló de eso como de hechos aislados. Se habló como de lo mismo que ya había empezado a moverse desde antes.

6:29 Mi abuela decía que, desde que mi abuelo se negó a volver, la casa cambió. Empezaron los llamados desde afuera cuando no había nadie. Los perros se escondían. Mi abuelo dormía mal. Se levantaba sobresaltado y revisaba la puerta como si esperara a alguien. Mi padre lo vio muchas noches sentado y callado, mirando hacia el patio, con la escopeta cerca y sin reunir valor para salir. Eso me lo contó tantas veces que, aunque no lo vi, lo tengo grabado como si hubiera estado ahí. Yo crecí oyendo todo eso, no como una historia para asustar niños, sino como una advertencia seria. En mi casa casi no se usaba la palabra maldición. La palabra que más se repetía era deuda maldita.

7:17 Decían que mi abuelo había dejado una deuda abierta con el diablo y que lo peor no había sido pedir ayuda, sino haber dejado el trato sin cerrar. Cuando fui creciendo, empecé a entender que el problema no se había quedado con él. Había pasado a sus hijos y luego siguió con nosotros. Siempre era parecido. Cuando alguien de la familia intentaba estabilizar su vida, formar pareja o levantar su casa, algo grave pasaba. Durante mucho tiempo quise pensar que una familia golpeada por tantas pérdidas termina habiendo relación donde tal vez no la hay. Me repetí eso durante años, y me lo repetí hasta que me tocó verlo más cerca.

8:01 Lo primero que recuerdo con claridad ya no viene de lo que me contaron, sino de mi propia casa. Para entonces mi abuelo todavía vivía y ya cargaba miedo encima. No hacía falta oírlo para notarlo. Se le veía en la forma de cerrar la puerta. En su reacción cuando alguien decía que había escuchado su nombre afuera. Y en el silencio que se hacía cada vez que salía ese tema. Nadie se reía. Nadie mandaba callar al niño que decía haber oído algo. Mi padre y mi abuela bajaban la voz. Se miraban entre ellos y actuaban como si el peligro pudiera entrar en cualquier momento. Así crecí yo. Y lo que, durante un tiempo, sentí como una historia vieja. Con los años dejó de ser algo ajeno y se volvió mi propia vida. Los primeros recuerdos claros que tengo de todo esto son de mi casa. Cuando yo todavía era niño y el miedo ya vivía con nosotros. No era un miedo escandaloso. Nadie andaba gritando ni hablando del tema todo el día. Era algo más callado y más pesado. Y se había vuelto costumbre. La puerta se cerraba temprano. Si alguno decía que había escuchado su nombre afuera, lo metían enseguida.

9:17 Si alguien se despertaba alterado, no lo mandaban de vuelta a la cama sin más. Primero revisaban la casa, después se sentaban a esperar a que pasara el susto. Yo crecí viendo eso como si fuera parte normal de la vida, pero con el tiempo entendí que no lo era. Mi madre venía de otra familia y al principio no tomaba en serio nada de lo que se decía sobre mi abuelo y el pacto. Pensaba que todo eso era miedo heredado, culpa vieja y costumbre de ver señales donde no las había. Nunca se burló de manera cruel, pero sí intentó poner distancia. Quería pensar que lo que pasaba en esa familia tenía una explicación más simple. Eso le duró poco Una noche, vio a mi hermana Elisa levantarse dormida y caminar hacia la salida. Era muy niña, y mi madre la alcanzó antes de que abriera. Cuando la cargó, Elisa dijo medio dormida que una señora estaba esperando al bebé. Mi madre estaba embarazada en ese tiempo. Después de eso, ya no volvió a hablar del tema como si fuera una simple idea metida en la cabeza de los demás. Ese embarazo se perdió. En la casa nadie discutió lo que dijeron los médicos, pues pasó lo que pasa muchas veces y no hubo nada más que hacer. Lo que dejó marca en nosotros fue otra cosa. La noche anterior mi abuelo había estado alterado. Yo lo recuerdo desde lejos, gritando en el patio que no se llevaran a la criatura y

10:49 que cobraran con él. También recuerdo a mi padre metiéndolo a la casa para callarlo. Esa escena no se me borró nunca. porque yo todavía era chico y no entendía por qué un hombre ya grande hablaba como si estuviera tratando con alguien que nadie veía. Mi madre no dijo nada en ese momento, pero desde entonces empezó a mirar a mi abuelo con un miedo distinto. Con los años fui oyendo más cosas, no porque alguien quisiera explicármelas, sino porque en una familia marcada por tantas pérdidas es imposible ocultarlo todo. Supe que mi tío Mauricio, el hijo menor de mi abuelo, ya estaba cansado de entierros y silencios.

11:33 Él fue el primero que decidió enfrentar el asunto de forma directa. Dijo que no iba a seguir esperando otra desgracia sin hacer nada. Quiso ir a buscar a las mujeres con las que había tratado mi abuelo. Mi padre estaba en contra y decía que remover eso solo podía empeorarlo todo. Mi tío le respondió que peor era quedarse quietos mientras la familia se iba rompiendo por partes. Al final se fueron los dos, mi tío y mi abuelo. De ese viaje el único que volvió entero fue mi tío. Llegó cansado, golpeado y con una cara que yo no le había visto nunca. No quería hablar y mi abuelo apareció después lastimado y fuera de sí. Desde entonces ya no volvió a estar bien. De lo que pasó ese día supe poco, porque mi tío solo lo contó una vez y nunca más quiso repetirlo. Dijo que todavía vivía una de esas mujeres y que les habló claro. Les dijo que el pacto ya estaba vencido, que mi abuelo había dejado pasar el único momento en que podía cerrarlo y que después intentó arreglarlo a su manera. También les dijo que ya no estaban lidiando con un trato incompleto, sino con algo que llevaba años cobrándose dentro de la familia.

12:53 Mi tío no dio más detalles, solo dijo que al final mi abuelo tuvo miedo. Y esa frase bastó para que nadie volviera a insistir. Después de eso, mi abuelo se quebró. A ratos reconocía a la familia y a ratos no. Lo único que repetía con claridad era que cerraran la puerta y que no dejaran entrar al hombre. Nadie le preguntaba demasiado, porque bastaba verle la cara, para entender que no estaba diciendo eso por capricho. En el papel murió por enfermedad, en la casa todos dijeron otra cosa. dijeron que se murió arrastrando lo mismo que él había abierto yo no supe qué pensar en ese momento solo entendí que ni siquiera la muerte de mi abuelo había cerrado nada eso se volvió más claro cuando mi tío mauricio intentó hacer su vida se casó quiso tener hijos y le pasó lo mismo que al resto primero perdió un embarazo con su esposa luego tuvieron una niña que vivió muy poco Yo recuerdo ese velorio porque ya tenía edad para entender que no estábamos frente a una mala racha cualquiera. Mi tío no lloraba como los demás. Estaba lleno de rabia. Le dijo a mi padre que por fin ya había entendido la regla, que a los hombres de esa familia no les iban a dejar levantar una casa en paz. Mi padre le pidió que se callara.

14:18 No lo hizo porque pensara que estaba equivocado. Lo hizo porque había gente alrededor. y porque ya nadie en la familia sabía cómo decir esas cosas sin sentir que las estaba haciendo más reales. Mi padre intentó lo contrario, nos sacó de ese ambiente, consiguió trabajo en otra ciudad y quiso empezar de nuevo con mi madre, con mi hermana y conmigo. Durante un tiempo parecía que por fin estábamos viviendo como una familia normal. Había preocupaciones normales, escuela, trabajo y discusiones comunes, Mi madre estaba un poco más tranquila, y mi padre se ocupaba de todo y a veces hasta parecía olvidar de dónde veníamos. Yo también quise creer que esa distancia nos iba a servir. Quise pensar que, lejos de la casa donde había empezado todo, tal vez el problema se iba a quedar atrás. Pero eso duró poco.

15:13 Mi hermana empezó a despertarse sobresaltada. decía que un hombre aterrador con ojos rojos y con una sonrisa demoniaca con dientes afilados y aroma muy especial a azufre se sentaba al borde de su cama mi madre pensó en nervios la llevaron con un médico e hicieron lo que cualquier familia hace cuando ve que algo no anda bien nadie dejó de atenderla por creer en historias pero una noche se levantó y salió de la casa la encontraron en la calle herida de muerte El conductor del coche dijo que ella se le atravesó de repente, que miró como una sombra negra la empujaba y no había forma de probar otra cosa. Lo que quedó grabado en la familia fue que mi hermana había salido dormida y que mientras todavía la atendían, repetía que tenía que abrir la puerta para ir con ese hombre. Después de eso, mi madre se vino abajo. Ya no dormía bien. Revisaba puertas y ventanas una y otra vez. Vivía tensa. Mi padre aguantó como pudo, pero yo lo vi hacerse más callado y más viejo. Un día encontró entre unas cosas viejas de mi abuelo una hoja con nombres y fechas. En medio aparecía repetida la misma frase, que no se había podido cerrar, que esa deuda estaba abierta y que el diablo no perdona sus deudas. No me dejó verla mucho tiempo, pues no hacía falta, solo me bastó verle la cara. para

16:46 entender que ese papel confirmaba algo que él llevaba años temiendo. Poco después me habló como nunca antes. Me dijo que yo no debía prometerle familia a nadie. No me habló como hombre supersticioso, sino como padre asustado. Me dijo que esa deuda no se había quedado atrás y que no pensaba verla entrar en otra casa por culpa nuestra. Yo me enojé. le dije que estaba cansado de vivir bajo una culpa que no era mía él me respondió que tampoco había sido suya no pasó mucho antes de que lo perdiéramos murió en el trabajo en un accidente con testigos y explicación simple y todo estaba claro en el papel en mí no quedó claro nada salvo una cosa en mi familia cuando alguien intentaba vivir como cualquier persona algo se rompía Mi madre se fue con una hermana suya y no volvió a tocar el tema. Yo me quedé solo con todo lo que había visto y con todo lo que había oído desde niño. Para entonces ya no estaba hablando de historias de mi abuelo ni de ideas repetidas por miedo. A esa altura ya llevaba demasiados muertos encima, como para fingir que no veía el patrón.

18:02 Y lo peor era que todavía me faltaba comprobar si ese problema también iba a alcanzarme a mí. Durante mucho tiempo quise pensar que conmigo podía terminar de otra forma, no porque tuviera una solución, sino porque uno se cansa de vivir convencido de que ya viene marcado. Yo también quise hacer una vida normal, quise pareja, casa y futuro como cualquiera. Durante años me repetí que no tenía sentido seguir pagando por algo que yo no había hecho. Me lo repetí muchas veces, sobre todo cuando veía a otros vivir sin cargar con una historia como la mía. Pensaba que tal vez el problema no era una maldición, sino la forma en que mi familia había aprendido a vivir.

18:50 Pensaba que si yo me alejaba de todo eso, si dejaba de repetir lo que había oído desde niño, tal vez iba a poder salir. Lo quise de verdad, no fue un intento a medias. Conocí a Laura cuando ya llevaba mucho tiempo guardando todo. No le conté la historia completa desde el principio, porque me daba vergüenza y porque también quería creer que estaba exagerando lo que había vivido. Ella era una persona tranquila, seria y con una manera de pensar que a mí me hacía bien. Cuando por fin le hablé de mi familia, trató de entenderlo desde un lugar lógico. Me dijo que yo venía de una cadena de pérdidas, miedo y culpa, y que eso podía explicar muchas cosas. No me lo dijo para burlarse ni para rebajar lo que yo sentía. Me lo dijo porque quería ayudarme. En ese momento, yo quise creerle, me convenía creerle.

19:46 Por primera vez en mucho tiempo, sentí que tal vez no estaba condenado a repetir la misma historia. Nos fuimos a vivir juntos y los primeros meses fueron normales. Esa normalidad me hizo bajar la guardia. Hacíamos nuestra vida, hablábamos de cosas simples y por primera vez en mucho tiempo. Pensé que tal vez mi padre se había equivocado, no porque él hubiera querido asustarme, sino porque también venía herido y había vivido demasiado tiempo esperando otra pérdida. Con Laura me permití pensar eso. Me permití imaginar una vida que no estuviera organizada alrededor del miedo. Entonces, ella quedó embarazada.

20:27 Cuando me lo dijo, yo no reaccioné bien. No la rechacé, no me fui y no le dije nada cruel. Pero el miedo se me notó en la cara. Ella lo vio enseguida y se molestó. Me dijo que no iba a dejar que una historia vieja decidiera por nosotros. También me dijo que, si yo quería estar con ella, tenía que hacerlo completo, no a medias y con terror en la cara. Tenía razón. Yo también me di cuenta de que había pasado años diciendo que quería una vida normal. Y cuando por fin la tenía enfrente, lo primero que apareció fue el miedo. Le dije que iba a responder como debía y que no iba a salir corriendo. Se lo dije en serio. Poco después, empezaron cosas que me devolvieron todo lo que yo había tratado de dejar atrás.

21:16 Una vez, Laura me dijo que había escuchado una voz de mujer en la cocina. Pensó que yo había dejado la radio prendida o que el sonido venía de otra casa, pero al revisar no había nada. Otro día encontramos una llave abierta que los dos jurábamos haber dejado cerrada. Luego empezó a dormir mal, se despertaba inquieta y me decía que estaba soñando con una casa, con tres mujeres y con un hombre del que no se le veía bien la cara. Lo peor no fue el sueño en sí, sino que empezó a describir partes de una historia que yo nunca le había contado. Ahí sentí el mismo frío que había visto en mi padre, cuando algo le confirmaba que el problema seguía vivo. Esa noche le hablé claro, le conté todo. Le conté lo de mi abuelo, el pacto, las muertes, lo que había pasado con mi hermana, con mi padre y con los demás. Le dije también lo que él me había advertido antes de morir. Laura no reaccionó como alguien que solo quiere asustarse y salir corriendo.

22:24 Hizo lo que haría cualquier persona que todavía quisiera salvar lo que tiene. Me preguntó si yo estaba dispuesto a buscar una respuesta y a enfrentar eso de una vez. Le dije que sí. No porque creyera que iba a resolverlo, sino porque ya no me quedaba forma de esconderme detrás del silencio. Volví al lugar donde había empezado todo. Ya no quedaba casi nadie, pero encontré a una de las mujeres que habían tratado con mi abuelo. Estaba muy vieja, tenía un aspecto aterrador, y le dije quién era y por qué había ido. No hizo preguntas inútiles, me escuchó y después me respondió que mi abuelo había dejado pasar el único momento en que todavía podía cerrar el pacto como se le había ordenado. Me dijo que el problema ya no era el mismo de entonces, porque habían pasado demasiados años y demasiadas muertes. Según ella, lo que había quedado abierto ya no se iba a resolver con otra visita ni con otro trato. Ya no había forma de arreglarlo como se debió arreglar al principio. Yo le pregunté qué quedaba por hacer. Me contestó algo que no he olvidado desde entonces. dijo que si de verdad quería detener el cobro la única decisión limpia era no seguir pasando la deuda a nadie no me habló de matar a nadie ni de ofrecer otra cosa me habló de cortar la línea por voluntad antes de que siguiera cortándose sola

23:54 por la fuerza yo le pregunté si me estaba diciendo que renunciara a tener familia me respondió que yo ya sabía la respuesta antes de llegar y que solo había ido a oírla de otra boca Me fui de ahí entendiendo algo que ya venía sintiendo desde hacía tiempo, pero que todavía no me atrevía a aceptar completo. Volví con Laura y le conté exactamente eso. No la engañé ni le di medias verdades. Le expliqué lo que la bruja me había dicho y también le dije que ya no podía prometerle que todo iba a salir bien. Laura me escuchó y después me dijo algo que todavía le reconozco.

24:35 Me dijo que no iba a poner la vida de un hijo, dentro de una historia que no había elegido. No me habló con odio ni con desprecio, me habló con claridad, y poco después perdió el embarazo. No voy a discutir lo que dijeron los médicos, dieron una explicación como en otros casos. Yo no peleé con nadie ni armé escenas, pero por dentro sentí lo mismo que había visto en mi padre años antes. sentí la certeza de que el problema seguía vivo y de que si yo insistía iba a volver a pasar Laura se fue ese mismo mes y no la culpo pues hizo lo correcto para ella durante un tiempo quise pensar que si yo no buscaba hijos y no unía mi vida a la de nadie tal vez el daño se iba a detener ahí después entendí que ni siquiera hacía falta llegar tan lejos cada vez que intenté empezar algo con alguien algo se torció A veces fue un accidente alrededor, otras veces fue un miedo raro, otras veces fui yo mismo, porque ya no podía fingir que no veía lo que estaba pasando.

25:45 Desde entonces vivo solo, trabajo, vuelvo a mi casa y no dejo que nadie se quede conmigo. No prometo futuro, no hablo de hijos y no juego a ver si esta vez sí sale bien. No porque quiera hacerme la víctima, sino porque ya vi demasiadas veces. Lo que pasa cuando un hombre de mi familia intenta levantar una vida propia, sin haber pagado lo que otro dejó abierto antes. Hasta hoy sigo cargando con eso. Tengo algunos papeles, algunas notas viejas y los recuerdos de todo lo que vi. No me sirven para arreglar nada, solo me sirven para no mentirme. Mi abuelo pidió ayuda donde no debía, le dieron lo que quiso y después no cumplió. Lo demás vino detrás.

26:31 Afuera cada quien le pondrá el nombre que quiera. En mi casa siempre lo llamaron deuda maldita. Yo solo sé lo que vi y por eso sigo solo.