NUNCA OLVIDÉ ESA CARRETERA
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0:05 Me llamo Rubén Beltrán y todavÃa me acuerdo de esa madrugada en Coahuila, con una claridad que no se me ha quitado. Para entonces llevaba más de 20 años manejando trailer. ConocÃa carreteras solas, accidentes y tramos donde convenÃa pasar con otro operador cerca. Ese viaje debÃa ser sencillo. HabÃa dejado una carga, iba con la caja vacÃa rumbo a Monclova y el camión venÃa trabajando bien. Salà de madrugada con café en la cabina, el radio encendido y la cabeza puesta en llegar sin detenerme en despoblado. El tramo no tenÃa mucho movimiento, era carretera abierta con monte a los lados y pocas luces. Yo lo habÃa recorrido antes, por eso sabÃa en dónde venÃan las curvas largas. No iba rápido, la unidad venÃa ligera y eso obliga a manejar con cuidado.
0:59 porque cualquier corrección brusca se siente en todo el remolque. Miraba al frente, revisaba los espejos y mantenÃa la distancia. En el radio se escuchaban voces sueltas de otros traileros. Uno avisó que más adelante tuviéramos cuidado, porque en esa zona se habÃan visto luces raras. Nadie se rió. Otro operador confirmó que varios habÃan reportado bolas de fuego cerca del monte. Yo escuché, apreté un poco el volante y seguÃ. En carretera uno oye muchas historias, unas nacen del miedo, otras de los accidentes, y otras de gente que usa cualquier cosa para detener camiones. Yo solo querÃa cruzar ese tramo sin problemas. La primera luz apareció del lado izquierdo, venÃa alta, por encima del monte, y cruzó hacia la carretera, con una velocidad que no correspondÃa a ningún vehÃculo. era anaranjada, redonda y fuerte, pasó frente al trailer y se perdió del lado derecho, bajé un poco la velocidad, revisé los espejos y mantuve la unidad centrada, no habÃa faros detrás, tampoco venÃa alguien de frente, la carretera estaba vacÃa y el motor seguÃa parejo, tomé el radio y avisé lo que acababa de ver, pregunté si alguien traÃa esa luz a la vista, Hubo silencio durante unos segundos. Luego contestó el nabo, un operador que ya habÃa escuchado en otros viajes.
2:29 Su voz entró limpia por la bocina. No te pares, Rubén. Cierra bien las puertas y sigue hasta donde haya luz. Me quedé frÃo al oÃr mi nombre, pero recordé que otros compañeros me conocÃan por el canal. Pregunté qué era eso. El nabo respondió sin rodeos. En ese tramo se aparecen Les dicen brujas, si te hablan, no les contestes, y si te piden que pares, tú sigue. No alcancé a responder. La luz volvió a salir, ahora, del lado derecho, a la altura de la cabina. Iba junto a mÃ, pegada al camino, avanzando a la misma velocidad que el tráiler.
3:10 Dejaba un reflejo anaranjado en la puerta y en el espejo, pero no alumbraba el pavimento. Aceleré un poco para dejarla atrás, pero la luz se mantuvo junto al camión. Aflojé el acelerador y siguió ahÃ, pareja, firme, sin perder distancia. Entonces llegó el primer golpe. Sonó en la caja, del lado derecho, seco y fuerte. Después vinieron otros dos golpes más cerca de la cabina. No habÃa ramas, no habÃa piedras en el camino y no habÃa otro vehÃculo pegado a mÃ. El sonido pasó de la lámina al escalón y del escalón a la puerta del pasajero. Me enderecé en el asiento, puse las dos manos en el volante y dejé la vista al frente. El miedo me subió al pecho, pero no solté la lÃnea del carril. El nabo volvió a hablar.«¿ Sigues en marcha?» Le respondà que sÃ, que algo venÃa golpeando del lado derecho. Me soltó la indicación rápido.« No abras, no bajes el vidrio y no frenes de golpe». Si ves algo en la puerta, no le respondas. Eso fue todo.
4:19 La forma en que lo dijo me confirmó que no estaba jugando. ConocÃa el tono de un operador cuando exagera una historia, y esa vez no habÃa burla, habÃa urgencia. Miré hacia la puerta del pasajero sin girar la cabeza por completo. Primero vi una mano en el marco de la ventana. Era una mano vieja, delgada, con uñas largas y oscuras. Los dedos estaban doblados contra la goma, agarrados con fuerza. Después apareció la cara. Era una anciana, con el cabello gris pegado al vidrio por el aire, la piel marcada y los ojos fijos en mÃ. Iba sostenida de la puerta mientras el trailer avanzaba. Sus pies rozaban el escalón y la luz anaranjada ardÃa detrás de ella.
5:07 golpeó el vidrio con los nudillos y la cabina vibró movió la boca y su voz entró entre el motor y el aire detente Rubén detente traes una falla bajé la mirada al tablero por un instante pero todo venÃa normal asà que volvà al frente y seguà ella golpeó otra vez más fuerte y repitió mi nombre no contesté cerré la mano sobre el volante y me pegué más al respaldo para no acercarme a la puerta Un golpe sonó del lado del conductor, pero no volteé de inmediato. Miré primero la lÃnea blanca, luego el espejo. Después movà apenas los ojos hacia mi ventana. Otra anciana venÃa pegada a la cabina, con las uñas metidas en la goma y la cara a unos centÃmetros de la mÃa. TenÃa la boca abierta y los dientes visibles. Su mano raspaba la pintura con movimientos cortos. Abre Rubén, detente, necesitas revisar.
6:07 La voz salÃa baja y firme. Las dos quedaron una de cada lado, hablando al mismo tiempo, golpeando las puertas y repitiendo la misma orden. Yo no respondÃ, no frené y no quise mirarles los ojos más de lo necesario. Me concentré en el frente, en el peso de la unidad y en mantener el tráiler dentro del carril. Recordé los consejos de carretera, no bajar en despoblado, no abrir por voces y no detenerse por luces raras. Esa vez dejaron de ser consejos. Eran la diferencia entre seguir vivo o quedar parado en la oscuridad, con dos brujas viejas agarradas de mi cabina. La del lado del conductor venÃa tan cerca que podÃa ver sus dedos apretados contra el marco.
6:52 Las uñas estaban largas, sucias, dobladas hacia la punta, y al rozar la goma dejaban un sonido áspero dentro de la cabina. Su cara estaba pegada al vidrio, La boca se movÃa, pero el ruido del motor y del aire me partÃa las palabras. La del pasajero golpeaba más fuerte. Cada golpe me entraba por el volante y por el pecho. Yo no podÃa reaccionar con fuerza, pues un jalón maldado podÃa sacarme del carril. Seguà derecho, con la mirada en la lÃnea blanca, respirando por la nariz sin responder. Las dos hablaban al mismo tiempo. DecÃan mi nombre. Me ordenaban que me detuviera y repetÃan que el camión traÃa una falla y que debÃa bajar a revisar. Una de ellas dijo, Rubén, abre, te vas a matar si sigues. La voz se escuchó clara.
7:46 Nadie afuera debÃa saber mi nombre y eso me heló las manos, pero no solté el volante. Tomé el radio sin mirar el micrófono. Le dije al nabo que traÃa dos mujeres pegadas a las puertas que estaban hablando y que no se soltaban. Ãl respondió, sigue, no abras nada, busca luz. Otro operador entró al canal y dijo que venÃa atrás, que no me alcanzaba, y me pidió que mantuviera la unidad en marcha. Yo le contesté que iba a seguir. La anciana del pasajero empezó a jalar la manija. El seguro estaba puesto, pero la manija se movió. Después escuché el seguro brincar por dentro, arriba y abajo, con un golpe seco en cada movimiento. Estiré la mano derecha y lo bajé con fuerza. Ella respondió golpeando el vidrio con la palma. Luego arrastró las uñas por la ventana.
8:41 El sonido fue largo y fino. Me dieron ganas de taparme los oÃdos, pero las dos manos tenÃan que quedarse en el volante. La del conductor pegó la boca al vidrio. Ahora sà entendà cada palabra.« Detente, Rubén. La curva te va a sacar. Yo te estoy avisando». Lo dijo sin gritar mientras sus dedos se hundÃan en la goma. Miré al frente y vi la curva, pero no frené de golpe. Solté un poco el acelerador, bajé la velocidad con cuidado y dejé que el remolque se acomodara. La caja dio un jalón leve hacia la derecha, pero lo corregà con movimientos cortos. En medio de la curva apareció otra bola de fuego. Cruzó frente al cofre de derecha a izquierda y quedó un momento delante del parabrisas. No cubrÃa todo, pero sà me quitaba vista del camino. Me guié por la lÃnea del acotamiento y por el borde del carril.
9:37 Las brujas golpearon las puertas al mismo tiempo. La del conductor metió las uñas en la goma y arrancó un pedazo. Entró aire frÃo por la ranura. La del pasajero jaló otra vez la manija. No pensé en enfrentarlas, ni en detenerme para ver qué eran. Pensé en mantener la unidad recta. en llegar a lámparas y en no abrir una puerta tomada. desde afuera. El camino no tenÃa espacio seguro para bajar. A la derecha estaba el monte, a la izquierda venÃa el carril contrario y yo llevaba una caja larga detrás. Una parada ahà me dejaba encerrado sin ayuda y con las dos pegadas a la cabina. Las voces cambiaron. Dejaron de explicar la falla y solo repetÃan, párate. Una lo decÃa desde mi ventana, la otra desde el lado del pasajero.
10:28 Los golpes subieron de fuerza. La cabina empezó a oler a tierra húmeda y pelo quemado. El olor entró por la ranura rota y me hizo arder los ojos. Tosà una vez y seguà mirando al frente. El nabo volvió por el radio. Más adelante hay una bajada a Rubén. No te avientes al freno o pásala derecho. Entré en la bajada con el cuerpo rÃgido. El tráiler tomó velocidad. Quité el pie del acelerador y sostuve el volante. La bruja del pasajero se movió hacia el espejo y lo golpeó. Y el espejo vibró. La del conductor jaló el marco de la ventana con las dos manos. La goma tronó.
11:10 El vidrio aguantó. Pero en una esquina apareció una lÃnea quebrada. Al final de la bajada venÃa un puente angosto. Lo vi tarde, porque la bola de fuego seguÃa delante del parabrisas. No la seguà con los ojos. Miré la entrada del puente. Acomodé el camión al centro y entré sin acelerar. A la mitad sentà un golpe fuerte en el lado derecho de la caja. El remolque se cargó hacia el barandal y el volante me jaló las manos, pero no lo solté. Lo corregà poco a poco. La bruja del conductor golpeó el vidrio con la frente. La esquina estrellada se abrió un poco más. Dos uñas entraron por la ranura y alcanzaron la manga de mi camisa. Ahà sentà el tirón en el brazo. Jalé hacia el centro de la cabina.
12:00 La tela se rasgó y algo me cortó cerca del antebrazo. No miré la herida, pero la sangre me calentó la piel. Del otro lado, la del pasajero seguÃa golpeando y jalando la manija. Pasé el puente con la llanta derecha pisando parte del acotamiento. El camión brincó, la caja se acomodó y logré recuperar el carril. Entonces vi una luz fija más adelante. No era fuego, no se movÃa y no cambiaba de lugar. Era una lámpara de un paradero. Avisé por radio que iba a meterme ahà y el operador de atrás respondió que ya veÃa mis luces y que no apagara el motor. Me pidió que entrara despacio, sin abrir la puerta. Cuando las brujas notaron la luz, dejaron de hablar durante unos segundos y luego golpearon con más rabia.
12:50 La del pasajero volvió a jalar la manija. La del conductor metió los dedos por la ranura y buscó otra vez mi brazo. Yo me hice hacia el centro, mantuve el volante firme y preparé la entrada. Ya no pensaba en lo que eran. Solo pensaba en llegar a esa lámpara con el trailer completo y las puertas cerradas. Recuerdo la entrada al paradero del lado derecho, angosta, con grava suelta y dos lámparas encendidas. VenÃa saliendo del puente con la caja todavÃa moviéndose detrás de mà y tuve que bajar la velocidad sin clavar el freno. Las dos ancianas seguÃan pegadas a las puertas. La del pasajero golpeaba el vidrio con la frente. La del conductor metÃa las uñas por la ranura de la ventana y jalaba la goma rota.
13:36 Ya no hablaban con calma. Ya no mencionaban la falla del camión. Solo repetÃan que me detuviera antes de llegar a la luz. Puse la direccional por costumbre y abrà la vuelta despacio. La unidad entró a la grava con un brinco fuerte. La caja se cargó hacia un lado y tuve que corregir con el volante apretado entre las manos. Frené poco a poco, solté, avancé unos metros más y quedé debajo de una lámpara. Dejé el motor encendido, puse el freno de estacionamiento y mantuve las luces altas prendidas. Me quedé sentado con el cinturón puesto, mirando al frente y escuchando los golpes en las puertas. La luz del poste les pegó directo, la del conductor tenÃa la cara hundida.
14:23 el cabello gris pegado a la frente y las uñas enterradas en el marco. La del pasajero seguÃa con una mano en la manija y la otra contra el vidrio. Las dos respiraban fuerte, con la boca abierta y ya no repetÃan mi nombre. En los dedos de la que venÃa de mi lado habÃa un pedazo de tela de mi camisa atorado entre las uñas. Yo sentÃa el corte en el antebrazo, pero no aparté la vista de ellas. El otro trailer entró detrás de mÃ. Lo escuché primero por el motor y Luego vi el reflejo de sus luces en los espejos dañados. El operador se quedó dentro de su cabina y habló por radio. Me preguntó si podÃa moverme, si estaba herido y si la seguÃa viendo.
15:07 Le respondà que sÃ, que estaban pegadas a las puertas. Me dijo que iba a acercarse un poco más, sin bajar, y que mantuviera las manos lejos de las manijas. Sus faros iluminaron primero el lado izquierdo. La anciana del conductor volteó hacia esa luz, soltó el marco y cayó a la grava con las manos por delante. Apoyó las rodillas, levantó la cabeza y corrió hacia el monte. La del pasajero golpeó una última vez la puerta, soltó la manija y cayó también. Se arrastró unos metros, después se levantó y la siguió. Las bolas de fuego subieron detrás de ellas, pasaron por encima de la maleza y se apagaron lejos de la carretera. No abrà la puerta en ese momento.
15:51 Me quedé adentro con el motor encendido y el radio en la mano. El operador de atrás me habló varias veces hasta que pude contestarle completo. Me dijo que ya no veÃa nada alrededor, pero que esperáramos a que llegaran más camiones. Los minutos se hicieron largos. Yo miraba la puerta del pasajero, luego la mÃa y luego el frente. El ruido del motor me ayudaba a mantenerme despierto y a no pensar en bajar solo. Cuando llegaron otros dos operadores, ya clareaba. Bajamos juntos y nadie caminó hacia el monte. Primero revisamos la cabina. La puerta del conductor tenÃa surcos en la pintura, la goma de la ventana estaba rota y el vidrio seguÃa estrellado en una esquina. Mi manga estaba rasgada y el corte del brazo sangraba poco. La puerta del pasajero tenÃa marcas en la manija, en el marco y en la orilla del vidrio. y el espejo derecho estaba flojo. La caja traÃa golpes en la lámina, sobre todo del lado donde escuché los primeros impactos. Después revisamos llantas, lÃneas, seguros y frenos. Todo estaba en condiciones para seguir. No habÃa una falla que me obligara a detenerme en la carretera. El camión habÃa respondido bien durante todo el tramo. Las voces insistieron en que bajara a revisar, pero la unidad estaba completa. Ese dato se me quedó grabado,
17:23 porque si yo abrÃa la puerta en la oscuridad, me habrÃa bajado por obedecerlas, no por una falla real. En la grava encontramos marcas de manos cerca de las puertas. HabÃa demasiadas pisadas nuestras y marcas de llantas, asà que nadie pudo separar unas de otras. Uno de los operadores alumbró hacia el monte, vio la maleza movida en una parte y dejó de avanzar. Otro dijo que, años atrás, habÃan encontrado a un chofer fuera de su cabina, golpeado y perdido, después de detenerse por una luz. No explicó más y tampoco hizo falta. Todos entendimos por qué nadie querÃa caminar hacia ese lado. Revisé el celular cuando me calmé un poco. HabÃa grabado parte del camino porque lo traÃa apuntando al frente. En el video aparecen las luces cruzando la carretera y se oyen los golpes contra la cabina.
18:18 Las brujas no salen, venÃan a los lados. El audio trae ruido de motor, pero se escucha una voz de mujer diciendo que me detuviera, y en una parte se oye mi nombre. No era una prueba completa, pero era lo único que tenÃa. Cuando tuve señal, llamé a mi patrón. Le dije que el trailer tenÃa daños, que podÃa moverlo. pero que no iba a seguir solo. Después llamé a mi esposa y le dije que habÃa tenido un problema en carretera y que estaba vivo. Ella me oyó la voz quebrada y me pidió que respirara antes de volver a manejar. Yo tenÃa la boca seca, las manos tensas y el brazo ardiendo, pero todavÃa me faltaba llegar a Monclova.
19:04 Salimos en grupo. Yo manejé en medio, con un tráiler adelante y otro detrás. Cada vez que revisaba los espejos, esperaba ver otra mano en la ventana. Al llegar a la pensión, apagué el motor. Bajé despacio y me senté junto a la llanta delantera. Las piernas me temblaban y me quedé ahà hasta que pude levantarme. Ese dÃa reporté los daños. En el papel quedó escrito que la unidad traÃa golpes, rayones, daño en ventana y espejo. Nadie escribió que dos brujas se pegaron a las puertas, y yo tampoco lo exigÃ. Guardé el video, la camisa rota y las fotos de la cabina. Desde entonces no cruzo ese tramo solo de madrugada. Si me toca pasar, espero otro camión o lo hago de dÃa. Sé lo que vi, lo que escuché y sé que me pidieron detenerme hasta el último momento. No lo hice y por eso sigo aquÃ.
20:05 Si te gustó este video, te recomiendo ir a ver Una bruja en mi tráiler. Y también Lady Raite y se convirtió en bruja dentro de mi tráiler.
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