Nunca Imaginé Que Ella Estaba Involucrada
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
0:05 La primera vez que encontré un hilo negro dentro del caldo que preparaba mi suegra, pensé que era un cabello. Lo saqué de la carne, lo dejé junto al plato y seguà comiendo. La segunda vez me dio asco, pero tampoco dije nada. La tercera vez el hilo no estaba en el caldo, estaba dentro de mi boca. Lo sentà atorado entre el labio y la encÃa después de cenar. Fui al baño, lo sujeté con dos dedos y tiré despacio. Salieron varios centÃmetros hasta que sentà un dolor fuerte debajo de los dientes. Me acerqué al espejo, levanté el labio y vi que el hilo entraba directamente en la encÃa. Volvà a tirar y la carne se tensó, asà que lo solté de inmediato. Me quedé mirando ese extremo negro tratando de entender cómo habÃa llegado hasta ahÃ, porque ya no podÃa convencerme de que era un cabello perdido en la comida. Mi suegra, Patricia, preparaba ese caldo desde que me casé con Camila. Al principio lo hacÃa solamente para mi cumpleaños, pero después empezó a llevar recipientes cualquier semana, sobre todo cuando decÃa que me veÃa cansado o más delgado.
1:16 Camila siempre agradecÃa el detalle y bromeaba con que su mamá me cuidaba mejor que a ella. El caldo era solo para mÃ. Cuando alguna vez le ofrecà a Camila, Patricia decÃa que habÃa preparado poco o que a su hija le caÃa pesado. Nunca le di importancia, pues durante años comà en su casa y no tuve ningún problema. Por eso tardé en relacionar el caldo con lo que empezó a pasarme. Primero sentà picazón en la encÃa, luego aparecieron pequeños puntos oscuros cerca de los dientes y empecé a perder peso aunque seguÃa comiendo igual. También dormÃa mal. Algunas mañanas despertaba con las rodillas adoloridas, tierra debajo de las uñas o suciedad en los pies, y no recordaba haber salido de la cama. Camila decÃa que podÃa ser estrés.
2:08 Yo trabajaba demasiado y nuestras discusiones habÃan aumentado, casi siempre por sus celos, asà que durante un tiempo acepté esa explicación. Algunas noches soñaba que avanzaba con las manos apoyadas en el suelo Al despertar me quedaba el dolor en las piernas y un sabor extraño en la boca. Camila se preocupaba, me preguntaba cómo habÃa dormido y decÃa que debÃa descansar más. Incluso me acompañó a que me revisaran la encÃa cuando los puntos negros empezaron a molestarme, pero no encontraron una causa clara. Eso me tranquilizó hasta la noche en que encontré el hilo metido dentro de la encÃa. Lo corté con unas tijeras porque no soportaba seguir tirando. Me enjuagué la boca y llamé a Camila. Le enseñé el pedazo negro y el punto de donde salÃa. Ella dijo que quizá alguna fibra se habÃa clavado mientras comÃa. Le pregunté cómo podÃa quedar metida de esa forma dentro de mi boca y Camila no tuvo respuesta. Esa noche dormà poco y cuando conseguà hacerlo volvà a soñar que caminaba con las manos en el piso y al despertar tenÃa las piernas tensas y la boca seca. Ese dÃa decidà dejar de comer todo lo que preparara Patricia. No se lo anuncié a nadie, simplemente empecé a rechazar los recipientes. En pocos dÃas dormà mejor, recuperé parte del apetito y la molestia de la encÃa disminuyó, y también dejé de encontrar
3:40 tierra en las manos. Cuando Patricia volvió con otro caldo, le dije que ya no querÃa. Me preguntó si habÃa dejado de gustarme y le conté lo de los hilos. respondió que podÃa haberse soltado algún hilo de cocina mientras preparaba la carne. Luego insistió en que guardara el recipiente por si después tenÃa hambre. Lo acepté para evitar una discusión y lo tiré cuando se fue. Camila dijo que habÃa sido un poco duro con su mamá, pero esa noche me abrazó, me aseguró que estaba preocupada y prometió pedirle a Patricia que dejara de llevar comida durante un tiempo. Pensé que el problema empezaba a quedar atrás, pero unos dÃas después regresó la picazón. Fui al baño, levanté el labio y encontré otro punto negro. Lo agarré con unas pinzas y saqué un pedazo corto de hilo. Esa vez estaba seguro de no haber comido nada de Patricia. HabÃa desayunado fuera, comÃa en el trabajo y Camila preparó la cena.
4:43 Estuve a punto de preguntarle si su mamá le habÃa dado algún ingrediente, pero no querÃa convertir cada comida en una acusación. Aún asÃ, empecé a prestar atención a cosas que antes dejaba pasar. Cuando Camila me pedÃa que me sentara, yo obedecÃa antes de decidirlo. Si me decÃa que dejara el teléfono, mis dedos se abrÃan y lo soltaba. Una tarde discutÃamos y me pidió que fuera por un vaso de agua. Yo querÃa seguir hablando, estaba molesto y no tenÃa intención de levantarme, pero mis piernas se movieron y fui a la cocina. Me detuve con el vaso en la mano y sentà miedo. Regresé sin decirle lo que habÃa ocurrido. El fin de semana siguiente fuimos a casa de Patricia por una reunión familiar. Yo llevaba varios dÃas sintiéndome mejor y querÃa pasar unas horas sin pensar en el caldo ni en los hilos. Patricia se comportó con normalidad, me preguntó por mi trabajo, habló con Camila y no mencionó la comida que yo habÃa rechazado. En un momento salió de la casa y Camila se quedó conversando con unos familiares. Fui al baño y al regresar, pasé frente al cuarto de Patricia. Recordé que su ropero siempre estaba un poco separado de la pared. Entré, lo movà y encontré un espacio cubierto detrás. Lo abrà y vi velas, frascos, fotografÃas mÃas y una figura de cera. La tomé porque tenÃa varios hilos negros saliendo de la boca. También tenÃa
6:16 agujas clavadas en el cuerpo y un pedazo de tela alrededor de la cintura. Reconocà la tela al tocarla, pues era de una prenda interior mÃa que habÃa desaparecido meses antes. Giré la figura y encontré mi nombre completo escrito en la espalda. La dejé donde estaba y vi un cuaderno debajo. Lo abrÃ. HabÃa fechas, referencias al caldo, notas sobre mi peso, mi sueño y mis cambios de humor. Seguà pasando hojas hasta que encontré detalles de discusiones que Camila y yo habÃamos tenido dentro de nuestra casa. En una página estaba la noche en que le dije que estaba cansado de su celo. Y en otra aparecÃa que yo habÃa hablado de separarnos y la relación seguÃa igual. También habÃa frases que recordaba haber dicho sin nadie más presente. Seguà leyendo y encontré palabras repetidas junto a mi nombre. Quedarse, obedecer, calmarse, no salir. En ese momento entendà que Patricia no estaba intentando enfermarme para hacerme daño y terminar conmigo. QuerÃa conseguir otra cosa. Y esas palabras empezaban a explicar por qué mi cuerpo respondÃa antes que mi cabeza. Entonces escuché abrirse la puerta principal. Cerré el cuaderno, lo puse en su lugar, acomodé la figura y movà el ropero. Salà del cuarto con el teléfono en la mano y me reunà con los demás. Patricia acababa de regresar. Me saludó desde la
7:50 sala y siguió caminando. Camila estaba cerca, hablando con un familiar. La miré y recordé cada frase que habÃa encontrado escrita. Hasta ese momento, todo mi miedo habÃa estado concentrado en Patricia, en su comida y en lo que pudiera estar haciendo a escondidas. Pero el cuaderno cambió eso. Patricia conocÃa cosas que solamente una persona podÃa haberle contado. Y mientras veÃa a Camila hablar con su familia, entendà que la pregunta ya no era qué me estaba haciendo mi suegra. La pregunta era cuánto sabÃa mi esposa. Antes de salir del cuarto, alcancé a tomar varias fotografÃas con el teléfono. Guardé el aparato, dejé el cuaderno donde estaba y salà antes de que Patricia entrara al pasillo. Durante el resto de la reunión hablé poco. Camila me preguntó si me sentÃa bien y le dije que estaba cansado. Patricia siguió atendiendo a la familia sin mencionar nada. Yo pensaba en las páginas que acababa de leer sobre todo en las frases que solo Camila podÃa conocer. En el camino de regreso, traté de encontrar una explicación que la dejara fuera, pero no la encontré.
9:06 Patricia podÃa saber que discutÃamos, incluso que yo habÃa hablado de separarme, pero no podÃa conocer palabras exactas dichas dentro de nuestra casa. Tampoco podÃa tener una prenda mÃa, registrar los dÃas en que dormÃa mal, y anotar cuándo habÃa vuelto a comer el caldo sin que alguien le contara lo que pasaba. Al llegar a casa, le pedà a Camila que se sentara conmigo. Saqué el teléfono, abrà una fotografÃa de la figura y se la puse enfrente. Después le mostré una página del cuaderno donde aparecÃa mi nombre junto a una discusión nuestra. Camila miró las imágenes, pero no preguntó dónde las habÃa tomado, ni por qué su mamá tenÃa una figura con mi ropa. Lo primero que quiso saber fue cuántas fotografÃas habÃa hecho. Esa pregunta me confirmó lo que venÃa pensando le pregunté cómo sabÃa Patricia todo lo que hablábamos y Camila dejó el teléfono sobre la mesa me dijo que ella se lo habÃa contado le pregunté si también sabÃa de la figura del caldo y de los hilos respondió que sà y agregó que su mamá no habrÃa hecho nada de eso sin su permiso.
10:23 Dijo que llevaba meses escuchándome hablar de espacio, de cansancio y de terminar la relación, y que ya estaba cansada de esperar a que yo decidiera si querÃa seguir con ella. Le pregunté qué habÃan hecho conmigo. Camila me respondió que su mamá habÃa empezado después de una discusión, en la que yo dije que podÃa irme cuando quisiera. Al principio, según ella, solo querÃan que dejara de pelear por todo, que regresara temprano, que no saliera tanto y que dejara de hablar de separarnos. Luego me recordó las veces que me habÃa quejado de sus celos y dijo que eso ya no iba a ser un problema porque pronto yo no tendrÃa ganas de irme. Me levanté y me fui hacia la puerta. Camila me dijo que me sentara. Mis piernas se detuvieron antes de llegar al seguro. Intenté avanzar, pero no respondieron. Di dos pasos hacia atrás y terminé sentado otra vez. Quise levantarme de inmediato, pero Camila me pidió que dejara las manos sobre la mesa y mis brazos bajaron. Conseguà levantar una mano unos centÃmetros, hasta que repitió la orden y volvà a apoyarla. Ahà entendà por qué durante las últimas semanas habÃa obedecido cosas pequeñas antes de pensarlas. Recordé cuando me pedÃa que dejara el teléfono, que fuera por agua, que me sentara o que terminara de comer. Le pregunté cuánto tiempo llevaba probándolo conmigo. Camila
11:54 dijo que varias semanas, aunque al principio no siempre funcionaba. Algunos dÃas obedecÃa de inmediato y otros todavÃa discutÃa. Por eso Patricia seguÃa preparando el caldo. Le pregunté qué tenÃa la comida, pero no me respondió. Quise gritarle, pero la lengua empezó a sentirse pesada y la encÃa volvió a arder. Camila se acercó y me pidió que abriera la boca. Apreté los dientes, conseguà mantenerlos cerrados unos segundos y después la mandÃbula cedió. Ella levantó mi labio, encontró uno de los puntos negros y dijo que todavÃa faltaba. Ya no necesitaba más explicaciones. Mi cuerpo estaba respondiendo a sus órdenes y ellas querÃan terminar el proceso. Camila tomó su teléfono y escribió un mensaje. Yo seguÃa intentando levantarme cada vez que apartaba la vista, pero cuando trataba de caminar hacia la puerta, las piernas se endurecÃan. Ella me dijo que me quedara ahà y volvà a quedar inmóvil. Poco después llegó Patricia con una olla, la dejó en la cocina y vino directo hacia mÃ. Camila le dijo que yo habÃa encontrado el cuarto y habÃa visto el cuaderno. Patricia miró mi boca y preguntó si habÃa comido algo suyo durante los últimos dÃas, pero Camila respondió que no. Patricia dijo que por eso estaba recuperando fuerza. Le exigà que me dijera qué me habÃa dado, pero no respondió. Solo dijo que ya no importaba que yo supiera lo que hacÃan,
13:28 porque iban a terminarlo esa misma noche. Camila llevó un plato a la mesa y reconocà el olor del caldo antes de verlo. Esta vez los hilos negros estaban a la vista, mezclados entre la carne. Le dije que no iba a comer, pero ella dejó una cuchara junto a mi mano y me pidió que la tomara. Mis dedos se cerraron alrededor del mango. Intenté abrirlos y no pude. Camila se sentó frente a mà y me pidió que dejara de resistirme. Mi brazo avanzó hacia el plato, pero conseguà detenerlo unos segundos, con la mano temblando sobre la mesa. hasta que volvió a ordenarme que comiera. La cuchara entró en el caldo, levantó un pedazo de carne y uno de los hilos quedó colgando. Intenté tirar la cuchara al piso, pero el brazo siguió subiendo. Cerré los labios, pero Camila repitió la orden y la mandÃbula se abrió. Sentà el hilo sobre la lengua. Traté de expulsarlo y mis dientes empezaron a masticar. Después de la primera cucharada, las manos se me pusieron pesadas. Con la segunda me costó levantar los pies. Yo seguÃa escuchando todo y entendÃa cada palabra.
14:40 Patricia le dijo a Camila que todavÃa necesitaba varias comidas porque yo habÃa dejado el caldo demasiado pronto. Camila preguntó cuánto faltaba y Patricia respondió que dependÃa de cuánto siguiera resistiéndome. Intenté decir que mi familia iba a notar algo, que en el trabajo se darÃan cuenta si yo cambiaba demasiado. Patricia respondió que no iban a encerrarme ni a impedirme hablar con nadie. Yo seguirÃa trabajando, viendo a mi familia y haciendo mi vida. La diferencia era que regresarÃa a casa cuando Camila lo pidiera, dejarÃa de salir cuando ella lo ordenara y no volverÃa a hablar de separación. Eso terminó de aclararme lo que habÃa encontrado en el cuaderno.
15:26 No querÃan que desapareciera ni que la gente preguntara por mÃ. QuerÃan que todos siguieran viéndome igual, mientras dentro de la casa yo perdÃa la capacidad de tomar decisiones que pudieran alejarme de Camila. Recordé las palabras escritas junto a mi nombre, quedarse, obedecer, calmarse, no salir. Ya sabÃa para qué estaban ahÃ. Camila volvió a llenar la cuchara y me pidió que terminara el plato. Intenté cerrar la boca antes de que mi brazo subiera, pero la mandÃbula volvió a abrirse cuando lo ordenó. Tragué otra cucharada y sentà un hilo pegado en la parte interna de la mejilla. Movà la lengua para sacarlo, pero Camila me pidió que tragara y lo hice. Patricia observó mi boca y le dijo a su hija que después de unas cuantas comidas ya no tendrÃa que repetir tanto las órdenes. Camila preguntó si yo seguirÃa consciente. Patricia respondió que sà que iba a escuchar, recordar y entender, solo que cada vez tendrÃa menos fuerza para oponerme. La cuchara volvió al plato. Yo pensé en levantarme, en tirar la mesa, en gritar, pero ninguna de esas decisiones llegó a convertirse en un movimiento. Mi mano tomó otra porción, la llevó hasta mi boca y se quedó ahÃ. Cerré los labios con la poca fuerza que todavÃa podÃa controlar. Camila repitió la orden una sola vez. Abrà la boca y seguà comiendo.
16:57 Hasta el dÃa de hoy sigo tratando de salir de esto. Un amigo del trabajo fue la primera persona que notó que yo estaba actuando diferente. Me veÃa cansado, obedecÃa mensajes de Laura sin discutir y varias veces me encontró saliendo antes de tiempo porque ella me habÃa pedido que regresara a casa. Un dÃa le conté una parte de lo que estaba pasando y aunque al principio pensó que yo estaba enfermo, decidió ayudarme. Semanas después llevó a una mujer que conocÃa de su familia. Ella practicaba brujerÃa desde hacÃa años y aceptó verme en el trabajo, lejos de Laura y de Teresa. Revisó mi boca, encontró dos hilos todavÃa metidos en la encÃa y me dijo que el trabajo seguÃa activo. También me advirtió que quitarlo no iba a ser rápido, porque llevaba demasiado tiempo alimentándose con lo que yo habÃa comido. Desde entonces intento seguir sus indicaciones y evitar cualquier comida que venga de mi casa. Algunos dÃas recupero fuerza y puedo ignorar ciertas órdenes, otros vuelvo a sentir la lengua pesada y las piernas se me detienen.
18:07 TodavÃa vivo con Laura y todavÃa veo a Teresa, y sigo en la batalla por recuperar el control de mi cuerpo, antes de que ellas terminen lo que empezaron.
Apple Podcasts
Spotify
Castro
RSS Feed