July 22, 2026

Nunca Debimos Tomar Ese Camino De Noche - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Esto ocurrió hace varios años, cuando mi esposa Elena, mis hijos Mateo y Ana, mi suegro Ramón y yo regresábamos de visitar a unos familiares. Para volver a casa teníamos dos caminos, la carretera larga o la brecha que cruzaba el rancho El Carrizal. Elegimos pasar por el rancho porque ya conocíamos esa ruta y nos ahorraba camino. Antes de salir, uno de mis familiares nos pidió que no cruzáramos de noche. Nos contó que varias personas habían visto un animal grande cerca de la brecha y que un hombre había dejado su motocicleta tirada después de ser atacado. En el rancho decían que era un agual. Ramón descartó esa idea y dijo que podía tratarse de un perro grande, un coyote o un animal salido de algún corral. Yo tampoco le di importancia. Habíamos pasado muchas veces por ahí y nunca nos había ocurrido nada. Yo conducía la camioneta, Elena iba a mi lado y en el asiento trasero viajaban los niños con Ramón. Mateo y Ana estaban cansados y casi no hablaban. Al entrar en el carrizal vimos las casas cerradas y escuchamos a los perros ladrar desde los patios.

1:18 No había gente en la calle. Cruzamos la calle principal sin detenernos. Cerca de la salida Elena me dijo que había visto algo moverse detrás de una cerca. Volté hacia ese lado. Aunque no alcancé a ver nada. Ramón dijo que era uno de los perros del rancho. Seguimos adelante y poco después escuchamos un golpe en la parte trasera de la camioneta. Todos volteamos. Pensé que una piedra había pegado debajo de la caja. Así que continué sin frenar. Unos metros más adelante sonó otro golpe. Ahora sobre la lámina. Elena me pidió que siguiera. Ramón miró por el vidrio trasero.

1:59 pero no encontró nada. Cuando dejamos atrás las últimas casas, el camino se hizo más estrecho. Había zanjas y piedras. Por eso tuve que bajar la velocidad. Los niños ya estaban despiertos. Mateo preguntó qué había golpeado la camioneta y Elena le respondió que podía haber sido una rama. Ana se acercó a su hermano y se quedó callada. Avanzamos un poco más hasta que las luces alumbraron una figura en medio del camino. Primero creí que era un becerro echado, pero levantó la cabeza y se apoyó sobre las cuatro patas. Era un animal grande, cubierto de pelo oscuro, con la parte delantera del cuerpo más alta que la trasera. Reduje la velocidad, pero no se movió. Ramón me pidió que regresara al pueblo porque no había espacio para pasar. Antes de que metiera reversa, el animal se levantó sobre las patas traseras, se mantuvo así unos segundos y luego volvió al suelo. Nadie habló, pues ya no pensábamos que fuera un perro. Comencé a retroceder mientras el animal avanzaba hacia nosotros.

3:08 Caminaba despacio y no salía de la luz de los faros. Elena le ordenó a los niños que se agacharan. Ramón siguió mirando hacia atrás y me indicó por dónde debía moverme. Yo traté de mantener la camioneta en el centro, pero la llanta trasera cayó en una zanja. El vehículo se inclinó y el motor se apagó. Giré la llave una vez y no encendió. En ese momento, el animal llegó hasta el frente y golpeó el cofre. Elena se cubrió la cara. Los niños comenzaron a llorar y Ramón sacó una llave de cruz que guardaba detrás del asiento. Volví a intentar encender el motor. Antes de que respondiera, el animal golpeó otra vez y apoyó una pata cerca del parabrisas.

3:53 Alcancé a ver dedos largos y uñas gruesas sobre la lámina. Giré la llave de nuevo, el motor encendió y aceleré mientras movía el volante. La llanta patinó dentro de la zanja. Luego recuperó apoyo y la camioneta volvió al camino. El animal se apartó del frente y corrió junto a mi puerta. Golpeó la lámina con el cuerpo, pero no solté el volante. Seguí en reversa hasta encontrar un espacio donde pude girar. En cuanto la camioneta quedó orientada hacia el rancho, aceleré. La criatura empezó a seguirnos y la vi en el espejo cuando el camino se enderezó. Corría en cuatro patas cerca de la camioneta y en algunos momentos levantaba el cuerpo antes de volver a apoyarse en el suelo. Ramón pidió que nadie mirara hacia atrás y que los niños permanecieran agachados. Elena sostenía a Ana con un brazo y a Mateo con el otro. Yo trataba de mantener la velocidad sin perder el control, porque las llantas brincaban en cada zanja. Pensé que el animal se detendría al acercarnos a las casas, pero siguió detrás. Cuando vimos las primeras viviendas, escuchamos un golpe fuerte en la caja. La parte trasera bajó por el peso y la camioneta se movió hacia un lado. Ramón miró por el vidrio y dijo que la criatura había saltado dentro. Después escuchamos sus patas sobre la lámina, primero detrás de la cabina y luego sobre el techo. Elena me pidió que no frenara. Entré al

5:28 rancho tocando el claxon para pedir ayuda. Pasamos frente a una casa con la luz encendida. Elena levantó una mano y una persona se asomó desde la puerta, pero volvió a entrar al ver lo que llevábamos encima. Nadie salió al camino. El techo recibió otro golpe y se hundió sobre nosotros. Ramón levantó la llave de cruz, aunque no podía usarla sin ponerse de pie y dejar a los niños expuestos. Yo seguí por la calle principal y busqué la salida que llevaba a San Mateo. Para llegar a ella teníamos que cruzar el rancho completo. El peso avanzó sobre el techo, desde la parte trasera hacia el frente, y cada golpe sonó más cerca del parabrisas. Mantuve las manos firmes en el volante. seguí tocando el claxon y no reduje la velocidad la criatura continuaba encima de la camioneta acercándose al cofre mientras nosotros entrábamos en la parte más cerrada del pueblo seguí tocando el claxon mientras cruzábamos el rancho algunas luces se encendieron pero nadie salió el peso avanzaba sobre el techo y la lámina se hundía con cada paso al tomar la calle que llevaba a la otra salida vi una mano apoyarse en el borde del parabrisas Luego el cuerpo cayó sobre el cofre y quedó frente a nosotros. Frené por reflejo. Ramón me dijo que siguiera y moviera la camioneta para hacerlo perder el apoyo.

6:55 Aceleré y giré sin acercarme demasiado a las casas. La criatura levantó una mano y golpeó el parabrisas y el vidrio se abrió desde el centro. Elena mantuvo a los niños agachados y Ramón se inclinó hacia adelante con la llave de cruz preparada. El animal golpeó otra vez. La grieta llegó hasta mi lado y tuve que conducir por la parte que todavía me dejaba ver el camino. Al acercarnos a una curva, moví el volante hacia la izquierda y después hacia la derecha. La criatura perdió el apoyo y cayó junto a la puerta de Elena. Creí que la habíamos dejado atrás, pero escuchamos un golpe contra la parte trasera. La vi correr junto a la camioneta. Alcanzó la ventana donde iban los niños y golpeó el vidrio.

7:44 Ramón se atravesó para cubrirlos. El segundo golpe rompió la ventana y los pedazos cayeron sobre el asiento y el piso. Elena jaló a Ana hacia adelante y Mateo quedó junto a Ramón con los brazos sobre la cabeza. Una mano entró por la abertura y se sujetó del respaldo. Ramón golpeó los dedos con la llave. la mano salió volvió a entrar más abajo y agarró la sudadera de Mateo el niño gritó cuando sintió el tirón Elena se volvió y lo sujetó por la cintura mientras Ramón golpeaba el brazo de la criatura cerca de la muñeca y después sobre los dedos la tela comenzó a romperse pero la mano siguió cerrada yo no podía mirar hacia atrás durante mucho tiempo pues la calle terminaba cerca y tenía que mantener la camioneta dentro del camino Elena gritó que estaban sacando a Mateo por la ventana. Aceleré y pasé sobre un bordo sin reducir la velocidad. La parte trasera se levantó.

8:46 La criatura perdió el apoyo y soltó la sudadera. Mateo cayó sobre el piso, todavía sujeto por su madre, y Ramón ocupó el espacio frente a la ventana rota. Salimos del rancho por la brecha hacia San Mateo. El animal continuó corriendo a nuestro lado y después quedó atrás. Elena revisó a Mateo sin levantarlo del piso. Tenía el hombro lastimado, aunque podía mover el brazo. Ana tenía una cortada pequeña en la mejilla y Ramón se había abierto una mano al golpear el marco. Durante un momento nadie habló. El motor, el aire que entraba por el vidrio roto y las piedras bajo las llantas llenaban la cabina. Mantuve la velocidad y revisé los espejos cuando el camino se enderezaba. La criatura ya no aparecía. Ramón dijo que aún faltaba para llegar a la carretera y que no debíamos detenernos. Elena cubrió a los niños con una chamarra, los mantuvo agachados y envolvió la mano de su padre con un pedazo de tela. Seguimos por un tramo recto y luego comenzamos a bajar. El parabrisas rajado vibraba con cada golpe. Reduje un poco la velocidad para conservar la vista, pero Ramón me pidió que no la bajara demasiado. Entonces escuchamos otro golpe en la caja. No fue tan fuerte como el primero, aunque todos supimos lo que era. El peso se movió hasta quedar detrás de la cabina. Ramón levantó la llave

10:17 de cruz y Elena volvió a cubrir a los niños. Aceleré, pero la camioneta comenzó a jalarse hacia la derecha. Pensé que una llanta se había dañado al pasar el bordo. La criatura golpeó el vidrio trasero y el primer impacto lo aflojó y el segundo abrió una esquina. Ramón empujó el vidrio con la llave para evitar que cayera hacia adentro. Una mano apareció por el hueco y trató de sujetar la herramienta. Él la retiró y golpeó los dedos. La criatura jaló el marco. El vidrio terminó de romperse y parte de su brazo entró en la cabina. La mano agarró la camisa de Ramón y lo arrastró hacia atrás.

10:59 Elena soltó a los niños y sujetó a su padre por el cinturón. Ramón trató de girarse para liberar el cuello, pero el Nahual seguía tirando de él. Vi una entrada estrecha a un terreno y giré hacia ella. La camioneta salió de la brecha, pasó entre dos postes y rozó unas ramas bajas. Las ramas golpearon la caja y el techo. La criatura soltó a Ramón y cayó hacia un lado. Frené solo lo necesario para girar y regresar al camino. Ramón respiraba con dificultad, aunque seguía consciente. Elena le revisó el cuello y encontró varias cortadas. Volví a la brecha y aceleré. En el espejo vi a la criatura levantarse y una de sus patas delanteras no apoyaba bien, pero comenzó a seguirnos otra vez. La camioneta se iba cada vez más hacia la derecha corregía el volante y sentía la vibración hasta los brazos. Un golpe sonó debajo de la carrocería y la llanta trasera se desinfló por completo.

12:02 El vehículo perdió velocidad, el ring golpeaba las piedras y la parte trasera se movía de un lado a otro, pero no podía detenerme. Seguía avanzando mientras la criatura cortaba la distancia. Elena mantenía a los niños abajo, Ramón sostenía la llave de cruz con una mano y yo trataba de conservar el control. Al final del tramo vimos la carretera, pero todavía faltaba bajar una pendiente larga. El animal llegó otra vez a la parte trasera y golpeó la caja. Ramón se acomodó frente al vidrio roto. Elena cubrió a Mateo y a Ana con su cuerpo. Yo sujeté el volante con las dos manos y seguí bajando, con la llanta deshecha y la criatura pegada a la camioneta. Yo no podía acelerar más porque el camino terminaba en una curva cerrada. pero tampoco podía reducir la velocidad, pues cada vez que soltaba el pedal sentía que el animal ganaba terreno.

13:00 Ramón se acomodó junto al vidrio roto, tenía sangre en el cuello, y Elena le pidió que se mantuviera abajo, pero sostuvo la llave de cruz y se quedó cubriendo el hueco. El animal saltó dentro de la caja, primero escuchamos sus manos sobre la lámina, luego un golpe contra la cabina. Ramón levantó la herramienta y Elena se metió entre los asientos para cubrir a los niños. Una mano entró por la abertura. Ramón la golpeó, pero los dedos alcanzaron el respaldo y jalaron con fuerza. El asiento se movió hacia atrás. Elena tomó la llave y le golpeó la muñeca mientras Ramón empujaba el brazo con el hombro. Yo seguí mirando el camino, por la parte del parabrisas que todavía estaba entera. La curva ya estaba cerca y el ring golpeaba cada piedra. Si se atoraba o se desprendía, nos quedábamos ahí. La mano soltó el respaldo y alcanzó el cabello de Elena. Ella gritó cuando sintió el tirón.

13:59 Ramón la sujetó por la cintura y trató de apartar los dedos, mientras Mateo y Ana lloraban en el piso. Moví la camioneta hacia el lado izquierdo, donde varias ramas entraban sobre el camino. Las ramas golpearon el techo, la caja y el costado. La criatura soltó a Elena, pero siguió aferrada a la camioneta. Cuando ella volvió a sentarse, tenía un corte en la cabeza. Ramón recuperó la llave de cruz. El animal golpeó el techo y comenzó a avanzar hacia el frente. Entré en la curva con demasiada velocidad. Giré el volante y la parte trasera derrapó hasta pegar contra el borde de tierra. La criatura salió de la caja y cayó junto al camino. Enderecé la camioneta y seguí avanzando sobre el rin. Ramón miró por la abertura trasera y dijo que el animal se había levantado Ya no apoyaba bien una de las patas, pero volvió a seguirnos.

14:55 La carretera estaba cerca. Toqué el claxon varias veces mientras bajábamos el último tramo. Un camión pasó frente a la salida y siguió de largo. La criatura se acercó por el lado derecho, golpeó la caja y trató de subir otra vez. La llanta dañada soltaba pedazos de caucho y el rin raspaba el suelo. Aún así, mantuve la camioneta en movimiento. Al llegar a la entrada, tuve que frenar para dejar pasar un vehículo. En esos segundos, el animal alcanzó la parte trasera y golpeó una vez más. Giré hacia San Mateo en cuanto tuve espacio. La camioneta respondió con dificultad, pero entró en la carretera. Miré por el espejo y vi a la criatura detenida en la orilla.

15:39 Se levantó sobre las patas traseras y permaneció frente a la salida de la brecha. No avanzó sobre el pavimento. Seguí conduciendo hasta que vimos una casa con varias personas afuera. Me orillé frente a ellos, apagué el motor y pedimos ayuda. Dos hombres se acercaron. Uno abrió la puerta de Elena y el otro ayudó a Ramón a bajar. Elena tenía sangre en la cabeza y Ramón apenas podía mover el hombro. Nos hicieron pasar a la casa, una mujer limpió las cortadas y llamó a un familiar nuestro de San Mateo. Mientras esperábamos, contamos lo ocurrido desde que encontramos al animal en la brecha. Uno de los hombres dijo que ese animal ya había atacado a otras personas cerca del carrizal y que varios habitantes evitaban cruzar por la noche. También dijo que algunos lo llamaban Nahual, aunque nadie sabía qué era.

16:34 Nuestro familiar llegó y nos llevó a una clínica. A Ramón le cerraron las heridas del cuello y le inmovilizaron el hombro. A Elena le atendieron el corte de la cabeza. A los niños les retiraron pedazos de vidrio de la ropa y del cabello. Mateo tenía el hombro inflamado por el tirón, pero no tenía fractura. Al día siguiente regresé por la camioneta con dos familiares. Seguía donde la habíamos dejado, con el techo hundido, el parabrisas roto, una ventana sin vidrio y marcas profundas en una puerta. Dentro de la caja encontramos pelo oscuro atorado cerca de la cabina. No recorrimos la brecha ni buscamos huellas. Ramón se negó a volver y yo tampoco quise regresar. Llevamos la camioneta a un taller y volvimos a casa. Durante las semanas siguientes, Mateo despertaba cuando escuchaba golpes sobre el techo o ladridos cerca de la ventana. Ana se negaba a sentarse en la parte trasera de cualquier vehículo y Elena dejó de viajar por caminos rurales de noche. Yo cambié nuestras rutas.

17:41 aunque eso significara recorrer más distancia. Ramón tardó meses en recuperar el movimiento del hombro y la mano con la que sostuvo la llave. Perdió fuerza y ya no pudo trabajar igual y nunca volvió a cruzar el carrizal. Con el tiempo supe que la gente del rancho seguía usando la misma brecha porque era la salida más directa hacia San Mateo. Algunos esperaban a que amaneciera y otros cruzaban acompañados. pero el camino permaneció abierto. Yo nunca pude decir qué clase de animal nos atacó. Lo vi correr en cuatro patas, levantarse por momentos y usar las manos para sujetarse de la camioneta. Lo vi romper los vidrios, entrar por las ventanas y tirar de Mateo y de Ramón. También vi que se detuvo al llegar a la carretera. Eso es lo que recuerdo y eso es lo que cuento. No trato de convencer a nadie ni de ponerle un nombre, Desde aquella noche no he vuelto a pasar por esa brecha cuando oscurece, y cada vez que escucho un golpe sobre la lámina de un vehículo, recuerdo el peso moviéndose encima de nosotros y la mano entrando por el vidrio roto.