July 24, 2026

Nunca Debí Escuchar La Última Oración De La Bruja - Historias De Terror - REDE

Nunca Debí Escuchar La Última Oración De La Bruja - Historias De Terror - REDE
Nunca Debí Escuchar La Última Oración De La Bruja - Historias De Terror - REDE
REDE (Relatos Desclasificados)
Nunca Debí Escuchar La Última Oración De La Bruja - Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

0:05 Mi nombre es Beatriz. Nací, crecí y aún vivo en una pequeña ranchería de San Luis Potosí, donde parece que se ha detenido el tiempo. Nunca me llamó la atención mudarme a la ciudad como muchos lo hacían, como lo siguen haciendo. El rancho es mi vida y aquí me han de enterrar. Por mi condición humilde nunca aprendí a leer ni a escribir. Por lo mismo me dediqué a trabajar. Desde los cinco años ayudaba en la casa, sé cocinar. De hecho, soy cocinera. Cuando hay alguna fiesta, me piden que prepare el mole, el arroz y la barbacoa. Sé trabajar la tierra porque ya desde los ocho años andaba en la siembra. Pero, sobre todo, una cosa. Sé rezar.

0:50 Eso lo aprendí de mi madre. Ella era la rezandera no solo de nuestro rancho. La mandaban llamar de otras partes para que rezara el rosario, especialmente cuando había un difunto. Quizá cualquiera lo podía hacer. Pero no solo se trataba de rezar por rezar, no era una costumbre o una tradición. Era una ayuda, una necesidad para que el espíritu del muerto no se quedara atrapado en este mundo. También era muy importante realizar bien el novenario, para conseguir el eterno descanso de los seres queridos, sobre todo los que habían tenido una muerte violenta o habían sido malas personas. Se tenía que conseguir el perdón por medio de los rezos.

1:33 siendo niña y a través de mi madre entendí el poder de la oración mi mamá tampoco sabía leer mi abuela como había sido curandera y rezandera le había enseñado a rezar a levantar la sombra a recuperar el alma después de un susto y muchas cosas así que sólo una buena rezandera podía hacer sobre todo en esos tiempos cuando era muy niña no entendía que era todo eso Hasta los nueve años comencé a ponerle atención a lo que hacía mi mamá. Cuando la mandaban llamar para rezarle a una persona, primero preguntaba el motivo de la muerte. Después se lavaba muy bien las manos y se recogía el cabello. Se ponía a decir algunas oraciones mientras se vestía de negro. Agarraba su rosario con cuentas de madera.

2:22 Luego salíamos deprisa, aunque a mí me dejaba encargada con una comadre suya. Tendría tal vez 10 años cuando empecé a acompañar a mi mamá a rezarle a los muertos. Era todo un ritual y debería seguir siendo así. Quizá para esto se debe de tener un don. Si es así, yo lo tenía, porque miraba cosas que los demás no podían ver, ni siquiera mi mamá. Una mañana nos llegó un rumor. Se sabía que en uno de los muchos ranchos había una persona embrujada. Se encontraba muy enferma y nadie sabía lo que tenía. o al menos eso era lo que decían los familiares, sabíamos que pronto le hablarían a mi mamá, no le gustaban ese tipo de difuntos porque podían tener la cosa mala, por eso hacía todo por evitarlos, solo que a veces era imposible, me acuerdo que días después fue la primera vez que acompañé a mi mamá, fuimos a rezarle a una señora de ese rancho vecino, lo tengo bien grabado, Fueron a pedirle el favor, aunque se acostumbraban tres días de velación, solo sería esa noche porque el cuerpo de la señora, según los propios familiares, ya olía muy mal. Mi mamá, sospechando que pudiera ser la embrujada, les preguntó cuál era el motivo de la muerte.

3:39 Para saber qué clase de rezos añadir, las personas no le supieron dar razón, alegando que no había ido con ningún médico. Después de pensarlo un poco, les dijo que iría. No quería que yo la acompañara solo, que ya me lo había prometido. Serían como las ocho de la noche cuando salimos. Caminamos por una vereda que cortaba el monte. Lo hicimos como por veinte minutos. Mi mamá se notaba muy nerviosa. Por lo mismo, todo el tiempo fuimos en silencio. Yo, al contrario de ella, tenía emoción de acompañarla por primera vez. Supe que ya íbamos a llegar al velorio porque, a lo lejos, allá entre la oscuridad, se escuchaba el llanto de las mujeres. Cuando llegamos, unos hombres que se encontraban tomando frente a una fogata, saludaron y nos hicieron pasar a un cuarto apenas alumbrado con una lámpara de petróleo.

4:32 Esto lo digo con todo respeto. El olor a muerto era evidente. No se podía identificar a las personas porque vestían de negro. Sobre todo las mujeres que iban a rezar. Además traían puesto un velo sobre la cara. Tal vez los familiares de la difunta eran muy humildes porque el cuerpo no estaba en una caja. Se encontraba sobre una mesa. Solamente tenía dos veladoras al lado de los pies. En el suelo, a un lado de ella, había una cruz hecha de cal. Tenía unas cuantas flores, un vaso de agua y una veladora. Por el lado de la cabeza estaba una cruz blanca. Tenía el nombre de la difunta con letras negras, bastante grandes. Las lloronas guardaron silencio y mi mamá comenzó a rezar. El ambiente era muy raro.

5:23 Las personas rezaban deprisa como si ya quisieran terminar. Ya que me acostumbré a la oscuridad, me di cuenta que al inicio de cada misterio el cuerpo de la muerta se estremecía. Aunque la señora se encontraba envuelta en una sábana blanca, podía ver sus movimientos. Yo me acuerdo que volteaba a ver a las demás mujeres, para saber si también ellas la veían como se movía, pero todas rezaban agachadas, algunas confundidas entre la oscuridad del cuarto. Durante el rosario, escuchaba un sollozo en medio de los padres nuestros y las aves marías. Me di cuenta que quien lo hacía era una señora que se encontraba a un lado de la muerta. Esa señora ni siquiera rezaba, se tapaba la cara con sus manos y lloraba. No sé por qué me llamaba tanto la atención si estábamos en un velorio.

6:13 Como a la hora se terminó el rosario, antes de despedirnos pasamos a dar el pésame a los dolidos. y para que mi mamá se pusiera de acuerdo con los familiares, la hora que sería el inicio del novenario, la noche siguiente. Fuimos abrazando a las personas, al llegar con la señora que estaba muy junto al cuerpo de la difunta. Mi mamá se pasó de largo, yo sí me acerqué con ella para abrazarla. Toqué su hombro, se quitó las manos de la cara. Luego, lentamente volteó a verme, pude darme cuenta de su tristeza. Pero además, miré que estaba demasiado pálida, sin brillo en sus ojos. Al intentar abrazarla, solo abracé el aire porque ya no estaba. Sorprendida, busqué para todas partes, no estaba. Fue como si hubiera desaparecido. En ese momento, más que asustarme, me quedé intrigada, sin saber qué había sucedido.

7:06 Al voltear a ver a la mujer muerta, miré que era ella, esa señora. Entonces, sí me asusté. En eso las mujeres comenzaron a llorar de nuevo como si se hubieran puesto de acuerdo. Me hice paso entre los bultos negros para estar junto a mi mamá. La tomé del brazo y ya no la solté. Salimos deprisa porque el olor era muy fuerte. Nos ofrecieron un café caliente con un tamal. Aunque si lo aceptamos, mi mamá les dijo que tenía prisa por retirarse. Entonces nos prestaron un jarro. Mientras todas las mujeres de negro comenzaron a salir, se nos acercó una señora, al parecer hermana de la difunta. Le pidió de favor a mi mamá si se podía quedar a acompañar el cuerpo en lo que les daban de cenar a los asistentes. Mi mamá aceptó. Aunque no me lo dijo en ese momento, las personas cuando mueren en circunstancias extrañas no se deben quedar solos durante el velorio, porque, según las creencias, llega el diablo y se lleva el alma.

8:08 en algunos casos e incluso hasta el cuerpo entramos de nuevo a ese cuarto oscuro ya no había nadie pero sí una sensación de que alguien nos miraba mi mamá se puso a rezar en voz baja yo no le quitaba la vista al cuerpo de la señora aunque me daba miedo que se volviera a mover después de una hora nos retiramos apenas nos habíamos metido al monte me preguntó que me había pasado Todavía asustada, le dije de la mujer que se había desaparecido. Algo sorprendida comentó cual mujer, porque ella no la había visto. Al contarle que esa señora resultó ser la muerta, me pidió que caminara deprisa.

8:50 Mientras lo hacíamos, yo sentía que alguien venía detrás de nosotras. No me pude aguantar y volteé. A lo lejos se alcanzaba a distinguir un bulto negro que venía a toda prisa. Era la silueta de una de aquellas mujeres que se cubrían hasta la cabeza. Sentí que la sangre se fue y se me resecó la garganta. Como pude le dije a mi mamá que alguien venía. Entonces también volteó. Luego de unos segundos me aseguró que no veía a nadie. Apunté con mi dedo para decirle que ahí estaba esa mujer. Yo la podía ver. Me agarró de la mano. Me pidió que caminara sin voltear y así lo hicimos hasta llegar a la casa. antes de entrar no sé por qué lo hice, volteé de nueva cuenta y ahí venía un poco más cerca de nosotros, ni aún así pude verle la cara, apenas logramos cerrar la puerta, mi mamá comenzó a buscar unas hierbas que siempre usaba después de rezarle a un difunto, porque era necesario barrernos para eliminar las malas energías y deshacernos del muerto si es que se nos hubiera pegado, en eso estaba cuando comenzaron a tocar la puerta, nos quedamos en silencio No podía imaginarme otra cosa. Era esa mujer la que nos seguía. Nos barrimos deprisa con aquellas hierbas hasta que dejaron de tocar.

10:11 Esa noche me enseñé a hacer unas oraciones de liberación para que nos la hiciéramos mutuamente. Porque la difunta esa que acabábamos de visitar al parecer si era aquella señora que había sido embrujada. Estar cerca de una persona así siempre resultaba peligroso. Esa noche no dormí bien. Me desperté varias veces porque creí oír que tocaban la puerta así como lo había hecho esa mujer. Me quedaba despierto un rato. Cuando me lograba dormir, me volvía a suceder. A media mañana se presentaron de nuevo esos hombres para hacer el recordatorio del novenario. Ya por la noche no me quise quedar sola mientras mi mamá se iba a rezar el primer rosario. La verdad tenía miedo por lo que habíamos visto.

11:00 Le insistí tanto hasta que estuvo de acuerdo en que la acompañara. Antes de salir nos pusimos unos escapularios benditos. De nueva cuenta, caminamos rumbo a aquel rancho, esta vez temerosas no solo de lo que podría haber en esa casa donde se había velado a la embrujada, también por lo que nos podía salir por el camino al regresar. A manera de precaución, ahora sí nos llevamos una pequeña lámpara. Cuando llegamos a ese rancho, pensábamos que nos habíamos equivocado de horario porque no había gente, solo tres familiares. Nos pasaron al mismo cuarto donde la habían velado, ahí donde estaba la cruz de cal, esa que servía para retener la sombra del difunto por nueve días entre nosotros, mientras su alma luchaba por ganar el cielo. Ahí adentro todavía se podía sentir una extraña sensación. Mi mamá comenzó a rezar.

11:56 Solamente estábamos nosotras dos solas porque ni los familiares nos acompañaron. Ellos se ocuparon de sus cosas. Cuando iniciamos con la señal de la cruz, la mesa donde habían puesto el cuerpo de la señora la noche anterior crujió muy fuerte. De igual manera que, durante el velorio, en cada misterio la mesa se movía, y al iniciar las letanías comenzamos a escuchar pasos sobre el techo. Tal vez era mi miedo, pero yo sentía mucho frío. Mi mamá rezaba casi sin parpadear. Yo, en cambio, no me podía concentrar. Cuando se rezó, el último padre nuestro, la veladora, se apagó. No nos quedamos en penumbras porque la lámpara de gas estaba prendida. Después de pronunciar el amén, todo quedó en silencio. Un silencio que daba miedo. Al salir, estaban los familiares esperándonos. Le agradecieron a mi mamá por los rezos y le dijeron que la esperaban para el segundo rosario. Yo quería que les dijera que no iba a poder, ella solamente movió su cabeza de manera positiva. Todavía no entrábamos al monte y ya estábamos nerviosas. Encendimos la lámpara. Luego comenzamos a rezar mientras nos íbamos introduciendo por esa vereda. Mi mamá decía unas oraciones especiales para ahuyentar los malos espíritus. Yo le contestaba con fuerte voz, eso sí, siempre volteando para todas partes, con temor de ver a aquella mujer de negro.

13:25 Cuando nos faltaban unos 30 metros para llegar a la casa, entonces la vi. Era el mismo bulto negro que venía detrás de nosotros. Por ir rezando, no nos habíamos dado cuenta que ya la traíamos muy cerca. Casi a gritos le dije a mi mamá y corrimos. De nueva cuenta, nos tocó la puerta, así o más insistente que la noche anterior, y dejó de hacerlo cuando terminábamos de barrernos con las hierbas. Parte de la noche nos la pasamos rezando, porque eso ya era para tener cuidado. Al siguiente día le pedí que ya no fuéramos a esa casa, no teníamos esa necesidad. Me contestó muy firme que la difunta nos necesitaba. No estaba bien que nos negáramos a rezarle, porque tal vez estaba luchando con el maligno. Con esa angustia se llegó la tercera noche del novenario. Muy a mi pesar fuimos la tercera, la cuarta, la quinta noche.

14:22 La verdad ya se me había hecho eterno el novenario, porque en cada uno de esos rosarios que rezamos sucedieron cosas de verdad inquietantes. Escuchábamos voces y ruidos extraños. No preguntábamos por qué los familiares no entraban. Nos imaginábamos que era por miedo. Por si fuera poco, de regreso a casa siempre nos había seguido esa mujer por el monte, aunque extrañamente nunca nos había alcanzado. Una mañana llegó una señora conocida de mamá a visitarnos. Entre pláticas salió el tema de la señora embrujada. Le dijo que uno de sus familiares, sin especificar quién le había hecho el daño para quedarse con el rancho, estaba tan infectado el cuerpo que contrataron a unas personas para que la velaran, otras para que le rezaran, y por último también para que la fueran a enterrar. Al enterarnos de eso, mi mamá dudaba si continuar. Cuando decidió que lo haría, me pidió que ya no la acompañara. porque cada vez se ponía más peligroso y siniestro. Le dije que no la iba a dejar sola. La sexta noche fue diferente. Durante el rosario, me di cuenta que esa señora apareció. Estaba parada en uno de los rincones. Por más que lo intentaba, no podía saber quién era. Solo estaba ahí, sin moverse. Me acuerdo que era tanto mi miedo que estaba sudando. Mi mamá rezó hasta terminar. Era evidente que ella no la miraba.

15:51 Cuando salimos estábamos confundidos porque no se había escuchado nada más. Al decirle que ahí estaba esa mujer, comenzó a dudar. Podría ser la bruja que estaba molesta porque le estábamos rezando a la señora que le había hecho un trabajo. O era la muerta y algo nos quería decir. Igual que siempre, esa mujer nos siguió por todo el camino. Solo que esta vez la escuchábamos que venía rezando el rosario. No sabíamos si lo hacía a manera de burla o con qué fin. Entramos a la casa y ella se quedó junto a la puerta hasta que terminó de rezar. Luego no se escuchó más. Todavía nos faltaban tres rosarios más para terminar. Mi mamá me pidió que fuera fuerte porque, a pesar de todo lo que estaba sucediendo, íbamos a rezar todo el novenario. Teníamos que hacerlo. Ella sentía que era su deber. Por algo la habían mandado llamar. Los rosarios 7 y 8 de verdad que estuvieron fuertes no dejaban rezar a mi mamá. En una ocasión le arrancaron el rosario de las manos cuando apenas íbamos en el segundo misterio.

16:58 Así fue literalmente. De hecho, yo pude verlo. En otra se le partió en pedazos, aún teniéndolo entre las dos manos. Lo bueno era que se lo sabía de memoria. Por eso nunca se detenía. Seguía rezando hasta terminar. Lo más fuerte que a mí me pasó durante esos dos rosarios fue que me estiraron los cabellos. Lo hicieron hasta en dos ocasiones. Haciendo un esfuerzo, lo ignoré lo más que pude, pensando que ya estábamos a punto de lograrlo. El último rosario lo hizo durante el día, porque, al terminar, se levantaría la cruz de cal y se llevaría al panteón para regarla sobre la tumba. Así con la luz del sol, estábamos más tranquilas. Además, por lo menos, yo estaba contenta de que ya íbamos a terminar. Llegamos al rancho y todo era diferente. Creíamos que ya no se sentiría aquella presencia, pero no fue así. Estaba más fuerte que nunca. Ni siquiera ese día estuvieron los familiares. Ellos nos miraban desde la distancia. Se mostraban nerviosos. Tal vez también a ellos les urgía terminar con eso. Apenas nos persignamos para empezar, a mi mamá le vino una fuerte tos que no la dejaba hablar, sabiendo que eso no era normal. Después de unos minutos me hizo una seña para que yo rezara.

18:19 Al principio me temblaba la voz de los nervios que tenía. Luego del primer misterio, recé con más confianza. todo el rosario mi mamá estuvo tosiendo de una manera escandalosa cuando parecía que se ahogaba volteaba a verla ella me decía con señas que continuara después de terminar el rosario mi mamá dejó de toser ya más tranquila ella continuó hizo todo un rito para recoger la cruz de cal porque en ella decía que iba la sombra de la difunta salimos de ese cuarto bastante cansadas los familiares le pidieron de favor que ella fuera al panteón a dejarla Porque ellos no podían, sin tantas preguntas así lo hicimos. De nuevo caminamos por una vereda todavía más estrecha. Cuando estuvimos frente a la tumba de esa mujer había una sensación extraña.

19:09 Revisamos varias veces porque era un lugar abandonado y seco. Para nada era una tumba reciente. Estaba llena de maleza crecida y las pocas flores que tenía se encontraban secas. Solo que no había duda, ahí estaba la Cruz Blanca con su nombre. aquella que se encontraba en el velorio. Mi mamá me pidió que no me distrajera y que no dejara de rezar. Mientras tanto, ella fue regando la cal sobre la tierra. Igualmente, colocamos el vaso de agua y la veladora. Casi para terminar, escuché una voz muy cerca de mi oído. Fue tan inesperado que volteé asustada, pero no había nadie. lo recuerdo perfectamente, una mujer me dijo reza por mí, cuando por fin terminamos nos encaminamos rumbo a la salida, desconcertada me di cuenta que por cada tumba que pasaba escuchaba que me pedían que rezara o que les prendiera una veladora, pero yo no veía a nadie, estaba temblando de miedo, en ese momento no le dije a mi mamá, lo hice hasta que estuvimos en casa, Ella sorprendida me aseguró que eran las ánimas del purgatorio que me pedían que les ayudara. Desde ese momento también yo me convertí en rezandera, porque mi mamá me dijo que yo tenía un don. A partir de ahí no solo iba a algunos velorios yo sola, en ocasiones me paraba afuera del panteón y les rezaba un rosario a todos los difuntos. De hecho, hoy muchos años después todavía lo hago. Esto me sucedió hace más de 60 años.

20:43 Mi mamá ya hace tiempo que falleció y yo ocupé su lugar por muchos años. Aunque en la actualidad hay muchas mujeres que rezan, ya no se utilizan los conocimientos ni la sabiduría de las viejas rezanderas.