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0:05 Mi hijo llevaba menos de un minuto de nacido, cuando mi madre salió del cuarto, cerró la puerta por fuera y echó el cerrojo. Yo seguÃa acostada con él sobre el pecho, todavÃa sangraba y apenas podÃa mover las piernas. Lo primero que pensé fue que iba a buscar algo, pero enseguida escuché su voz al otro lado de la puerta y la de mi abuela junto a ella. No estaban hablando conmigo, estaban rezando en un idioma que nunca habÃa oÃdo. Durante el embarazo, mi madre habÃa insistido en que tuviera al bebé en la casa de campo de la familia. DecÃa que varias mujeres de nuestra familia habÃan dado a luz ahà y que querÃa mantener esa costumbre.
0:48 Yo no le vi nada extraño. El embarazo habÃa ido bien y confiaba en las dos, asà que acepté. Mi madre y mi abuela estuvieron conmigo durante todo el parto. Prepararon lo necesario y me ayudaron hasta el final. Nada cambió hasta que mi abuela sostuvo al bebé por primera vez. Lo limpió, lo revisó y se quedó mirándolo en silencio. Mi madre le preguntó si era niño o niña. Cuando escuchó que era varón, dejó de sonreÃr. Y mi abuela tampoco dijo nada. Se miraron durante unos segundos, luego me lo entregaron y salieron juntas. Después escuché el cerrojo. Llamé a mi madre pensando que habÃa cerrado por error, pero no respondió. Volvà a llamarla y entonces empezaron los rezos.
1:34 Una decÃa unas palabras, la otra contestaba, y luego repetÃan la misma frase. No reconocÃa ese idioma ni entendÃa por qué estaban haciendo aquello, mientras yo seguÃa encerrada con un recién nacido. El bebé comenzó a llorar. Intenté levantarme y tuve que apoyarme en la cama, porque las piernas me temblaban. Llegué hasta la puerta, golpeé varias veces y les pedà que abrieran. Mi abuela se acercó y me dijo desde el otro lado que regresara a la cama. Le pregunté por qué me habÃan encerrado y me contestó que no intentara salir. Después volvió con mi madre y continuaron rezando.
2:14 Ahà entendà que aquello tenÃa relación con mi hijo. Regresé por él, lo envolvà y busqué otra salida. HabÃa una ventana que daba al jardÃn. Intenté abrirla, pero estaba atorada. Empujé varias veces mientras lo sostenÃa contra mÃ. Entonces escuché que quitaban el cerrojo. Me detuve y miré hacia la puerta. Mi madre entró primero. Su rostro ya no era el mismo. TenÃa una sonrisa demasiado abierta. Los dientes eran más largos y las uñas se habÃan vuelto negras y afiladas. Mi abuela apareció detrás de ella con el mismo aspecto. Me alejé sin soltar al niño y les pregunté qué les habÃa pasado. Mi madre respondió que nada les habÃa pasado.
2:59 que yo solo estaba viendo lo que realmente eran mi abuela cerró la puerta otra vez entonces mi madre señaló al bebé y me dijo que habÃa llegado el momento de contarme la verdad habló de un acuerdo que llevaba generaciones dentro de nuestra familia según ella las mujeres de nuestra sangre habÃan recibido dinero propiedades y una vida cómoda a cambio de cumplir una sola condición y El primer hijo varón de cada generación debÃa ser entregado la noche de su nacimiento. Le pregunté qué querÃa decir con entregarlo. No evitó la respuesta y me dijo que el niño tenÃa que quedarse ahà y que yo debÃa dárselo. Lo abracé con más fuerza. Mi abuela añadió que otras mujeres antes que yo habÃan pasado por lo mismo y que todas habÃan cumplido. Le pregunté qué habÃa ocurrido con aquellos niños.
3:54 Respondió que ninguno habÃa salido de esa casa. En ese momento recordé las fotografÃas familiares que habÃa visto toda mi vida. HabÃa madres, hijas, hermanas, tÃas y abuelas, pero no recordaba a ningún niño varón entre ellas. Hasta esa noche nunca me habÃa detenido a pensar en eso. Mi madre volvió a extender los brazos y me pidió al bebé, pero me negué. Entonces me dijo que el ritual tenÃa que completarse esa misma noche, y también aseguró que sacar al niño de la casa no romperÃa el acuerdo, solo dejarÃa la deuda pendiente. Creà que trataba de asustarme para que obedeciera.
4:35 No llegué a responder porque escuché un ruido detrás de ellas. Las dos guardaron silencio y se apartaron. Una figura enorme apareció al fondo del cuarto. TenÃa cuernos y unos ojos rojos fijos en mi hijo. Mi abuela bajó la cabeza, mi madre permaneció a un lado y volvió a pedirme que se lo entregara. Ninguna de las dos mostró miedo. El bebé dejó de llorar justo cuando aquella figura avanzó hacia nosotros. Yo seguÃa junto a la ventana con el niño pegado al pecho intentando decidir qué hacer. TenÃa el cuerpo débil, la puerta estaba cerrada y las dos mujeres que me habÃan criado estaban esperando que le entregara mi hijo a esa cosa. Hasta ese momento habÃa intentado encontrar una explicación para lo que estaba viendo. Pensé que podÃan estar enfermas, que yo estaba demasiado débil por el parto, o que algo no estaba funcionando bien en mi cabeza.
5:33 Todo terminó cuando la figura volvió a avanzar y mi madre me dijo que ya era hora. Ahà entendà por qué habÃan insistido tanto en que el parto fuera en esa casa, por qué cerraron la puerta apenas supieron que habÃa nacido un varón.¿ Y por qué llevaban tanto tiempo ocultándome lo que ocurrÃa en nuestra familia? No me habÃan llevado ahà para mantener una tradición. Me habÃan llevado para entregar a mi hijo. Y si querÃa sacarlo con vida, tenÃa que hacerlo antes de que terminaran el ritual. La figura seguÃa detrás de mi madre y de mi abuela. Yo escuchaba su respiración, lenta y pesada, mientras mi madre volvÃa a pedirme al niño. Esta vez ya no habló con calma. Le pregunté qué iba a pasar si se lo entregaba Y respondió que no necesitaba saberlo, que después podrÃa seguir con mi vida y algún dÃa entenderÃa por qué las mujeres de nuestra familia habÃan cumplido durante tanto tiempo.
6:31 Mi abuela añadió que resistirme solo iba a empeorar las cosas. Las dos hablaban sin mostrar miedo. Miré alrededor buscando una salida y vi las tijeras que habÃan usado durante el parto sobre una mesa cerca de la cama. Yo seguÃa débil, tenÃa las piernas temblando y sentÃa el cuerpo cada vez más pesado, pero ninguna de las dos me habÃa atacado. Me habÃan encerrado, habÃan llamado a aquella figura y todavÃa esperaban que entregara al bebé con mis propias manos. Esa demora me daba una oportunidad. Acomodé a mi hijo en un brazo y bajé la mirada. Mi madre se acercó, extendió las manos y dijo que todo terminarÃa en cuanto se lo entregara. movà al bebé hacia ella y dejé que avanzara un poco más cuando estuvo cerca agarré las tijeras con la mano libre y se las clavé en un ojo el grito llenó el cuarto mi madre cayó de lado y se cubrió la cara mientras mi hijo comenzaba a llorar mi abuela se lanzó sobre mà alcanzó a agarrarme de la ropa pero tiré con fuerza y conseguà soltarme antes de que pudiera sujetarme del brazo fui directo hacia la ventana la empujé una vez y no cedió Asà que volvà a hacerlo con el hombro y esta vez se abrió. Subà con dificultad, pasé una pierna y luego la otra, sin separar al niño de mi pecho.
7:53 Caà en el jardÃn y el golpe me dejó sin aire. Me quedé en el suelo unos segundos, revisé al bebé y vi que seguÃa llorando, pero estaba bien. Desde el cuarto escuché a mi abuela gritar mi nombre y me levanté. ConocÃa un camino que cruzaba el terreno y llevaba hasta la carretera, asà que avancé todo lo rápido que mi cuerpo me permitÃa. Acababa de dar a luz, seguÃa sangrando y cada paso me dolÃa. Escuché a mi abuela salir de la casa y volver a llamarme, pero no volteé. Entré al monte con el bebé pegado al pecho. Perdà primero un zapato y después el otro, asà que continué descalza.
8:33 Las ramas me golpeaban las piernas y en varias partes tuve que sujetarme de los árboles para no caer. A ratos escuchaba a mi abuela detrás de mÃ. Otras veces solo oÃa movimiento entre las ramas. Mi madre no venÃa con ella y tampoco veÃa a la figura que habÃa aparecido en el cuarto. Seguà avanzando hasta que mi hijo dejó de llorar. Bajé la mirada y vi que tenÃa los ojos abiertos, pero no me miraba a mÃ. TenÃa la vista fija por encima de mi hombro. Giré de inmediato, pero no vi a nadie. Continué sin detenerme, y poco después escuché otra vez la voz de mi abuela, mucho más cerca. Me pidió que regresara y dijo que solo estaba haciendo las cosas más difÃciles. Luego repitió que salir de la casa no iba a borrar la deuda. Yo no respondÃ. Seguà caminando hasta dejar de oÃrla. El dolor en el abdomen aumentaba y las piernas empezaban a fallarme.
9:30 Pero entonces escuché el motor de un vehÃculo en la carretera. Cambié de dirección y avancé hacia ese sonido. Cuando salà del monte, vi un vehÃculo acercándose. Me puse junto al camino y levanté un brazo. El conductor redujo la velocidad y se detuvo al verme descalza, cubierta de sangre y con un recién nacido en brazos. Le dije que acababa de dar a luz y que necesitaba salir de ahÃ. No expliqué nada más. Antes de subir me miré hacia los árboles y vi a mi abuela detenida entre ellos, su rostro habÃa vuelto a la normalidad, no avanzó, no gritó y tampoco intentó acercarse, el conductor me preguntó si ella venÃa conmigo, le dije que no y subà con el bebé y le pedà que siguiera adelante, Me senté con el niño en brazos y no lo solté durante el trayecto. El conductor hizo algunas preguntas, pero solo repetà que necesitaba atención médica y alejarme de esa casa. Miré hacia atrás, pero mi abuela se quedó donde estaba, hasta que la distancia me impidió distinguirla. El niño seguÃa conmigo y nadie venÃa detrás. Por primera vez desde el parto pude respirar sin escuchar pasos ni voces cerca. El hombre me llevó a una clÃnica. Me atendieron por la pérdida de sangre y revisaron al bebé. Estaba sano. Cuando pude hablar con más calma, llamé a un familiar de confianza y le dije que habÃa tenido un problema grave con mi madre y mi abuela. No conté lo que habÃa visto,
11:02 solo le pedà que fuera a la casa acompañado y revisara si seguÃan ahÃ. Cuando llegaron, las dos habÃan desaparecido. Faltaban ropa, documentos y algunas pertenencias. En el cuarto donde habÃa nacido mi hijo encontraron sangre, pero nada más. Intentaron comunicarse con ellas durante los dÃas siguientes y nunca respondieron. Yo tampoco volvà a saber de ninguna de las dos. Durante esos dÃas recordé varias veces la frase que mi abuela habÃa gritado mientras me perseguÃa. No habÃa cambiado una sola palabra. Salir de aquella casa no borraba la deuda. Cuando pude volver a moverme con normalidad, empecé a hacer preguntas sobre mi familia. No querÃa escuchar historias de brujerÃa, ni explicaciones antiguas. Solo necesitaba saber si antes de mi hijo habÃan nacido otros varones. Pregunté por hermanos de mi madre, por hijos de mis tÃas y por niños de generaciones anteriores, pero nadie me dio una respuesta clara. Algunos aseguraban que en nuestra familia casi siempre nacÃan mujeres. Otros cambiaban de tema y una tÃa mayor dejó de contestarme después de que insistà demasiado. Entonces busqué las fotografÃas familiares que todavÃa conservaba.
12:22 HabÃa imágenes de varias generaciones, muchas de personas que apenas conocÃa por nombre. Revisé cumpleaños, reuniones y retratos antiguos. Encontré mujeres embarazadas, niñas pequeñas, hermanas, madres y abuelas. Pero no vi un solo hijo varón. Miré cada foto más de una vez para asegurarme de no haber pasado alguno por alto. No encontré ninguno. Mi madre habÃa dicho que el primer varón de cada generación era entregado y aquellas fotografÃas no mostraban una sola excepción. Poco después me fui de la ciudad, cambié de número, corté contacto con casi toda mi familia y dejé de decir en dónde vivÃa. No sabÃa si mi madre o mi abuela seguÃan cerca. Tampoco querÃa averiguarlo.
13:12 Lo único que me importaba era mantener al niño lejos de ellas. Guardé nuestros documentos y algunas cosas básicas en una bolsa, por si tenÃa que salir de nuevo sin aviso. Durante los meses siguientes no ocurrió nada extraño. Mi hijo creció sano, comÃa bien, dormÃa sin problemas y avanzaba con normalidad. Yo seguÃa alerta, pero cada semana sin noticias me ayudaba a bajar la guardia. Con el tiempo, dejé de revisar las ventanas cada vez que escuchaba un ruido. También dejé de levantarme durante la noche, solo para comprobar que seguÃa en su cuna. Nunca olvidé lo sucedido, pero empecé a aceptar que haber salido de aquella casa podÃa haber detenido el ritual. Mi abuela habÃa dicho que la deuda seguÃa pendiente, aunque durante meses no apareció ninguna señal que confirmara sus palabras.
14:07 Quise creer que solo habÃa intentado hacerme regresar. Yo lo bañaba todos los dÃas y conocÃa bien la piel de su pecho. Nunca habÃa tenido manchas oscuras, heridas ni una marca parecida. La noche anterior a su cumpleaños, lo habÃa cambiado de ropa antes de acostarlo y tampoco vi nada. Por eso, cuando apareció, supe que no llevaba semanas ahà sin que yo lo notara. Mi hijo cumplió un año y esa noche todo siguió normal. Lo acosté, ordené algunas cosas y me fui a dormir. Más tarde, escuché sonidos en su habitación. No lloraba, estaba despierto y hacÃa pequeños ruidos, asà que fui a verlo. Lo encontré sentado en la cuna, mirando fijamente hacia una esquina. Le hablé desde la puerta y no volteó. Me acerqué, repetà su nombre y pasé una mano frente a sus ojos, pero siguió mirando el mismo punto. Encendà la luz y revisé la esquina. pero no habÃa nada. Cuando volvà hacia él, noté que la parte superior de su pijama estaba levantada y vi una mancha oscura en su pecho. Pensé que se habÃa ensuciado, asà que pasé los dedos sobre la piel, pero la marca no salió. Le quité la pijama para verla mejor y encontré tres lÃneas negras que nacÃan juntas y bajaban hacia el centro del pecho. No habÃa heridas, inflamación ni sangre.
15:37 Busqué una toalla húmeda y traté de limpiarlas, pero no cambiaron. Pasé los dedos otra vez y comprobé que estaban en la piel. Mientras yo revisaba la marca, mi hijo seguÃa mirando hacia la esquina. Le hablé, intenté distraerlo y lo levanté de la cuna. Solo entonces giró la cabeza hacia mà y sonrió. Esperé que balbuceara o hiciera alguno de los sonidos que ya conocÃa, pero en lugar de eso soltó una carcajada grave y ronca. El sonido salió de su boca con una fuerza que nunca le habÃa escuchado. Me quedé quieta, sosteniéndolo frente a mÃ. Volvió a reÃr y después giró lentamente hacia la misma esquina, pero no habÃa nada ahÃ. Lo acerqué a mi pecho e intenté calmarlo.
16:26 La risa se detuvo. pero sus ojos siguieron fijos en ese punto. Entonces levantó una mano y señaló. Yo miré otra vez y seguÃa sin ver nada, pero mantuvo el brazo extendido durante unos segundos y volvió a sonreÃr. Recordé de inmediato lo que mi abuela habÃa dicho sobre la deuda. Durante un año pensé que mi madre y ella habÃan desaparecido porque ya no podÃan terminar el ritual. Ahora sabÃa por qué no habÃan regresado. Yo habÃa impedido que entregaran al niño aquella noche, pero el acuerdo seguÃa ligado a nuestra familia. HabÃa sacado a mi hijo de la casa, habÃa conseguido mantenerlo conmigo, y durante meses creà que eso bastaba, pero miré las tres marcas negras de su pecho y supe que no. Mi hijo seguÃa señalando la esquina, después bajó la mano, apoyó la cabeza sobre mi hombro y se quedó tranquilo. Yo permanecà de pie con él entre los brazos. La marca habÃa aparecido sin ninguna herida. Acababa de escuchar una voz que nunca le habÃa oÃdo y habÃa pasado varios minutos mirando un lugar vacÃo. Todo ocurrió la primera noche después de cumplir un año. Entonces recordé otra cosa. Mi abuela se habÃa quedado quieta cuando llegué a la carretera. No intentó alcanzarme y mi madre tampoco volvió a buscarme. Yo habÃa escapado con el niño antes de que completaran la entrega, pero nunca habÃa roto el
17:58 acuerdo que llevaba generaciones dentro de nuestra familia. Solo habÃa retrasado lo que ellas esperaban que ocurriera. Mi hijo seguÃa vivo y estaba conmigo, pero la marca continuaba en su pecho. El pacto seguÃa vigente y el diablo ya lo habÃa reclamado. Si te gustó este video te recomiendo ir a ver... El pacto que solo podÃa pagarse con sangre de mi familia y también la vecina que nunca debió tocar la cuna.
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