Aug. 25, 2026

Nunca Debí Acercarme A La Cerca - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Me llamo Felipe y durante varios años trabajé como auxiliar nocturno en la morgue de un hospital regional. Mi trabajo consistía en recibir los cuerpos que llegaban durante la madrugada, revisar la documentación, colocarlos en las gavetas y dejar preparado lo necesario para el personal forense de la mañana. Casi siempre hacía el turno solo. Por eso conocía bien los ruidos del lugar y sabía distinguir el funcionamiento normal de los equipos de cualquier sonido fuera de lo habitual. Aquella noche había empezado sin problemas. Llevaba un rato revisando documentos cuando me avisaron que trasladarían a un hombre encontrado junto a una carretera. No llevaba identificación y, según el informe inicial, tenía lesiones graves compatibles con un atropellamiento, y la policía todavía no sabía quién era. La ambulancia llegó después de medianoche con dos paramédicos y un agente. Me explicaron que un conductor había encontrado al hombre junto a la carretera y había llamado a emergencias. Los paramédicos habían confirmado la ausencia de signos vitales antes del traslado. así que el ingreso se hizo de la forma habitual. El agente me entregó la documentación provisional y entre todos pasamos la bolsa a una camilla. Uno de los paramédicos comentó que el cuerpo tenía una lesión fuerte en la cabeza y otra en una pierna, nada más. Firmaron la entrega, salieron y

1:35 me quedé solo otra vez. Abrí la bolsa lo suficiente para comprobar que el cuerpo coincidía con la descripción del informe. Era un hombre de unos 30 o 40 años. Tenía el cabello oscuro y varias heridas visibles. Revisé lo necesario para completar el ingreso, coloqué la identificación provisional y preparé una gaveta. Mientras empujaba la camilla, escuché un golpe dentro de la cámara refrigerada. Me detuve, presté atención y esperé unos segundos, pero el ruido no volvió a repetirse. No le di importancia porque algunas veces una bandeja se movía un poco o el sistema de refrigeración producía algún sonido metálico.

2:18 Guardé el cuerpo, cerré la gaveta, comprobé el seguro y regresé a la oficina. Durante un buen rato seguí con mi trabajo. Terminé unos registros, ordené documentos pendientes y preparé lo que tendría que entregar por la mañana. Todo siguió normal hasta que escuché dos golpes metálicos seguidos. Esta vez fueron claros y venían de la cámara. Salí de la oficina, revisé la puerta y entré. Las gavetas estaban en su sitio. Las empujé una por una para asegurarme de que ninguna hubiera quedado mal cerrada, y después de comprobarlas, regresé al escritorio. No pasó mucho tiempo antes de que escuchara el sonido de una bandeja deslizándose. Lo reconocí de inmediato. Volví a la cámara y encontré una gaveta abierta varios centímetros. La cerré, revisé el seguro y confirmé que funcionaba bien. Me quedé ahí unos segundos con la mano todavía sobre el tirador, intentando entender qué había ocurrido, cuando otra gaveta empezó a salir frente a mí. Se movió despacio hasta quedar abierta a la mitad. Retrocedí y la miré sin tocarla. Antes de que pudiera hacer nada, una tercera gaveta comenzó a abrirse y después se movió otra. En ese momento saqué el radio y llamé a seguridad. Expliqué que varias gavetas se estaban abriendo solas y pedí que alguien bajara a revisar conmigo. El guardia preguntó si podía tratarse de una falla eléctrica o mecánica. Le respondí que no lo sabía,

3:51 porque los seguros estaban funcionando. Mientras hablábamos, escuché otro movimiento a mi espalda. Giré y vi que la gaveta donde había colocado al hombre de la carretera empezaba a salir. Se deslizó lentamente hasta quedar completamente abierta. La bolsa seguía cerrada. Me quedé observándola con el radio en la mano y durante unos segundos no ocurrió nada. Luego, la parte superior se levantó a la altura del pecho y volvió a bajar. Pensé que el movimiento podía venir de la bandeja, pero la bolsa volvió a levantarse y esta vez la tela se tensó desde dentro. El guardia seguía preguntándome qué estaba pasando, aunque tardé en responder porque no apartaba la vista del cuerpo.

4:36 Entonces el cierre de la bolsa comenzó a bajar. Primero unos centímetros, luego un poco más hasta dejar parte del rostro descubierto. Los ojos del hombre estaban abiertos. Recuerdo que mi primera reacción fue pensar que los paramédicos se habían equivocado y que todavía estaba vivo. No tenía otra explicación en ese momento. Me acerqué un poco y le pregunté si podía escucharme. El hombre no respondió. Levantó la cabeza, después los hombros y comenzó a incorporarse dentro de la bolsa. Se movió con dificultad, pero siguió hasta quedar sentado sobre la bandeja. Retrocedí hacia la salida de la cámara y le dije que se quedara quieto. que iba a pedir ayuda médica y que no intentara levantarse. Mantuvo la cabeza inclinada durante unos segundos y luego me miró. Tenía las mismas heridas que había visto cuando llegó. La sangre seguía seca en el rostro y una de sus piernas continuaba torcida.

5:36 Volví a usar el radio y pedí que enviaran también a alguien de urgencias. Dije que el hombre que había ingresado como fallecido estaba sentado y se estaba moviendo. El guardia me preguntó si estaba consciente, pero antes de que pudiera contestar, el hombre abrió la boca y gritó. El grito fue fuerte. Duró varios segundos y me hizo retroceder hasta quedar cerca de la puerta. Cuando terminó, empezó a hablar con rapidez en un idioma que no reconocí. Decía frases cortas, hacía pausas y repetía algunas palabras mientras me miraba. Le dije que no entendía lo que estaba diciendo. Continuó unos segundos más, después se quedó callado sin apartar los ojos de mí y empezó a reír. La risa fue aumentando de volumen mientras seguía sentado sobre la bandeja. No mostraba dolor ni intentaba proteger la pierna lesionada. Yo seguía con el radio en la mano, esperando escuchar los pasos de seguridad en el pasillo, pero en ese momento solo podía oír su voz y esa risa. Luego apoyó una mano en el borde de la gaveta, movió primero una pierna y después la otra, inclinó el cuerpo hacia adelante y comenzó a ponerse de pie. La pierna lesionada cedió apenas tocó el suelo, pero logró sostenerse con una mano y siguió levantándose. Yo retrocedí otro paso, sin quitarle la vista de encima. Cuando consiguió quedar de pie, levantó la

7:08 cabeza hacia mí y volvió a decir unas palabras en aquel idioma. Fue entonces cuando una de las gavetas detrás de él empezó a abrirse otra vez. El hombre terminó de ponerse de pie mientras la gaveta detrás de él seguía abriéndose. La pierna lesionada cedió al apoyar el peso, pero se sostuvo del borde metálico y levantó la cabeza hacia mí. Yo seguía junto a la salida de la cámara con el radio en la mano y le ordené que no avanzara. Respondió en el mismo idioma. esta vez más despacio, luego giró hacia las gavetas y dijo otra frase, una segunda bandeja comenzó a salir, y después una tercera, él no las tocaba y yo tampoco estaba cerca, así que retrocedí, salí de la cámara, cerré la puerta y empujé una mesa contra ella, escuché un golpe del otro lado, luego otro, y la puerta movió la mesa varios centímetros, El guardia me habló por radio y dijo que ya venía acompañado por un enfermero. Le pedí que entrara con cuidado, porque el hombre estaba de pie y seguía moviéndose a pesar de las lesiones. Javier llegó acompañado por Marcos, un enfermero de urgencias. Me preguntó en dónde estaba el hombre y señalé la cámara. Les dije que no se acercaran todavía, que había salido de la gaveta, estaba consciente y hablaba en un idioma que yo no reconocía. Marcos dijo que

8:40 podía tratarse de un error en la declaración de muerte y preparó el equipo que había traído, pero no alcanzó a usarlo. La puerta volvió a moverse, la mesa raspó el suelo y avanzó hacia nosotros. Javier intentó sujetarla un momento, pero el empuje continuó y tuvimos que retroceder. La puerta se abrió y el hombre salió de la cámara. Caminaba con dificultad, arrastraba la pierna lesionada y una parte de la bolsa seguía enganchada en uno de sus tobillos marcos levantó una mano y le pidió que se detuviera el hombre lo miró dijo una frase corta y siguió avanzando javier le ordenó que permaneciera donde estaba el desconocido se detuvo giro hacia él y volvió a hablar a nuestra espalda se escuchó el movimiento de varias bandejas Miré hacia la cámara y vi otras gavetas abriéndose. Ninguno de nosotros estaba cerca. Marcos me preguntó si ya había ocurrido antes y le respondí que sí. El hombre empezó a reír, giró hacia la cámara y pronunció unas palabras en voz baja.

9:51 Entonces comenzaron los golpes. El primero salió de una de las gavetas abiertas. Después escuchamos otro desde más al fondo y enseguida varios seguidos, separados por intervalos cortos. Javier me preguntó si podía haber alguien vivo dentro. Le dije que todos los cuerpos almacenados habían ingresado sin signos vitales y habían sido revisados antes de quedar bajo nuestra responsabilidad. Mientras hablábamos, una de las bandejas avanzó lentamente hasta quedar casi a la mitad. El hombre la observó y dijo algo más. Javier pidió apoyo por radio. Marco salió al pasillo y regresó acompañado por la doctora Valeria y más personal del hospital.

10:35 Valeria quiso saber qué estaba pasando. Le dije que necesitaba revisar al hombre, pero que tuviera cuidado porque seguía caminando y hablando. Ella se acercó lo necesario. Le habló en español y después en inglés. El desconocido respondió en su idioma y mantuvo la vista sobre ella. La doctora observó sus heridas y pidió que seguridad lo inmovilizara antes de examinarlo. Javier avanzó con otro guardia y yo me quedé a un lado listo para ayudar. El hombre permaneció quieto hasta que estuvieron cerca. Entonces gritó y se lanzó contra Javier. El golpe lo alcanzó en la cara. El segundo guardia intentó sujetarlo por un brazo. Javier agarró el otro y los tres terminaron en el suelo. Me acerqué, sujeté una de sus piernas y otro empleado ayudó a mantenerle el torso inmóvil. El hombre seguía hablando mientras forcejeaba. A pesar de la pierna lesionada y de las heridas que llevaba desde que ingresó, entre varios apenas conseguíamos mantenerlo contra el suelo.

11:43 Valeria se arrodilló junto a él. Buscó pulso en el cuello, después en la muñeca y volvió a revisar el cuello. Levantó la vista y pidió el monitor. Mientras colocaban los sensores, el hombre continuaba moviendo los brazos y diciendo palabras entre dientes. La pantalla no mostró actividad cardíaca. Valeria revisó los cables, cambió la posición de uno de los sensores y repitió la comprobación, pero el resultado fue el mismo. Después revisó la respiración. Le pregunté qué estaba encontrando. Y respondió que no tenía pulso ni respiración. Nadie lo soltó. El hombre seguía consciente. Giró la cabeza hacia Valeria y la miró directamente.

12:24 La doctora se quedó inmóvil y el desconocido pronunció una frase despacio, separando las palabras. Después sonrió y volvió a reír. Todos lo escuchamos mientras el monitor seguía sin registrar actividad. Recuerdo que miré la pantalla, luego su cara, y volví a mirar la pantalla porque las dos cosas estaban ocurriendo al mismo tiempo. La risa continuó unos segundos y se cortó de golpe. Su cuerpo empezó a sacudirse bajo nuestras manos, los brazos golpearon el suelo y la pierna lesionada se movió con fuerza. Tuvimos que cambiar la forma de sujetarlo para impedir que golpeara a alguien. Valeria nos ordenó que no lo soltáramos y seguimos manteniéndolo contra el piso, hasta que los movimientos comenzaron a disminuir. Primero dejó de mover las piernas, después los brazos. La cabeza cayó hacia un lado y el cuerpo quedó inmóvil. Esperamos sin aflojar la presión.

13:22 Valeria volvió a buscar pulso, revisó la respiración y miró otra vez el monitor, pero seguía sin registrar actividad. Esta vez el hombre no volvió a hablar ni abrió los ojos. Nos quedamos alrededor de él, todavía sujetándolo, hasta que Valeria indicó que podíamos soltarlo con cuidado. Nadie se apartó demasiado. Javier se limpió la sangre de la nariz. Marcos miró hacia la cámara y yo hice lo mismo. Las gavetas seguían abiertas, pero los golpes habían terminado. Nos quedamos alrededor del cuerpo durante varios minutos, todavía atentos a cualquier movimiento. hasta que Valeria indicó que podíamos levantarlo y colocarlo sobre una camilla. Nadie propuso devolverlo a una gaveta. Lo dejamos en la sala principal bajo vigilancia mientras Javier se limpiaba la sangre de la nariz y Marcos permanecía cerca de la puerta. Dentro de la cámara las gavetas seguían abiertas, pero los golpes habían terminado. Yo entré solo lo necesario para comprobar que ningún cuerpo se hubiera caído de las bandejas.

14:27 Todos seguían en su sitio. Cerré la puerta de la cámara y esperé con los demás hasta que llegó la policía. Los agentes nos separaron para tomar las declaraciones. Uno de ellos era el mismo que había acompañado al desconocido cuando lo llevaron a la morgue. Me reconoció y preguntó si estaba seguro de que se trataba del mismo hombre. Le dije que sí, no había ninguna duda. También habló con los paramédicos por teléfono y confirmó que habían revisado al hombre antes del traslado. No tenía signos vitales y durante el trayecto no había presentado ningún movimiento. Después recorrieron la morgue, revisaron la puerta de la cámara, las gavetas y los seguros, abrieron y cerraron varias bandejas, comprobaron que los mecanismos funcionaban y no encontraron una falla que explicara lo ocurrido. También revisaron uno por uno los cuerpos que estaban almacenados. Ninguno se había movido de su bandeja. Las bolsas permanecían cerradas y no encontraron nada que pudiera explicar los golpes que habíamos escuchado. Yo observaba desde la entrada mientras trabajaban sin acercarme más de lo necesario. A esa altura ya había varias personas dentro de la morgue, pero el lugar seguía en silencio. El desconocido permanecía sobre la camilla cubierto hasta el pecho. mientras uno de los guardias se mantenía a su lado. El médico forense llegó después y comenzó por examinarlo.

15:56 Revisó las lesiones, habló con Valeria y pidió que le explicara exactamente qué había comprobado mientras el hombre estaba en el suelo. Ella le dijo que había buscado pulso más de una vez, había comprobado la respiración y había conectado el monitor, sin obtener actividad cardíaca. El médico le preguntó si el hombre seguía moviéndose durante esa revisión Valeria respondió que sí, que estaba consciente, forcejeaba, hablaba y, después, había empezado a reír. El médico volvió a observar el cuerpo, hizo algunas comprobaciones por su cuenta y ordenó que nadie lo manipulara hasta que terminaran de revisar el lugar. La policía pidió las grabaciones de seguridad. La cámara del pasillo había funcionado durante toda la madrugada y mostraba a Javier entrando con Marcos. a Marcos saliendo para pedir ayuda y al resto del personal llegando después. La cámara que apuntaba al interior de la morgue había dejado de grabar antes de que Javier entrara. El video regresaba cuando todo ya había terminado. Un técnico revisó el equipo y confirmó que la cámara había perdido alimentación durante ese periodo. Comprobó los cables, la conexión y el sistema que la alimentaba, pero no encontró una causa concreta. Lo anotaron en el informe y siguieron con el procedimiento. El cuerpo fue trasladado ese mismo día a una instalación forense más grande. Yo no participé en el traslado y esa fue la última vez que

17:27 lo vi. Durante las semanas siguientes pregunté varias veces si habían conseguido identificarlo. Siempre me respondieron que seguía registrado como desconocido y que el caso continuaba bajo investigación. También pregunté por los resultados de la autopsia. pero nunca me dieron acceso a esa información. Javier estuvo algunos días fuera del hospital por la lesión de la cara. Cuando regresó, hablamos poco de aquella noche. Me confirmó que recordaba los golpes dentro de las gavetas y que había visto al hombre moverse cuando las bandejas se abrían detrás de él. Marcos pidió que lo cambiaran de área y dejó de entrar a la morgue durante la madrugada. Valeria continuó en urgencias y hablé con ella una sola vez sobre el caso, Le pregunté si había encontrado alguna explicación médica después de revisar lo ocurrido. Me respondió que no. Luego repitió que durante el examen no había detectado pulso ni respiración y que el monitor tampoco había mostrado actividad cardíaca. Le pregunté cómo podía entonces hablar y moverse. Dijo que no podía explicarlo y terminó la conversación. Después del incidente, la dirección cambió el procedimiento del turno nocturno. y dejó establecido que debía haber dos trabajadores disponibles en la morgue durante la madrugada.

18:49 La explicación oficial fue que se trataba de una medida de seguridad. Nunca mencionaron al desconocido ni detallaron qué había ocurrido. Yo continué trabajando ahí unos meses más. No volvió a suceder nada parecido, aunque dejé de entrar solo a la cámara cuando no era necesario. Durante ese tiempo intenté averiguar qué idioma había usado el hombre. Recordaba algunos sonidos y escribí varias palabras de la forma en que las había escuchado. Luego se las mostré a personas que conocían otros idiomas, pero nadie reconoció nada. También hablé con Javier y Marcos por separado. Los dos recordaban ciertas palabras repetidas y algunos sonidos coincidían con los que yo había anotado. Ninguno sabía qué significaban. Antes de dejar el hospital pedí una copia de mi declaración. Ahí quedaron registrados el ingreso del cuerpo, los nombres de las personas que estuvieron presentes, la intervención de seguridad. y la revisión médica. El informe interno del hospital fue mucho más breve y describió el hecho como una alteración durante el manejo de un cadáver no identificado.

20:01 Meses después volví a preguntar por el hombre. Me informaron que el hospital ya no tenía acceso al expediente. porque el cuerpo había sido trasladado y el caso dependía de otra autoridad. Hice una solicitud para saber si finalmente habían logrado identificarlo, pero nunca recibí una respuesta. Hasta hoy no conozco su nombre, tampoco sé qué determinó la autopsia ni qué ocurrió con aquel expediente. Lo que sí recuerdo con claridad es que, esa madrugada, varias personas vimos al mismo hombre caminar, hablar y forcejear después de haber ingresado sin signos vitales, y una doctora confirmó su estado mientras todavía se movía. Después de eso, seguí trabajando un tiempo en la morgue, pero jamás volví a aceptar un turno completamente solo.

21:00 Me llamo Armando Herrera y durante varios meses trabajé como velador en una obra a las afueras de un pueblo de Veracruz. El terreno era grande y estaban preparando la zona para construir unas bodegas. Durante el día entraban trabajadores, operadores y camiones, pero al caer la noche todos se iban y yo me quedaba solo. Mi trabajo consistía en revisar la cerca, cuidar el material y avisar si alguien intentaba entrar. En una parte alta del terreno había una torre de vigilancia desde donde podía ver la entrada principal, el camino hacia el pueblo y buena parte del perímetro.

21:40 Yo subía algunas veces durante el turno, porque desde ahí podía revisar mejor la zona. Las primeras semanas fueron tranquilas. Entraban perros, se escuchaban animales de los terrenos vecinos y algunas personas pasaban por el camino, pero nunca tuve un problema serio. La primera vez que vi al chivo estaba dentro de la caseta, cuando escuché varios golpes contra la lámina de la entrada. Salí con la lámpara, porque pensé que alguien estaba empujando el portón. Al acercarme, vi un chivo negro del otro lado de la cerca. Era más grande que los animales que yo conocía de los ranchos cercanos. Tenía los cuernos largos y un cuerpo pesado. El animal bajó la cabeza y golpeó otra vez la lámina. Luego levantó el hocico y soltó un sonido ronco, dividido en varias exhalaciones. Sonaba a una risa humana. Me quedé observándolo unos segundos. Después le grité para espantarlo y golpeé el portón con una varilla. El chivo retrocedió, pero no se fue.

22:45 Volvió a embestir y dejó otra marca en la lámina. Después caminó hacia un costado del terreno hasta que dejé de verlo. Esa misma noche le avisé al encargado. Le expliqué que un chivo grande estaba dañando la entrada. Y él me dijo que al día siguiente preguntarían entre la gente de la zona, por si alguien había perdido un animal. Cuando amaneció, revisamos la cerca y encontramos la lámina hundida, además de uno de los amarres flojos. Los trabajadores hablaron del asunto durante un rato, aunque nadie sabía de quién podía ser el chivo. Algunos tenían familiares con animales, pero ninguno recordaba haber visto uno de ese tamaño. Uno de los hombres me recomendó no acercarme si regresaba, porque podía lastimarme con facilidad. Yo estuve de acuerdo y seguí trabajando.

23:37 En ese momento no pensé en otra cosa. Para mí era un animal suelto que había encontrado el camino hasta la obra. El problema fue que regresó. No lo hizo todas las noches, pero empezó a aparecer con frecuencia cuando el terreno quedaba vacío. Llegaba hasta la entrada. Golpeaba la lámina y soltaba el mismo ruido. Algunas veces permanecía ahí varios minutos antes de irse. Nadie fue a buscarlo. Ningún vecino preguntó por un animal perdido, y durante el día jamás lo vi cerca de la obra. Una noche lo descubrí caminando por el exterior de la cerca. Lo seguí con la luz desde lejos y vi que avanzaba hasta uno de los extremos del terreno, donde todavía quedaba una abertura entre dos secciones de malla. El chivo metió la cabeza, empujó y pasó al interior. Yo estaba lejos de esa zona y preferí regresar a la caseta. Cerré la puerta y esperé. Poco después escuché las pezuñas sobre la grava.

24:39 El animal cruzó cerca del material almacenado y llegó hasta la base de la torre de vigilancia. Me asomé con cuidado y lo vi detenido ahí, con la cabeza levantada hacia la plataforma. Permaneció varios segundos sin moverse. Después se apartó y caminó hacia el fondo de la obra. En esa parte había otro portón, cerrado con cadena, que comunicaba con un camino viejo. Ese camino llevaba hacia las primeras casas del pueblo, y solo el encargado y yo teníamos llave para abrirlo durante el turno. El chivo llegó hasta ese portón y se quedó frente a él. Lo vi empujar una vez con la cabeza, aunque la cadena resistió.

25:22 Dio algunos pasos hacia atrás, volvió a acercarse y permaneció mirando la puerta. No intentó romperla de nuevo. Al poco rato regresó hacia la abertura de la malla y salió del terreno. A la mañana siguiente pedí que cerraran ese espacio. Los trabajadores colocaron más malla y la sujetaron con alambre. También expliqué que el animal había llegado hasta el portón trasero. Pero al encargado solo le preocupaba que pudiera dañar material o meterse entre la maquinaria. Después de eso, pensé que el problema quedaría resuelto. Sin embargo, el chivo volvió a presentarse.

26:03 Ya no podía entrar con facilidad y comenzó a golpearla cerca hasta hacerla vibrar. Yo evitaba acercarme. Me quedaba dentro de la caseta y lo vigilaba desde ahí hasta que se retiraba. Con el paso de las noches empezó a cambiar su comportamiento. Antes golpeaba la lámina y se marchaba. Después comenzó a quedarse frente a la obra durante más tiempo. Caminaba de un lado a otro, se detenía frente a la entrada y levantaba la cabeza hacia la torre. Yo no pensaba en brujas ni en historias del pueblo. Lo único que me preocupaba era que terminara rompiendo la malla y entrara mientras yo estaba haciendo una ronda. Por eso, una noche decidí subir a la torre y vigilar desde arriba.

26:49 Llevé el teléfono, una lámpara y una barra de metal. Desde ahí podía ver el tramo donde el animal había entrado antes y también el portón del fondo. Durante un buen rato no pasó nada. Luego escuché un golpe fuerte contra la malla del lado norte. Me incliné hacia la baranda y vi al chivo. Había regresado. El animal empujó la malla con la cabeza, retrocedió y volvió a embestir. Uno de los amarres se dio. Dio otro golpe y consiguió abrir un espacio suficiente para pasar. Saqué el teléfono y llamé a un operador que vivía cerca de la obra. Le dije que el mismo chivo de las noches anteriores había entrado otra vez. Al principio se burló y respondió que no pensaba salir de su casa por un animal, pero dejó de hacerlo cuando le expliqué que ya estaba adentro y que había roto la malla recién colocada. Me preguntó dónde estaba. Le dije que avanzaba hacia el fondo del terreno. Mientras hablábamos, el chivo pasó cerca de la caseta y siguió hasta el portón trasero. Se detuvo frente a la cadena, pero esta vez no intentó golpearla. Permaneció ahí unos momentos, completamente quieto. Después levantó la cabeza, giró el cuerpo hacia la torre y comenzó a caminar directamente hacia mí. Yo seguía con el teléfono en la mano mirando hacia abajo mientras el operador me preguntaba qué estaba haciendo el animal. Le dije que estaba justo debajo de mí y que no se movía. Él dejó de bromear

28:22 y me pidió que no bajara. Le pregunté si sabía algo de ese chivo o si alguien del pueblo había hablado de él, pero me respondió que después me explicaba y que por el momento me quedara arriba. La llamada se cortó antes de que pudiera preguntarle algo más. Guardé el teléfono y seguí observando. El chivo permaneció quieto unos segundos, luego apoyó las patas delanteras contra la estructura y levantó el cuerpo hasta quedar sobre las traseras. Pensé que iba a golpear la torre, pero se sostuvo erguido y empezó a cambiar delante de mí. Las patas delanteras se alargaron hasta tomar forma de brazos, el cuerpo se estrechó, el hocico desapareció y los cuernos dejaron de verse. El pelo del cuello se convirtió en cabello gris que cayó alrededor de la cara. Todo ocurrió frente a mí y cuando terminó ya no había un chivo junto a la torre, había una mujer anciana. Era delgada, llevaba ropa oscura y tenía el cabello largo, desordenado. Lo que más recuerdo fueron sus ojos, completamente blancos. Levantó el rostro y me miró directamente.

29:33 Intenté llamar otra vez al operador, pero el teléfono había perdido la señal. La mujer caminó hasta la esquina. puso una mano sobre la estructura y me dijo que bajara a abrir el portón del fondo. Hablaba despacio y con claridad. Me dijo que necesitaba cruzar por el camino viejo para entrar al pueblo, que buscaba sangre pura y que conmigo no tenía ningún asunto, siempre que le abriera el paso. yo llevaba la llave de ese portón, el chivo había conseguido entrar por la malla dañada pero para salir por el camino que llevaba a las primeras casas tenía que cruzar aquella puerta cerrada con cadena, me quedé junto a la baranda y no contesté al principio, ella volvió a pedirme que bajara pero esta vez añadió que no pensaba quedarse allí toda la noche, le respondí que no iba a abrirle, La mujer sostuvo la mirada y soltó el mismo sonido que había escuchado las noches anteriores, solo que ahora pude reconocerlo sin ninguna duda. Era una risa humana, corta y áspera. Después se apartó de la torre y fue entonces cuando vi que sus pies no tocaban el suelo.

30:45 Quedaban unos centímetros por encima de la grava. Mientras avanzaba alrededor de la estructura, dio una vuelta y volvió a detenerse frente a la escalera. Yo permanecí arriba, porque bajar significaba acercarme a ella. Saqué otra vez el teléfono y esperé hasta que apareció la señal. Marqué al operador y esta vez contestó. Le dije que había una mujer dentro del terreno que estaba junto a la torre y que me exigía abrir el portón trasero. Me preguntó cómo era. Le dije que era anciana, que vestía de oscuro y que tenía los ojos blancos. Guardó silencio durante unos segundos y después me ordenó que no abriera. También me dijo que iba hacia la obra con su hermano. La mujer escuchó toda la conversación, se acercó a la torre y me dijo que estaba tomando una mala decisión. Después pronunció mi nombre completo, con mis apellidos, y enseguida dijo el nombre de mi esposa. Ahí sentí miedo de verdad, pues yo no había mencionado a mi esposa durante las llamadas.

31:49 ni había nada en la torre que pudiera darle esa información. Me alejé de la baranda y guardé el teléfono. La mujer repitió que yo no era la persona que buscaba, pero añadió que eso podía cambiar si seguía impidiéndole el paso. No respondí. Tomé la barra de metal con las dos manos y esperé. Ella levantó el cuerpo del suelo y comenzó a subir junto a la estructura. No usó la escalera ni se sostuvo de los tubos. Se elevó despacio hasta quedar a la altura de la plataforma. Yo retrocedí y le advertí que no se acercara. Ella siguió subiendo y volvió a ordenarme que bajara a abrir el portón.

32:31 Cuando estuvo lo bastante cerca, lancé la barra. No vi dónde le pegó, solo escuché el golpe y la vi descender de inmediato. La barra cayó junto a la base de la torre. y la mujer no gritó, se quedó abajo, levantó la cabeza y me miró durante unos segundos, después caminó hacia la caseta, la rodeó y siguió hasta el portón del fondo, desde arriba pude verla tomar la cadena con ambas manos, tiró varias veces y consiguió mover el portón, pero el candado resistió, soltó la cadena, giró hacia mí y dijo que todavía estaba a tiempo de abrir, Luego agregó que alguien del pueblo tenía sangre limpia y que iba a encontrarla antes de que terminara la noche. No dijo quién era esa persona y yo seguí arriba sin contestarle.

33:24 Poco después vi luces acercándose por el camino principal. Era la camioneta del operador y venía acompañado por su hermano. Se detuvieron frente a la entrada y alumbraron hacia el interior. Yo les grité desde la torre. que la mujer estaba junto al portón trasero el hermano bajó con un machete y avanzó algunos pasos mientras el operador se quedó cerca de la camioneta la anciana caminó hacia la parte iluminada y los dos pudieron verla el hermano se detuvo en cuanto la tuvo de frente ella giró hacia ellos y volvió a reír entonces bajó las manos hacia el suelo y su cuerpo empezó a cambiar otra vez Desde la torre vi cómo los brazos se acortaban, la espalda se ensanchaba y el cabello desaparecía, mientras el pelo negro cubría el cuerpo. La cabeza volvió a alargarse y los cuernos aparecieron.

34:22 El cambio terminó en pocos segundos. La mujer había desaparecido y el mismo chivo estaba parado delante de ellos. El operador y su hermano no se movieron. El animal giró, corrió hacia la parte dañada de la malla y salió por donde había entrado. El hermano quiso ir detrás de él con la camioneta, pero el operador se negó y me gritó que bajara primero. Esperé hasta verlos dentro del terreno. Luego, descendí de la torre y me reuní con ellos. Ninguno habló durante los primeros momentos. Solo caminamos hasta el portón trasero para revisar la cadena. Seguía puesta. El candado estaba cerrado y la puerta no había sido abierta. Nos quedamos junto al portón durante unos momentos, todavía mirando la cadena.

35:11 Después regresamos hacia la parte central del terreno y decidimos permanecer juntos hasta que llegaran los primeros trabajadores. Ninguno quiso volver solo a la caseta ni recorrerla cerca. El operador me preguntó qué había visto antes de que ellos llegaran y le conté desde el momento en que el chivo se levantó sobre las patas traseras hasta que apareció la mujer. Su hermano escuchó sin interrumpir y cuando terminé dijo que ellos habían visto suficiente al final porque habían tenido a la anciana de frente y después vieron al chivo en el mismo lugar. No seguimos hablando del asunto. Revisamos la malla rota, la base de la torre y el portón trasero.

35:57 Había marcas recientes en varios puntos y la cadena había quedado muy tensa, aunque el candado seguía cerrado. Buscamos huellas fuera del terreno, pero el camino tenía demasiadas marcas de llantas y pisadas para distinguir algo útil. Volvimos a la entrada y esperamos ahí. Cuando amaneció, empezaron a llegar los trabajadores. El encargado nos encontró juntos y preguntó qué había ocurrido durante la noche. Le pedí que primero me escuchara a mí y después hablara con los otros dos por separado. Le conté lo que había visto sin cambiar nada, desde la entrada del chivo hasta el momento en que la mujer intentó obligarme a abrir el portón. No me interrumpió, aunque varias veces bajó la mirada hacia el suelo. Después se llevó al operador a un lado y habló con él.

36:48 Luego hizo lo mismo con su hermano. Los dos le dijeron que habían visto a una mujer dentro del terreno y que delante de ellos su cuerpo había cambiado hasta convertirse en un chivo. El encargado revisó los daños, tomó fotografías y mandó reparar la malla. En el reporte escribió que un animal había entrado y causado daños durante la noche. También dejó anotado que había tres testigos de un incidente dentro del terreno. pero se negó a escribir que una mujer se había transformado. Dijo que la empresa nunca iba a aceptar un reporte redactado de esa manera. Mientras reparaban el perímetro, uno de los trabajadores recibió una llamada y se apartó para contestar. Al terminar, buscó al operador y hablaron durante unos minutos. Yo estaba cerca y alcancé a notar que los dos habían cambiado de expresión. Cuando regresaron, el operador me dijo que una niña pequeña de una familia del pueblo había sido llevada al centro de salud.

37:53 Había amanecido muy débil y su madre encontró sangre en la ropa que llevaba puesta. También tenía dos heridas pequeñas en el cuello. Le pregunté dónde vivía la familia y señaló la zona a la que llevaba el camino viejo, detrás del portón que la mujer había querido que yo abriera. No dije nada más. Yo no había estado en esa casa y no sabía qué había ocurrido ahí. Lo único que conocía era lo que había pasado dentro de la obra y lo que acababan de contarme. El operador conocía a uno de los familiares y fue más tarde a preguntar por la niña. Cuando regresó, me dijo que seguía viva y que la habían trasladado a un hospital para hacerle estudios. La madre había encontrado las heridas al despertarla, pero nadie sabía cómo se las había hecho. Antes de terminar mi turno hablé con el encargado y le dije que no volvería a quedarme solo por la noche. Él respondió que podían reforzar la cerca, colocar más iluminación y revisar la torre, pero le expliqué que eso no cambiaba lo que había ocurrido. La zona estaba iluminada cuando vi al chivo transformarse y el operador con su hermano habían visto a la mujer convertirse otra vez en el animal.

39:11 El operador tampoco aceptó quedarse solo. Su hermano no trabajaba ahí y dijo que no pensaba regresar de noche. Durante los días siguientes, la empresa puso a dos hombres por turno. Ahí empezaron los comentarios entre los trabajadores. Algunos conocían historias de una bruja que recorría esa parte del pueblo y tomaba forma de animal. Otros se burlaban y aseguraban que todo tenía alguna explicación. Yo no entré en esas discusiones. Había contado exactamente lo que vi y no tenía interés en convencer a nadie. Tampoco quería seguir repitiendo la historia cada vez que alguien llegaba a preguntarme. Regresé a la obra unos días después para recoger mis cosas y cobrar lo que me debían. Fui de día. La malla ya estaba reparada y el portón trasero tenía una cadena nueva.

40:06 También habían dejado de usar la torre porque encontraron una unión floja en la estructura. El encargado dijo que el daño podía deberse al uso y al movimiento normal de la torre. No discutí con él. Busqué al operador y le pregunté por la niña. Me dijo que ya había regresado a su casa, aunque seguía bajo revisión médica. Nunca supe qué diagnóstico recibió ni llegué a conocer a su familia. Antes de irme caminé hasta el portón trasero. La puerta cerraba bien y la cadena nueva estaba en su sitio. En la parte baja del metal había varias marcas, unas viejas y otras recientes. No había forma de saber cuáles habían quedado esa noche, así que no saqué ninguna conclusión.

40:56 Recogí mis cosas, firmé el pago y me fui. Pasó un tiempo antes de que volviera a encontrar al operador. Lo vi en el pueblo y hablamos unos minutos. Me contó que el chivo había regresado una noche y se quedó fuera de la cerca. En ese turno había dos veladores y ninguno salió. El animal golpeó varias veces la lámina, caminó hacia un costado del terreno y después se perdió por el camino. No consiguió entrar. También me dijo que la empresa había mantenido cerrado el portón trasero y que desde entonces evitaban dejar a un solo hombre de guardia. En los reportes siguieron anotando los daños como entrada o presencia de animales. Pero nunca escribieron otra cosa. Yo no volví a trabajar en ese lugar. Tampoco regresé de noche para comprobar si el chivo seguía apareciendo. Con el tiempo dejé de hablar del tema, porque cada persona daba una explicación distinta, y ninguna cambiaba lo que yo recordaba. Aquella noche tuve al animal debajo de la torre. Lo vi levantarse, cambiar de cuerpo. y quedar convertido en una mujer anciana con los ojos blancos. La escuché decir mi nombre, el de mi esposa, y pedir que abriera el camino hacia el pueblo. Después vi llegar a dos hombres que también estuvieron frente a ella, y presenciaron el cambio de regreso.

42:24 Eso fue lo que ocurrió dentro del terreno. Todo lo demás, incluida la niña herida, lo conocí después. Muchos dicen que era una bruja, otros que era el diablo. Yo jamás supe, y la verdad no quiero saber. Trabajé como guardia de seguridad nocturno en unas bodegas viejas en la orilla de la ciudad. Cuando entré a ese servicio, me dijeron lo mismo que le decían a todos, que ahí se oían ruidos extraños. que algunas puertas amanecían abiertas que en ciertos puntos del predio se escuchaban pasos y que más de un guardia había pedido cambio o había renunciado por miedo yo no les creí en ese tiempo pensaba que la gente exageraba mucho cuando trabajaba de noche sobre todo en lugares solos y con demasiado silencio mi idea era simple si algo sonaba tenía una causa y si algo se movía también El trabajo no tenía mucha ciencia. Yo llegaba al turno, recibía la novedad, revisaba los accesos, hacía recorridos por el patio y por las naves, miraba las cámaras y anotaba cualquier detalle en la libreta de la caseta.

43:48 Casi nunca entraba nadie en la noche, por eso cualquier ruido resaltaba más. Durante las primeras semanas no pasó nada que me sacara del control. Escuchaba golpes, iba a revisar y encontraba una lámina suelta, una cadena movida o algún animal. A veces una cámara se congelaba pero el sistema ya estaba viejo, así que todo entraba en lo normal. Yo prefería pensar así porque no me interesaba meterme en cuentos. Había escuchado demasiadas historias de veladores que juraban haber visto cosas y casi siempre terminaban contando sombras, ruidos o sensaciones. A mí eso no me bastaba. Yo necesitaba ver algo claro, Tocar una puerta abierta, encontrar una marca o revisar un candado forzado. Si no había algo concreto, para mí no había nada. Con el paso de los días empecé a notar detalles que ya no me gustaron. Una noche encontré una puerta mal asegurada, aunque yo mismo la había revisado antes.

44:52 Me molesté. Pensé que había sido un descuido mío. La cerré de nuevo y lo anoté. Días después, escuché un golpe fuerte dentro de una de las naves. Fui a revisar y encontré una tarima en el suelo. Busqué alrededor, alumbré esquinas, revisé puertas y no encontré a nadie. Otra noche, vi en una cámara una sombra cruzando una parte del patio. Salí de inmediato y tampoco había nadie. En ese punto, seguía sin pensar en algo raro, pero ya me fastidiaba no dar con la causa. Lo que más me inquietó al principio no fue un ruido, fue un olor. Empezó a sentirse por ratos, sin aviso. Era un olor fuerte, a quemado. No se quedaba mucho tiempo. Aparecía de golpe y luego se iba. Lo sentí primero cerca de la caseta, después en una parte del patio y luego por la oficina del fondo. Revisé contactos, cables, focos y el equipo que usábamos, pero no vi ninguna falla y tampoco encontré nada que explicara ese olor. Eso fue lo primero que ya no pude acomodar tan fácil en la cabeza. Después vino lo del teléfono. En el fondo del predio había una oficina vieja que ya no se usaba. El aparato seguía sobre un escritorio, pero esa línea no servía desde antes de que yo entrara a trabajar ahí. Una noche, durante un recorrido, escuché que sonó adentro. Me quedé quieto

46:22 al instante. No fue un ruido confuso ni algo lejano. Fue un timbrazo claro dentro de esa oficina. Me acerqué, escuché otro y luego se cortó. Revisé por fuera y no vi a nadie. No entré en ese momento, pero desde esa noche ya no caminé igual por ese lado del predio. Yo seguía sin decir que ahí pasaba algo fuera de lo normal. Lo que sí acepté fue otra cosa, que ya no me sentía tranquilo. Cada vez que me tocaba ir al fondo, el cuerpo se me tensaba, me ponía más atento, caminaba más despacio y revisaba mejor todo. No quería reconocerlo, porque yo mismo me había burlado de esas historias al principio, pero ya había partes del lugar que me pesaban antes de llegar. La noche que me cambió todo empezó igual que las demás. Llegué, recibí el turno, me instalé en la caseta y salí al primer recorrido.

47:17 No vi nada fuera de lugar, todo estaba cerrado y en silencio. Más tarde, mientras revisaba las cámaras, vi un perro parado frente al portón. No ladraba, no caminaba de un lado a otro, no olfateaba. Estaba quieto, mirando hacia adentro, y se quedó inmóvil varios segundos y después se fue. No mucho después se escuchó un golpe fuerte dentro de una de las naves. Esta vez no sonó a lámina ni a cadena, sonó a algo pesado cayendo sobre el piso. Tomé la lámpara, agarré el radio y fui a revisar. La puerta principal seguía cerrada. La puerta peatonal también parecía asegurada, pero cuando me acerqué vi el candado acomodado solo para aparentar, pues no estaba cerrado de verdad. ahí fue cuando pensé que alguien se había metido y seguía adentro abrí con cuidado y entré adentro estaba oscuro y callado alumbré el piso las esquinas y el frente encontré una tarima tirada el polvo seguía movido alrededor revisé arriba a los lados y al fondo pero no vi a nadie así que avancé unos pasos más y entonces escuché un arrastre detrás de mí me volteé de inmediato no había nada me quedé quieto tratando de oír mejor y ahí escuché una respiración cerca y clara dentro de la nave no era

48:47 mía no venía del radio y no se oía lejos así que levanté la lámpara y alumbré hacia donde la escuché pero no había nadie en ese momento salí no corrí pero salí rápido con el cuerpo duro y la espalda tensa volví a asegurar la puerta y regresé a la caseta Me senté frente a las cámaras e intenté calmarme. Me repetí que podía haber alguien escondido, que tal vez no había revisado bien, o que el cansancio ya me estaba jugando en mi mente. en contra. Quise sostener esa idea porque todavía me negaba a aceptar otra cosa, pero ya no era igual. Desde ese momento el turno dejó de sentirse normal. Yo ya no estaba haciendo mi trabajo en calma. Ya estaba esperando que volviera a pasar algo.

49:37 Después de salir de esa nave, regresé a la caseta y cerré la puerta detrás de mí. Me senté frente a las cámaras, dejé la lámpara sobre la mesa y traté de recuperar el aire. No estaba agitado por correr, estaba agitado por lo que acababa de escuchar. Hasta ese momento yo había podido darle una salida a todo, una falla, un descuido, un ruido mal entendido, un animal, una puerta mal puesta o cualquier cosa. Pero esa respiración adentro de la nave, a pocos metros de mí, sin nadie enfrente y sin nadie detrás, ya no entraba fácil en ninguna explicación. Aún así, seguí aferrado a la idea de que algo se me había pasado, que alguien se había escondido y que yo no había revisado bien. Me quedé mirando los monitores un buen rato. El predio seguía quieto, no se veía movimiento en las entradas, ni en el patio, ni en el fondo. Todo estaba en orden en la pantalla, pero yo ya no estaba en orden por dentro. Cada sonido pequeño me obligaba a levantar la cabeza. Cada segundo de retraso en una cámara me tensaba los brazos, y el silencio ya no me ayudaba a concentrarme. Me empujaba a escuchar más de la cuenta. Yo seguía solo en la caseta, pero ya no me sentía solo en el turno.

51:00 Pasaron varios minutos sin nada nuevo y eso me pesó más. Cuando las cosas se quedan quietas después de un susto, uno empieza a repasar lo que oyó, lo que vio y lo que no logró entender. Yo estaba en eso cuando volvió ese olor a quemado. Entró a la caseta de golpe. Era fuerte y seco. Me levanté de inmediato, revisé el contacto del monitor, el radio, la extensión, el foco, todo lo que tenía cerca y no encontré falla. el olor se fue tan rápido como llegó, en ese mismo momento escuché un roce afuera junto a la ventana, no fue un golpe ni un jalón, fue un sonido leve y largo, pegado a la pared de la caseta, volteé de inmediato y me asomé, pero no vi a nadie, ahí tomé la decisión de salir otra vez, ya no era por rutina, ya no era por cumplir el recorrido, necesitaba confirmar que el predio seguía vacío, Agarré la lámpara, tomé el radio y fui primero hacia el patio. Revisé una de las naves, luego el pasillo lateral y después caminé hasta la oficina del fondo, la que llevaba tiempo cerrada.

52:10 Antes de llegar ya traía el cuerpo tenso. No me gustaba pasar por ahí desde lo del teléfono. Y cuando estuve frente a la puerta me detuve de golpe. Debajo se veía una línea de luz. Era delgada, pero clara. La oficina estaba cerrada y no debía tener corriente. Me acerqué despacio y puse la mano sobre la puerta. La sentí tibia. Me asomé por el cristal roto del costado y adentro se veía oscuro. Volví a mirar abajo y la luz seguía ahí. No cambiaba, no parpadeaba, no se movía. Me quedé unos segundos mirando esa línea, tratando de decidir si abría o si primero llamaba al supervisor. Antes de hacer cualquiera de las dos cosas, el teléfono sonó adentro.

52:57 Esta vez no hubo duda. Sonó claro, varias veces, y en una oficina vacía y sin línea. Ahí se me fue la última calma que me quedaba. Ya no pensé en una confusión. Ya no pensé en una falla del oído. Abrí la puerta con cuidado y alumbré hacia adentro, pero la oficina estaba sola. El escritorio seguía en su lugar, el teléfono también, las sillas, el archivero, todo. No había nadie escondido, no había ventana abierta, no había una segunda salida por donde alguien pudiera irse. Entré dos pasos, acerqué la lámpara al escritorio y levanté el auricular. No había tono, solo se escuchaba un soplido bajo, continuo, pegado al oído.

53:43 Lo volví a dejar en su sitio y salí. Ahí entendí que ya no iba a seguir recorriendo el fondo del predio, no por flojera, no por abandonar el trabajo, sino porque ya estaba entrando en un punto donde no podía confiar ni en lo que oía ni en lo que veía. Regresé a la caseta, cerré la puerta, aseguré la ventana y me senté otra vez frente a los monitores. Mi idea era aguantar hasta el amanecer y salir de ahí en cuanto me relevaran. No quería seguir moviéndome por el predio, quería mantener todo al frente, encerrado y bajo vista. No pasó mucho tiempo antes de que las cámaras se fueran a negro. El monitor siguió encendido, pero la imagen desapareció de golpe en todas. Revisé los cables, moví la conexión, le di un golpe corto al costado del monitor y nada volvió. Me quedé viendo la pantalla vacía unos segundos, sin saber si el fallo era del equipo o si se había ido la señal en todo el predio. Entonces escuché pasos afuera. Venían desde la entrada y avanzaban directo hacia la caseta. Eran pasos lentos, firmes, sin prisa. No se oían desordenados, no se oían torpes, no se oían nerviosos.

55:00 Se acercaron poco a poco sobre la grava y sobre el piso de cemento hasta detenerse frente a mi puerta. Yo no me moví. Me quedé sentado, con la mano en la lámpara y la vista clavada en la puerta. Pasaron unos segundos y tocaron tres veces. No respondí. Me quedé quieto, esperando otro ruido, otra señal o cualquier cosa que me dijera quién estaba afuera. Volvieron a tocar. Después escuché un roce en la parte de afuera pegado a la lámina. Ahí reuní valor y pregunté quién era. Mi voz no salió firme, pero salió. Del otro lado no contestaron enseguida. Primero escuché una respiración, muy cerca de la puerta.

55:46 Luego una voz de hombre, baja y tranquila. Dijo que abriera, que venía a hacerme una propuesta. Dijo mi nombre completo. Sentí un frío seco en el cuerpo. Yo no traía gafete al frente. No había nadie más en el predio y esa voz no era la del supervisor ni la de ningún compañero. Me quedé callado y la voz siguió hablando. Dijo que yo ya estaba cansado de vivir con problemas, de cargar deudas, de no alcanzar a resolver lo que tenía encima. Dijo que sabía lo que me preocupaba, que sabía lo que yo necesitaba y que había ido a ofrecerme una vida mejor. No alzó la voz, no golpeó la puerta, no metió prisa. Habló con una calma que me dejó peor. Yo le pregunté qué quería a cambio.

56:34 La voz respondió sin tardarse. Dijo que solo quería una cosa, que yo le dijera que sí y que le entregara mi alma. Ahí me quedé paralizado. Ya no pensé en una broma, ya no pensé en un intruso y no pensé en ladrones. Nadie llega a una caseta a esa hora, en un lugar así, a decir eso con esa seguridad. Le dije que se fuera, le dije que no iba a abrir. La voz soltó una risa breve y respondió que no importaba si yo decía que no esa noche, que podía esperar, que me iba a vigilar siempre, hasta el día en que yo mismo aceptara. Yo seguía inmóvil, con la piel erizada y la nuca dura. No estaba viendo nada todavía, solo escuchándolo detrás de la puerta. Y aún así, supe que estaba frente a algo que no pertenecía a ese lugar ni a este mundo. En ese momento, vi un reflejo en la ventana lateral de la caseta.

57:32 Algo se movió por fuera. Giré la cabeza, levanté la vista y lo vi. Lo vi por la ventana lateral y me quedé helado. Estaba parado afuera, frente al vidrio. Tenía cuerpo de hombre. Llevaba ropa oscura y estaba quieto, mirándome de frente. Lo primero que me golpeó fue la cara. No era una cara normal. Tenía una sonrisa abierta, fija, sin calor, y unos ojos rojos, duros, clavados en mí. En la frente se le marcaban dos puntas cortas. No necesité pensar mucho para entenderlo, y en ese momento supe lo que estaba viendo. Era el diablo. No golpeó la puerta, no levantó la voz y no hizo un solo movimiento de más. Se quedó ahí, firme, con una tranquilidad que me hizo sentir peor que cualquier grito. Levantó una mano y la apoyó en la ventana. Yo di un paso atrás sin apartar la vista. Sentí el pecho apretado, los brazos duros y la piel erizada. El aire dentro de la caseta se volvió pesado. Me costaba respirar hondo. Quise decir algo, pero la voz no me salió al principio.

58:43 Siguió sonriendo y volvió a hablar. Me dijo que no respondiera por miedo, que pensara bien lo que estaba rechazando, que una sola palabra mía bastaba para cambiar mi vida entera. Me ofreció dinero, trabajo estable, una casa mejor, salud para mi familia y descanso para mí. Dijo cosas que nadie de ese lugar tenía por qué saber. Habló de deudas que yo traía encima, de problemas que yo no le contaba a nadie y de cansancio que me estaba cargando día y noche. Mientras decía todo eso, no dejó de mirarme ni un segundo. Yo le dije que no. No lo grité, lo dije bajo, con la garganta seca. Me temblaban las piernas y aún así se lo dije. Él no se enojó, no cambió la cara ni retiró la mano del vidrio. me respondió que yo todavía no entendía cuánto tiempo podía esperar después se acercó más a la ventana y me dijo que si esa noche no aceptaba me iba a seguir mirando en el trabajo en la calle y en mi casa hasta el día en que yo mismo le dijera que sí lo dijo tranquilo, seguro y eso fue lo que más miedo me dio agarré una silla que estaba junto al escritorio y la lancé contra la ventana el vidrio estalló hacia afuera En ese momento se acabó el turno y se acabó cualquier idea de quedarme. Abrí la puerta de golpe y salí con la lámpara en la mano. Alumbré hacia todos lados, pero no había nadie. No escuché pasos, no vi sombra, no

1:00:13 vi movimiento. El espacio frente a la caseta estaba vacío, así que avancé unos metros y seguía sin haber nada. Yo sabía lo que acababa de ver, pero afuera no había una sola señal de que alguien hubiera estado ahí. Corrí hacia la entrada principal, quité el candado con las manos torpes y salí del predio. Dejé adentro mi mochila y otras cosas, ni siquiera pensé en regresar por ellas. Seguí caminando hasta encontrar una gasolinera abierta. Entré, pedí un teléfono y llamé para avisar que renunciaba. No conté todo en esa llamada, solo dije que no iba a volver a ese servicio. Al día siguiente hablé con el supervisor.

1:00:58 Le conté lo que vi, lo que escuché y le dije con claridad que no regresaba por ningún motivo. Se quedó serio y al final solo respondió que yo no había sido el primero en salir corriendo de ese lugar. También dijo que otro guardia había dejado el turno de madrugada y que nunca explicó bien por qué. Esa respuesta no me tranquilizó. Me confirmó que algo pasaba ahí y que nadie quería hablar de eso de frente. Después traté de seguir con mi vida. Busqué otro trabajo, evité pasar por esa zona y me forcé a pensar que todo había sido producto del cansancio y del miedo acumulado. Pero esa idea no me duró mucho. Desde la primera semana empecé a despertarme en la madrugada con la misma sensación que tuve en la caseta, la de no estar solo.

1:01:52 Abría los ojos y el cuarto estaba oscuro y en silencio. pero el cuerpo me avisaba otra cosa. Se me enchinaba la piel, se me tensaban los brazos y sentía una presión en el pecho. En algunas noches, además, volvía ese olor a quemado, seco y breve. La primera vez que pasó en mi casa me quedé acostado, sin moverme, escuchando. Después oí un roce afuera del cuarto. Me levanté, prendí la luz y revisé la sala y la entrada. No encontré nada. Otra noche escuché pasos dentro de la casa, lentos y marcados hasta mi puerta. Cuando salí no había nadie.

1:02:33 Revisé cerraduras, ventanas y patio, pero todo estaba bien. También hubo noches en las que me desperté de golpe, con la certeza de que había alguien junto a la cama. No abría los ojos de inmediato. Me quedaba quieto unos segundos. A veces no veía nada y a veces, antes de moverme, volvía el olor. Revisé puertas, cambié hábitos y traté de mantener la cabeza ocupada para no pensar en eso, pero no funcionó. Podían pasar varios días sin nada y luego todo regresaba. Bastaba una madrugada mala para que esa sensación volviera completa. Por eso dejé de aceptar trabajos de noche en lugares aislados. Hasta hoy no he dicho que sí, nunca le he dado esa respuesta, pero tampoco puedo decir que aquello terminó esa noche. Hay madrugadas en las que despierto, con la sensación exacta de que alguien está a unos pasos de mi cama, quieto mirándome en silencio. En esos momentos recuerdo lo que me dijo frente a la caseta, que si no aceptaba esa noche me iba a vigilar siempre, hasta el día en que yo mismo se lo dijera por mi cuenta. Esa frase no se me ha borrado, yo no volví a esas bodegas, lo que sí volvió conmigo fue esa presencia. Y hay noches en las que sigo sintiendo que no me ha dejado solo.