Aug. 31, 2026

No Respondas Si Te Llama

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Me llamó Andrés, y durante varios años tuve la costumbre de visitar pueblos abandonados, casas vacías y construcciones que habían quedado fuera de uso. Iba solo, sin intención de grabar nada ni de convertir esas visitas en otra cosa. Me interesaba recorrer los lugares, revisar lo que seguía en pie y saber por qué habían terminado vacíos. Así llegué a escuchar el nombre de San Jerónimo, un pueblo que llevaba muchos años abandonado. y que la gente de las comunidades cercanas evitaba visitar. Un conocido me habló de él, y mencionó una frase que todavía repetían algunas personas mayores de la zona. Decían que la tierra exigía su parte. No me explicó de dónde venía esa expresión, y yo tampoco insistí demasiado. En ese momento la tomé por una superstición antigua, una historia que había quedado entre la gente, después de que el lugar se vaciara. Antes de entrar al camino que llevaba a San Jerónimo, me detuve en una tienda.

1:07 El hombre que atendía vio la mochila y la linterna que llevaba. Me preguntó a dónde iba y cuando le dije el nombre del pueblo, quiso saber si viajaba solo. Le respondí que sí. Me recomendó regresar antes de que oscureciera y le pregunté qué tenía de especial ese lugar. Me contó que cuando todavía vivían familias ahí, algunas dejaban pequeñas ofrendas frente a sus casas. No quiso decirme qué contenían ni para quién eran. Solamente dijo que esa costumbre había existido durante años. Antes de que me marchara, añadió una advertencia que entonces no entendí. Me dijo que si escuchaba a alguien llamándome desde una casa o desde el monte, debía verlo antes de contestar o acercarme. Le pregunté por qué y respondió que en San Jerónimo una voz podía engañar a cualquiera. No dijo nada más y yo seguí el camino. Al llegar, encontré varias casas, una escuela y una iglesia. Las calles estaban cubiertas de tierra y maleza, muchas puertas habían quedado abiertas, y las viviendas todavía conservaban muebles, ropa y objetos que nadie se había llevado. Entré primero en las casas cercanas al camino. No buscaba nada en particular, revisaba las habitaciones y salía, hasta que empecé a fijarme en unos recipientes pequeños colocados cerca de algunas puertas. El primero estaba vacío. Encontré otro en la casa siguiente y

2:37 después uno más. Todos tenían un tamaño parecido y estaban puestos en lugares donde resultaba difícil pensar que hubieran terminado por accidente. Recordé lo que me había contado el hombre de la tienda, aunque todavía no sabía si aquellos recipientes tenían relación con las ofrendas. En otra casa encontré uno dentro de un armario. Tenía una mancha oscura y seca en el fondo. No lo toqué Seguí revisando la vivienda y encontré un objeto pequeño hecho con ramas y cuerda, colgado junto a una puerta interior. Después vi otro en una casa cercana. Algunos habían perdido partes y otros seguían completos, pero ninguno tenía una forma que yo reconociera. A partir de ahí, empecé a encontrarlos con más frecuencia. No sabía para qué servían y preferí seguir avanzando. La iglesia estaba cerca del centro del pueblo. La entrada principal permanecía cerrada aunque una puerta lateral estaba abierta, así que entré por ahí.

3:38 Cerca del altar encontré más figuras. Eran pequeñas y estaban hechas con ramas, cuerda y cabello. Había otras piezas sujetas a ellas, pero no pude identificarlas en ese momento. Detrás del altar encontré un cuarto, donde todavía quedaban varios frascos vacíos y un cuaderno muy deteriorado. Abrí el cuaderno y revisé las páginas que podían leerse. Había nombres de familias, fechas y cantidades escritas a mano. En algunas líneas aparecían anotaciones muy breves. Entrega recibida, entrega incompleta, segunda entrega. Pasé varias hojas y encontré nombres tachados. El cuaderno no explicaba qué se entregaba ni quién llevaba ese registro. Lo guardé en la mochila porque quería revisarlo después con mejor luz y sin seguir perdiendo tiempo dentro de la iglesia. Cuando me disponía a salir, escuché una risa en algún punto detrás de mí. Me quedé quieto y esperé. El sonido había sido breve, una risa aguda que terminó de golpe.

4:42 Pregunté si había alguien dentro de la iglesia y nadie respondió. Seguí hacia la puerta, pero antes de alcanzarla, escuché otra risa desde el fondo. Giré y alumbré entre los bancos, pero no vi a nadie. Volví a preguntar y esta vez escuché pasos rápidos detrás de una de las filas. Moví la linterna hacia ahí y alcancé a ver algo pequeño cruzando hacia el otro lado. No pude distinguir qué era. Esperé unos segundos más y después salí. Ya había dejado de interesarme lo que pudiera quedar dentro del edificio. Iba hacia la salida del pueblo cuando escuché movimiento en una casa. Continué caminando hasta que una mujer pidió ayuda desde el interior.

5:24 Me detuve. La voz dijo que se había lastimado y que no podía levantarse. Desde la calle pregunté dónde estaba y me respondió que se encontraba en una habitación del fondo. Me acerqué a la entrada y volví a preguntarle si podía caminar y dijo que no. Desde donde estaba podía ver el pasillo, así que entré unos pasos y llamé otra vez. La respuesta llegó desde el fondo de la vivienda. Avancé un poco más, entonces la misma voz sonó a mi derecha. Me detuve y miré hacia esa habitación. Pregunté dónde estaba exactamente y la mujer contestó desde otro punto de la casa. Retrocedí. Volvió a pedirme que no me fuera, pero la voz ya no permanecía en un solo lugar.

6:10 Sonaba desde el fondo, después desde un cuarto lateral y luego desde una zona más cercana a la entrada. Entre una frase y otra no escuchaba pasos ni puertas. Seguí retrocediendo hasta quedar cerca de la salida y la mujer dejó de hablar. En su lugar escuché una risa aguda dentro de la casa, seguida por otra desde la planta de arriba. Salí de inmediato y crucé hacia la calle. Algo pasó entre dos casas frente a mí. Era bajo y se movía sobre dos piernas, y se detuvo junto a una puerta. Tenía el tamaño de un niño pequeño, el cuerpo delgado, la piel arrugada, brazos largos y una cabeza grande en relación con el resto del cuerpo. se quedó mirándome y yo también me detuve no había visto nunca un animal ni una persona con ese aspecto y durante unos segundos ninguno de los dos se movió la criatura abrió la boca y de ella salió la voz de la mujer repitió la misma petición de ayuda que yo acababa de escuchar dentro de la casa después dijo otra de sus frases sin apartar los ojos de mí ahí entendí de dónde había salido aquella voz Retrocedí un paso, y la criatura abrió otra vez la boca y comenzó a reír. Durante los primeros segundos mantuvo la voz de la mujer, luego el sonido cambió hasta convertirse en la misma risa aguda que había escuchado dentro de la iglesia.

7:37 Otra risa respondió desde una casa cercana, y después escuché una más detrás de mí. Miré hacia las ventanas y vi una figura pequeña moverse dentro de una habitación. Otra cruzó detrás de una cerca y desapareció entre las casas. La criatura que tenía delante avanzó un paso. Yo retrocedí y empecé a caminar hacia el camino por el que había llegado. No corrí. Quería mantenerlas a la vista y saber desde dónde se movían. Las risas continuaron alrededor de la calle, unas delante de mí y otras a mis espaldas. Una voz masculina dijo que esperara. No reconocía a quién pertenecía. Pero, poco después, una voz de niño preguntó dónde estaba. Seguí avanzando.

8:23 Una criatura cruzó el camino delante de mí y se metió entre dos casas, y otra apareció por el lado contrario. Cada vez que yo avanzaba, alguna cambiaba de posición y volvía a dejarse ver unos metros más adelante. Todavía no intentaban tocarme ni se acercaban lo suficiente para que pudiera golpearlas. Se limitaban a ocupar el camino y a moverse alrededor de mí. Cuando estaba cerca de la salida, escuché un grito a mis espaldas. Me giré. El grito se cortó y una carcajada salió desde el mismo lugar. Casi al mismo tiempo. Varias risas respondieron desde las casas y desde los árboles cercanos. Miré de nuevo hacia el camino y había dos criaturas delante. Fue entonces cuando supe que no me estaban siguiendo porque yo hubiera encontrado algo dentro del pueblo.

9:14 Ya estaban ahí cuando llegué y acababan de cerrar la única salida que yo conocía. No regresé hacia el centro del pueblo porque quisiera seguir explorando. Regresé porque dos criaturas aparecieron cerca del camino y otra se movía entre los árboles. Cada vez que intentaba acercarme a la salida, alguna volvía a cruzarse. No corrían hacia mí. ocupaban el paso y esperaban. Recordé un sendero detrás de la escuela y decidí llegar hasta ahí. Caminé pegado a las casas, mientras las voces seguían apareciendo a mi alrededor. Una mujer pedía ayuda, un hombre me decía que me acercara y un niño lloraba antes de soltar una risa. Ya sabía que no debía responder.

9:58 Seguí hasta la escuela, crucé el edificio y salí por la parte trasera. Detrás encontré una construcción pequeña que no había revisado. La puerta estaba abierta y vi ropa tirada en el suelo. Varias prendas estaban menos deterioradas que las de las casas. Así que entré unos pasos. Había zapatos y herramientas. Al fondo encontré figuras hechas con madera y cabello. Reconocí la forma de las que había visto en la iglesia, y ahí distinguí lo que antes no había identificado. Tenían dientes humanos incrustados y uñas sujetas con hilo. Algunas estaban terminadas, otras seguían abiertas junto a unas pinzas. Vi un diente con sangre seca y entendí los recipientes y las anotaciones del cuaderno. Las ofrendas eran dientes y uñas, usados para fabricar esos objetos. Escuché un roce detrás de mí y giré.

10:53 Una criatura estaba agachada junto a la pared, pero no la había visto al entrar. Sostenía una figura y tenía una pinza en la otra mano. Era más pequeña que la primera, con la misma piel arrugada y los brazos largos. Miró la figura, luego me miró y abrió la boca. La voz de la mujer que había escuchado antes salió de ella y pidió ayuda. Agarré una silla, se la lancé y salí. La criatura soltó un chillido propio, sin voz humana, y casi de inmediato recibió respuesta desde la escuela y las casas. Corrí hacia el sendero mientras escuchaba movimiento entre los árboles. Después vi a un hombre escondido detrás de un muro. Me detuve. Estaba sentado en el suelo, levantó una mano y me pidió que no me fuera.

11:42 se llamaba esteban tenía una herida en un brazo dos dedos ensangrentados y sangre alrededor de la boca pero podía caminar había llegado con su hermano para buscar la antigua casa de su familia habían escuchado a alguien llorando dentro de una vivienda su hermano entró primero y él fue detrás varias criaturas salieron de las habitaciones y se lanzaron sobre ellos A Esteban le arrancaron dos uñas y trataron de sacarle un diente con unas pinzas, pero consiguió soltarse cuando su hermano golpeó a una de ellas. Salió corriendo y no volvió a verlo. Le pregunté por qué seguía dentro del pueblo y me dijo que había intentado salir, pero las criaturas aparecían en cada camino. Saqué el cuaderno y se lo enseñé. Lo reconoció porque había visto uno parecido cuando era niño. Su familia le había contado que los habitantes de San Jerónimo dejaban ofrendas para mantener a esas criaturas lejos de las casas, pero nunca le dijeron que entregaban. Le conté lo que había encontrado. Esteban miró sus dedos heridos y guardó silencio. Después dijo que conocía un camino al norte y que debíamos movernos. Avanzamos juntos.

13:01 Esteban caminaba más lento, pero seguía en pie. Durante un rato no vimos criaturas ni escuchamos voces. Seguimos hasta encontrar gotas de sangre sobre el suelo. Esteban se detuvo y quiso seguirlas, pero le dije que podía ser una trampa. Respondió que también podían pertenecer a su hermano. Avanzamos y encontramos una chaqueta entre la maleza y Esteban la reconoció de inmediato. Tenía sangre en una manga, pero no encontramos a nadie cerca. Desde los árboles llegó una risa y poco después otra respondió desde más lejos. Seguimos hasta que una voz de hombre llamó a Esteban por su nombre.

13:42 Él se detuvo y me dijo en voz baja que era su hermano. La voz volvió a llamarlo y dijo que estaba herido. Esteban dio un paso, pero lo sujeté del brazo sano. Miró hacia los árboles, respiró hondo y siguió conmigo. La voz volvió a pedir ayuda. Pero después sonó a nuestra izquierda y más tarde detrás. Encontramos una construcción vieja. Entramos y cerramos la puerta con una tabla. Y me senté junto a él para vendarle el brazo. Mientras ajustaba la venda, escuchamos un golpe afuera, luego otro. Algo caminó alrededor y una risa sonó cerca de la puerta y otra respondió desde atrás. Esteban me pidió silencio con una mano. y la voz de su hermano comenzó a llamarlo de nuevo, esta vez muy cerca. Le decía que abriera. Esteban cerró los ojos y se quedó sentado, pero la voz insistió. Luego se alejó y los pasos desaparecieron.

14:45 Esperamos antes de quitar la tabla. Salimos por la parte trasera y seguimos avanzando sin hablar. Las criaturas reaparecieron entre los árboles. Una se colocó a la derecha y otra más adelante, Cambiamos de dirección y una tercera cruzó por el lado contrario. Intentamos rodearlas, pero alguna volvía a aparecer delante. Esteban me dijo que nos siguiéramos por donde nos estaban cerrando el camino. Vimos una abertura entre los árboles y corrimos hacia ella. Avanzamos algunos metros hasta que una risa sonó detrás de Esteban. Giró la cabeza y una criatura salió desde unos arbustos. Saltó contra su espalda y lo derribó.

15:28 regresé para ayudarlo, otra criatura apareció entre los dos y le di un golpe con la linterna, se apartó y Esteban pudo levantarse, corrimos pero dos criaturas salieron delante y otra llegó por detrás, Esteban intentó apartarse del sendero, pero una lo sujetó de una pierna y cayó, volví hacia él, vi una pinza en la mano de una de ellas, mientras otra trataba de inmovilizarle el brazo, Esteban golpeaba y pateaba para soltarse. Alcancé a apartar a una, pero otra se lanzó contra mí, me golpeó en el hombro y terminé de rodillas. Me levanté y traté de acercarme, pero Esteban me gritó que corriera. Una criatura se había subido sobre su pecho y otra le sujetaba la mano contra el suelo y había más alrededor. Esteban volvió a gritarme que me fuera y vi las pinzas acercarse a sus dedos.

16:24 Di un paso hacia él pero una criatura se puso delante, así que retrocedí y corrí. Si me quedaba, me iban a derribar también. Escuché a Esteban gritar detrás de mí y varias risas cubrieron su voz, pero seguí avanzando. Los gritos duraron poco y después cesaron. Corrí hasta perder el sendero y terminé otra vez cerca de las casas, y me detuve para recuperar el aire. No escuchaba pasos ni voces. Por primera vez, el pueblo quedó en silencio por completo. Esperé y seguí hasta encontrar una casa abierta. Entré, cerré con cuidado y busqué un lugar donde esconderme. Todavía pensaba que aquellas criaturas querían mis dientes, mis uñas y cualquier parte que pudieran arrancarme. No sabía que durante todo el recorrido habían estado recogiendo otra cosa, algo que no necesitaban tocar para llevárselo, mi voz. Entré en la casa y cerré la puerta con cuidado. No sabía cuánto tiempo podía quedarme ahí. Solo necesitaba dejar de moverme y escuchar. Encontré un cuarto al fondo. Entré y cerré detrás de mí.

17:37 La puerta tenía una separación estrecha entre dos tablas, suficiente para ver parte de la habitación exterior. Apagué la linterna, me senté en el suelo y esperé. Durante un rato no escuché nada. Después llegó una risa desde lejos, otra respondió desde el lado contrario y poco a poco los sonidos se acercaron. Oí pasos junto a una ventana, luego otros detrás de la casa. Me cubrí la boca con una mano para controlar la respiración y me quedé inmóvil. La puerta principal se movió y algo entró. Escuché pasos dentro de la habitación, lentos y separados, hasta que se detuvieron.

18:18 Esperé alguna de las voces que ya había oído durante el día. La mujer, el hermano de Esteban, el niño. Pero lo siguiente que escuché fue mi nombre. La voz era mía. Pronunció mi nombre desde el otro lado de la puerta. Volvió a sonar unos segundos después y preguntó dónde estaba Andrés. Yo nunca había dicho esa frase. La criatura había escuchado mi voz lo suficiente para usarla con palabras nuevas. Volvió a llamarme y caminó hacia el cuarto. Su voz sonaba cada vez más cerca. Después empezó a reír y la risa salió primero con mi tono, hasta cambiar al mismo sonido agudo que había escuchado en la iglesia, y otra criatura respondió desde afuera. Miré por la separación de la puerta y la vi. Era la misma que había encontrado cerca de las casas. Reconocí la cabeza, los brazos largos y la piel arrugada. Llevaba varios dientes atados alrededor del cuello y sostenía una figura de madera con uñas sujetas en los extremos. Se detuvo frente al cuarto y giró la cabeza hacia la puerta. No me moví mientras la criatura se acercaba. Por la separación pude ver uno de sus ojos, luego la boca. Tenía dientes humanos colocados de forma irregular, algunos torcidos, otros demasiado grandes para su mandíbula. Abrió la boca y con mi voz me dijo que saliera. esperé volvió a decirlo luego preguntó dónde estaba tenía una mano sobre la boca y la otra

19:50 sujetando la linterna, si abría la puerta pensaba golpearla y correr, pero mientras no entrara prefería quedarme donde estaba, la criatura retrocedió unos pasos y dejó de hablar, entonces escuché la voz de Esteban, dijo mi nombre y pidió ayuda, no respondí, Esteban podía seguir vivo, pero aquella voz no bastaba para demostrar que estaba ahí. La criatura aseguró que había escapado y que estaba herido. Después se rió con su propia voz. Escuché más pasos alrededor de la casa, y una de las criaturas pasó junto a una ventana y otra se movió cerca de la entrada. La que estaba dentro volvió a utilizar mi voz y dijo que Andrés estaba ahí, y desde afuera respondieron con una risa. La puerta del cuarto se movió apenas unos centímetros. La criatura la había tocado. Esperé.

20:45 Volvió a tirar de ella y esta vez la abertura se hizo más grande. Metió los dedos entre la puerta y el marco. Eran largos y delgados. Empujé desde dentro con el hombro, pero la criatura tiró otra vez y soltó un chillido. Las demás respondieron al instante. La puerta empezó a sacudirse. Algo golpeó la madera una vez y después otra, pero seguí empujando. La separación se abrió lo suficiente para que una mano entrara y buscara a ciegas. Golpeé los dedos con la linterna. La criatura retiró la mano y chilló de nuevo. Durante unos segundos los golpes aumentaron. Luego se detuvieron de golpe. No solté la puerta. Esperé con el hombro apoyado contra la madera y la linterna en la mano. Escuché una risa desde afuera. Después, pasos alejándose.

21:36 Más tarde, volvió a sonar una voz de mujer en alguna parte del pueblo. No respondí. Permanecí dentro del cuarto mientras la casa entraba y salía del silencio. A ratos oía pasos. A ratos una risa aislada. Después, nada durante largos minutos. No sabía si se habían marchado o si seguían esperando que saliera. Así que me quedé ahí hasta que empezó a entrar luz por las rendijas. Esperé todavía un poco antes de abrir. La habitación estaba vacía. Cerca de la entrada encontré la figura que llevaba la criatura. La había dejado en el suelo. Tenía madera, cabello, uñas y varios dientes sujetos con hilo. No la toqué. Salí de la casa y avancé por el pueblo buscando cualquier camino que me alejara de ahí. No regresé a la iglesia ni a la escuela. Pasé junto a una de las casas y vi uno de los recipientes pequeños cerca de la puerta. Esta vez no estaba vacío. Dentro había dos uñas con sangre fresca. Me detuve unos segundos, pensé en Esteban y seguí caminando. En ese momento supe que nadie había dejado esas uñas por accidente. Alguien las había puesto ahí después de que yo entrara en aquella casa a esconderme. Encontré el camino después de dar varias vueltas entre las casas y los árboles. Mientras me alejaba, no escuché voces ni risas. Llegué a una zona habitada y pedí ayuda. Conté que había dos hombres dentro del pueblo

23:08 y que uno estaba herido. Varias personas de la zona regresaron más tarde para buscarlos. Yo no volví con ellos. Cuando regresaron, dijeron que no habían encontrado a Esteban ni a su hermano, y tampoco encontraron las figuras que yo había visto detrás de la escuela. Uno de ellos volvió al día siguiente con más gente, revisaron las mismas casas y tampoco encontraron rastros de Esteban ni de las criaturas ahí. Durante los días siguientes recordé muchas veces el momento dentro de aquella casa. Lo que más me costaba aceptar no era que la criatura hubiera imitado mi voz, sino que la utilizara para decir frases que yo nunca había pronunciado.

23:53 Desde que entré al pueblo había hablado varias veces en voz alta. Pregunté si había alguien en la iglesia. Respondí a la mujer dentro de la casa y hablé con Esteban durante el recorrido. En algún momento una de esas criaturas estuvo lo bastante cerca para escucharme y aprender mi voz sin que yo la viera. Nunca regresé a San Jerónimo. Tampoco volví a entrar solo en otro pueblo abandonado. Lo último que recuerdo con claridad de aquella noche no son los gritos de Esteban ni las herramientas que vi sobre la mesa. Recuerdo estar sentado detrás de aquella puerta sin moverme, mientras algo caminaba a pocos metros de mí y pronunciaba mi nombre con mi propia voz. Desde que llegué a San Jerónimo habían escuchado cada vez que hablé. Guardaron mi tono, mi manera de pronunciar las palabras y mi voz completa.

24:48 No necesitaron tocarme para llevársela. Esperaron hasta que Esteban dejó de estar conmigo. Me siguieron hasta la casa y la usaron cuando ya no tenía a nadie cerca que pudiera responder por mí. Eso fue lo último que escuché antes de que intentaran abrir la puerta. Mi propia voz preguntando dónde estaba Andrés desde el otro lado. Yo me acuerdo bien de cómo empezó todo en el carrizal. Al principio nadie habló de muertos ni de nahuales. Todo arrancó con animales que faltaban. En un rancho eso se nota rápido, pues todos sabemos cuántos animales hay en cada casa. Por eso, cuando empezaron las pérdidas, nadie tardó en enterarse. Primero fueron las gallinas de Don Lupe. Le faltaron varias en pocos días.

25:45 Revisó su corral y encontró la puerta forzada. pero no vio plumas regadas ni manchas de sangre. Después a Marta le faltaron dos guajolotes, luego vino lo de mi hermano Julián. A él le mataron una chiva que estaba por parir. Esa apareció fuera del corral, abierta del vientre y sin una pata. Ahí sí había huellas, eran huellas de animal, pero más grandes que las de un perro del rancho. Julián puso la mano al lado de una y dijo que no conocía perro capaz de dejar una marca así. Nos empezamos a juntar en la tienda para hablar del asunto. Nadie hizo una reunión formal. Solo llegábamos, pedíamos algo y salía el tema. Unos decían que podían ser perros salvajes, otros hablaban de un animal bajado del monte. También salió la idea de que alguien estuviera robando animales chicos, pero esa idea duró poco. pues nadie roba una chiva para dejarla abierta y tirada a pocos metros. Además, no había orden en lo que faltaba. Un día eran gallinas, otro día era una cabra, luego eran perros, no había selección.

26:59 Lo que se llevaba o mataba era lo primero que encontraba. Cerca del rancho estaba la base vieja. Todo el mundo la conocía, llevaba tiempo abandonada. La cerca estaba dañada y algunos tramos ya estaban abiertos. De día todavía pasaba gente por ahí y de noche casi nadie. Al principio eso era costumbre, luego fue otra cosa. Desde los primeros días comenzaron los comentarios sobre movimiento junto a la base. Un muchacho dijo que, al pasar por la brecha, vio una sombra grande pegada a la malla. Dijo que caminaba despacio y que tenía más altura que un perro. No contó más, solo dijo eso, y con eso bastó para que todos se quedaran pensando. La palabra Nahual no salió de inmediato.

27:50 Primero siguieron las pérdidas, luego desaparecieron perros. El de Celso fue uno de los primeros, después faltó una perra de los Rivas, luego faltó el mío. Yo lo tenía amarrado detrás de la cocina. Esa noche alcancé a oír un golpe seco en el patio. Salí con lámpara, pero cuando llegué ya no estaba el perro. La cadena estaba reventada por un eslabón y en la tierra encontré una sola huella, profunda y bien marcada. Me agaché a verla de cerca, no saqué conclusiones en ese momento. Solo vi el tamaño y entendí que aquello no era normal. Fue desde entonces cuando empecé a fijarme más en Mauro Salcedo. Mauro vivía solo y se movía entre el pueblo y el rancho.

28:38 Siempre se ofrecía para ayudar cuando hacía falta gente. Si había que buscar una res, iba. Si había que revisar una cerca, iba. Era callado y no daba problemas, por eso nadie sospechó de él al principio. La cosa cambió cuando empezamos a notar que cada vez que pasaba algo serio, Mauro no estaba. La primera vez que varios lo comentamos fue cuando faltaron unas borregas de la familia Rivas. Seguimos el rastro hasta un hueco de la cerca de la base. Entramos varios a revisar y encontramos pelo atorado en el alambre. También encontramos un olor fuerte detrás de uno de los cuartos.

29:19 Mauro había quedado de ir con nosotros desde temprano, pero no apareció. Llegó después y dijo que había tenido que salir al pueblo por un asunto personal. Nadie lo enfrentó por eso, pero la ausencia quedó anotada. Después de ese día, nos organizamos para cuidar corrales por turnos. Ya no se podía seguir igual, la gente estaba cansada de despertar y encontrar puertas abiertas, animales muertos o patios vacíos, Mauro se apuntó para uno de esos turnos, le tocó con mi hermano Julián, esa noche Mauro no llegó, Julián fue a buscarlo a su casa y no lo encontró. Nos acomodamos entre los que sí estábamos y nos repartimos por el borde del rancho. Desde donde yo estaba se alcanzaba a ver una parte de la base. En medio de la oscuridad vimos movimiento junto al cerco. No distinguimos todo el cuerpo, pero alcanzamos a ver que era un animal grande. Caminaba pegado a la malla, se detuvo un momento y volteó hacia donde estábamos, luego siguió. Fuimos con lámparas y escopeta, pero cuando llegamos ya no estaba. Cerca del cerco encontramos una cabra muerta. No era de nuestro lado del arroyo.

30:37 También hallamos huellas recientes. Eran grandes y estaban bien marcadas. Mauro apareció hasta que empezó a clarear. Venía sudado y con la ropa sucia. Dijo que había salido por una urgencia familiar y que no alcanzó a avisar. Julián le reclamó. porque no era la primera vez que faltaba, cuando más se necesitaba gente. Mauro no respondió mucho, bajó la cabeza y siguió caminando. Yo me fijé en un detalle. Pasó junto a la cabra muerta y apenas la miró. No se detuvo y no preguntó nada. Siguió de largo. Ahí fue cuando empecé a ordenar todo en mi cabeza. Empecé a hacer memoria de cada caso. Y en todos esos hechos, Mauro había estado ausente antes o durante el problema. A veces regresaba cansado, a veces llegaba callado, y otras veces traía una excusa distinta. Pero nada de eso servía para acusarlo.

31:38 Pero la repetición ya pesaba demasiado. Mientras tanto, los comentarios siguieron creciendo. Unos decían que habían visto un animal enorme rondando la base. Otros juraban que a veces lo que andaba por ahí era solo un perro. Nadie se ponía de acuerdo en el tamaño exacto ni en la forma, pero todos repetían lo mismo sobre el lugar. Siempre era cerca de la base, siempre era por el borde del rancho y siempre después faltaba algo. Los más viejos empezaron a usar la palabra Nahual sin bajar la voz. Los más jóvenes decían que era un animal del monte. Los que no creían en nada dejaron de salir solos por las noches. Yo no voy a decir que desde ese momento supe todo. No fue así. Lo que sí supe fue que el problema ya no era menor y que estaba creciendo. En el rancho se empezó a sentir tensión en cosas simples. La gente cerraba puertas más temprano. Los perros se metían antes a los patios y las conversaciones se cortaban cuando anochecía. Ya no se trataba solo de animales perdidos, ya había miedo de verdad. Lo que terminó de cambiarlo todo fue que un día dejó de faltar un animal y faltó una persona. Desde ahí ya nadie pudo seguir diciendo que convenía esperar un poco más. La primera persona que faltó fue Beto Rivas. Yo me acuerdo bien,

33:09 porque hasta ese momento todavía hablábamos de animales. Había miedo, sí, pero el miedo seguía en los corrales y en los patios. Lo de Beto cambió todo. Salió a revisar una vaca y ya no volvió. Su padre fue a buscarlo cuando vio que estaba tardando demasiado. Encontró la cuatrimoto caída, una de las llantas atorada y la gorra de Beto en la tierra. Cerca de ahí había marcas de arrastre que se iban hacia el monte y salían en dirección a la base. No había una mancha grande de sangre, pero el rastro estaba claro. A Beto se lo habían llevado. La búsqueda empezó en cuanto se supo. Salió gente del rancho y también vino gente del pueblo. Llegaron policías, luego otros agentes y todos hicieron la misma vuelta. Revisaron la base, el arroyo, las lomas y los corrales. Yo fui con uno de los grupos que rodeó la parte rota de la malla. Ahí encontramos una bota de Beto, atorada entre ramas. Y, más adelante, vimos huellas mezcladas. Había marcas de suela y había huellas grandes de animal en el mismo tramo. Los agentes tomaron fotos y midieron varias marcas. Uno dijo que eran huellas de canino, pero más grandes de lo normal.

34:27 No quiso afirmar otra cosa, pero tampoco se rió cuando escuchó la palabra Nahual. Para entonces ya nadie usaba esa palabra para jugar. Beto no apareció. La búsqueda siguió varios días y no dio resultado. Lo único que dejó fue más miedo. El rancho se cerró por completo. La gente guardó animales antes de que oscureciera. Las mujeres juntaron a los niños en una sola casa cuando caía la noche. Los hombres empezamos a cargar escopeta o machete para cualquier vuelta corta, pues ya no se podía caminar tranquilo ni para ir por agua. Todos sabíamos que el problema ya había pasado de los corrales a la gente. Mauro volvió a faltar el día de Beto. Eso ya no se podía ignorar. Desde temprano, varios dijeron que no lo habían visto por ningún lado. Y cuando el ruido ya estaba encima de todos... Mauro apareció y preguntó qué había pasado.

35:26 Traía raspones y la ropa sucia. Dijo que había estado arreglando una cerca cerca del arroyo. El comisario le pidió que no se apartara sin avisar. Mauro asintió y no discutió. Después dijo que se iba a sumar a la búsqueda. Más tarde lo encontraron metido en su camioneta, lejos del grupo, y ahí empezó a pesar su nombre de otra forma. Desde ese día, Mauro quedó metido en todas las conversaciones. Nadie lo acusaba de frente porque no había una prueba. Lo que sí se repetía era lo mismo. Cada vez que pasaba algo, él no estaba. También siguieron los comentarios sobre lo que se veía cerca de la base. Unos decían que era un animal muy grande. Otros juraban que a veces solo veían un perro. Mi sobrino dijo que una vez lo vio junto a la malla y que salió corriendo al verlo moverse. Yo no le pregunté más.

36:24 En esos días uno ya sabía cuándo alguien hablaba por asustar y cuándo hablaba porque de verdad había visto algo. Mi sobrino estaba pálido cuando lo contó. Una noche nos repartimos varios hombres cerca del borde del rancho para vigilar. No lo hicimos por gusto ni por valentía. Lo hicimos porque ya no quedaba otra. Queríamos ver por dónde entraba aquello y queríamos saber si hablábamos de un solo animal o de más de uno. Yo me quedé con Julián en una parte, desde donde se alcanzaba a mirar la base. El campo estaba en silencio. Luego se oyó el aullido de un perro y el ruido se cortó de golpe.

37:04 Poco después vimos un bulto grande moverse pegado a uno de los cuartos de la base y Lo vimos poco tiempo, pero lo vimos bien. Tenía hocico largo y era más grande que un perro del rancho. No puedo decir más de lo que alcancé a ver, pero sí puedo decir esto. No era un animal normal de por ahí. Disparamos al aire para espantarlo y corrimos a rodear la zona, pero no lo encontramos. Lo que hallamos fue sangre fresca en una pared y el cuerpo del perro del maestro, tirado detrás de unas cosas arrumbadas, y tenía el costado abierto. El comisario ordenó que se revisara de nuevo la casa de Mauro. Fuimos varios. La puerta estaba abierta y él no estaba. Adentro había ropa mojada y una camisa con manchas.

37:52 El comisario pidió que nadie tocara nada hasta que llegara la autoridad. Y ahí esperamos. Mauro regresó después, otra vez por el rumbo del arroyo. Le preguntaron dónde había estado. Respondió que había salido del rancho y que estuvo con una mujer del pueblo. pero no quiso decir quién era. Lo subieron para tomarle declaración, y muchos pensamos que por fin se lo iban a llevar, pero no fue así. Lo soltaron porque no había base suficiente para dejarlo detenido. Cuando volvió, el enojo ya estaba encima de todos. Varios dijimos que no era normal que lo soltaran con tantas coincidencias encima. El comisario respondió que no podía hacer más sin una prueba directa. Los agentes dijeron lo mismo. Veían cosas raras, pero no tenían cómo cerrar el caso. Después faltó doña Teresa. Yo todavía me acuerdo de la casa abierta y de la silla tirada en el patio. Ella vivía sola y todos la conocíamos bien. Había ayudado a nacer a muchos del rancho. Cuando no la encontraron, revisamos rápido y vimos una marca clara de arrastre. Nadie tuvo que explicar nada. Todos entendimos que iba por el mismo camino de Beto. En cuanto preguntamos por Mauro, salió la misma respuesta de siempre. No estaba. Ahí se terminó la paciencia del pueblo. Hasta los que seguían aferrados a la idea de una coincidencia tuvieron que soltarla. El problema seguía

39:25 siendo el mismo. No teníamos cómo agarrarlo. lo único que tenía. era el patrón. Mauro faltaba antes de cada ataque. Y Mauro aparecía después. Y daba una excusa nueva cada vez. Eso ya no se podía seguir dejando pasar. El comisario reunió a varios hombres y habló claro. Dijo que, al amanecer, entraríamos de nuevo a la base, revisaríamos la casa de Mauro de arriba abajo y seguiríamos cualquier rastro que saliera hacia el monte o hacia el arroyo. Nadie discutió, pues ya no era momento para discutir. La autoridad había venido, había preguntado, había medido huellas y había soltado al único hombre que aparecía unido a todo. En el rancho ya no quedaba margen para seguir esperando. Esa noche casi nadie durmió.

40:18 En mi casa dejamos una lámpara prendida y mi hermano se quedó vestido, sentado junto a la puerta. Yo me quedé despierto, oyendo cualquier ruido de afuera. No pensaba en otra cosa. Si Mauro tenía que ver con lo que estaba pasando, al día siguiente tenía que salir algo. Y si no tenía que ver, entonces el responsable seguía suelto y seguía entrando al rancho cuando quería. esa fue la última noche en que todavía dudamos un poco al día siguiente esa duda se acabó entramos a la base en cuanto hubo luz íbamos varios del rancho el comisario y unos agentes nadie habló de más cada quien llevaba lámpara, arma o machete la base estaba sola desde hacía tiempo pero esa mañana ya no la vimos como un lugar abandonado la vimos como el punto donde terminaban todos los rastros Revisamos los cuartos uno por uno. En el primero hallamos costales, basura, restos de animales chicos y manchas viejas en el piso. En otro había latas, trapos y botellas vacías.

41:26 El olor era fuerte en casi toda la base, pero en la parte de atrás era peor. Ahí llegamos a un cuarto más cerrado. La puerta estaba trabada, pero entre dos hombres la forzaron y entramos. Dentro encontramos pelo pegado en una esquina. Sangre seca en el piso y una soga con pedazos de tela atorados. Nadie habló al principio. La hija de doña Teresa miró uno de los pedazos y dijo que esa tela era del mandil de su madre. El padre de Beto reconoció otro pedazo de camisa y detrás de unas láminas hallamos restos humanos. Los agentes nos hicieron salir en ese momento y cerraron el paso. No hacía falta explicar nada. Ahí terminó la búsqueda de Beto y de Doña Teresa. Desde ese momento, la cosa fue otra.

42:18 Pues ya no se trataba de encontrar desaparecidos, se trataba de encontrar al responsable. Salimos de la base y fuimos directo a la casa de Mauro. La puerta estaba cerrada con alambre por fuera. El comisario lo cortó y entramos. Dentro olía a cloro. El piso estaba húmedo en partes y en un rincón había una cubeta con agua sucia. Debajo de la cama encontraron una bolsa. Adentro estaba la credencial de Beto y un rosario, que la familia de Doña Teresa reconoció en cuanto lo vio. También había vendas sucias, una navaja y un cuaderno con anotaciones cortas. No eran frases completas, eran palabras sueltas. Hambre, noche, regreso, dolor. Los agentes guardaron todo sin decir nada. Mauro seguía sin aparecer.

43:10 Revisamos el patio, luego la parte de atrás de la casa. Cerca del arroyo vimos huellas recientes. Primero se veían marcas de botas. Más adelante esas marcas se perdían y seguían huellas grandes de animal. Las vimos varios. Nadie dijo nada porque no había necesidad, pues ya traíamos demasiado encima. El comisario ordenó que siguiéramos el rastro y eso hicimos. Caminamos por la orilla del arroyo y luego por un terreno más seco. El rastro nos llevó hasta una noria vieja apartada del paso. Estaba medio cubierta con tablas y lámina. Desde arriba se oía movimiento. El comisario gritó el nombre de Mauro y le pidió que saliera, pero no hubo respuesta al principio. Luego se oyó un ruido bajo. Después Mauro habló. Dijo que no nos acercáramos. Dijo también que ya era tarde y que lo dejáramos ahí. Su voz salía ronca y cortada, y uno de los agentes le ordenó que subiera con las manos a la vista. Quitaron las tablas y alumbraron hacia abajo. Ahí estaba Mauro. Tenía la ropa sucia, sangre seca en los brazos y pelo pegado en el pecho, en el cuello y en la cara.

44:28 También estaba herido del lado derecho. No sé si esa herida era reciente o de antes. y en el fondo de la noria había huesos de animal, costales y ropa enterrada a medias. El olor subía con fuerza, y uno de los agentes volvió a ordenarle que subiera. Mauro se movió hacia una pared del pozo, intentó trepar y se resbaló. En ese momento dispararon. El primer tiro le pegó de lado. Mauro gritó y cayó de rodillas. El comisario le dijo que se rindiera. Mauro levantó la cabeza y alcanzó a decir que no podía parar cuando le daba. Lo dijo claro y lo escuchamos varios. Luego volvió a moverse y otro agente disparó. Después vinieron más tiros. Todo pasó muy rápido y cuando dejó de moverse, dos hombres bajaron con cuidado y confirmaron que estaba muerto. A su alrededor encontraron más cosas. Sacaron ropa enterrada, restos de animales y prendas de las víctimas. Entre ellas estaba una chamarra de Beto.

45:35 También sacaron más trozos de tela y huesos pequeños. Los agentes acordonaron la zona y ya no nos dejaron bajar. Ahí mismo tomaron fotos y empezaron a levantar evidencia. El comisario se apartó para avisar al pueblo. Nadie dijo nada por un buen rato. Todos estábamos viendo el mismo pozo y pensando en lo mismo. Después se llevaron el cuerpo de Mauro. las muestras de pelo y todo lo que recogieron de la base, de la casa y de la noria. Tomaron declaración a varios. Yo conté lo que vi desde el principio, los animales faltantes, las huellas, la cabra junto a la base, las ausencias de Mauro y lo que encontramos al final. Los agentes hicieron preguntas precisas y me preguntaron por fechas, por lugares y por cada cosa. No se metieron en cuentos, solo querían hechos. Lo oficial cerró en una sola dirección. Dijeron que Mauro era responsable de las muertes y de ocultar restos. Eso quedó asentado. Lo que no quedó claro fue lo demás. Cuando les preguntaron por las huellas y por el pelo, respondieron que había mezcla de muestras y que no todas coincidían con lo esperado.

46:49 No dieron más detalle, tampoco dieron una explicación sobre el tamaño de algunas marcas, ni sobre lo que varios vimos cerca de la base. Cerraron el caso y se fueron. En el rancho, la gente siguió hablando del tema durante mucho tiempo. Unos dijeron que Mauro era solo un asesino y que usó el miedo del Nahual para moverse sin levantar sospecha. Otros dijeron que sí era él, que se transformaba cuando se ausentaba. Yo no voy a agregar nada a eso. Yo digo lo que vi. Vi animales abiertos, huellas demasiado grandes, a Mauro faltar antes de cada ataque, restos humanos en la base y pertenencias de Beto y de Doña Teresa en su casa y en la noria.

47:36 También vi que después de la muerte de Mauro dejaron de desaparecer personas. El rancho no volvió a ser el mismo. La familia de Beto se fue y la casa de Doña Teresa quedó cerrada. La base la tumbaron tiempo después, pero eso no cambió nada para nosotros. Mi hermano dejó de cuidar ganado de noche. Yo sigo aquí, pero ya no paso solo por ese lado. No necesito darle vueltas. Lo peor no fue la palabra Nahual. Lo peor fue otra cosa. Lo peor fue tenerlo cerca, verlo entre nosotros y entenderlo demasiado tarde. Eso es lo que recuerdo. Primero faltaron animales, luego faltó gente La base salió una y otra vez en todos los rastros. La gente veía un animal grande rondando por ahí y otras veces un perro.

48:29 Y en cada hecho, Mauro faltaba. Cuando al fin entramos a la base y seguimos el rastro, ya era tarde para Beto, para Doña Teresa y para todos los que vivieron ese miedo desde adentro. Esa es la parte que se queda y esa es la que no se borra. Lo cuento como recuerdo, porque así se me quedó, fijo y sin huecos. Me llamaron porque una mujer estaba fuera de control y nadie podía contenerla. No pregunté demasiado. Fui porque me buscaron y porque ya había estado antes en situaciones parecidas, donde una persona deja de responder como persona y empieza a actuar. como algo más peligroso la casa estaba a las afueras no recuerdo el camino con detalle solo la sensación de avanzar hacia un lugar en donde nadie quería estar al entrar lo primero que vi fueron las imágenes había figuras del diablo colgadas en las paredes algunas impresas, otras hechas a mano. No estaban puestas con cuidado, estaban clavadas, pegadas y apoyadas en cualquier superficie. Había veladoras negras encendidas, cera derramada sobre las mesas y el suelo.

49:55 En un rincón, un altar con restos de animales secos, huesos pequeños, plumas y objetos manchados que ya no se distinguían bien. El aire olía a cera quemada y a encierro Y eso no era un olor momentáneo, era un olor asentado. La mujer estaba ahí desde el inicio y no hubo que buscarla. No estaba acostada ni escondida. Estaba sentada en una silla, frente a nosotros, mirándonos sin parpadear. Tenía el cabello enredado, pegado al cuero cabelludo por la suciedad. Las uñas eran largas, sucias y afiladas. No parecían descuidadas por abandono. parecían dejadas así a propósito, cuando abrió la boca para sonreír se le vieron los dientes, no eran normales, eran amarillos, irregulares y puntiagudos en los bordes, sonreía sin mover el resto del rostro, como si la boca no le perteneciera, no hablaba como una persona, respondía con frases cortas y burlonas, a veces repetía palabras que nadie había dicho, Otras veces contestaba antes de que alguien terminara de hablar.

51:08 La voz era grave con un tono demoníaco. Era seca y raspada, como si tuviera la garganta lastimada. Cuando alguien se acercaba, mostraba los dientes y tensaba el cuerpo. Los hombros se le levantaban. Los brazos se endurecían. Era la reacción de un animal acorralado, lista para atacar. Nadie se sentó y nadie intentó calmarla con palabras suaves, pues no era ese tipo de situación. Los que vivían ahí estaban apartados, pegados a las paredes, con la mirada baja. Se notaba que llevaban días sin dormir bien. Algunos tenían marcas en los brazos y las manos, arañazos recientes y mordidas viejas.

51:50 No hablaban entre ellos y no hacía falta. Me acerqué lo suficiente para verla de frente. Sus ojos estaban abiertos de más, no se movían al ritmo normal, se quedaban fijos y luego se desplazaban de golpe, siguiendo movimientos que no eran importantes. Cuando crucé su mirada, sonrió otra vez y dijo mi nombre. Eso me extrañó, pues no se lo había dicho nadie. Y no lo dijo como pregunta, me lo dijo como burla. En la casa no había señales de una vida normal reciente pues no vi fotos familiares ni ropa acomodada ni objetos de uso diario en buen estado. Todo estaba desplazado para dejar espacio a los altares.

52:35 Las imágenes del diablo se repetían con variaciones. Algunas tenían los ojos raspados, otras estaban marcadas con líneas y símbolos. No intenté interpretarlos, no hacía falta, pues el uso era claro. La mujer se levantó de la silla sin aviso, no dio un paso hacia nosotros. solo se puso de pie el movimiento fue rápido y la silla cayó hacia atrás nadie reaccionó de inmediato ella inclinó la cabeza y dejó caer los brazos a los lados las manos se le abrieron y cerraron como probando fuerza y sonrió otra vez uno de los presentes intentó decir algo pero ella lo miró y le lanzó un escupitajo al suelo cerca de los pies luego se rió no fue una risa fuerte Fue corta, entrecortada y repetida. Volvió a sentarse por su cuenta sin que nadie se lo pidiera y se acomodó como si el lugar le perteneciera. Ahí quedó claro que no era un problema de carácter ni una crisis común.

53:38 No había confusión, ni llanto, ni pedidos de ayuda. Había control. Y la decisión de intervenir se tomó ahí mismo. No hubo discusión ni votación. Todos sabían por qué estábamos ahí y qué seguía. Antes de cerrar el cuarto, miré una vez más alrededor. Las veladoras seguían encendidas, la cera seguía goteando, y la mujer nos miraba con la cabeza aladeada, como esperando. No parecía nerviosa, parecía segura de que lo que venía sería largo. Cerramos la puerta y nadie habló, pues lo que iba a pasar no tenía vuelta atrás. Cerramos el cuarto y empujamos los muebles hacia las paredes. Quitamos lo que estorbaba del suelo. Nadie rezó en silencio ni esperó señales.

54:28 Todo empezó en cuanto quedamos dentro. La mujer se tensó apenas cerramos la puerta. Los hombros se le levantaron y la espalda se le arqueó como si algo tirara de ella desde adentro. Cuando comenzó el exorcismo, reaccionó de inmediato. Se lanzó hacia el frente con la boca abierta e intentó morder al más cercano. La detuvimos entre varios, pero las uñas alcanzaron a cortar la piel. Ahí sentí el ardor en el antebrazo. No gritaba sin sentido, solo nos insultaba con palabras claras. Se reía mientras lo hacía y escupía frases que no venían de ella, palabras que nadie había usado ahí. Algunas las repetía con burla, otras las decía como si estuviera recordando algo viejo. La fuerza no correspondía a su cuerpo. Se retorcía con violencia y empujaba con las piernas. El torso se le arqueaba de forma forzada y la mandíbula se le tensó hasta crujir. Escuché el sonido seco de los dientes apretándose. La lengua parecía demasiado grande para su boca. Se movía con rapidez y chocaba contra los dientes y la respiración salía caliente y violenta en ráfagas cortas que golpeaban la cara de quien estuviera cerca. Seguimos sin parar. La sujetamos de brazos y piernas, pero cada intento de control duraba poco. En varios momentos fue imposible sostenerla y se nos escapaba por fuerza, no por descuido. Se necesitó empujarla contra el suelo para evitar

56:01 que se levantara. El exorcismo no fue limpio ni ordenado. Fue una pelea prolongada contra algo que usaba su cuerpo y no pensaba soltarlo. La mujer lanzó la cabeza hacia atrás y abrió la boca al máximo. Los dientes quedaron al descubierto y la saliva le caía por los bordes. En eso la voz cambió de ritmo. No se volvió grave ni extraña. Se volvió insistente. Repetía nombres. Algunos eran de personas que estaban ahí. Otros no los conocíamos. Los decía con claridad y luego se reía, pero no era una risa nerviosa. Era risa corta, en un tono demoníaco.

56:42 Uno de los presentes perdió el agarre y recibió un golpe en el pecho, cayó hacia atrás. Ella intentó incorporarse y la detuvimos de nuevo. Las uñas buscaron la cara y logró rozar la mejilla de alguien. La piel se le abrió y la sangre apareció de inmediato. Ella la vio y sonrió. No intentó lamerla, solo la miró. Seguimos. La voz se mantuvo firme. No levantamos el tono para impresionar ni hicimos pausas largas. Cada palabra tenía el mismo peso y cada repetición era directa. El cuerpo de la mujer respondió con más resistencia, se sacudía, el cuello se le endureció y la cabeza giraba de un lado a otro sin detenerse. Los ojos se le iban hacia arriba y luego volvían a fijarse en nosotros. El cansancio empezó a notarse, no en ella, en nosotros. Los brazos dolían, las manos resbalaban por el sudor y la respiración se nos cortaba. pero ella seguía empujando, y cada intento de liberarse era violento. No pedía que paráramos ni suplicaba, atacaba.

57:50 El punto crítico llegó sin aviso, dejó de resistirse de golpe, pero no fue una rendición lenta. El cuerpo se soltó de una sola vez, el peso cayó sobre nosotros y quedó inerte. La expresión cambió, los dientes dejaron de mostrarse, la mandíbula se relajó, Las manos se aflojaron y los dedos se abrieron. La respiración se volvió irregular, pero menos violenta. Nos quedamos atentos. No la soltamos de inmediato. Esperamos. El pecho subía y bajaba con dificultad. Los ojos estaban cerrados y el rostro ya no tenía la tensión de antes. No había sonrisa ni burla, solo cansancio. Pasaron unos minutos así.

58:35 Nadie habló ni celebró. El silencio no fue alivio. fue espera. La mujer se movió apenas, un espasmo corto en el brazo. La sujetamos con cuidado, pero no respondió con fuerza. Abrió los ojos, parpadeó varias veces y miró alrededor sin enfocar, y la respiración se normalizó poco a poco. Intentó hablar y no pudo, pues la voz no le salió, así que movió los labios, tragó saliva y volvió a intentarlo. En eso dijo una palabra corta, pero no fue un insulto, fue una pregunta, no sabía dónde estaba ni reconocía el cuarto, miró sus manos y las movió con torpeza, las uñas seguían largas, pero ya no las usaba como armas, las soltamos despacio, se quedó sentada en el suelo, encorvada, con los brazos alrededor de las piernas. El cuerpo le temblaba de agotamiento. La respiración se hizo más profunda, cerró los ojos y apoyó la frente en las rodillas. Nadie se acercó a tocarla ni la cubrió con nada, solo. Esperamos, aunque el exorcismo había terminado, todavía no sabíamos en qué punto estaba ella. El cuarto quedó desordenado y el suelo tenía marcas de uñas y sangre seca. y las veladoras seguían encendidas afuera. Salimos uno por uno para tomar aire.

1:00:03 Nadie se fue, pues sabíamos que lo que venía después también importaba. La mujer seguía ahí dentro, viva y consciente, pero distinta. El cuerpo había dejado de ser usado, y ahora quedaba ver qué había quedado en su lugar. La mujer despertó horas después cuando el cuarto ya estaba en calma. No abrió los ojos de golpe. Se movió despacio como si el cuerpo no le respondiera del todo. Parpadeó varias veces antes de enfocar y miró alrededor sin reconocer nada. No entendía por qué estaba en el suelo ni por qué había gente observándola desde la pared. Cuando intentó incorporarse, le fallaron las fuerzas y volvió a sentarse respirando hondo.

1:00:48 Las uñas seguían largas, sucias y afiladas, pero ya no las usaba como armas. Las miró con atención, como si fueran ajenas. Las pasó una por una frente a su cara, moviendo los dedos con torpeza. La mirada era otra. No había burla ni desafío. Era una mirada cansada, vacía, como de alguien que acaba de despertar después de una enfermedad larga. Intentó hablar. La voz salió baja y raspada. Nos preguntó en dónde estaba, pero nadie respondió de inmediato. Le dijimos que se tranquilizara, que ya había pasado, pero no entendió y volvió a preguntar qué había pasado. No supo explicar cuánto recordaba, solo nos dijo que sentía el cuerpo pesado, como si hubiera cargado algo durante mucho tiempo y apenas se lo hubieran quitado. La dejamos sentarse apoyada en la pared.

1:01:44 No intentó levantarse sola, cerró los ojos y apoyó la cabeza hacia atrás. El pecho subía y bajaba de forma regular, pero ya no había tensión en la mandíbula ni rigidez en el cuello, y el cuerpo se veía gastado, no peligroso. Los altares fueron retirados ese mismo día. Nadie hizo ceremonias, ni rezó, ni se habló de protección. Simplemente se desmontaron. Las veladoras se apagaron. La cera se raspó de las superficies y las imágenes del diablo se bajaron de las paredes y se guardaron en cajas. No se destruyeron ahí mismo, no era necesario, solo. Se sacaron de la casa y no volvieron a colocarse. La limpieza fue directa, se barrieron los restos del suelo, se lavaron las manchas y se abrió la casa para que entrara aire. El olor a cera quemada tardó en irse, pero se fue. Nadie quiso conservar nada de lo que había estado en ese cuarto.

1:02:43 Los objetos manchados se sacaron en bolsas y no se volvió a hablar de ellos. La mujer permaneció ahí varios días. No estuvo encerrada, pero tampoco salió sola. Caminaba despacio, se cansaba rápido y a veces se quedaba sentada mirando un punto fijo durante largos ratos. Cuando alguien le hablaba, respondía con frases cortas. No se alteraba ni levantaba la voz. Comía poco y dormía muchas horas. Nunca pidió explicaciones detalladas. No preguntó qué se había dicho ni qué había hecho. Solo aceptó que algo había pasado y que ya no estaba ahí. En algún momento mencionó que sentía la cabeza más ligera, como si le hubieran quitado una presión constante, pero no dio más detalles. Con el paso de las semanas quedó claro que no volvería a practicar nada. No tocó los objetos que antes usaba ni habló de trabajos ni de curaciones. Y cuando alguien del pueblo le preguntó, respondió que ya no se dedicaba a eso. No les dio razones ni hizo advertencias. Simplemente se apartó. Vivió el resto de su vida de forma discreta. Se enfermó con frecuencia y el cuerpo no se recuperó del todo. Caminaba encorvada y las manos le temblaban. Las uñas se las cortó tiempo después cuando tuvo fuerzas para hacerlo y no volvió a dejar que crecieran de esa forma. Pasaba la

1:04:15 mayor parte del tiempo dentro de su casa, con las ventanas abiertas, sin altares ni imágenes visibles. Nunca negó lo ocurrido y cuando alguien sacaba el tema, asentía con la cabeza. No lo explicaba ni decía que fuera mentira ni exageración tampoco buscaba convencer a nadie solo escuchaba y se quedaba callada era evidente que no quería volver a ese punto yo no regresé a ese lugar después de ese día y no hizo falta pues lo que pasó ahí no se repitió no hubo nuevos episodios ni rumores de gritos ni de ataques la casa siguió siendo una casa el cuarto volvió a usarse para cosas normales y nadie volvió a cerrar la puerta por miedo Con el tiempo, la gente dejó de hablar del tema, no porque se hubiera olvidado, sino porque no había nada más que decir. No quedaron fenómenos activos ni nada pendiente. Lo que se hizo fue definitivo.

1:05:18 A veces, al recordar esa noche, no pienso en los gritos demoníacos ni en la fuerza extrema que tenía su cuerpo. Pienso en el momento en que abrió los ojos después y no entendía en dónde estaban. en la forma en que miraba sus propias manos, en el silencio que quedó cuando todo terminó. No fue un alivio, fue un cierre. Hay cosas que no vuelven cuando se van, y hay cosas que, cuando se quedan demasiado tiempo, dejan marcas aunque se vayan. Esa mujer siguió viviendo, pero no volvió a ser la misma, y eso fue suficiente prueba de que lo ocurrido fue real, concreto y que tuvo un final.