"MUJERES SATANICAS" El Culto Que Venera A Un Demonio Historias De Terror - REDE
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0:04 Llevaba pocos meses viviendo en la colonia y todavÃa no conocÃa bien a las vecinas. Solo ubicaba a unas cuantas porque coincidÃamos algunas veces cuando sacaba la basura o cuando regresaba del trabajo. Yo hacÃa mi vida sin meterme en nada. Iba y venÃa rápido. Y aunque algunas me saludaban de lejos, no tenÃa una relación cercana con ninguna. La primera que intentó acercarse fue una mujer del otro lado de la calle. que al principio parecÃa amable y se mostraba muy interesada en platicar conmigo cada que podÃa. Siempre encontraba una razón para comentarme algo del clima o de las tiendas de la zona, y después cambiaba el tema a unas supuestas reuniones para mujeres que, según ella, eran convivencias tranquilas para conocer gente de la colonia. Cada vez que me veÃa insistÃa con eso, y aunque al inicio me parecÃa raro que no diera muchos detalles, Con el tiempo pensé que quizá solo querÃa que yo socializara un poco porque casi no conocÃa a nadie. Pasaron varias semanas y ella no dejaba el tema. DecÃa que esas reuniones hacÃan bien, que eran espacios seguros donde una podÃa hablar con libertad y que todas las que asistÃan se sentÃan distintas después de un par de encuentros. Yo no sabÃa si era exageración o solo entusiasmo. pero empezaba a sentir que no querÃa ser grosera, asà que acepté ir. Pensé que convivir me harÃa bien porque llevaba tiempo sin salir con nadie y
1:37 porque vivir sola me habÃa vuelto más reservada de lo normal. Además, la insistencia de la vecina era tan constante que me dio pena seguir negándome. El dÃa de la reunión, ella pasó por mà en la tarde. Yo esperaba que fuéramos solas, pero al salir vi que habÃa otras mujeres esperándola en la esquina Lo que me llamó la atención fue que ninguna hablaba. Caminaban en silencio, con pasos parejos, sin voltear a ver nada y sin hacer ningún comentario entre ellas. Me pareció extraño ese comportamiento porque uno pensarÃa que, si eran convivencias, habrÃa conversaciones o risas. Pero era como si todo estuviera ensayado. Sentà un pequeño malestar en el estómago.
2:21 Aunque intenté tranquilizarme diciéndome que tal vez eran tÃmidas, o simplemente no querÃan incomodarme por ser nueva. Llegamos a una casa amplia que no era de la vecina ni de ninguna de las que venÃan con ella. ParecÃa una casa vieja pero bien cuidada, pintada de un color claro que se notaba apagado por el sol. La vecina comentó que ahà se reunÃan para hablar de temas espirituales, y aunque lo dijo como si fuera lo más normal del mundo, yo no recordaba que esa información estuviera incluida en lo que me habÃa mencionado antes. Tampoco entendÃa por qué una convivencia de mujeres tenÃa que ser sobre temas espirituales, pero no dije nada. Solo observé que, al entrar, alguien cerró la puerta con llave desde dentro, cosa que me inquietó más de lo que quise aceptar. Las cortinas estaban cerradas y algunas ventanas tenÃan telas gruesas que bloqueaban la luz de afuera, lo cual volvÃa el ambiente más encerrado. La reunión empezó cuando formaron un cÃrculo en medio de la sala.
3:25 La lÃder del grupo entró sin saludar a nadie. Caminó hasta el centro y comenzó a hablar con un tono firme y demasiado seguro. Las demás empezaron a recitar palabras que yo no entendÃa. ParecÃan frases memorizadas. repetidas tantas veces que ya habÃan perdido emoción. Yo solo miraba alrededor sin saber qué hacer. Frente a mà habÃa unos tazones con agua oscura, velas negras acomodadas en una mesa baja y un cuaderno grande lleno de nombres escritos a mano. Todo me parecÃa fuera de lugar para una convivencia tranquila, pero la vecina se acercó a mi oÃdo y me dijo que todo era normal, que después de un par de encuentros empezarÃa a entender. Lo dijo como si se tratara de un proceso inevitable. Desde los primeros minutos me sentà incómoda.
4:16 El ambiente era sofocante, no por la temperatura sino por la sensación de encierro y por la forma en que todas actuaban sin cuestionar nada. Quise pensar que era mi imaginación, pero la puerta cerrada con llave me tenÃa tensa. Nadie hablaba de convivencias ni de actividades ni de nada relacionado con lo que la vecina me habÃa contado. Solo hacÃan esos recitados mientras la lÃder revisaba su cuaderno una y otra vez. En un momento, la lÃder dio una bienvenida a las nuevas mujeres. Lo dijo mirando directo a donde yo estaba y me nombró como si ya me conociera. Eso me inquietó profundamente porque yo nunca habÃa dicho mi nombre completo. La vecina me tocó el brazo varias veces durante la reunión, como si quisiera obligarme a decir las frases que las demás repetÃan, pero yo no conocÃa nada de lo que estaban recitando y preferà permanecer callada. Cuando la reunión terminó, la lÃder se acercó demasiado a mÃ, tanto que sentà su respiración mientras hablaba. Dijo que toda mujer que entraba debÃa completar el proceso y que ahà adentro no se permitÃa el abandono. No lo dijo como una invitación, sino como una advertencia. No supe qué responder.
5:38 Solo asentà por inercia porque lo único que querÃa era salir de esa casa. Al caminar de regreso, la vecina insistió en que era normal sentir miedo las primeras veces. Aseguró que todas pasaron por lo mismo y que si completaba todas las sesiones, el miedo se iba y empezaba lo bueno. Yo ya no querÃa escucharla. SentÃa la cabeza pesada y tenÃa una mezcla de enojo y confusión. Esa noche no pude dormir. Me quedé acostada mirando al techo, pensando que no entendà nada de lo que vi. Me sentà engañada por la vecina, y aunque querÃa decir que no volverÃa, también recordaba la forma en que la lÃder me miró cuando pronunció mi nombre. Esa mirada me dejó una presión que no sabÃa explicar y que no me dejaba descansar. Un dÃa, antes de la segunda reunión, la vecina llegó a mi casa sin avisar. Tocó fuerte, como si tuviera prisa, y cuando abrÃ, me recordó la hora exacta en la que pasarÃan por mÃ. Dijo que la lÃder ya me tenÃa anotada en la lista, y que mi asistencia era necesaria para continuar con el proceso. Lo dijo con un tono distinto al de la primera vez, más frÃo y menos amistoso, como si ya no estuviera invitándome, sino exigiendo algo que yo nunca acepté de manera consciente.
7:00 Traté de decirle que no podÃa ir, que tenÃa pendientes y que quizá lo mejor era dejar mi lugar para alguien más, pero ella no me dejó terminar la frase. Respondió que las nuevas siempre dudaban antes de la segunda sesión. y que la lÃder estaba preparada para eso. Me quedé callada porque sentà que cualquier cosa que dijera solo empeorarÃa la situación. La vecina se fue rápido, sin sonreÃr, dejando un ambiente incómodo en mi casa. Llegó el dÃa de la reunión y, aunque pensé seriamente en no abrir la puerta, terminé saliendo porque no querÃa que armara un escándalo frente a los vecinos. Caminamos hacia la misma casa, pero esta vez noté que el grupo era más pequeño. Faltaban varias mujeres que habÃan estado en la primera sesión. Cuando entramos, la lÃder mencionó a las ausentes de manera directa, diciendo que habÃan fallado al compromiso y que eso tenÃa consecuencias para el progreso del grupo. Yo no entendÃa qué clase de compromiso era ese, porque nadie habÃa explicado reglas, requisitos ni nada parecido. aún asà las demás escuchaban con una atención que me incomodaba la atmósfera dentro de la casa era más tensa que la primera vez habÃa velas colocadas alrededor de una mesa cubierta con un mantel oscuro y todo parecÃa acomodado para algo que no tenÃa relación con una convivencia o una reunión de apoyo la vecina se
8:31 quedó a mi lado sin decir nada como si estuviera vigilándome sentà que no podÃa moverme sin que ella lo notara Las mujeres se acomodaron formando un cÃrculo más cerrado que antes, dejando un espacio en medio donde la mesa ocupaba el punto central. La lÃder ordenó que apagaran las luces y que encendieran unas lámparas pequeñas que estaban regadas por el suelo. La luz era tenue y dejaba sombras alargadas en las paredes. En el centro del cÃrculo habÃa un objeto grande cubierto con una tela negra. La lÃder colocó las manos sobre la tela y habló sobre mostrar el rostro de quien guÃa a las mujeres. Lo dijo con tanta seguridad que algunas de las presentes empezaron a respirar más rápido, como si estuvieran esperando un momento importante.
9:19 Yo no entendÃa nada, solo miraba la tela y el tamaño del objeto que ocultaba. Cuando destaparon la figura, todas inclinaron la cabeza hacia adelante. Debajo de la tela habÃa una estatua completamente negra, alta, con rasgos demonÃacos y una base de piedra que parecÃa muy antigua. La estatua tenÃa un rostro alargado, ojos hundidos y manos extendidas hacia el frente. En cuanto la vi, sentà una presión fuerte en el pecho. Las mujeres empezaron a inclinarse hacia la figura como si fuera un santo. Algunas recitaban frases en un idioma que nunca habÃa escuchado y otras murmuraban palabras entrecortadas mientras tocaban la base de piedra. La lÃder explicó que esas reuniones no eran un simple grupo, sino un culto de renacimiento femenino, y que la entidad representada en la estatua daba fuerza y protección a quienes completaban el proceso. Yo no sabÃa si reÃr por nervios o salir corriendo, pero me quedé inmóvil cuando vi a la vecina arrodillarse frente a la figura y tocar los pies de la estatua con una devoción que jamás habÃa visto en ella. Su rostro tenÃa una expresión fija y seria, como si estuviera realizando algo sagrado.
10:33 Algunas mujeres empezaron a llorar frente a la estatua. DecÃan que necesitaban ayuda, que estaban cansadas, que prometÃan obediencia. Yo me senté un poco más atrás sintiendo que me faltaba el aire. No podÃa comprender cómo algo que se presentaba como una convivencia tranquila habÃa terminado en una escena tan perturbadora. La lÃder giró hacia mà y me señaló con firmeza. Dijo que era mi turno de acercarme y aceptar la presencia para iniciar mi transformación. Yo me quedé helada. Le respondà que solo habÃa venido porque me invitaron sin explicarme nada. que no estaba de acuerdo con participar en rituales ni en cultos. La lÃder frunció el rostro con molestia y las otras mujeres me observaron como si hubiera cometido una falta grave. Sentà que la distancia entre mà y la puerta era mayor que antes y que todas estaban demasiado cerca de mÃ. La vecina me tomó del brazo para empujarme hacia adelante, pero me solté con fuerza porque no querÃa acercarme a la estatua. El ambiente se volvió aún más pesado cuando una de las mujeres apagó una lámpara, dejando la sala más oscura. Yo pensé que estaba atrapada.
11:46 Fue hasta que otra mujer pidió salir a fumar y abrió la puerta cuando encontré mi oportunidad. Caminé rápido hacia la salida sin mirar a nadie. La vecina salió detrás de mà unos metros después con una expresión seria. Dijo que nadie abandona después de ver la imagen. que el miedo se quita con las sesiones y que mi rechazo podÃa traerme problemas no contesté nada caminé tan rápido como pude y no volteé hasta llegar a mi casa entré temblando cerré la puerta y me apoyé en la pared mientras trataba de respirar con calma ese dÃa decidà que no volverÃa jamás aunque la vecina me dejara de hablar o se ofendiera sabÃa que si regresaba algo peor podÃa pasar Después de aquella segunda reunión, la actitud de la vecina cambió por completo. Pasó de ser insistente a volverse hostil.
12:38 Ya no me saludaba cuando me veÃa afuera. Ni siquiera volteaba la cara hacia mÃ, como si yo fuese invisible. Pero cada vez que pasaba frente a mi casa, murmuraba cosas que no alcanzaba a entender. No sé si eran recitados del grupo o simples comentarios, pero su tono era bajo y constante. como si quisiera que yo escuchara solo lo suficiente para inquietarme. Esa hostilidad era nueva, y aunque traté de no prestarle atención, me afectaba más de lo que querÃa admitir. En los dÃas siguientes noté que algunas de las mujeres del culto se paraban en la acera frente a mi casa. No hablaban, no hacÃan gestos, no parecÃa que esperaran a alguien. Solo se quedaban quietas unos minutos mientras miraban hacia mi puerta, y luego se iban caminando despacio. Esa conducta se repitió varias veces durante la semana y me generó una sensación fuerte de vigilancia. Yo no tenÃa pruebas de nada, pero cada vez que salÃa a tirar la basura o a caminar hacia el transporte, revisaba los alrededores por si aparecÃa alguna de ellas. Una tarde recibà un mensaje de un número desconocido. DecÃa que la lÃder no acepta rechazos, no incluÃa amenazas directas, no tenÃa información personal, no mencionaba mi nombre, pero saber que alguien se tomó el tiempo de enviarlo me hizo temblar.
14:03 Lo borré de inmediato como si eso pudiera borrar también la inquietud que me dejó. Me quedé un rato sentada en el sillón, revisando una y otra vez si el número volvÃa a escribir, pero no llegó ningún otro mensaje. En el trabajo comenté con una compañera cercana que mi vecina pertenecÃa a un grupo extraño y que yo no querÃa seguir involucrada. No le di detalles sobre la estatua ni sobre lo que recitaban. Solo mencioné que me habÃan presionado de una manera rara y que ya no me sentÃa tranquila en mi propia casa. Ella me aconsejó mantenerme alejada y buscar apoyo si la situación escalaba. me dijo que no dejara que la incomodidad se volviera miedo constante pero lo cierto es que ya habÃa empezado a sentirlo al caer la noche pensaba en lo que habÃa visto la estatua negra volvÃa a mi mente cada vez que intentaba dormir y el recuerdo de la lÃder observando a todas con la misma autoridad me hacÃa despertar en sobresaltos empecé a evitar salir de noche porque me daba miedo encontrarme con alguna de las mujeres en la banqueta SentÃa que podÃan interceptarme o intentar hablarme otra vez, y yo no querÃa tener ningún tipo de contacto con ellas. Una madrugada escuché pasos afuera de mi ventana. No eran pasos apresurados ni ruidos fuertes, solo un caminar lento que se detenÃa de vez en cuando. Me levanté y abrà ligeramente
15:33 la cortina. La vecina estaba parada frente a mi casa con la mirada fija en la ventana. No dijo nada. No se movió durante varios segundos. Luego se dio media vuelta y se fue caminando hacia la oscuridad de la calle. Cerré la cortina con rapidez y me quedé alerta hasta que amaneció. Al dÃa siguiente decidà que no podÃa seguir viviendo con esa tensión. Caminé hasta una iglesia cercana, aun cuando no soy una persona religiosa. Entré porque necesitaba hablar con alguien que no formara parte de mi entorno directo y que pudiera escucharme sin juzgar. Platiqué con el sacerdote de manera general. No mencioné demonios ni rituales, solo le expliqué que habÃa ido a un grupo espiritual que terminó presionándome de una forma extraña y que ahora sentÃa incomodidad en mi propia colonia. Ãl me escuchó con calma y me recomendó mantener distancia, no aceptar nuevas invitaciones y buscar ayuda si notaba que me seguÃan. También dijo que podÃa acudir a la iglesia cuando necesitara un lugar donde sentir tranquilidad.
16:41 A partir de ese dÃa comencé a asistir a misa por las mañanas antes de ir al trabajo. No lo hacÃa por fe, sino por intentar recuperar algo de estabilidad. Me sentaba en las bancas de atrás y me quedaba ahà hasta que sentÃa que la respiración se normalizaba. Noté que desde que empecé a ir las mujeres del culto ya no se paraban frente a mi casa. Dejé de verlas observando la puerta, lo cual bajó un poco la tensión que tenÃa encima. Aunque la vecina seguÃa tratándome con un desprecio evidente cada vez que nos cruzábamos.
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