Feb. 21, 2026

"MUJERES SATANICAS" El Culto Que Venera A Un Demonio Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:04 Llevaba pocos meses viviendo en la colonia y todavía no conocía bien a las vecinas. Solo ubicaba a unas cuantas porque coincidíamos algunas veces cuando sacaba la basura o cuando regresaba del trabajo. Yo hacía mi vida sin meterme en nada. Iba y venía rápido. Y aunque algunas me saludaban de lejos, no tenía una relación cercana con ninguna. La primera que intentó acercarse fue una mujer del otro lado de la calle. que al principio parecía amable y se mostraba muy interesada en platicar conmigo cada que podía. Siempre encontraba una razón para comentarme algo del clima o de las tiendas de la zona, y después cambiaba el tema a unas supuestas reuniones para mujeres que, según ella, eran convivencias tranquilas para conocer gente de la colonia. Cada vez que me veía insistía con eso, y aunque al inicio me parecía raro que no diera muchos detalles, Con el tiempo pensé que quizá solo quería que yo socializara un poco porque casi no conocía a nadie. Pasaron varias semanas y ella no dejaba el tema. Decía que esas reuniones hacían bien, que eran espacios seguros donde una podía hablar con libertad y que todas las que asistían se sentían distintas después de un par de encuentros. Yo no sabía si era exageración o solo entusiasmo. pero empezaba a sentir que no quería ser grosera, así que acepté ir. Pensé que convivir me haría bien porque llevaba tiempo sin salir con nadie y

1:37 porque vivir sola me había vuelto más reservada de lo normal. Además, la insistencia de la vecina era tan constante que me dio pena seguir negándome. El día de la reunión, ella pasó por mí en la tarde. Yo esperaba que fuéramos solas, pero al salir vi que había otras mujeres esperándola en la esquina Lo que me llamó la atención fue que ninguna hablaba. Caminaban en silencio, con pasos parejos, sin voltear a ver nada y sin hacer ningún comentario entre ellas. Me pareció extraño ese comportamiento porque uno pensaría que, si eran convivencias, habría conversaciones o risas. Pero era como si todo estuviera ensayado. Sentí un pequeño malestar en el estómago.

2:21 Aunque intenté tranquilizarme diciéndome que tal vez eran tímidas, o simplemente no querían incomodarme por ser nueva. Llegamos a una casa amplia que no era de la vecina ni de ninguna de las que venían con ella. Parecía una casa vieja pero bien cuidada, pintada de un color claro que se notaba apagado por el sol. La vecina comentó que ahí se reunían para hablar de temas espirituales, y aunque lo dijo como si fuera lo más normal del mundo, yo no recordaba que esa información estuviera incluida en lo que me había mencionado antes. Tampoco entendía por qué una convivencia de mujeres tenía que ser sobre temas espirituales, pero no dije nada. Solo observé que, al entrar, alguien cerró la puerta con llave desde dentro, cosa que me inquietó más de lo que quise aceptar. Las cortinas estaban cerradas y algunas ventanas tenían telas gruesas que bloqueaban la luz de afuera, lo cual volvía el ambiente más encerrado. La reunión empezó cuando formaron un círculo en medio de la sala.

3:25 La líder del grupo entró sin saludar a nadie. Caminó hasta el centro y comenzó a hablar con un tono firme y demasiado seguro. Las demás empezaron a recitar palabras que yo no entendía. Parecían frases memorizadas. repetidas tantas veces que ya habían perdido emoción. Yo solo miraba alrededor sin saber qué hacer. Frente a mí había unos tazones con agua oscura, velas negras acomodadas en una mesa baja y un cuaderno grande lleno de nombres escritos a mano. Todo me parecía fuera de lugar para una convivencia tranquila, pero la vecina se acercó a mi oído y me dijo que todo era normal, que después de un par de encuentros empezaría a entender. Lo dijo como si se tratara de un proceso inevitable. Desde los primeros minutos me sentí incómoda.

4:16 El ambiente era sofocante, no por la temperatura sino por la sensación de encierro y por la forma en que todas actuaban sin cuestionar nada. Quise pensar que era mi imaginación, pero la puerta cerrada con llave me tenía tensa. Nadie hablaba de convivencias ni de actividades ni de nada relacionado con lo que la vecina me había contado. Solo hacían esos recitados mientras la líder revisaba su cuaderno una y otra vez. En un momento, la líder dio una bienvenida a las nuevas mujeres. Lo dijo mirando directo a donde yo estaba y me nombró como si ya me conociera. Eso me inquietó profundamente porque yo nunca había dicho mi nombre completo. La vecina me tocó el brazo varias veces durante la reunión, como si quisiera obligarme a decir las frases que las demás repetían, pero yo no conocía nada de lo que estaban recitando y preferí permanecer callada. Cuando la reunión terminó, la líder se acercó demasiado a mí, tanto que sentí su respiración mientras hablaba. Dijo que toda mujer que entraba debía completar el proceso y que ahí adentro no se permitía el abandono. No lo dijo como una invitación, sino como una advertencia. No supe qué responder.

5:38 Solo asentí por inercia porque lo único que quería era salir de esa casa. Al caminar de regreso, la vecina insistió en que era normal sentir miedo las primeras veces. Aseguró que todas pasaron por lo mismo y que si completaba todas las sesiones, el miedo se iba y empezaba lo bueno. Yo ya no quería escucharla. Sentía la cabeza pesada y tenía una mezcla de enojo y confusión. Esa noche no pude dormir. Me quedé acostada mirando al techo, pensando que no entendí nada de lo que vi. Me sentí engañada por la vecina, y aunque quería decir que no volvería, también recordaba la forma en que la líder me miró cuando pronunció mi nombre. Esa mirada me dejó una presión que no sabía explicar y que no me dejaba descansar. Un día, antes de la segunda reunión, la vecina llegó a mi casa sin avisar. Tocó fuerte, como si tuviera prisa, y cuando abrí, me recordó la hora exacta en la que pasarían por mí. Dijo que la líder ya me tenía anotada en la lista, y que mi asistencia era necesaria para continuar con el proceso. Lo dijo con un tono distinto al de la primera vez, más frío y menos amistoso, como si ya no estuviera invitándome, sino exigiendo algo que yo nunca acepté de manera consciente.

7:00 Traté de decirle que no podía ir, que tenía pendientes y que quizá lo mejor era dejar mi lugar para alguien más, pero ella no me dejó terminar la frase. Respondió que las nuevas siempre dudaban antes de la segunda sesión. y que la líder estaba preparada para eso. Me quedé callada porque sentí que cualquier cosa que dijera solo empeoraría la situación. La vecina se fue rápido, sin sonreír, dejando un ambiente incómodo en mi casa. Llegó el día de la reunión y, aunque pensé seriamente en no abrir la puerta, terminé saliendo porque no quería que armara un escándalo frente a los vecinos. Caminamos hacia la misma casa, pero esta vez noté que el grupo era más pequeño. Faltaban varias mujeres que habían estado en la primera sesión. Cuando entramos, la líder mencionó a las ausentes de manera directa, diciendo que habían fallado al compromiso y que eso tenía consecuencias para el progreso del grupo. Yo no entendía qué clase de compromiso era ese, porque nadie había explicado reglas, requisitos ni nada parecido. aún así las demás escuchaban con una atención que me incomodaba la atmósfera dentro de la casa era más tensa que la primera vez había velas colocadas alrededor de una mesa cubierta con un mantel oscuro y todo parecía acomodado para algo que no tenía relación con una convivencia o una reunión de apoyo la vecina se

8:31 quedó a mi lado sin decir nada como si estuviera vigilándome sentí que no podía moverme sin que ella lo notara Las mujeres se acomodaron formando un círculo más cerrado que antes, dejando un espacio en medio donde la mesa ocupaba el punto central. La líder ordenó que apagaran las luces y que encendieran unas lámparas pequeñas que estaban regadas por el suelo. La luz era tenue y dejaba sombras alargadas en las paredes. En el centro del círculo había un objeto grande cubierto con una tela negra. La líder colocó las manos sobre la tela y habló sobre mostrar el rostro de quien guía a las mujeres. Lo dijo con tanta seguridad que algunas de las presentes empezaron a respirar más rápido, como si estuvieran esperando un momento importante.

9:19 Yo no entendía nada, solo miraba la tela y el tamaño del objeto que ocultaba. Cuando destaparon la figura, todas inclinaron la cabeza hacia adelante. Debajo de la tela había una estatua completamente negra, alta, con rasgos demoníacos y una base de piedra que parecía muy antigua. La estatua tenía un rostro alargado, ojos hundidos y manos extendidas hacia el frente. En cuanto la vi, sentí una presión fuerte en el pecho. Las mujeres empezaron a inclinarse hacia la figura como si fuera un santo. Algunas recitaban frases en un idioma que nunca había escuchado y otras murmuraban palabras entrecortadas mientras tocaban la base de piedra. La líder explicó que esas reuniones no eran un simple grupo, sino un culto de renacimiento femenino, y que la entidad representada en la estatua daba fuerza y protección a quienes completaban el proceso. Yo no sabía si reír por nervios o salir corriendo, pero me quedé inmóvil cuando vi a la vecina arrodillarse frente a la figura y tocar los pies de la estatua con una devoción que jamás había visto en ella. Su rostro tenía una expresión fija y seria, como si estuviera realizando algo sagrado.

10:33 Algunas mujeres empezaron a llorar frente a la estatua. Decían que necesitaban ayuda, que estaban cansadas, que prometían obediencia. Yo me senté un poco más atrás sintiendo que me faltaba el aire. No podía comprender cómo algo que se presentaba como una convivencia tranquila había terminado en una escena tan perturbadora. La líder giró hacia mí y me señaló con firmeza. Dijo que era mi turno de acercarme y aceptar la presencia para iniciar mi transformación. Yo me quedé helada. Le respondí que solo había venido porque me invitaron sin explicarme nada. que no estaba de acuerdo con participar en rituales ni en cultos. La líder frunció el rostro con molestia y las otras mujeres me observaron como si hubiera cometido una falta grave. Sentí que la distancia entre mí y la puerta era mayor que antes y que todas estaban demasiado cerca de mí. La vecina me tomó del brazo para empujarme hacia adelante, pero me solté con fuerza porque no quería acercarme a la estatua. El ambiente se volvió aún más pesado cuando una de las mujeres apagó una lámpara, dejando la sala más oscura. Yo pensé que estaba atrapada.

11:46 Fue hasta que otra mujer pidió salir a fumar y abrió la puerta cuando encontré mi oportunidad. Caminé rápido hacia la salida sin mirar a nadie. La vecina salió detrás de mí unos metros después con una expresión seria. Dijo que nadie abandona después de ver la imagen. que el miedo se quita con las sesiones y que mi rechazo podía traerme problemas no contesté nada caminé tan rápido como pude y no volteé hasta llegar a mi casa entré temblando cerré la puerta y me apoyé en la pared mientras trataba de respirar con calma ese día decidí que no volvería jamás aunque la vecina me dejara de hablar o se ofendiera sabía que si regresaba algo peor podía pasar Después de aquella segunda reunión, la actitud de la vecina cambió por completo. Pasó de ser insistente a volverse hostil.

12:38 Ya no me saludaba cuando me veía afuera. Ni siquiera volteaba la cara hacia mí, como si yo fuese invisible. Pero cada vez que pasaba frente a mi casa, murmuraba cosas que no alcanzaba a entender. No sé si eran recitados del grupo o simples comentarios, pero su tono era bajo y constante. como si quisiera que yo escuchara solo lo suficiente para inquietarme. Esa hostilidad era nueva, y aunque traté de no prestarle atención, me afectaba más de lo que quería admitir. En los días siguientes noté que algunas de las mujeres del culto se paraban en la acera frente a mi casa. No hablaban, no hacían gestos, no parecía que esperaran a alguien. Solo se quedaban quietas unos minutos mientras miraban hacia mi puerta, y luego se iban caminando despacio. Esa conducta se repitió varias veces durante la semana y me generó una sensación fuerte de vigilancia. Yo no tenía pruebas de nada, pero cada vez que salía a tirar la basura o a caminar hacia el transporte, revisaba los alrededores por si aparecía alguna de ellas. Una tarde recibí un mensaje de un número desconocido. Decía que la líder no acepta rechazos, no incluía amenazas directas, no tenía información personal, no mencionaba mi nombre, pero saber que alguien se tomó el tiempo de enviarlo me hizo temblar.

14:03 Lo borré de inmediato como si eso pudiera borrar también la inquietud que me dejó. Me quedé un rato sentada en el sillón, revisando una y otra vez si el número volvía a escribir, pero no llegó ningún otro mensaje. En el trabajo comenté con una compañera cercana que mi vecina pertenecía a un grupo extraño y que yo no quería seguir involucrada. No le di detalles sobre la estatua ni sobre lo que recitaban. Solo mencioné que me habían presionado de una manera rara y que ya no me sentía tranquila en mi propia casa. Ella me aconsejó mantenerme alejada y buscar apoyo si la situación escalaba. me dijo que no dejara que la incomodidad se volviera miedo constante pero lo cierto es que ya había empezado a sentirlo al caer la noche pensaba en lo que había visto la estatua negra volvía a mi mente cada vez que intentaba dormir y el recuerdo de la líder observando a todas con la misma autoridad me hacía despertar en sobresaltos empecé a evitar salir de noche porque me daba miedo encontrarme con alguna de las mujeres en la banqueta Sentía que podían interceptarme o intentar hablarme otra vez, y yo no quería tener ningún tipo de contacto con ellas. Una madrugada escuché pasos afuera de mi ventana. No eran pasos apresurados ni ruidos fuertes, solo un caminar lento que se detenía de vez en cuando. Me levanté y abrí ligeramente

15:33 la cortina. La vecina estaba parada frente a mi casa con la mirada fija en la ventana. No dijo nada. No se movió durante varios segundos. Luego se dio media vuelta y se fue caminando hacia la oscuridad de la calle. Cerré la cortina con rapidez y me quedé alerta hasta que amaneció. Al día siguiente decidí que no podía seguir viviendo con esa tensión. Caminé hasta una iglesia cercana, aun cuando no soy una persona religiosa. Entré porque necesitaba hablar con alguien que no formara parte de mi entorno directo y que pudiera escucharme sin juzgar. Platiqué con el sacerdote de manera general. No mencioné demonios ni rituales, solo le expliqué que había ido a un grupo espiritual que terminó presionándome de una forma extraña y que ahora sentía incomodidad en mi propia colonia. Él me escuchó con calma y me recomendó mantener distancia, no aceptar nuevas invitaciones y buscar ayuda si notaba que me seguían. También dijo que podía acudir a la iglesia cuando necesitara un lugar donde sentir tranquilidad.

16:41 A partir de ese día comencé a asistir a misa por las mañanas antes de ir al trabajo. No lo hacía por fe, sino por intentar recuperar algo de estabilidad. Me sentaba en las bancas de atrás y me quedaba ahí hasta que sentía que la respiración se normalizaba. Noté que desde que empecé a ir las mujeres del culto ya no se paraban frente a mi casa. Dejé de verlas observando la puerta, lo cual bajó un poco la tensión que tenía encima. Aunque la vecina seguía tratándome con un desprecio evidente cada vez que nos cruzábamos.