Mi Padre Recogió A Una Pasajera Y Murió Junto A Su Tumba - Historias De Terror - REDE
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0:05 Me llamo Ramón Cárdenas y mi padre se llamaba Rogelio Cárdenas. Trabajó casi 30 años manejando un taxi en San Miguel y durante sus últimos años cubrió la tarde y parte de la noche. Yo veÃa su taxi casi todos los dÃas porque mi taller quedaba cerca de la terminal donde esperaba pasajeros. Al cerrar el negocio pasaba por el sitio, le llevaba algo de comer o me detenÃa unos minutos a hablar con él. mi padre tenÃa 61 años cuando murió vivÃa con mi madre y seguÃa trabajando porque en la casa aún habÃa gastos que cubrir yo lo ayudaba cuando podÃa aunque mi taller tampoco dejaba mucho desde meses antes tomaba pastillas para la presión mi madre se las preparaba en una caja pequeña y le recordaba que debÃa descansar mi padre escuchaba guardaba la caja y salÃa a trabajar ese sábado cerré el taller tarde Mi madre habÃa apartado cena para él.
1:06 Pasé a recogerla y manejé hasta la terminal. Lo encontré dentro del taxi con la libreta abierta sobre las piernas, sumando lo que llevaba ganado. Le entregué el recipiente. Ãl lo abrió y empezó a comer sin bajarse del vehÃculo, porque todavÃa esperaba a los pasajeros del último autobús. Me quedé a su lado mientras comÃa. Le conté que el domingo irÃa con mis hijos a su casa. porque el menor querÃa que le arreglara una bicicleta. Mi padre respondió que la revisarÃa después de desayunar. Su voz era la de siempre y sus manos estaban firmes cuando cerró el recipiente, aunque tenÃa la cara cansada por la jornada. Le pregunté si ya se retiraba. Me dijo que esperarÃa un poco más, porque una carrera larga podÃa completar el dinero que querÃa llevarle a mi madre esa semana. Le recordé que tuviera cuidado con los viajes fuera del pueblo. DÃas antes habÃan robado el taxi de un compañero en un camino apartado y el asunto se habÃa comentado en el sitio. Mi padre contestó que tomarÃa un último servicio únicamente si la ruta estaba clara. Guardó la cena en el asiento delantero, dobló la libreta y me pidió que me fuera con cuidado en la motocicleta. Me despedà y caminé hasta donde la habÃa estacionado. antes de encender el motor vi acercarse a una mujer venÃa desde la terminal sola con un bolso pequeño sostenido delante del cuerpo llevaba un abrigo claro
2:39 y el cabello recogido se detuvo junto a la ventana de mi padre y le indicó un destino él la escuchó y bajó para abrirle la puerta trasera mientras ella subÃa volvió la cara hacia el ruido de mi motocicleta vi su rostro durante un momento la frente despejada y las mejillas delgadas Después, mi padre ocupó el asiento del conductor y yo me fui. Llegué a mi casa, mis hijos ya estaban dormidos y mi esposa habÃa dejado sobre la mesa unas cuentas del taller. TenÃa el teléfono junto al cuaderno, asà que vi el mensaje de mi padre apenas entró. Me avisaba que habÃa tomado el último viaje y que salÃa por el camino de la cañada. AñadÃa que la pasajera bajarÃa en una entrada después del kilómetro siete.
3:29 Yo habÃa circulado por ese rumbo para entregar piezas y sabÃa que la carretera seguÃa firme hasta cierta distancia, aunque las entradas laterales quedaban sin luz. Le respondà que permaneciera en el camino principal y regresara en cuanto dejara a la mujer. Mi padre contestó que ella iba dándole las indicaciones y que el destino estaba cerca. Continué con mis cuentas, porque aquel viaje no tenÃa nada distinto de otros que él habÃa hecho. Llevaba años dejando pasajeros en ranchos y viviendas alejadas, a veces al final del turno, cuando alguien llegaba tarde a la terminal. Mi madre me llamó después para saber si lo habÃa visto. Le dije que acababa de entregarle la cena y que habÃa salido con una pasajera.
4:19 Ella preguntó si llevaba la caja de pastillas porque la habÃa encontrado sobre la mesa de la cocina. Le respondà que cuando volviera al sitio yo pasarÃa a dárselas. Mi madre colgó y yo puse el teléfono junto al cuaderno. Cerca de la medianoche volvió a sonar. Al ver el nombre de mi padre respondà pensando que ya estaba en el pueblo. Desde la primera frase, escuché su respiración agitada. Me preguntó qué habÃa después del kilómetro 7 por el camino de la cañada. Le dije que conocÃa algunas entradas a terrenos, aunque nunca habÃa entrado en ellas. Me explicó que la mujer le pidió detenerse junto a un portón, bajó del taxi y avanzó hacia el interior. Luego, él esperó el pago, la llamó desde el vehÃculo, y al no recibir respuesta, entró a buscarla. Le pregunté si veÃa alguna casa. Me contestó que la entrada daba a un terreno corto y que al fondo habÃa una tumba. La mujer ya no estaba frente a él. Le pedà que regresara al taxi, cerrara las puertas y saliera de ahÃ, pero siguió hablándome mientras caminaba. Escuché sus pasos y su respiración cada vez más fuerte. Entonces me dijo que la tumba tenÃa una fotografÃa.
5:39 que se habÃa acercado para verla y que la mujer del retrato era la pasajera que acababa de llevar. Le pregunté si estaba seguro de haber mirado bien la cara. Me respondió que sÃ, porque habÃa hablado con ella durante el trayecto y la vio bajar a pocos pasos del taxi. Después guardó silencio. Lo llamé por su nombre varias veces, hasta que respondió con una voz baja y me dijo que le dolÃa el pecho. Le pregunté si podÃa volver al vehÃculo. Contestó que estaba solo y que tenÃa el taxi cerca. Le pedà su ubicación. Me dijo que intentarÃa enviarla, pero lo que llegó a mi teléfono fue una fotografÃa.
6:19 La abrà sin cortar la llamada. En la imagen se veÃa una lápida, con el retrato de una mujer, el cabello recogido y el rostro delgado, que yo habÃa visto al salir de la terminal. En la placa alcancé a leer el nombre. de Elisa Fuentes Carrillo y una fecha de muerte de 1998. La comunicación se cortó y volvà a llamarlo. Contestó después de varios tonos. Le dije que iba por él y que pidiera ayuda desde el taxi si podÃa moverse. Mi padre respiró con dificultad y me explicó que el viaje seguÃa sin pagar y que la mujer lo habÃa dejado frente a aquella tumba. Le pedà que no caminara, que se quedara sentado y mantuviera abierta la llamada. Oà un golpe contra el suelo, después su respiración durante unos segundos, y al final, silencio. Mi esposa salió del cuarto al escucharme hablar en voz alta. Le pedà que llamara a mi madre y le dijera solamente que mi padre se habÃa sentido mal durante un servicio. Yo marqué para solicitar ayuda mientras tomaba las llaves de la motocicleta. La fotografÃa seguÃa abierta en la pantalla. Guardé el teléfono, salà de la casa y tomé el camino de la cañada, buscando las luces del taxi de mi padre. Las luces aparecieron después de una curva, del lado derecho del camino. El taxi estaba detenido frente a una entrada, con los faros
7:50 encendidos y la puerta del conductor abierta. Dejé la motocicleta detrás y avancé llamando a mi padre. El asiento estaba vacÃo y su teléfono se encontraba en el suelo, cerca del portón con la pantalla iluminada. Lo recogà y entré al terreno. No pensé en buscar a la mujer, solo querÃa encontrar a mi padre y ayudarlo antes de que llegara la ambulancia. La tumba estaba a poca distancia de la entrada y él estaba tendido junto a ella, boca arriba, con el brazo derecho sobre el pecho. Me arrodillé, le toqué la cara y le hablé por su nombre. No abrió los ojos, asà que llamé otra vez a emergencias, puse el teléfono en altavoz y seguà las indicaciones de la operadora. Le revisé el cuello, acerqué la mano a su boca y presioné su pecho, pero mi padre no respondió.
8:42 Mientras esperaba ayuda, levanté la vista hacia la lápida. El retrato estaba detrás de un vidrio sujeto con tornillos. La mujer de la fotografÃa tenÃa el cabello recogido y el rostro delgado. Era la mujer que yo habÃa visto subir al taxi en la terminal. Su cara se me habÃa quedado presente desde que abrà la imagen enviada por mi padre. En la placa estaba escrito el nombre de Elisa Fuentes Carrillo y debajo figuraba que habÃa muerto en 1998. Miré el terreno desde donde estaba arrodillado. Solo vi la entrada, la tumba y una franja de tierra que terminaba más adelante.
9:24 No habÃa vivienda, puerta trasera, ni otra persona. Regresé junto a mi padre, seguà hablándole y mantuve una mano sobre su hombro. Su cuerpo todavÃa conservaba calor, por eso continué intentando que respirara hasta que escuché la ambulancia detenerse junto al taxi. Los paramédicos cruzaron el portón y me pidieron espacio. Les expliqué que mi padre habÃa sentido dolor en el pecho durante un servicio. que me llamó desde ese lugar y que lo encontré junto a la tumba. Trabajaron varios minutos sin apartarse de él. Yo permanecà cerca de la entrada con el teléfono de mi padre en la mano. Cuando uno de ellos se acercó, me informó que mi padre habÃa muerto. Mi madre llegó con mi tÃo Julián.
10:10 Yo le habÃa pedido a mi esposa que solo dijera que mi padre se habÃa sentido mal. Por eso, al bajar del automóvil, mi madre preguntó si ya lo llevaban al hospital. caminé hacia ella y la detuve antes de que entrara le dije que los paramédicos no pudieron ayudarlo se cubrió la boca quiso avanzar y mi tÃo la sostuvo luego vio el taxi encendido y me preguntó por qué mi padre habÃa ido hasta ese lugar le respondà que estaba terminando un viaje no pude decirle nada más esa noche me dejaron tomar las cosas que mi padre llevaba dentro del taxi En el asiento delantero estaba el recipiente de la cena, cerrado, tal como lo habÃa guardado cuando lo vi en la terminal. También encontré su libreta de servicios. La última anotación decÃa La Cañada y tenÃa una cantidad escrita al lado. Bajo la cifra estaba la marca que ponÃa cuando todavÃa no recibÃa el pago. Cerré la libreta y la guardé bajo mi chamarra. Mi madre estaba sentada dentro del automóvil de mi tÃo y no quise mostrársela ahÃ. El médico confirmó después que mi padre murió de un infarto. Su dinero seguÃa completo. TenÃa la cartera en el pantalón y el taxi no mostraba señales de forcejeo. Yo entregué la fotografÃa que él me habÃa enviado y expliqué que vi a la pasajera antes de que salieran de la terminal. También indiqué que la mujer
11:41 del retrato era la misma que recordaba haber visto. Tomaron mis datos y registraron lo ocurrido, pero no hubo una persona a quien localizar, ni un domicilio al que acudir, porque la única dirección que tenÃamos era la tumba. Enterramos a mi padre en el cementerio del pueblo, junto a mis abuelos. Mi madre pasó el velorio en silencio, sentada junto al ataúd. recibiendo a los compañeros del sitio de taxis y a los clientes que lo conocieron. Varios preguntaron en dónde se habÃa sentido mal. Yo respondà que fue durante un viaje fuera del pueblo. No hablé de la mujer ni de la fotografÃa, porque mi madre todavÃa no sabÃa todos los detalles. Dos dÃas después del entierro, le enseñé la fotografÃa. Estábamos en su casa, sentados en la cocina, y puse el teléfono sobre la mesa. Mi madre leyó el nombre de Elisa Fuentes Carrillo, miró el retrato y me preguntó si yo habÃa visto a esa mujer. Le respondà que la vi subir al taxi. Después le mostré la libreta, leyó la última lÃnea, tocó con el dedo la marca del pago pendiente y cerró el cuaderno. Al final me pidió que la acompañara a guardar la ropa de mi padre. Una semana más tarde regresé al terreno con mi tÃo Julián. QuerÃa ver la placa con luz de dÃa, sin el teléfono en la mano y sin mi padre tendido a sus pies. Entramos por el portón.
13:10 La tumba estaba limpia, con el mismo retrato y el mismo nombre. Confirmé la fecha. Elisa Fuentes Carrillo habÃa muerto en 1998. Mi tÃo leyó la placa y me preguntó si recordaba bien el rostro de la pasajera. Le dije que sÃ. Colocamos unas flores junto a la lápida por el lugar donde mi padre habÃa muerto y nos fuimos. Después fui al sitio de taxis para recoger sus papeles y avisar que el auto serÃa vendido. Uno de sus compañeros recordó haberlo visto salir esa noche, pero no se fijó en la pasajera. Otro dijo que mi padre ya no volvió al sitio. Pregunté en la terminal por una mujer de cabello recogido y abrigo claro. Pero nadie pudo darme un nombre, asà que dejé de buscar respuestas ahÃ. Mi madre decidió vender el taxi porque no querÃa tenerlo estacionado frente a su casa. Antes de entregarlo, lo limpié solo. Abrà la guantera, saqué recibos, retiré monedas que habÃan quedado bajo el asiento y revisé la parte trasera. Busqué algo que perteneciera a la mujer, un papel, una llave, cualquier objeto que confirmara que estuvo ahÃ, pero no encontré nada suyo. Al cerrar la puerta trasera recordé la mano de mi padre abriéndola para que ella subiera y dejé las llaves sobre el tablero.
14:38 Conservo la libreta en un cajón del taller. No he escrito sobre la última anotación ni he tachado la cantidad. Mi madre no volvió Mi padre murió por un infarto, eso quedó registrado, pero antes de morir me llamó desde la cañada y me envió el retrato de una mujer muerta muchos años atrás. Yo vi a esa mujer subir al taxi, la carrera quedó pendiente y el último pago que mi padre esperó nunca llegó.
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