June 5, 2026

Mi Padre Recogió A Una Pasajera Y Murió Junto A Su Tumba - Historias De Terror - REDE

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0:05 Me llamo Ramón Cárdenas y mi padre se llamaba Rogelio Cárdenas. Trabajó casi 30 años manejando un taxi en San Miguel y durante sus últimos años cubrió la tarde y parte de la noche. Yo veía su taxi casi todos los días porque mi taller quedaba cerca de la terminal donde esperaba pasajeros. Al cerrar el negocio pasaba por el sitio, le llevaba algo de comer o me detenía unos minutos a hablar con él. mi padre tenía 61 años cuando murió vivía con mi madre y seguía trabajando porque en la casa aún había gastos que cubrir yo lo ayudaba cuando podía aunque mi taller tampoco dejaba mucho desde meses antes tomaba pastillas para la presión mi madre se las preparaba en una caja pequeña y le recordaba que debía descansar mi padre escuchaba guardaba la caja y salía a trabajar ese sábado cerré el taller tarde Mi madre había apartado cena para él.

1:06 Pasé a recogerla y manejé hasta la terminal. Lo encontré dentro del taxi con la libreta abierta sobre las piernas, sumando lo que llevaba ganado. Le entregué el recipiente. Él lo abrió y empezó a comer sin bajarse del vehículo, porque todavía esperaba a los pasajeros del último autobús. Me quedé a su lado mientras comía. Le conté que el domingo iría con mis hijos a su casa. porque el menor quería que le arreglara una bicicleta. Mi padre respondió que la revisaría después de desayunar. Su voz era la de siempre y sus manos estaban firmes cuando cerró el recipiente, aunque tenía la cara cansada por la jornada. Le pregunté si ya se retiraba. Me dijo que esperaría un poco más, porque una carrera larga podía completar el dinero que quería llevarle a mi madre esa semana. Le recordé que tuviera cuidado con los viajes fuera del pueblo. Días antes habían robado el taxi de un compañero en un camino apartado y el asunto se había comentado en el sitio. Mi padre contestó que tomaría un último servicio únicamente si la ruta estaba clara. Guardó la cena en el asiento delantero, dobló la libreta y me pidió que me fuera con cuidado en la motocicleta. Me despedí y caminé hasta donde la había estacionado. antes de encender el motor vi acercarse a una mujer venía desde la terminal sola con un bolso pequeño sostenido delante del cuerpo llevaba un abrigo claro

2:39 y el cabello recogido se detuvo junto a la ventana de mi padre y le indicó un destino él la escuchó y bajó para abrirle la puerta trasera mientras ella subía volvió la cara hacia el ruido de mi motocicleta vi su rostro durante un momento la frente despejada y las mejillas delgadas Después, mi padre ocupó el asiento del conductor y yo me fui. Llegué a mi casa, mis hijos ya estaban dormidos y mi esposa había dejado sobre la mesa unas cuentas del taller. Tenía el teléfono junto al cuaderno, así que vi el mensaje de mi padre apenas entró. Me avisaba que había tomado el último viaje y que salía por el camino de la cañada. Añadía que la pasajera bajaría en una entrada después del kilómetro siete.

3:29 Yo había circulado por ese rumbo para entregar piezas y sabía que la carretera seguía firme hasta cierta distancia, aunque las entradas laterales quedaban sin luz. Le respondí que permaneciera en el camino principal y regresara en cuanto dejara a la mujer. Mi padre contestó que ella iba dándole las indicaciones y que el destino estaba cerca. Continué con mis cuentas, porque aquel viaje no tenía nada distinto de otros que él había hecho. Llevaba años dejando pasajeros en ranchos y viviendas alejadas, a veces al final del turno, cuando alguien llegaba tarde a la terminal. Mi madre me llamó después para saber si lo había visto. Le dije que acababa de entregarle la cena y que había salido con una pasajera.

4:19 Ella preguntó si llevaba la caja de pastillas porque la había encontrado sobre la mesa de la cocina. Le respondí que cuando volviera al sitio yo pasaría a dárselas. Mi madre colgó y yo puse el teléfono junto al cuaderno. Cerca de la medianoche volvió a sonar. Al ver el nombre de mi padre respondí pensando que ya estaba en el pueblo. Desde la primera frase, escuché su respiración agitada. Me preguntó qué había después del kilómetro 7 por el camino de la cañada. Le dije que conocía algunas entradas a terrenos, aunque nunca había entrado en ellas. Me explicó que la mujer le pidió detenerse junto a un portón, bajó del taxi y avanzó hacia el interior. Luego, él esperó el pago, la llamó desde el vehículo, y al no recibir respuesta, entró a buscarla. Le pregunté si veía alguna casa. Me contestó que la entrada daba a un terreno corto y que al fondo había una tumba. La mujer ya no estaba frente a él. Le pedí que regresara al taxi, cerrara las puertas y saliera de ahí, pero siguió hablándome mientras caminaba. Escuché sus pasos y su respiración cada vez más fuerte. Entonces me dijo que la tumba tenía una fotografía.

5:39 que se había acercado para verla y que la mujer del retrato era la pasajera que acababa de llevar. Le pregunté si estaba seguro de haber mirado bien la cara. Me respondió que sí, porque había hablado con ella durante el trayecto y la vio bajar a pocos pasos del taxi. Después guardó silencio. Lo llamé por su nombre varias veces, hasta que respondió con una voz baja y me dijo que le dolía el pecho. Le pregunté si podía volver al vehículo. Contestó que estaba solo y que tenía el taxi cerca. Le pedí su ubicación. Me dijo que intentaría enviarla, pero lo que llegó a mi teléfono fue una fotografía.

6:19 La abrí sin cortar la llamada. En la imagen se veía una lápida, con el retrato de una mujer, el cabello recogido y el rostro delgado, que yo había visto al salir de la terminal. En la placa alcancé a leer el nombre. de Elisa Fuentes Carrillo y una fecha de muerte de 1998. La comunicación se cortó y volví a llamarlo. Contestó después de varios tonos. Le dije que iba por él y que pidiera ayuda desde el taxi si podía moverse. Mi padre respiró con dificultad y me explicó que el viaje seguía sin pagar y que la mujer lo había dejado frente a aquella tumba. Le pedí que no caminara, que se quedara sentado y mantuviera abierta la llamada. Oí un golpe contra el suelo, después su respiración durante unos segundos, y al final, silencio. Mi esposa salió del cuarto al escucharme hablar en voz alta. Le pedí que llamara a mi madre y le dijera solamente que mi padre se había sentido mal durante un servicio. Yo marqué para solicitar ayuda mientras tomaba las llaves de la motocicleta. La fotografía seguía abierta en la pantalla. Guardé el teléfono, salí de la casa y tomé el camino de la cañada, buscando las luces del taxi de mi padre. Las luces aparecieron después de una curva, del lado derecho del camino. El taxi estaba detenido frente a una entrada, con los faros

7:50 encendidos y la puerta del conductor abierta. Dejé la motocicleta detrás y avancé llamando a mi padre. El asiento estaba vacío y su teléfono se encontraba en el suelo, cerca del portón con la pantalla iluminada. Lo recogí y entré al terreno. No pensé en buscar a la mujer, solo quería encontrar a mi padre y ayudarlo antes de que llegara la ambulancia. La tumba estaba a poca distancia de la entrada y él estaba tendido junto a ella, boca arriba, con el brazo derecho sobre el pecho. Me arrodillé, le toqué la cara y le hablé por su nombre. No abrió los ojos, así que llamé otra vez a emergencias, puse el teléfono en altavoz y seguí las indicaciones de la operadora. Le revisé el cuello, acerqué la mano a su boca y presioné su pecho, pero mi padre no respondió.

8:42 Mientras esperaba ayuda, levanté la vista hacia la lápida. El retrato estaba detrás de un vidrio sujeto con tornillos. La mujer de la fotografía tenía el cabello recogido y el rostro delgado. Era la mujer que yo había visto subir al taxi en la terminal. Su cara se me había quedado presente desde que abrí la imagen enviada por mi padre. En la placa estaba escrito el nombre de Elisa Fuentes Carrillo y debajo figuraba que había muerto en 1998. Miré el terreno desde donde estaba arrodillado. Solo vi la entrada, la tumba y una franja de tierra que terminaba más adelante.

9:24 No había vivienda, puerta trasera, ni otra persona. Regresé junto a mi padre, seguí hablándole y mantuve una mano sobre su hombro. Su cuerpo todavía conservaba calor, por eso continué intentando que respirara hasta que escuché la ambulancia detenerse junto al taxi. Los paramédicos cruzaron el portón y me pidieron espacio. Les expliqué que mi padre había sentido dolor en el pecho durante un servicio. que me llamó desde ese lugar y que lo encontré junto a la tumba. Trabajaron varios minutos sin apartarse de él. Yo permanecí cerca de la entrada con el teléfono de mi padre en la mano. Cuando uno de ellos se acercó, me informó que mi padre había muerto. Mi madre llegó con mi tío Julián.

10:10 Yo le había pedido a mi esposa que solo dijera que mi padre se había sentido mal. Por eso, al bajar del automóvil, mi madre preguntó si ya lo llevaban al hospital. caminé hacia ella y la detuve antes de que entrara le dije que los paramédicos no pudieron ayudarlo se cubrió la boca quiso avanzar y mi tío la sostuvo luego vio el taxi encendido y me preguntó por qué mi padre había ido hasta ese lugar le respondí que estaba terminando un viaje no pude decirle nada más esa noche me dejaron tomar las cosas que mi padre llevaba dentro del taxi En el asiento delantero estaba el recipiente de la cena, cerrado, tal como lo había guardado cuando lo vi en la terminal. También encontré su libreta de servicios. La última anotación decía La Cañada y tenía una cantidad escrita al lado. Bajo la cifra estaba la marca que ponía cuando todavía no recibía el pago. Cerré la libreta y la guardé bajo mi chamarra. Mi madre estaba sentada dentro del automóvil de mi tío y no quise mostrársela ahí. El médico confirmó después que mi padre murió de un infarto. Su dinero seguía completo. Tenía la cartera en el pantalón y el taxi no mostraba señales de forcejeo. Yo entregué la fotografía que él me había enviado y expliqué que vi a la pasajera antes de que salieran de la terminal. También indiqué que la mujer

11:41 del retrato era la misma que recordaba haber visto. Tomaron mis datos y registraron lo ocurrido, pero no hubo una persona a quien localizar, ni un domicilio al que acudir, porque la única dirección que teníamos era la tumba. Enterramos a mi padre en el cementerio del pueblo, junto a mis abuelos. Mi madre pasó el velorio en silencio, sentada junto al ataúd. recibiendo a los compañeros del sitio de taxis y a los clientes que lo conocieron. Varios preguntaron en dónde se había sentido mal. Yo respondí que fue durante un viaje fuera del pueblo. No hablé de la mujer ni de la fotografía, porque mi madre todavía no sabía todos los detalles. Dos días después del entierro, le enseñé la fotografía. Estábamos en su casa, sentados en la cocina, y puse el teléfono sobre la mesa. Mi madre leyó el nombre de Elisa Fuentes Carrillo, miró el retrato y me preguntó si yo había visto a esa mujer. Le respondí que la vi subir al taxi. Después le mostré la libreta, leyó la última línea, tocó con el dedo la marca del pago pendiente y cerró el cuaderno. Al final me pidió que la acompañara a guardar la ropa de mi padre. Una semana más tarde regresé al terreno con mi tío Julián. Quería ver la placa con luz de día, sin el teléfono en la mano y sin mi padre tendido a sus pies. Entramos por el portón.

13:10 La tumba estaba limpia, con el mismo retrato y el mismo nombre. Confirmé la fecha. Elisa Fuentes Carrillo había muerto en 1998. Mi tío leyó la placa y me preguntó si recordaba bien el rostro de la pasajera. Le dije que sí. Colocamos unas flores junto a la lápida por el lugar donde mi padre había muerto y nos fuimos. Después fui al sitio de taxis para recoger sus papeles y avisar que el auto sería vendido. Uno de sus compañeros recordó haberlo visto salir esa noche, pero no se fijó en la pasajera. Otro dijo que mi padre ya no volvió al sitio. Pregunté en la terminal por una mujer de cabello recogido y abrigo claro. Pero nadie pudo darme un nombre, así que dejé de buscar respuestas ahí. Mi madre decidió vender el taxi porque no quería tenerlo estacionado frente a su casa. Antes de entregarlo, lo limpié solo. Abrí la guantera, saqué recibos, retiré monedas que habían quedado bajo el asiento y revisé la parte trasera. Busqué algo que perteneciera a la mujer, un papel, una llave, cualquier objeto que confirmara que estuvo ahí, pero no encontré nada suyo. Al cerrar la puerta trasera recordé la mano de mi padre abriéndola para que ella subiera y dejé las llaves sobre el tablero.

14:38 Conservo la libreta en un cajón del taller. No he escrito sobre la última anotación ni he tachado la cantidad. Mi madre no volvió Mi padre murió por un infarto, eso quedó registrado, pero antes de morir me llamó desde la cañada y me envió el retrato de una mujer muerta muchos años atrás. Yo vi a esa mujer subir al taxi, la carrera quedó pendiente y el último pago que mi padre esperó nunca llegó.