April 26, 2026

Mi Mamá Aceptó Comida De Una Bruja Y Todo Cambió En Nuestra Casa - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Recuerdo a Ramona porque vivía cerca de nuestra casa y porque antes de que todo pasara, su nombre se escuchaba poco. La veíamos pasar por el camino, saludar a algunas personas y regresar a su casa. En el rancho, varios decían que sabía de brujería, pero en mi familia ese comentario se quedaba en voz baja entre adultos. Mi mamá lo oía y lo dejaba pasar. Ella decía que una persona merecía trato correcto. hasta que hiciera algo malo de frente. El acercamiento empezó una tarde, mientras mi mamá estaba afuera, ocupada con las cosas de la casa. Ramona llegó despacio, saludó y se quedó platicando. Habló de su soledad, de que casi nadie la visitaba y de que a veces necesitaba conversar. Mi mamá le respondió con educación, le ofreció agua y la dejó sentarse. Yo recuerdo esa escena porque fue sencilla. Sin pleito, sin aviso de nada. Ramona no pidió dinero ni favores, solo habló, escuchó y se fue después de un rato. Desde entonces empezó a llegar más seguido.

1:14 Primero se quedaba afuera, luego pasó a la cocina y con los días se volvió común verla sentada cerca de mi mamá. Llevaba tortillas, algo de comida o algún mandado pequeño. Mi mamá lo aceptaba porque no veía mala intención. Ramona preguntaba por la salud, por los problemas de la casa, por los horarios de mi papá, por los pleitos de la familia y por las cosas que mi mamá hacía durante el día. Mi mamá contestaba sin medir el alcance de esas preguntas. La veía como una mujer sola y esa confianza le abrió la puerta. Mi abuela fue la primera que puso un alto. Una vez encontró a Ramona dentro de la casa y esperó a que se fuera para hablar con mi mamá. Le dijo que esa mujer entraba demasiado, preguntaba mucho y miraba cosas que no le correspondían.

2:07 Mi mamá se defendió. Dijo que Ramona no le había hecho daño y que tratarla mal sería injusto. Mi abuela no cambió de opinión. Le recordó que saludar a una vecina era una cosa, pero dejarla entrar a la cocina, a los cuartos y a los asuntos de la familia era otra. Mi mamá se molestó, cortó la conversación y siguió recibiéndola. Con el tiempo, mi mamá empezó a contarle más de su vida. Le habló de sus dolores, de su cansancio, de las preocupaciones por el dinero y de problemas con algunos familiares. Ramona escuchaba, hacía preguntas y volvía otro día con algo en la mano. A mí me incomodaba verla tan instalada, pero en ese momento no entendía bien por qué. Mi papá casi nunca estaba cuando ella iba.

2:55 Y cuando alguien le decía algo a mi mamá, ella respondía que Ramona solo necesitaba compañía. Una tarde, Ramona llevó una botella con té. Dijo que era bueno para el estómago y para dormir mejor. Mi mamá llevaba días con molestias y aceptó tomarlo. Yo la vi beber de ese vaso. El líquido tenía un olor fuerte. Y mi mamá hizo un gesto de rechazo al probarlo. Ramona le explicó que las hierbas buenas a veces sabían fuerte. Y mi mamá siguió tomando hasta terminar casi todo. Nadie en la casa pensó en preguntar exactamente qué tenía. Ese fue uno de los errores que después nos pesaron. Esa noche mi mamá empezó con náuseas, dolor en el estómago y cansancio. Al principio creímos que algo le había caído mal. Al otro día amaneció débil, todavía caminaba, pero se le notaba el esfuerzo.

3:53 Ramona volvió con comida y le insistió en que comiera un poco para recuperar fuerzas. Mi mamá aceptó porque confiaba en ella y porque ya estaba acostumbrada a recibir lo que Ramona llevaba. Después de esa comida, la enfermedad avanzó con más fuerza. Mi mamá dejó de comer casi por completo, vomitaba lo poco que tomaba, se mareaba al sentarse y se cansaba con cualquier movimiento. Mi papá la llevó al centro de salud Le revisaron la presión, le pusieron suero y le dieron medicinas. El médico habló de deshidratación y de una infección, y nosotros seguimos las indicaciones. El problema fue que mi mamá seguía peor. La medicina ayudaba por momentos, luego regresaban el vómito, la debilidad y el dolor. En la casa empezamos a vivir pendientes de su respiración, de su cara y de cada palabra que decía. Mi abuela repetía que Ramona le había hecho algo. Mi papá rechazaba esa idea porque quería una explicación normal, algo que pudiera resolverse con doctores y medicina. Aún así, su forma de actuar cambió. Cuando Ramona llegó a preguntar por mi mamá, él salió a la puerta y no la dejó entrar.

5:09 Ramona dijo que quería verla y llevarle otro remedio. Mi papá le contestó que ya teníamos medicina y que mi mamá necesitaba descanso. Cerró la puerta sin discutir más. Mi mamá escuchó la voz de Ramona desde el cuarto y se alteró. Me pidió que cerrara bien la puerta y que no la dejara pasar. Esa reacción nos golpeó porque mi mamá antes la defendía. Cuando mi papá entró, ella le pidió lo mismo. Dijo que después del té y la comida se había sentido peor y que no quería volver a verla dentro de la casa. Mi papá se quedó junto a la cama, le tomó la mano y ya no discutió. En los días siguientes, mi mamá perdió fuerza hasta depender de nosotros para levantarse. Tenía la boca seca, los ojos hundidos y hablaba poco. La llevamos otra vez al médico, recibió atención y regresó con más indicaciones, pero la mejoría duró muy poco. Mi abuela habló entonces de Aurelio, un chamán de un pueblo cercano, al que buscaban cuando una enfermedad venía acompañada de sospechas de brujería. Mi papá se resistió, pero mi abuela le dijo que no le pedía creer. Le pedía actuar antes de que mi mamá muriera en la cama. Fuimos con mi hermano a buscar a Aurelio. Le contamos las visitas de Ramona, el té, la comida, el miedo de mi mamá y la manera en que su cuerpo se fue apagando. Aurelio escuchó sin interrumpir y pidió verla y también pidió ruda, ajo, sal, huevos,

6:43 ropa usada de mi mamá y dos gallinas. Nos ordenó cerrar la casa a Ramona y no aceptar nada suyo. Cuando regresamos, Aurelio entró al cuarto y revisó a mi mamá. Después miró la botella del té que seguía en la cocina, pidió un trapo para tocarla y ordenó apartarla. Mi mamá apenas hablaba, pero abrió los ojos cuando él mencionó el nombre de Ramona. Aurelio nos dijo que, si queríamos seguir, debíamos hacer todo como él indicara. Mi papá aceptó. Yo recuerdo ese momento porque ahí terminó la duda en la casa, ya no estábamos hablando de rumores, estábamos viendo a mi mamá en una cama, débil, asustada, y todos entendimos que esperar más podía costarle la vida. Recuerdo que mi papá aceptó las instrucciones de Aurelio sin discutir más, porque ya había visto a mi mamá empeorar durante días. El chamán pidió sacar de la casa todo lo que Ramona había llevado y mi papá obedeció. Se tiró la comida que quedaba, se apartó la botella del té y se quemó ese plato.

7:52 Mi abuela preparó agua con ruda, ajo y sal, tal como Aurelio indicó. Y también hizo un caldo simple para dárselo a mi mamá en pocas cantidades. A mi mamá no se le podía dar mucho de una vez porque el estómago lo rechazaba. Mi abuela le acercaba la cuchara a la boca, esperaba a que pasara el trago, y miraba su cara para ver si lo retenía. Mi mamá estaba despierta, pero hablaba poco. Tenía la voz baja, los labios secos y las manos frías. Yo estaba cerca de la puerta del cuarto, pendiente de lo que pedían, pues sabía que cualquier descuido podía empeorar las cosas. Aurelio dijo que no prometía una curación rápida primero había que cortar el trabajo que según él le habían puesto y después ayudar al cuerpo a sacar lo que tuviera dentro mi papá preguntó si Ramona tenía algo que ver Aurelio no la acusó con gritos ni con teatro solo señaló la botella la comida y la forma en que mi mamá había caído dijo que esas cosas juntas no le gustaban Mi abuela escuchó en silencio. Mi papá bajó la mirada y siguió haciendo lo que le mandaban. El trabajo empezó dentro del cuarto. Aurelio pasó huevos por el cuerpo de mi mamá mientras rezaba en voz baja. Estaban sus manos moviéndose, mi mamá acostada y nosotros alrededor. Mi abuela le limpiaba

9:24 la frente cada vez que ella lloraba. Mi mamá apretaba los dedos contra la sábana. Respiraba con dificultad y obedecía cuando Aurelio le pedía abrir los ojos o tomar otro poco de agua. Después, Aurelio pidió que se cerrara la puerta de la casa y que nadie saliera a hablar con vecinos. También pidió que no respondiéramos si Ramona aparecía. Esa orden pesó en todos porque vivíamos con duda, pero nadie quiso arriesgarse. Mi papá revisó la entrada, mi hermano cerró por atrás y mi abuela se quedó junto a mi mamá. Yo recuerdo ese silencio, porque todos estábamos atentos a cualquier ruido de afuera. Luego Aurelio siguió en el patio, usó las gallinas y rezó con palabras que yo no conocía.

10:14 En una parte mencionó al diablo y mi papá se tensó, pero no se fue. Nadie quería oír eso en nuestra casa, menos con mi mamá enferma. Pero nadie interrumpió. Aurelio terminó el trabajo, volvió al cuarto y nos dijo que esa noche iba a ser difícil. Lo dijo para que no soltáramos a mi mamá ni la dejáramos sola. La noche fue pesada. Mi mamá empezó a vomitar varias veces. Mi abuela la sostenía. Mi hermano sacaba la cubeta y yo llevaba agua limpia y trapos. Mi mamá decía que le ardía la garganta y que le dolía el pecho de tanto esfuerzo. Aurelio mandó seguir con cucharadas pequeñas de la bebida preparada y le pidió a mi papá que vigilara su respiración. Mi papá preguntó si debía llevarla otra vez al médico. Aurelio le contestó que si dejaba de responder, respiraba mal o perdía el conocimiento, la sacara de inmediato.

11:15 Desde ese momento estuvimos atentos a su voz, a su pecho y a sus manos. Más tarde, mi mamá pidió agua por su cuenta. Eso nos dio fuerza porque llevaba días sin pedir nada. Reconoció a mi papá, luego a mi abuela y luego a nosotros. Oyó un ruido afuera y preguntó si era Ramona. Mi papá revisó la puerta y volvió a sentarse junto a ella y le dijo que nadie iba a entrar. Mi mamá le pidió que no aceptara comida de esa mujer, ni remedios, ni botellas, ni visitas. Mi papá le respondió que ya no lo haría sin levantar la voz. Al día siguiente mi mamá seguía débil, pero contestaba mejor. Aurelio revisó lo que había dejado bajo la cama y dijo que el trabajo seguía saliendo.

12:05 Nos dejó indicaciones para tres días. Comida ligera, agua hervida con sal, baños con hierbas y la casa cerrada a visitas. También pidió quemar la ropa que mi mamá llevaba puesta. cuando tomó el té y cuando comió lo que Ramona le llevó. Mi papá cumplió todo y ya no preguntó si era necesario. La recuperación de mi mamá fue lenta. Primero pudo sentarse con ayuda. Después caminó unos pasos dentro del cuarto. Luego pidió arroz y caldo. Cada avance era pequeño, pero se podía ver. Mi papá volvió al centro de salud para revisar su presión y seguir con la medicina.

12:46 En la casa también seguimos las indicaciones de Aurelio. Nadie quiso escoger una sola explicación, pues la prioridad era que mi mamá respirara bien, comiera algo y pudiera levantarse. Ramona dejó de ir a la casa. Algunos vecinos dijeron que estaba enferma o encerrada. Mi abuela sostenía que Ramona había hecho daño y que ahora cargaba con lo suyo. Yo no tenía pruebas para hablar con seguridad. pero sí tenía memoria de los hechos. Ramona se acercó a mi mamá, entró en confianza, le dio té y comida. Mi mamá cayó grave, y después de sacar esas cosas de la casa y seguir el trabajo de Aurelio, empezó a mejorar.

13:30 Días después, un hombre fue a buscar a Aurelio para pedirle ayuda por Ramona. Dijo que ella estaba muy mal. Aurelio no quiso ir. Mi papá le preguntó por qué, y él respondió que ya había cerrado el trabajo en nuestra casa y que abrirlo otra vez podía traer daño de regreso y que no iba a poner a otra familia en riesgo. Ramona murió poco después, la encontraron sola en su casa. La gente habló mucho, pero nadie presentó una prueba limpia. Unos dijeron que fue enfermedad, otros dijeron que fue consecuencia de lo que había hecho. En mi familia nadie celebró. Mi mamá seguía viva, pero quedó flaca, débil y desconfiada. Durante meses no aceptó comida de personas ajenas.

14:17 La muerte de Ramona no cerró el daño. Mi papá cargó con culpa por haber permitido tantas visitas. Mi abuela cuidó a mi mamá sin repetir que tenía razón. Mis hermanos y yo aprendimos a mirar con cuidado a quien entraba a la casa. Aurelio volvió una última vez, revisó a mi mamá, dijo que la casa debía mantenerse tranquila y se fue sin prometer nada. Con el tiempo mi mamá recuperó fuerza, pero no volvió a ser la misma. Mi papá empezó a salir primero cuando alguien tocaba la puerta. Mi mamá dejó de quedarse sola con visitas y todos recordamos el mismo orden de los hechos. Ramona entró como amiga, mi mamá aceptó lo que ella le dio y casi se murió. Aurelio hizo su trabajo, mi mamá resistió y Ramona terminó muerta. Eso fue lo que pasó en nuestra casa y aunque mi mamá sobrevivió, nadie volvió a sentir paz completa después de aquello. Por eso, siempre tienes que tener cuidado a quien dejas entrar a tu casa porque un día de estos pueden hacerte brujería.