Mi Familia Fue Víctima De La Brujería De Una Vecina - Historias De Terror - REDE
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0:05 Recuerdo que la vecina empezó a acercarse a mi familia poco después de que nos mudamos. VivÃa cerca y al principio la tratamos con respeto. Saludaba a mi madre, preguntaba por nosotros y se ofrecÃa a ayudar. Mi madre le respondÃa por educación, pero sus preguntas se volvieron personales. QuerÃa saber quién entraba, quién salÃa, cuándo regresaba mi padre y por qué alguno de nosotros no estaba en casa. Si llegaba una visita, preguntaba quién era. También comentaba asuntos que habÃamos hablado dentro de la casa. Mi madre comenzó a sentirse incómoda, aunque prefirió guardar distancia. Después empezó a llevarnos comida.
0:49 Llegaba con platos, recipientes o bolsas y decÃa que habÃa preparado de más. Mi madre aceptaba algunas cosas y le daba las gracias. Yo no querÃa comerlas. La vecina preguntaba si nos habÃan gustado. quién habÃa probado y cuánto habÃa quedado. Esa insistencia me causaba desconfianza. Cuando mi madre me servÃa una porción, esperaba estar solo y la tiraba en el bote del patio. Lo hice varias veces hasta que un dÃa revisé uno de los alimentos que habÃa desechado. Llevaba poco tiempo fuera y ya tenÃa gusanos. Miré los otros restos del bote y ninguno estaba igual, asà que llamé a mi madre. Ella se sorprendió, pero no quiso sacar conclusiones.
1:34 Dijo que la comida podÃa haberse echado a perder o contaminarse después de que la tiré. La envolvió en otra bolsa y me pidió que no acusara a la vecina porque no tenÃamos pruebas. Yo acepté, aunque decidà prestar más atención. Cuando la vecina volvió a llevar un guiso, guardé una pequeña parte en un recipiente limpio y la dejé tapada. Poco después, el olor cambió y aparecieron gusanos. Mi madre lo vio conmigo y decidió que nadie volverÃa a comer lo que esa mujer llevara. Mi padre creyó que estábamos exagerando. Explicó que un alimento podÃa descomponerse por distintas causas y que no debÃamos culpar a una persona. Aún asÃ, aceptó que era mejor rechazar la comida. Desde entonces, mi madre decÃa que ya habÃamos cocinado o que no necesitábamos nada.
2:27 La vecina no aceptó el cambio con calma. Preguntaba por qué antes recibÃamos sus platos y ahora los rechazábamos.¿ Qué estábamos comiendo y quién habÃa tomado esa decisión? Después comenzó a llevar porciones solo para mi padre. DecÃa que él trabajaba y necesitaba comer mejor. Mi madre le respondÃa que no hacÃa falta, pero la vecina pedÃa hablar con él. Buscaba encontrarlo solo. Le preguntaba si estaba contento con su matrimonio y criticaba la forma en que mi madre lo atendÃa. Mi padre nos contó que una vez le entregó su número y le pidió que la llamara sin decir nada en casa, pero rompió el papel y decidió ignorarla. Todo cambió cuando mi hermano encontró una bolsa con pan colgada en la reja. Nadie vio quién la dejó. Tomó una pieza y se la comió antes de entrar. porque no sabÃa que mi madre habÃa prohibido aceptar alimentos de origen desconocido.
3:29 Poco después sintió dolor en el estómago, vomitó varias veces y perdió fuerza. Mi padre lo llevó a urgencias y el médico dijo que tenÃa una intoxicación alimentaria y signos de deshidratación. Le dieron tratamiento y preguntaron qué habÃa comido. Mi hermano mencionó el pan, aunque también habÃa consumido otros alimentos durante el dÃa. Mi madre guardó las piezas restantes por si alguien necesitaba revisarlas, pero nunca fueron analizadas. Mi hermano regresó a casa débil y sin apetito. Cuando llegamos, la vecina estaba cerca de la reja. Dijo que habÃa visto salir el automóvil y preguntó si estaba enfermo. Mi padre respondió que ya se encontraba mejor y trató de terminar la conversación, pero ella preguntó si le habÃa gustado el pan. Con esa pregunta supimos que la bolsa era suya.
4:25 Mi padre le pidió que confirmara si ella la habÃa dejado. La vecina respondió que habÃa llevado un detalle para los niños y que el pan estaba en buen estado. Mi madre le explicó que mi hermano habÃa terminado en urgencias después de comer una pieza. Ella contestó que la causa podÃa ser otro alimento. Mi padre no la acusó de provocar la intoxicación. porque no tenÃamos un análisis ni una prueba directa. Sin embargo, le ordenó que no volviera a dejar comida, regalos u objetos en nuestra casa. También le pidió que se mantuviera lejos de nosotros. La vecina se molestó y dijo que habÃamos entendido mal sus atenciones y se marchó. Después revisamos la reja, las ventanas y el patio.
5:14 Mi madre pensaba que la mujer ocultaba algo. Mi padre no hablaba de brujerÃa. pero aceptó que su conducta habÃa cruzado un lÃmite. La insistencia con la comida, las preguntas sobre la familia y el interés por él, ya no podÃan tratarse como simples molestias. Mi madre llamó a una de mis tÃas y le contó lo ocurrido. Mi tÃa conocÃa a Teresa, una mujer que hacÃa limpias y atendÃa a personas que buscaban ayuda por problemas de brujerÃa. Mi padre no querÃa participar, pero permitió que fuera a la casa con una condición. Nadie debÃa provocar a la vecina, ni poner en riesgo a la familia. Antes de que Teresa llegara, encontramos tierra removida junto a una pared del patio.
6:01 Al revisar el lugar, apareció un frasco enterrado. Mi madre no lo abrió. Desde afuera vimos cabellos, un trozo de tela y una parte de una fotografÃa de mi padre. La imagen pertenecÃa a una foto familiar, que habÃa desaparecido de la cocina. También reconocimos la tela. Era parte de una camisa de mi padre que se habÃa perdido del tendedero. Ãl se puso guantes, tomó fotografÃas del frasco y lo dejó dentro de una caja. Nadie habÃa visto entrar a otra persona, ni podÃa asegurar cuándo lo habÃan enterrado. Pero el patio tenÃa un acceso lateral que no estaba bien asegurado.
6:41 Mi madre recordó que la vecina habÃa entrado a la cocina semanas antes y se habÃa quedado sola durante unos minutos. Durante esa visita pudo tomar la fotografÃa, pero no demostraba que ella lo hubiera hecho. Mi padre insistió en separar las sospechas de los hechos, aunque el hallazgo también lo inquietó. Cuando Teresa llegó, nos pidió que contáramos lo sucedido por separado. Escuchó lo relacionado con la comida, la enfermedad de mi hermano. las preguntas sobre mi padre y el frasco. Después revisó el objeto sin abrirlo. Dijo que según su experiencia, alguien habÃa reunido cosas personales de mi padre para influir en él y causar conflictos en la familia. Mi padre respondió que esa explicación no identificaba a la persona responsable, ni probaba que el frasco pudiera causar daño. Teresa aceptó que no podÃa demostrarlo. Aclaró que podÃa retirar el objeto y hacer una limpia, mientras nosotros debÃamos reforzar la casa, conservar las fotografÃas y acudir a la policÃa si encontrábamos algo más.
7:50 Mi madre decidió que Teresa continuara. Para ella, la fotografÃa y la tela confirmaban que alguien habÃa tomado objetos de la familia sin permiso. Yo no sabÃa si el frasco tenÃa algún efecto. pero comprendà que una persona habÃa entrado al patio o habÃa encontrado otra manera de dejarlo ahÃ. Mi padre cerró la caja y fue por las herramientas para asegurar el acceso lateral. Mientras mi padre aseguraba el acceso lateral, Teresa preparó la limpia, retiró el frasco, revisó las entradas y recorrió la casa. No nos pidió beber nada. Al terminar, envolvió el frasco y dijo que lo desecharÃa lejos.
8:32 Antes de irse, nos recomendó no aceptar comida, regalos ni recipientes de origen desconocido. Mi padre tomó medidas, cambió el candado, instaló una cámara frente a la reja y reforzó la parte abierta del patio. Guardó las fotografÃas del frasco, anotó las fechas de los incidentes y decidió presentar una denuncia si aparecÃa otro objeto. La vecina vio la cámara poco después. Se acercó a la reja y preguntó por qué la habÃamos colocado. Mi madre respondió que alguien habÃa entrado al patio y enterrado un frasco con cosas de la familia. La mujer quiso saber qué contenÃa y quién lo habÃa retirado, pero mi madre no le dio detalles. Entonces pidió hablar con mi padre. Mi padre salió, se quedó detrás de la reja y le dijo que no volviera a dejar comida, que no buscara a los niños y que no intentara entrar.
9:27 La vecina respondió que mi madre inventaba problemas. Luego dijo que apreciaba a mi padre y se preocupaba por él. Mi padre le recordó que ella le habÃa dado su número en secreto, hacÃa comentarios sobre su matrimonio e insistÃa en entregarle cosas después de cada rechazo. También le dijo que no tenÃa interés en verla a solas. Le advirtió que la cámara permanecerÃa encendida y cualquier acercamiento quedarÃa registrado. La mujer cambió el tono. Dijo que él se arrepentirÃa de tratarla de esa manera y que no debÃa buscarla para pedir ayuda. No explicó a qué se referÃa. Se alejó de la reja y volvió a su casa. Mi padre guardó la grabación porque podÃa servir si el problema continuaba.
10:17 En los dÃas siguientes, la cámara la registró pasando frente a nuestra casa. Algunas veces miraba la entrada y reducÃa el paso, pero no tocó la reja. Mi padre dijo que caminar por la calle no demostraba nada y nos pidió mantener distancia. Una mañana encontré un paquete dentro del patio, cerca del muro lateral. No lo toqué, llamé a mi padre y él revisó la grabación. En el video aparecÃa una persona acercándose al muro y arrojando algo, pero la imagen no mostraba el rostro. Mi padre llamó a la policÃa. Los agentes abrieron el paquete y encontraron tierra, restos de comida y otra parte de la fotografÃa familiar. La cara de mi madre tenÃa varias perforaciones hechas con un alfiler.
11:05 Tomaron fotografÃas, guardaron el contenido y revisaron el video, aunque tampoco identificaron a la persona. Uno de ellos explicó que podÃan registrar el incidente, pero no señalar a la vecina sin una imagen clara, una huella o un testigo. Mi padre entregó las fotografÃas del frasco y contó lo ocurrido con la comida, el pan y la enfermedad de mi hermano. Aclaró que los panes nunca fueron analizados y que nadie habÃa visto entrar a la vecina. Después presentó la denuncia formal. La policÃa habló con la vecina y ella negó haber enterrado el frasco o arrojado el paquete. Reconoció que nos habÃa llevado comida, pero aseguró que siempre estaba en buenas condiciones.
11:52 También negó tener interés en mi padre y dijo que habÃamos confundido su amabilidad. La denuncia quedó registrada, pero no hubo una detención. Faltaban pruebas para atribuirle los objetos y la grabación no mostraba quién habÃa lanzado el paquete. Mi padre aceptó esa respuesta, aunque mantuvo las cámaras y guardó copias de todo. Desde ese momento evitó hablar con la vecina. Incluso cuando coincidÃan en la calle, ella dejó de llevar comida y no volvió a tocar nuestra puerta. Algunas veces la veÃamos salir de su casa, pero ya no se detenÃa frente a la nuestra. Mi madre seguÃa revisando el patio y mi padre comprobaba las grabaciones al final del dÃa.
12:36 Yo miraba la reja antes de salir. Mi hermano se recuperó, aunque cambió su forma de comer. Preguntaba quién habÃa preparado cada alimento y rechazaba cualquier bolsa que apareciera afuera. En la casa empezamos a cerrar bien los recipientes, a revisar lo que recibÃamos y a tirar cualquier cosa que no pudiéramos identificar. Mi padre nunca aceptó que el frasco tuviera poder. Para él, lo grave era que alguien habÃa tomado una fotografÃa, habÃa conseguido un trozo de su camisa y habÃa dejado esos objetos dentro de nuestra propiedad. Mi madre sà creÃa que todo formaba parte de un trabajo para separarlos y acercar a la vecina a él Esa diferencia no provocó una pelea. Los dos estaban de acuerdo en mantenerla lejos y proteger la casa. Mi madre atribuÃa el cambio a la limpia, mientras mi padre lo relacionaba con la cámara, la advertencia y la denuncia. Yo no tenÃa forma de saber cuál medida habÃa influido más. Teresa regresó una vez, acompañada por mi tÃa. Revisó las entradas y dijo que harÃa otra limpia. y un ritual para alejar a la vecina con poco daño. Recomendó conservar las cámaras y no responder a provocaciones. Después de esa visita, no volvió a la casa y nosotros tampoco la buscamos. Pasaron varias semanas sin nuevos incidentes. Un dÃa notamos que la casa de la vecina estaba cerrada y que ya no habÃa movimiento.
14:09 Al principio pensamos que se habÃa ausentado, pero después llegó un hombre. Sacó varias cajas y se llevó algunas pertenencias. Ninguno de nosotros lo conocÃa. Mi madre preguntó a dos vecinos. Uno dijo que la mujer se habÃa ido con un familiar y el otro habÃa escuchado que salió de la ciudad. No encontramos a nadie que supiera en dónde estaba. Tampoco supimos si dejó la casa de forma permanente o si pensaba regresar. Mi padre avisó a la policÃa que ya no la veÃamos. Le dijeron que la denuncia seguirÃa registrada, pero que no podÃan buscarla porque no se habÃa demostrado un delito que permitiera hacerlo. Las fotografÃas y el paquete quedaron dentro del expediente y nunca recibimos una llamada con nueva información. La casa permaneció cerrada y no volvimos a encontrar comida ni objetos en el patio. Tampoco llegaron mensajes o llamadas. Las cámaras siguieron encendidas. Los candados se quedaron en su lugar y durante mucho tiempo revisamos cada ruido que venÃa de la entrada. Yo seguà pensando en los alimentos que ella nos llevaba. HabÃa visto gusanos en dos porciones y mi hermano enfermó después de comer uno de los panes, pero nunca tuvimos un análisis. No podÃa afirmar qué causó la intoxicación ni en qué momento se habÃa contaminado la comida. Tampoco vi a la vecina enterrar el frasco o lanzar el paquete. Lo que recuerdo es que
15:43 conocÃa nuestra rutina. HabÃa entrado a la cocina, buscaba a mi padre y supo que mi hermano habÃa comido el pan. Esos hechos explicaban nuestras sospechas, pero no bastaron para probar su responsabilidad. Nunca volvimos a verla. Nadie nos dijo a dónde se fue ni por qué salió de la casa. Mi madre continuó llamando brujerÃa a lo ocurrido. Mi padre lo consideró acoso y entrada a propiedad ajena. Yo me quedé con los hechos que presencié y con una denuncia que nunca tuvo respuesta.
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