June 12, 2026

Mi Familia Fue Víctima De La Brujería De Una Vecina - Historias De Terror - REDE

Mi Familia Fue Víctima De La Brujería De Una Vecina - Historias De Terror - REDE
Mi Familia Fue Víctima De La Brujería De Una Vecina - Historias De Terror - REDE
REDE (Relatos Desclasificados)
Mi Familia Fue Víctima De La Brujería De Una Vecina - Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

0:05 Recuerdo que la vecina empezó a acercarse a mi familia poco después de que nos mudamos. Vivía cerca y al principio la tratamos con respeto. Saludaba a mi madre, preguntaba por nosotros y se ofrecía a ayudar. Mi madre le respondía por educación, pero sus preguntas se volvieron personales. Quería saber quién entraba, quién salía, cuándo regresaba mi padre y por qué alguno de nosotros no estaba en casa. Si llegaba una visita, preguntaba quién era. También comentaba asuntos que habíamos hablado dentro de la casa. Mi madre comenzó a sentirse incómoda, aunque prefirió guardar distancia. Después empezó a llevarnos comida.

0:49 Llegaba con platos, recipientes o bolsas y decía que había preparado de más. Mi madre aceptaba algunas cosas y le daba las gracias. Yo no quería comerlas. La vecina preguntaba si nos habían gustado. quién había probado y cuánto había quedado. Esa insistencia me causaba desconfianza. Cuando mi madre me servía una porción, esperaba estar solo y la tiraba en el bote del patio. Lo hice varias veces hasta que un día revisé uno de los alimentos que había desechado. Llevaba poco tiempo fuera y ya tenía gusanos. Miré los otros restos del bote y ninguno estaba igual, así que llamé a mi madre. Ella se sorprendió, pero no quiso sacar conclusiones.

1:34 Dijo que la comida podía haberse echado a perder o contaminarse después de que la tiré. La envolvió en otra bolsa y me pidió que no acusara a la vecina porque no teníamos pruebas. Yo acepté, aunque decidí prestar más atención. Cuando la vecina volvió a llevar un guiso, guardé una pequeña parte en un recipiente limpio y la dejé tapada. Poco después, el olor cambió y aparecieron gusanos. Mi madre lo vio conmigo y decidió que nadie volvería a comer lo que esa mujer llevara. Mi padre creyó que estábamos exagerando. Explicó que un alimento podía descomponerse por distintas causas y que no debíamos culpar a una persona. Aún así, aceptó que era mejor rechazar la comida. Desde entonces, mi madre decía que ya habíamos cocinado o que no necesitábamos nada.

2:27 La vecina no aceptó el cambio con calma. Preguntaba por qué antes recibíamos sus platos y ahora los rechazábamos.¿ Qué estábamos comiendo y quién había tomado esa decisión? Después comenzó a llevar porciones solo para mi padre. Decía que él trabajaba y necesitaba comer mejor. Mi madre le respondía que no hacía falta, pero la vecina pedía hablar con él. Buscaba encontrarlo solo. Le preguntaba si estaba contento con su matrimonio y criticaba la forma en que mi madre lo atendía. Mi padre nos contó que una vez le entregó su número y le pidió que la llamara sin decir nada en casa, pero rompió el papel y decidió ignorarla. Todo cambió cuando mi hermano encontró una bolsa con pan colgada en la reja. Nadie vio quién la dejó. Tomó una pieza y se la comió antes de entrar. porque no sabía que mi madre había prohibido aceptar alimentos de origen desconocido.

3:29 Poco después sintió dolor en el estómago, vomitó varias veces y perdió fuerza. Mi padre lo llevó a urgencias y el médico dijo que tenía una intoxicación alimentaria y signos de deshidratación. Le dieron tratamiento y preguntaron qué había comido. Mi hermano mencionó el pan, aunque también había consumido otros alimentos durante el día. Mi madre guardó las piezas restantes por si alguien necesitaba revisarlas, pero nunca fueron analizadas. Mi hermano regresó a casa débil y sin apetito. Cuando llegamos, la vecina estaba cerca de la reja. Dijo que había visto salir el automóvil y preguntó si estaba enfermo. Mi padre respondió que ya se encontraba mejor y trató de terminar la conversación, pero ella preguntó si le había gustado el pan. Con esa pregunta supimos que la bolsa era suya.

4:25 Mi padre le pidió que confirmara si ella la había dejado. La vecina respondió que había llevado un detalle para los niños y que el pan estaba en buen estado. Mi madre le explicó que mi hermano había terminado en urgencias después de comer una pieza. Ella contestó que la causa podía ser otro alimento. Mi padre no la acusó de provocar la intoxicación. porque no teníamos un análisis ni una prueba directa. Sin embargo, le ordenó que no volviera a dejar comida, regalos u objetos en nuestra casa. También le pidió que se mantuviera lejos de nosotros. La vecina se molestó y dijo que habíamos entendido mal sus atenciones y se marchó. Después revisamos la reja, las ventanas y el patio.

5:14 Mi madre pensaba que la mujer ocultaba algo. Mi padre no hablaba de brujería. pero aceptó que su conducta había cruzado un límite. La insistencia con la comida, las preguntas sobre la familia y el interés por él, ya no podían tratarse como simples molestias. Mi madre llamó a una de mis tías y le contó lo ocurrido. Mi tía conocía a Teresa, una mujer que hacía limpias y atendía a personas que buscaban ayuda por problemas de brujería. Mi padre no quería participar, pero permitió que fuera a la casa con una condición. Nadie debía provocar a la vecina, ni poner en riesgo a la familia. Antes de que Teresa llegara, encontramos tierra removida junto a una pared del patio.

6:01 Al revisar el lugar, apareció un frasco enterrado. Mi madre no lo abrió. Desde afuera vimos cabellos, un trozo de tela y una parte de una fotografía de mi padre. La imagen pertenecía a una foto familiar, que había desaparecido de la cocina. También reconocimos la tela. Era parte de una camisa de mi padre que se había perdido del tendedero. Él se puso guantes, tomó fotografías del frasco y lo dejó dentro de una caja. Nadie había visto entrar a otra persona, ni podía asegurar cuándo lo habían enterrado. Pero el patio tenía un acceso lateral que no estaba bien asegurado.

6:41 Mi madre recordó que la vecina había entrado a la cocina semanas antes y se había quedado sola durante unos minutos. Durante esa visita pudo tomar la fotografía, pero no demostraba que ella lo hubiera hecho. Mi padre insistió en separar las sospechas de los hechos, aunque el hallazgo también lo inquietó. Cuando Teresa llegó, nos pidió que contáramos lo sucedido por separado. Escuchó lo relacionado con la comida, la enfermedad de mi hermano. las preguntas sobre mi padre y el frasco. Después revisó el objeto sin abrirlo. Dijo que según su experiencia, alguien había reunido cosas personales de mi padre para influir en él y causar conflictos en la familia. Mi padre respondió que esa explicación no identificaba a la persona responsable, ni probaba que el frasco pudiera causar daño. Teresa aceptó que no podía demostrarlo. Aclaró que podía retirar el objeto y hacer una limpia, mientras nosotros debíamos reforzar la casa, conservar las fotografías y acudir a la policía si encontrábamos algo más.

7:50 Mi madre decidió que Teresa continuara. Para ella, la fotografía y la tela confirmaban que alguien había tomado objetos de la familia sin permiso. Yo no sabía si el frasco tenía algún efecto. pero comprendí que una persona había entrado al patio o había encontrado otra manera de dejarlo ahí. Mi padre cerró la caja y fue por las herramientas para asegurar el acceso lateral. Mientras mi padre aseguraba el acceso lateral, Teresa preparó la limpia, retiró el frasco, revisó las entradas y recorrió la casa. No nos pidió beber nada. Al terminar, envolvió el frasco y dijo que lo desecharía lejos.

8:32 Antes de irse, nos recomendó no aceptar comida, regalos ni recipientes de origen desconocido. Mi padre tomó medidas, cambió el candado, instaló una cámara frente a la reja y reforzó la parte abierta del patio. Guardó las fotografías del frasco, anotó las fechas de los incidentes y decidió presentar una denuncia si aparecía otro objeto. La vecina vio la cámara poco después. Se acercó a la reja y preguntó por qué la habíamos colocado. Mi madre respondió que alguien había entrado al patio y enterrado un frasco con cosas de la familia. La mujer quiso saber qué contenía y quién lo había retirado, pero mi madre no le dio detalles. Entonces pidió hablar con mi padre. Mi padre salió, se quedó detrás de la reja y le dijo que no volviera a dejar comida, que no buscara a los niños y que no intentara entrar.

9:27 La vecina respondió que mi madre inventaba problemas. Luego dijo que apreciaba a mi padre y se preocupaba por él. Mi padre le recordó que ella le había dado su número en secreto, hacía comentarios sobre su matrimonio e insistía en entregarle cosas después de cada rechazo. También le dijo que no tenía interés en verla a solas. Le advirtió que la cámara permanecería encendida y cualquier acercamiento quedaría registrado. La mujer cambió el tono. Dijo que él se arrepentiría de tratarla de esa manera y que no debía buscarla para pedir ayuda. No explicó a qué se refería. Se alejó de la reja y volvió a su casa. Mi padre guardó la grabación porque podía servir si el problema continuaba.

10:17 En los días siguientes, la cámara la registró pasando frente a nuestra casa. Algunas veces miraba la entrada y reducía el paso, pero no tocó la reja. Mi padre dijo que caminar por la calle no demostraba nada y nos pidió mantener distancia. Una mañana encontré un paquete dentro del patio, cerca del muro lateral. No lo toqué, llamé a mi padre y él revisó la grabación. En el video aparecía una persona acercándose al muro y arrojando algo, pero la imagen no mostraba el rostro. Mi padre llamó a la policía. Los agentes abrieron el paquete y encontraron tierra, restos de comida y otra parte de la fotografía familiar. La cara de mi madre tenía varias perforaciones hechas con un alfiler.

11:05 Tomaron fotografías, guardaron el contenido y revisaron el video, aunque tampoco identificaron a la persona. Uno de ellos explicó que podían registrar el incidente, pero no señalar a la vecina sin una imagen clara, una huella o un testigo. Mi padre entregó las fotografías del frasco y contó lo ocurrido con la comida, el pan y la enfermedad de mi hermano. Aclaró que los panes nunca fueron analizados y que nadie había visto entrar a la vecina. Después presentó la denuncia formal. La policía habló con la vecina y ella negó haber enterrado el frasco o arrojado el paquete. Reconoció que nos había llevado comida, pero aseguró que siempre estaba en buenas condiciones.

11:52 También negó tener interés en mi padre y dijo que habíamos confundido su amabilidad. La denuncia quedó registrada, pero no hubo una detención. Faltaban pruebas para atribuirle los objetos y la grabación no mostraba quién había lanzado el paquete. Mi padre aceptó esa respuesta, aunque mantuvo las cámaras y guardó copias de todo. Desde ese momento evitó hablar con la vecina. Incluso cuando coincidían en la calle, ella dejó de llevar comida y no volvió a tocar nuestra puerta. Algunas veces la veíamos salir de su casa, pero ya no se detenía frente a la nuestra. Mi madre seguía revisando el patio y mi padre comprobaba las grabaciones al final del día.

12:36 Yo miraba la reja antes de salir. Mi hermano se recuperó, aunque cambió su forma de comer. Preguntaba quién había preparado cada alimento y rechazaba cualquier bolsa que apareciera afuera. En la casa empezamos a cerrar bien los recipientes, a revisar lo que recibíamos y a tirar cualquier cosa que no pudiéramos identificar. Mi padre nunca aceptó que el frasco tuviera poder. Para él, lo grave era que alguien había tomado una fotografía, había conseguido un trozo de su camisa y había dejado esos objetos dentro de nuestra propiedad. Mi madre sí creía que todo formaba parte de un trabajo para separarlos y acercar a la vecina a él Esa diferencia no provocó una pelea. Los dos estaban de acuerdo en mantenerla lejos y proteger la casa. Mi madre atribuía el cambio a la limpia, mientras mi padre lo relacionaba con la cámara, la advertencia y la denuncia. Yo no tenía forma de saber cuál medida había influido más. Teresa regresó una vez, acompañada por mi tía. Revisó las entradas y dijo que haría otra limpia. y un ritual para alejar a la vecina con poco daño. Recomendó conservar las cámaras y no responder a provocaciones. Después de esa visita, no volvió a la casa y nosotros tampoco la buscamos. Pasaron varias semanas sin nuevos incidentes. Un día notamos que la casa de la vecina estaba cerrada y que ya no había movimiento.

14:09 Al principio pensamos que se había ausentado, pero después llegó un hombre. Sacó varias cajas y se llevó algunas pertenencias. Ninguno de nosotros lo conocía. Mi madre preguntó a dos vecinos. Uno dijo que la mujer se había ido con un familiar y el otro había escuchado que salió de la ciudad. No encontramos a nadie que supiera en dónde estaba. Tampoco supimos si dejó la casa de forma permanente o si pensaba regresar. Mi padre avisó a la policía que ya no la veíamos. Le dijeron que la denuncia seguiría registrada, pero que no podían buscarla porque no se había demostrado un delito que permitiera hacerlo. Las fotografías y el paquete quedaron dentro del expediente y nunca recibimos una llamada con nueva información. La casa permaneció cerrada y no volvimos a encontrar comida ni objetos en el patio. Tampoco llegaron mensajes o llamadas. Las cámaras siguieron encendidas. Los candados se quedaron en su lugar y durante mucho tiempo revisamos cada ruido que venía de la entrada. Yo seguí pensando en los alimentos que ella nos llevaba. Había visto gusanos en dos porciones y mi hermano enfermó después de comer uno de los panes, pero nunca tuvimos un análisis. No podía afirmar qué causó la intoxicación ni en qué momento se había contaminado la comida. Tampoco vi a la vecina enterrar el frasco o lanzar el paquete. Lo que recuerdo es que

15:43 conocía nuestra rutina. Había entrado a la cocina, buscaba a mi padre y supo que mi hermano había comido el pan. Esos hechos explicaban nuestras sospechas, pero no bastaron para probar su responsabilidad. Nunca volvimos a verla. Nadie nos dijo a dónde se fue ni por qué salió de la casa. Mi madre continuó llamando brujería a lo ocurrido. Mi padre lo consideró acoso y entrada a propiedad ajena. Yo me quedé con los hechos que presencié y con una denuncia que nunca tuvo respuesta.