Mi Abuela Sabía Que Aquella Mujer Era Una Bruja - Historias De Terror - Rede
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0:05 Lo que pasó en mi familia empezó después de la muerte de mi abuelo. En ese tiempo yo vivÃa con mi madre, mi hermano Octavio, mi tÃa Rosa y mi abuela Patricia. Todos estábamos en la misma casa y conocÃamos desde hacÃa años a Eulalia, una vecina que nunca tuvo confianza con mi abuela. Se saludaban cuando coincidÃan y nada más. Por eso me llamó la atención que pocos dÃas después del entierro, Eulalia comenzara a presentarse seguido con fruta o pan dulce. Mi madre le agradecÃa desde la entrada y le decÃa que no hacÃa falta, pero ella insistÃa, decÃa que habÃa comprado de más o que querÃa compartirlo. Siempre terminaba preguntando por mi abuela y pidiendo pasar para verla un momento, pero mi abuela Patricia nunca aceptó. Mi madre tampoco discutÃa con ella, repetÃa que no necesitábamos nada y cerraba la puerta. Un dÃa le pregunté a mi abuela por qué no querÃa recibirla. Me dijo que su madre le habÃa enseñado a tener cuidado después de una muerte en la familia, sobre todo con personas que insistÃan en entrar o en dejar comida. También me advirtió que nunca aceptara alimentos de alguien que me causara desconfianza. No explicó más y yo no pregunté. Eulalia siguió visitándonos y cuando entendió que no Ãbamos a recibir lo que traÃa, empezó a dejar las bolsas en la entrada. Mi madre esperaba a que se marchara, recogÃa todo sin meterlo en la
1:35 casa y lo tiraba. Nadie comió nada. Y poco después comenzaron las pesadillas. El primero fue Octavio, que despertó alterado y contó que habÃa visto a una mujer mayor junto a su cama. Dos noches después, mi tÃa contó algo parecido. Luego mi madre y después yo. Los sueños cambiaban en algunos detalles, pero todos habÃamos visto a una mujer dentro de la casa. cerca de nosotros mientras dormÃamos. Al principio pensamos en el cansancio de esos dÃas, pero después empezaron los problemas fÃsicos. Durante el dÃa nos sentÃamos bien y de madrugada alguno despertaba con mareo, náuseas o debilidad. Como mi abuela tenÃa un aparato para medir la presión, comenzamos a usarlo y varias veces salió demasiado baja. Primero le pasó a mi madre, después a Octavio, Luego a mi tÃa y una noche me pasó a mÃ. Me levanté para ir al baño, pero sentà que las piernas no me sostenÃan y tuve que sentarme. Durante varios dÃas buscamos una causa normal, revisamos la casa, estuvimos atentos a lo que comÃamos y procuramos descansar mejor, pero los episodios siguieron.
2:48 Eulalia aparecÃa justo en esos dÃas y ya no llegaba solamente a ofrecer comida. También preguntaba por qué mi abuela no querÃa verla. y por qué no la dejábamos pasar. Una tarde insistió tanto que Patricia salió hasta la entrada y le pidió a mi madre que cerrara la puerta. Al rato mi abuela regresó con una caja que habÃa pertenecido a su madre. Dentro guardaba un rosario, una cruz, unas tijeras, un espejo pequeño y una bolsa de tela roja cerrada con hilo. Dejó las tijeras abiertas en forma de cruz cerca de su cama. puso el espejo frente a la puerta principal y dejó la bolsa roja a su alcance. Después nos pidió que esa noche rezáramos con ella la oración de San Ignacio, que su madre le habÃa enseñado para protección. Octavio le preguntó si creÃa que Eulalia estaba detrás de lo que nos pasaba. Mi abuela respondió que no podÃa asegurarlo, pero que ya habÃa vivido algo parecido. Después de la muerte de su padre, una mujer relacionada con la familia de Eulalia, Empezó a llevar comida y a buscar razones para entrar. Su madre usó entonces las mismas protecciones. Durante algunas noches los sÃntomas disminuyeron, dormimos mejor y dejaron de repetirse las pesadillas. Eulalia tampoco apareció.
4:11 Una mañana encontramos otra bolsa con pan frente a la puerta, pero nadie de la familia la habÃa recibido. Mi abuela pidió que la sacáramos de ahà sin meterla en la casa. y al revisar la entrada encontró el espejo en el suelo. Lo volvió a colocar, pero esa noche los problemas regresaron. Mi madre despertó muy débil. Octavio empezó a marearse y mi tÃa se sintió mal mientras intentábamos ayudarlos. Entonces escuchamos un golpe en el cuarto de mi abuela Patricia. Entramos y la encontramos despierta, pálida y respirando rápido. Las tijeras estaban tiradas en el piso. Mi abuela dijo que habÃa sentido que alguien la sujetaba de los pies y tiraba de ella. Revisamos el cuarto, pero no habÃa nadie. Mi tÃa comenzó a rezar en voz baja, y Octavio se quedó junto a mi abuela. Poco después golpearon la puerta principal, pero ninguno se acercó. Los golpes volvieron a escucharse, y luego oÃmos a Eulalia llamando a mi abuela desde afuera.
5:13 RepetÃa su nombre y pedÃa que la dejaran entrar. Mi abuela Patricia nos indicó que nos respondiéramos. Nos quedamos juntos hasta que la voz dejó de escucharse. Y cuando amaneció, abrimos la puerta y Eulalia ya no estaba, pero habÃa dejado fruta junto a la entrada. Mi madre quiso retirarla, pero mi abuela le pidió que esperara. Cerró otra vez y dijo que tenÃamos que buscar a Martina, una mujer que habÃa conocido a su madre y que trabajaba como bruja curandera. Yo nunca habÃa escuchado ese nombre. Mi abuela Patricia explicó que su madre acudÃa con ella para limpias, rezos y problemas que atribuÃa a trabajos hechos por otras personas.
5:56 Fuimos a verla ese mismo dÃa. Mi tÃa y yo acompañamos a mi abuela Patricia, mientras mi madre y Octavio se quedaron en casa porque seguÃan débiles. Mi abuela le contó a Martina las visitas de Eulalia, la comida dejada en la entrada. las pesadillas, las caÃdas de presión y la voz que habÃamos escuchado. Martina preguntó si alguien habÃa comido algo de lo que Eulalia llevaba. Mi abuela Patricia respondió que no. Después quiso saber si habÃa logrado entrar en la casa desde la muerte de mi abuelo, pero mi abuela volvió a decir que no. Entonces Martina preguntó por las cosas que habÃan pertenecido a la madre de mi abuela. Cuando escuchó lo de la bolsa roja, le indicó que no la abriera ni cortara el hilo. Dijo que esa protección se habÃa preparado muchos años atrás y que debÃa conservarse cerrada. También le pidió que mantuviera las tijeras en cruz, el espejo frente a la entrada y que siguiera rezando la oración de San Ignacio. Mi tÃa le preguntó si con eso se acabarÃa lo que estaba pasando.
7:02 Martina no lo aseguró, solo dijo que no dejáramos entrar a Eulalia. y que no aceptáramos nada que viniera de ella. Antes de irnos volvió a insistir en la bolsa roja y le pidió a mi abuela que la mantuviera cerca durante la noche. Regresamos a casa antes de que oscureciera. Mi madre estaba un poco mejor y Octavio ya podÃa caminar sin marearse, aunque los dos seguÃan cansados. Mi abuela llevó la bolsa roja a su cuarto y la dejó junto a su cama. Cenamos poco. Revisamos que todo estuviera cerrado y nos fuimos a descansar. Nadie habló mucho. Mi abuela Patricia dejó las tijeras en cruz, comprobó que el espejo siguiera frente a la entrada y guardó la bolsa roja a su lado antes de acostarse. Esa noche desperté mareado con la debilidad de los dÃas anteriores. Salà del cuarto y encontré a Octavio apoyado contra la pared. Me dijo que también se sentÃa mal. Fuimos con mi madre, le tomamos la presión y otra vez estaba muy baja.
8:05 Mi tÃa Rosa intentó ayudarla, pero tuvo que sentarse porque empezó a sentirse débil. Entonces, notamos que mi abuela no habÃa salido de su habitación. Octavio y yo fuimos a verla. Abrimos la puerta y la encontramos acostada, consciente, aunque respiraba con dificultad. Al pie de la cama estaba Eulalia. La reconocimos en cuanto la vimos. aunque estaba un poco diferente. Se miraba un poco más mayor, tenÃa las uñas más largas y tenÃa una sonrisa burlona. Miraba a mi abuela sin decir nada, pero ninguno la habÃa visto entrar. Octavio trató de apartarla de la cama, pero Eulalia giró y le pasó las uñas por la cara. Mi hermano retrocedió con varias marcas que empezaron a sangrar. Yo intenté sujetarla por un brazo y también me arañó. Sentà el corte en el antebrazo y tuve que soltarla. Mi tÃa llegó detrás de nosotros y comenzó a rezar la oración que mi abuela nos habÃa enseñado. Eulalia volteó hacia ella y le ordenó que se callara, pero mi tÃa Rosa siguió rezando.
9:12 Mi madre llegó después y se sostuvo del marco de la puerta. Mi abuela buscó la bolsa roja que habÃa dejado cerca, pero no alcanzó a tomarla. porque Eulalia avanzó hacia ese lado. Octavio volvió a ponerse en medio, pero ella le arañó el cuello y lo empujó. Mi hermano cayó contra un mueble y la bolsa terminó en el suelo. Yo estaba más cerca, me agaché y la recogÃ. En cuanto la tuve en la mano, Eulalia vino hacia mÃ. Me sujetó de la muñeca e intentó abrirme los dedos. Me clavó las uñas. Mi madre recogió las tijeras del piso y las sostuvo abiertas en forma de cruz, tal como Martina y mi abuela habÃan indicado. Y mi tÃa Rosa siguió rezando. Eulalia soltó mi muñeca y retrocedió. Dejó de reÃrse y miró la bolsa. Mi abuela me pidió que se la entregara. Me acerqué a la cama. se la puse en las manos y mi abuela patricia la apretó contra el pecho mientras rezaba junto con mi tÃa eulalia avanzó un paso se detuvo y volvió a retroceder después salió del cuarto octavio quiso seguirla pero mi abuela le pidió que se quedara asà que esperamos dentro no oÃmos abrir la puerta principal ni mover ninguna ventana cuando salimos eulalia habÃa desaparecido La entrada seguÃa cerrada y nadie de la familia la habÃa abierto. El espejo estaba en el suelo, con una grieta en el centro. Revisamos la
10:43 casa juntos y no encontramos a nadie. Nos quedamos con mi abuela hasta que amaneció. Los mareos disminuyeron durante la mañana y la presión de mi madre fue subiendo. Octavio también se recuperó, aunque tenÃa heridas en la cara y en el cuello. Yo tenÃa arañazos en el brazo y la muñeca. Mi madre limpió las heridas y las cubrió. Mi abuela Patricia quedó muy débil y durante varios dÃas apenas se levantó de la cama y aunque recuperó algo de fuerza, ya no volvió a estar igual. Eulalia dejó de presentarse en la casa y tampoco volvió a dejar comida en la entrada. La vimos algunas veces después, pero nunca mencionó a Patricia ni lo ocurrido aquella noche. Ninguno de nosotros fue a buscarla. Las pesadillas dejaron de repetirse y las caÃdas de presión nocturnas también terminaron. Patricia mantuvo las tijeras cerca de la cama, reemplazó el espejo y dejó la bolsa roja cerrada. Con los meses, mi abuela empezó a contarme lo que sabÃa de esa protección. Me explicó que la bolsa no habÃa sido preparada por lo ocurrido con Eulalia. Ya existÃa desde hacÃa muchos años. Su madre la habÃa recibido después de pasar por un problema parecido.
11:59 con otra mujer de la misma familia, después de una muerte. Esa mujer empezó a visitar la casa, llevaba comida, insistÃa en entrar y dejaba cosas en la puerta. Luego comenzaron las pesadillas y las enfermedades durante la noche. La madre de mi abuela acudió con una curandera, guardó la bolsa, usó las tijeras en cruz, puso un espejo frente a la entrada y empezó a rezar la oración de San Ignacio. Mi abuela nunca dijo que supiera exactamente qué hacÃan aquellas mujeres. Solo repetÃa lo que habÃa recibido de su madre. No aceptar comida de una persona que insistiera demasiado. No dejarla entrar después de una muerte en la familia. Mantener las protecciones y rezar. Para Patricia, eso era una regla de la casa. Después de aquella noche, dejé de discutirle ese punto.
12:50 Vi las heridas de Octavio, sentà las mÃas y estuve presente. cuando eulalia apareció en el cuarto sin que nadie le abriera patricia vivió algunos años más pero su salud fue empeorando y poco antes de morir me entregó la caja que habÃa pertenecido a su madre dentro seguÃan el rosario la cruz las tijeras y la bolsa roja me pidió que conservara todo junto y que no abriera la bolsa también me dijo que después de otra muerte en la familia tuviera cuidado con quien llegara queriendo entrar o dejando comida Me dijo que recordara lo que su madre le habÃa enseñado y que no esperara a que alguien enfermara.
13:32 Después del entierro de mi abuela, pasaron algunos dÃas sin problemas. Eulalia no apareció. Luego llegó una mujer a la que yo conocÃa de vista. Era pariente de ella y llevaba una bolsa con pan dulce. Dijo que venÃa a dar el pésame y preguntó si podÃa pasar a ver a mi madre. Le agradecà y le dije que no. Insistió. y me dijo que solo querÃa estar unos minutos y volvió a preguntar si podÃa entrar. Le respondà que mi madre no recibirÃa visitas, entonces dejó la bolsa frente a la puerta. Antes de marcharse, dijo que mi abuela Patricia habÃa sido igual de desconfiada que su madre. Esperé a que se alejara, saqué el pan de la entrada y fui por la caja. El hilo de la bolsa roja seguÃa intacto. Coloqué las tijeras en cruz y puse un espejo frente a la puerta. Esa noche nadie tuvo pesadillas ni se levantó enfermo, pero la mujer volvió durante las semanas siguientes con fruta o pan. Nunca la dejamos entrar y nada de lo que llevaba pasó de la puerta.
14:36 Si dejaba algo, lo retirábamos después. Mi madre dejó de cuestionarlo, pues ella también habÃa visto a Eulalia dentro del cuarto. Con el tiempo, la mujer dejó de venir, pero nosotros mantuvimos las mismas reglas. Las tijeras quedaron guardadas en la caja, la bolsa roja siguió cerrada y el espejo permaneció frente a la entrada. Nadie volvió a sufrir aquellas caÃdas de presión, ni las pesadillas de los dÃas posteriores a la muerte de mi abuelo. Desde entonces, cuando muere alguien de la familia y aparece una persona insistiendo en entrar o en dejar comida, recuerdo a mi abuela, saco la caja y hago lo que ella me enseñó. No sé qué habÃa dentro de la bolsa roja, pues nunca la he abierto.
15:22 Tampoco sé qué ocurrió exactamente aquella noche con Eulalia. Sé lo que vi, sé dónde estaban las heridas, y sé que la puerta seguÃa cerrada cuando ella desapareció. La caja quedó conmigo, y ahora soy yo quien decide quién entra a la casa.
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