Mi Abuela Murió Y Dejó Algo Atrapado En El Espejo - Historias De Terror - REDE
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0:05 Recuerdo que todo empezó en la casa donde vivÃamos con mi mamá, entre mayo y agosto de 2019. Ahà estábamos mi mamá, mi hermana, mi hermano menor, una tÃa y yo. Mi abuela también vivÃa con nosotros, hasta que murió en el cuarto del fondo. Ese cuarto siempre fue suyo, y mientras ella estuvo viva, nadie entró sin pedirle permiso, ni siquiera mi mamá. Mi abuela era conocida en el barrio por hacer trabajos de brujerÃa, La gente llegaba a buscarla a la casa, a veces en la mañana, a veces cuando ya estaba oscuro. Ella no hablaba de eso frente a nosotros, pero todos sabÃamos que cobraba por limpias, amarres y encargos de brujerÃa. Mi mamá no estaba de acuerdo y varias veces le dijo que cuando faltara iba a tirar todo lo que guardaba. Mi abuela siempre se molestaba, decÃa que sus cosas no se tocaban, que la casa era suya.
1:03 y que nadie tenÃa derecho a decidir por ella. Unos dÃas antes de morir, mi abuela llamó a mi mamá y le pidió que no moviera el espejo de su cuarto. Era el espejo que tenÃa frente a la cama, el mismo que habÃa estado ahà durante años. Mi mamá le respondió que cuando todo pasara, limpiarÃa el cuarto completo. Mi abuela se enojó, levantó la voz y le dijo que nadie saldrÃa limpio de esa casa. También le dijo que todos Ãbamos a pagar. En ese momento lo tomamos por enojo porque ya estaba enferma y casi no dormÃa. Pero después esas palabras volvieron a pesar. Después del entierro entramos al cuarto. Mi mamá querÃa limpiar de una vez porque decÃa que no podÃa seguir viendo las cosas de mi abuela ahà adentro. Mi tÃa llevaba bolsas, mi hermano grababa con el celular y mi hermana se quedó junto a la puerta. Mi mamá fue directo al espejo. Lo tomó del marco y trató de bajarlo, pero no salió. Yo la ayudé. Lo jalé con cuidado. Y cuando el marco se separó de la pared, vimos una bolsa de tela pegada por detrás. La bolsa estaba cosida con hilo rojo.
2:18 Mi tÃa la abrió con unas tijeras. Adentro habÃa fotos recortadas de nosotros. Cada cara tenÃa alfileres en la boca y en la frente. También habÃa un papel doblado, con nuestros nombres escritos varias veces. Reconocimos la letra de mi abuela. Mi mamá leyó una parte y dejó de hacerlo. En el papel decÃa que la casa quedaba cerrada con su sangre y con la sangre de los suyos. También decÃa que cuando ella muriera, todo lo que estuviera dentro ya tenÃa dueño. Mi mamá dejó el papel sobre la cama, se quedó sin color y empezó a temblar de las manos. Mi tÃa se persignó. Mi hermano bajó el celular, respiró hondo y volvió a grabar. Nadie quiso leer lo demás.
3:06 Bajamos la bolsa al patio y la quemamos en una olla vieja. El papel tardó en prender, las fotos se hicieron negras primero por las orillas, luego se doblaron y los alfileres quedaron en el fondo de la olla. El espejo lo dejamos recargado contra la pared. Mi mamá dijo que al dÃa siguiente lo sacarÃamos, pero cuando amaneció nadie quiso tocarlo. La primera noche escuchamos pasos en el pasillo. No eran crujidos de madera ni ruidos del techo. Eran pasos claros, marcados, de una persona caminando dentro de la casa. Mi mamá preguntó quién andaba ahÃ, pero nadie contestó. Salimos casi al mismo tiempo, yo con el celular en la mano y mi hermano detrás de mÃ. Revisamos la sala, la cocina, el baño y el patio, pero todo estaba cerrado.
3:59 Los pasos siguieron hasta el cuarto de mi abuela y se detuvieron en la puerta. Mi mamá abrió. El cuarto estaba vacÃo y el espejo seguÃa recargado donde lo habÃamos dejado. Mi hermana dijo que, mientras nosotros revisábamos, escuchó una risa cerca de su cama. No gritó al principio porque pensó que mi hermano estaba molestándola. pero él estaba con nosotros. La risa fue baja, de mujer, y la escuchó junto a la almohada. Mi hermano quiso decir que tal vez venÃa de la calle, pero se le cortó la voz antes de terminar. Esa noche nos quedamos juntos en la sala y casi nadie durmió. La noche siguiente pasó otra vez.
4:42 Los pasos salieron del cuarto de mi abuela, cruzaron el pasillo y llegaron a la cocina. Después oÃmos tres golpes sobre la mesa. fuimos todos juntos y habÃa una taza rota en el piso esa taza estaba guardada desde la tarde y nadie la habÃa usado mi hermano comenzó a grabar en el video se escucha a mi mamá pidiendo que nadie tocara nada luego se escucha una risa desde el pasillo todos volteamos mi tÃa empezó a rezar y la risa volvió más fuerte luego se oyó una voz desde el cuarto de mi abuela y dijo que ya les pertenecÃamos Se entendió claro. Mi hermana se tapó los oÃdos, mi mamá se quedó quieta, y mi hermano bajó el celular porque le temblaba la mano. Yo caminé hasta el cuarto y prendà la luz. El espejo estaba colgado otra vez en la pared, en el mismo lugar de antes.
5:38 Nadie lo habÃa colgado, y el clavo estaba metido en el mismo agujero, y debajo del marco habÃa polvo fresco. Mi mamá quiso salir de la casa esa misma noche, pero no tenÃamos a dónde ir todos juntos. Cerramos el cuarto, dejamos las luces prendidas y esperamos en la sala hasta que amaneció. Al dÃa siguiente, mi mamá fue a la parroquia y pidió ayuda. El padre llegó antes de que oscureciera, escuchó a mi mamá, vio el espejo y empezó a bendecir la casa. Rezó en la sala, en el pasillo y en el cuarto de mi abuela. Cuando estaba frente al espejo, la puerta se cerró de golpe. El padre la abrió y siguió rezando. Desde la sala escuchamos golpes contra la pared y el padre roció agua bendita en el marco. Rezó un poco más y salió serio. Le dijo a mi mamá que siguiéramos rezando, que sacáramos todo lo que pertenecÃa a mi abuela y que no durmiéramos separados.
6:40 Se fue antes de que oscureciera por completo. Mi mamá intentó llamarlo después, pero ya no respondió. Esa noche las voces dijeron nuestros nombres. Primero el de mi hermano, luego el de mi hermana, después el mÃo y el de mi tÃa. Cuando dijeron el nombre de mi mamá, agregaron que ella habÃa sido entregada primero. Mi mamá se desmayó en la sala. Asà que la llevamos al hospital y el médico dijo que habÃa sido una baja depresión por estrés. Cuando regresamos, el espejo estaba en medio de la sala. En el vidrio habÃa marcas de dedos. Mi hermano limpió por fuera con un trapo, pero las marcas siguieron ahÃ.
7:26 Recuerdo que mi mamá decidió buscar a un brujo cuando el padre dejó de contestar. HabÃa llamado varias veces a la parroquia, primero con pena, después con desesperación, pero nadie volvió a darnos una respuesta clara. Una vecina le habló de un hombre que habÃa tratado con casos parecidos y aunque mi mamá nunca habÃa querido meterse con esas cosas, esa vez aceptó verlo. Ya no buscaba explicaciones, querÃa que alguien entrara a la casa, escuchara lo mismo que nosotros y dijera qué se podÃa hacer. El hombre llegó un sábado por la tarde. No preguntó demasiado al principio, se quedó en la entrada, miró hacia el pasillo y pidió que nadie caminara detrás de él. Mi mamá le contó lo de mi abuela, lo del espejo, las fotos, el papel y las voces. Mi hermano le enseñó el video donde se escuchaba la risa. El hombre lo oyó dos veces, pidió que lo detuvieran justo en la parte de la voz y se quedó viendo la pantalla unos segundos. Después dijo que eso no venÃa de la calle ni de una persona escondida en la casa. Pidió entrar al cuarto de mi abuela. Mi mamá quiso acompañarlo, pero él le pidió que esperara en la sala. Entró solo, dejó la puerta abierta y caminó hasta el espejo. Lo tocó con los dedos, retiró la mano y bajó la mirada al piso.
8:52 Luego salió y nos dijo que el problema no estaba sobre una persona. Estaba puesto en la casa. Mi mamá le preguntó si mi abuela nos habÃa dejado brujerÃa. Respondió que sÃ, pero no lo dijo con sorpresa. Para él era claro desde que habÃa cruzado la puerta. Nos explicó lo necesario sin adornarlo. Dijo que el espejo era la pieza principal, que las fotos y los nombres servÃan para amarrarnos al lugar y que el papel no debÃa haberse quemado sin saber antes qué contenÃa completo. Mi mamá se molestó al escuchar eso, porque quemarlo habÃa sido lo único que se nos ocurrió en ese momento. El hombre no la regañó, solo dijo que al quemarlo habÃamos roto una parte, pero también habÃamos despertado lo que estaba sujeto a ese trabajo.
9:44 Mi tÃa preguntó si podÃa quitarlo. Ãl respondió que podÃa detenerlo por un tiempo, pero no prometÃa cortarlo. También nos pidió no contestar si escuchábamos voces. aunque usara nuestros nombres o la voz de alguien conocido. Dijo que si la voz hablaba, nadie debÃa responder, nadie debÃa preguntar nada y nadie debÃa entrar solo al cuarto. Mi mamá asintió, pero tenÃa la cara dura con esa forma que le quedaba cuando estaba tratando de no llorar. El trabajo empezó esa misma tarde. Puso sal en la entrada, en el pasillo y frente al cuarto de mi abuela. encendió veladoras rezó en voz baja y cubrió el espejo con una sábana blanca nosotros esperamos en la sala mi hermano tenÃa el celular listo pero el hombre le pidió que no grabara dentro del cuarto durante un rato la casa quedó quieta se escuchaba la calle los carros pasando una vecina cerrando su portón ruidos normales que nos recordaron que afuera todo seguÃa igual Después vino un golpe fuerte desde el cuarto.
10:54 El hombre entró solo. La puerta quedó abierta y desde la sala alcanzamos a verlo. Parado frente al espejo cubierto, habló con voz firme. Dijo que la familia estaba viva, que la casa quedaba cerrada para la muerta y que ningún trato seguÃa sobre nosotros. La sábana se movió, primero de un lado y luego del otro. Nadie estaba tocándola. Enseguida se escuchó una risa larga metida en el cuarto. El hombre no salió de inmediato, se quedó frente al espejo con una mano levantada. Mi mamá quiso ponerse de pie, pero mi tÃa la detuvo del brazo. La risa volvió más cerca de la puerta y después escuchamos tres golpes contra el vidrio. El hombre salió con sangre en la nariz.
11:41 Mi mamá quiso ayudarlo, pero él levantó la mano para detenerla. Se limpió con un pañuelo, respiró despacio y nos dijo que habÃa logrado pausarlo, pero apenas eso. Nos ordenó dejar el espejo cubierto, no tocarlo y no entrar al cuarto sin otra persona. También dijo que tenÃamos que buscar a dónde irnos. Mi mamá preguntó si la casa podÃa limpiarse por completo. Tardó en contestar, pero al final... Dijo que no era seguro intentarlo con nosotros adentro, porque nuestros nombres estaban en el trabajo. No cobró lo que habÃa pedido al principio. Tomó menos dinero, guardó sus cosas y se fue antes de que oscureciera. Durante tres dÃas hubo calma.
12:28 Dormimos en la sala con las luces prendidas, todos juntos sin separarnos. Mi mamá empezó a buscar una casa de renta. Mi hermano guardó copias de los videos. y mi hermana dejó de pasar frente al cuarto de mi abuela. La puerta permanecÃa cerrada, la sábana seguÃa sobre el espejo, o eso creÃmos, porque nadie entró a revisarlo. Esa calma no nos tranquilizó, solo nos dio tiempo para movernos más rápido. Al cuarto dÃa, mi hermana entró por unas cobijas. La puerta estaba emparejada, aunque mi mamá la habÃa cerrado. y la llave apareció puesta por fuera, en la cerradura, cuando ella la guardaba en su bolsa. Mi hermana abrió apenas, dio dos pasos y gritó. Corrimos hacia el cuarto. La sábana estaba tirada en el suelo, y en el espejo estaba escrito su nombre completo, con una sustancia oscura, y debajo se leÃa que ya estaba apartada. Mi hermano limpió el vidrio por fuera, pero las letras siguieron ahÃ. Mi hermana vomitó en el pasillo. Mi mamá llamó al brujo muchas veces, pero contestó hasta el dÃa siguiente. Al escuchar lo que habÃa pasado, fue directo. Nos pidió salir de la casa y no dormir otra noche ahÃ. Mi mamá le preguntó si podÃa volver. Ãl dijo que no era conveniente, que ya habÃa tocado el trabajo una vez y que volver podÃa moverlo hacia alguien de la familia. Luego colgó.
14:00 Después de eso, los ruidos cambiaron. Los pasos dejaron de avanzar despacio por el pasillo. CorrÃan durante la madrugada, se detenÃan frente a las puertas y luego se escuchaban dentro de la cocina o del baño. Las puertas se abrÃan aunque les pusiéramos sillas. En la sala se oÃan risas, algunas cortas, otras largas. Las voces repetÃan que ya les pertenecÃamos. Una noche dijeron que mi abuela habÃa pagado con nosotros. Y en otra noche dijeron que la casa tenÃa dueño y que nadie salÃa limpio. Intentamos dormir en el cuarto de mi tÃa que estaba en el mismo terreno, pero los golpes llegaron también a su puerta. Ella escuchó una voz desde la ventana. La llamaron por su nombre y luego mencionaron a su esposo muerto. Al dÃa siguiente se fue con una amiga. Mi mamá entendió que no bastaba con salir de la casa principal. TenÃamos que dejar todo el terreno. La casa seguÃa a nombre de mi abuela y no habÃa testamento. Mi mamá habló con un abogado, pero arreglar los papeles iba a tardar. Aún asÃ, decidió irse y rentó una casa pequeña en otra colonia. Sacamos ropa, documentos, las camas, el refrigerador y una mesa. Dejamos los demás muebles, los trastes y todo lo que estaba en el cuarto de mi abuela. Nadie quiso volver a tocar el espejo.
15:28 El dÃa de la mudanza llegaron dos muchachos con una camioneta. Mientras cargaban el refrigerador, se escuchó una carcajada desde el cuarto del fondo. Uno de ellos preguntó si habÃa alguien encerrado y mi mamá le respondió que no entrara y que siguiera cargando. El muchacho ya no preguntó más. Antes de cerrar, revisé el pasillo por última vez. La puerta del cuarto estaba abierta. El espejo seguÃa colgado frente a la cama. Miré el vidrio y vi a mi mamá reflejada dentro del cuarto, parada junto a la puerta con los ojos rojos y sonrisa demonÃaca. Volteé hacia la entrada y mi mamá estaba afuera, en la banqueta, hablando con los de la mudanza. No entré. Cerré la puerta principal y dejamos la llave con la vecina. En la casa rentada dormimos sin ruidos desde la primera noche. Nadie escuchó pasos, risas ni voces. Mi mamá empezó a comer mejor. Mi hermana volvió a dormir sola después de varias semanas. Mi hermano dejó de revisar los videos cada noche, aunque todavÃa los conserva. En ellos se escuchan golpes, pasos y una voz diciendo nuestros nombres. La otra casa quedó cerrada. Tiempo después, una vecina llamó para decir que algunas noches se prendÃan las luces y se escuchaban risas desde la calle. Mi mamá le pidió que no entrara. Unos primos fueron por unas cajas que habÃan quedado en el patio, pero regresaron
17:00 sin nada. Contaron que una voz les habló desde el cuarto de mi abuela y usó el nombre de un familiar muerto. Nosotros no volvimos. Mi mamá sigue pagando lo necesario para evitar problemas legales, pero no quiere vender ni rentar la casa. El brujo mandó un último mensaje meses después. Escribió que no tocáramos el espejo porque ya habÃa tomado lugar y eso fue todo. La única forma de parar lo que nos pasaba fue dejar la casa completa. No hubo limpieza final ni explicación que nos dejara tranquilos. Solo nos fuimos, y lo que mi abuela dejó preparado se quedó adentro. Un mes después de mudarnos, mi mamá regresó sola a revisar la casa, porque le habÃan dicho que la puerta principal estaba abierta. No nos avisó hasta que volvió.
17:53 Llegó pálida, con la blusa manchada de polvo y las manos raspadas. Dijo que apenas entró. Escuchó pasos arriba, aunque la casa no tenÃa segundo piso. Caminó hasta la sala y vio el espejo recargado en la pared, frente a la entrada. Ya no estaba en el cuarto de mi abuela. Mi mamá no quiso tocarlo. Sacó el celular para tomar una foto y en la pantalla vio a mi abuela sentada en una silla detrás de ella. Volteó de inmediato, pero la silla estaba vacÃa. En ese momento, una voz le habló desde el pasillo y le dijo que habÃa regresado tarde, que los demás ya estaban contados. Mi mamá salió corriendo, pero la puerta se cerró antes de que llegara.
18:38 Golpeó la chapa, gritó y empezó a rezar. Entonces escuchó la risa de mi abuela, clara, pegada a su oÃdo. La puerta se abrió sola y mi mamá salió sin mirar atrás. Desde ese dÃa no volvió a decir que la casa estaba vacÃa. Dijo que alguien se quedó cuidando el espejo y que ese alguien todavÃa esperaba a que regresáramos.
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