Mi Abuela Me Advirtió Que No La Dejáramos Tocar Al Bebé - Historias De Terror - REDE
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0:05 Yo tenÃa 17 años cuando nació mi hermano Daniel. Lo cuento asà porque yo estaba en la casa el dÃa que esa mujer entró y porque todo empezó ahÃ. No lo sé por chismes ni por cosas que me contaron después, lo digo porque me tocó verlo. Mi mamá acababa de volver del hospital. Estaba débil, dormÃa poco y casi siempre tenÃa al niño en brazos. En la casa estábamos mi papá, mi abuela, dos tÃas, mi hermana y yo. Durante esos dÃas habÃa visitas a cada rato. Lo que no era normal era la forma en que mi abuela se ponÃa cada vez que alguien tocaba la puerta. Desde antes de que pasara todo, ella ya habÃa dicho que no querÃa ciertas visitas. No explicaba mucho, solo decÃa que cuando nacÃa un niño habÃa gente que se acercaba con costumbres viejas y que más valÃa no abrirles. Mi papá se molestaba cuando la oÃa hablar asÃ. Mi mamá preferÃa no discutir y yo no entendÃa bien a qué se referÃa, pero me quedé con esa advertencia. La tarde en que pasó todo, tocaron la puerta y fui yo quien se acercó. Pregunté quién era. Una mujer contestó desde afuera y dijo que venÃa a conocer al niño. Mi abuela apenas oyó la voz, se levantó de golpe y me dijo que no abriera.
1:26 Y dijo su nombre en voz baja. Era doña Celia. Yo no la trataba, solo sabÃa que mi abuela no la querÃa cerca de la casa, si habÃa un recién nacido. Mi tÃa Rosa dijo que ya era demasiado y abrió antes de que mi abuela pudiera detenerla. Doña Celia entró, saludó y enseguida preguntó por el niño. Mi abuela se le puso enfrente y le dijo que mi mamá estaba descansando, que no era momento y que mejor regresara otro dÃa. La mujer no se enojó, contestó con calma que no iba a tardar, que solo querÃa cargar al bebé una vez, porque asà se hacÃa y porque era tradición. Mi abuela le dijo que en esa casa no se iba a hacer nada de eso. Mi tÃa Rosa se rió y dijo que no pasaba nada por cargar un momento a un recién nacido. La discusión hizo que mi mamá saliera del cuarto con mi hermano en brazos. VenÃa cansada y preguntó qué estaba pasando. Mi tÃa le explicó que la señora solo querÃa conocer al niño y mi abuela dijo que no se lo diera. Mi mamá respondió que era su hijo y que no querÃa otra pelea en la sala.
2:39 Doña Celia pidió lavarse las manos. Mi mamá le dijo que sÃ. Mi abuela volvió a insistir en que no lo hiciera, pero mi mamá ya no quiso escuchar más. Dijo que serÃa un momento y que luego todos se irÃan. Yo me acuerdo bien de ese instante. porque ahà cambió el ambiente de la casa. La mujer volvió de la cocina, se paró frente a mi madre y extendió los brazos. Mi mamá le entregó al bebé. Ãl iba dormido. No le habló ni le sonrió. Solo lo sostuvo firme, lo miró y se quedó quieta unos segundos. Después le acomodó la cobija y dijo que ya estaba. Mi abuela le preguntó qué era lo que ya estaba. La mujer la miró y respondió que ahora sà cuidaran bien al niño por las noches. Luego se lo devolvió a mi mamá y salió. Mi abuela cerró la puerta con fuerza. Empezó a insultarla y a decir que no debimos dejarla tocar al niño. Mi mamá se molestó y le respondió que la única que habÃa hecho un escándalo habÃa sido ella.
3:45 Mi papá quiso cortar la discusión y dijo que ya habÃa pasado. y dijo que esa mujer no habÃa ido por gusto y que habÃa venido a marcar al niño. Mi papá le ordenó que dejara de decir tonterÃas delante de mi mamá. Hasta ahà todo parecÃa una discusión más, pero el problema empezó esa misma noche. Mi hermano habÃa estado tranquilo desde que llegó del hospital. DormÃa, despertaba para comer y volvÃa a dormirse, pero esa noche fue distinta. apenas cayó la noche se puso inquieto cerraba los ojos un rato y de pronto arrancaba a llorar con una fuerza que no le habÃamos oÃdo mi mamá pensó que eran cólicos mi papá dijo que tal vez se habÃa alterado con tanta gente le cambiaron el pañal le dieron de comer lo cargaron y lo caminaron por la casa pero nada servÃa solo se calmaba unos minutos y volvÃa a empezar yo me quedé sentado afuera del cuarto de mis padres escuchando mi abuela también seguÃa despierta y cada vez que el niño volvÃa a llorar ella murmuraba que ya habÃa empezado mi papá le dijo que se callara mi mamá estaba agotada y nadie durmió bien al dÃa siguiente pensamos que sólo habÃa sido una mala noche pero volvió a pasar y luego otra vez de dÃa podÃa estar tranquilo pero en la noche cambiaba Se ponÃa tenso,
5:18 lloraba más fuerte y solo se calmaba por ratos si alguien lo cargaba. Mi mamá dejó de descansar. Mi papá empezó a dormir vestido por si tenÃa que levantarse rápido. Y mi abuela seguÃa repitiendo que, desde que esa mujer lo habÃa tocado, el niño ya no era el mismo. Lo llevamos con el pediatra. Lo revisó y dijo que no veÃa nada grave. Habló de cólicos, de adaptación y de paciencia. Mi mamá quiso creerle porque necesitaba una explicación. Mi papá también prefirió quedarse con eso. Mi abuela salió del consultorio diciendo que a los doctores no les enseñaban a ver ciertas cosas. Yo no sabÃa qué pensar, solo veÃa lo que estaba pasando en la casa. VeÃa a mi mamá cada vez más cansada, a mi papá más callado y a mi abuela sentada junto a la puerta del cuarto, despierta hasta la madrugada. y veÃa a mi hermano.
6:16 Abrir los ojos apenas oscurecÃa. Asà pasaron los primeros dÃas. Nadie hablaba todavÃa de peligro, pero ya vivÃamos pendientes de la noche. Fue entonces cuando entendà que aquella visita no habÃa sido una visita cualquiera, y que por primera vez tal vez mi abuela no estaba exagerando. Las semanas siguientes fueron desgastando la casa. Eso fue lo primero que cambió de verdad. Antes de pensar en miedo o en peligro, lo que se nos vino encima fue el cansancio. Daniel dormÃa poco y mal. De dÃa podÃa pasar un rato tranquilo, pero al caer la tarde se ponÃa inquieto. Lloraba más, se tensaba y tardaba mucho en volver a calmarse. Mi mamá empezó a vivir con el niño en brazos. ComÃa a deshoras, se quedaba dormida sentada y despertaba confundida. Mi papá seguÃa trabajando, pero ya no llegaba igual, pues entraba directo a revisar puertas y ventanas. Mi abuela casi no se movÃa del cuarto donde dormÃan mis padres. En esos dÃas todavÃa buscábamos una explicación normal. Cambiamos la leche, cambiamos la cuna del lugar y probamos con lo que decÃa el doctor y con lo que decÃa mi abuela, pero nada cambió de verdad. Durante el dÃa Daniel podÃa estar bien, pero en la noche se alteraba. Mi mamá querÃa creer que tarde o temprano todo iba a acomodarse. Mi papá repetÃa lo mismo, pero cada vez con menos seguridad. Pero
7:47 mi abuela no decÃa que iba a pasar algo, decÃa que ya estaba pasando. Mi padre seguÃa diciendo que no creÃa en esas cosas, pero su manera de actuar fue cambiando. Al principio se enojaba cada vez que mi abuela nombraba a Doña Celia. Luego dejó de discutir y se puso a asegurar mejor la casa. Revisó la reja, cambió una chapa y dejó herramientas a la mano. Nunca lo admitió, pero ya no se estaba cuidando de cuentos, se estaba cuidando de alguien. Una tarde me asomé por la ventana y vi a Doña Celia al otro lado de la calle. No estaba haciendo nada, solo miraba hacia la casa. Cuando salà al patio ya se habÃa ido. Se lo conté a mi papá y él salió a buscarla en la camioneta.
8:36 Regresó sin encontrarla. Pero esa noche estuvo más callado que de costumbre. Mi mamá dejó de recibir visitas. Ya no querÃa gente entrando, opinando o preguntando por el niño. A la gente del pueblo le bastaba enterarse de que Doña Celia lo habÃa cargado para mirarnos distinto. Yo no repetÃa lo que decÃan. Me alcanzaba con verles la cara cuando escuchaban su nombre. Mi abuela dijo que si hasta afuera cambiaba la expresión de la gente, era porque sabÃan bien qué clase de mujer era. Mi papá no le respondió. Una noche escuchamos ruido en la ventana del cuarto. Lo oÃmos todos. Mi papá salió de inmediato y yo fui detrás de él. No vimos a nadie, pero alguien habÃa estado ahà y alcanzó a moverse antes de que saliéramos.
9:28 revisamos el patio y la parte de atrás, pero no encontramos a nadie, mi papá fue a la comandancia al dÃa siguiente a levantar un reporte, volvió más enojado que tranquilo, pues le dijeron que sin ver a la persona no podÃan hacer mucho, desde entonces en la casa ya no se hablaba de otra cosa, mi mamá querÃa irse con una tÃa a la ciudad, mi papá decÃa que sÃ, pero que necesitaba arreglar primero unas cosas del taller y juntar dinero. Mi abuela insistÃa en que no habÃa tiempo. Yo escuchaba esas discusiones casi todos los dÃas, y todos pensábamos lo mismo, pero nadie podÃa resolverlo de inmediato. El hecho que terminó de romper cualquier duda pasó una tarde de lluvia. Mi mamá dejó a mi hermano en la cuna y salió un momento por una toalla. Mi abuela estaba en la cocina. Yo iba entrando a la casa cuando escuché el grito. Corrà al cuarto y vi a mi madre buscando al niño con desesperación. Pero la cuna estaba vacÃa. No tardamos nada en poner la casa de cabeza.
10:35 Mi papá revisó debajo de la cama, detrás de los muebles, en el baño, en el patio y en la cocina. Mi mamá ya no gritaba. Estaba temblando. Y mi abuela repetÃa el nombre de Daniel una y otra vez. yo me quedé viendo la cuna vacÃa, lo encontramos debajo de la cama matrimonial envuelto en su cobija, él no podÃa haberse metido ahà solo, eso era imposible, mi madre lo sacó llorando, mi papá se quedó inmóvil unos segundos, yo me acuerdo bien de su cara, porque fue la primera vez que lo vi realmente asustado, después de eso ya no hubo discusión, Mi padre dijo que nos Ãbamos del pueblo.
11:17 No habló de posibilidades ni de esperar un poco más. Lo dijo como una decisión tomada. Mi mamá quiso salir esa misma noche, pero mi papá pidió unos dÃas para arreglarlo del trabajo y conseguir con quién quedarnos en la ciudad. Mi abuela volvió a decir que no habÃa dÃas para dar. En los dÃas que siguieron nadie soltó al niño. Mi mamá dormÃa con él pegado al cuerpo y mi abuela se turnaba con ella. Mi papá llegaba del taller y tomaba su lugar. Mi hermana y yo también hacÃamos guardia. Yo ya no iba tranquilo a la escuela. SalÃa pensando en la casa y regresaba con el estómago apretado. Lo primero que hacÃa era entrar al cuarto para ver si mi hermano seguÃa ahÃ. Cada vez que lo veÃa dormido sentÃa alivio. Y cada vez que lloraba al anochecer, sentÃa que se nos estaba acabando el tiempo. Un dÃa mi mamá me preguntó si de verdad creÃa en lo que decÃa mi abuela. No supe qué contestar, pues yo no querÃa decir que sÃ, pero tampoco podÃa decir que no, después de lo que habÃamos visto. Le dije solo que no me gustaba que esa mujer siguiera rondando la casa.
12:31 Mi mamá se quedó callada. Luego dijo que ella misma habÃa entregado al niño en brazos de esa mujer y que desde entonces no habÃa pasado un solo dÃa sin arrepentirse. Ahà entendà que ya no se trataba solo de un bebé que dormÃa mal. Para entonces ya vivÃamos encerrados, cansados y con miedo. Mi papá seguÃa diciendo que mientras él estuviera ahà no iba a pasar nada. Mi abuela ya no le respondÃa. Solo miraba hacia la puerta como si supiera que tarde o temprano alguien iba a volver. Y volvió. Se llevaron a Daniel antes de que pudiéramos salir del pueblo.
13:12 Esa es la parte que más me cuesta contar. No porque no la recuerde, sino porque ahà se acabó todo. Yo no estaba dentro de la casa cuando lo sacaron. Pero lo que pasó en esos minutos se repitió tantas veces después y de la misma manera que terminó quedándose en mi cabeza como un recuerdo fijo. Mi mamá estaba en el cuarto con el niño, mi abuela andaba entre la cocina y el pasillo y mi papá habÃa salido al taller. Yo estaba en la escuela y en algún momento tocaron la puerta principal. Mi mamá pensó que era una vecina. Fue a ver, no encontró a nadie y cuando volvió al cuarto la cuna estaba vacÃa. Eso fue todo.
13:55 No vio entrar a nadie, no escuchó pasos y no oyó correr a nadie. Solo salió un momento y al volver el niño ya no estaba. Mi madre salió a la calle gritando y mi abuela fue detrás de ella. Una vecina dijo que habÃa visto una camioneta arrancar por la parte de atrás. Otra dijo que escuchó llorar a un bebé, pero no alcanzó a ver quién lo llevaba. Mi papá llegó poco después y se encontró con la casa abierta, mi mamá fuera de sà y la cuna vacÃa. A mà me fueron a buscar a la salida de la escuela. Un primo me alcanzó y me dijo que me fuera rápido y no me explicó nada más. Cuando llegué ya habÃa gente en la calle. Mi mamá estaba sentada en la banqueta llorando. Mi abuela caminaba de un lado a otro sin soltarse las manos. Mi papá no se quedó quieto ni un minuto y empezó a preguntar quién habÃa visto algo. Habló con mis tÃos, pidió una camioneta prestada y salió a buscar antes de que la policÃa apareciera. Yo me fui con él, no me preguntó si querÃa ir, solo abrió la puerta y me subÃ.
15:04 Fuimos primero a la casa de doña Celia. Tocamos, gritamos y nadie abrió. Una vecina dijo que la habÃa visto salir poco antes con dos hombres. Mi papá no se quedó discutiendo. Volvió a la camioneta y siguió buscando. Ya no hablaba casi nada. Solo preguntaba quién habÃa visto la camioneta y hacia dónde habÃa tomado. En medio de eso apareció mi tÃa Rosa, diciendo que un muchacho habÃa visto una camioneta irse por el camino del molino viejo. Mi papá arrancó para allá sin pensarlo. Ãbamos él, mi tÃo Omar, un vecino y yo. Recuerdo el silencio en el camino.
15:45 Nadie hablaba porque todos sabÃamos lo mismo. Si habÃan sacado al niño del pueblo o si llegábamos tarde, ya no habrÃa forma de alcanzarlos. Cuando llegamos cerca del molino, dejamos la camioneta apartada y seguimos a pie. Desde afuera se veÃa luz adentro. También se oÃan voces. Nos acercamos por un costado y miramos hacia adentro. Y ahà estaba mi hermano. Lo tenÃan sobre una mesa, envuelto en su cobija. Se movÃa poco. A un lado estaban Doña Celia, dos hombres que yo no conocÃa y otro al que sà reconocà de inmediato. Esteban Trejo, un regidor del municipio que llevaba tiempo metido en la polÃtica local. No estaba de paso ni confundido. Estaba ahÃ, junto a ellos. Sobre la mesa habÃa cosas suficientes para entender qué estaban haciendo. y no hacÃa falta pensar demasiado era un ritual yo escuché a doña Celia decir que el niño ya estaba presentado desde hacÃa meses y que por eso servÃa también la oà decir que ese trabajo tenÃa que salir bien porque el poder no se mantenÃa solo uno de los hombres preguntó si alcanzaba con ese niño y ella respondió que sà lo dijo con calma como si estuvieran hablando de cualquier otra cosa Yo no supe cuánto tiempo llevábamos mirando antes de entrar. Tal vez fueron segundos. Mi papá fue el primero en moverse. Entró gritando el nombre de mi hermano.
17:18 Yo entré detrás de él. Todo se desordenó en un instante. Mi tÃo se fue encima de uno de los hombres. El vecino agarró a doña Celia y yo corrà directo a sacar a mi hermano de la mesa. Cuando lo levanté, sentà el cuerpo flojo. Respiraba, pero mal. TenÃa los ojos apenas abiertos y no reaccionó cuando lo cargué. Entonces sonó el disparo. Vi a mi padre doblarse y caer. No supe cuál de ellos habÃa tirado, porque todo estaba revuelto. Los hombres salieron corriendo por la parte de atrás. El regidor huyó con ellos. Mi tÃo quiso seguirlos, pero en cuanto vio a mi padre en el suelo, regresó. Yo salà con mi hermano en los brazos, pues no pensé en otra cosa. Solo querÃa sacarlo de ahÃ. Las patrullas llegaron cuando ya estábamos subiendo a mi padre a la camioneta.
18:11 Yo les gritaba que fueran por los que habÃan escapado. No sé si no entendieron o si no quisieron meterse. En ese momento ya nada dependÃa de eso. Lo único que importaba era llegar al hospital. Mi padre llegó vivo, pero murió antes de que lo operaran. No alcancé a hablar con él, lo vi entrar y no volvió a salir. Mi mamá llegó después con mi abuela. Cuando le dijeron que habÃa muerto, no gritó. Se quedó quieta como si ya no pudiera recibir otro golpe. Daniel no murió esa noche y eso fue peor. Lo revisaron y nos dijeron que habÃa aspirado lÃquido y que además llevaba algo en el cuerpo que lo tenÃa sedado. Mi madre no se movió de su lado. Yo me quedé afuera mirando entrar y salir gente del cuarto, esperando que alguien dijera que iba a salir de eso, pero no pasó. Mi hermano murió tres dÃas después. Después vino lo que siempre pasa cuando la gente con poder quiere tapar algo. Dijeron lo mÃnimo.
19:16 En los papeles quedó una muerte por disparo y otra por un fallo respiratorio. Nadie escribió para qué se habÃan llevado al niño. Nadie quiso dejar por escrito quién estaba dentro del molino. De doña Celia dijeron que murió en el lugar y del regidor dijeron que no habÃa pruebas suficientes. De los otros hombres ya nunca supimos nada. Mi mamá se fue del pueblo en cuanto pudo. Vendió la casa barato y se fue con una tÃa. Mi hermana y yo nos fuimos con ella. Mi abuela aguantó un tiempo más, pero nunca se repuso. Siempre repetÃa lo mismo, que lo peor no fue lo que hicieron después, sino que esa mujer habÃa entrado a pedir al niño en la cara y nosotros la dejamos. Yo tardé años en poder contar esto de corrido. Primero me costaba llegar a la parte del molino. Después me costaba decir que mi madre le entregó al niño con sus propias manos y que mi padre murió tratando de sacarlo de ahÃ. Ahora lo cuento como fue, sin adornarlo. Sà existÃa esa costumbre, y sÃ, habÃa una mujer que pedÃa cargar bebés una sola vez, y decÃa que era tradición, y en mi casa pasó lo que mi abuela advirtió desde el principio. Después de esa visita, mi hermano ya no volvió a dormir igual.
20:37 Tiempo después se lo llevaron, y lo encontramos en un ritual. Mi padre cayó ahà mismo, mi hermano murió después. Y a los que quedamos nos tocó seguir con eso encima, sabiendo que pasó de verdad y que aún asà hubo gente suficiente para enterrarlo, como si no hubiera sido nada. Por eso siempre hay que cuidarse de las costumbres viejas y de las personas que no sabemos qué intenciones tienen.
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