March 26, 2026

Mi Abuela Me Advirtió Que No La Dejáramos Tocar Al Bebé - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Yo tenía 17 años cuando nació mi hermano Daniel. Lo cuento así porque yo estaba en la casa el día que esa mujer entró y porque todo empezó ahí. No lo sé por chismes ni por cosas que me contaron después, lo digo porque me tocó verlo. Mi mamá acababa de volver del hospital. Estaba débil, dormía poco y casi siempre tenía al niño en brazos. En la casa estábamos mi papá, mi abuela, dos tías, mi hermana y yo. Durante esos días había visitas a cada rato. Lo que no era normal era la forma en que mi abuela se ponía cada vez que alguien tocaba la puerta. Desde antes de que pasara todo, ella ya había dicho que no quería ciertas visitas. No explicaba mucho, solo decía que cuando nacía un niño había gente que se acercaba con costumbres viejas y que más valía no abrirles. Mi papá se molestaba cuando la oía hablar así. Mi mamá prefería no discutir y yo no entendía bien a qué se refería, pero me quedé con esa advertencia. La tarde en que pasó todo, tocaron la puerta y fui yo quien se acercó. Pregunté quién era. Una mujer contestó desde afuera y dijo que venía a conocer al niño. Mi abuela apenas oyó la voz, se levantó de golpe y me dijo que no abriera.

1:26 Y dijo su nombre en voz baja. Era doña Celia. Yo no la trataba, solo sabía que mi abuela no la quería cerca de la casa, si había un recién nacido. Mi tía Rosa dijo que ya era demasiado y abrió antes de que mi abuela pudiera detenerla. Doña Celia entró, saludó y enseguida preguntó por el niño. Mi abuela se le puso enfrente y le dijo que mi mamá estaba descansando, que no era momento y que mejor regresara otro día. La mujer no se enojó, contestó con calma que no iba a tardar, que solo quería cargar al bebé una vez, porque así se hacía y porque era tradición. Mi abuela le dijo que en esa casa no se iba a hacer nada de eso. Mi tía Rosa se rió y dijo que no pasaba nada por cargar un momento a un recién nacido. La discusión hizo que mi mamá saliera del cuarto con mi hermano en brazos. Venía cansada y preguntó qué estaba pasando. Mi tía le explicó que la señora solo quería conocer al niño y mi abuela dijo que no se lo diera. Mi mamá respondió que era su hijo y que no quería otra pelea en la sala.

2:39 Doña Celia pidió lavarse las manos. Mi mamá le dijo que sí. Mi abuela volvió a insistir en que no lo hiciera, pero mi mamá ya no quiso escuchar más. Dijo que sería un momento y que luego todos se irían. Yo me acuerdo bien de ese instante. porque ahí cambió el ambiente de la casa. La mujer volvió de la cocina, se paró frente a mi madre y extendió los brazos. Mi mamá le entregó al bebé. Él iba dormido. No le habló ni le sonrió. Solo lo sostuvo firme, lo miró y se quedó quieta unos segundos. Después le acomodó la cobija y dijo que ya estaba. Mi abuela le preguntó qué era lo que ya estaba. La mujer la miró y respondió que ahora sí cuidaran bien al niño por las noches. Luego se lo devolvió a mi mamá y salió. Mi abuela cerró la puerta con fuerza. Empezó a insultarla y a decir que no debimos dejarla tocar al niño. Mi mamá se molestó y le respondió que la única que había hecho un escándalo había sido ella.

3:45 Mi papá quiso cortar la discusión y dijo que ya había pasado. y dijo que esa mujer no había ido por gusto y que había venido a marcar al niño. Mi papá le ordenó que dejara de decir tonterías delante de mi mamá. Hasta ahí todo parecía una discusión más, pero el problema empezó esa misma noche. Mi hermano había estado tranquilo desde que llegó del hospital. Dormía, despertaba para comer y volvía a dormirse, pero esa noche fue distinta. apenas cayó la noche se puso inquieto cerraba los ojos un rato y de pronto arrancaba a llorar con una fuerza que no le habíamos oído mi mamá pensó que eran cólicos mi papá dijo que tal vez se había alterado con tanta gente le cambiaron el pañal le dieron de comer lo cargaron y lo caminaron por la casa pero nada servía solo se calmaba unos minutos y volvía a empezar yo me quedé sentado afuera del cuarto de mis padres escuchando mi abuela también seguía despierta y cada vez que el niño volvía a llorar ella murmuraba que ya había empezado mi papá le dijo que se callara mi mamá estaba agotada y nadie durmió bien al día siguiente pensamos que sólo había sido una mala noche pero volvió a pasar y luego otra vez de día podía estar tranquilo pero en la noche cambiaba Se ponía tenso,

5:18 lloraba más fuerte y solo se calmaba por ratos si alguien lo cargaba. Mi mamá dejó de descansar. Mi papá empezó a dormir vestido por si tenía que levantarse rápido. Y mi abuela seguía repitiendo que, desde que esa mujer lo había tocado, el niño ya no era el mismo. Lo llevamos con el pediatra. Lo revisó y dijo que no veía nada grave. Habló de cólicos, de adaptación y de paciencia. Mi mamá quiso creerle porque necesitaba una explicación. Mi papá también prefirió quedarse con eso. Mi abuela salió del consultorio diciendo que a los doctores no les enseñaban a ver ciertas cosas. Yo no sabía qué pensar, solo veía lo que estaba pasando en la casa. Veía a mi mamá cada vez más cansada, a mi papá más callado y a mi abuela sentada junto a la puerta del cuarto, despierta hasta la madrugada. y veía a mi hermano.

6:16 Abrir los ojos apenas oscurecía. Así pasaron los primeros días. Nadie hablaba todavía de peligro, pero ya vivíamos pendientes de la noche. Fue entonces cuando entendí que aquella visita no había sido una visita cualquiera, y que por primera vez tal vez mi abuela no estaba exagerando. Las semanas siguientes fueron desgastando la casa. Eso fue lo primero que cambió de verdad. Antes de pensar en miedo o en peligro, lo que se nos vino encima fue el cansancio. Daniel dormía poco y mal. De día podía pasar un rato tranquilo, pero al caer la tarde se ponía inquieto. Lloraba más, se tensaba y tardaba mucho en volver a calmarse. Mi mamá empezó a vivir con el niño en brazos. Comía a deshoras, se quedaba dormida sentada y despertaba confundida. Mi papá seguía trabajando, pero ya no llegaba igual, pues entraba directo a revisar puertas y ventanas. Mi abuela casi no se movía del cuarto donde dormían mis padres. En esos días todavía buscábamos una explicación normal. Cambiamos la leche, cambiamos la cuna del lugar y probamos con lo que decía el doctor y con lo que decía mi abuela, pero nada cambió de verdad. Durante el día Daniel podía estar bien, pero en la noche se alteraba. Mi mamá quería creer que tarde o temprano todo iba a acomodarse. Mi papá repetía lo mismo, pero cada vez con menos seguridad. Pero

7:47 mi abuela no decía que iba a pasar algo, decía que ya estaba pasando. Mi padre seguía diciendo que no creía en esas cosas, pero su manera de actuar fue cambiando. Al principio se enojaba cada vez que mi abuela nombraba a Doña Celia. Luego dejó de discutir y se puso a asegurar mejor la casa. Revisó la reja, cambió una chapa y dejó herramientas a la mano. Nunca lo admitió, pero ya no se estaba cuidando de cuentos, se estaba cuidando de alguien. Una tarde me asomé por la ventana y vi a Doña Celia al otro lado de la calle. No estaba haciendo nada, solo miraba hacia la casa. Cuando salí al patio ya se había ido. Se lo conté a mi papá y él salió a buscarla en la camioneta.

8:36 Regresó sin encontrarla. Pero esa noche estuvo más callado que de costumbre. Mi mamá dejó de recibir visitas. Ya no quería gente entrando, opinando o preguntando por el niño. A la gente del pueblo le bastaba enterarse de que Doña Celia lo había cargado para mirarnos distinto. Yo no repetía lo que decían. Me alcanzaba con verles la cara cuando escuchaban su nombre. Mi abuela dijo que si hasta afuera cambiaba la expresión de la gente, era porque sabían bien qué clase de mujer era. Mi papá no le respondió. Una noche escuchamos ruido en la ventana del cuarto. Lo oímos todos. Mi papá salió de inmediato y yo fui detrás de él. No vimos a nadie, pero alguien había estado ahí y alcanzó a moverse antes de que saliéramos.

9:28 revisamos el patio y la parte de atrás, pero no encontramos a nadie, mi papá fue a la comandancia al día siguiente a levantar un reporte, volvió más enojado que tranquilo, pues le dijeron que sin ver a la persona no podían hacer mucho, desde entonces en la casa ya no se hablaba de otra cosa, mi mamá quería irse con una tía a la ciudad, mi papá decía que sí, pero que necesitaba arreglar primero unas cosas del taller y juntar dinero. Mi abuela insistía en que no había tiempo. Yo escuchaba esas discusiones casi todos los días, y todos pensábamos lo mismo, pero nadie podía resolverlo de inmediato. El hecho que terminó de romper cualquier duda pasó una tarde de lluvia. Mi mamá dejó a mi hermano en la cuna y salió un momento por una toalla. Mi abuela estaba en la cocina. Yo iba entrando a la casa cuando escuché el grito. Corrí al cuarto y vi a mi madre buscando al niño con desesperación. Pero la cuna estaba vacía. No tardamos nada en poner la casa de cabeza.

10:35 Mi papá revisó debajo de la cama, detrás de los muebles, en el baño, en el patio y en la cocina. Mi mamá ya no gritaba. Estaba temblando. Y mi abuela repetía el nombre de Daniel una y otra vez. yo me quedé viendo la cuna vacía, lo encontramos debajo de la cama matrimonial envuelto en su cobija, él no podía haberse metido ahí solo, eso era imposible, mi madre lo sacó llorando, mi papá se quedó inmóvil unos segundos, yo me acuerdo bien de su cara, porque fue la primera vez que lo vi realmente asustado, después de eso ya no hubo discusión, Mi padre dijo que nos íbamos del pueblo.

11:17 No habló de posibilidades ni de esperar un poco más. Lo dijo como una decisión tomada. Mi mamá quiso salir esa misma noche, pero mi papá pidió unos días para arreglarlo del trabajo y conseguir con quién quedarnos en la ciudad. Mi abuela volvió a decir que no había días para dar. En los días que siguieron nadie soltó al niño. Mi mamá dormía con él pegado al cuerpo y mi abuela se turnaba con ella. Mi papá llegaba del taller y tomaba su lugar. Mi hermana y yo también hacíamos guardia. Yo ya no iba tranquilo a la escuela. Salía pensando en la casa y regresaba con el estómago apretado. Lo primero que hacía era entrar al cuarto para ver si mi hermano seguía ahí. Cada vez que lo veía dormido sentía alivio. Y cada vez que lloraba al anochecer, sentía que se nos estaba acabando el tiempo. Un día mi mamá me preguntó si de verdad creía en lo que decía mi abuela. No supe qué contestar, pues yo no quería decir que sí, pero tampoco podía decir que no, después de lo que habíamos visto. Le dije solo que no me gustaba que esa mujer siguiera rondando la casa.

12:31 Mi mamá se quedó callada. Luego dijo que ella misma había entregado al niño en brazos de esa mujer y que desde entonces no había pasado un solo día sin arrepentirse. Ahí entendí que ya no se trataba solo de un bebé que dormía mal. Para entonces ya vivíamos encerrados, cansados y con miedo. Mi papá seguía diciendo que mientras él estuviera ahí no iba a pasar nada. Mi abuela ya no le respondía. Solo miraba hacia la puerta como si supiera que tarde o temprano alguien iba a volver. Y volvió. Se llevaron a Daniel antes de que pudiéramos salir del pueblo.

13:12 Esa es la parte que más me cuesta contar. No porque no la recuerde, sino porque ahí se acabó todo. Yo no estaba dentro de la casa cuando lo sacaron. Pero lo que pasó en esos minutos se repitió tantas veces después y de la misma manera que terminó quedándose en mi cabeza como un recuerdo fijo. Mi mamá estaba en el cuarto con el niño, mi abuela andaba entre la cocina y el pasillo y mi papá había salido al taller. Yo estaba en la escuela y en algún momento tocaron la puerta principal. Mi mamá pensó que era una vecina. Fue a ver, no encontró a nadie y cuando volvió al cuarto la cuna estaba vacía. Eso fue todo.

13:55 No vio entrar a nadie, no escuchó pasos y no oyó correr a nadie. Solo salió un momento y al volver el niño ya no estaba. Mi madre salió a la calle gritando y mi abuela fue detrás de ella. Una vecina dijo que había visto una camioneta arrancar por la parte de atrás. Otra dijo que escuchó llorar a un bebé, pero no alcanzó a ver quién lo llevaba. Mi papá llegó poco después y se encontró con la casa abierta, mi mamá fuera de sí y la cuna vacía. A mí me fueron a buscar a la salida de la escuela. Un primo me alcanzó y me dijo que me fuera rápido y no me explicó nada más. Cuando llegué ya había gente en la calle. Mi mamá estaba sentada en la banqueta llorando. Mi abuela caminaba de un lado a otro sin soltarse las manos. Mi papá no se quedó quieto ni un minuto y empezó a preguntar quién había visto algo. Habló con mis tíos, pidió una camioneta prestada y salió a buscar antes de que la policía apareciera. Yo me fui con él, no me preguntó si quería ir, solo abrió la puerta y me subí.

15:04 Fuimos primero a la casa de doña Celia. Tocamos, gritamos y nadie abrió. Una vecina dijo que la había visto salir poco antes con dos hombres. Mi papá no se quedó discutiendo. Volvió a la camioneta y siguió buscando. Ya no hablaba casi nada. Solo preguntaba quién había visto la camioneta y hacia dónde había tomado. En medio de eso apareció mi tía Rosa, diciendo que un muchacho había visto una camioneta irse por el camino del molino viejo. Mi papá arrancó para allá sin pensarlo. Íbamos él, mi tío Omar, un vecino y yo. Recuerdo el silencio en el camino.

15:45 Nadie hablaba porque todos sabíamos lo mismo. Si habían sacado al niño del pueblo o si llegábamos tarde, ya no habría forma de alcanzarlos. Cuando llegamos cerca del molino, dejamos la camioneta apartada y seguimos a pie. Desde afuera se veía luz adentro. También se oían voces. Nos acercamos por un costado y miramos hacia adentro. Y ahí estaba mi hermano. Lo tenían sobre una mesa, envuelto en su cobija. Se movía poco. A un lado estaban Doña Celia, dos hombres que yo no conocía y otro al que sí reconocí de inmediato. Esteban Trejo, un regidor del municipio que llevaba tiempo metido en la política local. No estaba de paso ni confundido. Estaba ahí, junto a ellos. Sobre la mesa había cosas suficientes para entender qué estaban haciendo. y no hacía falta pensar demasiado era un ritual yo escuché a doña Celia decir que el niño ya estaba presentado desde hacía meses y que por eso servía también la oí decir que ese trabajo tenía que salir bien porque el poder no se mantenía solo uno de los hombres preguntó si alcanzaba con ese niño y ella respondió que sí lo dijo con calma como si estuvieran hablando de cualquier otra cosa Yo no supe cuánto tiempo llevábamos mirando antes de entrar. Tal vez fueron segundos. Mi papá fue el primero en moverse. Entró gritando el nombre de mi hermano.

17:18 Yo entré detrás de él. Todo se desordenó en un instante. Mi tío se fue encima de uno de los hombres. El vecino agarró a doña Celia y yo corrí directo a sacar a mi hermano de la mesa. Cuando lo levanté, sentí el cuerpo flojo. Respiraba, pero mal. Tenía los ojos apenas abiertos y no reaccionó cuando lo cargué. Entonces sonó el disparo. Vi a mi padre doblarse y caer. No supe cuál de ellos había tirado, porque todo estaba revuelto. Los hombres salieron corriendo por la parte de atrás. El regidor huyó con ellos. Mi tío quiso seguirlos, pero en cuanto vio a mi padre en el suelo, regresó. Yo salí con mi hermano en los brazos, pues no pensé en otra cosa. Solo quería sacarlo de ahí. Las patrullas llegaron cuando ya estábamos subiendo a mi padre a la camioneta.

18:11 Yo les gritaba que fueran por los que habían escapado. No sé si no entendieron o si no quisieron meterse. En ese momento ya nada dependía de eso. Lo único que importaba era llegar al hospital. Mi padre llegó vivo, pero murió antes de que lo operaran. No alcancé a hablar con él, lo vi entrar y no volvió a salir. Mi mamá llegó después con mi abuela. Cuando le dijeron que había muerto, no gritó. Se quedó quieta como si ya no pudiera recibir otro golpe. Daniel no murió esa noche y eso fue peor. Lo revisaron y nos dijeron que había aspirado líquido y que además llevaba algo en el cuerpo que lo tenía sedado. Mi madre no se movió de su lado. Yo me quedé afuera mirando entrar y salir gente del cuarto, esperando que alguien dijera que iba a salir de eso, pero no pasó. Mi hermano murió tres días después. Después vino lo que siempre pasa cuando la gente con poder quiere tapar algo. Dijeron lo mínimo.

19:16 En los papeles quedó una muerte por disparo y otra por un fallo respiratorio. Nadie escribió para qué se habían llevado al niño. Nadie quiso dejar por escrito quién estaba dentro del molino. De doña Celia dijeron que murió en el lugar y del regidor dijeron que no había pruebas suficientes. De los otros hombres ya nunca supimos nada. Mi mamá se fue del pueblo en cuanto pudo. Vendió la casa barato y se fue con una tía. Mi hermana y yo nos fuimos con ella. Mi abuela aguantó un tiempo más, pero nunca se repuso. Siempre repetía lo mismo, que lo peor no fue lo que hicieron después, sino que esa mujer había entrado a pedir al niño en la cara y nosotros la dejamos. Yo tardé años en poder contar esto de corrido. Primero me costaba llegar a la parte del molino. Después me costaba decir que mi madre le entregó al niño con sus propias manos y que mi padre murió tratando de sacarlo de ahí. Ahora lo cuento como fue, sin adornarlo. Sí existía esa costumbre, y sí, había una mujer que pedía cargar bebés una sola vez, y decía que era tradición, y en mi casa pasó lo que mi abuela advirtió desde el principio. Después de esa visita, mi hermano ya no volvió a dormir igual.

20:37 Tiempo después se lo llevaron, y lo encontramos en un ritual. Mi padre cayó ahí mismo, mi hermano murió después. Y a los que quedamos nos tocó seguir con eso encima, sabiendo que pasó de verdad y que aún así hubo gente suficiente para enterrarlo, como si no hubiera sido nada. Por eso siempre hay que cuidarse de las costumbres viejas y de las personas que no sabemos qué intenciones tienen.