Jan. 31, 2026

Mi Abuela Era Una Bruja Y Lo Descubrí Demasiado Tarde - Historias De Terror - REDE

Mi Abuela Era Una Bruja Y Lo Descubrí Demasiado Tarde - Historias De Terror - REDE
Mi Abuela Era Una Bruja Y Lo Descubrí Demasiado Tarde - Historias De Terror - REDE
REDE (Relatos Desclasificados)
Mi Abuela Era Una Bruja Y Lo Descubrí Demasiado Tarde - Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

0:05 Según mis recuerdos, solamente en tres ocasiones miré a mi abuela Juana, madre de mi mamá. La primera vez tendría unos siete años. Vagamente recuerdo que pasamos unos días en su vieja casa, grande y extraña, con fuertes olores que se quedaron grabados en mi mente para toda mi vida. En el pueblo sí había luz. Ella no tenía en su vivienda. Se alumbraba con lámparas de petróleo o velas. Su casa, a pesar de su gran tamaño, solamente tenía dos ventanas y la puerta principal de madera gruesa era de dos alas. Cuando mi mamá me dijo, ella es tu abuela, la miré hacia arriba porque era una mujer muy alta y delgada, con su cabello largo, con una mirada bastante dura y un aspecto de pocos amigos, que estoy segura resultaría intimidante para cualquier persona. Tengo grabada su imagen mirándome insistentemente, como si no pudiera creer que ya tenía una nieta. En esa ocasión no me abrazó ni me dio un beso. De cualquier forma, me sentí aceptada por ella. La primera noche que dormimos en su casa, escuché a mi mamá platicar con ella referente de sus creencias.

1:16 Mi abuela no era católica como nosotras, creía en otras cosas, en la naturaleza, en el mismo valor de un hombre y una mujer que para esos años no estaba bien visto. Pero lo que me sorprendió fue escuchar que creyera en el diablo como una persona viva, como algo grande del cual recibía conocimientos. Por mi mamá yo sabía que mi abuela era diferente. Podía ser una excelente mujer e incluso ayudar a las personas, sanándolas de enfermedades y auxiliándolas en muchas cosas. Pero también podía ser mala, hacer tanto daño que le temían las personas, aún las más allegadas. En esos años yo no entendía lo que me quería decir y no tenía la edad para preguntar de más. Esa noche, quizá por la emoción o el cansancio del viaje, dormí tranquila.

2:09 Antes de que amaneciera desperté, porque ya estaban cantando los gallos. Al abrir los ojos con lo primero que me topé, fue con la fuerte mirada de mi abuela. Estaba parada junto a mí, casi confundida con la oscuridad que aún no se iba por completo. Al darse cuenta que no tuve ninguna reacción, caminó hacia atrás y ya no la vi. En ese momento no lo sentí así, pero fue como si hubiera desaparecido. La mañana transcurrió normal. Aproveché para conocer el lugar y correr por el patio en medio de gallinas, puercos y otros animales. La casa ya no me parecía tan fea, pero al caer la tarde las cosas cambiaron.

2:51 Comenzaron a llegar algunas personas, en su gran mayoría muy humildes. Todas venían buscando ayuda para sus males. De un rato para otro ya había más de 20 gentes, hombres, mujeres y niños. Entonces el ambiente en la casa también cambió. Se sintió pesado y extraño. Volteaba constantemente porque sentía una mirada. Ya no pude enterarme de nada porque me ordenaron que me quedara en mi cuarto y no saliera. Desde ahí podía escuchar el bullicio de la gente. No entendía lo que estaba pasando. Todo estaba tranquilo. Esto hasta que aparecieron los primeros gritos. Entonces sí me asusté. De un salto me levanté de la cama donde me encontraba sentada. Me acuerdo que, en mi desesperación, caminé por todo el cuarto. Quería salir de ahí, pero tenía que obedecer. Esos gritos se hicieron más fuertes y lastimeros. Pasaba el tiempo y no se calmaban.

3:52 Cuando ya no aguanté, me metí debajo de la cama y me tapé los oídos con las manos. Me imaginaba mil cosas, todas malas, porque nunca había escuchado algo tan aterrador como eso. Aquello parecía un pleito. Los niños y algunas mujeres lloraban muy fuerte. Claramente escuchaba malas palabras y mucha gente suplicándole ayuda a Doña Juana para liberarse de sus males. Varias veces también escuché gritar a mi abuela, pero nunca entendí lo que decía. Tuve tanto miedo que me la pasé llorando no sé cuánto tiempo. Cuando todo terminó, salí de donde estaba escondida. Me limpié las lágrimas para ir en busca de mi mamá. Cuando salí, ya había oscurecido.

4:37 El patio se encontraba solo. Mi abuela estaba guardando bolsas de frijol, arroz y otras cosas. Mi mamá le ayudaba guardando algunas gallinas en los corrales. Al verme, mi mamá me hizo una seña para que me regresara antes de que me descubriera mi abuela y se fuera a enojar por haber desobedecido. Me regresé al cuarto. A los pocos minutos me hablaron para que fuera a cenar algo. Miré a mi abuela cansada, llena de tierra y de cenizas, hasta con algunos golpes. Sin siquiera mirarme, le dijo a mi mamá que me diera una manzana y se retiró a dormir. En esa ocasión no pregunté nada. Tan solo tenía siete años, aún así me imaginé que aquellas personas habían recibido ayuda de mi abuela, y como paga le habían regalado granos y pequeños animales, era como ella se mantenía.

5:31 Confirmé así que todo lo que me decía mi mamá sobre ella era verdad. Las siguientes noches fueron iguales, con gritos, sobresaltos y curaciones. Comprendí que esa era la vida que se llevaba en esa casa. Me atrevo a decir que durante el día era una vida, casi como la de cualquier persona, pero durante la noche todo era muy diferente. No solo mi abuela cambiaba, también mi mamá y creo que hasta yo. Debo aceptar una cosa, las últimas noches ya no tuve tanto miedo de lo que se escuchaba. Cuando se llegó la fecha regresamos a casa. Todos estos recuerdos me acompañaron todos los días, que después se transformaron en meses. Así pasaron dos años. Era un invierno cuando regresamos a la casa de mi abuela. Ya con nueve años y un poco más de conciencia, las cosas fueron diferentes.

6:28 En esa ocasión miré la casa de otra manera. Seguía igual de sombría, pero ahora me pasaba algo extraño. Se me figuraba que sombras pequeñas y grandes se escondían entre las cosas, así como en la oscuridad. Además, pude percibir aquellos olores que no sé por qué extrañaba. Eran inciensos y cera quemada. Olía a hierbas y a humedad. Mi abuela seguía siendo aquella señora de aspecto duro. Habló con mucha seguridad. Le reclamó a mi mamá por qué pasamos dos años sin ir a visitarla. Hasta entonces volteó a verme. Esa fue la primera vez que me abrazó. Cuando lo hizo, sentí que me transmitió una fuerza extraña. Volté a ver a mi mamá, que no supe cómo, pero al parecer se había dado cuenta de eso. Pero ninguna de las dos dijo nada. Como habíamos llegado de tarde, pasado un rato, comenzaron a llegar las personas necesitadas de la sabiduría de mi abuela Juana. En esa ocasión eran muchas más de veinte.

7:32 Sin que nadie me dijera, pude distinguir cuáles eran los enfermos y cuáles los familiares. Antes de que me ordenaran refugiarme en el cuarto, me fui al patio. Sin demostrar miedo, les ofrecí a las personas un poco de agua, siempre bajo la mirada de mi abuela. Cuando empezaron los gritos, me vino el recuerdo de la primera vez, y quise correr a esconderme bajo la cama, pero me hice la fuerte y me quedé. Ahí también me enteré que mi mamá le ayudaba con los enfermos que no podían caminar por sí solos. Cada que mi abuela terminaba con un paciente, sin importar que fuera niño o adulto, se sentía algo extraño en el ambiente, como si se liberara una fuerza invisible, oscura y negativa que luchaba por quedarse en ese lugar.

8:20 Es por eso que mi abuela gritaba, para alejar esas malas energías, quizá eran las mismas que se escondían dentro de la casa, las que yo había visto como sombras. En esa ocasión solo nos quedamos una semana, pero fue suficiente para ver pasar por la casa infinidad de personas enfermas, que salían curadas o con tratamientos hechos a base de hierbas y flores que se recogían de montes lejanos. Pero sin duda los dos casos que más me impactaron fueron estos. Me espanté cuando llevaron a un niño a causa de un machetazo recibido. El cuerpo estaba todo doblado hacia atrás, completamente estirado, duro como la madera. El niño tenía los ojos abiertos, apenas respiraba. Se podía ver su sufrimiento porque le rodaban gruesas lágrimas. No solo él, su mamá y su papá también estaban sufriendo al ver a su hijo así.

9:17 Mi mamá los ayudó a pasar a la presencia de mi abuela Juana. Me quedé cerca de la puerta para ver lo que sucedía. Mi abuela lo bañó varias veces con un preparado de hierbas. Además, le rezó mucho. Lo fue sobando con mucha paciencia. Apretó cada parte de su cuerpo hasta que aquel chiquillo se fue aflojando, poco a poco. Cuando soltó el llanto, una sombra negra salió de su cuerpo. Voló golpeando la ventana y se perdió entre los árboles. Nunca se me olvida que, cuando pasó sobre las personas que esperaban su turno, éstas se agacharon asustadas. Me acuerdo que el niño ya se podía mover. Su papá estaba seguro que mi abuela Juana lo curaría. Porque antes de llevarse a su hijo, le entregó un borrego que ya tenía amarrado en el patio. Cuando miré todo aquello, supe que mi abuela hacía muchos esfuerzos espirituales por ayudar a las personas. Por eso terminaba muy agotada. El segundo caso estuvo más fuerte, algo que yo nunca me hubiera imaginado.

10:22 Era un señor que tenía la cabeza casi volteada por completo, así como las manos y los pies. Según entendí, no fue por accidente ni por enfermedad. Al parecer, era una brujería bastante fuerte y no resultaría tan fácil liberarlo. A él se le untó algo como una manteca. al parecer de víbora con jabalí luego le envolvió una venda en el cuello tan fuerte que casi lo ahorca lo mismo hizo con sus muñecas y sus tobillos lo agarraron entre varios para que mi abuela le fuera acomodando primero la cabeza en su lugar cada que lo movía eran gritos horribles Recuerdo que presenciar eso me ponía la piel chinita.

11:05 Todas las personas se asomaban por donde podían porque, en verdad, que era una escena grotesca. Sus gritos provocaban escalofríos. Para aliviar a ese señor, colocándole la cabeza en su posición natural, tardó como una hora. Lo dejó descansar unos minutos. Luego le siguieron las manos y por último los pies. No miento cuando digo que aullaba de dolor. Era tanto que se desmayó varias veces. Luego el mismo dolor lo hacía despertar. Después de otra hora ya estaba curado. El señor se fue sin poder caminar por todo el esfuerzo que hizo para aguantar aquel terrible sufrimiento. Mi abuela les aseguró a los familiares que, pasando unas horas, se repondría. Suena imposible o ridículo, por esa curación que seguramente ningún doctor hubiera podido hacer. El señor le pagó con una gallina, que mi abuela aceptó. Esa fue la primera vez que no quería irme de ahí, de esa casa que, en un principio, me había parecido vieja, extraña y fea. Tampoco quería dejar sola a mi abuela con tantas personas por curar. Tal vez a mi mamá por alguna razón no le gustó eso, porque, después de irnos, unos días antes de lo previsto, tardamos más de cinco años en regresar. Durante ese tiempo no tuve ningún contacto con ella. Eran otros tiempos. Algo como una admiración fue creciendo dentro de mí y deseaba con todas mis fuerzas poder regresar para ayudarle. La tercera vez

12:39 que miré a mi abuela estaba por cumplir mis 15 años. En lugar de que mi mamá me hiciera una fiesta, le pedí que nos fuéramos todas las vacaciones a visitarla. Como ella tenía muchas cosas pendientes por hacer, me dijo que nos iríamos. Pero pasando unos días, ella se regresaría sola al pueblo. Después iría por mí. No le demostré el gusto que me dio. El camino se me hizo eterno. Cuando miré a mi abuela, yo fui quien corrió a abrazarla. Ahí estuvo mi mamá casi dos semanas, durante las cuales yo estuve en el patio y ella ayudando con las curaciones. De vez en cuando me asomaba para ver cómo curaban a las personas de las enfermedades más raras, lo que sí me parecía extraño. Era que, cuando le llegaban personas embrujadas, se encerraba con ellas para que nadie mirara lo que hacía.

13:30 Luego de esas dos semanas, mi mamá se tuvo que ir a nuestro pueblo. Entonces, las cosas cambiaron. Mi abuela Juana me preguntó si no me daba miedo ayudarle con los enfermos, a lo que pronto contesté que no. Por primera vez, la vi hacer una leve sonrisa. La verdad era que le estaba ocultando que mi madre me había advertido que no hiciera eso porque era muy peligroso. Desde ese día con toda la paciencia del mundo me fue explicando cómo curar a las personas. Le ayudé con simples empachos, sustos e infecciones. Hicimos barridas y limpias, cosas aparentemente sencillas. Todo esto pasó en el lapso de una semana. Cuando llegó una persona embrujada entonces comenzó lo bueno. Era una mujer como de 40 años. Nada más de verla con los ojos rojos y escurriendo saliva supe que era un caso difícil.

14:24 La familia la traía amarrada, con sus manos atrás de la cintura, para que no hiciera ni se hiciera daño. Mientras yo no pude evitar ponerme nerviosa y hacerme para atrás, mi abuela se mostraba tranquila mientras esa mujer quería echársele encima. Me preguntó si me quería quedar, a lo que le contesté que sí. Luego me pidió que cerrara la puerta y la ventana como siempre lo hacía cuando llegaba una persona con embrujo. Luego encendió un saumerio. Ahí echó hojas verdes y secas que se mezclaron con cenizas. Pronto toda la casa se llenó de un humo espeso que apenas nos permitía ver. Los familiares de la paciente se arrinconaron lo más que pudieron. De pronto algo le aventó al saumerio que el humo empezó a picar en los ojos.

15:14 A pesar de que el ardor era insoportable, yo luchaba para ver lo que sucedía. Por eso puedo asegurar que en medio de todo ese humo había alguien más en la casa. Además, se podía sentir una presencia poderosa que era imposible pasar por alto. Yo hacía el esfuerzo de mirar quién era, pero aún sin verlo sabía que eso era el diablo. Sin que nadie lo esperara, mi abuela agarró a la señora por detrás. Estaba tan fuerte la mujer que apenas podía con ella. Forcejearon fuertemente mientras la embrujada gritaba de una forma espantosa. Abría la boca de una manera desproporcionada. Aprovechando eso, miré que dentro de todo ese humo salió una mano negra y algo le metió a la garganta. Sin darse cuenta, aquella mujer se lo tragó.

16:08 De pronto, la señora se quedó parada, totalmente tiesa, sorprendida de lo que quizá estaba sintiendo. Entonces, mi abuela la soltó. La mujer se agarró la garganta y empezó a hacer el intento por vomitar. Cada vez que hacía el esfuerzo se escuchaba horrible. Cuando al fin lo hizo, lo que expulsó fue horroroso. El solo hecho de recordarlo me produce náuseas. Lo único que pude distinguir bien por todo el humo que había y que me atrevo a contar es que hasta un sapo aventó. La señora cayó de rodillas llorando. Sus familiares, aún con miedo, no se atrevían a levantarla, hasta que mi abuela lo hizo. Para que se disipara todo el humo, abrí la puerta y la ventana. En esa ocasión no hubo sombras ni cosas extrañas. No puedo negar que sí me asusté. Cuando ya se habían ido todas las personas, todavía estaba temblando. Mi abuela me curó de espanto, porque ya me estaba dando calentura. Esa fue la única vez que por la noche miré sombras extrañas deambular por toda la casa. Además, sentía una fuerte presencia que no dejaba de mirarme. Cada que cerraba los ojos, se me figuraba que se acercaba más. Puedo asegurar que esa presencia era la misma que se encontraba entre el humo.

17:30 Por lo mismo, le pedí a mi abuela si podía dormir con ella. Por no decirme que no, ella se fue a dormir conmigo. Entendí que, por alguna razón, no quería que entrara en su cuarto. Me acuerdo que esa noche casi no dormimos. Sin que yo se lo pidiera, me habló de muchas cosas, entre ellas del poder de las plantas, de la sabiduría de la naturaleza y de la habilidad de poder curar a las personas de cualquier enfermedad. Cuando tocamos ese punto, le dije lo que había visto entre el humo. Estaba segura que por eso había prendido el saumerio. Se quiso hacer la desentendida, pero le aseguré que había visto una mano que le había ayudado a liberar a la embrujada. Nunca lo quiso aceptar, pero tampoco lo negó. Al día siguiente por la mañana me dijo que yo podía ser curandera en mi pueblo. que no tuviera miedo de empezar porque ella a cualquier hora del día o la noche estaría conmigo para ayudarme. Solo bastaba con que la llamara. La verdad sí me dejó pensando.

18:35 Faltando tres días para que regresara mi mamá, le pregunté si alguna vez le había hecho daño a alguien. Me miró por unos segundos. No fue necesario que me respondiera, lo supe mirando sus ojos. Los siguientes días aprendí muchas cosas, porque mi abuela me permitió que yo curara a las personas de cosas sencillas. Lo que no esperaba era que mi mamá llegara un día antes y me sorprendió haciéndolo. Se enojó muchísimo. Cuando mi abuela terminó de curar, discutieron fuertemente. Me quedé sorprendida del carácter de mi mamá. En ese momento nos íbamos a regresar, pero intervine y logré calmar a mi madre. De todas maneras, se gritaron muchas cosas.

19:19 Entre ellas, mi abuela le reclamó porque nunca quiso seguir sus pasos. Mi mamá le gritó que nunca se convertiría en una bruja como ella y le aseguró que yo tampoco lo haría. Ya más tranquilas nos acostamos y al siguiente día, muy temprano, nos alistamos para partir. Mi abuela se negó a salir de su cuarto y así, sin despedirnos, regresamos al pueblo. como es de suponerse mi mamá me prohibió regresar con la abuela para ya no discutir estuve de acuerdo aquí hubiera terminado todo si no fuera porque una noche mi abuela se me apareció era como un fantasma como parte de un sueño aún sabiendo que era una aparición nunca le tuve miedo me confesó que si recibía ayuda del diablo para hacer cosas imposibles como poderse transportar y me pidió permiso para visitarme Permiso que obviamente le di. Por mucho tiempo estuve recibiendo no solo su presencia, también sus conocimientos. Todas las noches sin que mi mamá se enterara, mi abuela me enseñaba brujería. Yo no entendía, pero me aprendía las cosas con una gran facilidad. Así fue por años, hasta que un día dejó de hacerlo.

20:34 No se me apareció más. Pensé que ya me había enseñado todo lo que necesitaba. Días después supe por mi mamá que mi abuela Juana había muerto. Me caló hasta el alma no haber estado con ella hasta sus últimos momentos, como ella estuvo conmigo en espíritu. Pero ya no tenía caso discutir. Entendí que sus últimos años los dedicó a enseñarme. Hasta la fecha nunca he ido a visitar su tumba. Tampoco me he hecho curandera como ella me sugirió por respeto a mi mamá. Ella tal vez siempre ha querido protegerme porque ella sabía que mi abuela tenía tratos con el diablo. Y meterse en eso ya son palabras mayores.

21:17 Aún así, a escondidas de ella, leo las cartas y el café. Pero nunca seré lo que era mi abuela, una excelente bruja. Quizá la mayoría de la gente no me entienda, pero yo me siento muy orgullosa de ser su nieta.