Me Hicieron Un Trabajo De Brujería Historias De Terror - REDE
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
0:05 Yo tengo una tienda de abarrotes pequeña, de esas que ya conoces por memoria porque llevas años abriendo a la misma hora, acomodando lo mismo en los mismos estantes y viendo casi siempre las mismas caras. No me hice rico con eso, pero nunca me faltó para moverme, pagarlo de la casa y sacar adelante a mi familia. Siempre he sido un hombre de rutina, de levantarme temprano, abrir, revisar cuentas, recibir pedidos, cerrar y volver al dÃa siguiente. También soy de los que buscan explicación en lo normal antes que en otra cosa. Nunca fui de meterme con limpias rezanderas ni gente que dice ver cosas. Si alguien hablaba de brujerÃa, yo era de los primeros en decir que muchas veces la gente se asusta sola y le da fuerza a cosas que no la tienen. Por eso tardé tanto en aceptar que algo no estaba bien. No empezó de golpe.
1:00 No fue que una noche se me apareciera algo o que encontrara un entierro afuera del negocio. Empezó como un desgaste que se fue metiendo poco a poco en mi cuerpo y en mi cabeza. Primero fue el cansancio. Yo dormÃa mis horas. Me acostaba casi siempre a la misma hora y aún asà amanecÃa como si hubiera trabajado toda la noche. Me costaba levantarme de la cama. sentÃa los brazos flojos las piernas pesadas y una molestia atrás de los ojos que me duraba desde la mañana hasta la tarde habÃa dÃas en que me quedaba viendo la libreta de cuentas o el celular sin entender bien que estaba revisando se me iba la atención por segundos y luego regresaba pero cada vez me pasaba más seguido después vino el enojo eso fue lo que más empezó a preocupar a mi mujer porque yo siempre he sido serio, pero no pleitista. De pronto, cualquier cosa me prendÃa. Si un cliente me pedÃa fiado, me caÃa mal. Si un proveedor llegaba tarde, le hablaba golpeado. Si un niño agarraba una bolsa y la dejaba en otro lugar, sentÃa unas ganas tremendas de gritarle. Un señor que me compra desde hace años me preguntó un precio que estaba pegado en frente de él, y yo le contesté de mala manera, tanto que luego me dio vergüenza. Con los repartidores empecé a discutir por cosas mÃnimas, por una caja mal acomodada, por una factura, por dos refrescos que no venÃan en el pedido.
2:29 Yo mismo me daba cuenta de que no era normal, pero no sabÃa cómo bajarle. Como si eso no bastara, empecé a equivocarme en cosas que antes hacÃa sin pensar. Daba mal el cambio, confundÃa pedidos, dejaba mal cerrada la cortina del local, tiraba mercancÃa al acomodarla y tropezaba cargando cajas como si no conociera ya cada rincón de la tienda. Un dÃa me corté la mano con un cúter al abrir unas cajas de jabón. Fue un corte sencillo, pero me sorprendió porque llevaba años usando esa herramienta y jamás me habÃa pasado. Otro dÃa me levanté rápido de abajo del mostrador y me pegué en la cabeza con una repisa tan fuerte que vi borroso unos segundos. Esa misma semana, al bajar una caja de aceite del anaquel, se me resbaló y me cayó directo en el pie. No me lo quebró, pero anduve cojeando dos dÃas. La última que me dejó pensando fue una tarde que regresaba a la casa.
3:26 Iba manejando por una calle que tomo todos los dÃas. Vi de frente un alto que conozco de memoria y aún asà seguÃa avanzando como si no existiera. Frené de golpe porque un carro pasó rozándome. El chofer me gritó y con justa razón. Yo me quedé con las manos duras en el volante, preguntándome en qué estaba pensando. En la casa también me empezaron a notar raro. Mi mujer me decÃa que traÃa la cara chupada, que tenÃa ojeras, que hablaba como distraÃdo y que a veces parecÃa que yo estaba escuchando otra cosa mientras ella me platicaba. Mi hija una vez me preguntó por qué estaba tan enojado siempre.
4:07 Me dolió porque ni siquiera me lo dijo en mal plan, me lo dijo con miedo. Yo le respondà que andaba cansado, que era por el trabajo, que ya se me iba a pasar, pero en el fondo no estaba tan seguro. Luego comenzaron los sueños. No eran sueños exagerados, ni de esos donde uno despierta gritando. Eran peores porque me dejaban agotado. Soñaba caminos solos, largos, de tierra, donde yo caminaba sin llegar a ningún lado. Soñaba una mujer que nunca veÃa de frente, siempre de lado o de espaldas, detenida lejos de mÃ. Soñaba que alguien andaba dentro de mi tienda cuando todo estaba cerrado, moviendo cosas entre los estantes. Varias veces soñé que estaba acostado en mi cama y escuchaba una respiración cerca, como si alguien estuviera inclinado sobre mÃ.
4:58 Despertaba con el pecho agitado, sin haber descansado nada. y al ver el reloj, casi siempre era entre las 3 y las 4 de la mañana. No fallaba. AbrÃa los ojos con la sensación de que alguien acababa de estar en el cuarto. Me incorporaba, revisaba la puerta, volteaba hacia la ventana, miraba el ropero, y no encontraba nada, pero ya no volvÃa a dormirme igual. Todo junto empezó a pesarme. Aún asÃ, seguà buscando explicaciones normales. Me decÃa que era estrés, que andaba mal dormido, que la presión económica me estaba reventando. El primero que me habló claro fue mi compadre Sergio.
5:38 Fue una noche que me encontró cerrando con la cortina a medio bajar. Me vio la cara y me preguntó si estaba enfermo. Le dije que no, que solo cansado. Se quedó callado un momento y luego soltó que eso ya parecÃa carga, que a veces a la gente le trabajan el negocio o le echan por envidia. Yo le contesté casi enojado, le dije que no empezara con tonterÃas. Ãl no insistió mucho, nomás me dijo que conocÃa a una señora que veÃa esas cosas, y que si seguÃa peor, fuera. Yo seguà aguantando hasta que tuve un dÃa que me dejó mal. Desde la mañana andaba de malas, se me olvidó un pedido. Traté mal a una clienta de años, discutà por teléfono con un proveedor y cuando llegué a la casa le respondà feo a mi mujer por una pregunta simple. Ella me dijo que yo ya no parecÃa yo.
6:30 Eso me pegó. Esa misma tarde le marqué a Sergio y le pedà la dirección de la señora. VivÃa apartada, en una casa sencilla a las orillas, detrás de un terreno medio seco. No era el tipo de lugar que impresiona por raro, más bien lo raro era ella. Hablaba poco, me veÃa demasiado y hacÃa preguntas muy exactas. Quiso saber desde cuándo andaba asÃ, cómo estaba el negocio, si habÃa tocado cosas extrañas, si habÃa encontrado algo afuera de mi casa o de la tienda, si alguien me tenÃa coraje. Yo contesté lo que pude. Luego me hizo pasar, tomó un ramo y empezó a rezar en voz baja. No voy a ponerme a describir todo porque ni yo entendà bien lo que hizo, pero sà recuerdo un momento en que se quedó callada. Apretó el ramo con fuerza y cambió la cara. Volteó a verme como si hubiera encontrado algo que no esperaba. Siguió rezando, pero ya con otro tono, más rápido, más seco. Y al terminar, me dijo que, esa noche, no abriera puertas ni ventanas después de cierta hora, que no contestara si escuchaba que me llamaban y que no dejara espejos descubiertos. Salà de ahà con una sensación rara, más apenado que convencido. Me sentÃa hasta tonto por haber ido.
7:51 En el camino a la casa, me repetà varias veces que todo era nervio, que la señora sabÃa sugestionar a la gente y que al dÃa siguiente me iba a burlar de mà mismo. Pero esa noche no pude dormir. Me acosté cansado, cerré los ojos y al rato empecé a escuchar movimientos leves en la cocina, como alguien acomodando algo despacio. Pensé que era mi mujer. Luego pensé que quizá mi hija se habÃa levantado por agua. Esperé un poco y el ruido siguió. Me levanté, salà al pasillo y al asomarme vi a una mujer parada en la cocina. Estaba quieta, sin hacer nada. de lado ocupando el espacio como si tuviera rato ahà me quedé inmóvil porque mi cabeza primero quiso entender quién era y cómo habÃa entrado di un paso estiré la mano al apagador y cuando prendà bien la luz ya no habÃa nadie revisé la cocina el patio la puerta de atrás la de enfrente todo estaba cerrado nadie en la casa se habÃa despertado nadie habÃa visto nada volvà al cuarto con el miedo ya metido en el cuerpo Me acosté despacio, traté de cerrar los ojos y justo cuando empezaba a hacerlo, escuché tres golpes claros en la ventana. Los tres golpes sonaron secos contra el vidrio, separados, iguales, como si alguien estuviera calculando el tiempo entre uno y otro. Yo me quedé inmóvil en la cama con los ojos abiertos y la respiración detenida, tratando de convencerme de que podÃa ser una rama,
9:24 algún animal o un muchacho queriendo molestar. aunque en el fondo yo sabÃa que ninguna de esas cosas cuadraba. En esa ventana no pegaban ramas porque del otro lado no habÃa árbol cerca, y tampoco era un gato o un perro porque el ruido era parejo, a la misma altura y con el mismo ritmo. Pasaron unos segundos que se me hicieron largos, luego volvieron a sonar igual, tres veces otra vez, sin apuro, como si la persona o lo que estuviera afuera supiera que yo ya estaba despierto. Volté hacia donde dormÃa mi mujer esperando que se moviera o preguntara qué era, pero seguÃa dormida. Mi hija tampoco hizo ruido en su cuarto. Nadie en la casa parecÃa haber escuchado nada. Eso me puso peor porque me hizo sentir solo, como si el ruido no fuera para todos, sino nada más para mÃ. Pensé en levantar la cortina de golpe y asomarme, pero no me atrevÃ. Me acordé de lo que me habÃa dicho la señora que no abriera puertas ni ventanas y que no contestara si escuchaba que me llamaban.
10:33 En ese momento me sentà ridÃculo por haber tomado en serio esas palabras, pero también me sentà cobarde por no tener valor para mover la mano y mirar. Me quedé sentado, viendo la silueta oscura de la ventana, esperando el siguiente golpe. Sonaron una vez más, luego silencio. Esperé todavÃa mucho rato antes de volver a acostarme, pero ya no dormÃ. Me quedé oyendo cualquier ruido de la casa hasta que empezó a clarear. Cuando por fin amaneció, traÃa la espalda ardiendo. Al principio pensé que me habÃa dormido mal o que se me habÃa encajado algo en el colchón. Fui al baño, me levanté la camiseta frente al espejo y vi varios rasguños largos, cruzados de lado a lado, como hechos por uñas.
11:20 No eran uno ni dos, eran varios. frescos rojos algunos más superficiales y otros más marcados me quedé mirando sin entender traté de explicarlo de la forma más normal que pude pensé que tal vez me habÃa rascado dormido pero yo nunca he tenido esa costumbre y además dormà con camiseta revisé la cama las sábanas la cabecera el colchón buscando algo roto o salido que pudiera haberme raspado pero no habÃa nada Mi mujer me vio la cara cuando salà del baño y me preguntó si me sentÃa bien. No le enseñé la espalda. No quise empezar el dÃa hablando de eso porque me daba vergüenza y miedo al mismo tiempo. Abrà el negocio como siempre, aunque ya desde la mañana andaba peor que el dÃa anterior. TenÃa la espalda ardiendo, la cabeza pesada y una sensación constante de que alguien estaba detrás de mÃ. No era una idea nada más, era una molestia continua entre la nuca y los hombros, como cuando sabes que alguien te observa aunque no lo estés viendo. Mientras acomodaba unas botellas, miré en el vidrio del refrigerador y alcancé a ver una sombra quieta a un lado del mostrador. Volteé de inmediato y no habÃa nadie. Me dije que era el reflejo de algún cliente pasando afuera y Pero minutos después me pasó otra cosa. Estaba sacando unas bolsas de arroz del anaquel y al mirar de reojo el reflejo del vidrio, vi
12:52 algo oscuro al fondo del local, como una persona parada cerca de la bodega. Levanté la vista y ya no estaba. Más tarde, cuando fui por una coca al refrigerador, vi mi propio reflejo y detrás de mà algo tardó una fracción de segundo más en moverse. Fue mÃnimo, pero lo vi. Cerré la puerta del refrigerador de golpe y sentà el corazón golpeándome muy fuerte. Ese dÃa todo me molestó más que nunca. Un cliente me pidió que le cambiara un billete grande y le contesté golpeado. El ruido del teléfono, la moto del repartidor, la música de un carro afuera⦠todo me ponÃa de malas yo mismo notaba que me estaba volviendo otro más agresivo más tenso menos paciente y eso en vez de hacerme corregirme me encendÃa más a mediodÃa ya no pude con la idea de seguirme haciendo tonto cerré un rato le dije a mi ayudante que me cubriera y me fui directo a buscar a la señora de la limpia cuando llegué desde afuera sentà que algo estaba distinto Toqué la puerta y tardaron en salir.
13:58 Una muchacha abrió apenas una rendija y me dijo que la señora no estaba. Le dije que venÃa de parte de Sergio, que ya me habÃa visto un dÃa antes y que necesitaba hablar con ella. La muchacha me respondió que habÃa salido. No me fui. Me quedé ahà parado y volvà a tocar. Pasó un rato y por fin la señora apareció, pero no abrió bien. Se quedó detrás de la puerta mirándome desde lejos como si yo llevara algo encima que no quisiera cerca. Le dije que desde anoche estaba peor, que habÃa visto una mujer en la cocina, que escuché golpes en la ventana y que amanecà con la espalda rasguñada. Me levanté la camiseta para enseñarle. Ni siquiera se acercó. Volteó la cara un momento. Luego me dijo en voz baja que ya no podÃa hacer nada por mÃ. Le pregunté por qué. que si eso me lo habÃa quitado o si me habÃa movido algo. No contestó de inmediato, solo me dijo que mejor buscara ayuda en otro lado, que no debà regresar y que no me volviera a parar ahÃ. Yo traté de insistir, le dije que me explicara al menos qué era lo que traÃa, pero se negó a tocarme, se negó a verme mucho tiempo a los ojos y terminó cerrándome la puerta. Esa reacción me pegó más que la mujer de la cocina, Una aparición todavÃa podÃa tratar de convencerme de que fue cansancio o susto, pero esa señora me conoció un dÃa antes.
15:31 Me vio entrar normal y ahora no querÃa tenerme cerca. No era rechazo por fastidio, era miedo. De regreso empecé a acordarme de detalles que anoche no quise pensar. cómo se le cambió la voz durante la limpia, la prisa con la que quiso terminar, la forma en que se lavó las manos al final, tallándose más de la cuenta y la advertencia rara sobre puertas, ventanas y espejos. Ahà fue la primera vez que pensé algo que me revolvió el estómago. Tal vez no me quitó nada, tal vez me movió algo, tal vez me dejó algo peor encima. Esa noche no quise llegar desarmado y ventanas dos veces movà un poco la cama para despegarla de la pared y puse una silla contra la ventana no porque creyera que eso iba a detener algo sino porque necesitaba hacer algo con las manos hasta agarré un cuchillo de la cocina y lo dejé en el buró me acosté sin ganas de dormir con la espalda sensible y la cabeza llena de ideas miraba el reloj cada rato Cuando faltaban pocos minutos para las tres, empecé a sentir otra vez esa presión en el pecho, y a la misma hora volvieron los golpes en la ventana, esta vez más largos, más insistentes, no solo tres, sino varios seguidos, como si ahora ya no estuvieran tocando para avisar, sino para probar hasta dónde aguantaba yo. No pasó mucho antes de que escuchara pasos en la cocina, ahà se me acabó cualquier duda,
17:05 no era mi imaginación. No era la casa acomodándose, ni un vecino, ni una sugestión por lo que me habÃa dicho la señora. HabÃa alguien o algo otra vez adentro. Agarré el cuchillo y salà del cuarto despacio, con las piernas débiles pero con la necesidad de comprobar que no me estaba volviendo loco. Avancé por el pasillo y al llegar a la mitad, la vi. La mujer estaba otra vez en la cocina, pero ya no en el mismo lugar que la noche anterior. Ahora estaba más cerca del comedor, de lado, quieta, como si conociera bien la casa y se moviera en ella con confianza. No hizo nada, no corrió, no se me vino encima. Le bastó con estar ahà para que yo entendiera que habÃa entrado otra vez sin abrir nada. Quise hablarle, quise preguntarle quién era o qué querÃa, pero antes de que me saliera la voz, escuché a mi espalda un golpe fuerte en la otra ventana. la del pasillo, como si hubiera otra cosa moviéndose al mismo tiempo.
18:07 Ahà el miedo cambió. Ya no era solo que habÃa visto una figura, era que algo habÃa entrado. SabÃa dónde vivÃa y no estaba solo. RetrocedÃ, prendà todas las luces que encontré y fui al cuarto a despertar a mi mujer. Cuando regresé a la cocina ya no habÃa nadie. El espacio estaba vacÃo, en silencio, como si nunca hubiera pasado nada. pero en la mesa habÃa un objeto que no estaba antes un ramo pequeño amarrado con hilo rojo del mismo tipo que la señora habÃa usado durante la limpia agarré ese ramo con una servilleta lo saqué al patio y le prendà fuego en una cubeta vieja mi mujer estaba atrás de mà con la niña abrazada sin decir una palabra el ramo tardó en prender y cuando por fin agarró llama soltó un olor muy fuerte como a pelo quemado y tierra mojada Yo me hice hacia atrás, pero no dejé de verlo. Cuando terminó de arder, quedó en el fondo un bulto negro amarrado con el mismo hilo rojo.
19:10 Lo saqué con unas pinzas de la tienda y lo abrÃ. Adentro venÃan varios cabellos largos, dos uñas, un pedazo de tela vieja y un papel doblado muchas veces. Abrà el papel ahà mismo. Era una foto mÃa, recortada de una credencial vieja con mi nombre escrito por detrás y una fecha de ese mismo mes. No esperé más. Esa misma madrugada fui con Sergio. Lo desperté y lo obligué a acompañarme a casa de la señora. Al principio no quiso salir, pero cuando le aventé el bulto quemado en la puerta y le grité que lo que me habÃa hecho lo iba a dejar ahà mismo, terminó abriendo. Ya no habló como antes. Se le veÃa el miedo en la cara.
19:54 Me dijo que una mujer habÃa ido dÃas antes a pedirle un trabajo para enfermarme. para sacarme del negocio y dejarme sin cabeza, pero que al hacerla limpia quiso mover esa carga para que se regresara y no pudo cerrarla bien, por eso empezó todo, por eso me pidió que no regresara, yo no la dejé seguir, le dije que lo terminara ahà mismo o le iba a vaciar la casa. La señora sacó otra cubeta, alcohol, sal y unas hierbas. Quemó lo que quedaba del trabajo, rezó de rodillas y me hizo pasar el humo por el cuerpo hasta que se apagó solo. Esa noche no vi a la mujer. No volvieron los golpes, no amanecà rasguñado. Con los dÃas el cansancio se me fue quitando. Dejé de despertar a las tres de la mañana y pude volver a dormir corrido.
20:44 el negocio se compuso poco a poco como si le hubieran quitado un peso de encima nunca supe quién mandó a hacerme eso aunque tuve mis sospechas tampoco volvà a buscar a la señora lo único que hice fue una cosa quité el espejo que tenÃa frente a la cama y tapé para siempre la ventana donde sonaban los golpes no porque todavÃa la vea sino porque entendà demasiado tarde que si hay cosas que entran a una casa sin abrir la puerta Y cuando uno les da paso, aunque sea por miedo o por torpeza, luego cuesta mucho sacarlas.
Apple Podcasts
Spotify
Castro
RSS Feed