March 20, 2026

Me Hicieron Un Trabajo De Brujería Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Yo tengo una tienda de abarrotes pequeña, de esas que ya conoces por memoria porque llevas años abriendo a la misma hora, acomodando lo mismo en los mismos estantes y viendo casi siempre las mismas caras. No me hice rico con eso, pero nunca me faltó para moverme, pagarlo de la casa y sacar adelante a mi familia. Siempre he sido un hombre de rutina, de levantarme temprano, abrir, revisar cuentas, recibir pedidos, cerrar y volver al día siguiente. También soy de los que buscan explicación en lo normal antes que en otra cosa. Nunca fui de meterme con limpias rezanderas ni gente que dice ver cosas. Si alguien hablaba de brujería, yo era de los primeros en decir que muchas veces la gente se asusta sola y le da fuerza a cosas que no la tienen. Por eso tardé tanto en aceptar que algo no estaba bien. No empezó de golpe.

1:00 No fue que una noche se me apareciera algo o que encontrara un entierro afuera del negocio. Empezó como un desgaste que se fue metiendo poco a poco en mi cuerpo y en mi cabeza. Primero fue el cansancio. Yo dormía mis horas. Me acostaba casi siempre a la misma hora y aún así amanecía como si hubiera trabajado toda la noche. Me costaba levantarme de la cama. sentía los brazos flojos las piernas pesadas y una molestia atrás de los ojos que me duraba desde la mañana hasta la tarde había días en que me quedaba viendo la libreta de cuentas o el celular sin entender bien que estaba revisando se me iba la atención por segundos y luego regresaba pero cada vez me pasaba más seguido después vino el enojo eso fue lo que más empezó a preocupar a mi mujer porque yo siempre he sido serio, pero no pleitista. De pronto, cualquier cosa me prendía. Si un cliente me pedía fiado, me caía mal. Si un proveedor llegaba tarde, le hablaba golpeado. Si un niño agarraba una bolsa y la dejaba en otro lugar, sentía unas ganas tremendas de gritarle. Un señor que me compra desde hace años me preguntó un precio que estaba pegado en frente de él, y yo le contesté de mala manera, tanto que luego me dio vergüenza. Con los repartidores empecé a discutir por cosas mínimas, por una caja mal acomodada, por una factura, por dos refrescos que no venían en el pedido.

2:29 Yo mismo me daba cuenta de que no era normal, pero no sabía cómo bajarle. Como si eso no bastara, empecé a equivocarme en cosas que antes hacía sin pensar. Daba mal el cambio, confundía pedidos, dejaba mal cerrada la cortina del local, tiraba mercancía al acomodarla y tropezaba cargando cajas como si no conociera ya cada rincón de la tienda. Un día me corté la mano con un cúter al abrir unas cajas de jabón. Fue un corte sencillo, pero me sorprendió porque llevaba años usando esa herramienta y jamás me había pasado. Otro día me levanté rápido de abajo del mostrador y me pegué en la cabeza con una repisa tan fuerte que vi borroso unos segundos. Esa misma semana, al bajar una caja de aceite del anaquel, se me resbaló y me cayó directo en el pie. No me lo quebró, pero anduve cojeando dos días. La última que me dejó pensando fue una tarde que regresaba a la casa.

3:26 Iba manejando por una calle que tomo todos los días. Vi de frente un alto que conozco de memoria y aún así seguía avanzando como si no existiera. Frené de golpe porque un carro pasó rozándome. El chofer me gritó y con justa razón. Yo me quedé con las manos duras en el volante, preguntándome en qué estaba pensando. En la casa también me empezaron a notar raro. Mi mujer me decía que traía la cara chupada, que tenía ojeras, que hablaba como distraído y que a veces parecía que yo estaba escuchando otra cosa mientras ella me platicaba. Mi hija una vez me preguntó por qué estaba tan enojado siempre.

4:07 Me dolió porque ni siquiera me lo dijo en mal plan, me lo dijo con miedo. Yo le respondí que andaba cansado, que era por el trabajo, que ya se me iba a pasar, pero en el fondo no estaba tan seguro. Luego comenzaron los sueños. No eran sueños exagerados, ni de esos donde uno despierta gritando. Eran peores porque me dejaban agotado. Soñaba caminos solos, largos, de tierra, donde yo caminaba sin llegar a ningún lado. Soñaba una mujer que nunca veía de frente, siempre de lado o de espaldas, detenida lejos de mí. Soñaba que alguien andaba dentro de mi tienda cuando todo estaba cerrado, moviendo cosas entre los estantes. Varias veces soñé que estaba acostado en mi cama y escuchaba una respiración cerca, como si alguien estuviera inclinado sobre mí.

4:58 Despertaba con el pecho agitado, sin haber descansado nada. y al ver el reloj, casi siempre era entre las 3 y las 4 de la mañana. No fallaba. Abría los ojos con la sensación de que alguien acababa de estar en el cuarto. Me incorporaba, revisaba la puerta, volteaba hacia la ventana, miraba el ropero, y no encontraba nada, pero ya no volvía a dormirme igual. Todo junto empezó a pesarme. Aún así, seguí buscando explicaciones normales. Me decía que era estrés, que andaba mal dormido, que la presión económica me estaba reventando. El primero que me habló claro fue mi compadre Sergio.

5:38 Fue una noche que me encontró cerrando con la cortina a medio bajar. Me vio la cara y me preguntó si estaba enfermo. Le dije que no, que solo cansado. Se quedó callado un momento y luego soltó que eso ya parecía carga, que a veces a la gente le trabajan el negocio o le echan por envidia. Yo le contesté casi enojado, le dije que no empezara con tonterías. Él no insistió mucho, nomás me dijo que conocía a una señora que veía esas cosas, y que si seguía peor, fuera. Yo seguí aguantando hasta que tuve un día que me dejó mal. Desde la mañana andaba de malas, se me olvidó un pedido. Traté mal a una clienta de años, discutí por teléfono con un proveedor y cuando llegué a la casa le respondí feo a mi mujer por una pregunta simple. Ella me dijo que yo ya no parecía yo.

6:30 Eso me pegó. Esa misma tarde le marqué a Sergio y le pedí la dirección de la señora. Vivía apartada, en una casa sencilla a las orillas, detrás de un terreno medio seco. No era el tipo de lugar que impresiona por raro, más bien lo raro era ella. Hablaba poco, me veía demasiado y hacía preguntas muy exactas. Quiso saber desde cuándo andaba así, cómo estaba el negocio, si había tocado cosas extrañas, si había encontrado algo afuera de mi casa o de la tienda, si alguien me tenía coraje. Yo contesté lo que pude. Luego me hizo pasar, tomó un ramo y empezó a rezar en voz baja. No voy a ponerme a describir todo porque ni yo entendí bien lo que hizo, pero sí recuerdo un momento en que se quedó callada. Apretó el ramo con fuerza y cambió la cara. Volteó a verme como si hubiera encontrado algo que no esperaba. Siguió rezando, pero ya con otro tono, más rápido, más seco. Y al terminar, me dijo que, esa noche, no abriera puertas ni ventanas después de cierta hora, que no contestara si escuchaba que me llamaban y que no dejara espejos descubiertos. Salí de ahí con una sensación rara, más apenado que convencido. Me sentía hasta tonto por haber ido.

7:51 En el camino a la casa, me repetí varias veces que todo era nervio, que la señora sabía sugestionar a la gente y que al día siguiente me iba a burlar de mí mismo. Pero esa noche no pude dormir. Me acosté cansado, cerré los ojos y al rato empecé a escuchar movimientos leves en la cocina, como alguien acomodando algo despacio. Pensé que era mi mujer. Luego pensé que quizá mi hija se había levantado por agua. Esperé un poco y el ruido siguió. Me levanté, salí al pasillo y al asomarme vi a una mujer parada en la cocina. Estaba quieta, sin hacer nada. de lado ocupando el espacio como si tuviera rato ahí me quedé inmóvil porque mi cabeza primero quiso entender quién era y cómo había entrado di un paso estiré la mano al apagador y cuando prendí bien la luz ya no había nadie revisé la cocina el patio la puerta de atrás la de enfrente todo estaba cerrado nadie en la casa se había despertado nadie había visto nada volví al cuarto con el miedo ya metido en el cuerpo Me acosté despacio, traté de cerrar los ojos y justo cuando empezaba a hacerlo, escuché tres golpes claros en la ventana. Los tres golpes sonaron secos contra el vidrio, separados, iguales, como si alguien estuviera calculando el tiempo entre uno y otro. Yo me quedé inmóvil en la cama con los ojos abiertos y la respiración detenida, tratando de convencerme de que podía ser una rama,

9:24 algún animal o un muchacho queriendo molestar. aunque en el fondo yo sabía que ninguna de esas cosas cuadraba. En esa ventana no pegaban ramas porque del otro lado no había árbol cerca, y tampoco era un gato o un perro porque el ruido era parejo, a la misma altura y con el mismo ritmo. Pasaron unos segundos que se me hicieron largos, luego volvieron a sonar igual, tres veces otra vez, sin apuro, como si la persona o lo que estuviera afuera supiera que yo ya estaba despierto. Volté hacia donde dormía mi mujer esperando que se moviera o preguntara qué era, pero seguía dormida. Mi hija tampoco hizo ruido en su cuarto. Nadie en la casa parecía haber escuchado nada. Eso me puso peor porque me hizo sentir solo, como si el ruido no fuera para todos, sino nada más para mí. Pensé en levantar la cortina de golpe y asomarme, pero no me atreví. Me acordé de lo que me había dicho la señora que no abriera puertas ni ventanas y que no contestara si escuchaba que me llamaban.

10:33 En ese momento me sentí ridículo por haber tomado en serio esas palabras, pero también me sentí cobarde por no tener valor para mover la mano y mirar. Me quedé sentado, viendo la silueta oscura de la ventana, esperando el siguiente golpe. Sonaron una vez más, luego silencio. Esperé todavía mucho rato antes de volver a acostarme, pero ya no dormí. Me quedé oyendo cualquier ruido de la casa hasta que empezó a clarear. Cuando por fin amaneció, traía la espalda ardiendo. Al principio pensé que me había dormido mal o que se me había encajado algo en el colchón. Fui al baño, me levanté la camiseta frente al espejo y vi varios rasguños largos, cruzados de lado a lado, como hechos por uñas.

11:20 No eran uno ni dos, eran varios. frescos rojos algunos más superficiales y otros más marcados me quedé mirando sin entender traté de explicarlo de la forma más normal que pude pensé que tal vez me había rascado dormido pero yo nunca he tenido esa costumbre y además dormí con camiseta revisé la cama las sábanas la cabecera el colchón buscando algo roto o salido que pudiera haberme raspado pero no había nada Mi mujer me vio la cara cuando salí del baño y me preguntó si me sentía bien. No le enseñé la espalda. No quise empezar el día hablando de eso porque me daba vergüenza y miedo al mismo tiempo. Abrí el negocio como siempre, aunque ya desde la mañana andaba peor que el día anterior. Tenía la espalda ardiendo, la cabeza pesada y una sensación constante de que alguien estaba detrás de mí. No era una idea nada más, era una molestia continua entre la nuca y los hombros, como cuando sabes que alguien te observa aunque no lo estés viendo. Mientras acomodaba unas botellas, miré en el vidrio del refrigerador y alcancé a ver una sombra quieta a un lado del mostrador. Volteé de inmediato y no había nadie. Me dije que era el reflejo de algún cliente pasando afuera y Pero minutos después me pasó otra cosa. Estaba sacando unas bolsas de arroz del anaquel y al mirar de reojo el reflejo del vidrio, vi

12:52 algo oscuro al fondo del local, como una persona parada cerca de la bodega. Levanté la vista y ya no estaba. Más tarde, cuando fui por una coca al refrigerador, vi mi propio reflejo y detrás de mí algo tardó una fracción de segundo más en moverse. Fue mínimo, pero lo vi. Cerré la puerta del refrigerador de golpe y sentí el corazón golpeándome muy fuerte. Ese día todo me molestó más que nunca. Un cliente me pidió que le cambiara un billete grande y le contesté golpeado. El ruido del teléfono, la moto del repartidor, la música de un carro afuera… todo me ponía de malas yo mismo notaba que me estaba volviendo otro más agresivo más tenso menos paciente y eso en vez de hacerme corregirme me encendía más a mediodía ya no pude con la idea de seguirme haciendo tonto cerré un rato le dije a mi ayudante que me cubriera y me fui directo a buscar a la señora de la limpia cuando llegué desde afuera sentí que algo estaba distinto Toqué la puerta y tardaron en salir.

13:58 Una muchacha abrió apenas una rendija y me dijo que la señora no estaba. Le dije que venía de parte de Sergio, que ya me había visto un día antes y que necesitaba hablar con ella. La muchacha me respondió que había salido. No me fui. Me quedé ahí parado y volví a tocar. Pasó un rato y por fin la señora apareció, pero no abrió bien. Se quedó detrás de la puerta mirándome desde lejos como si yo llevara algo encima que no quisiera cerca. Le dije que desde anoche estaba peor, que había visto una mujer en la cocina, que escuché golpes en la ventana y que amanecí con la espalda rasguñada. Me levanté la camiseta para enseñarle. Ni siquiera se acercó. Volteó la cara un momento. Luego me dijo en voz baja que ya no podía hacer nada por mí. Le pregunté por qué. que si eso me lo había quitado o si me había movido algo. No contestó de inmediato, solo me dijo que mejor buscara ayuda en otro lado, que no debí regresar y que no me volviera a parar ahí. Yo traté de insistir, le dije que me explicara al menos qué era lo que traía, pero se negó a tocarme, se negó a verme mucho tiempo a los ojos y terminó cerrándome la puerta. Esa reacción me pegó más que la mujer de la cocina, Una aparición todavía podía tratar de convencerme de que fue cansancio o susto, pero esa señora me conoció un día antes.

15:31 Me vio entrar normal y ahora no quería tenerme cerca. No era rechazo por fastidio, era miedo. De regreso empecé a acordarme de detalles que anoche no quise pensar. cómo se le cambió la voz durante la limpia, la prisa con la que quiso terminar, la forma en que se lavó las manos al final, tallándose más de la cuenta y la advertencia rara sobre puertas, ventanas y espejos. Ahí fue la primera vez que pensé algo que me revolvió el estómago. Tal vez no me quitó nada, tal vez me movió algo, tal vez me dejó algo peor encima. Esa noche no quise llegar desarmado y ventanas dos veces moví un poco la cama para despegarla de la pared y puse una silla contra la ventana no porque creyera que eso iba a detener algo sino porque necesitaba hacer algo con las manos hasta agarré un cuchillo de la cocina y lo dejé en el buró me acosté sin ganas de dormir con la espalda sensible y la cabeza llena de ideas miraba el reloj cada rato Cuando faltaban pocos minutos para las tres, empecé a sentir otra vez esa presión en el pecho, y a la misma hora volvieron los golpes en la ventana, esta vez más largos, más insistentes, no solo tres, sino varios seguidos, como si ahora ya no estuvieran tocando para avisar, sino para probar hasta dónde aguantaba yo. No pasó mucho antes de que escuchara pasos en la cocina, ahí se me acabó cualquier duda,

17:05 no era mi imaginación. No era la casa acomodándose, ni un vecino, ni una sugestión por lo que me había dicho la señora. Había alguien o algo otra vez adentro. Agarré el cuchillo y salí del cuarto despacio, con las piernas débiles pero con la necesidad de comprobar que no me estaba volviendo loco. Avancé por el pasillo y al llegar a la mitad, la vi. La mujer estaba otra vez en la cocina, pero ya no en el mismo lugar que la noche anterior. Ahora estaba más cerca del comedor, de lado, quieta, como si conociera bien la casa y se moviera en ella con confianza. No hizo nada, no corrió, no se me vino encima. Le bastó con estar ahí para que yo entendiera que había entrado otra vez sin abrir nada. Quise hablarle, quise preguntarle quién era o qué quería, pero antes de que me saliera la voz, escuché a mi espalda un golpe fuerte en la otra ventana. la del pasillo, como si hubiera otra cosa moviéndose al mismo tiempo.

18:07 Ahí el miedo cambió. Ya no era solo que había visto una figura, era que algo había entrado. Sabía dónde vivía y no estaba solo. Retrocedí, prendí todas las luces que encontré y fui al cuarto a despertar a mi mujer. Cuando regresé a la cocina ya no había nadie. El espacio estaba vacío, en silencio, como si nunca hubiera pasado nada. pero en la mesa había un objeto que no estaba antes un ramo pequeño amarrado con hilo rojo del mismo tipo que la señora había usado durante la limpia agarré ese ramo con una servilleta lo saqué al patio y le prendí fuego en una cubeta vieja mi mujer estaba atrás de mí con la niña abrazada sin decir una palabra el ramo tardó en prender y cuando por fin agarró llama soltó un olor muy fuerte como a pelo quemado y tierra mojada Yo me hice hacia atrás, pero no dejé de verlo. Cuando terminó de arder, quedó en el fondo un bulto negro amarrado con el mismo hilo rojo.

19:10 Lo saqué con unas pinzas de la tienda y lo abrí. Adentro venían varios cabellos largos, dos uñas, un pedazo de tela vieja y un papel doblado muchas veces. Abrí el papel ahí mismo. Era una foto mía, recortada de una credencial vieja con mi nombre escrito por detrás y una fecha de ese mismo mes. No esperé más. Esa misma madrugada fui con Sergio. Lo desperté y lo obligué a acompañarme a casa de la señora. Al principio no quiso salir, pero cuando le aventé el bulto quemado en la puerta y le grité que lo que me había hecho lo iba a dejar ahí mismo, terminó abriendo. Ya no habló como antes. Se le veía el miedo en la cara.

19:54 Me dijo que una mujer había ido días antes a pedirle un trabajo para enfermarme. para sacarme del negocio y dejarme sin cabeza, pero que al hacerla limpia quiso mover esa carga para que se regresara y no pudo cerrarla bien, por eso empezó todo, por eso me pidió que no regresara, yo no la dejé seguir, le dije que lo terminara ahí mismo o le iba a vaciar la casa. La señora sacó otra cubeta, alcohol, sal y unas hierbas. Quemó lo que quedaba del trabajo, rezó de rodillas y me hizo pasar el humo por el cuerpo hasta que se apagó solo. Esa noche no vi a la mujer. No volvieron los golpes, no amanecí rasguñado. Con los días el cansancio se me fue quitando. Dejé de despertar a las tres de la mañana y pude volver a dormir corrido.

20:44 el negocio se compuso poco a poco como si le hubieran quitado un peso de encima nunca supe quién mandó a hacerme eso aunque tuve mis sospechas tampoco volví a buscar a la señora lo único que hice fue una cosa quité el espejo que tenía frente a la cama y tapé para siempre la ventana donde sonaban los golpes no porque todavía la vea sino porque entendí demasiado tarde que si hay cosas que entran a una casa sin abrir la puerta Y cuando uno les da paso, aunque sea por miedo o por torpeza, luego cuesta mucho sacarlas.