Me Engañaron Para Usarme En Un Pacto Satánico - Historias De Terror - REDE
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0:05 Me llamo Samuel, tenÃa 29 años cuando pasó, ahora tengo 37 y sigo durmiendo con la luz del pasillo encendida. No conté esto completo, me callé por miedo y por vergüenza, pero ese silencio me empeoró. Lo digo ahora porque hubo una casa, hubo personas y hubo un intento de matarme. En esa época estaba mal, habÃa perdido un trabajo fijo, debÃa dinero, tomaba seguido y casi no hablaba con nadie. mi hermana vivÃa lejos y con mi padre no tenÃa relación yo vivÃa solo dormÃa mal y pasaba dÃas enteros sin ver a nadie conocà a Andrea por un vecino me la presentó en la tienda dijo que ella ayudaba a personas y me preguntó si dormÃa bien si tomaba por ansiedad y si tenÃa con quien hablar le dije que no y me respondió que varias personas se reunÃan para apoyarse luego me pidió mi número fui En la casa estaban Andrea, Damián, LucÃa, Beto, Sergio y Elena. Damián llevaba la voz principal y LucÃa anotaba cosas en una libreta. Al principio solo hablaban de culpa, miedo, disciplina y orden. RepetÃan que una persona se hunde cuando vive sin control y que hay formas de cortar una mala racha si acepta cambiar. En las primeras reuniones les conté demasiado. Les dije que vivÃa solo. que a veces apagaba el teléfono para no hablar con nadie, que no
1:35 tenÃa ahorros, que bebÃa hasta dormirme, y que de niño mi madre me habÃa metido miedo con el diablo. También les dije que sentÃa mi vida fuera de control. Ellos me dejaban hablar y luego repetÃan partes de lo que yo decÃa. Después empezaron a escribirme fuera de las reuniones. Andrea preguntaba si habÃa comido. LucÃa insistÃa en que no faltara. Damián decÃa que nadie sale adelante solo y que hace falta obedecer a alguien para volver a ponerse de pie. Luego empecé a ver cosas que me inquietaron. Una vez llegué antes y vi velas, cinta gris, cuchillos nuevos y una caja con trapos. Sergio la cerró cuando me vio y dijo que estaban limpiando un cuarto. Otro dÃa noté dos bidones junto a la puerta. También noté algo peor.
2:28 SabÃan demasiado. Recordaban detalles que yo habÃa dicho una sola vez, y los usaban para empujarme. Si dudaba, Andrea me recordaba que yo habÃa pedido ayuda. Si faltaba, LucÃa me escribÃa que esa resistencia era parte de mi problema. Si cuestionaba algo, Damián decÃa que el miedo aparece antes del cambio. Después llegó lo que llamaban la prueba final. No me explicaron en qué consistÃa, pero Damian dijo que todos los que habÃan querido cambiar habÃan pasado por esa prueba. Elena añadió que una persona tiene que entregar algo para salir de donde está. Yo pregunté qué significaba eso. Damian respondió que ya lo iba a entender y que no rompiera el proceso con preguntas inútiles. La noche del intento me citaron.
3:19 Cuando llegué, la casa estaba cerrada. Adentro estaban los mismos de siempre, pero no habÃa comida ni conversación normal. Andrea me sirvió un vaso y dijo que me iba a ayudar a tranquilizarme. El sabor estaba raro, asà que le pregunté qué era y me dijo que solo era una mezcla para bajar la tensión. Minutos después, sentà el cuerpo lento. Andrea se puso frente a la puerta. Damián dijo que ya estaba ahÃ, y que lo peor que podÃa hacer era irse a medias. LucÃa añadió que yo habÃa pedido una salida, y que esa noche era el cierre. Sergio se puso detrás de mÃ. Me llevaron al cuarto que siempre mantenÃan cerrado. HabÃa una silla con correas y una mesa al lado. Sobre la mesa habÃa un recipiente metálico, una navaja, un cuchillo y gasolina. Les dije que me dejaran salir. Damián respondió que era tarde. LucÃa abrió la libreta y empezó a leer fechas, cantidades y nombres. En medio de la lista dijo mi nombre completo y la palabra entrega. Intenté correr hacia la puerta, pero Sergio me sujetó y me aventó contra la pared. Perdà el aire.
4:36 Entre él y Beto me sentaron en la silla y Andrea me sostuvo las piernas. Quise creer que buscaban asustarme. Damián se acercó y dijo que todo podÃa terminar rápido Si yo cooperaba y decÃa las palabras correctas. Le pregunté de qué hablaba. Me respondió que el pacto no se podÃa cerrar sin aceptación. QuerÃan usarme como ofrenda. Me amarraron las muñecas y los tobillos. Forcejé todo lo que pude. Alcancé a golpear a Sergio y a empujar a Andrea con la rodilla. Pero eso solo hizo que apretaran más. La correa de la mano izquierda me cortó la piel. LucÃa dejó la libreta sobre la mesa y Damián volvió a exigirme que dijera que me entregaba por voluntad propia.
5:23 Le dije que estaba enfermo. Luego me golpeó en el estómago para dejarme sin aire. Elena empezó a repetir frases sobre obediencia, deuda y protección. Andrea me sostuvo la cara y me pidió que dejara de empeorar las cosas. Le pregunté si todo lo anterior habÃa sido mentira, pero no contestó. En la mesa estaba la navaja. Sergio la tomó y acercó el recipiente. Ahà dejé de pensar en convencerlos. Me habÃan buscado por mi aislamiento y por todo lo que yo mismo les conté. Todo me habÃa llevado a esa silla. Cuando vi la navaja en su mano y el recipiente listo, supe que si algo no interrumpÃa esa escena, yo no salÃa vivo de esa casa. Sergio me agarró la mano derecha y la puso sobre el recipiente metálico. Yo traté de cerrarla, pero Beto me sostuvo el brazo. Damián volvió a exigirme que dijera que aceptaba. Le escupà en la camisa, me pegó con el dorso de la mano y dijo que entonces iba a ser peor. Después le hizo una señal a Sergio. Sergio tomó la navaja y me abrió la palma. El corte bastó para sacar sangre rápido. LucÃa acercó el recipiente y dejó caer ahà lo que salÃa.
6:42 Elena siguió repitiendo sus frases y Andrea no apartó la vista. Yo grité y empecé a mover la silla con toda la fuerza que tenÃa. TodavÃa esperaba que uno de ellos se detuviera, pero no pasó. Damián dijo que faltaba la aceptación verbal. Beto respondió que podÃan terminar de todos modos. Damián le contestó que no. Esa discusión rompió el orden del cuarto. y yo seguà moviendo la silla, la base raspó el piso varias veces, en eso Sergio quiso sujetarme otra vez, pero tardó en acomodarse, entonces sonó un teléfono, era el de Beto, lo miró y dijo que era su esposa, Damián le ordenó que no contestara, pero el teléfono sonó otra vez, Beto dijo que si seguÃa ignorando, ella iba a llamar a otros, LucÃa le dijo que lo apagara, Damián le gritó que se callara y terminara su parte. Fueron pocos segundos, pero dejaron de moverse al mismo tiempo. Yo aproveché para balancear la silla hacia un lado.
7:48 No logré tirarla, pero alcancé a golpear una pata de la mesa. Uno de los bidones cayó y se derramó gasolina en el piso. LucÃa fue la primera en verlo, asà que le gritó a Sergio que levantara eso. Elena se apartó. Andrea dio un paso atrás y Damián quiso seguir, pero en ese momento golpearon la puerta principal. Fueron golpes secos, pero nadie respondió. Volvieron a golpear. Se escuchó la voz de un hombre diciendo que un coche estaba tapando la entrada de al lado y que querÃa que lo movieran. Damián dijo que nadie hablara. Beto volvió a mirar el teléfono y Andrea salió al pasillo. LucÃa le dijo que no abriera. Sergio se quedó entre el bidón y yo.
8:35 Ese desorden me dio el espacio que antes no habÃa tenido. Metà el pulgar hacia adentro y forcé la muñeca izquierda contra la correa. La piel se me abrió más, pero logré sacar media mano. Sergio se dio cuenta tarde. Se lanzó sobre mà y yo le pegué con el recipiente en la cara. No lo pensé, pues era lo único que tenÃa cerca. Cerró los ojos y retrocedió. Con esa ventaja, terminé de sacar la mano izquierda y agarré la navaja de la mesa. No tuve tiempo de cortar la otra correa con cuidado. La jalé, la rompà a medias y quedé suelto de un lado. Damián volvió hacia mà al ver que ya me estaba levantando. Alcanzó a agarrarme del hombro, pero le tiré un golpe con la navaja y le abrà el antebrazo. La herida no lo tumbó, pero sà lo hizo soltarme. Andrea trató de detenerme por la espalda, pero le pegué un codazo y se apartó. En ese momento, Beto quiso mover el bidón y terminó derramando más gasolina.
9:36 El lÃquido corrió hasta una vela que Elena habÃa dejado encendida. Luego, el fuego prendió en el piso y subió por un trapo de la mesa. No hubo explosión. Hubo una llama suficiente para llenar el cuarto de humo y obligarlos a reaccionar sin orden. Todo se rompió ahÃ. LucÃa dejó caer la libreta. Elena empezó a pedir agua. Damián dejó de ir tras de mà para intentar apagar el fuego con el pie. Sergio seguÃa cubriéndose la cara y Andrea me gritó que me detuviera. Yo salà del cuarto con una pierna todavÃa medio sujeta por la cinta. Me pegué contra la pared del pasillo, me arranqué lo que quedaba y corrà hacia la sala. La puerta principal seguÃa cerrada y del otro lado volvieron a golpear. Alcancé a quitar el seguro y abrÃ. Un vigilante de la zona casi cayó al verme, y detrás de él estaba otro vecino. Los dos me vieron con la mano ensangrentada, las muñecas marcadas y humo saliendo del fondo de la casa. Yo dije que me querÃan matar. El vigilante entró de inmediato y el vecino sacó el teléfono para llamar a emergencias. Damián intentó El vigilante lo empujó contra la pared cuando quiso acercarse a mÃ. Andrea me miró desde lejos y no dijo una sola palabra más. La policÃa llegó después junto
11:08 con los bomberos. Revisaron el cuarto. Vieron la silla, las correas, los cuchillos, la libreta, la gasolina y la sangre. Luego fui al hospital. Quedó registro de la cortada en la palma. de los golpes y de una quemadura leve en el hombro. También quedó la denuncia. Damián salió por fallas en el proceso, Sergio desapareció, Beto se deslindó, Andrea cambió de ciudad y Elena no volvió a presentarse. Sigo vivo, pero no salà limpio de ahÃ. No me salvó un cambio de conciencia de ellos, tampoco me salvó un acto heroico mÃo. Me salvaron errores, una llamada, un vecino, gasolina derramada y unos segundos de desorden. Ellos no se detuvieron, perdieron el control.
11:56 Desde entonces vivo con una certeza simple, el pacto se detuvo esa noche, pero lo que dejaron en mi cabeza sigue aquÃ.
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