April 12, 2026

Me Engañaron Para Usarme En Un Pacto Satánico - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Me llamo Samuel, tenía 29 años cuando pasó, ahora tengo 37 y sigo durmiendo con la luz del pasillo encendida. No conté esto completo, me callé por miedo y por vergüenza, pero ese silencio me empeoró. Lo digo ahora porque hubo una casa, hubo personas y hubo un intento de matarme. En esa época estaba mal, había perdido un trabajo fijo, debía dinero, tomaba seguido y casi no hablaba con nadie. mi hermana vivía lejos y con mi padre no tenía relación yo vivía solo dormía mal y pasaba días enteros sin ver a nadie conocí a Andrea por un vecino me la presentó en la tienda dijo que ella ayudaba a personas y me preguntó si dormía bien si tomaba por ansiedad y si tenía con quien hablar le dije que no y me respondió que varias personas se reunían para apoyarse luego me pidió mi número fui En la casa estaban Andrea, Damián, Lucía, Beto, Sergio y Elena. Damián llevaba la voz principal y Lucía anotaba cosas en una libreta. Al principio solo hablaban de culpa, miedo, disciplina y orden. Repetían que una persona se hunde cuando vive sin control y que hay formas de cortar una mala racha si acepta cambiar. En las primeras reuniones les conté demasiado. Les dije que vivía solo. que a veces apagaba el teléfono para no hablar con nadie, que no

1:35 tenía ahorros, que bebía hasta dormirme, y que de niño mi madre me había metido miedo con el diablo. También les dije que sentía mi vida fuera de control. Ellos me dejaban hablar y luego repetían partes de lo que yo decía. Después empezaron a escribirme fuera de las reuniones. Andrea preguntaba si había comido. Lucía insistía en que no faltara. Damián decía que nadie sale adelante solo y que hace falta obedecer a alguien para volver a ponerse de pie. Luego empecé a ver cosas que me inquietaron. Una vez llegué antes y vi velas, cinta gris, cuchillos nuevos y una caja con trapos. Sergio la cerró cuando me vio y dijo que estaban limpiando un cuarto. Otro día noté dos bidones junto a la puerta. También noté algo peor.

2:28 Sabían demasiado. Recordaban detalles que yo había dicho una sola vez, y los usaban para empujarme. Si dudaba, Andrea me recordaba que yo había pedido ayuda. Si faltaba, Lucía me escribía que esa resistencia era parte de mi problema. Si cuestionaba algo, Damián decía que el miedo aparece antes del cambio. Después llegó lo que llamaban la prueba final. No me explicaron en qué consistía, pero Damian dijo que todos los que habían querido cambiar habían pasado por esa prueba. Elena añadió que una persona tiene que entregar algo para salir de donde está. Yo pregunté qué significaba eso. Damian respondió que ya lo iba a entender y que no rompiera el proceso con preguntas inútiles. La noche del intento me citaron.

3:19 Cuando llegué, la casa estaba cerrada. Adentro estaban los mismos de siempre, pero no había comida ni conversación normal. Andrea me sirvió un vaso y dijo que me iba a ayudar a tranquilizarme. El sabor estaba raro, así que le pregunté qué era y me dijo que solo era una mezcla para bajar la tensión. Minutos después, sentí el cuerpo lento. Andrea se puso frente a la puerta. Damián dijo que ya estaba ahí, y que lo peor que podía hacer era irse a medias. Lucía añadió que yo había pedido una salida, y que esa noche era el cierre. Sergio se puso detrás de mí. Me llevaron al cuarto que siempre mantenían cerrado. Había una silla con correas y una mesa al lado. Sobre la mesa había un recipiente metálico, una navaja, un cuchillo y gasolina. Les dije que me dejaran salir. Damián respondió que era tarde. Lucía abrió la libreta y empezó a leer fechas, cantidades y nombres. En medio de la lista dijo mi nombre completo y la palabra entrega. Intenté correr hacia la puerta, pero Sergio me sujetó y me aventó contra la pared. Perdí el aire.

4:36 Entre él y Beto me sentaron en la silla y Andrea me sostuvo las piernas. Quise creer que buscaban asustarme. Damián se acercó y dijo que todo podía terminar rápido Si yo cooperaba y decía las palabras correctas. Le pregunté de qué hablaba. Me respondió que el pacto no se podía cerrar sin aceptación. Querían usarme como ofrenda. Me amarraron las muñecas y los tobillos. Forcejé todo lo que pude. Alcancé a golpear a Sergio y a empujar a Andrea con la rodilla. Pero eso solo hizo que apretaran más. La correa de la mano izquierda me cortó la piel. Lucía dejó la libreta sobre la mesa y Damián volvió a exigirme que dijera que me entregaba por voluntad propia.

5:23 Le dije que estaba enfermo. Luego me golpeó en el estómago para dejarme sin aire. Elena empezó a repetir frases sobre obediencia, deuda y protección. Andrea me sostuvo la cara y me pidió que dejara de empeorar las cosas. Le pregunté si todo lo anterior había sido mentira, pero no contestó. En la mesa estaba la navaja. Sergio la tomó y acercó el recipiente. Ahí dejé de pensar en convencerlos. Me habían buscado por mi aislamiento y por todo lo que yo mismo les conté. Todo me había llevado a esa silla. Cuando vi la navaja en su mano y el recipiente listo, supe que si algo no interrumpía esa escena, yo no salía vivo de esa casa. Sergio me agarró la mano derecha y la puso sobre el recipiente metálico. Yo traté de cerrarla, pero Beto me sostuvo el brazo. Damián volvió a exigirme que dijera que aceptaba. Le escupí en la camisa, me pegó con el dorso de la mano y dijo que entonces iba a ser peor. Después le hizo una señal a Sergio. Sergio tomó la navaja y me abrió la palma. El corte bastó para sacar sangre rápido. Lucía acercó el recipiente y dejó caer ahí lo que salía.

6:42 Elena siguió repitiendo sus frases y Andrea no apartó la vista. Yo grité y empecé a mover la silla con toda la fuerza que tenía. Todavía esperaba que uno de ellos se detuviera, pero no pasó. Damián dijo que faltaba la aceptación verbal. Beto respondió que podían terminar de todos modos. Damián le contestó que no. Esa discusión rompió el orden del cuarto. y yo seguí moviendo la silla, la base raspó el piso varias veces, en eso Sergio quiso sujetarme otra vez, pero tardó en acomodarse, entonces sonó un teléfono, era el de Beto, lo miró y dijo que era su esposa, Damián le ordenó que no contestara, pero el teléfono sonó otra vez, Beto dijo que si seguía ignorando, ella iba a llamar a otros, Lucía le dijo que lo apagara, Damián le gritó que se callara y terminara su parte. Fueron pocos segundos, pero dejaron de moverse al mismo tiempo. Yo aproveché para balancear la silla hacia un lado.

7:48 No logré tirarla, pero alcancé a golpear una pata de la mesa. Uno de los bidones cayó y se derramó gasolina en el piso. Lucía fue la primera en verlo, así que le gritó a Sergio que levantara eso. Elena se apartó. Andrea dio un paso atrás y Damián quiso seguir, pero en ese momento golpearon la puerta principal. Fueron golpes secos, pero nadie respondió. Volvieron a golpear. Se escuchó la voz de un hombre diciendo que un coche estaba tapando la entrada de al lado y que quería que lo movieran. Damián dijo que nadie hablara. Beto volvió a mirar el teléfono y Andrea salió al pasillo. Lucía le dijo que no abriera. Sergio se quedó entre el bidón y yo.

8:35 Ese desorden me dio el espacio que antes no había tenido. Metí el pulgar hacia adentro y forcé la muñeca izquierda contra la correa. La piel se me abrió más, pero logré sacar media mano. Sergio se dio cuenta tarde. Se lanzó sobre mí y yo le pegué con el recipiente en la cara. No lo pensé, pues era lo único que tenía cerca. Cerró los ojos y retrocedió. Con esa ventaja, terminé de sacar la mano izquierda y agarré la navaja de la mesa. No tuve tiempo de cortar la otra correa con cuidado. La jalé, la rompí a medias y quedé suelto de un lado. Damián volvió hacia mí al ver que ya me estaba levantando. Alcanzó a agarrarme del hombro, pero le tiré un golpe con la navaja y le abrí el antebrazo. La herida no lo tumbó, pero sí lo hizo soltarme. Andrea trató de detenerme por la espalda, pero le pegué un codazo y se apartó. En ese momento, Beto quiso mover el bidón y terminó derramando más gasolina.

9:36 El líquido corrió hasta una vela que Elena había dejado encendida. Luego, el fuego prendió en el piso y subió por un trapo de la mesa. No hubo explosión. Hubo una llama suficiente para llenar el cuarto de humo y obligarlos a reaccionar sin orden. Todo se rompió ahí. Lucía dejó caer la libreta. Elena empezó a pedir agua. Damián dejó de ir tras de mí para intentar apagar el fuego con el pie. Sergio seguía cubriéndose la cara y Andrea me gritó que me detuviera. Yo salí del cuarto con una pierna todavía medio sujeta por la cinta. Me pegué contra la pared del pasillo, me arranqué lo que quedaba y corrí hacia la sala. La puerta principal seguía cerrada y del otro lado volvieron a golpear. Alcancé a quitar el seguro y abrí. Un vigilante de la zona casi cayó al verme, y detrás de él estaba otro vecino. Los dos me vieron con la mano ensangrentada, las muñecas marcadas y humo saliendo del fondo de la casa. Yo dije que me querían matar. El vigilante entró de inmediato y el vecino sacó el teléfono para llamar a emergencias. Damián intentó El vigilante lo empujó contra la pared cuando quiso acercarse a mí. Andrea me miró desde lejos y no dijo una sola palabra más. La policía llegó después junto

11:08 con los bomberos. Revisaron el cuarto. Vieron la silla, las correas, los cuchillos, la libreta, la gasolina y la sangre. Luego fui al hospital. Quedó registro de la cortada en la palma. de los golpes y de una quemadura leve en el hombro. También quedó la denuncia. Damián salió por fallas en el proceso, Sergio desapareció, Beto se deslindó, Andrea cambió de ciudad y Elena no volvió a presentarse. Sigo vivo, pero no salí limpio de ahí. No me salvó un cambio de conciencia de ellos, tampoco me salvó un acto heroico mío. Me salvaron errores, una llamada, un vecino, gasolina derramada y unos segundos de desorden. Ellos no se detuvieron, perdieron el control.

11:56 Desde entonces vivo con una certeza simple, el pacto se detuvo esa noche, pero lo que dejaron en mi cabeza sigue aquí.