July 2, 2026

Los GAFES Fueron Por Desaparecidos Y Encontraron Nahuales - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Yo estuve en esa comisión como operador de radio y apoyo de registro. Éramos siete en total, el capitán Vargas, el sargento Rojas, Medina, Torres, Núñez, Salas, que era sanitario, y yo. También iba con nosotros Mateo Rentería, policía rural de la zona. La orden era levantar una base temporal en los límites de la selva, al sur de Veracruz, y revisar una serie de desapariciones que los pobladores ya habían reportado varias veces. Nos dijeron que había ranchos aislados, veredas largas y monte cerrado. La base quedó en un potrero, cerca de una brecha que conectaba tres comunidades. Desde ahí podíamos controlar el paso y recibir a la gente que quisiera declarar. No llevábamos más personal, porque el mando pensaba en robo de ganado, en cazadores o en un grupo armado pequeño. Entramos preparados para hombres con armas, rutas de escape y vigilancia desde el monte. Cuando llegamos, varios pobladores ya nos esperaban. Traían fotos, una libreta con nombres y dos costales con restos de animales. El capitán pidió que hablaran en orden. Una mujer dijo que su hermano había salido por una vaca y ya no volvió. Un hombre mayor dijo que habían encontrado reces abiertas en el monte, sin cortes limpios y sin señales de venta de carne.

1:32 Otro explicó que, después de los ataques, aparecían huellas de perros grandes, pero esas huellas terminaban en pies humanos. Vargas les pidió hechos, no rumores. Mateo intervino antes de que los pobladores contestaran. Dijo que en esos ranchos ya tenían nombre para eso y que les llamaban Nahuales. No levantó la voz. Dijo que la gente no hablaba de perros salvajes ni de animales perdidos. Hablaba de personas que salían por la noche, tomaban forma de bestia y usaban voces conocidas para sacar a la gente de sus casas. El capitán anotó desaparición, robo de ganado y posible presencia criminal.

2:15 No escribió la palabra Nahual. Los pobladores se retiraron antes de que oscureciera. Ninguno aceptó quedarse cerca de la base. El hombre mayor, antes de subir a su camioneta, nos advirtió que no contestáramos si alguien nos llamaba desde el monte. Vargas le dijo que no metiera miedo. El hombre respondió que el miedo ya estaba metido desde antes, porque dos de sus sobrinos habían salido al escuchar una voz familiar y no regresaron. Después se fueron por la brecha, sin mirar hacia atrás. Montamos lo necesario, una carpa para mando, otra para descanso. una mesa de radio, una zona médica y dos puntos de guardia. No hicimos más porque la base era temporal. Al caer la noche, el potrero quedó en silencio. No se escuchaban motores, voces ni trabajo de campo.

3:07 Mateo dijo que la gente no pasaba por esa brecha. Después de cierta hora y Salas le preguntó si era por miedo a los ladrones. Mateo respondió que los ladrones dejan huellas de botas, casquillos o marcas de llanta. La primera señal llegó durante la guardia de Medina y Núñez. Medina avisó por radio que veía animales en el borde del monte. Yo estaba en la mesa y escuché su voz más baja de lo normal. Dijo que tenían el tamaño de perros grandes, tres o cuatro, moviéndose entre los árboles. Núñez agregó que no iban sueltos porque se detenían al mismo tiempo, mantenían distancia y no se metían unos sobre otros.

3:51 Vargas salió con Rojas y conmigo hasta el punto de guardia. Torres se acercó con el arma lista. Vimos los cuerpos bajos entre la maleza, de lomo alto y movimiento lento. Entraban y salían de la línea del monte, pero no avanzaban hacia la base. El capitán ordenó no disparar. Quería confirmar si eran perros de rancho, coyotes grandes o animales usados para distraernos. Medina seguía mirándolos por la mira. y dijo que uno se había quedado fijo sobre nosotros. Entonces, uno de esos perros grandes se levantó sobre las patas traseras. Duró poco, pero todos lo vimos. Mantuvo el equilibrio con la postura humana, bajó la cabeza y volvió al suelo.

4:38 Nadie habló en el primer momento. Rojas pidió permiso para revisar con dos hombres. Vargas lo autorizó, pero les marcó un límite claro. No debían entrar más allá de la primera línea de árboles. Salieron Rojas, Torres y Mateo. Los perdimos de vista al entrar al monte, aunque los escuchábamos por radio. Rojas reportó olor a sangre. Luego informó que habían encontrado una vaca muerta. Dijo que el cuerpo estaba abierto y que había señales de arrastre. Vargas pidió ubicación y ordenó no tocar nada. Mateo habló al fondo, pero la señal se cortó. El capitán pidió repetir y Rojas respondió que Mateo estaba revisando las huellas. Regresaron pocos minutos después.

5:25 Torres traía barro en las rodillas, Rojas llevaba fotos en su teléfono y Mateo venía callado. Nos reunimos en la mesa y revisamos las imágenes. Alrededor de la vaca había marcas de garras. Más adelante esas marcas cambiaban. Primero eran patas de perro grande, después se alargaban. y al final eran pies humanos descalzos, hundidos en el lodo. Vargas preguntó si alguien podía haber preparado esas marcas. Mateo dijo que un hombre podía falsificar una huella, pero no correr en cuatro patas, cargar una res y desaparecer sin rastro de botas. Rojas guardó silencio, y Torres pidió revisar otra vez el perímetro.

6:09 El capitán aceptó, aunque ordenó que nadie se moviera solo, y que todo cambio se reportara por radio. Desde ese momento dejamos de hablar de ladrones comunes. Vargas todavía evitaba usar la palabra Nahual. Dijo que mientras no tuviéramos contacto directo los llamaría agresores. Mateo le respondió que los pobladores ya habían tenido contacto directo muchas veces y que nosotros apenas llevábamos unas horas ahí. Nadie se rió y nadie le pidió que se callara. La segunda señal llegó poco después. Desde el monte salió una voz que llamó a Torres por su apellido. Sonó cerca, aunque la línea de árboles estaba lejos. Torres se quedó inmóvil. Todos lo vimos. Nadie de los poblados sabía su apellido. Solo nosotros lo habíamos dicho en la base. Vargas ordenó silencio por radio y apuntó hacia el monte. La voz repitió el apellido, ahora con el tono del sargento Rojas. Pero Rojas estaba junto a nosotros. con el arma levantada y la boca cerrada.

7:17 Después de aquella voz, Vargas cerró la base, apagó las luces que nos dejaban expuestos y dejó encendidas solo las necesarias para cubrir el perímetro. Rojas acomodó a Medina y a Núñez lado de la brecha, puso a Torres cerca de la carpa médica y me dejó en la mesa de radio. Mateo se quedó junto al capitán, lejos de la cerca. Durante un rato no ocurrió nada visible, y ese silencio nos obligó a mirar más tiempo hacia el monte. Los perros grandes ya no estaban en la línea de árboles. La vaca seguía tirada donde Rojas la había encontrado, y el olor llegaba por momentos hasta la base. Torres revisó la parte trasera, porque juró haber oído pasos cerca de la carpa, pero volvió solo con el arma levantada. Medina fue el primero en quebrarse. Avisó por radio que veía a una mujer junto a la brecha. El capitán fue hasta su posición y yo escuché por el canal interno.

8:18 Medina la describió baja, con reboso y pies descalzos. También dijo que tenía la cara de su madre. Vargas le ordenó no hablarle, no moverse y mantener el arma abajo hasta tener una amenaza clara. Mateo pidió que nadie respondiera. Vargas apuntó hacia ella y le ordenó identificarse. La figura no contestó, bajó las manos al suelo, dobló la espalda y corrió hacia el monte en cuatro patas. Núñez disparó dos veces antes de recibir orden. Los tiros pegaron en la tierra y madera, y la figura entró al monte sin caer. Rojas lo reprendió, pero no siguió discutiendo, pues todos habíamos visto el cambio. Mateo dijo entonces que eran Nahuales.

9:06 Lo dijo de frente, sin rodeos, y Rojas repitió por radio que habían aguales en el perímetro. Vargas no corrigió el término. Desde ese momento dejamos de hablar de perros grandes, aunque algunos siguieran teniendo esa forma, cuando cruzaban frente a la luz. La presión empezó con golpes pequeños. Primero cayeron piedras contra la cerca, luego se movió ganado cerca de la brecha. Después escuchamos madera romperse en el monte. Una res caminó hacia la base con el cuello bajo. Llevaba una cuerda amarrada y en la cuerda venía sujeto un pedazo de tela militar. Revisamos uniformes, mangas y chalecos. Ninguno tenía una rotura. Salas dijo que querían medirnos. Rojas respondió que ya sabían cuántos éramos y dónde estaban nuestras armas.

9:59 Vargas pidió enlace con mando y reportó contacto con agresores no identificados, uso de animales, imitación de voces y posible intento de cerco. No usó la palabra Nahual por radio. Mateo le dijo que el mando no iba a entender el reporte y Vargas contestó que necesitaba refuerzos, no comprensión. La señal entraba con cortes, y cada vez que yo pedía confirmación, recibía ruido o frases incompletas. Rojas caminaba de un punto a otro, revisando que nadie estuviera solo. Medina miraba el suelo cerca de sus botas. Núñez tenía el seguro quitado, y Torres se mantenía junto a la carpa médica, cubriendo el centro. Uno de los nahuales entró por la parte baja de la cerca. No lo vimos cruzar. Lo vimos cuando ya estaba adentro, entre la mesa de radio y la carpa de salas. Tenía forma de perro grande, pelo oscuro, hombros altos y patas delanteras largas. Torres lo iluminó.

11:00 El animal giró hacia él y mostró los dientes. Medina disparó. La bala entró en el costado y el cuerpo cayó contra una caja. Rojas avanzó para rematarlo, pero Vargas le ordenó detenerse. El cuerpo se movió en el lodo, las patas delanteras se doblaron hacia adentro, el lomo bajó, y por unos segundos vimos una espalda humana cubierta de pelo. La niebla entró desde el monte y nos quitó visión del suelo. Cuando Torres volvió a iluminar el punto, el cuerpo ya no estaba. Quedaron sangre, pelo y una huella de mano con dedos largos. Salas revisó a Torres y le dijo que podía seguir, y Medina repetía que le había pegado. Rojas le respondió que todos habíamos visto el impacto.

11:47 En un operativo normal, un blanco cae y se asegura. Ahí, el blanco cayó, cambió de forma y desapareció delante de nosotros. El siguiente golpe fue contra Núñez. Estaba con Mateo cuando escuchó a una niña pedir ayuda desde el monte. La voz decía que estaba atrapada y que su papá se había caído. Núñez pidió autorización para acercarse. pero Vargas se la negó. La voz cambió al tono de Núñez y empezó a decir que el capitán tenía miedo. Núñez dio dos pasos fuera de su posición y Mateo lo jaló del chaleco, y en ese momento algo salió de la hierba y le mordió el brazo. Lo sujetó y tiró de él hacia la cerca. Mateo disparó a corta distancia.

12:35 Rojas y Torres abrieron fuego desde la base y la figura soltó a Núñez. La vimos de cuerpo entero al retroceder. Tenía forma de perro grande, pero se levantó sobre las patas traseras. Tenía manos delgadas, dedos largos, cabeza baja y pecho humano con pelo en partes. Mateo gritó que eran nahuales, no perros, y ya nadie pidió otra explicación. Núñez quedó con el brazo abierto y perdió mucha sangre. Salas lo llevó a la carpa médica y trabajó con lo que tenía. Vargas pensó en sacarlo en la camioneta, pero la salida estaba tomada. En la brecha norte vimos varias figuras quietas, unas en cuatro patas, otras de pie. No llevaban armas, pero controlaban el paso con presencia y voces. Vargas ordenó aguantar hasta el amanecer. Rojas repartió munición y nos colocó en parejas. Yo seguí llamando al mando. hasta que una voz respondió con cortes pidiendo coordenadas y confirmación de enemigo armado.

13:42 Vargas vio la sangre en la cerca y respondió que el enemigo usaba otra forma de ataque. Del otro lado preguntaron si había bajas y Vargas dijo que todavía no. En ese momento, por el radio abierto, una voz con el tono de Vargas repitió, todavía no, pero nadie había tocado el transmisor. Después de esa transmisión, Vargas nos quitó los radios personales. Dejó uno en mi mesa y otro con Rojas. La orden fue simple. Nadie obedecería una instrucción si no veía al capitán darla de frente. Los Nahuales ya habían usado voces, nombres y recuerdos. Ya habían entrado a la base. Y ahora buscaban que nos moviéramos por error.

14:28 Núñez seguía consciente, aunque el dolor le cortaba la voz. Salas le apretó el vendaje y le dijo que no mirara hacia la cerca. Medina ayudaba con la presión en el brazo. Torres estaba con Rojas en el punto más cercano a la brecha. Vargas y Mateo revisaban la salida mientras yo escuchaba la radio y pedía apoyo. Pero del mando solo llegaban respuestas cortadas, preguntas repetidas y ruido. Los Nahuales siguieron alrededor de la base. A veces cruzaban frente a las luces en cuatro patas, con cuerpo de perro grande y lomo alto. Luego se levantaban detrás de los árboles y caminaban sobre dos piernas. No siempre corrían. Algunos avanzaban despacio, se detenían y volvían a bajar al suelo.

15:18 Nos obligaban a mirar cada movimiento y con eso nos quitaban atención de otro punto. Mateo dijo que no debíamos perseguir a ninguno, aunque cayera herido. Vargas le preguntó por qué. Mateo respondió que en los ranchos hacían eso. Enseñaban un cuerpo lastimado, imitaban una voz y esperaban a que alguien saliera. Después se llevaban al primero que se separaba. Vargas aceptó la advertencia y la convirtió en orden. Nadie salía de la línea de luz, nadie cruzaba la cerca y nadie se acercaba a un cuerpo sin cobertura. Poco antes del amanecer apareció Porfirio en la brecha. Era el hombre que nos había llevado las fotos al inicio. Venía solo, con las manos levantadas, caminando hacia la base. Dijo que traía una salida por el camino alto y que la gente del pueblo estaba lista para ayudarnos. Su ropa estaba limpia.

16:15 Todos los que habíamos pisado esa zona traíamos lodo en botas y pantalón, pero venía seco, sin raspones, sin sudor visible. Vargas le ordenó detenerse. Porfirio se detuvo, pero siguió sonriendo. Mateo le gritó que se quitara de ahí. Porfirio no lo volteó a ver. Mantuvo la mirada en la carpa médica, donde Salas atendía a Núñez. Después habló con la voz de la niña que habíamos escuchado desde el monte y dijo que su papá se había caído y que necesitaba ayuda. Medina levantó el arma, pero Vargas le ordenó esperar. Porfirio bajó las manos, apoyó los dedos en el suelo y dobló la espalda. No hubo un cambio completo ni limpio, pero la postura se le rompió, los hombros subieron, la cabeza bajó hasta el pecho y los brazos tomaron fuerza contra la tierra. Salió corriendo hacia la carpa médica. Rojas disparó primero, Torres y Medina dispararon después. Porfirio cayó antes de llegar a la carpa, rodó en el lodo y trató de arrastrarse hacia la niebla. Vargas gritó que nadie se acercara, y en ese mismo momento los nahuales entraron por dos lados. La cerca se dobló al sur, tres cuerpos cruzaron el potrero y uno saltó directo sobre Torres.

17:38 Yo dejé la radio y corría a ayudarlo. Torres estaba en el suelo, con el arma pegada al pecho. El nahual le tenía la pierna sujetada. Así que Rojas disparó a corta distancia y el animal lo soltó, pero le dejó la carne abierta. Entre Medina y yo lo arrastramos hacia la carpa. Torres seguía consciente y pedía que no le quitaran el fusil. Salas lo recibió sin soltar a Núñez y trabajó con los dos heridos en el mismo espacio. Vargas se quedó en el centro de la base dando órdenes cortas. Indicaba blancos, recargas y movimientos. no permitió que nadie corriera solo, y esa calma nos sostuvo, porque los Nahuales ya habían logrado entrar, y cualquier salida desordenada nos habría partido el grupo. Mateo cubría la parte baja de la cerca y gritaba cuando veía a uno levantarse. Medina detectó otro Nahual junto a la camioneta, le disparó tres veces, la figura cayó detrás de la puerta, y cuando la luz pegó en el suelo, vimos un pie humano, luego una pata doblada y después solo niebla. Medina quiso avanzar para confirmar y Rojas lo sujetó del chaleco y le dijo que no le regalara el cuerpo. Medina se quedó en su puesto, temblando de rabia, con la cara llena de lodo. La munición empezó a bajar. Vargas ordenó disparar solo con cuerpo completo y distancia segura. Los nahuales dejaron

19:11 de entrar, pero no se fueron. se movían alrededor de la cerca, gruñían bajo y mezclaban voces humanas. Usaron la voz de Torres, aunque Torres estaba herido dentro de la carpa. Usaron la voz de Núñez, aunque Núñez respiraba con dificultad junto a Salas. También usaron mi voz. La escuché desde el monte pidiendo que abrieran paso, pero nadie contestó. Cuando empezó a entrar la luz, la niebla perdió fuerza. Los nahuales se retiraron hacia el monte, Primero los que iban en cuatro patas, después los que caminaban de pie. Uno se quedó al final de la brecha. Era alto, flaco, con pelo en brazos y pecho, la cabeza baja y las manos largas. Mateo lo señaló y dijo que ese mandaba a los demás. Vargas apuntó, pero no disparó. Quedaban pocos cartuchos y la distancia no ayudaba. Con el sol sobre el potrero vimos lo que habían dejado. Había sangre en tres puntos, pelo oscuro. huellas de perro grande y huellas humanas. En el lugar donde Porfirio cayó no había cuerpo.

20:19 Quedaron su camisa, dos dientes humanos y marcas de uñas en el lodo. Las huellas salían de ahí en cuatro patas, cruzaban la brecha y terminaban en pies descalzos antes del monte. El refuerzo llegó ya con luz. Venían más soldados y dos patrullas estatales. Revisaron la base, tomaron fotos, contaron casquillos y sacaron a los heridos. Nadie encontró cuerpos de Nahuales, tampoco encontraron a los tres desaparecidos del reporte inicial. En la vaca muerta hallaron cuerda y cabello humano, y lo guardaron en una bolsa de evidencia. El informe oficial habló de fauna agresiva, posible grupo criminal y estrés por combate nocturno.

21:04 No usó la palabra Nahual. Vargas pidió agregar las voces, las huellas y los cambios de forma vistos por varios elementos. pero le dijeron que eso no podía quedar en el documento. Firmó una versión reducida. Rojas ya no habló del tema después del traslado. Núñez perdió movilidad en el brazo. Torres sobrevivió, pero salió del servicio meses después. Mateo volvió a su comunidad y dejó de contestar llamadas. Vargas fue cambiado de zona. Yo entregué mis notas y copia de los audios y no recibí respuesta. La base se levantó esa misma semana.

21:44 El sector quedó cerrado un tiempo. Luego volvieron los ganaderos por necesidad. Las desapariciones siguieron, pero la gente dejó de reportarlas con la misma insistencia. En esa zona entendieron algo antes que nosotros. Si el ejército no podía nombrar a los Nahuales, tampoco iba a quedarse a enfrentarlos.