Sept. 12, 2026

Lo Que Descubrí Mientras Fingía Estar Dormida

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Hace tres meses mi novio empezó a sufrir una resequedad extrema en los ojos. Ayer descubrí por qué nunca lo veo parpadear, cuando cree que estoy dormida. Rodrigo y yo llevábamos casi dos años viviendo juntos. Trabajaba desde casa y pasaba muchas horas frente a la computadora, así que sus ojos rojos no me preocuparon al principio. Compró gotas lubricantes y puso un humidificador junto a su escritorio. Decía que al despertar sentía los párpados pegados y que durante el día tenía irritación. Le sugerí ir con un oftalmólogo y días después me contó que le habían diagnosticado síndrome de ojo seco. La explicación encajaba, pantallas, poco descanso y ambiente seco.

0:52 No sospeché nada entonces. Luego cambió otras cosas. Rodrigo siempre había preferido el frío. pero comenzó a mantener el departamento cerca de los 28 grados, incluso en días calurosos. Una tarde lo encontré trabajando con la calefacción encendida. Le toqué la frente y tenía la piel muy caliente. Apartó mi mano y dijo que tenía frío. Discutimos varias veces por la temperatura hasta que acordamos que calentaría solo el cuarto donde trabajaba. Poco después cambió su manera de comer. Antes cocinábamos de todo, Pero dejó las verduras, el arroz y la pasta, y empezó a comprar mucha carne. No la cocinaba enseguida. La dejaba varios días en el refrigerador, incluso después de que empezaba a oler mal. Una vez tiré un paquete y Rodrigo lo sacó de la basura. Revisó que siguiera cerrado y volvió a guardarlo. Dijo que todavía servía y que la prefería así. También comenzó a ducharse con agua demasiado caliente. y a usar crema varias veces al día. La piel se le abrió alrededor de los nudillos, y después aparecieron grietas detrás de las orejas y cerca del cuello. Yo relacionaba esos cambios con el calor, la resequedad y el estrés, pero no entendía por qué habían empezado juntos. Yo solía acostarme antes que él. Algunas noches despertaba y encontraba su lado de la cama vacío, porque seguía trabajando. Otras lo escuchaba entrar cuando yo ya estaba

2:26 medio dormida. Fue entonces cuando noté un sonido breve y húmedo que al principio atribuía al humidificador. Una noche lo escuché detrás de mí después de que Rodrigo se acostara. Sonó dos veces. Le pregunté qué estaba haciendo. Tardó en responder y dijo que nada. Me giré y estaba boca arriba con los ojos abiertos. En cuanto me vio despierta, parpadeó varias veces. Desde entonces, empecé a fijarme en sus ojos. Cuando hablaba conmigo, parpadeaba con normalidad, pero cuando trabajaba y creía estar solo, pasaba demasiado tiempo sin cerrar los párpados. Una tarde, me quedé detrás de él mientras miraba la pantalla.

3:10 Sus ojos siguieron abiertos. Me moví, y al verme reflejada en el monitor, parpadeó de inmediato. Repetí la prueba durante varios días. Si sabía que lo observaban, parpadeaba. sino dejaba de hacerlo durante largos intervalos. Una noche se lo mencioné y dijo que yo estaba prestando demasiada atención, porque ya sabía que tenía los ojos irritados. Parpadeó dos veces y cambió de tema. Me sentí absurda, pues vivíamos juntos desde hacía casi dos años. Entonces ocurrió lo de la carne. Una madrugada desperté y Rodrigo no estaba en la cama, Fui por agua y lo encontré frente al refrigerador a oscuras con un paquete abierto entre las manos. Dijo que tenía hambre. Encendí la luz y reconocí la carne que llevaba días guardada. Le pregunté si pensaba cocinarla. Respondió que sí y regresé al dormitorio. Por la mañana el paquete estaba vacío, pero no había platos ni sartenes sucios y la cocina seguía tal como la había dejado. No le pregunté nada, pero empecé a observar otros detalles. Rodrigo se aplicaba gotas cuando yo estaba cerca, pero algunos frascos duraban demasiado.

4:27 Las grietas de sus manos se extendían hacia las muñecas, así que le sugerí volver al médico. Dijo que lo haría, aunque nunca volvió a hablarme de otra consulta. Una noche decidí fingir que dormía. Quería comprobar cuánto tiempo mantenía los ojos abiertos cuando creía que yo dormía. Me acosté de lado y esperé. Rodrigo siguió trabajando un rato. Luego entró al dormitorio, cerró la puerta y se acostó. Pasaron varios minutos y después sentí ceder el colchón. Se había incorporado, pero no abrí los ojos. Lo sentí acercarse hasta que su respiración llegó a mi cara y el aire que expulsaba estaba muy caliente. Permanecí inmóvil. Él no hablaba ni me tocaba. Abrí el ojo derecho apenas lo suficiente para verlo.

5:20 Su cara estaba a pocos centímetros y ambos ojos seguían abiertos. Esperé a que parpadeara, pero no lo hizo. Entonces, escuché el mismo sonido húmedo de las otras noches. Algo transparente apareció en la esquina interna de su ojo derecho y se deslizó horizontalmente sobre el globo ocular. Cubrió el ojo durante un instante y desapareció al otro lado. Sus párpados normales no se movieron. Me quedé quieta hasta que ocurrió lo mismo en el ojo izquierdo. Cerré el ojo y controlé la respiración. Rodrigo siguió frente a mí durante un rato y luego volvió a acostarse, pero la verdad no dormí.

6:02 A la mañana siguiente preparó café y me preguntó si había descansado bien. Le dije que sí. En el trabajo busqué información y encontré la membrana nictitante, un tercer párpado presente en algunos animales, que se desplaza lateralmente para proteger y humedecer el ojo. Los humanos no tenemos una estructura funcional de ese tipo. Al volver a casa, encontré a Rodrigo frente a la computadora, pero no me oyó entrar. Sus ojos estaban fijos en la pantalla. Me quedé detrás de él y no parpadeó. Di un paso y me vio reflejada en el monitor. Cerró los ojos de inmediato. Luego se giró y me saludó. Esa noche no dije nada.

6:46 Al día siguiente tuvo que salir. Esperé hasta estar segura de que se había ido y entré en su oficina, pues necesitaba saber qué estaba ocultando. En uno de los cajones encontré frascos de gotas, agua destilada y un cuaderno. Lo abrí. Había registros de temperatura, humedad y agua, mezclados con palabras que no correspondían a notas de trabajo. Cubierta, elasticidad, deterioro, lubricación. Algunas páginas contenían símbolos que no reconocía, otras estaban escritas en español. Una anotación hablaba de mantener húmeda la superficie ocular durante periodos de baja humedad. Otra registraba pérdida de elasticidad en manos y cuello. Le tomé fotografías y cuando iba a guardar el cuaderno vi una bolsa transparente debajo.

7:40 Dentro había un fragmento fino de tejido con poros y pequeños vellos. No lo toqué, cerré el cajón y salí. Cuando Rodrigo regresó, durante la cena noté una grieta en su cuello, pero no sangraba. Vio que la observaba, se acomodó la camiseta y me preguntó si había entrado en su oficina. Le dije que había buscado un cargador. Me sostuvo la mirada unos segundos, preguntó si lo había encontrado y respondí que no. Esa noche dejé mi teléfono grabando junto a la cama. Cuando Rodrigo creyó que dormía, volvió a incorporarse. Se acercó, puso dos dedos debajo de mi mandíbula y recorrió mi hombro y brazo. No me acariciaba.

8:24 Comprobaba zonas concretas y regresaba al cuello. Escuché otra vez el sonido húmedo de sus ojos. Cuando salió del dormitorio, tomé el teléfono y revisé la grabación. La imagen era oscura, pero suficiente. Vi la membrana desplazarse sobre sus ojos. También vi que una de las grietas de su cuello se abrió al girar la cabeza. Debajo no había sangre, sino una superficie más oscura. Pero la abertura se cerró al mover el cuello. Detuve el video, pues la verdad, ya no quería preguntarle qué estaba pasando, solo quería salir de ahí. Preparé una mochila con documentos, dinero, cargador y algo de ropa, la escondí dentro del closet y esperé a que amaneciera.

9:10 Apenas dormí. Rodrigo se levantó, se preparó para salir y me dijo que tenía una reunión fuera del departamento. No hice preguntas, solo esperé a escuchar la puerta y comprobé desde la ventana que realmente se había ido. Mi intención era recoger el cuaderno, tomar la bolsa con el fragmento de piel y marcharme. Hasta ese momento tenía el video de la noche anterior y algunas fotografías, pero necesitaba llevarme algo que no pudiera explicarse con una falla de cámara o una mala interpretación. El cajón de la oficina estaba cerrado. Busqué la llave entre sus cosas y la encontré dentro de un estuche. Abrí, saqué el cuaderno y guardé también la bolsa. Ya iba hacia la puerta cuando recordé una frase que había quedado cortada en una de las fotografías, mantenimiento de la cubierta humana, volví al escritorio, abrí el cuaderno y busqué esa sección, Las páginas siguientes contenían dibujos anatómicos.

10:13 Varios mostraban cuerpos humanos y otros incluían una figura estrecha dentro del torso, con brazos y piernas más largos de lo normal. Había también diagramas de ojos. En uno aparecía un ojo humano, debajo, otro con una membrana lateral que cruzaba el globo ocular. Seguí leyendo. Las lágrimas artificiales figuraban como una medida temporal. para conservar la superficie húmeda durante el deterioro. Más abajo explicaba que el parpadeo vertical debía aprenderse y repetirse frente a otras personas. No mencionaba ningún tratamiento ni enfermedad. Eran instrucciones para mantener una apariencia humana.

10:55 La sección siguiente indicaba que la cubierta necesitaba calor para conservar elasticidad y que la falta de humedad aceleraba las grietas. También especificaba la alimentación, tejido animal, preferentemente después de varios días de degradación. No tuve que detenerme para entender a qué se refería. La calefacción, las duchas, la carne guardada y las grietas de la piel estaban descritas en esas páginas. Había instrucciones sobre conducta. El sueño prolongado no era necesario. La respiración debía controlarse en reposo y las expresiones faciales se aprendían mediante observación. También recomendaba limitar la convivencia con familiares, visitas frecuentes o grupos grandes, porque aumentaba el riesgo de cometer errores. Rodrigo trabajaba desde casa, dormía poco, nunca recibía familiares y evitaba reuniones largas. Yo había aceptado todo eso durante casi dos años. pero en el cuaderno aparecía organizado como un protocolo. Busqué la definición de cubierta. Varias páginas después, encontré un esquema de un cuerpo humano acostado y debajo, la misma figura alargada de los dibujos anteriores. El siguiente mostraba esa figura dentro del cuerpo, y la palabra escrita junto al dibujo era huésped. No había una explicación completa del procedimiento, pero sí suficientes detalles para entender que la

12:27 cubierta no era ropa, prótesis ni tejido añadido. Era el cuerpo humano entero. Continué revisando y encontré una lista de nombres, edades, alturas, pesos y fechas. Abrí otra vez el cajón y debajo de unos papeles aparecieron varias identificaciones. Pertenecían a hombres distintos. Una estaba a nombre de Rodrigo Herrera, otra coincidía con uno de los nombres anotados en el cuaderno. Busqué ese nombre en el teléfono. Era un hombre desaparecido años atrás y nunca habían encontrado su cuerpo. Probé con otro de la lista y encontré lo mismo, otra persona desaparecida, otro caso sin resolver. Debajo de las identificaciones había sobres pequeños con fechas escritas a mano. Abrí uno y encontré una fotografía de un hombre sentado frente a una mesa. Al reverso aparecían su nombre, peso y tipo de sangre, los mismos datos que figuraban en el cuaderno. Otro sobre contenía una licencia vencida y una fotografía distinta del mismo hombre.

13:33 No seguí abriendo más, pues aquello ya no era una colección de documentos ajenos, era un registro de personas elegidas y vigiladas antes de desaparecer. Tomé fotografías de todo, sin mover más papeles de los necesarios. También fotografié la página de Rodrigo, la lista de nombres y los datos que aparecían junto a cada fecha. Quería salir con pruebas suficientes para que nadie redujera mi denuncia a una historia sobre un video extraño. Volví al cuaderno y busqué a Rodrigo. Su nombre estaba registrado junto con su edad, estatura, peso y tipo de sangre. La fecha de adquisición era anterior a nuestra primera cita. Debajo aparecían controles sobre el estado de la cubierta, adaptación estable, temperatura correcta y deterioro mínimo.

14:23 Los registros continuaban durante meses, luego cambiaban. Resequedad persistente, pérdida de elasticidad, fisuras en manos y cuello, lubricación ocular insuficiente, uso frecuente de membrana interna. El problema de sus ojos no había iniciado por las pantallas. Su cuerpo estaba fallando y ya no podía ocultarlo con la misma facilidad. Las anotaciones más recientes repetían una frase. Sustitución necesaria. Encontré una sección sobre compatibilidad. El siguiente huésped debía tener una edad adecuada, buena salud, proporciones similares y un tipo de sangre compatible.

15:04 Seguí avanzando hasta que encontré mi nombre completo. Debajo estaban mi edad, altura, peso aproximado y tipo de sangre. También había datos sobre mis horarios de trabajo, cuánto dormía, de qué lado me acostaba, qué medicamentos había tomado y con qué frecuencia bebía alcohol. Las primeras notas tenían meses de antigüedad. Rodrigo había empezado a registrarme mucho antes de que aparecieran las grietas. En la página siguiente había medidas de mis hombros, brazos, piernas y cuello. Recordé sus dedos debajo de mi mandíbula, la mano sobre mi hombro y el recorrido por mi brazo. Ya no tuve ninguna duda sobre lo que hacía durante esas noches. Me estaba midiendo. Cerré el cuaderno, lo guardé en la mochila y me levanté. Pensaba salir del departamento y llamar a la policía desde otro lugar, pero antes de cerrar el cajón vi una hoja doblada debajo de las identificaciones. La abrí y era una lista de nombres y fechas. Varios estaban tachados, pero reconocí los de las personas que acababa de buscar. Y el último nombre tachado era Rodrigo Herrera. Debajo estaba el mío, todavía intacto. Guardé la hoja, tomé la mochila y caminé hacia la puerta de la oficina. Entonces recordé que no había revisado la última página del cuaderno. Volví al escritorio porque necesitaba saber si había una fecha para lo que pensaba hacer conmigo.

16:36 La última anotación era reciente y decía, la piel de este huésped se está agrietando, y debajo decía que el deterioro ya era irreversible. La línea siguiente decía, necesito mudar antes del viernes. Miré la fecha del teléfono y era viernes. Todavía quedaba una frase, mi pareja actual tiene el tipo de sangre y el tamaño perfecto para el siguiente tejido. Guardé el cuaderno y me colgué la mochila. Pero en ese momento escuché un automóvil detenerse afuera. Me acerqué a la ventana y vi a Rodrigo bajar. Había regresado mucho antes de lo esperado. Caminó hacia la entrada del edificio sin llevar computadora, carpeta ni nada que indicara que solo venía por algo. Fui hacia la puerta del departamento calculando que todavía podía salir antes de que subiera. No llegué a tocar la cerradura. Escuché unas llaves al otro lado.

17:34 y Rodrigo ya estaba frente a la puerta. Retrocedí hacia la oficina mientras la llave giraba, la puerta se abrió y volvió a cerrarse. Él no dijo mi nombre, no preguntó si yo estaba dentro y tampoco fue al dormitorio ni a la cocina. Sus pasos cruzaron el departamento y avanzaron directamente hacia donde yo estaba. Apreté la mochila contra el cuerpo, entonces escuché el sonido húmedo, una vez y luego otra. los pasos se detuvieron frente a la puerta de la oficina y la manija empezó a bajar saqué el teléfono y llamé a emergencias antes de que Rodrigo entrara cuando abrió la puerta de la oficina le dije que la policía ya venía y empecé a gritar un vecino salió al pasillo y después otro Rodrigo se quedó quieto me miró unos segundos y se apartó de la puerta salí con la mochila sin acercarme a él y esa fue la última vez que lo vi La policía encontró las identificaciones y el cuaderno, pero Rodrigo desapareció antes de que llegaran. No sé qué hicieron con todo lo que había en el departamento y tampoco sé si alguien creyó la parte de sus ojos. Estoy escribiendo esto desde casa de una amiga y hace unos días recibí un mensaje de un número que no conozco. Solo decía, te llevaste mi cuaderno. Si te gustó este video te recomiendo

19:05 ir a ver La autopsia de una bruja y también El hospital embrujado.