LO PEOR FUE ESCUCHARLA REÍR
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0:05 Recuerdo bien esa etapa de mi vida, porque fue cuando trabajé como guÃa en la zona montañosa del municipio de Arteaga. No era un trabajo turÃstico, como los que se anuncian en redes o agencias, era algo más simple. La gente llegaba, preguntaba por caminos, por senderos, por cuevas, y yo los acompañaba porque conocÃa el terreno desde joven. HabÃa caminado esas montañas muchas veces y sabÃa distinguir los lugares en donde se podÃa entrar y en los que era mejor dejarlos en paz. La cueva de la que hablo no era un atractivo oficial, no tenÃa señalamientos ni rutas marcadas. La gente del municipio la conocÃa, pero no hablaba mucho de ella.
0:50 Durante el dÃa algunos entraban unos metros para ver el interior, tomar fotos o refrescarse del calor. Y al caer la noche, nadie del lugar se acercaba. No porque alguien lo prohibiera, sino porque asà se habÃa aprendido con los años. Un dÃa llegó un grupo de turistas que pidió un recorrido nocturno. No eran imprudentes ni estaban ebrios. HabÃan escuchado historias sobre risas y cantos femeninos dentro de la cueva y querÃan conocerla de noche. Me preguntaron si era posible entrar con linternas y avanzar un poco Les aclaré desde el inicio que solo los llevarÃa hasta la parte inicial, donde el suelo es firme y el techo alto, pero no ofrecà nada más. Aceptaron sin discutir y prepararon sus lámparas y entramos cuando ya no quedaba luz natural suficiente para ver el interior sin ayuda. Desde la entrada la cueva se veÃa amplia, no era un túnel recto. Desde los primeros metros se dividÃa en varios pasajes irregulares. El suelo descendÃa en algunas partes y se elevaba en otras. HabÃa zonas donde el techo se cerraba un poco, y otras donde se abrÃa lo suficiente para caminar sin encorvarse. Avanzamos despacio.
2:09 Yo iba al frente marcando el paso. A cada tramo les indicaba dónde pisar y dónde no. El sonido dentro de la cueva no se comportaba como en otros lugares. Las voces no regresaban claras. A veces parecÃan perderse y otras parecÃan venir de lados distintos al que hablaba. No era algo alarmante, era solo una caracterÃstica del lugar. Después de unos minutos comencé a escuchar cantos suaves. No eran fuertes ni cercanos y no parecÃan venir de una sola dirección. Se desplazaban dentro de la cueva como si viajaran por los pasajes laterales. No se escuchaban palabras claras. Eran voces femeninas sosteniendo un tono continuo, sin subir ni bajar demasiado.
2:54 El grupo se detuvo a escuchar. Yo les pedà que continuáramos unos metros más y luego regresarÃamos. No sentà miedo en ese momento. Solo lo tomé como un sonido que se amplificaba por la forma de la cueva. Sin embargo, los cantos no se detenÃan. Se mantenÃan constantes, aunque no aumentaban de volumen. llegamos al punto que habÃa acordado, el suelo seguÃa firme y el techo alto, y ahà decidà regresar, no porque los sonidos fueran más intensos, sino porque ya habÃamos llegado hasta donde yo consideraba seguro, para una visita nocturna, me di la vuelta y empecé a guiarlos de regreso, fue entonces cuando noté que la orientación ya no era clara, la luz exterior que antes se distinguÃa al fondo del pasaje, No se veÃa igual. No estaba completamente ausente, pero tampoco estaba donde esperaba. El camino parecÃa más largo. Las paredes se veÃan similares entre sÃ, sin las marcas que yo recordaba haber pasado minutos antes. Avanzamos en silencio y los cantos seguÃan escuchándose, pero ahora parecÃan rodearnos. Se mantenÃan a la misma distancia, como si se movieran al mismo ritmo que nosotros. Me detuve para revisar el terreno. Alumbré hacia atrás, hacia los lados y hacia el frente. El pasaje por el que habÃamos entrado no se veÃa igual. No habÃa señales de derrumbe ni de bloqueo reciente. Simplemente no reconocÃa
4:28 el trayecto. Intenté mantener la calma y continuar caminando. No quise alarmar al grupo y les pedà que se mantuvieran juntos y que siguieran mis indicaciones. A cada paso me resultaba más difÃcil identificar las referencias conocidas. Y la cueva parecÃa extenderse más de lo que recordaba, como si hubiéramos avanzado mucho más de lo que realmente caminamos. Ahà entendà que no estábamos donde creÃamos, y no lo pensé como algo sobrenatural en ese instante. Lo entendà como una pérdida real de orientación, dentro de un sistema de pasajes que no conocÃa por completo. Aún asÃ, los cantos no se detenÃan.
5:13 y su presencia constante hacÃa imposible concentrarse solo en el terreno. Decidà detener el avance y replantear la salida. En ese punto, la cueva ya no se sentÃa como un espacio de paso. El aire parecÃa más pesado y el sonido se quedaba atrapado entre las paredes. Las linternas iluminaban lo mismo una y otra vez, sin ofrecer una referencia clara de la salida. Fue ahà cuando comprendÃ. que la situación ya no dependÃa sólo de encontrar el camino correcto. La cueva habÃa dejado de comportarse como un lugar normal, y nosotros seguÃamos dentro. Los cantos se escuchaban desde distintos puntos de la cueva.
5:55 No aumentaban de volumen, pero sà de claridad, pues ya no parecÃan un sonido que se dispersaba por los pasajes. Se escuchaban definidos, como si cada voz tuviera un lugar especÃfico dentro del espacio. A los pocos minutos, las risas comenzaron a mezclarse con ellos. Eran femeninas, constantes, sin ningún intento de ocultarse. No sonaban nerviosas ni alteradas. Sonaban seguras, como si siempre hubieran estado ahÃ. Al iluminar las paredes con la linterna, noté movimiento. No fue un reflejo ni una confusión provocada por la luz. Eran sombras humanas, desplazándose con claridad sobre la piedra. Caminaban de un lado a otro.
6:39 Se detenÃan, se balanceaban con movimientos lentos, como si siguieran un ritmo que solo ellas escuchaban. No corrÃan ni se movÃan de forma brusca, y eso las hacÃa más inquietantes. El grupo empezó a alterarse, pero les pedà que se mantuvieran juntos y que no apuntaran las linternas en distintas direcciones al mismo tiempo, porque el desorden solo hacÃa que las sombras parecieran multiplicarse. Mientras avanzábamos con cuidado, las vi salir de los pasajes laterales, pero no aparecieron todas al mismo tiempo. Iban mostrando su presencia poco a poco, como si no tuvieran prisa. Eran mujeres encorvadas, de complexión delgada.
7:24 Su forma de caminar no era rÃgida ni torpe. Se desplazaban con seguridad, apoyando las manos en la piedra en algunos tramos. Sus uñas eran largas y raspaban el suelo y las paredes al avanzar. El sonido era claro, constante, imposible de ignorar, y sus ojos eran rojos y se distinguÃan incluso cuando no estaban directamente frente a la luz de las linternas. No llevaban ropa reconocible, no estaban cubiertas ni desnudas. Su piel se veÃa oscura y opaca, como si la luz no se reflejara bien en ella. No se acercaron de golpe, se movÃan alrededor del grupo, entrando y saliendo de los pasajes. y el sonido de las uñas arrastrándose, y las risas llenaban todo el espacio. Intenté mantener el control. Les pedà que avanzáramos hacia donde creÃa que estaba la salida. Caminamos unos metros, hasta llegar al punto donde debÃa comenzar el trayecto de regreso. Alumbré de frente y me encontré con una pared sólida. No habÃa señales de derrumbe reciente, ni rocas sueltas, ni tierra removida.
8:34 Era piedra continua y lisa. Me acerqué para revisar con cuidado. Pasé la mano por la superficie buscando alguna grieta o irregularidad, pero no habÃa nada. El camino por el que habÃamos entrado simplemente ya no existÃa. No se trataba de una confusión visual ni de un error común de orientación. El pasaje habÃa desaparecido. Las risas se escucharon más cerca y aunque no subieron de volumen, se sentÃan más presentes. como si el espacio entre ellas y nosotros se hubiera reducido. Las brujas comenzaron a moverse de forma más cerrada alrededor del grupo. No formaron un cÃrculo exacto, se desplazaban de un lado a otro, acercándose y alejándose, manteniendo siempre una distancia que nos impedÃa avanzar con libertad. Una de ellas pasó lo suficientemente cerca como para que pudiera ver su rostro con claridad. No tenÃa rasgos exagerados ni deformes, pero sus facciones no eran humanas. Sus ojos rojos no parpadeaban.
9:39 Su boca se abrÃa apenas al reÃr, sin mostrar emoción alguna. Eso no era un disfraz, no era un animal, y ya no habÃa duda de lo que estaba viendo. El grupo empezó a entrar en pánico. Algunos retrocedieron sin mirar y chocaron contra las paredes. Les pedà que se detuvieran y respiraran, pues gritar no servÃa, ya que el sonido no salÃa de la cueva. Se quedaba atrapado, rebotando de forma irregular. Las brujas no nos atacaban y no tocaban a nadie. No extendÃan las manos ni mostraban los dientes, pero su sola presencia era suficiente para mantenernos inmóviles. Cada vez que intentábamos avanzar por un pasaje distinto, aparecÃan dos o tres más bloqueando el camino. Se desplazaban con calma, como si no tuvieran prisa ni necesidad de apresurarse. Las risas continuaban sin variar. No habÃa burla evidente ni amenaza directa.
10:37 Era como si ese sonido formara parte del lugar, como si la cueva misma respirara a través de ellas. El ambiente se volvió pesado. No por el aire ni por el cansancio, sino por la certeza de que no tenÃamos control sobre la situación. Intenté buscar otra salida. Avancé con cuidado hacia uno de los pasajes laterales y alumbré con la linterna. El suelo era irregular, pero firme. Antes de poder avanzar más, una de las brujas apareció frente a mÃ, saliendo del pasaje, como si siempre hubiera estado ahÃ. No extendió las manos ni hizo ningún gesto. Simplemente se quedó inmóvil, bloqueando el paso. Retrocedà despacio. No sentà un empujón ni una amenaza directa, pero la advertencia era clara. Ese no era un camino permitido. El aire dentro de la cueva comenzó a sentirse distinto. Era más denso, y cada respiración costaba un poco más. Las linternas seguÃan funcionando, pero la luz parecÃa perder fuerza al avanzar unos metros. iluminaban pero no ofrecÃan claridad suficiente para orientarse las brujas seguÃan moviéndose alrededor del grupo a veces desaparecÃan en los pasajes y volvÃan a salir por otro punto pero nunca dejaban de estar presentes su número no era claro y no podÃa contarlas pues parecÃan ser las mismas pero también parecÃan más
12:11 en ese momento entendà que no se trataba de encontrar una salida por nuestra cuenta La cueva no estaba cerrada al azar. Estábamos dentro de un espacio controlado por ellas, no mediante violencia, sino mediante dominio total del lugar. Me detuve y observé. Las brujas comenzaron a desplazarse hacia un pasaje más estrecho, uno que antes no habÃa considerado como opción. No lo señalaron ni hicieron gestos, simplemente se movieron en esa dirección y dejaron libre ese camino. No sabÃa a dónde llevaba ese pasaje, ni qué nos esperaba al final, pero también entendà que no tenÃamos otra opción, pues el encierro ya era completo. Y ahà comenzó la parte más difÃcil de esa noche. Las brujas dejaron de rodearnos, de la misma forma en que habÃan estado haciéndolo hasta ese momento.
13:08 No desaparecieron ni se alejaron por completo, simplemente cambiaron su posición. Comenzaron a desplazarse con calma hacia un pasaje más estrecho, uno que hasta entonces no habÃa considerado como opción de salida. No señalaron, no hablaron, no hicieron gestos, solo se movieron, y con eso fue suficiente para entender que ese era el único camino que nos permitirÃan tomar. Esperé unos segundos antes de avanzar, Observé a mi alrededor para confirmar que ningún otro pasaje quedaba libre. Todos los demás estaban ocupados por ellas, quietas o en movimiento lento, sin bloquear de forma directa, pero dejando claro que no habÃa elección. Les pedà al grupo que se mantuviera unido y que avanzáramos sin correr, pues no habÃa espacio para errores ni movimientos bruscos.
14:04 Entramos al pasaje estrecho, A diferencia del resto de la cueva, el suelo era más firme y regular. No habÃa piedras sueltas ni desniveles marcados. El techo era bajo, lo suficiente para obligarnos a avanzar inclinados en algunos tramos, pero no al punto de arrastrarnos. El aire comenzó a cambiar. Ahora era más ligero, y cada respiración se sentÃa menos pesada que dentro del área principal. Las risas y los cantos seguÃan escuchándose pero cada vez más lejos. No se apagaban de golpe, se iban quedando atrás conforme avanzábamos. No sentà que nos persiguieran, tampoco sentà que nos observaran desde ese punto.
14:49 Era como si ese pasaje no les perteneciera de la misma manera que el resto de la cueva. Avanzamos durante varios minutos. No podrÃa decir con exactitud cuánto tiempo fue. El pasaje se mantenÃa constante, sin bifurcaciones evidentes. Las linternas iluminaban el camino con mayor claridad. Las paredes ya no parecÃan absorber la luz, y el sonido de nuestras pisadas se escuchaba más normal, sin el eco irregular que habÃamos tenido antes. En un punto comencé a percibir una corriente de aire distinta. No era fuerte, pero era constante, y sabÃa lo que eso significaba. Seguà avanzando hasta que la luz de una de las linternas alcanzó a reflejar algo distinto en la distancia. No era piedra. Era una abertura.
15:40 Salimos por una abertura distinta a la entrada original. No fue un túnel amplio ni una salida evidente. Era un espacio irregular entre rocas que daba al exterior. Al salir, la oscuridad del monte nos envolvió de inmediato, pero el aire era diferente. Reconocà el entorno general. SabÃa que estábamos fuera de la cueva. Sin embargo, no reconocà el punto exacto. estábamos a varios metros del lugar donde habÃamos comenzado el recorrido cuando el último del grupo salió los cantos se detuvieron de inmediato no hubo un eco final ni una risa que se prolongara el sonido simplemente terminó y la cueva quedó en silencio nos alejamos unos metros más antes de detenernos nadie habló durante varios segundos revisé que todos estuvieran completos y sin lesiones estaban alterados cansados pero ilesos.
16:37 Las linternas seguÃan funcionando y no habÃa marcas en el suelo ni señales visibles de algo que pudiera explicar lo ocurrido de forma sencilla. Decidà llevarlos de regreso por un camino distinto al de la ida. No quise acercarme de nuevo a la entrada original. Caminamos hasta llegar a una zona más abierta y segura. Ahà nos detuvimos. Les expliqué que el recorrido habÃa terminado. y que no volverÃamos a entrar a ninguna cueva esa noche, después de ese dÃa dejé de hacer recorridos nocturnos, no fue una decisión impulsiva ni tomada por miedo inmediato, fue una decisión clara, entendà que ese lugar no funciona como otros espacios naturales, no cambia con el tiempo, no se desgasta, y no se vuelve más seguro por conocerlo más, nunca volvà a entrar a esa cueva, ni siquiera de dÃa, No sentà la necesidad de comprobar nada ni de buscar explicaciones adicionales. Lo que ocurrió fue suficiente. Seguà caminando por otras zonas de la sierra. Seguà guiando a personas por senderos distintos. Pero ese lugar quedó fuera de mis rutas. Con el tiempo supe que otras personas siguieron escuchando risas por las noches.
17:56 No siempre y no de forma constante. Pero lo suficiente para que la gente del municipio Mantuviera la misma costumbre de siempre, evitar ese sitio cuando cae la noche. Nunca volvà a hablar del tema con los turistas que estuvieron ahà conmigo. Cada quien siguió su camino. Yo seguà con mi vida. Tuve pesadillas posteriores relacionadas con lo ocurrido. En esas pesadillas sà nos atacaban. Y volvà a recordar a esas brujas en la cueva. Sentà como si algo me hubiera seguido fuera de la cueva. Lo único que cambió fue mi forma de entender ciertos lugares. Hay espacios que no están hechos para ser recorridos en cualquier momento, no porque sean peligrosos de forma evidente, sino porque funcionan bajo reglas que no siempre se pueden ver. Hasta hoy, cuando alguien menciona esa cueva, no siento curiosidad ni ganas de volver.
18:53 Lo que necesitaba saber ya lo aprendà esa noche. Hay lugares donde no se entra para conocerlos, sino para aprender a mantenerse afuera. Y ahà terminó todo. Y ya no supe más sobre las brujas de la cueva de Arteaga. Si te gustó este video, te recomiendo ir a ver Turno Nocturno en la Bodega, Noche de la Llorona, y también el velador que encontró a la llorona dentro de la bodega.
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