July 21, 2026

Las Brujas Que Caminaban Sobre Los Techos - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Me llamo Mateo Rivas y todavía recuerdo con claridad lo que ocurrió en San Bartolo del Monte en octubre de 2018. Volví al pueblo para cuidar a mi madre, Patricia, que se recuperaba de una operación. En la casa también estaban mi hermana Julia, su hijo Juan, de seis años, y mi tío Rubén, que ayudaba con los animales y con los trabajos de cada día. La primera noche escuché pasos sobre el techo Cada apoyo hacía crujir las tejas y avanzaba desde la cocina hasta el cuarto de mi madre. Rubén salió al patio con una lámpara, revisó desde abajo y regresó sin haber visto nada. Cuando cruzó la puerta, tres golpes sonaron encima de nosotros, separados por pocos segundos.

0:53 Al amanecer, subimos a revisar. Encontramos varias tejas movidas, dos rotas y unos rasguños largos cerca del borde. Rubén examinó la madera y dijo que las marcas podían haber sido hechas con una herramienta o con garras grandes. En el patio no había huellas ni señales de una escalera. Más tarde llegó Marta, una vecina que vivía cerca. Mi madre le contó lo ocurrido y ella respondió que otras familias también habían escuchado pasos durante la noche. Añadió que varias gallinas de Esteban habían aparecido muertas dentro del corral. No fuimos a comprobarlo, pero Marta hablaba rápido y miraba con frecuencia hacia el techo. Esa tarde revisamos puertas, ventanas y corrales.

1:44 Las gallinas se mantenían juntas en una esquina y el burro tiraba de la cuerda cada vez que levantaba la cabeza. Rubén aseguró la entrada del corral. Yo cerré la casa y Julia llevó a Juan con mi madre. Nadie mencionó a las brujas, aunque todos conocíamos las historias, sobre mujeres que recorrían los techos y se transformaban en lechuzas. Cuando cayó la noche, el burro empezó a rebuznar. Primero oímos un golpe sobre el corral, luego otro sobre la casa. Rubén y yo salimos con lámparas y palos. En la parte alta del techo había una mujer agachada, con el cabello sobre el rostro y las manos apoyadas en las tejas.

2:28 levantó la cabeza cuando la luz la alcanzó tenía las uñas largas negras en las puntas y una sonrisa abierta que mostraba todos los dientes Rubén le ordenó que bajara pero ella no respondió raspó una teja con las uñas se puso de pie y miró hacia la puerta de la cocina Julia se había asomado para preguntar qué pasaba le pedí que entrara pero la mujer ya había girado la cabeza hacia ella Flexionó las piernas, extendió los brazos y comenzó a transformarse. Los brazos se cubrieron de plumas. La cabeza cambió de forma y las piernas se doblaron.

3:08 En pocos segundos quedó convertida en una lechuza enorme. Saltó del techo y pasó sobre nosotros. El movimiento de las alas apagó una lámpara. Rubén perdió el equilibrio y cayó de rodillas. El ave se posó en el muro del corral. Una de sus patas tenía dedos demasiado largos y uñas iguales a las de la mujer. Después giró la cabeza hacia la ventana del cuarto de Juan. Julia cerró la cortina y apartó al niño. Yo lancé el palo, pero golpeó el muro. La lechuza abrió el pico, emitió un sonido bajo y voló hacia las casas del otro lado del camino. Entramos de inmediato. Rubén tenía un corte en la frente y mi madre se lo limpió. Julia dijo que había visto el rostro antes de la transformación y que le resultaba conocido, aunque no pudo identificarlo. Juan permaneció callado durante varios minutos. Luego contó que la noche anterior había escuchado rasguños en su ventana y había visto una mano bajar desde el techo. Julia reconoció que el niño se había despertado asustado, pero ella pensó que había tenido una pesadilla. Salí a revisar la ventana y encontré cuatro marcas recientes en la madera, todas a la misma altura.

4:32 Coincidían con el lugar que Juan señalaba. Regresé a la cocina y decidimos permanecer juntos. Dejamos las lámparas encendidas, pusimos herramientas sobre la mesa y mantuvimos las puertas cerradas. Durante un rato solo escuchamos a los animales. Después cayó algo sobre el techo y las tejas se movieron de nuevo. Los pasos empezaron en un extremo de la casa. Después aparecieron sobre el corredor y el cuarto de mi madre. Esta vez eran varias figuras. Rubén golpeó una viga desde dentro y una mano atravesó el espacio entre dos tejas. Vimos dedos largos y uñas negras buscando apoyo. Antes de que pudiéramos golpearla, la mano se retiró. Una risa sonó sobre la cocina y otra respondió desde el corral. Mi madre tomó a Juan, Julia cerró la puerta del cuarto y Rubén ordenó que nadie saliera. Las figuras siguieron caminando sobre la casa hasta el amanecer. Cuando los sonidos terminaron, esperamos unos minutos y abrimos. Había plumas junto al pozo y dos gallinas muertas dentro del corral. La entrada continuaba asegurada.

5:47 Subimos otra vez al techo y encontramos huellas de pies descalzos mezcladas con marcas de garras. Una huella mostraba cuatro dedos y un espacio vacío donde debía estar el dedo pequeño del pie derecho. Mi madre la observó en silencio. Luego dijo que conocía a una mujer con esa lesión. Le pregunté su nombre pero respondió que no lo diría hasta tener una prueba directa. Su respuesta cambió el ánimo en la cocina. Rubén dejó de hablar. Julia abrazó a Juan y mi madre bajó la mirada enseguida. Mi madre terminó por decirnos el nombre de Candelaria. Vivía cerca de la salida del pueblo y había perdido el dedo pequeño del pie derecho años atrás. Julia recordó el rostro que había visto sobre el techo. Luego dijo que podía ser ella.

6:37 Nadie propuso ir a buscarla. Decidimos salir del pueblo ese día y llevar a mi madre. La camioneta no encendió. Levanté el cofre y encontré un cable cortado. Rubén revisó el motor. Halló otro daño y confirmó que no podríamos repararlo ahí. Los cortes eran recientes, pues la camioneta había funcionado la tarde anterior. Marta regresó con su esposo Tomás. Ellos también habían encontrado rasguños en el techo y querían pasar la noche con nosotros. Tomás llevó una escopeta, cartuchos y una lámpara. Después propuso salir en una carreta al amanecer. Rubén aceptó, pero dijo que no permanecería otra noche en la casa si los ataques continuaban. Preparamos una habitación interior para reunir a mi madre y a Juan. Llevamos agua, vendas y herramientas. Aseguramos las puertas y apartamos los muebles que estorbaban. Tomás revisó el techo desde el patio, cerró el corral con otra cadena y entró antes de que oscureciera.

7:39 El primer golpe cayó sobre la cocina y el segundo movió las tejas del corredor. Las gallinas comenzaron a chillar. El burro tiró de la cuerda y los pasos volvieron sobre la entrada. Apagamos las lámparas y dejamos una encendida en la habitación. Mi madre sostuvo a Juan. Julia permaneció cerca de la puerta y Rubén sostuvo el machete. Una mano bajó por el borde del techo. Las uñas recorrieron la madera y dejaron surcos. Rubén golpeó la puerta desde dentro. Los dedos se retiraron y una mujer soltó una risa afuera. luego los pasos recorrieron los otros cuartos entre los movimientos escuchamos voces cortas pero ninguna palabra se entendía completa juan se tapó los oídos y julia lo abrazó en ese momento una garra atravesó una separación del techo las uñas rompieron la madera y trataron de ampliar la abertura pero tomás levantó la escopeta apuntó y disparó el ruido llenó la habitación Hubo un golpe y un cuerpo se deslizó por las tejas. Algo cayó en la cocina, así que Rubén y yo salimos. Tomás avanzó detrás con el arma preparada.

8:51 Junto a la mesa encontramos una lechuza grande, herida en el pecho, con un ala torcida y las garras tensas contra el piso. El ave comenzó a cambiar cuando nos acercamos. Las alas se alargaron hasta formar brazos. Las plumas desaparecieron y las patas tomaron forma humana. solo quedó una mujer herida era Candelaria le faltaba el dedo pequeño del pie derecho y tenía las uñas largas que habían raspado la puerta Rubén tardó en reaccionar Candelaria abrió los ojos mostró los dientes y se incorporó antes de que Rubén retrocediera le clavó las uñas en el costado cayó contra la mesa yo lo sujeté por la camisa y tiré de su cuerpo mientras Tomás apuntaba sin disparar porque estábamos demasiado cerca Candelaria trató de alcanzarme. Sus uñas rozaron mi cara y golpearon la pared. Marta entró con un palo, la golpeó por la espalda y Tomás aprovechó para empujarla. Candelaria perdió el equilibrio. Las plumas cubrieron su cuerpo, los brazos se convirtieron en alas y la cabeza cambió de forma.

9:59 Recuperó la forma de lechuza y salió por la abertura del techo. Llevamos a Rubén a la habitación pues tenía cuatro heridas en el costado. Mi madre presionó la zona con toallas limpias y le pidió que respirara despacio Podía hablar, pero la voz le salía débil y cada movimiento aumentaba el sangrado Tomás quiso salir por la mula, aunque los pasos continuaban sobre la casa Marta le recordó que tendría que cruzar el patio y el camino solo El techo volvió a crujir y una teja cayó en la cocina Julia preguntó a Rubén si podía caminar Él trató de incorporarse y volvió a caer sobre el colchón Mi madre dijo que necesitábamos sacarlo antes de que perdiera más sangre.

10:42 Esperamos unos minutos, atentos a los movimientos, hasta que los ruidos disminuyeron. Entonces escuchamos algo junto a la puerta principal. Una voz de mujer pronunció el nombre de Juan y el niño levantó la cabeza. Juan reconoció la voz de la ventana. Julia le cubrió la boca y le pidió que guardara silencio. La voz repitió su nombre. Luego, las uñas recorrieron la puerta de arriba abajo. Otra figura cayó sobre el techo de la habitación y comenzó a golpear la madera. La madera se abrió en una esquina y por la separación entraron dedos que buscaron sujetarse de una viga. Tomás disparó, la mano desapareció y un grito sonó. Después escuchamos un cuerpo caer en el corredor. El techo quedó dañado, empezó a caer polvo y Tomás revisó los cartuchos. Dijo que quedaban pocos. Rubén respiraba peor, por eso dejamos de esperar.

11:38 Marta tomó el palo, Julia cargó a Juan y yo levanté a Rubén, mientras mi madre se preparaba para avanzar con sus muletas. Antes de abrir, una mujer ordenó desde el techo que entregáramos al niño. Nadie respondió. Tomás retiró entonces el mueble que bloqueaba la entrada y nos indicó que avanzaríamos juntos hasta su casa, donde estaban la carreta y los arreos. Acomodé el brazo de Rubén sobre mis hombros. Marta lo sostuvo del otro lado y Julia apretó a Juan contra el pecho. Mi madre quedó detrás, apoyada en sus muletas. Tomás abrió la puerta y una lechuza herida ocupaba el corredor. Tenía un ala pegada al suelo. Detrás de ella otras dos figuras caminaban. Una se detuvo sobre la salida principal y la otra bajó hasta el borde.

12:30 Tomás levantó la escopeta, nos ordenó permanecer juntos y dio un paso hacia el corredor. La lechuza herida abrió el pico, extendió el ala y comenzó a recuperar forma humana. Vimos un brazo salir entre las plumas. Luego, una mano con uñas largas se apoyó en el suelo. Detrás de nosotros, otra parte del techo se quebró y cayó dentro de la habitación. Tomás disparó contra la lechuza herida del corredor. El tiro le alcanzó una ala y la lanzó contra la pared. El ave cayó, intentó incorporarse y empezó a recuperar forma humana. Entre las plumas apareció el brazo de una mujer mayor y Marta la reconoció. Tenía una herida en el hombro y una mano cubierta de plumas. Tomás le ordenó que se apartara, pero ella avanzó arrastrando una pierna.

13:21 Marta la golpeó en la frente con el palo y la mujer cayó de lado. Quedó inmóvil. No nos detuvimos porque las otras figuras seguían sobre la casa y Rubén no podía sostenerse. Atravesamos el corredor. Yo cargaba el peso de mi tío. Marta lo sujetaba por el otro lado. Julia llevaba a Juan contra el pecho. Mi madre avanzaba detrás con las muletas y Tomás cubría la salida con la escopeta. En cuanto llegamos al patio, dos lechuzas levantaron vuelo desde el techo. Una bajó sobre Julia y extendió las garras hacia Juan. Mi hermana cubrió al niño y recibió el ataque en la parte alta de la espalda.

14:01 El ave tiró de ella, pero Tomás la golpeó con la culata antes de que pudiera levantarla. Julia cayó de rodillas. Tenía tres heridas, una debajo del hombro derecho, profunda y abierta. Movía el brazo, pero respiraba con dificultad. Le pedí que me entregara a Juan, pero se negó. Luego volvió a perder el aire y me lo pasó. La segunda lechuza descendió frente a la puerta del patio. Antes de tocar el suelo, empezó a cambiar. Las patas se alargaron, las alas se convirtieron en brazos y apareció una mujer de cabello canoso con uñas largas y curvas. Abrió la boca y mostró todos los dientes. Marta dijo su nombre, Francisca.

14:46 La conocía porque vendía hierbas en el pueblo. Tomás le ordenó que nos dejara pasar, pero ella no respondió. Miró a Juan y avanzó. Tomás disparó. Francisca giró el cuerpo y el tiro le alcanzó el brazo. A una herida se lanzó sobre Julia y la sujetó del cabello. Marta trató de separarla, pero Francisca le abrió el pecho con las uñas. dejé a Juan junto a mi madre tomé el machete de Rubén y golpeé la muñeca de la mujer el filo le abrió una herida profunda Francisca soltó a Julia y retrocedió intentó transformarse pero el brazo herido quedó torcido y no llegó a formar un ala completa Tomás se acercó para detenerla pero ella le clavó las uñas en la mejilla y debajo de la mandíbula Marta volvió a golpearla en la cabeza Francisca cayó contra el muro, se sostuvo con una mano y completó el cambio. Convertida en lechuza, pasó sobre el corral y desapareció detrás de las casas. Tomás seguía consciente. La herida del cuello no era profunda, aunque sangraba y le costaba hablar. Salimos por la parte trasera y avanzamos hasta la casa de Marta.

16:03 Las lechuzas nos siguieron desde los techos, sin bajar otra vez. En el patio estaban la carreta y la mula. Tomás y yo preparamos la salida, mientras Marta cubría las heridas de Julia, y mi madre presionaba el costado de Rubén. Subimos a los heridos, luego a Juan y a mi madre. Tomás se sentó al frente para guiar, mientras yo permanecía atrás, sosteniendo a Julia y vigilando a Rubén. Marta caminó a un costado durante los primeros metros, después subió cuando dejamos las últimas casas. Las lechuzas continuaron detrás de nosotros. Las veíamos entre los árboles y escuchábamos las alas cerca del camino.

16:45 Ninguna volvió a bajar. El cielo empezó a aclarar, pero Rubén dejó de responder antes de que llegáramos a la carretera. Mi madre revisó su respiración, presionó su pecho y trató de reanimarlo. No reaccionó. Había perdido demasiada sangre y murió en la carreta, junto a nosotros. Julia seguía consciente aunque apenas podía hablar. Cada respiración producía un sonido húmedo y la herida debajo del hombro no dejaba de sangrar. Marta cubrió la abertura y la mantuvo sentada, inclinada hacia adelante. Cuando llegamos a la carretera, un camión que transportaba productos hacia el municipio se detuvo al vernos. El conductor nos llevó.

17:30 Le dijimos que unos animales grandes habían entrado en la casa y atacado a la familia. Nadie explicó más. En la clínica confirmaron la muerte de Rubén. Julia fue atendida de inmediato, pero una de las garras había entrado por la espalda y alcanzado un pulmón. Murió durante el tratamiento. Mi madre permaneció internada por una lesión en la cadera y por el esfuerzo del camino. Marta y Tomás recibieron puntos. Yo tenía varios cortes en los brazos y Juan no presentaba heridas. No volvimos a vivir en San Bartolo. Mi madre, Juan y yo nos mudamos a otra comunidad. Durante meses evitamos hablar de lo ocurrido delante del niño. Regresó a la escuela, dormía en el cuarto de mi madre y despertaba cada vez que escuchaba un ave sobre el techo.

18:24 Pasó casi un año sin otro ataque. Una tarde vi a Candelaria junto a un puesto del mercado. La reconocí por el rostro y por la falta del dedo pequeño del pie derecho, visible en una sandalia. No se acercó, levantó una mano para que yo pudiera verla. Le faltaban dos dedos y las uñas de los otros tres seguían largas y negras. Sonrió, dio media vuelta y desapareció entre la gente. Esa noche volvimos a escuchar pasos sobre el techo. Mi madre despertó a Juan y los tres salimos antes de que comenzaran los golpes. Desde la calle vimos una lechuza sobre el cuarto del niño y otra sobre la cocina.

19:04 Nos marchamos al amanecer Desde entonces dormimos en la misma habitación y salimos de la casa cuando escuchamos el primer paso sobre las tejas. Cambiamos de comunidad dos veces, pero ellas nos encontraron. Nunca supimos cuántas eran, ni por qué buscaban a Juan. Tampoco encontramos una forma de detenerlas. Solo aprendimos a reconocer el peso de sus pasos, el sonido de las uñas y el momento exacto en que volvían.