La Verdadera Cara De La Élite Corporativa
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0:05 Trabajé casi siete meses en el turno nocturno de una empresa financiera muy importante. No voy a decir el nombre real porque la compañÃa sigue funcionando y algunas de las personas relacionadas con lo que ocurrió todavÃa aparecen en medios. Entré como auxiliar de mantenimiento y mi trabajo era sencillo, revisar ciertas áreas del edificio, atender fallas menores y avisar cuando encontraba algo que necesitaba personal especializado. Durante las primeras horas de la noche todavÃa habÃa empleados, guardias y personal de limpieza, pero después quedábamos muy pocos. El edificio tenÃa tres niveles subterráneos. Yo podÃa entrar a los dos primeros, pero el piso tres estaba restringido. Mi supervisor me lo explicó desde el primer dÃa y fue claro con esa parte.
0:57 Si aparecÃa alguna falla relacionada con ese nivel, debÃa avisar a seguridad y seguir con otra tarea. Le pregunté qué habÃa abajo y respondió que eran instalaciones privadas de la empresa. No insistÃ. Durante meses cumplà mi trabajo sin acercarme a esa puerta más de lo necesario y nunca tuve motivos para hacerlo. Recuerdo bien la noche en que todo cambió. Estaba revisando el sistema de ventilación del segundo sótano cuando escuché un ruido dentro de uno de los ductos. Primero pensé en algún animal, pero el sonido tenÃa demasiado peso Era un roce largo contra el metal que avanzaba unos segundos, se detenÃa y volvÃa a empezar. Dejé lo que estaba haciendo y escuché con atención. El ruido cesó por un momento, luego regresó y terminó con un siseo corto que salió desde el interior del conducto. Avisé a uno de los guardias y le expliqué lo que habÃa escuchado. Me dijo que dejarÃa el reporte para que revisaran la ventilación al dÃa siguiente. Seguà trabajando. Aunque el ruido volvió poco después y esta vez se escuchó más lejos, lo oà sobre el cuarto donde estaba y luego cerca del estacionamiento privado de los ejecutivos. Esa parte me llamó la atención porque los ductos comunicaban varias zonas del sótano y el sonido avanzaba en una dirección concreta. Fui al puesto de seguridad de ese nivel. El guardia habÃa subido para atender otro asunto.
2:31 Asà que revisé una de las cámaras del estacionamiento para saber si habÃa algún animal suelto o algún problema cerca de la ventilación. Durante un momento no vi nada extraño. Después entró una limusina negra por el acceso privado y se detuvo junto a los elevadores ejecutivos. Bajaron dos hombres y reconocà a uno de inmediato. Voy a llamarlo Arturo Castañeda, aunque ese no es su nombre verdadero. Era uno de los empresarios más ricos del paÃs y yo habÃa visto su cara muchas veces en noticias y entrevistas. SabÃa perfectamente quién era. El hombre que iba con él llevaba una caja pequeña y ambos caminaron hacia el área que conducÃa al piso de abajo. Mientras avanzaban, un ave entró por la rampa del estacionamiento, voló unos metros y golpeó una pared.
3:24 Cayó cerca de ellos y quedó moviéndose en el suelo. Castañeda se detuvo. Se agachó y la levantó con una mano. Acerqué un poco la imagen porque no entendÃa qué estaba haciendo. Y en ese momento parpadeó. Vi algo que todavÃa recuerdo con claridad. Una membrana atravesó sus ojos de forma horizontal. Esperé unos segundos, convencido de que habÃa sido un problema de la imagen, pero volvió a pasar. Esta vez lo vi mejor. La membrana cruzó los dos ojos de lado a lado y desapareció. Me acerqué más a la pantalla y seguà mirando. Castañeda sostuvo el ave frente a su cara y abrió la boca. Su mandÃbula bajó demasiado, mucho más de lo que puede abrirla una persona. La parte inferior del rostro descendió de golpe y la abertura quedó lo bastante grande para que metiera el ave completa. Lo hizo sin detenerse, cerró la boca y tragó. Vi el movimiento en su garganta mientras el otro hombre permanecÃa a su lado. No aparté la vista. SeguÃa tratando de entender lo que acababa de ver, cuando Castañeda levantó la cabeza y miró directamente hacia la cámara. No buscó el lente ni recorrió el estacionamiento con la mirada. Dirigió los ojos al punto exacto en donde estaba instalada. Después sonrió, y durante un instante vi dientes finos detrás de los dientes normales.
4:53 El hombre que estaba con él también levantó la cabeza. Castañeda señaló la cámara con un dedo y luego hizo un gesto hacia el interior del edificio. Apagué la pantalla y me levanté. En ese mismo momento escuché otra vez el siseo, solo que ahora ya no venÃa del conducto cercano al estacionamiento. El sonido estaba en el pasillo, al otro lado de la puerta. No esperé a comprobar que lo producÃa. Salà por el corredor de mantenimiento y subà hasta la planta baja. Encontré a Marcos en recepción. Era uno de los guardias con más años en el edificio y yo tenÃa confianza con él, porque coincidÃamos casi todas las noches. Le conté lo que acababa de ver. Al principio me preguntó si la cámara podÃa haber fallado, pero cuando mencioné los ojos de Castañeda cambió de expresión y dejó de buscar explicaciones. Me dijo que no regresara al sótano esa noche. Le pregunté por qué y respondió que terminara mi turno. que luego hablarÃamos fuera del edificio y no quiso decir nada más. Nos quedamos en la planta baja y traté de seguir trabajando, aunque ya no podÃa concentrarme.
6:07 Un rato después se abrió el elevador ejecutivo y Castañeda salió solo. Caminó hacia recepción, miró primero a Marcos y después preguntó quién estaba encargado del mantenimiento esa noche. Marcos dijo mi nombre. Castañeda se acercó. De cerca, su rostro se veÃa normal y sus ojos también. Me preguntó cuánto tiempo llevaba trabajando en la empresa y después quiso saber si habÃa tenido algún problema durante el turno. Le conté que habÃa escuchado ruidos en la ventilación. Preguntó qué clase de ruidos y respondà que podÃa haber algún animal dentro de los ductos. Sonrió y dijo que en edificios grandes esas cosas ocurrÃan. Luego preguntó si habÃa revisado algo más.
6:53 Le contesté que habÃa seguido mi recorrido habitual y nada más. Se quedó mirándome durante unos segundos y después dijo que algunas áreas del edificio estaban restringidas por razones de seguridad y que los empleados debÃamos respetar esas instrucciones. Habló con calma sin levantar la voz. pero entendà que sabÃa lo que yo habÃa visto. Se despidió y salió del edificio. No mencionó la cámara, tampoco el estacionamiento ni el ave. Marcos esperó hasta que se fue, miró hacia la entrada y luego se acercó a mÃ. Entonces me dijo que ya podÃamos hablar. Marcos me contó que llevaba nueve años trabajando en ese edificio y que con el tiempo habÃa aprendido a mantenerse lejos del piso tres. Solo en unas pocas ocasiones habÃa visto llegar ejecutivos de madrugada para bajar a esa zona, y cuando eso ocurrÃa, seguridad recibÃa la orden de no acercarse al estacionamiento privado. Le pregunté por qué nunca me habÃa dicho nada, y respondió que no tenÃa algo concreto que contarme, solo situaciones aisladas que habÃa preferido dejar pasar. Después habló de un guardia que habÃa trabajado ahà años antes. Una noche escuchó gritos en el piso 3 y decidió bajar para revisar. Al dÃa siguiente no regresó y la empresa informó que habÃa renunciado, pero Marcos intentó localizarlo varias veces y nunca obtuvo respuesta. Le
8:27 pregunté si sabÃa qué habÃa ocurrido y me dijo que no, aunque desde entonces habÃa dejado de acercarse a esa zona cuando llegaban los ejecutivos. No habló de criaturas ni de conspiraciones, solo me contó lo que recordaba. Bajamos juntos a recoger mis herramientas. No revisamos ninguna cámara. Cuando llegamos al cuarto donde habÃa escuchado los primeros ruidos, encontré la puerta abierta, aunque recordaba haberla cerrado antes de subir. En una de las rejillas habÃa una sustancia transparente y espesa acumulada en los bordes. Marcos la observó durante unos segundos y me dijo que no tocara nada. Mientras recogÃa mis cosas, escuchamos movimiento en el nivel inferior. Primero un roce contra metal y después un golpe. Nos fuimos sin esperar a que se repitiera. Cuando terminé el turno, salà por la entrada principal y vi un automóvil estacionado al otro lado de la calle. HabÃa un hombre sentado al volante mirando hacia el edificio. Seguà caminando hasta mi coche y cuando pasé frente a él, giró la cabeza para seguirme con la vista, pero no bajó la ventanilla ni intentó acercarse. Arranqué y me fui. Esa tarde recibà un mensaje de recursos humanos.
9:49 DecÃa que Marcos habÃa sido reasignado y que durante un tiempo yo serÃa el único empleado de mantenimiento en el turno nocturno. Intenté llamarlo varias veces, pero no respondió. Pensé en renunciar ese mismo dÃa, aunque necesitaba el sueldo y no podÃa quedarme sin trabajo de inmediato, asà que decidà aguantar mientras buscaba otra opción. La noche siguiente encontré a un guardia nuevo en recepción. Le pregunté por Marcos y respondió que lo habÃan trasladado sin decirme a dónde. No insistÃ. Hice mi turno evitando el sótano todo lo posible y me fui sin que ocurriera nada. Las dos noches siguientes fueron iguales. En la tercera encontré un sobre dentro de mi casillero. No tenÃa nombre ni ninguna marca de la empresa.
10:39 Dentro habÃa una tarjeta negra de acceso y una nota escrita a manos. El mensaje decÃa que Marcos necesitaba mi ayuda y que bajara al piso de abajo. También mencionaba la puerta abierta del cuarto de mantenimiento, un detalle que solo él y yo habÃamos visto. Guardé la tarjeta en el bolsillo y seguà trabajando. Durante horas pensé en tirarla y salir del edificio, pero también pensaba en Marcos. Si alguien lo habÃa apartado por hablar conmigo, la nota podÃa ser la única forma que tenÃa de contactarme. No estaba seguro de que fuera suya, aunque el detalle de la puerta me hizo dudar lo suficiente para quedarme. Más tarde bajé al estacionamiento, pero estaba vacÃo. Caminé hasta la entrada del piso 3, acerqué la tarjeta al lector y la puerta se abrió. Detrás habÃa una escalera corta que llevaba hacia un pasillo. Bajé despacio y escuché voces procedentes de una habitación al fondo. Reconocà a Castañeda. No escuché toda la conversación, solo fragmentos. Hablaba de un acuerdo que debÃa mantenerse y otra persona mencionó una entrega pendiente. Castañeda respondió que todavÃa podÃan cumplir con lo pactado. Después escuché una voz distinta, grave y áspera, preguntar por alguien que habÃa visto demasiado. Castañeda contestó que el asunto estaba bajo control.
12:06 retrocedà y mi zapato golpeó una pieza metálica en el suelo el sonido recorrió el pasillo las voces se detuvieron y la puerta se abrió antes de que pudiera llegar a las escaleras desde donde estaba alcancé a ver una mesa con varias personas sentadas alrededor reconocà a dos empresarios que aparecÃan con frecuencia en medios y a un hombre que años antes habÃa ocupado un cargo público importante castañeda estaba al fondo A su lado habÃa una figura alta, de piel verdosa, ojos amarillos y una cabeza demasiado alargada para ser humana. No tuve tiempo de observar más. Castañeda me vio y preguntó quién me habÃa dado la tarjeta.
12:46 No respondió con sorpresa ni se levantó de inmediato. Dos hombres comenzaron a ponerse de pie y yo corrà hacia las escaleras. SubÃ, crucé el estacionamiento y escuché pasos detrás de mÃ. Entré al corredor de mantenimiento. Llegué a la planta baja y fui hacia la salida principal, pero estaba cerrada y el guardia nuevo ya no estaba en recepción. Seguà hasta el área de carga y encontré una puerta lateral que podÃa abrirse desde dentro. Salà a la calle y continué caminando. No regresé por mi coche. Avancé varias calles antes de pedir un taxi y durante el trayecto revisé mis bolsillos. La tarjeta negra seguÃa conmigo. Cuando llegué a casa, encontré mi computadora encendida. pero recordaba haberla dejado apagada.
13:34 En la pantalla habÃa un archivo abierto con mi nombre, mi dirección, los nombres de mis padres y datos de mi hija. Al final habÃa una instrucción breve. DebÃa presentar mi renuncia antes del mediodÃa. Revisé la puerta y las ventanas, pero no encontré daños. Tampoco faltaba dinero ni objetos. Volvà a mirar el archivo y después busqué la tarjeta negra, pero ya no estaba en mi bolsillo. Saqué todo lo que llevaba encima, revisé la ropa, el suelo y las cosas que habÃa traÃdo del trabajo, pero no apareció. Recordaba haberla tocado durante el trayecto y estaba seguro de que seguÃa conmigo cuando subà al taxi, pero no pude determinar en qué momento habÃa desaparecido. Esa mañana envié mi renuncia sin explicar lo ocurrido. La empresa respondió pocas horas después y la aceptó sin hacer preguntas. DÃas más tarde, llevaron mi coche hasta mi casa. Las llaves venÃan dentro de un sobre y junto con los documentos de salida, recibà una liquidación mayor a la cantidad que me correspondÃa. No volvà al edificio ni intenté recuperar información del sistema. Tampoco busqué grabaciones de aquella noche. Después de encontrar los datos de mi hija en mi propia computadora, entendà que alguien habÃa entrado en mi casa. conocÃa a mi familia y podÃa hacerlo sin dejar señales. Guardé los correos de la empresa, dejé de llamar a Marcos por unos dÃas y empecé
15:05 a buscar otro trabajo. Durante los meses siguientes conseguà otro trabajo y dejé de pasar cerca del edificio. También intenté localizar a Marcos. Llamé varias veces a su número y nunca respondió, hasta que conseguà hablar con su hermana. Le dije que habÃamos trabajado juntos y que querÃa saber cómo estaba. Ella me contó que habÃa aceptado un empleo fuera del paÃs, aunque no sabÃa en qué ciudad ni para qué empresa. Marcos la habÃa llamado una sola vez, le dijo que estaba bien y le pidió que no intentara localizarlo. Volvà a marcar su número algunas veces durante las semanas siguientes y después dejé de hacerlo. Durante un tiempo guardé los correos de la empresa y revisé los documentos que conservaba del trabajo. Buscaba algo que explicara el cambio de puesto de Marcos. el acceso al piso 3 o la forma en que habÃan devuelto mi coche, pero todo estaba registrado de manera normal. La reasignación de marcos figuraba como un movimiento interno, mi salida aparecÃa como una renuncia voluntaria y el pago adicional estaba incluido dentro de la liquidación. No habÃa nada que conectara esos hechos, tampoco conservaba la tarjeta negra y el archivo que habÃan dejado abierto en mi computadora desapareció después de reiniciar el equipo. Guardé los documentos y traté de continuar con mi vida. Pasaron tres años antes de que volviera a prestar atención a Castañeda. Una noche apareció en una entrevista de televisión. El periodista le
16:38 preguntó por reuniones privadas entre grandes empresarios, antiguos funcionarios y grupos de inversión con influencia sobre decisiones importantes. Castañeda respondió con tranquilidad. y dijo que alrededor de las personas con dinero siempre surgÃan historias exageradas. Mientras hablaba, giró la cabeza hacia la cámara y parpadeó. Vi otra vez el movimiento horizontal. Retrocedà el video y repetà esa parte varias veces. La membrana cruzaba los ojos de lado a lado durante una fracción de segundo. En una grabación podÃa atribuirse a un fallo digital, pero yo reconocà el movimiento. porque ya lo habÃa visto antes. Me quedé mirando el resto de la entrevista, aunque no volvió a ocurrir. Cerré el video y no publiqué nada. Tampoco escribà a periodistas ni contacté a antiguos compañeros de la empresa. Dos dÃas después encontré un paquete frente a mi casa. No tenÃa remitente ni ninguna identificación que indicara de dónde venÃa. Lo abrà y encontré la tarjeta negra que habÃa usado para entrar al piso 3.
17:48 La reconocà de inmediato por una pequeña marca en una esquina. Era la misma tarjeta que habÃa desaparecido después de mi última noche en el edificio. Debajo habÃa una fotografÃa de la entrada de mi casa. Le di la vuelta y encontré escrita la hora aproximada en que mi hija salÃa cada mañana. No habÃa mensaje, nombre ni explicación. Guardé la tarjeta y la fotografÃa, cerré el paquete y esa noche hablé con mi familia. No les conté todos los detalles del edificio. Les dije que habÃa tenido problemas con personas relacionadas con mi antiguo trabajo y que preferÃa mudarnos. Poco después dejamos esa casa. Con los años cambiamos de domicilio varias veces. Algunos cambios tuvieron relación con mi trabajo y otros fueron decisiones familiares. Pero desde entonces fui más cuidadoso con mi dirección y con los datos que entregaba. también dejé de buscar información sobre Castañeda. Durante una época, revisaba entrevistas y apariciones públicas, intentando encontrar otro movimiento en los ojos o algún detalle que confirmara lo que habÃa visto, pero nunca conseguà nada útil. Sus empresas continuaron creciendo y él siguió apareciendo en medios, rodeado de empresarios, polÃticos y personas conocidas. En público nunca ocurrió nada que permitiera señalarlo por algo concreto. Mucho tiempo después conocà a un técnico
19:20 que habÃa trabajado en aquel mismo edificio. Fue una coincidencia. Estábamos hablando de empleos anteriores y mencionó el nombre de la empresa. Le dije que yo también habÃa trabajado ahÃ, aunque no le conté nada de lo ocurrido. Le pregunté qué zonas conocÃa y respondió que habÃa realizado reparaciones en los dos primeros niveles subterráneos. El piso 3 estaba prohibido para él. Le pregunté si alguna vez habÃa tenido problemas en los sótanos. y recordó una noche en la que escuchó algo dentro de los ductos de ventilación. Le pedà que describiera el sonido. Dijo que era un roce fuerte que avanzaba por el conducto, se detenÃa y volvÃa a empezar.
20:04 Después mencionó un siseo. No le dije que yo habÃa escuchado lo mismo años antes. Seguimos hablando de otros trabajos y cambiamos de tema. Esa conversación me dejó una inquietud que habÃa tratado de mantener apartada durante mucho tiempo. El edificio seguÃa funcionando, el piso 3 continuaba restringido y otra persona habÃa escuchado los mismos sonidos sin conocer mi historia. Guardé su número durante un tiempo, aunque nunca lo llamé para preguntarle más. No querÃa involucrarlo en algo que podÃa terminar afectándolo. Desde entonces dejé de buscar respuestas. Guardé la tarjeta y la fotografÃa en un lugar separado de los documentos familiares y nunca volvà a mostrárselas a nadie. No tenÃa una grabación del estacionamiento ni una fotografÃa del piso 3, tampoco una prueba capaz de demostrar lo que habÃa visto ahÃ.
21:02 Solo conservaba esos dos objetos y el recuerdo de lo ocurrido. La última vez que pasé cerca del edificio fue muchos años después de mi renuncia. ConducÃa de madrugada por una avenida cercana y al llegar a una esquina, vi una limusina negra entrar por el acceso privado. Reconocà la rampa de inmediato, reduje la velocidad durante unos segundos y observé el vehÃculo descender hasta desaparecer de la calle. Seguà conduciendo y no volvà a pasar por esa zona. Trabajaba en una bodega donde guardábamos mercancÃa retenida en aduanas. Mi trabajo era revisar objetos confiscados, comprobar que coincidieran con los registros y dejar por escrito cualquier irregularidad. Ya llevaba suficiente tiempo ahà para conocer el movimiento de la bodega y sabÃa que un contenedor podÃa permanecer meses sin tocarse cuando habÃa problemas con los documentos, el contenido o su procedencia. Una noche, mi supervisor, Ramiro, me pidió que lo acompañara a revisar uno que llevaba varios meses apartado. El expediente indicaba irregularidades sanitarias y problemas para comprobar el origen de la mercancÃa.
22:25 En los documentos aparecÃan artesanÃas y objetos religiosos, aunque en una revisión anterior habÃan encontrado tierra y materiales que no estaban registrados. Adriana, una compañera encargada de mover mercancÃa, También estaba con nosotros, asà que los tres comenzamos la revisión. Abrimos el contenedor y empezamos a sacar las primeras cajas. Encontramos objetos religiosos viejos, figuras de madera, cruces, velas usadas, frascos con tierra y varias bolsas cerradas. Muchas piezas no tenÃan etiquetas y tampoco habÃa documentos que permitieran saber de dónde provenÃan. En una de las cajas habÃa varios recipientes llenos de tierra. Uno de ellos tenÃa una etiqueta escrita a mano, donde se indicaba que el contenido habÃa sido recogido en un cementerio. Ramiro me pidió que anotara exactamente lo que decÃa, y nos indicó que no abriéramos los frascos ni las bolsas. Seguimos trabajando sin comentar demasiado el contenido, porque habÃamos revisado mercancÃa extraña otras veces. y nuestra obligación era inventariarla, no investigar para qué servÃa. Al llegar al fondo, encontramos una figura de madera del tamaño de un niño pequeño.
23:43 Estaba sentada sobre una caja y asegurada con alambre. TenÃa rasgos de duende, aunque también recordaba a ciertas figuras religiosas antiguas, con los ojos claros, la boca cerrada y las manos apoyadas sobre las piernas. Adriana dijo que no le gustaba, y preguntó por qué alguien enviarÃa una pieza de ese tipo junto con tierra de cementerio. Ramiro respondió que no necesitábamos saberlo, solo registrarla correctamente. La anoté como figura de madera tallada y continuamos con el inventario. Poco después, Ramiro recordó que necesitaba unos formatos que habÃa dejado en la oficina.
24:24 Me pidió que permaneciera cerca del contenedor y se fue a buscarlos. Adriana también se alejó para guardar parte del equipo que ya no Ãbamos a utilizar. Me quedé solo junto al contenedor revisando las cajas que ya habÃamos abierto. No habÃa pasado mucho tiempo cuando escuché una risa infantil en uno de los pasillos. Dejé de escribir y esperé, pensando primero en Adriana o en algún sonido que hubiera salido de un teléfono. La risa se repitió y después escuché pasos rápidos sobre el piso. Salà del contenedor con la lámpara, revisé el pasillo más cercano y avancé hasta el siguiente cruce. No encontré a nadie. Llamé a Adriana por el radio y le pregunté si habÃa regresado a nuestra zona. Me respondió que seguÃa en otra parte de la bodega y que estaba sola. Le dije que habÃa escuchado una risa y unos pasos cerca del contenedor. Guardó silencio un momento y me avisó que regresarÃa conmigo. También llamé a Ramiro y le conté lo que habÃa escuchado, y me respondió que ya venÃa de regreso. En ese momento pensé que alguien de otra sección habÃa entrado sin avisarnos, asà que volvà hacia el contenedor para esperar a los demás.
25:41 Cuando llegué, miré hacia el fondo y me detuve. La figura de madera ya no estaba sobre la caja. Me acerqué y revisé el lugar donde la habÃamos dejado. El alambre seguÃa sujeto. pero uno de los extremos estaba abierto. Busqué detrás de las cajas, revisé los costados del contenedor y después salà al pasillo, pero no encontré la figura. Tampoco habÃa escuchado a nadie entrar o salir mientras estuve cerca. Adriana llegó mientras yo seguÃa buscando. Le mostré la caja vacÃa y le expliqué que la figura estaba ahà cuando Ramiro se habÃa ido. Ella preguntó si él podÃa haberla movido antes de salir, pero le dije que no. Yo habÃa permanecido cerca y habrÃa visto a cualquiera cargando una pieza de ese tamaño. Tomamos las lámparas y comenzamos a revisar los pasillos cercanos. Frente al contenedor encontramos unas huellas pequeñas de pies descalzos. Estaban mojadas y avanzaban por el suelo hacia una de las estanterÃas. Adriana me preguntó de dónde habÃa salido el agua. Miré alrededor y no vi ningún derrame, tampoco habÃa recipientes abiertos ni zonas húmedas cerca de nosotros. Seguimos las marcas hasta el final del pasillo, donde desaparecÃan debajo de una estanterÃa. Ramiro regresó y nos encontró agachados junto a las huellas. Le explicamos que la figura habÃa desaparecido y le mostramos las marcas en el piso.
27:13 Su primera reacción fue preguntarnos quién habÃa movido la pieza. adriana respondió que ninguno de los dos y yo repetà que habÃa estado cerca del contenedor desde que él se fue ramiro caminó hasta el fondo revisó la caja miró detrás de la mercancÃa y comprobó que el muñeco ya no estaba después volvió con nosotros y dijo que buscarÃamos juntos si alguien habÃa retirado una pieza durante la revisión necesitábamos encontrarla antes de continuar porque la responsabilidad quedarÃa sobre nosotros Tomamos las lámparas y avanzamos por los pasillos sin separarnos. Apenas habÃamos recorrido una parte de la bodega cuando escuchamos otra risa infantil. Esta vez los tres la oÃmos y ninguno tuvo que preguntar de dónde venÃa. Sonó cerca, seguida de varios pasos rápidos detrás de una fila de cajas.
28:06 Ramiro levantó la lámpara y caminó hacia ese punto. Adriana y yo fuimos detrás de él. Revisamos el pasillo completo y no encontramos a nadie. Tampoco vimos la figura. Ramiro estaba a punto de decirnos que siguiéramos buscando. Cuando Adriana bajó la luz hacia el suelo y se quedó quieta, nosotros hicimos lo mismo. HabÃa nuevas huellas mojadas sobre el piso. No estaban delante de nosotros ni venÃan desde el contenedor. Empezaban a pocos pasos de donde habÃamos estado parados y seguÃan hacia el pasillo que acabábamos de revisar. Ramiro alumbró una por una. Después miró hacia atrás y volvió a revisar el espacio entre las cajas. Nadie habló. Yo seguÃa buscando alguna explicación que tuviera sentido, pero ya no tenÃa ninguna delante de mà y las huellas comenzaban justo detrás de nosotros. Ramiro volvió a alumbrar las huellas y nos pidió que siguiéramos juntos. Avanzamos por el pasillo sin separarnos, atentos al suelo y a cualquier ruido entre las estanterÃas.
29:12 Las marcas continuaban unos metros, desaparecÃan y luego volvÃan a aparecer más adelante, siempre húmedas. Llegamos hasta una estanterÃa pegada a la pared y vimos que las huellas salÃan desde abajo. Ramiro se agachó, metió la luz todo lo que pudo y revisó el espacio, pero no encontró nada. Adriana dijo que querÃa salir de la bodega y esperar afuera con más gente. Ramiro respondió que... primero tenÃamos que localizar la figura, porque habÃa desaparecido durante nuestra revisión y la responsabilidad quedaba sobre nosotros. Seguimos buscando ya sin la misma calma. Poco después escuchamos varios golpes dentro de una caja cercana. Ramiro levantó la mano para detenernos y se acercó. Adriana y yo nos quedamos detrás de él. Los golpes se repitieron dos veces y cesaron cuando Ramiro estuvo frente a la caja.
30:08 No llegó a tocarla. En ese momento vi algo moverse al fondo del pasillo. Era una figura pequeña de pie que cruzó entre dos filas de mercancÃa. Adriana también la vio y dijo que era el muñeco. Ramiro levantó la lámpara y alcanzó a iluminarlo antes de que desapareciera detrás de unas cajas. Ahà cambió todo. Ramiro dejó de hablar de terminar el inventario y nos dijo que nos Ãbamos. Volvimos hacia el contenedor para recoger los radios y dejar cerrado lo que pudiéramos. Cuando llegamos, una de las cajas que habÃamos dejado cerrada estaba abierta. La tapa estaba a un lado. Ramiro preguntó si alguno la habÃa tocado y respondimos que no. Mientras mirábamos la caja, escuchamos una risa dentro del contenedor. Adriana retrocedió. Ramiro se quedó frente a la entrada, alumbró hacia el fondo y preguntó quién estaba ahÃ.
31:04 No recibió respuesta. La risa volvió y después escuchamos unos pasos pequeños, rápidos, moviéndose entre las cajas. Ramiro entró solo lo necesario para mirar detrás de la primera fila de mercancÃas. yo me quedé junto a la puerta alumbrando desde afuera y Adriana permaneció detrás de mà algo golpeó la pared del contenedor desde adentro el ruido fue seco y fuerte Ramiro salió de inmediato y nos ordenó ir hacia la salida empezamos a caminar juntos mientras los pasos se escuchaban detrás de nosotros a ratos se detenÃan y luego volvÃan desde otro pasillo y cada vez que alumbrábamos hacia el ruido no encontrábamos nada En uno de los cruces escuché la risa tan cerca que me giré de golpe. Alumbré las cajas, el suelo y el espacio entre las estanterÃas, pero no vi al muñeco. Seguimos avanzando y una caja cayó detrás de nosotros. Los tres volteamos. La figura estaba de pie al fondo del pasillo con los brazos a los costados y la cabeza levantada hacia nosotros. Nadie la sostenÃa.
32:13 Adriana empezó a llorar y le pidió a Ramiro que siguiéramos. Entonces el muñeco movió la cabeza, dio un paso y comenzó a avanzar. Ramiro nos dijo que corriéramos. Adriana llegó primero a la salida y trató de abrir la puerta pero se atoró. Ramiro se puso junto a ella para ayudarla, mientras yo me quedaba de frente al pasillo con la lámpara levantada. La figura ya no estaba donde la habÃa visto. Escuché pasos a mi izquierda, después una risa muy cerca y giré la luz hacia ese lado. pero no vi nada sentà un tirón fuerte en la parte trasera del pantalón y bajé la lámpara el muñeco estaba pegado a mi pierna y una de sus manos sujetaba la tela del pantalón levanté la luz hasta su cara y vi sus ojos ya no estaban claros tenÃan sangre fresca alrededor y una gota bajaba por un borde la figura levantó la cabeza y me miró directamente y luego habló Ramiro y Adriana también escucharon la voz Dijo que el jefe ya venÃa a recoger su equipaje y que yo era el pago. Intenté apartarme, pero el muñeco tiró de mÃ.
33:25 Ramiro soltó la puerta, tomó una barra que estaba cerca y golpeó la figura para obligarla a soltarme. El muñeco cayó de lado, se levantó casi de inmediato y se lanzó contra Ramiro. Le alcanzó el brazo y lo mordió con fuerza. Ramiro gritó, trató de sacudÃrsela y retrocedió hasta golpear una estanterÃa. Adriana fue hacia él, pero no podÃa acercarse al muñeco sin quedar a su alcance. Tomé la barra del suelo y golpeé a la figura en la espalda, pero no soltó a Ramiro. Volvà a golpearla y parte de la madera de la cabeza se quebró. El muñeco cayó y Ramiro consiguió apartarse. TenÃa la manga rota y la sangre le bajaba por el brazo. Adriana lo tomó del hombro y lo llevó hacia la puerta. Yo me quedé un paso atrás con la barra en la mano mirando al muñeco en el suelo. No esperamos a comprobar si volvÃa a levantarse. Conseguimos abrir la puerta y Adriana salió primero con Ramiro. Yo iba detrás. Cuando estaba a punto de cruzar, algo me agarró del tobillo y caà de frente. Sentà que me jalaban hacia adentro. Solté la barra y traté de sujetarme del borde de la puerta.
34:39 Ramiro regresó a pesar de la herida y me tomó de las manos. Adriana lo sujetó a él y los dos tiraron de mÃ. El agarre en mi tobillo se cerró con más fuerza. Sentà varios tirones y después la mano me soltó. Ramiro y Adriana cayeron hacia atrás conmigo. Me levanté en cuanto pude y entre los tres empujamos la puerta hasta cerrarla. Aseguramos el acceso y nos alejamos unos pasos. Ramiro seguÃa sangrando. Adriana tenÃa las manos manchadas y yo apenas podÃa apoyar bien el pie. No habÃamos terminado de alejarnos, cuando comenzaron los golpes desde el interior.
35:20 Primero fueron rápidos, a poca altura, justo detrás de la puerta. Después se detuvieron y durante unos segundos no escuchamos nada. Entonces llegó otro golpe, mucho más fuerte. Nos alejamos de la puerta mientras Ramiro trataba de mantenerse de pie. TenÃa el brazo herido y la sangre ya le habÃa empapado parte de la manga. Asà que Adriana usó un pedazo de tela para apretarle la herida y detener el sangrado. Yo revisé mi tobillo, tenÃa varios cortes y me dolÃa al apoyar el pie, pero todavÃa podÃa caminar. Desde dentro de la bodega seguÃan llegando golpes cortos. Después escuchamos otra vez la risa del muñeco y varios pasos pequeños que se movÃan cerca de la entrada. Ninguno de nosotros quiso acercarse de nuevo. Los golpes cesaron y durante un rato no escuchamos nada, pero ese silencio duró poco. Desde el fondo de la bodega comenzaron a llegar otros pasos, más pesados y mucho más lentos. Avanzaban con pausas regulares y se acercaban poco a poco hacia la puerta. Adriana preguntó qué habÃa ahà dentro, pero Ramiro y yo no respondimos.
36:36 Los pasos continuaron hasta detenerse al otro lado de la entrada. Y entonces escuchamos la voz de la figura otra vez. Dijo mi nombre completo y repitió que el pago seguÃa pendiente. Después algo golpeó la puerta con fuerza. El seguro aguantó, aunque los tres nos alejamos todavÃa más. Permanecimos afuera hasta que llegaron los trabajadores del siguiente turno. Al vernos llamaron al encargado de la bodega y atendieron primero a Ramiro por la herida del brazo. Explicó que la figura nos habÃa atacado, que habÃa mordido su brazo y que seguÃa adentro. Adriana y yo contamos lo mismo. El encargado nos hizo varias preguntas y pidió que nadie entrara solo. No discutió nuestra versión, tampoco intentó explicar lo ocurrido. Solo reunió a varios trabajadores antes de revisar la bodega. Yo no querÃa volver a entrar, pero mis cosas seguÃan adentro y necesitaba saber qué habÃa pasado con la figura. Entramos todos juntos.
37:37 Apenas cruzamos la puerta, encontramos huellas pequeñas sobre el piso, todavÃa húmedas. SeguÃan hacia el fondo y junto a ellas aparecÃan otras marcas mucho más grandes. Nadie reconoció esas huellas ni pudo decir quién las habÃa dejado. El encargado pidió que siguiéramos sin separarnos y avanzamos hasta el contenedor. Lo encontramos cerrado. Eso llamó nuestra atención de inmediato. porque nosotros lo habÃamos dejado abierto al salir. Además tenÃa colocado un precinto nuevo. El encargado revisó el número y confirmó que no pertenecÃa a los que se utilizaban en nuestra sección. Preguntó quién lo habÃa puesto, pero ninguno de los trabajadores sabÃa nada. Retiraron el sello y abrieron las puertas del contenedor, mientras todos permanecÃamos a unos pasos de distancia. La figura estaba otra vez sentada en el mismo lugar, donde la habÃamos encontrado al comenzar la revisión. TenÃa las manos apoyadas sobre las piernas y estaba asegurada con alambre. Le faltaba el pedazo de madera que se habÃa quebrado durante el ataque a Ramiro, asà que no habÃa duda de que era la misma. Sus ojos ya no estaban rojos, se veÃan claros otra vez y no habÃa sangre alrededor de ellos.
38:55 Uno de los trabajadores preguntó si estábamos seguros de que esa figura era la que nos habÃa atacado Ramiro levantó el brazo herido y dijo que sÃ, y el encargado pidió que nadie la tocara, y comenzó a revisar el interior del contenedor. Mientras estábamos ahÃ, Adriana vio algo en el suelo y me llamó. Era mi gafete de trabajo. Yo recordaba haberlo tenido conmigo después de salir. Incluso lo habÃa tocado mientras ayudábamos a Ramiro con la herida, pero ahora estaba dentro del contenedor. El encargado lo recogió y... lo volteó. En la parte trasera habÃa dos palabras marcadas sobre el plástico. Pago pendiente. Nadie dijo nada durante unos segundos.
39:39 El encargado guardó el gafete, suspendió la revisión y ordenó cerrar otra vez el contenedor. Durante los dÃas siguientes se hicieron varios reportes internos sobre lo ocurrido. Ramiro siguió recibiendo tratamiento por la mordida y Adriana pidió que la cambiaran de sección. Yo tomé otra decisión. Presenté mi renuncia. Cuando me preguntaron el motivo, dije que no volverÃa a trabajar en una bodega donde siguiera ese contenedor. No traté de convencer a nadie ni quise discutir lo que habÃa ocurrido. Ramiro y Adriana habÃan estado conmigo y sabÃan lo mismo que yo. Antes de irme, pregunté qué harÃan con el cargamento.
40:19 Me respondieron que permanecerÃa retenido hasta que se resolviera su situación y que nadie volverÃa a abrirlo sin autorización. Pasó un tiempo y uno de mis antiguos compañeros se comunicó conmigo. Me contó que el contenedor seguÃa en la bodega y que casi nadie querÃa acercarse a esa zona. Algunos trabajadores habÃan encontrado huellas pequeñas en el suelo al comenzar sus turnos, y otros habÃan escuchado risas cuando la sección estaba vacÃa. También me dijo que varias personas habÃan oÃdo pasos pesados dentro de la bodega, siempre cerca del lugar donde estaba guardado el contenedor. Le pedà que no volviera a contarme nada sobre eso. Pasaron varios meses y dejé de hablar con casi todos los que trabajaban ahÃ. Mi gafete nunca me fue devuelto y tampoco volvà a ver la figura.
41:09 Durante ese tiempo pensé que haber renunciado habÃa terminado con el asunto, hasta que Ramiro me llamó y me dijo que el contenedor habÃa desaparecido. Le pregunté quién habÃa autorizado el traslado y respondió que nadie. Revisaron los registros y no encontraron ninguna orden de salida, ningún movimiento programado ni un documento que indicara quién lo habÃa retirado. Una mañana llegaron a trabajar y el espacio donde lo habÃan dejado estaba vacÃo. En el suelo solo encontraron tierra húmeda. Ramiro hizo una pausa y después me contó que también habÃan encontrado un objeto en ese mismo lugar. Era un gafete con mi nombre. Le pregunté si se trataba del que habÃan encontrado dentro del contenedor meses antes. Me respondió que no podÃa asegurarlo. porque este estaba limpio, sin desgaste y con la fotografÃa intacta. En la parte trasera también habÃa algo escrito. Ya no decÃa pago pendiente. Esta vez decÃa ya vamos. Acepté ese trabajo porque necesitaba cubrir unas semanas antes de entrar a otro empleo. Era un turno nocturno en una fábrica de espejos, y mi trabajo consistÃa en revisar las puertas, recorrer las áreas de producción y anotar cualquier problema mientras el edificio estaba vacÃo. Vicente, el encargado,
42:42 me enseñó las zonas que debÃa recorrer, me indicó dónde estaban los interruptores, las llaves y el teléfono interno, y me explicó qué puertas debÃan permanecer cerradas durante la noche. Antes de irse, me llevó a la nave donde guardaban los espejos terminados. HabÃa una fila de espejos apoyados en soportes. Varios estaban cubiertos y otros quedaban descubiertos porque iban a salir al dÃa siguiente. Vicente se detuvo frente a esa fila y me dio una sola advertencia. DebÃa evitar quedarme mirando mi reflejo durante los recorridos. Y si alguna vez veÃa que dejaba de imitar mis movimientos, tenÃa que salir de la nave sin hablarle. sin tocar el cristal y sin hacer gestos para comprobar nada. Le pregunté si hablaba en serio y respondió que sÃ. Quise saber qué habÃa ocurrido para que existiera una regla asÃ. Me contó que otro empleado habÃa tenido un problema durante un turno nocturno, pero no quiso darme detalles. Nadie habÃa aclarado lo ocurrido, y según Vicente, lo único importante era respetar aquella advertencia.
43:49 Pensé que era una historia para poner nervioso al nuevo. Ya me habÃan hecho bromas parecidas, por eso dejé el tema. Cuando Vicente se fue, empecé el turno con normalidad. Revisé las puertas, pasé por las áreas de trabajo y volvà a recepción. Más tarde, escuché caer algo dentro de la nave de los espejos. Entré y encontré un taco de madera en el suelo, cerca de uno de los soportes. Lo recogà y lo dejé sobre una mesa. Al pasar frente a los espejos, recordé la advertencia. Miré mi reflejo durante unos segundos. Caminé un poco y me detuve. El reflejo se detuvo conmigo. Movà la linterna hacia el suelo y repitió el movimiento. Me sentà ridÃculo por haberlo comprobado, asà que salà de la nave y continué trabajando. Un rato después, uno de los sensores indicó movimiento cerca de la zona de carga. Fui a revisar y no encontré a nadie. Las puertas seguÃan cerradas y no habÃa señales de entradas. Asà que volvà a recepción, anoté la incidencia y seguà con el turno. En el siguiente recorrido regresé a la nave de los espejos y vi que una parte de las luces del techo se habÃan apagado. Las demás seguÃan encendidas. Fui hasta el interruptor de esa zona, comprobé su posición y decidà dejar el problema para el personal de mantenimiento. Cuando me giré para salir vi mi reflejo en uno de los espejos y tardé unos segundos en entender que estaba mal. Yo estaba junto al interruptor y mi reflejo estaba varios pasos más atrás. No era
45:23 un retraso pequeño ni un movimiento confuso por el ángulo. PodÃa ver con claridad dónde estaba yo y dónde aparecÃa la figura. Me quedé quieto. Ãl también. Recordé de inmediato la advertencia de Vicente y dejé de hacer comprobaciones. No levanté la mano, no movà la cabeza y no me acerqué al espejo. Empecé a caminar hacia la salida, manteniendo el espejo dentro de mi campo de visión. Mi reflejo no avanzó conmigo, permaneció en el mismo lugar. Seguà hacia la puerta y cuando ya estaba cerca de salir, miré otra vez. La figura llevaba mi ropa y tenÃa mi cara, pero entonces giró el cuerpo. Yo seguà de frente. Ãl me dio la espalda y empezó a caminar hacia el fondo del edificio reflejado. Me detuve. Dentro del espejo estaban las mismas mesas, los mismos pasillos y la misma zona de trabajo que tenÃa detrás de mÃ. Pero la figura avanzaba por ahà sin repetir ninguno de mis movimientos. No corrió ni volvió la cabeza. Siguió caminando hasta alejarse de la parte del espejo que yo alcanzaba a ver. Salà de la nave y cerré la puerta. Me quedé unos segundos en el pasillo repasando lo que acababa de ver.
46:38 Pensé en los ángulos de los espejos y en la posibilidad de haber confundido dos reflejos, pero conocÃa mi posición y sabÃa que la figura habÃa girado, mientras yo seguÃa de frente. Fui a recepción y llamé a Vicente. Le conté lo ocurrido en el mismo orden en que habÃa pasado. Me preguntó si habÃa hablado con el reflejo, si habÃa tocado el cristal o si habÃa intentado llamar su atención. Le dije que no. Entonces me pidió que mantuviera cerrada la nave y que no volviera a entrar. Le pregunté qué le habÃa pasado al empleado anterior. Esta vez respondió, aquel hombre también habÃa visto a su reflejo separarse de sus movimientos y caminar por la fábrica reflejada. Después de ese turno renunció y no volvió. Además, habÃa contado que una vez que el reflejo se alejaba, empezaba a aparecer en zonas donde él todavÃa no habÃa estado. Le pregunté por qué no me habÃa contado eso antes. Vicente dijo que nunca supieron cuánto de aquella historia era cierto y que por eso solo repetÃa la advertencia básica a quien cubrÃa el turno nocturno. Mientras seguÃamos hablando, escuché una alarma de movimiento. Miré el panel de recepción, pero ninguna zona estaba activa. El sonido volvió a oÃrse desde la nave cerrada.
47:59 Dejé el teléfono sobre el mostrador y me acerqué al pasillo. La alarma sonó otra vez detrás de la puerta. Abrà apenas lo suficiente para mirar hacia adentro y uno de los espejos mostraba una luz roja encendida al fondo, justo donde estaba uno de los sensores de la fábrica. Giré la cabeza hacia el sensor real y estaba apagado. Volvà a mirar el espejo. La luz roja seguÃa encendida y la alarma volvió a sonar desde ese lado. No vi a mi reflejo. pero el sensor dentro del espejo acababa de detectar movimiento. Cerré la puerta en cuanto vi la luz roja dentro del espejo. Vicente seguÃa al teléfono y le pregunté si el otro empleado habÃa mencionado algo parecido.
48:47 Me dijo que sÃ, que habÃa hablado de alarmas que sonaban dentro de los reflejos, aunque él nunca las habÃa escuchado por sà mismo. Me pidió que asegurara la nave desde fuera. y que me quedara cerca de la recepción. No intentó explicarme qué era aquello, ni me dio una respuesta que no tenÃa. Solo insistió en que no volviera a colocarme frente a los espejos. Cerré la nave y guardé la llave. Durante unos minutos no ocurrió nada. La alarma dejó de oÃrse y el panel real siguió sin marcar movimiento, ya no querÃa terminar el turno, decidà marcharme si volvÃa a pasar algo y fui a buscar mi chaqueta, mientras guardaba mis cosas el sensor del pasillo principal se encendió, esta vez la señal aparecÃa en nuestro panel, Miré hacia el corredor desde recepción y no vi a nadie. El indicador se apagó después de unos segundos. Volvió a encenderse cerca de la nave y desapareció otra vez. Esperé un poco, atento al pasillo, pero no escuché pasos ni vi movimiento.
49:55 PodÃa tratarse de una falla del sensor, aunque después de lo ocurrido no pensaba quedarme ahà para comprobarlo. Tomé mis cosas y fui hacia la salida. Antes de llegar, escuché tres golpes en la puerta de la nave. Me detuve a distancia. Los golpes se repitieron con la misma fuerza y la misma pausa entre ellos. No me acerqué. Llamé de nuevo a Vicente y le dije que iba a salir del edificio, que podÃa regresar después para entregar las llaves. No intentó detenerme. Solo me pidió que dejara cerrada la nave y que no abriera esa puerta bajo ninguna circunstancia. Mientras hablábamos, sonó otro golpe, esta vez uno solo, y luego volvió el silencio. Seguà hacia la entrada, y el sensor del pasillo se activó otra vez, pero ahora la señal correspondÃa a la zona que quedaba entre recepción y la puerta principal. Miré hacia ahà y seguÃa sin ver a nadie. Esperé a que el indicador se apagara, avancé unos pasos y volvió a encenderse. Retrocedà y la señal desapareció.
51:04 Permanecà quieto mirando el corredor vacÃo hasta que Vicente me preguntó qué estaba pasando. Le conté lo que acababa de ver en el panel. Entonces me dijo que el empleado anterior habÃa descrito algo parecido. Primero movimiento dentro de los espejos y después sensores reales activándose en lugares donde no habÃa nadie. Le pregunté por qué habÃa esperado hasta ese momento para contarme todo eso. Vicente dijo que nunca habÃan podido saber cuánto de aquella historia era cierto. La empresa habÃa tratado el caso como un problema aislado y durante años no volvió a ocurrir nada. Ãl habÃa seguido dando la advertencia sobre los reflejos porque era la única parte que no se habÃa atrevido a ignorar. Me molestó que me hubiera dejado entrar sabiendo eso, pero no discutÃ. tenÃa la salida a pocos metros y lo único que querÃa era cruzar esa puerta, esperé hasta que el sensor dejó de marcar actividad y avancé, habÃa recorrido parte del pasillo cuando escuché un paso detrás de mÃ, seguà caminando y escuché otro después del mÃo, volvà a avanzar y volvió a sonar, me detuve y el ruido cesó, no me giré enseguida, detrás habÃa puertas con vidrio y varias superficies que podÃan devolver mi imagen, Después de lo que habÃa visto en la nave, no querÃa comprobar en dónde estaba mi reflejo. Seguà caminando y los pasos regresaron. Yo daba uno,
52:39 después escuchaba otro, pero la distancia no cambiaba. Llegué a la puerta principal y puse la mano sobre el cierre. A un lado habÃa una puerta con vidrio, y mi reflejo apareció ahà sin que yo lo buscara. Yo estaba junto a la salida, pero la figura estaba al fondo del pasillo. TenÃa mi ropa y mi cara. Durante un segundo permaneció inmóvil y después empezó a caminar hacia mÃ. Aparté la vista de inmediato y abrà la puerta principal, pero antes de cruzarla escuché mi nombre detrás de mÃ. La voz era la mÃa. Lo repitió una segunda vez, pero no respondÃ. Vicente seguÃa el teléfono y también escuchó la voz. Me preguntó si era yo quien habÃa hablado.
53:25 Le dije que no, que la voz venÃa del pasillo. Me ordenó salir, pero en ese momento algo golpeó con fuerza la puerta de la nave y giré la cabeza por reacción. El corredor estaba vacÃo y la nave seguÃa cerrada. Miré por accidente el vidrio lateral y vi que mi reflejo ya no estaba al fondo. Se encontraba mucho más cerca de la entrada. No habÃa visto su recorrido completo. y no sabÃa cuánto habÃa avanzado mientras yo miraba hacia la nave. Crucé la puerta y salà al exterior. La cerré detrás de mà y seguà alejándome hasta quedar a varios metros del edificio. Vicente me dijo que iba hacia la fábrica y que no entrara de nuevo. Me quedé ahÃ, todavÃa con el teléfono en la mano, tratando de mantener la vista lejos de los cristales. Pasaron unos minutos sin ruidos, entonces miré hacia la entrada y vi mi reflejo dentro de recepción. Yo estaba afuera y la figura permanecÃa de pie junto al mostrador. Levantó una mano y apoyó la palma contra el vidrio y yo mantuve los brazos abajo.
54:32 El reflejo siguió mirándome unos segundos, bajó la mano y caminó hacia el interior del edificio. Lo perdà de vista al pasar detrás de una pared. No volvió a aparecer. Cuando Vicente llegó, le conté lo que habÃa visto y le pedà que no entrara. Se quedó conmigo afuera y ninguno quiso comprobar qué habÃa dentro. Esperamos cerca de la entrada hasta que comenzó a aclarar y empezaron a llegar los primeros trabajadores. Mientras estábamos ahÃ, Vicente me preguntó si estaba completamente seguro de haber salido por la puerta principal y de no haber perdido el conocimiento en ningún momento. Le respondà que sÃ. Recordaba haber abierto la puerta, haberla cerrado detrás de mà y haber hablado con él desde fuera.
55:18 Vicente no respondió enseguida. Solo señaló el vidrio de la entrada. Miré y mi reflejo estaba junto a él y ahora repetÃa mis movimientos con exactitud. Movà la cabeza apenas un poco y la figura hizo lo mismo. Bajé la mirada. Vicente me dijo que el otro empleado también habÃa llegado a esa parte. Después de ver a su reflejo moverse solo, llegó un momento en que todos los reflejos volvieron a obedecerlo. Aquel hombre creyó que el problema habÃa terminado, pero Vicente nunca estuvo seguro de eso, y yo tampoco. Cuando comenzaron a llegar los primeros trabajadores, Vicente les pidió que esperaran afuera.
56:03 No les explicó lo ocurrido, solo dijo que habÃa un problema dentro y que todavÃa no era seguro entrar. Yo querÃa irme. Después de pasar toda la noche en la fábrica, no pensaba quedarme más tiempo. Vicente no intentó detenerme, pero antes de que me marchara, quiso hacerme unas preguntas. Me preguntó si recordaba todo lo que habÃa hecho desde que mi reflejo dejó de seguirme, si en algún momento habÃa perdido la noción del tiempo, o si habÃa dejado de saber con claridad en dónde estaba. Le respondà que no, y recordaba cada parte. Entonces le pedà que me dijera por qué insistÃa tanto. Vicente bajó la voz y me contó lo que nunca habÃa querido decirme sobre el empleado anterior.
56:49 Aquel hombre también habÃa visto a su reflejo separarse de sus movimientos. Después escuchó alarmas, pasos y una voz idéntica a la suya. Consiguió salir, volvió a casa y al dÃa siguiente llamó para decir que sus reflejos ya no respondÃan igual. Unos dÃas después dejó de contestar y Vicente no volvió a verlo. Le pregunté por qué habÃan permitido que otra persona cubriera ese turno. Dijo que él no decidÃa las contrataciones y que durante años nadie habÃa informado de otro incidente. Y con el tiempo empezó a pensar que aquella historia no era real. Esa noche cambió de opinión.
57:30 Yo le dije que no pensaba quedarme. para averiguar hasta dónde podÃa llegar aquello, y fui hacia mi coche, antes de subir miré la ventanilla, mi reflejo estaba ahà y se movÃa conmigo, levanté una mano y la levantó, giré un poco la cabeza y repitió el gesto, dejé de probar, la advertencia de Vicente habÃa sido clara y ya habÃa mirado demasiado, entré al coche pero no arranqué, desde ahà veÃa la entrada de la fábrica, A Vicente y a los trabajadores que seguÃan esperando afuera. Entonces sonó una alarma dentro del edificio. Vicente se volvió hacia la entrada y uno de los sensores se activó. Poco después respondió otro, más cerca de recepción, pero nadie habÃa entrado. Me bajé del coche y regresé hacia él. Desde afuera podÃa ver que recepción estaba vacÃa. La alarma se detuvo y Vicente dio un paso atrás. En ese momento apareció una figura en el reflejo del vidrio. Era yo. La figura no estaba detrás de Vicente ni a mi lado. Estaba dentro de la recepción reflejada. Vicente la vio al mismo tiempo y me preguntó dónde estaba. Le respondà que estaba detrás de él. Giró para comprobarlo, volvió a mirar el vidrio y se quedó quieto. Yo seguÃa afuera y la otra figura seguÃa adentro. Se acercó al cristal. llevaba mi ropa tenÃa mi cara y la misma mancha en una de las mangas se detuvo frente a vicente y movió los
59:02 labios él retrocedió le pregunté qué habÃa dicho y respondió que habÃa pronunciado su nombre La figura volvió a hablar. No podÃamos escucharla a través del vidrio, pero Vicente entendió lo suficiente al verla. Me miró y dijo que la figura afirmaba que yo era el que habÃa salido del espejo. No me acerqué. La figura levantó las manos, las dejó visibles y después señaló hacia mÃ. Vicente me hizo una pregunta sobre algo que habÃamos hablado durante la noche. Le respondà y la figura contestó también. Por la expresión de Vicente supe que habÃa dado la misma respuesta. Probó con otra pregunta y ocurrió lo mismo. Ahà entendimos el problema.
59:49 Aquello no solo repetÃa mis movimientos, también tenÃa mis recuerdos. Le pedà a Vicente que dejara de preguntar. Cualquier dato que yo pudiera usar para demostrar quién era, también podÃa usarlo el otro. Los trabajadores empezaron a impacientarse y Vicente les ordenó que se alejaran de la entrada. La figura siguió mirándome un rato, luego caminó hacia un lado y desapareció del reflejo, pero no volvió a sonar ninguna alarma. Vicente cerró el acceso y mandó a todos a casa. fui también. Durante el camino usé el retrovisor solo lo necesario.
1:00:30 Cada vez que miraba, mi reflejo estaba donde debÃa. Llegué a casa, cubrà el espejo del baño con una toalla, e hice lo mismo con el de la habitación. No querÃa probar nada más. Me acosté vestido y dormà unas horas. Cuando desperté, tenÃa varias llamadas de Vicente. Lo llamé y me contó que habÃa regresado a la fábrica con dos responsables de la empresa. Entraron juntos, revisaron la recepción y después abrieron la nave de los espejos, pero no encontraron a nadie. Le pregunté por la fila de espejos y dijo que faltaba uno, el mismo en el que mi reflejo habÃa dejado de seguirme. Nadie sabÃa dónde estaban. Le pregunté si alguien podÃa haberlo movido y dijo que no tenÃa una respuesta. Después quiso saber si habÃa mirado algún espejo desde que llegué a casa, pero le dije que los habÃa cubierto. Guardó silencio unos segundos y me pidió que revisara el vidrio de la puerta de entrada. Fui hasta ahà con el teléfono en la mano. A un lado de la cerradura habÃa una franja de vidrio que reflejaba parte del pasillo. Me vi de frente. Mi reflejo estaba en su sitio. Movà los ojos hacia un lado y él hizo lo mismo, asà que no hice ninguna otra prueba. Entonces, escuché tres golpes detrás de mà y venÃan del baño. El espejo seguÃa cubierto con la toalla.
1:02:04 Oà otros tres golpes y Vicente me preguntó qué estaba pasando. Antes de responder, vi que la toalla se movÃa. Primero se levantó una esquina, después la tela se separó unos centÃmetros del cristal, pero no habÃa nadie dentro del baño. Salà de la casa y no volvà a entrar. Vicente vino hasta aquà y se quedó conmigo. La puerta sigue cerrada. Mientras esperábamos afuera, vimos una sombra cruzar detrás de una de las ventanas y no tardó en volver a pasar. La segunda vez vimos la cara y era la mÃa, pero yo estaba afuera junto a Vicente.
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