June 4, 2026

La Noche Que Mi Amiga Me Entregó A Unas Brujas En El Bosque - Historias De Terror - REDE

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0:05 Recuerdo con claridad la noche en que Rita pasó por mí. Habíamos sido amigas durante casi dos años, desde que nos conocimos en un curso y seguimos viéndonos después. Ella había estado en mi casa, conocía a mi madre y sabía que yo le tenía confianza. A veces hablaba de limpias y amuletos, pero nunca la había visto actuar con violencia, ni había dicho algo que me hiciera temerle. Esa noche me escribió para invitarme a una reunión en el bosque, Dijo que estarían unas conocidas suyas, que sería algo tranquilo y que volveríamos juntas al terminar. Yo le respondí que no conocía el lugar y que no me gustaba ir tan lejos de noche. Insistió en que estaría conmigo todo el tiempo y que no tenía razón para preocuparme. Habló con naturalidad, por eso acepté. Avisé en mi casa que saldría con Rita y esperé a que pasara por mí.

1:00 Cuando llegó, subí a su coche con mi bolso y mi teléfono. Intenté conversar durante el camino. Le pregunté quiénes iban a estar y qué haríamos allá. Respondió que eran mujeres conocidas, que las vería al llegar y que regresaríamos pronto. Después se quedó callada. Le hice otras preguntas, pero contestó con pocas palabras y sin mirarme. Esa actitud me incomodó, pero seguí en el coche. Las calles con casas quedaron atrás y el camino se volvió más solitario. Saqué el teléfono para avisar que todavía estaba con Rita. Escribí un mensaje, pero no salió. Miré la pantalla varias veces y seguía pendiente.

1:41 Le dije que no tenía señal y le pedí que regresáramos si el lugar quedaba más lejos. Ella siguió conduciendo y me respondió que ya estábamos cerca. Detuvo el coche junto a un sendero y me pidió que bajara. Le pregunté por qué teníamos que caminar. y dijo que las demás estaban cerca, detrás de los árboles. Sacó una bolsa del asiento trasero y comenzó a avanzar. Yo bajé con el teléfono en la mano, buscando señal, y caminé detrás de ella porque no sabía en dónde estaba ni cómo volver sola. A poca distancia vi una luz entre los árboles y escuché voces de mujeres. No escuché música, risas ni una conversación de reunión. Rita siguió caminando hasta llegar a un claro sin llamar a nadie ni anunciar que veníamos.

2:31 Entré detrás de ella y vi a cinco mujeres, todas mayores que nosotras. Se miraban aterradoras, con el pelo enmarañado y uñas largas. Una estaba junto a una fogata y las demás rodeaban una manta extendida en el suelo. Cerca de la manta había cuerdas, un recipiente y un cuchillo. Me detuve y le pregunté a Rita qué significaba aquello. Ella me había hablado de una reunión, pero ahí no había comida, ni personas reunidas para convivir. Las mujeres dejaron de hablar y se quedaron mirándome. Una se acercó a Rita, le dijo que había cumplido y le preguntó si yo había venido sin problemas. Rita respondió que sí. Le pedí que me llevara de regreso y di un paso hacia el sendero. Rita no contestó. Una de las mujeres caminó hasta la entrada por donde habíamos llegado. y se quedó ahí mientras otra se acercaba por mi lado derecho volví a decir que quería irme y le pregunté por qué me había llevado con esas mujeres Rita bajó la mirada y me pidió que me quedara quieta y que no empeorara las cosas saqué el teléfono para marcar pero una mujer me sujetó la muñeca antes de que pudiera hacerlo intenté soltarme y grité el nombre de Rita otra me agarró desde atrás y me apretó los brazos contra el cuerpo Forcejé, alcancé a patear a una de ellas y pedí ayuda. Rita se acercó, me arrancó el teléfono de la mano y lo guardó en la bolsa. Le exigí

4:04 que me lo devolviera y le dije que mi madre sabía que yo había salido con ella y que tenía que sacarme de ahí. Rita respondió que nadie sabía en dónde estábamos y que ella ya había cumplido con llevarme. Se apartó y dejó que las mujeres me continuaran sujetando. Su voz no temblaba y tampoco pidió que me soltaran. Yo seguí gritando, primero su nombre y luego pidiendo ayuda a cualquiera que pudiera escucharme. Una mujer me golpeó en la cara y perdí el equilibrio. Entre varias me empujaron hasta la manta y caí de espaldas. Sentí el golpe en los hombros, después el peso de una mujer sobre mis piernas y la mano de otra en mi hombro derecho.

4:48 Intenté defenderme con la mano que tenía libre, pero me la inmovilizaron contra el cuerpo. Otra estiró mi brazo izquierdo y me amarró la muñeca a una raíz que salía del suelo. Tiré con fuerza, pero la cuerda se apretó y me lastimó la piel. Rita estaba cerca de la fogata con mi teléfono. La miré y le pedí que me ayudara. Le dije que ella conocía a mi familia y que yo había ido con ella porque confiaba en su palabra, pero no se acercó. La mujer que daba órdenes se puso a mi lado y dijo que Rita me había elegido por esa confianza. Dijo que necesitaban mi sangre, que esa noche la entregarían durante el aquelarre y que el diablo la recibiría. no vi a ningún hombre ni a ninguna otra persona fuera de esas mujeres vi el recipiente junto a mi brazo y el cuchillo en la mano de una de ellas empecé a gritar con más fuerza una mujer me cubrió la boca con un paño otra me sujetó la mano izquierda y me extendió el brazo sobre la manta mordí la tela giré la cara y alcancé a pedir ayuda otra vez Rita seguía a pocos pasos le pedí que me mirara que viera lo que estaban haciendo conmigo Ella volteó la cabeza. La mujer del cuchillo se agachó y me sostuvo el antebrazo. Sentí el primer corte y moví todo el cuerpo por el dolor, pero las manos que me sujetaban no me dejaron retirar el brazo. El paño se movió de mi boca y grité.

6:20 Entonces sentí el segundo corte trazado sobre el primero. Una de las mujeres dijo que la marca estaba hecha. La sangre bajó por mi antebrazo y cayó sobre la manta. Me quedé quieta unos segundos, respirando, mientras miraba a la mujer que sostenía mis piernas. Cuando movió una mano para acercarse al recipiente, doblé la rodilla derecha y le golpeé la cara con toda la fuerza que tenía. Ella cayó hacia un lado. Tiré del brazo amarrado. La cuerda me lastimó la muñeca y la raíz salió de la tierra. Me giré antes de que volvieran a sujetarme. Empujé a la mujer que estaba junto a mi hombro y logré ponerme de pie. Una mano alcanzó mi ropa por la espalda, pero jalé hacia adelante y me solté. Corrí hacia el sendero con la cuerda colgando de mi muñeca y el brazo izquierdo pegado al pecho. Detrás de mí escuché a las mujeres gritar que me alcanzaran. También escuché la voz de Rita llamándome. No volteé. Seguí corriendo entre los árboles con la sangre bajándome por la mano. y los pasos de ellas cada vez más cerca. Corría entre los árboles sin saber si avanzaba hacia el camino, o si me internaba más en el bosque. El brazo izquierdo me ardía y la sangre me corría hasta la mano, mientras la cuerda seguía atada a mi muñeca, y la raíz arrancada golpeaba el suelo detrás de mí. Con la mano derecha apretaba la herida, pero cada paso me movía el brazo,

7:52 y el dolor me obligaba a apretar los dientes. Detrás escuché voces y ramas quebrándose. Una mujer gritó que me alcanzaran. Otra llamó a Rita y le dijo que buscara la salida. No volteé. Tuve miedo de verla frente a mí, cerrándome el paso después de haberme llevado hasta ese lugar. Seguí corriendo por donde podía pasar. Tropecé con una rama y caí de rodillas. Al apoyar la mano herida en el suelo, el dolor me cortó la respiración. me incorporé y traté de avanzar pero la raíz quedó atorada jalé la muñeca una vez luego otra hasta desprenderla de la cuerda el nudo siguió apretado en mi piel pero ya podía correr sin arrastrar aquel peso los pasos se acercaban oía la voz de una de las mujeres cada vez más cerca ordenándome que me detuviera grité pidiendo ayuda primero una vez y después varias sin saber si alguien podía escucharme mi voz salió ronca entrecortada por el esfuerzo y el miedo.

8:55 Seguí avanzando hasta que desde un lado del sendero una voz de hombre preguntó quién andaba ahí. Respondí que me ayudara, que me habían cortado y que me perseguían unas brujas. La luz de una linterna apareció entre los árboles y corrí hacia ella. El hombre llevaba una escopeta y una lámpara en la mano. Cuando llegué a su lado apenas pude detenerme. Le mostré el brazo y le dije que unas brujas habían intentado sacarme sangre, que mi amiga me había entregado y que venían detrás de mí. Se llamaba Ignacio y estaba cazando esa noche. Me tomó del hombro derecho, me colocó detrás de él y me ordenó que presionara la herida con mi blusa. Luego levantó la voz hacia el sendero y les advirtió que estaba armado, que no se acercaran. Dos mujeres aparecieron poco después. reconocí a la que había sostenido mis piernas y a la que me sujetó el brazo cuando me cortaron una llevaba el cuchillo en la mano y la otra avanzaba a su lado ignacio les ordenó que soltaran el arma y se quedaran donde estaban pero ninguna obedeció la mujer del cuchillo dijo que yo tenía que regresar que aquello no había terminado me pegué a la espalda de ignacio y le dije que eran ellas que no permitiera que me llevaran otra vez ignacio repitió la orden con la escopeta apuntada hacia las mujeres la que llevaba el cuchillo siguió avanzando y

10:27 levantó la mano el disparo me hizo agacharme y cubrirme la cabeza con el brazo sano cuando volví a mirar la mujer estaba en el suelo la otra corrió hacia nosotros ignacio le gritó que se detuviera pero ella continuó y él disparó otra vez cayó a pocos pasos de la primera desde el fondo del bosque se escucharon gritos después pasos que se alejaron hacia el claro ignacio no se acercó a las mujeres caídas me dijo que caminara que no soltara la herida y que mantuviera la vista al frente yo obedecí aunque tenía las piernas débiles y el cuerpo me temblaba Caminé a su lado con el brazo contra el pecho y la cuerda colgando de la muñeca.

11:10 Le dije que Rita tenía mi teléfono y que se había quedado con las demás brujas. Y también le dije que conocía a mi casa y a mi madre. Ignacio me respondió que primero saldríamos del bosque y después pediríamos ayuda. Llegamos a su camioneta. Me ayudó a subir y buscó una tela limpia para apretarme el brazo. La sangre había empapado mi manga. y sentía fríos los dedos Ignacio hizo una llamada y explicó que había encontrado a una joven herida que dos mujeres la habían seguido con un cuchillo y que les había disparado para detenerlas yo permanecí sentada mirando hacia los árboles cada ruido me hacía levantar la cabeza esperando ver a Rita salir de la oscuridad los paramédicos me atendieron dentro de la camioneta y después me trasladaron al hospital Solo alcancé a decir el nombre de Rita y que me había llevado al bosque. Durante el camino sostuve el vendaje con la mano derecha y pregunté si mi madre ya sabía dónde estaba. Cuando ella llegó todavía me estaban cerrando los cortes. Me tomó la mano y me preguntó quién me había hecho eso. Le conté que Rita me había invitado, que me quitó el teléfono y que permaneció con las brujas mientras me herían. Mi madre se sentó junto a mí y no volvió a separarse.

12:36 La policía recogió del bosque la cuerda, el cuchillo, la manta y el recipiente. Las dos mujeres heridas quedaron bajo custodia. Rita ya no estaba ahí y su coche había desaparecido. Después de responder unas preguntas, no quise hablar más esa noche. Tenía el brazo vendado, la boca adolorida y el cansancio de haber corrido, creyendo que me iban a alcanzar. Los cortes tardaron en cerrar y cuando retiraron los puntos, la marca quedó completa en mi antebrazo. Eran dos líneas cruzadas hacia abajo. Para ser más exacta, era una cruz invertida, tal como aquellas mujeres habían querido dejarla. Durante las primeras semanas dormí cerca de mi madre y no salí sola.

13:21 Bastaba con escuchar un coche detenerse frente a la casa para que se me cerrara el pecho. La cicatriz todavía estaba roja y y yo seguía recordando la mano de Rita quitándome el teléfono. Ignacio fue a verme una vez para saber si me estaba recuperando. Le agradecí que hubiera intervenido. Me respondió que había escuchado mis gritos y que no podía dejarme sola frente a aquellas mujeres. No hablamos mucho más. Antes de irse, me deseó que pudiera volver a sentirme segura. Yo no supe qué responderle, solo volví a darle las gracias. Rita fue detenida poco después en otra localidad, junto con una de las mujeres que escapó del claro. Reconocí su fotografía y más adelante la vi sentada en una audiencia.

14:08 No le hablé. Declaré lo que ocurrió desde que pasó por mí, hasta que Ignacio me encontró. Rita y las mujeres que participaron en el ataque fueron condenadas por haberme retenido y herido. Cuando terminó el proceso, mi madre y yo salimos del edificio sin mirar atrás. Nunca recuperé mi teléfono y nunca regresé al bosque. Tampoco conservé recuerdos de Rita, porque para mí dejó de ser mi amiga en el momento en que me quitó el teléfono y permitió que me cortaran. La cicatriz quedó en mi brazo, visible y permanente, pero el ataque terminó aquella noche. Rita quedó presa. Las mujeres respondieron por lo que hicieron y yo volví a mi casa con vida. Desde aquella noche, lo que más vuelve a mi cabeza no es el dolor del brazo, sino el momento en que escuché para qué me habían llevado.

15:03 Yo estaba en el suelo, atada, viendo el cuchillo y el recipiente junto a mí, mientras una de aquellas mujeres decía que mi sangre sería entregada al diablo. En ese instante, sentí que mi vida había dejado de importarles. Para ellas, yo no era una persona pidiendo ayuda, era algo que podían usar y destruir. A veces pienso en lo poco que faltó para que siguieran cortándome, para que me dejaran ahí sin fuerzas y terminaran lo que habían preparado. Pienso en Rita, en que caminó conmigo hasta ese lugar sabiendo lo que iban a hacer, en que escuchó mis gritos y eligió quedarse con ellas. Eso es lo que todavía me cuesta aceptar. No puedo decir qué habría ocurrido después, ni qué creían realmente aquellas mujeres. Solo sé que hablaban de entregarme, que ya habían comenzado a sacar mi sangre y que yo logré escapar antes de que continuaran. Cuando miro la cicatriz, recuerdo que aquella noche pudieron matarme en nombre de algo que yo ni siquiera entendía y que nunca elegí.