June 14, 2026

La Noche En Que Un Guardabosques Nos Salvó Del Ataque Del WENDIGO - Historias De Terror - REDE

La Noche En Que Un Guardabosques Nos Salvó Del Ataque Del WENDIGO - Historias De Terror - REDE
La Noche En Que Un Guardabosques Nos Salvó Del Ataque Del WENDIGO - Historias De Terror - REDE
REDE (Relatos Desclasificados)
La Noche En Que Un Guardabosques Nos Salvó Del Ataque Del WENDIGO - Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

0:05 Esto pasó en Estados Unidos, dentro de un bosque al que entramos una tarde de noviembre. No voy a decir el estado, porque todavía hay gente viviendo cerca y porque la familia de Mateo pidió que no se usaran nombres reales de lugares. Éramos tres amigos, Rodrigo, Mateo y yo. Fuimos a caminar, a grabar unos videos y a ver una zona cerrada que varias personas del pueblo mencionaban con cuidado. Nadie nos obligó, nadie nos siguió al inicio, y tampoco vimos algo raro desde el camino. Dejamos el carro junto a una entrada de tierra, tomamos las mochilas y seguimos por una vereda marcada. Llevábamos dos lámparas, agua, una batería externa, una navaja pequeña y los teléfonos. Recuerdo bien el silencio de esa primera parte. Hacía frío, el suelo estaba húmedo y la luz empezaba a bajar entre los árboles. Rodrigo iba adelante porque conocía mejor los senderos, Mateo caminaba en medio, y yo iba atrás revisando que no perdiéramos la ruta.

1:13 Rodrigo había trabajado antes con un familiar que hacía limpieza en terrenos forestales, por eso confiamos en él. avanzamos sin prisa hasta que la vereda se dividió Rodrigo señaló hacia la izquierda y dijo que por ahí había una construcción de mantenimiento que podíamos verla de lejos y regresar Mateo quería volver antes de que oscureciera más yo dije que camináramos solo un poco sin alejarnos demasiado pero esa decisión quedó conmigo desde entonces tomamos la izquierda poco después los teléfonos se quedaron sin señal Rodrigo dijo que en esa parte pasaba seguido, pero Mateo revisó el suyo varias veces porque le incomodaba estar sin manera de llamar. También encontramos un letrero caído, viejo, con una advertencia de no pasar.

2:05 No tenía candado, cinta reciente ni marcas de cierre nuevo. Rodrigo dijo que la zona debía estar cerrada por mantenimiento y que convenía mirar rápido y volver. seguimos unos minutos más hasta que Mateo encontró marcas en la tierra húmeda eran pisadas grandes más largas que mi antebrazo con dedos separados y hundidas con mucha fuerza Rodrigo se agachó las revisó y dijo que no eran de oso Mateo pensó que alguien pudo haber usado algo en los pies para asustar a la gente pero lo dijo con voz baja las marcas tenían peso real también había ramas rotas a una altura que ninguno de nosotros alcanzaba. Rodrigo tocó una, miró hacia arriba y dijo que regresáramos. No discutimos, dimos la vuelta y caminamos más rápido. Entonces escuchamos el primer golpe detrás de nosotros, un golpe seco sobre hojas y tierra.

3:04 Nos quedamos quietos. El sonido se repitió a la derecha, fuera de la vereda. Mateo preguntó si era un animal. Rodrigo respondió que podía serlo, pero pidió que no corriéramos. Yo prendí la lámpara y apunté entre los árboles. No vi una figura completa, solo un movimiento alto detrás de un tronco. Rodrigo me dijo que bajara la luz. Obedecí, pero seguí mirando. En ese punto sentí miedo de verdad porque el ruido seguía nuestra marcha. Cuando nos deteníamos, se detenía. Cuando avanzábamos, avanzaba. Mateo también lo notó y dijo que venía detrás de nosotros. Avanzamos otros metros. La vereda se perdía por partes, cubierta de hojas, y el bosque repetía los mismos árboles en todas direcciones. Rodrigo revisó el mapa que llevaba en el teléfono, pero la pantalla tardaba y no marcaba bien nuestra posición. Mateo se molestó y le reclamó que nos había metido en una zona que no conocía.

4:05 Rodrigo no contestó, siguió caminando, dejó de revisar el teléfono y empezó a buscar marcas en los árboles para confirmar la ruta. Yo iba a pedirles calma cuando escuchamos una respiración cerca. No fue un rugido, fue una entrada de aire lenta, seca y fuerte. demasiado cercana para no ver el cuerpo que la producía. Mateo se giró primero, Rodrigo giró después. Yo miré al mismo punto y vi la figura entre los árboles. Estaba a una distancia suficiente para distinguirla completa. Era muy alta, mucho más que cualquier persona que yo haya visto. Tenía la cara de cráneo de vaca, larga, blanca, sin piel visible al frente, con huecos oscuros en lugar de ojos. De la cabeza le salían astas de alce, anchas, con puntas irregulares. El cuerpo era grande, con brazos enormes y manos largas. Las garras estaban abiertas y tensas. Las piernas también eran largas, con rodillas marcadas. Su peso hundía la tierra. Su pecho subía y bajaba con respiraciones pesadas, y el aire traía olor a carne vieja. Nadie habló durante unos segundos. Rodrigo levantó una mano y nos indicó que retrocediéramos. Mateo empezó a llorar, pero se contuvo y solo le temblaba la boca. La figura inclinó la cabeza.

5:31 Una de las astas rozó una rama y la partió, pero Rodrigo perdió la calma en ese momento y nos ordenó correr hacia la construcción de mantenimiento porque estaba más cerca que el carro. Corrimos, No pensé en el mapa ni en el camino. Solo seguí a Mateo y escuché a Rodrigo delante de nosotros, repitiendo que no nos separáramos. Eso empezó a seguirnos. Uso la palabra huendigo, porque fue la que Mateo dijo después, cuando todavía podía hablar. Pero en ese momento no pensé en nombres. Pensé en los pasos. Eran pesados, separados, y cada uno hundía el suelo. También escuchaba ramas partiéndose a los lados. porque no avanzaba por la vereda. Se movía entre los árboles y nos cortaba a distancia. Varias veces lo sentimos acercarse, luego desplazarse hacia un lado y volver a avanzar. Rodrigo entendió antes que yo que nos estaba cerrando el camino. Gritó que giráramos con él hacia una pendiente. Bajamos por tierra suelta. Mateo cayó de rodillas y yo lo levanté por la mochila.

6:41 Rodrigo siguió bajando hasta un claro pequeño donde había una caseta de guardabosques. Tenía una puerta, una ventana y una camioneta oficial a un lado. Rodrigo golpeó la puerta con las dos manos. Mateo y yo mirábamos hacia la pendiente, porque algo se movía entre los árboles. La puerta se abrió y salió un hombre con uniforme. Después supe que se llamaba Harris. Rodrigo le dijo que algo nos seguía. Harris vio nuestras caras, miró hacia la pendiente y nos metió dentro sin pedir explicaciones largas. La caseta era pequeña, tenía una radio, una mesa y espacio justo para encerrarnos. Harris cerró con seguro y nos ordenó alejarnos de la ventana.

7:25 Habló por la radio, dio una ubicación general y pidió apoyo por una situación con civiles en riesgo. No dijo que era un monstruo, dijo que había un animal grande, cerca. y que podía haber herido si no mandaban ayuda Rodrigo quiso explicar más pero Harris le pidió silencio apagó la lámpara principal y dejó solo una luz pequeña sobre la radio nos pidió que respiráramos bajo que no golpeáramos nada y que guardáramos los teléfonos Mateo se sentó junto a la pared con las manos apretadas contra las rodillas Rodrigo seguía de pie listo para moverse yo tenía la garganta seca y el pulso en los oídos La radio soltó ruido, luego una voz cortada respondió desde lejos sin claridad alguna.

8:13 Afuera los pasos bajaron la pendiente despacio y la madera de la caseta crujió antes de que algo tocara la puerta. La criatura llegó hasta la caseta sin correr. La escuché rodear las paredes, primero por el frente, después por el costado, con las garras rozando la madera. Cada contacto dejaba un sonido áspero, seguido por una respiración pesada. Harris apagó la luz principal y nos ordenó alejarnos de la ventana. Rodrigo puso una mano en el pecho de Mateo para mantenerlo atrás. Yo me quedé junto a la mesa, con la lámpara apagada en la mano viendo la puerta. Una parte de la cara apareció detrás del vidrio. Vi el hueso blanco, los huecos oscuros y una línea seca en el hocico.

9:02 Mateo se cubrió la boca. Rodrigo no se movió, aunque le temblaban los hombros. Harris levantó la escopeta y nos habló bajo. Si la puerta cedía, teníamos que tirarnos al suelo, mantener la cabeza abajo y dejarle paso al disparo. Nadie respondió, y afuera las garras siguieron avanzando hasta la parte trasera. El primer golpe dobló la puerta. La barra aguantó, pero el marco tronó. Rodrigo empujó la mesa contra la entrada y yo jalé a Mateo hacia la pared opuesta. El segundo golpe abrió una rendija. Entró aire frío, tierra suelta y olor a carne vieja. Mateo vomitó junto a mis zapatos.

9:43 Harris no apartó la mirada de la puerta. Cargó el arma, acomodó los pies y nos ordenó esperar. La pared trasera se abrió con un crujido seco. Una mano entró por la madera rota. Era larga, oscura, con garras curvas y dedos tensos. Se movió hacia adentro, tocó la mesa, luego tanteó el aire cerca de Rodrigo. Él tomó una silla y la empujó contra esa mano. La criatura cerró los dedos y la silla se partió. Harris disparó. El ruido llenó la caseta y me dejó los oídos bloqueados. La mano salió de golpe, pero al retirarse arrancó más madera. Harris miró la abertura y tomó una pistola de bengalas.

10:26 Dijo que teníamos que salir. Nos explicó el plan con frases cortas. Lanzaría una bengala hacia los árboles. Nosotros correríamos a la camioneta y nadie se detendría. Rodrigo preguntó por la puerta principal y Harris señaló la madera doblada, pero la criatura esperaba ahí. Mateo estaba pálido, con los labios mojados y las manos abiertas. Yo le dije que siguiera a Rodrigo y subiera sin mirar atrás. Me escuchó, pero su mirada seguía fija en la pared rota. Harris abrió la puerta lateral apenas un poco y lanzó la bengala lejos de la camioneta. La luz roja cayó entre los árboles y mostró al Wendigo junto a la entrada principal, de pie, con la cabeza girada hacia el brillo. Las astas quedaban por encima del marco de la caseta. y los brazos colgaban tan abajo que las garras tocaban la tierra.

11:20 Harris abrió más la puerta y nos ordenó salir. Rodrigo fue primero. Mateo salió detrás de él y yo fui tercero. Con la lámpara apagada contra el pecho, Harris salió al final apuntando hacia la figura. Corrimos hacia la camioneta. El tramo era corto, pero el suelo tenía ramas y piedras. Rodrigo llegó al vehículo y abrió la puerta trasera. Mateo intentó subir, pero la mochila se le atoró. Yo empujé desde atrás. Rodrigo jaló la correa y Harris gritó que nos apuráramos. La criatura dejó la bengala y avanzó hacia nosotros. Usó las piernas y las manos, clavando las garras en la tierra para impulsarse. Harris disparó antes de que llegara.

12:06 El impacto le abrió el hombro. La detuvo un instante, pero no la derribó. Mateo entró a medias en la camioneta. Rodrigo intentó meterlo por completo. Yo subía detrás de ellos cuando una garra golpeó la puerta y hundió el metal. Harris disparó otra bengala al suelo, entre la criatura y nosotros. El humo subió rápido. Rodrigo empujó a Mateo al asiento. Yo metí una pierna y Harris llegó al volante. Las ruedas patinaron. Rodrigo estaba encima de Mateo, intentando cerrar la puerta trasera. y yo jalaba mi pierna hacia adentro. La camioneta avanzó de golpe. Mateo resbaló hacia la abertura porque la puerta seguía abierta. Rodrigo lo sujetó de la chamarra y yo agarré su cinturón. Mateo gritó que no lo soltáramos, pero la garra entró por el hueco y lo tomó de la pierna. Sentí el tirón en mis manos. Rodrigo gritó que Harris frenara, pero mantuvo el volante y pisó más fuerte el acelerador. porque detenerse nos dejaba al alcance completo de la criatura. Mateo quedó medio fuera. Rodrigo y yo tiramos de él, con toda la fuerza que teníamos.

13:19 Harris giró la camioneta hacia unos troncos para golpear a la criatura, pero el buen Digo no lo soltó. Escuché un crujido en la pierna de Mateo. Dejó de gritar por un segundo y luego gritó más fuerte. Rodrigo se salió casi hasta la cintura para alcanzarlo mejor. Yo lo sujeté a él con una mano y a Mateo con la otra. Harris frenó apenas, disparó por la ventana hacia atrás y volvió a acelerar. El disparo hizo que la criatura soltara, pero ya lo había jalado demasiado. Rodrigo cayó dentro de la camioneta. Yo me golpeé la cara contra el asiento y Mateo quedó en el camino boca abajo a pocos metros. Movió un brazo. Rodrigo abrió la puerta para bajar pero Harris le gritó que se quedara adentro.

14:10 Rodrigo puso un pie fuera. Entonces el huendigo llegó hasta Mateo, lo tomó con una mano y lo arrastró hacia los árboles. Mateo clavó los dedos en la tierra y levantó la cabeza. Rodrigo intentó saltar, pero yo lo sujeté desde atrás. Harris aceleró y Rodrigo me golpeó en el pecho para que lo soltara. No lo hice. La camioneta salió del claro con la puerta trasera abierta. Harris manejó por un camino estrecho sin bajar la velocidad. El vehículo rebotaba y se iba hacia los lados. Rodrigo gritaba que teníamos que volver, pero Harris le respondió que Mateo ya no estaba en el camino. Yo también lo había visto y la criatura lo había metido entre los árboles. Rodrigo dejó de gritar, pero siguió mirando hacia atrás con la boca abierta y las manos apretadas. El Wendigo apareció otra vez a un lado del camino. Los faros alcanzaban partes de su cuerpo entre los troncos. Avanzaba en dos piernas, luego bajaba las manos y ganaba terreno. Las astas golpeaban ramas. Yo presionaba mi brazo porque una garra me había cortado, y Rodrigo tenía sangre en la boca por el golpe contra el asiento.

15:26 Harris miraba el camino y el espejo, y dijo que había una reja más adelante, y que después llegaba una estación forestal. Su voz seguía firme, pero sus manos apretaban demasiado el volante. Antes de llegar a la reja, un árbol bloqueaba parte del camino. Frenó, bajó con la escopeta y nos ordenó quedarnos dentro. Rodrigo quiso ayudarlo, pero Harris le advirtió que, si bajaba, no volvería a subir. Movió unas ramas, revisó el camino por donde veníamos y regresó al volante. Pasó la camioneta rozando el árbol con un golpe fuerte en la parte baja. A los pocos segundos, algo cayó sobre la caja. Rodrigo miró hacia atrás, abrió la boca para gritar. Y Harris nos ordenó agacharnos porque el techo empezó a hundirse bajo el peso que acababa de caer sobre nosotros. Las astas rasparon el metal. Una garra atravesó el techo y quedó cerca de mi cara.

16:28 Harris aceleró y giró contra los árboles del borde. El impacto sacudió la camioneta entera. Sentí vidrio en el cuello y escuché a Rodrigo golpearse contra la puerta. La criatura perdió el agarre. Harris frenó otra vez. Luego aceleró con todo y el cuerpo cayó de la caja hacia un lado. No miramos y se levantó. Nadie tenía aire ni para hablar. La reja estaba abierta y Harris cruzó sin bajar la velocidad y siguió hasta una estación forestal. Tocó el claxon varias veces. Dos hombres salieron armados y nos metieron a una oficina. Rodrigo intentó volver por Mateo, pero lo sujetaron entre los dos. Harris dijo que había un civil perdido y una amenaza activa en el bosque. Después pidió refuerzos.

17:17 Encontraron a Mateo, pero no nos dejaron verlo. Harris solo dijo que lo habían movido lejos del camino. Rodrigo se quedó sentado, con las manos llenas de tierra seca, sin contestar cuando le hablaron. Yo firmé mi declaración al amanecer, con el brazo vendado y la ropa manchada. En el reporte escribieron animal no identificado. Yo no discutí. Esa noche entendí que salir vivo no siempre significa haber escapado.