La Noche En Que Los Nahuales Rodearon El Pueblo - Historias De Terror - REDE
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0:05 Siempre busqué trabajos relacionados con el cuidado de animales, ya fuera paseando perros o asistiendo a algunos veterinarios. Toda esa búsqueda de empleos me llevó al que, desde mi punto de vista, era el mejor trabajo de todos, ser parte de un equipo encargado de cuidar mascotas en un hotel para perros. Mi trabajo era muy sencillo. Lo único que tenÃa que hacer era, dependiendo de mi turno, sacar a los perros a pasear, alimentarlos. jugar un poco con ellos y vigilarlos para asegurarme de que no hubiera peleas. El turno de la noche básicamente consistÃa en darles de cenar a los perros y meterlos en sus jaulas. La única razón por la que tenÃamos que quedarnos ahà era por si ocurrÃa algún tipo de improviso durante la noche. Dado que el hotel era un sitio dirigido a personas adineradas, pagaban por un servicio premium para sus mascotas. Muchos de mis compañeros preferÃan el turno nocturno por la facilidad de las tareas, pero a mÃ, en lo personal, me gustaba más convivir con los perros. Por eso, muchas veces, a pesar de que me asignaban el turno nocturno, procuraba darme vueltas por las jaulas, acariciar a los perros e incluso jugar un poco con ellos. Mi dedicación y amor por mi trabajo eran tales que prácticamente ganaba el premio a la empleada del mes todos los meses desde que habÃa llegado ahÃ. Un dÃa ocurrió algo que hizo que más de uno de mis compañeros, incluyéndome a mÃ, renunciáramos y
1:38 no quisiéramos volver a trabajar con ningún tipo de animal nunca más. El dÃa habÃa comenzado como de costumbre. Yo tenÃa el turno matutino y entrábamos a las seis de la mañana, una hora antes de que se abriera el hotel. Esto lo hacÃamos para ayudar a limpiar, en caso de que hubiera habido algún desastre. y para mantener todo funcionando por si alguna persona llegaba temprano. Esto último casi nunca pasaba. Pero ese dÃa, apenas abrimos la gruesa cortina de acero, nos encontramos con una mujer parada justo en medio de la entrada. Pensamos que quizás era alguien que creÃa que éramos una veterinaria o algo por el estilo. Y es que, sin afán de ofender, ella no parecÃa ser el tipo de persona que solicitarÃa nuestros servicios. Su vestimenta era un poco vieja y desalineada, y el perro que traÃa atado no tenÃa collar. La correa no era ninguna de las que podrÃas encontrar en un centro comercial o tienda de mascotas.
2:41 Simplemente era un pedazo de lazo usado para tender ropa, amarrado con un montón de alambre oxidado alrededor del cuello del perro. El perro era enorme. Desconozco si las personas que escuchen esto han llegado a ver un perro de raza lobero irlandés, pero para quienes no, solo diré que son perros muy grandes, probablemente de unos 80 centÃmetros de alto. Este perro en particular tenÃa más o menos esa altura, no podrÃa asegurar cuál era exactamente porque nunca lo medÃ, pero para que se den una idea de lo grande que era, sus patas eran muy gruesas. Estaba claro que no era un lobero porque no tenÃa el tipo de pelaje de uno. Al contrario, este perro tenÃa el pelaje liso y de color café, con algunas manchas crema y negras.
3:30 No era un perro particularmente bonito. Sus ojos eran amarillos y su mirada muy pesada, casi como si te estuviera observando fijamente. Le abrimos la puerta, tratando de ser lo más amables posible. Al fin y al cabo, no era culpa suya haberse confundido si es que creÃa que nuestro hotel era una veterinaria. Recuerdo que fue la primera vez que pensé que un perro podrÃa atacarme sin que yo le hubiera hecho nada. No sé cómo describirlo, pero siempre habÃa sentido que los perros tenÃan una especie de conexión conmigo. Jamás me habÃa sentido en peligro con ninguno, a pesar de que ladraran o gruñeran al acercarme. Siempre terminaban calmándose, como si yo emanara una vibra de confianza que ellos podÃan percibir. Pero a pesar de que ese perro no me ladraba ni gruñÃa, su inexpresividad y la forma en que me miraba fijamente me hacÃan sentir que, en cualquier momento, podrÃa abalanzarse sobre mÃ. Y una vez que comenzamos a hablar con aquella mujer, nos dimos cuenta de que ella no se habÃa equivocado de lugar. SabÃa quiénes éramos y qué hacÃamos. Dijo que tenÃa que salir de la ciudad urgentemente y necesitaba a alguien que cuidara a su mascota.
4:44 Mi compañero que estaba en la recepción comenzó a explicarle el costo por dÃa, asà como las actividades que su perro tendrÃa en nuestro hotel para perros. Nos sorprendió mucho cuando ella mencionó que necesitaba que lo cuidáramos por 17 dÃas. Eso era bastante tiempo, no solo en términos monetarios, sino también por lo inusual que era que dejaran a una mascota tanto tiempo. Por lo general, los dueños no dejaban a sus mascotas más de una semana. No habÃa ningún motivo para rechazar su solicitud, por lo que, a pesar de que era el primer caso que tenÃamos de una estancia tan prolongada, terminamos aceptándolo. La mujer pagó todos los dÃas por adelantado y en efectivo. Le ofreció a mi compañera el pedazo de lazo con el que tenÃa amarrado al perro Antes de pasar a los perros al área donde convivÃan con los demás, dejábamos que sus dueños se despidieran de ellos. Aquella mujer parecÃa no mostrar mucho interés por su mascota, pero tratando de alentarla le hice saber que podÃa despedirse de él si querÃa, ya que serÃa mucho tiempo sin verlo. Ella nos miró a todos por un momento, como si no esperara esa invitación. Era casi como si no quisiera hacerlo. Pero para no levantar sospechas, se inclinó un poco y comenzó a acariciarlo. El perro se veÃa muy desconfiado. Cada vez que ella lo tocaba, parecÃa que volteaba la cabeza o intentaba echarse para atrás,
6:17 como si no quisiera que lo siguiera tocando. Aquella mujer lo sostuvo firmemente detrás de las orejas, con una fuerza que a todos nos pareció incómoda, como si lo estuviera lastimando. Y lo que más nos sorprendió fue lo que dijo después. Mientras susurraba algo que no pudimos escuchar bien, escuchamos que le decÃa algo como, te lo buscaste, y que no tenÃa otra opción. Todos los que estábamos allà nos volteamos a ver de lo raro de la situación. Los dueños se despedÃan de sus mascotas de manera amable, jurando que regresarÃan pronto por ellos y diciéndoles que debÃan portarse bien. Pero esta despedida fue muy diferente. Ninguno de nosotros sabÃa exactamente cómo sentirse. Como ya habÃa pagado, solo nos quedó desearle buen viaje cuando se fue. Recuerdo que en cuanto mi compañera intentó tirar del lazo para llevar al perro al área de las jaulas, el perro se resistió. Al ser tan grande, terminó jalando a mi compañera, que era una mujer bastante bajita. Tuvieron que ayudarla dos de mis compañeros, Pero incluso entre los tres parecÃa que el perro tenÃa suficiente fuerza para hacerlos retroceder un poco. Lograron meterlo al área de las jaulas. No estábamos seguros de cómo se comportarÃa con los demás perros. Su dueña nos habÃa dicho que era un perro muy sociable. pero tenÃamos nuestras dudas.
7:43 Para evitar accidentes, decidimos introducirlo poco a poco a los juegos. En esa temporada tenÃamos pocos perros, pues no era época de vacaciones. Solo habÃa cinco perros, sin contar al que acababa de llegar, y de hecho, solo dos se quedaban todo el dÃa. Los otros tres estaban solo por la mañana, y sus dueños los recogÃan en la tarde. Lo primero que me sorprendió fue que los dos perros que se estaban quedando parecieron asustarse en cuanto entramos al área de jaulas con el perro nuevo. Eran muy activos y normalmente cada vez que pasábamos cerca de sus jaulas se ponÃan felices o ladraban para pedir comida. Pero esta vez, en lugar de comportarse como siempre, corrieron hasta el rincón más lejano de la jaula y se arrinconaron. Cuando pasábamos frente a ellos con el nuevo perro, gemÃan. Si alguno de mis compañeros intentaba acercarse a ellos, gruñÃan y mostraban los dientes en señal de ataque. El nuevo perro no estaba haciendo nada en particular, solo los miraba un momento, pero tampoco les prestaba demasiada atención. Lo metimos en una de las jaulas. Si bien era cierto que la mayorÃa de los perros actúa de manera un poco desconfiada cuando ve a un perro nuevo, y algunos incluso de forma agresiva, la verdad es que esta situación nos sorprendió mucho. Aquellos dos perros que estaban ahà eran bastante tranquilos. Durante los tres dÃas que ambos llevaban en el hotel, no los
9:13 habÃa visto gruñir ni una sola vez. Ninguno de los dos se conocÃa antes de llegar, pero desde que lo hicieron se habÃan llevado muy bien, lo que demostraba lo sociables que eran. Ahora estaban actuando de manera muy extraña solo por la presencia de aquel perro. No sabÃamos cómo expresarlo sin que pareciera que creÃamos en cosas paranormales, lo cual no tenÃa sentido en ese momento. A pesar de lo raro de la situación, el perro realmente no habÃa hecho nada fuera de lo común. Se habÃa tironeado con mucha fuerza, pero no era algo que no hubiéramos visto antes con perros de su tamaño. Una vez que estuvo en la jaula, mi compañero le quitó la atadura que le habÃa hecho aquella mujer. Resultó que lo habÃa atado de una manera que solo puedo describir como salvaje, pues habÃa enrollado el alambre de tal manera que las puntas quedaban hacia adentro, lo que le estaba lastimando la piel.
10:11 En el lado izquierdo del cuello ya tenÃa una pequeña herida, la cual atendimos. El turno de esa mañana transcurrió de manera extraña desde que aquel perro llegó. Los otros perros, que siempre estaban esperando ansiosos la hora de salir al patio a jugar, parecÃan haber cambiado por completo. Observaban al recién llegado desde sus jaulas, sin la más mÃnima intención de salir, con un miedo evidente. No era solo su tamaño lo que intimidaba, sino algo más profundo, algo que no podÃamos describir. Sus ojos amarillos y su comportamiento inexpresivo hacÃa que todos nos sintiéramos incómodos. Pasaron los dÃas y mientras los otros perros se mantenÃan a distancia, este perro no causaba ningún problema en particular. Apenas comÃa y no interactuaba con nadie. No ladraba, no intentaba escapar, pero cada vez que alguien se acercaba a su jaula podÃa sentir una especie de tensión. Los otros empleados también comenzaron a notar lo mismo, pero nadie querÃa hablarlo. Una noche me tocó cubrir el turno nocturno. No era mi preferido, pero acepté porque uno de mis compañeros estaba enfermo. El hotel estaba en silencio absoluto. Solo se escuchaba el ocasional movimiento de algún perro en su jaula. Esa era la última noche de los otros dos perros y creà que podrÃa darles un baño, pues como no habÃan querido salir para nada ni hacer sus necesidades, estaban sucios. Mis compañeros habÃan
11:45 intentado sacarlos a bañar, pero mordÃan y gritaban, por lo que lo habÃan dejado asÃ. Me acerqué a sus jaulas, y en eso escuché a aquel gran perro llorando, que le tenÃa miedo como todos ahÃ. Pero también seguÃa amando mucho a los animales, y una parte mÃa creÃa firmemente que no podÃa haber maldad en ellos. Me acerqué al perro, estaba hasta el fondo de las jaulas, pues lo habÃan puesto hasta allá para ver si los demás salÃan asÃ. lo alumbré con la linterna. Al principio estaba volteado, pero cuando notó que la luz iba en su dirección, volteó rápido hacia mÃ. Yo me quedé quieta. Me daba un poco de lástima, porque por la expresión que tenÃa parecÃa como si hubiera estado llorando. Sé que los perros como tal no lloran con lágrimas, o no se les puede ver mucho en la cara, pero era casi como si éste sà pudiera. Me dio mucha lástima, y abrà la jaula y entré. Al principio él no se movió, solo se quedó quieto mirándome, y por un momento pensé que quizás habÃamos sido muy injustos con él. Me senté a su lado y comencé a acariciarlo un poco. Escuché una voz.
12:58 Estoy muy segura de que no se trataba de un gemido de perro. Era la voz de un hombre, más o menos joven, quizás de unos treinta años. En ese momento me levanté muy asustada y salà corriendo de las jaulas. Una vez en mi oficina traté de tranquilizarme diciéndome a mà misma que quizá solo me habÃa sugestionado y que nada de eso habÃa pasado, que tal vez el perro solo habÃa gruñido y yo lo habÃa malinterpretado. Ya le tenÃa miedo, pero otra parte de mà me decÃa que lo que habÃa escuchado era muy real. y que aquella frase habÃa sido demasiado clara como para confundirla con un simple gemido. Comencé a escuchar diferentes gemidos de los perros que estábamos albergando. Era obvio que algo pasaba porque sonaban muy asustados. Para ese momento yo tenÃa mucho miedo, pero era la única encargada de ese lugar, asà que sabÃa que mi deber era ir a ver qué estaba ocurriendo.
13:58 Abrà la puerta para revisar, y no vi nada extraño. Los perros estaban mirando hacia el fondo de las jaulas y seguÃan algo asustados, tratando de convencerme de que quizás era de una persona que habÃa entrado al hotel para robar. Dije que ya habÃa llamado a la policÃa, pero no obtuve ninguna respuesta. Escuché cómo una de las jaulas se abrÃa. SabÃa que en el fondo habÃa todavÃa un perro que, por más raro que fuera, nos habÃamos comprometido a cuidar. Comencé a caminar hacia allà para asegurarme de que estuviera bien. Pero en el momento en que me acerqué, encendà la linterna y vi que la jaula donde estaba ese perro grande se encontraba vacÃa. Me preocupé. Comencé a iluminar por todos lados con la esperanza de verlo caminando en alguna zona para volver a meterlo en la jaula. Y es que sà lo vi, pero no de la manera en que esperaba. El perro estaba sentado en la separación entre jaula y jaula. pero no estaba sentado como un perro, sino como una persona. Sus patas colgaban y tenÃa las patas delanteras sobre la reja para mantener el equilibrio. Me miraba con esos ojos amarillos que tanto miedo me daban.
15:12 Me asusté tanto que dejé caer la linterna y salà corriendo a la oficina, encerrándome en ella. Escuchaba los sonidos de los otros perros gritando y aullando, pero no me atrevà a salir para ver si estaban bien. A la mañana siguiente, mis compañeros me encontraron aún encerrada en aquella oficina. Me preguntaron qué habÃa pasado y, como pude, les conté lo que habÃa visto. Ellos estaban algo escépticos, asà que fueron a revisar conmigo, y lo único que encontraron fue la jaula vacÃa. Me regañaron, diciéndome que el perro tenÃa que aparecer, pues era nuestra responsabilidad cuidarlo. Me acusaron de no haber estado haciendo bien mi trabajo, de haberme dormido y luego inventado esa historia. Desesperados por encontrar al perro, revisaron las cámaras de seguridad de esa noche. Y se puede apreciar más o menos lo que yo conté. Estaba todo oscuro. Yo entré con la linterna y se ve una silueta que no parece humana, sentada en la orilla de las jaulas. Y después se ve como esa misma silueta camina hasta salir por su cuenta del hotel. Se veÃa que caminaba en dos patas, asà que descartaron por completo que fuera el perro. Pero también descartaron la teorÃa de que alguien habÃa entrado a robar, porque en ese caso se habrÃa llevado algo de valor, no solo a ese perro. Estuvimos todo el dÃa intentando localizarlo sin éxito, llegando al punto de que tuvimos que resignarnos a que
16:44 no lo encontrarÃamos. Llamamos al número que aquella anciana nos habÃa dejado para contactarla, y hacernos responsables de las acciones que quisiera tomar al respecto pero por más que intentamos contactarla jamás respondió incluso si acabaron los dÃas en los que ella habÃa pagado y no vino por él de esa anciana nunca volvimos a saber nada
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