July 26, 2026

La Noche En Que Los Nahuales Rodearon El Pueblo - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Siempre busqué trabajos relacionados con el cuidado de animales, ya fuera paseando perros o asistiendo a algunos veterinarios. Toda esa búsqueda de empleos me llevó al que, desde mi punto de vista, era el mejor trabajo de todos, ser parte de un equipo encargado de cuidar mascotas en un hotel para perros. Mi trabajo era muy sencillo. Lo único que tenía que hacer era, dependiendo de mi turno, sacar a los perros a pasear, alimentarlos. jugar un poco con ellos y vigilarlos para asegurarme de que no hubiera peleas. El turno de la noche básicamente consistía en darles de cenar a los perros y meterlos en sus jaulas. La única razón por la que teníamos que quedarnos ahí era por si ocurría algún tipo de improviso durante la noche. Dado que el hotel era un sitio dirigido a personas adineradas, pagaban por un servicio premium para sus mascotas. Muchos de mis compañeros preferían el turno nocturno por la facilidad de las tareas, pero a mí, en lo personal, me gustaba más convivir con los perros. Por eso, muchas veces, a pesar de que me asignaban el turno nocturno, procuraba darme vueltas por las jaulas, acariciar a los perros e incluso jugar un poco con ellos. Mi dedicación y amor por mi trabajo eran tales que prácticamente ganaba el premio a la empleada del mes todos los meses desde que había llegado ahí. Un día ocurrió algo que hizo que más de uno de mis compañeros, incluyéndome a mí, renunciáramos y

1:38 no quisiéramos volver a trabajar con ningún tipo de animal nunca más. El día había comenzado como de costumbre. Yo tenía el turno matutino y entrábamos a las seis de la mañana, una hora antes de que se abriera el hotel. Esto lo hacíamos para ayudar a limpiar, en caso de que hubiera habido algún desastre. y para mantener todo funcionando por si alguna persona llegaba temprano. Esto último casi nunca pasaba. Pero ese día, apenas abrimos la gruesa cortina de acero, nos encontramos con una mujer parada justo en medio de la entrada. Pensamos que quizás era alguien que creía que éramos una veterinaria o algo por el estilo. Y es que, sin afán de ofender, ella no parecía ser el tipo de persona que solicitaría nuestros servicios. Su vestimenta era un poco vieja y desalineada, y el perro que traía atado no tenía collar. La correa no era ninguna de las que podrías encontrar en un centro comercial o tienda de mascotas.

2:41 Simplemente era un pedazo de lazo usado para tender ropa, amarrado con un montón de alambre oxidado alrededor del cuello del perro. El perro era enorme. Desconozco si las personas que escuchen esto han llegado a ver un perro de raza lobero irlandés, pero para quienes no, solo diré que son perros muy grandes, probablemente de unos 80 centímetros de alto. Este perro en particular tenía más o menos esa altura, no podría asegurar cuál era exactamente porque nunca lo medí, pero para que se den una idea de lo grande que era, sus patas eran muy gruesas. Estaba claro que no era un lobero porque no tenía el tipo de pelaje de uno. Al contrario, este perro tenía el pelaje liso y de color café, con algunas manchas crema y negras.

3:30 No era un perro particularmente bonito. Sus ojos eran amarillos y su mirada muy pesada, casi como si te estuviera observando fijamente. Le abrimos la puerta, tratando de ser lo más amables posible. Al fin y al cabo, no era culpa suya haberse confundido si es que creía que nuestro hotel era una veterinaria. Recuerdo que fue la primera vez que pensé que un perro podría atacarme sin que yo le hubiera hecho nada. No sé cómo describirlo, pero siempre había sentido que los perros tenían una especie de conexión conmigo. Jamás me había sentido en peligro con ninguno, a pesar de que ladraran o gruñeran al acercarme. Siempre terminaban calmándose, como si yo emanara una vibra de confianza que ellos podían percibir. Pero a pesar de que ese perro no me ladraba ni gruñía, su inexpresividad y la forma en que me miraba fijamente me hacían sentir que, en cualquier momento, podría abalanzarse sobre mí. Y una vez que comenzamos a hablar con aquella mujer, nos dimos cuenta de que ella no se había equivocado de lugar. Sabía quiénes éramos y qué hacíamos. Dijo que tenía que salir de la ciudad urgentemente y necesitaba a alguien que cuidara a su mascota.

4:44 Mi compañero que estaba en la recepción comenzó a explicarle el costo por día, así como las actividades que su perro tendría en nuestro hotel para perros. Nos sorprendió mucho cuando ella mencionó que necesitaba que lo cuidáramos por 17 días. Eso era bastante tiempo, no solo en términos monetarios, sino también por lo inusual que era que dejaran a una mascota tanto tiempo. Por lo general, los dueños no dejaban a sus mascotas más de una semana. No había ningún motivo para rechazar su solicitud, por lo que, a pesar de que era el primer caso que teníamos de una estancia tan prolongada, terminamos aceptándolo. La mujer pagó todos los días por adelantado y en efectivo. Le ofreció a mi compañera el pedazo de lazo con el que tenía amarrado al perro Antes de pasar a los perros al área donde convivían con los demás, dejábamos que sus dueños se despidieran de ellos. Aquella mujer parecía no mostrar mucho interés por su mascota, pero tratando de alentarla le hice saber que podía despedirse de él si quería, ya que sería mucho tiempo sin verlo. Ella nos miró a todos por un momento, como si no esperara esa invitación. Era casi como si no quisiera hacerlo. Pero para no levantar sospechas, se inclinó un poco y comenzó a acariciarlo. El perro se veía muy desconfiado. Cada vez que ella lo tocaba, parecía que volteaba la cabeza o intentaba echarse para atrás,

6:17 como si no quisiera que lo siguiera tocando. Aquella mujer lo sostuvo firmemente detrás de las orejas, con una fuerza que a todos nos pareció incómoda, como si lo estuviera lastimando. Y lo que más nos sorprendió fue lo que dijo después. Mientras susurraba algo que no pudimos escuchar bien, escuchamos que le decía algo como, te lo buscaste, y que no tenía otra opción. Todos los que estábamos allí nos volteamos a ver de lo raro de la situación. Los dueños se despedían de sus mascotas de manera amable, jurando que regresarían pronto por ellos y diciéndoles que debían portarse bien. Pero esta despedida fue muy diferente. Ninguno de nosotros sabía exactamente cómo sentirse. Como ya había pagado, solo nos quedó desearle buen viaje cuando se fue. Recuerdo que en cuanto mi compañera intentó tirar del lazo para llevar al perro al área de las jaulas, el perro se resistió. Al ser tan grande, terminó jalando a mi compañera, que era una mujer bastante bajita. Tuvieron que ayudarla dos de mis compañeros, Pero incluso entre los tres parecía que el perro tenía suficiente fuerza para hacerlos retroceder un poco. Lograron meterlo al área de las jaulas. No estábamos seguros de cómo se comportaría con los demás perros. Su dueña nos había dicho que era un perro muy sociable. pero teníamos nuestras dudas.

7:43 Para evitar accidentes, decidimos introducirlo poco a poco a los juegos. En esa temporada teníamos pocos perros, pues no era época de vacaciones. Solo había cinco perros, sin contar al que acababa de llegar, y de hecho, solo dos se quedaban todo el día. Los otros tres estaban solo por la mañana, y sus dueños los recogían en la tarde. Lo primero que me sorprendió fue que los dos perros que se estaban quedando parecieron asustarse en cuanto entramos al área de jaulas con el perro nuevo. Eran muy activos y normalmente cada vez que pasábamos cerca de sus jaulas se ponían felices o ladraban para pedir comida. Pero esta vez, en lugar de comportarse como siempre, corrieron hasta el rincón más lejano de la jaula y se arrinconaron. Cuando pasábamos frente a ellos con el nuevo perro, gemían. Si alguno de mis compañeros intentaba acercarse a ellos, gruñían y mostraban los dientes en señal de ataque. El nuevo perro no estaba haciendo nada en particular, solo los miraba un momento, pero tampoco les prestaba demasiada atención. Lo metimos en una de las jaulas. Si bien era cierto que la mayoría de los perros actúa de manera un poco desconfiada cuando ve a un perro nuevo, y algunos incluso de forma agresiva, la verdad es que esta situación nos sorprendió mucho. Aquellos dos perros que estaban ahí eran bastante tranquilos. Durante los tres días que ambos llevaban en el hotel, no los

9:13 había visto gruñir ni una sola vez. Ninguno de los dos se conocía antes de llegar, pero desde que lo hicieron se habían llevado muy bien, lo que demostraba lo sociables que eran. Ahora estaban actuando de manera muy extraña solo por la presencia de aquel perro. No sabíamos cómo expresarlo sin que pareciera que creíamos en cosas paranormales, lo cual no tenía sentido en ese momento. A pesar de lo raro de la situación, el perro realmente no había hecho nada fuera de lo común. Se había tironeado con mucha fuerza, pero no era algo que no hubiéramos visto antes con perros de su tamaño. Una vez que estuvo en la jaula, mi compañero le quitó la atadura que le había hecho aquella mujer. Resultó que lo había atado de una manera que solo puedo describir como salvaje, pues había enrollado el alambre de tal manera que las puntas quedaban hacia adentro, lo que le estaba lastimando la piel.

10:11 En el lado izquierdo del cuello ya tenía una pequeña herida, la cual atendimos. El turno de esa mañana transcurrió de manera extraña desde que aquel perro llegó. Los otros perros, que siempre estaban esperando ansiosos la hora de salir al patio a jugar, parecían haber cambiado por completo. Observaban al recién llegado desde sus jaulas, sin la más mínima intención de salir, con un miedo evidente. No era solo su tamaño lo que intimidaba, sino algo más profundo, algo que no podíamos describir. Sus ojos amarillos y su comportamiento inexpresivo hacía que todos nos sintiéramos incómodos. Pasaron los días y mientras los otros perros se mantenían a distancia, este perro no causaba ningún problema en particular. Apenas comía y no interactuaba con nadie. No ladraba, no intentaba escapar, pero cada vez que alguien se acercaba a su jaula podía sentir una especie de tensión. Los otros empleados también comenzaron a notar lo mismo, pero nadie quería hablarlo. Una noche me tocó cubrir el turno nocturno. No era mi preferido, pero acepté porque uno de mis compañeros estaba enfermo. El hotel estaba en silencio absoluto. Solo se escuchaba el ocasional movimiento de algún perro en su jaula. Esa era la última noche de los otros dos perros y creí que podría darles un baño, pues como no habían querido salir para nada ni hacer sus necesidades, estaban sucios. Mis compañeros habían

11:45 intentado sacarlos a bañar, pero mordían y gritaban, por lo que lo habían dejado así. Me acerqué a sus jaulas, y en eso escuché a aquel gran perro llorando, que le tenía miedo como todos ahí. Pero también seguía amando mucho a los animales, y una parte mía creía firmemente que no podía haber maldad en ellos. Me acerqué al perro, estaba hasta el fondo de las jaulas, pues lo habían puesto hasta allá para ver si los demás salían así. lo alumbré con la linterna. Al principio estaba volteado, pero cuando notó que la luz iba en su dirección, volteó rápido hacia mí. Yo me quedé quieta. Me daba un poco de lástima, porque por la expresión que tenía parecía como si hubiera estado llorando. Sé que los perros como tal no lloran con lágrimas, o no se les puede ver mucho en la cara, pero era casi como si éste sí pudiera. Me dio mucha lástima, y abrí la jaula y entré. Al principio él no se movió, solo se quedó quieto mirándome, y por un momento pensé que quizás habíamos sido muy injustos con él. Me senté a su lado y comencé a acariciarlo un poco. Escuché una voz.

12:58 Estoy muy segura de que no se trataba de un gemido de perro. Era la voz de un hombre, más o menos joven, quizás de unos treinta años. En ese momento me levanté muy asustada y salí corriendo de las jaulas. Una vez en mi oficina traté de tranquilizarme diciéndome a mí misma que quizá solo me había sugestionado y que nada de eso había pasado, que tal vez el perro solo había gruñido y yo lo había malinterpretado. Ya le tenía miedo, pero otra parte de mí me decía que lo que había escuchado era muy real. y que aquella frase había sido demasiado clara como para confundirla con un simple gemido. Comencé a escuchar diferentes gemidos de los perros que estábamos albergando. Era obvio que algo pasaba porque sonaban muy asustados. Para ese momento yo tenía mucho miedo, pero era la única encargada de ese lugar, así que sabía que mi deber era ir a ver qué estaba ocurriendo.

13:58 Abrí la puerta para revisar, y no vi nada extraño. Los perros estaban mirando hacia el fondo de las jaulas y seguían algo asustados, tratando de convencerme de que quizás era de una persona que había entrado al hotel para robar. Dije que ya había llamado a la policía, pero no obtuve ninguna respuesta. Escuché cómo una de las jaulas se abría. Sabía que en el fondo había todavía un perro que, por más raro que fuera, nos habíamos comprometido a cuidar. Comencé a caminar hacia allí para asegurarme de que estuviera bien. Pero en el momento en que me acerqué, encendí la linterna y vi que la jaula donde estaba ese perro grande se encontraba vacía. Me preocupé. Comencé a iluminar por todos lados con la esperanza de verlo caminando en alguna zona para volver a meterlo en la jaula. Y es que sí lo vi, pero no de la manera en que esperaba. El perro estaba sentado en la separación entre jaula y jaula. pero no estaba sentado como un perro, sino como una persona. Sus patas colgaban y tenía las patas delanteras sobre la reja para mantener el equilibrio. Me miraba con esos ojos amarillos que tanto miedo me daban.

15:12 Me asusté tanto que dejé caer la linterna y salí corriendo a la oficina, encerrándome en ella. Escuchaba los sonidos de los otros perros gritando y aullando, pero no me atreví a salir para ver si estaban bien. A la mañana siguiente, mis compañeros me encontraron aún encerrada en aquella oficina. Me preguntaron qué había pasado y, como pude, les conté lo que había visto. Ellos estaban algo escépticos, así que fueron a revisar conmigo, y lo único que encontraron fue la jaula vacía. Me regañaron, diciéndome que el perro tenía que aparecer, pues era nuestra responsabilidad cuidarlo. Me acusaron de no haber estado haciendo bien mi trabajo, de haberme dormido y luego inventado esa historia. Desesperados por encontrar al perro, revisaron las cámaras de seguridad de esa noche. Y se puede apreciar más o menos lo que yo conté. Estaba todo oscuro. Yo entré con la linterna y se ve una silueta que no parece humana, sentada en la orilla de las jaulas. Y después se ve como esa misma silueta camina hasta salir por su cuenta del hotel. Se veía que caminaba en dos patas, así que descartaron por completo que fuera el perro. Pero también descartaron la teoría de que alguien había entrado a robar, porque en ese caso se habría llevado algo de valor, no solo a ese perro. Estuvimos todo el día intentando localizarlo sin éxito, llegando al punto de que tuvimos que resignarnos a que

16:44 no lo encontraríamos. Llamamos al número que aquella anciana nos había dejado para contactarla, y hacernos responsables de las acciones que quisiera tomar al respecto pero por más que intentamos contactarla jamás respondió incluso si acabaron los días en los que ella había pagado y no vino por él de esa anciana nunca volvimos a saber nada