La Mentira Del Pacto Con El DIABLO AHistorias De Terror - REDE
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0:04 Crecà oyendo que, en la familia, habÃa un caso real de un pacto con el diablo, algo que supuestamente habÃa ocurrido en 1994. La historia siempre giraba alrededor del hermano mayor de mi papá. En 1994, él vivÃa en un pueblo pequeño del norte, un lugar donde las calles eran de tierra y las casas quedaban lejos unas de otras. No tenÃa un trabajo estable y cambiaba de ocupación cada par de meses, lo que causaba chismes entre los vecinos y discusiones dentro de la familia. Era impulsivo, respondón y no se llevaba bien con nadie por más de dos semanas. Cada que se presentaba en una reunión familiar, terminaba peleando con alguien por cualquier cosa. Todos sabÃamos que era asà desde antes de ese año, pero 1994 quedó marcado como un punto que nadie querÃa recordar. Mientras crecÃ, escuché muchas versiones distintas de lo que supuestamente habÃa pasado. Algunos decÃan que el tÃo habÃa hecho un pacto para conseguir dinero rápido. Otros aseguraban que lo habÃan trabajado con brujerÃa y que por eso su carácter empeoró. También habÃa quienes afirmaban que se habÃa metido con gente peligrosa y que habÃa recibido amenazas. Todas esas historias se repetÃan en voz baja cuando pensaban que yo no estaba escuchando. asà que las conocÃa de memoria, aunque nunca creà ninguna. Desde niño pensé que eran mentiras que la gente inventaba cuando no entendÃa los problemas reales
1:38 y preferÃa culpar a fuerzas extrañas. Para mà no habÃa nada sobrenatural en lo que decÃan, simplemente me parecÃa que estaban buscando justificar que él era un adulto que no sabÃa controlar su vida. Antes de 1994, El tÃo ya tenÃa una mala racha que parecÃa no terminar. TenÃa deudas con conocidos del pueblo. Lo corrÃan seguido de los trabajos por llegar tarde o por discutir con los encargados. Y además tenÃa pleitos familiares por temas de dinero y propiedades. Recuerdo que mi mamá decÃa que lo veÃan cansado, ojeroso y sin ganas de hablar con nadie, mientras que otros aseguraban que lo notaban perseguido. Según ellos, parecÃa que algo lo seguÃa a donde fueran. Para mÃ, desde que tenÃa uso de razón, solo era un hombre irresponsable que se complicaba la vida solo. No necesitaba inventar historias para explicar por qué siempre estaba metido en un problema nuevo. Hubo una conversación que se me quedó grabada porque fue la primera vez que mi papá habló conmigo de manera seria sobre ese tema. Yo tenÃa como 12 años y le pregunté directo qué habÃa pasado en 1994. porque todos trataban ese año como si hubiera sido una tragedia. Mi papá dejó lo que estaba haciendo y me dijo que no querÃa que repitiera esa historia con nadie. Aseguró que todo eso del pacto era una vergüenza y que solo servÃa para asustar a los niños, que la familia habÃa inventado muchas cosas porque
3:12 no querÃan admitir errores del pasado y preferÃan señalar algo misterioso. En ese momento pensé que lo decÃa solo para callarme. Pero noté que no querÃa seguir hablando, asà que ya no insistÃ. Después de esa plática, entendà que ese año tenÃa algo que ver con la actitud del tÃo y con su posterior distanciamiento. Lo que siempre contaban es que ese mismo año él empezó a alejarse de todos. Dejó de asistir a reuniones, no llamó en cumpleaños y tampoco pasó en Navidad. Mi abuela decÃa que cada vez que lo visitaban lo encontraban más callado y que evitaba el contacto visual. No habÃa señales claras de enfermedad, no habÃa fiebre ni tos ni dolores que él mencionara, pero su comportamiento se volvió errático. A veces se encerraba por dÃas y otras veces salÃa a caminar por caminos solitarios sin avisar a dónde iba. Mi papá me dijo que hubo un dÃa en que llegó a la casa de los abuelos sin avisar. Pidió algo de ropa y se fue sin saludar a nadie más. Eso fue lo último que supieron de él por un buen tiempo. La familia trató de buscarlo, pero él no querÃa saber nada. Esa actitud alimentó más chismes y teorÃas sobre lo que habÃa hecho.
4:29 Las versiones se fueron haciendo más violentas, más fantásticas y más difÃciles de creer, aunque todos parecÃan repetirlas como si fueran hechos comprobados. Con el tiempo, pude preguntar directamente a mi papá lo que habÃa pasado en esos meses posteriores a 1994. Yo ya era mayor y pensaba que entenderÃa mejor las cosas si él me las decÃa sin rodeos. Desde el primer intento noté que no querÃa hablar del tema, siempre cambiaba de conversación, hacÃa bromas para desviar la atención o decÃa que ese asunto no valÃa la pena recordarlo. Pero aún asÃ, terminó dejando escapar algunos datos que no encajaban con la versión de que todo habÃa sido un simple rumor.
5:14 Su actitud me sorprendió porque no era alguien que se guardara las cosas, y ver que evitaba un tema de esa manera me hizo pensar que habÃa vivido algo que preferÃa no revivir. Cuando le insistà un poco más, me dijo que no era una historia para platicarla como si fuera anécdota, y que la gente del pueblo la habÃa convertido en un cuento que no tenÃa nada que ver con lo que realmente habÃa pasado. Después de decirme eso, se quedó callado un rato y aceptó contarme detalles que hasta entonces no conocÃa. Me dijo que, durante los meses posteriores a ese año, el tÃo empezó a tener comportamientos que no podÃan explicarse fácilmente. DormÃa apenas un par de horas por noche y se levantaba con los ojos rojos, como si hubiera pasado toda la madrugada forzándose a mantenerse despierto.
6:05 Mi abuela decÃa que lo veÃa temblar cuando apagaban las luces y que se molestaba cuando alguien cerraba las cortinas porque no querÃa que la casa quedara en penumbra. Mi papá comentó que también tenÃa pérdidas de memoria recientes, que olvidaba conversaciones del mismo dÃa o que no recordaba dónde dejaba sus cosas, incluso cuando las acababa de usar. Para la familia, todo eso era señal de agotamiento y estrés acumulado. Pero él se ponÃa nervioso cuando le mencionaban ir al médico. TenÃa un miedo constante que no querÃa reconocer y que se escondÃa detrás de una actitud defensiva. La familia intentó ayudarlo de distintas formas. Algunos lo invitaban a quedarse en sus casas para que no estuviera solo. Otros le ofrecÃan apoyo para buscar un trabajo estable o lo acompañaban a hacer trámites. Aún asÃ, él rechazaba cualquier intento. DecÃa que los médicos no podÃan hacer nada porque su problema no era fÃsico. Le repetÃan que necesitaba descansar, pero respondÃa que no podÃa, que si se dormÃa pasarÃa algo malo. Varias veces mencionó que habÃa firmado algo que no debÃa firmar.
7:18 Esa frase se repetÃa siempre que entraba en crisis y nadie entendÃa a qué se referÃa. Para mÃ, cuando escuché todo eso años después, Se trataba de señales claras de problemas mentales no atendidos. Un cuadro de ansiedad severa mezclado con ideas confusas producto de la presión en la que vivÃa. Nunca pensé que hubiera algo más profundo detrás de esas palabras. Mi papá me relató un episodio que la familia evitaba mencionar. Era una noche cualquiera, cerca de las once, cuando el tÃo salió corriendo de su casa como si alguien lo persiguiera. ni siquiera se tomó el tiempo de ponerse zapatos salió directo a la calle y comenzó a gritar el nombre del vecino que vivÃa a dos casas los que lo encontraron dijeron que estaba desorientado y que no reconocÃa en qué parte del pueblo se encontraba lo vieron con las manos sobre la cabeza respirando fuerte y diciendo que alguien lo estaba esperando afuera de su casa desde hacÃa dÃas.
8:17 Un vecino comentó que intentó acercarse, pero el tÃo retrocedió como si hubiera visto algo detrás de él. Cuando por fin lograron calmarlo, dijo que faltaba poco, pero no explicó a qué se referÃa. Mi abuela llegó llorando y mi papá tuvo que ayudarlo a caminar de regreso. Toda esa escena quedó grabada en la memoria de quienes la presenciaron. Después de eso mi papá decidió llevarlo con un doctor del pueblo. El doctor lo revisó y sugirió que se trataba de ansiedad extrema. Dijo que necesitaba descanso, una rutina más estable y posiblemente un tratamiento para controlar el insomnio. Mientras el doctor hablaba el tÃo no apartaba la vista del suelo y repetÃa que no era ansiedad. Afirmó que él habÃa pedido algo y que se lo habÃan cumplido, pero ahora le estaban cobrando. No quiso decir qué habÃa pedido ni quién supuestamente le estaba cobrando. Mi papá comentó que esas palabras lo hicieron enojar porque pensaba que el tÃo estaba usando esa historia para evitar admitir sus errores.
9:25 La familia siempre habÃa visto en él a un hombre que escapaba de sus responsabilidades. Asà que no sorprende que muchos pensaran que era otra excusa más para justificar su comportamiento. En ese momento, yo aún creÃa que todo era una historia inventada para darle dramatismo a una vida que llevaba años fuera de control. Pensaba que la gente del pueblo habÃa exagerado detalles y que mi tÃo hablaba asà porque no sabÃa cómo explicar sus malas decisiones. Me mantenÃa firme en la idea de que no habÃa nada extraño detrás, solo una acumulación de problemas que se le habÃan ido de las manos. Por eso, cuando escuché lo que mi papá me contó, no lo tomé como señal de algo misterioso.
10:11 Lo vi como parte de un deterioro emocional que nadie habÃa atendido a tiempo. Mi papá cerró esa conversación con un comentario que no entendà bien en ese momento, pero que se me quedó grabado durante años. Me dijo que ojalá nunca hubiera escuchado lo que el tÃo le contó esa última noche y que preferÃa recordarlo como era antes. No quiso repetir esas palabras ni explicar qué habÃa pasado. Solo dijo que algunas cosas es mejor dejarlas guardadas. Ese remate me dejó con más dudas que respuestas y desde entonces supe que la historia tenÃa un punto que nadie querÃa tocar. La última etapa de mi tÃo fue la más difÃcil de entender porque su deterioro mental y fÃsico avanzó más rápido de lo que cualquiera esperaba. Mi papá me contó que ya casi no dormÃa y que pasaba las noches caminando dentro de su casa sin rumbo fijo.
11:07 Hablaba solo, decÃa frases sin sentido y repetÃa que él ya venÃa en camino, como si estuviera esperando a alguien que ninguno conocÃa. Mi abuela decÃa que escuchaba su voz en la madrugada, pero al preguntarle de qué hablaba, él respondÃa que no lo recordaba. Su aspecto cambió de manera evidente. Adelgazó, se veÃa pálido y tenÃa las manos temblorosas incluso cuando intentaba sostener una taza de café. Nadie sabÃa cómo ayudarlo porque se negaba a recibir apoyo de cualquier tipo. Cada dÃa parecÃa más cansado y perdido, como si estuviera viviendo en una preocupación constante. Semanas antes de perder por completo la capacidad de comunicarse, pidió ver a mi papá. No quiso explicar por qué ni qué querÃa hablar con él.
11:58 Solo insistió en que lo mandaran llamar. Mi papá no querÃa ir porque ya habÃa intentado visitarlo antes y siempre terminaba discutiendo con él. Además, decÃa que esas pláticas terminaban en enojos o en confesiones confusas que no sabÃa cómo interpretar. Aún asÃ, la familia insistió porque creÃan que tal vez esa visita podÃa ayudar en algo. Mi papá terminó aceptando porque era el hermano mayor y sentÃa cierta responsabilidad, aunque no le gustara admitirlo. Cuando me contaba esta parte, lo hacÃa con una incomodidad evidente. como si todavÃa sintiera el peso de esa decisión. El dÃa que fue a su casa, lo encontró en una condición que nunca habÃa visto en alguien conocido. Mi tÃo estaba sentado en una silla, encorvado, sin la energÃa que solÃa mostrar incluso en sus peores momentos.
12:51 Mi papá dijo que estaba muy pálido y que no podÃa mantener la mirada fija en un punto. MovÃa los ojos hacia las esquinas del cuarto como si buscara algo que los demás no veÃan. Sus manos no dejaban de temblar. ParecÃa que no podÃa mantener el control de su propio cuerpo. Mi papá nunca pudo describir bien lo que sintió ese dÃa. DecÃa que habÃa algo fuera de lugar en la actitud de mi tÃo. No era miedo normal. No era cansancio común. No era la forma de comportarse de un adulto que está pasando por una crisis pasajera. HabÃa una tensión que no sabÃa cómo explicar. Mi tÃo empezó a hablar con voz baja y entrecortada. Le dijo a mi papá que no habÃa vuelta atrás cuando ya viste su cara. No quiso decir a quién se referÃa. Según mi papá, lo dijo con una claridad inesperada para alguien que llevaba dÃas desorientado.
13:43 Después contó que todo habÃa empezado por un simple juego. Algo que hizo por curiosidad y que no pensó que tuviera consecuencias. Nunca detalló qué clase de juego era. Solo dijo que habÃa abierto una puerta que no debÃa abrir. Comentó que después de eso empezó a sentir una presencia que lo seguÃa donde fuera, una presencia que no podÃa quitarse de encima. Mi papá le preguntó si estaba metido en problemas con alguien, si lo estaban amenazando o si debÃa hablar con alguien del pueblo para aclarar la situación. Pero él negó de inmediato cualquier asunto con personas conocidas. Mi papá intentó calmarlo y le dijo que necesitaba descansar.
14:27 Le sugirió buscar ayuda profesional. Le habló con paciencia tratando de llevar la plática hacia algo más concreto, pero mi tÃo no respondÃa de manera lógica. Insistió en que ya habÃa hecho un trato y que no podÃa romperlo. Dijo que el pago era verlo al final, que asà funcionaba y que él ya lo sabÃa desde hacÃa semanas. Mi papá le preguntó qué significaba todo eso, pero él no respondió. Solo repitió que estaba muy cerca y que por eso querÃa hablarle antes de que fuera tarde. Esos detalles fueron los únicos que mi papá aceptó compartir conmigo, porque dijo que lo demás preferÃa guardarlo, que repetirlo no cambiaba nada y que no querÃa volver a pensar en esa escena.
15:13 Desde ese dÃa, mi tÃo dejó de hablar por completo. Fue un cambio brusco. No volvió a decir ni una palabra. Ya no reaccionaba cuando lo llamaban. No respondÃa a preguntas ni reconocÃa a nadie de la familia. Era como si hubiera perdido la conexión con su entorno de un momento a otro. Mi abuela decÃa que a veces lo veÃa mover los labios sin emitir sonido. Pero nadie sabÃa si estaba intentando decir algo o si eran movimientos involuntarios. Los meses que siguieron fueron de cuidados constantes. Lo ayudaban a comer, lo acompañaban a dormir y lo vigilaban porque solÃa levantarse de madrugada y caminar sin rumbo, aunque ya no mostraba miedo ni ansiedad, solo una ausencia total. Vivió asà sus últimos meses, completamente apartado de la realidad. Aunque sigo pensando que no existen pactos reales ni acuerdos sobrenaturales, No puedo negar que lo que le pasó no encaja con explicaciones sencillas.
16:13 Nada de lo que escuché después permitió cerrar la historia como un caso común de estrés o deterioro emocional. Mi papá nunca volvió a tocar el tema después de aquella conversación, y cada vez que intenté preguntarle, me dijo que era mejor dejarlo asÃ. Todo lo que sé lo reconstruyo con las piezas sueltas que quedaron. No sé qué vio mi tÃo, no sé qué hizo, ni qué quiso decir con esas palabras finales.
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