March 1, 2026

La Mentira Del Pacto Con El DIABLO AHistorias De Terror - REDE

La Mentira Del Pacto Con El DIABLO AHistorias De Terror - REDE
La Mentira Del Pacto Con El DIABLO AHistorias De Terror - REDE
REDE (Relatos Desclasificados)
La Mentira Del Pacto Con El DIABLO AHistorias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

0:04 Crecí oyendo que, en la familia, había un caso real de un pacto con el diablo, algo que supuestamente había ocurrido en 1994. La historia siempre giraba alrededor del hermano mayor de mi papá. En 1994, él vivía en un pueblo pequeño del norte, un lugar donde las calles eran de tierra y las casas quedaban lejos unas de otras. No tenía un trabajo estable y cambiaba de ocupación cada par de meses, lo que causaba chismes entre los vecinos y discusiones dentro de la familia. Era impulsivo, respondón y no se llevaba bien con nadie por más de dos semanas. Cada que se presentaba en una reunión familiar, terminaba peleando con alguien por cualquier cosa. Todos sabíamos que era así desde antes de ese año, pero 1994 quedó marcado como un punto que nadie quería recordar. Mientras crecí, escuché muchas versiones distintas de lo que supuestamente había pasado. Algunos decían que el tío había hecho un pacto para conseguir dinero rápido. Otros aseguraban que lo habían trabajado con brujería y que por eso su carácter empeoró. También había quienes afirmaban que se había metido con gente peligrosa y que había recibido amenazas. Todas esas historias se repetían en voz baja cuando pensaban que yo no estaba escuchando. así que las conocía de memoria, aunque nunca creí ninguna. Desde niño pensé que eran mentiras que la gente inventaba cuando no entendía los problemas reales

1:38 y prefería culpar a fuerzas extrañas. Para mí no había nada sobrenatural en lo que decían, simplemente me parecía que estaban buscando justificar que él era un adulto que no sabía controlar su vida. Antes de 1994, El tío ya tenía una mala racha que parecía no terminar. Tenía deudas con conocidos del pueblo. Lo corrían seguido de los trabajos por llegar tarde o por discutir con los encargados. Y además tenía pleitos familiares por temas de dinero y propiedades. Recuerdo que mi mamá decía que lo veían cansado, ojeroso y sin ganas de hablar con nadie, mientras que otros aseguraban que lo notaban perseguido. Según ellos, parecía que algo lo seguía a donde fueran. Para mí, desde que tenía uso de razón, solo era un hombre irresponsable que se complicaba la vida solo. No necesitaba inventar historias para explicar por qué siempre estaba metido en un problema nuevo. Hubo una conversación que se me quedó grabada porque fue la primera vez que mi papá habló conmigo de manera seria sobre ese tema. Yo tenía como 12 años y le pregunté directo qué había pasado en 1994. porque todos trataban ese año como si hubiera sido una tragedia. Mi papá dejó lo que estaba haciendo y me dijo que no quería que repitiera esa historia con nadie. Aseguró que todo eso del pacto era una vergüenza y que solo servía para asustar a los niños, que la familia había inventado muchas cosas porque

3:12 no querían admitir errores del pasado y preferían señalar algo misterioso. En ese momento pensé que lo decía solo para callarme. Pero noté que no quería seguir hablando, así que ya no insistí. Después de esa plática, entendí que ese año tenía algo que ver con la actitud del tío y con su posterior distanciamiento. Lo que siempre contaban es que ese mismo año él empezó a alejarse de todos. Dejó de asistir a reuniones, no llamó en cumpleaños y tampoco pasó en Navidad. Mi abuela decía que cada vez que lo visitaban lo encontraban más callado y que evitaba el contacto visual. No había señales claras de enfermedad, no había fiebre ni tos ni dolores que él mencionara, pero su comportamiento se volvió errático. A veces se encerraba por días y otras veces salía a caminar por caminos solitarios sin avisar a dónde iba. Mi papá me dijo que hubo un día en que llegó a la casa de los abuelos sin avisar. Pidió algo de ropa y se fue sin saludar a nadie más. Eso fue lo último que supieron de él por un buen tiempo. La familia trató de buscarlo, pero él no quería saber nada. Esa actitud alimentó más chismes y teorías sobre lo que había hecho.

4:29 Las versiones se fueron haciendo más violentas, más fantásticas y más difíciles de creer, aunque todos parecían repetirlas como si fueran hechos comprobados. Con el tiempo, pude preguntar directamente a mi papá lo que había pasado en esos meses posteriores a 1994. Yo ya era mayor y pensaba que entendería mejor las cosas si él me las decía sin rodeos. Desde el primer intento noté que no quería hablar del tema, siempre cambiaba de conversación, hacía bromas para desviar la atención o decía que ese asunto no valía la pena recordarlo. Pero aún así, terminó dejando escapar algunos datos que no encajaban con la versión de que todo había sido un simple rumor.

5:14 Su actitud me sorprendió porque no era alguien que se guardara las cosas, y ver que evitaba un tema de esa manera me hizo pensar que había vivido algo que prefería no revivir. Cuando le insistí un poco más, me dijo que no era una historia para platicarla como si fuera anécdota, y que la gente del pueblo la había convertido en un cuento que no tenía nada que ver con lo que realmente había pasado. Después de decirme eso, se quedó callado un rato y aceptó contarme detalles que hasta entonces no conocía. Me dijo que, durante los meses posteriores a ese año, el tío empezó a tener comportamientos que no podían explicarse fácilmente. Dormía apenas un par de horas por noche y se levantaba con los ojos rojos, como si hubiera pasado toda la madrugada forzándose a mantenerse despierto.

6:05 Mi abuela decía que lo veía temblar cuando apagaban las luces y que se molestaba cuando alguien cerraba las cortinas porque no quería que la casa quedara en penumbra. Mi papá comentó que también tenía pérdidas de memoria recientes, que olvidaba conversaciones del mismo día o que no recordaba dónde dejaba sus cosas, incluso cuando las acababa de usar. Para la familia, todo eso era señal de agotamiento y estrés acumulado. Pero él se ponía nervioso cuando le mencionaban ir al médico. Tenía un miedo constante que no quería reconocer y que se escondía detrás de una actitud defensiva. La familia intentó ayudarlo de distintas formas. Algunos lo invitaban a quedarse en sus casas para que no estuviera solo. Otros le ofrecían apoyo para buscar un trabajo estable o lo acompañaban a hacer trámites. Aún así, él rechazaba cualquier intento. Decía que los médicos no podían hacer nada porque su problema no era físico. Le repetían que necesitaba descansar, pero respondía que no podía, que si se dormía pasaría algo malo. Varias veces mencionó que había firmado algo que no debía firmar.

7:18 Esa frase se repetía siempre que entraba en crisis y nadie entendía a qué se refería. Para mí, cuando escuché todo eso años después, Se trataba de señales claras de problemas mentales no atendidos. Un cuadro de ansiedad severa mezclado con ideas confusas producto de la presión en la que vivía. Nunca pensé que hubiera algo más profundo detrás de esas palabras. Mi papá me relató un episodio que la familia evitaba mencionar. Era una noche cualquiera, cerca de las once, cuando el tío salió corriendo de su casa como si alguien lo persiguiera. ni siquiera se tomó el tiempo de ponerse zapatos salió directo a la calle y comenzó a gritar el nombre del vecino que vivía a dos casas los que lo encontraron dijeron que estaba desorientado y que no reconocía en qué parte del pueblo se encontraba lo vieron con las manos sobre la cabeza respirando fuerte y diciendo que alguien lo estaba esperando afuera de su casa desde hacía días.

8:17 Un vecino comentó que intentó acercarse, pero el tío retrocedió como si hubiera visto algo detrás de él. Cuando por fin lograron calmarlo, dijo que faltaba poco, pero no explicó a qué se refería. Mi abuela llegó llorando y mi papá tuvo que ayudarlo a caminar de regreso. Toda esa escena quedó grabada en la memoria de quienes la presenciaron. Después de eso mi papá decidió llevarlo con un doctor del pueblo. El doctor lo revisó y sugirió que se trataba de ansiedad extrema. Dijo que necesitaba descanso, una rutina más estable y posiblemente un tratamiento para controlar el insomnio. Mientras el doctor hablaba el tío no apartaba la vista del suelo y repetía que no era ansiedad. Afirmó que él había pedido algo y que se lo habían cumplido, pero ahora le estaban cobrando. No quiso decir qué había pedido ni quién supuestamente le estaba cobrando. Mi papá comentó que esas palabras lo hicieron enojar porque pensaba que el tío estaba usando esa historia para evitar admitir sus errores.

9:25 La familia siempre había visto en él a un hombre que escapaba de sus responsabilidades. Así que no sorprende que muchos pensaran que era otra excusa más para justificar su comportamiento. En ese momento, yo aún creía que todo era una historia inventada para darle dramatismo a una vida que llevaba años fuera de control. Pensaba que la gente del pueblo había exagerado detalles y que mi tío hablaba así porque no sabía cómo explicar sus malas decisiones. Me mantenía firme en la idea de que no había nada extraño detrás, solo una acumulación de problemas que se le habían ido de las manos. Por eso, cuando escuché lo que mi papá me contó, no lo tomé como señal de algo misterioso.

10:11 Lo vi como parte de un deterioro emocional que nadie había atendido a tiempo. Mi papá cerró esa conversación con un comentario que no entendí bien en ese momento, pero que se me quedó grabado durante años. Me dijo que ojalá nunca hubiera escuchado lo que el tío le contó esa última noche y que prefería recordarlo como era antes. No quiso repetir esas palabras ni explicar qué había pasado. Solo dijo que algunas cosas es mejor dejarlas guardadas. Ese remate me dejó con más dudas que respuestas y desde entonces supe que la historia tenía un punto que nadie quería tocar. La última etapa de mi tío fue la más difícil de entender porque su deterioro mental y físico avanzó más rápido de lo que cualquiera esperaba. Mi papá me contó que ya casi no dormía y que pasaba las noches caminando dentro de su casa sin rumbo fijo.

11:07 Hablaba solo, decía frases sin sentido y repetía que él ya venía en camino, como si estuviera esperando a alguien que ninguno conocía. Mi abuela decía que escuchaba su voz en la madrugada, pero al preguntarle de qué hablaba, él respondía que no lo recordaba. Su aspecto cambió de manera evidente. Adelgazó, se veía pálido y tenía las manos temblorosas incluso cuando intentaba sostener una taza de café. Nadie sabía cómo ayudarlo porque se negaba a recibir apoyo de cualquier tipo. Cada día parecía más cansado y perdido, como si estuviera viviendo en una preocupación constante. Semanas antes de perder por completo la capacidad de comunicarse, pidió ver a mi papá. No quiso explicar por qué ni qué quería hablar con él.

11:58 Solo insistió en que lo mandaran llamar. Mi papá no quería ir porque ya había intentado visitarlo antes y siempre terminaba discutiendo con él. Además, decía que esas pláticas terminaban en enojos o en confesiones confusas que no sabía cómo interpretar. Aún así, la familia insistió porque creían que tal vez esa visita podía ayudar en algo. Mi papá terminó aceptando porque era el hermano mayor y sentía cierta responsabilidad, aunque no le gustara admitirlo. Cuando me contaba esta parte, lo hacía con una incomodidad evidente. como si todavía sintiera el peso de esa decisión. El día que fue a su casa, lo encontró en una condición que nunca había visto en alguien conocido. Mi tío estaba sentado en una silla, encorvado, sin la energía que solía mostrar incluso en sus peores momentos.

12:51 Mi papá dijo que estaba muy pálido y que no podía mantener la mirada fija en un punto. Movía los ojos hacia las esquinas del cuarto como si buscara algo que los demás no veían. Sus manos no dejaban de temblar. Parecía que no podía mantener el control de su propio cuerpo. Mi papá nunca pudo describir bien lo que sintió ese día. Decía que había algo fuera de lugar en la actitud de mi tío. No era miedo normal. No era cansancio común. No era la forma de comportarse de un adulto que está pasando por una crisis pasajera. Había una tensión que no sabía cómo explicar. Mi tío empezó a hablar con voz baja y entrecortada. Le dijo a mi papá que no había vuelta atrás cuando ya viste su cara. No quiso decir a quién se refería. Según mi papá, lo dijo con una claridad inesperada para alguien que llevaba días desorientado.

13:43 Después contó que todo había empezado por un simple juego. Algo que hizo por curiosidad y que no pensó que tuviera consecuencias. Nunca detalló qué clase de juego era. Solo dijo que había abierto una puerta que no debía abrir. Comentó que después de eso empezó a sentir una presencia que lo seguía donde fuera, una presencia que no podía quitarse de encima. Mi papá le preguntó si estaba metido en problemas con alguien, si lo estaban amenazando o si debía hablar con alguien del pueblo para aclarar la situación. Pero él negó de inmediato cualquier asunto con personas conocidas. Mi papá intentó calmarlo y le dijo que necesitaba descansar.

14:27 Le sugirió buscar ayuda profesional. Le habló con paciencia tratando de llevar la plática hacia algo más concreto, pero mi tío no respondía de manera lógica. Insistió en que ya había hecho un trato y que no podía romperlo. Dijo que el pago era verlo al final, que así funcionaba y que él ya lo sabía desde hacía semanas. Mi papá le preguntó qué significaba todo eso, pero él no respondió. Solo repitió que estaba muy cerca y que por eso quería hablarle antes de que fuera tarde. Esos detalles fueron los únicos que mi papá aceptó compartir conmigo, porque dijo que lo demás prefería guardarlo, que repetirlo no cambiaba nada y que no quería volver a pensar en esa escena.

15:13 Desde ese día, mi tío dejó de hablar por completo. Fue un cambio brusco. No volvió a decir ni una palabra. Ya no reaccionaba cuando lo llamaban. No respondía a preguntas ni reconocía a nadie de la familia. Era como si hubiera perdido la conexión con su entorno de un momento a otro. Mi abuela decía que a veces lo veía mover los labios sin emitir sonido. Pero nadie sabía si estaba intentando decir algo o si eran movimientos involuntarios. Los meses que siguieron fueron de cuidados constantes. Lo ayudaban a comer, lo acompañaban a dormir y lo vigilaban porque solía levantarse de madrugada y caminar sin rumbo, aunque ya no mostraba miedo ni ansiedad, solo una ausencia total. Vivió así sus últimos meses, completamente apartado de la realidad. Aunque sigo pensando que no existen pactos reales ni acuerdos sobrenaturales, No puedo negar que lo que le pasó no encaja con explicaciones sencillas.

16:13 Nada de lo que escuché después permitió cerrar la historia como un caso común de estrés o deterioro emocional. Mi papá nunca volvió a tocar el tema después de aquella conversación, y cada vez que intenté preguntarle, me dijo que era mejor dejarlo así. Todo lo que sé lo reconstruyo con las piezas sueltas que quedaron. No sé qué vio mi tío, no sé qué hizo, ni qué quiso decir con esas palabras finales.