LA BRUJERÍA Puede Llegar A Tu Casa Historias De Terror - REDE
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0:00 Siempre he dicho que vivir en las afueras del pueblo tiene sus ventajas porque el ruido no llega tan fuerte y uno puede moverse con más libertad. Y desde que me casé me acostumbré a hacer mis vueltas por el rÃo para revisar las trampas que coloco entre las piedras y las ramas que quedan atoradas cuando baja mucha agua. Ese dÃa salà más temprano de lo habitual porque querÃa despejarme un rato ya que habÃa dormido inquieto. El clima estaba templado, con una brisa ligera que empujaba las hojas de los mezquites y dejaba un sonido constante en la orilla, mientras el agua corrÃa sin fuerza pero de manera pareja.
0:40 Era la misma rutina de siempre, el mismo camino por el que paso dos o tres veces por semana, y todo parecÃa normal mientras avanzaba por la vereda amplia que ya está marcada por tantos años de usarla. Cuando llegué al área donde reviso las trampas, me agaché para mirar entre las piedras grandes que siempre quedan en medio del cauce. Y fue ahà cuando vi una piedra que no encajaba con ninguna de las otras. No estaba semi enterrada ni cubierta de lodo, sino recargada contra una roca plana, como si alguien la hubiera dejado ahÃ. Lo primero que me llamó la atención fue la forma porque tenÃa el tamaño aproximado de un puño grande. y aunque las piedras del rÃo suelen tener bordes redondeados por el desgaste, esa tenÃa un costado tan perfectamente curvo que parecÃa que la hubieran lijado durante horas. Otro detalle fue el color porque en varias partes era negra, no gris oscuro ni café, sino negra de verdad, y eso no es común en esa zona donde todo tiende a verse igual por el tipo de tierra. Me acerqué para verla mejor porque no entendÃa cómo una piedra tan extraña habÃa terminado ahÃ, y cuando la movà con la punta de los dedos noté unas marcas que parecÃan grietas viejas, como si la piedra hubiera estado expuesta a un calor muy fuerte o hubiera sufrido un golpe hace mucho tiempo. En la parte trasera tenÃa una fractura irregular que daba la impresión de que originalmente
2:12 habÃa sido una esfera completa y que en algún momento se habÃa partido por la mitad. Eso me dejó con una sensación rara porque jamás habÃa visto una piedra tan redonda en esa zona, y menos una que tuviera una ruptura tan definida. La levanté para revisarla con las dos manos y el peso me sorprendió porque esperaba algo ligero por su tamaño. pero era más pesada de lo normal, como si estuviera hecha de un material distinto al de las demás. Lo siguiente que sentà fue el frÃo, un frÃo intenso que no correspondÃa al clima templado de esa mañana, y que me recorrió las palmas hasta que me dieron ganas de devolverla al suelo, aunque no lo hice porque la curiosidad ya me habÃa ganado. Me quedé mirándola unos segundos y pensé que quizá la podÃa usar como adorno o como un objeto llamativo para la repisa de la entrada, ya que siempre me ha gustado guardar cosas raras del monte o del rÃo. La guardé en la mochila que llevaba para las trampas y emprendà el camino de regreso a casa sin mucha prisa, con el sonido del agua detrás y el viento empujando hacia los lados las ramas secas que caen a lo largo del sendero. Al llegar, dejé la mochila en la mesa de la entrada y saqué la piedra para revisarla con calma. Y en cuanto la coloqué sobre la superficie de madera, escuché a mi esposa preguntarme qué era eso porque, desde donde estaba, alcanzó
3:43 a ver el objeto oscuro. Le dije que la habÃa encontrado junto al rÃo y que la habÃa traÃdo porque se veÃa diferente a las demás. pero en cuanto se acercó hizo una mueca de incomodidad y comentó que esa piedra le provocaba una tensión que no sabÃa explicar. Me pareció extraño que reaccionara asà porque ella siempre ha sido muy tranquila con las cosas que traigo del campo y pensé que quizá estaba cansada o de mal humor, asà que no le di importancia y seguà con las actividades del dÃa. puse la piedra en una repisa del cuarto donde guardamos algunas herramientas y adornos viejos y después salà al patio para arreglar unas tablas sueltas de la cerca mientras mi esposa se quedó en la cocina preparando la cena la tarde transcurrió sin nada diferente y cuando nos fuimos a dormir ya se nos habÃa olvidado la piedra yo caà dormido rápido porque habÃa caminado bastante y tuve un sueño tranquilo sin interrupciones pero mi esposa no tuvo la misma noche. Cerca de la madrugada se incorporó sobresaltada y respirando agitada, y cuando me movà para preguntarle qué pasaba, me dijo que habÃa despertado porque creyó ver a alguien parado afuera, junto a la ventana, aunque cuando abrió los ojos ya no alcanzó a distinguir ninguna figura. Se quedó mirando hacia la oscuridad del patio sin animarse a mientras intentaba entender por qué habÃa tenido esa impresión tan fuerte,
5:17 cuando en la casa no se escuchaba ningún ruido y el viento apenas se sentÃa. A la mañana siguiente noté que mi esposa estaba más callada de lo normal, porque apenas se levantó caminó directo a la ventana y abrió la cortina como si necesitara ver algo afuera, y lo hizo varias veces durante el desayuno mientras movÃa la taza con la mirada fija en el patio. lo que me llamó la atención porque nunca habÃa sido tan insistente con ese rincón de la casa. Cuando le pregunté si habÃa escuchado algún ruido durante la madrugada, me dijo que no estaba segura, pero que tenÃa la impresión de que algo se habÃa detenido frente a la ventana, y aunque no recordaba ningún detalle claro, seguÃa con una inquietud que le recorrÃa el cuerpo cada vez que volteaba hacia el exterior.
6:06 Esa tensión no se habÃa visto en ella antes y yo traté de mantener la calma pensando que quizá estaba cansada o que la interrupción de la noche anterior la habÃa dejado nerviosa, pero conforme avanzó el dÃa noté como su mirada regresaba una y otra vez al vidrio como si esperara encontrar una figura en cualquier momento. La tarde transcurrió sin cosas fuera de lo común, aunque cada cierto tiempo escuchaba a mi esposa caminar hacia la ventana para asomarse por unos segundos y luego regresar a lo que estaba haciendo, mientras yo trataba de concentrarme en arreglar una manguera dañada detrás de la casa. Cuando cayó la noche y nos fuimos preparando para dormir, la tensión de mi esposa parecÃa acumularse porque hablaba menos y se movÃa con más cuidado, como si no quisiera hacer ruido. Ya en la cama, antes de apagar el foco, me dijo en voz baja que una mujer habÃa pasado caminando afuera durante la tarde, cerca de la barda. Lo dijo con una seguridad que me hizo enderezarme porque no habÃamos escuchado ningún paso, ni los perros de la zona habÃan ladrado. Y eso me pareció extraño porque en esa parte del campo cualquier cosa que se mueve suele provocar ruido o al menos alerta a los animales. Le pedà que me explicara cómo era la mujer y ella dijo que parecÃa embarazada porque caminaba con las manos sobre el estómago, vestÃa ropa sencilla de colores opacos y llevaba el cabello recogido y avanzó
7:38 despacio junto a la barda hasta perderse detrás de un árbol grande que está cerca del corral. Esa descripción me dejó con una sensación incómoda porque una mujer embarazada caminando sola por ese tramo no era algo común, menos a esas horas del dÃa. Asà que tomé la lámpara que dejamos cerca de la puerta y salà a revisar el patio para asegurarme de que nadie se hubiera quedado rondando. Caminé por el área del corral iluminando cada rincón mientras el viento movÃa las hojas de las ramas secas y hacÃa que la luz temblara sobre el suelo. Revisé la tierra que siempre muestra huellas cuando alguien pasa, pero no vi ninguna marca reciente. Luego avancé por el camino que lleva al rÃo porque a veces la gente corta camino por ahÃ, aunque siempre se escuchan pasos o se ve movimiento entre los mezquites, pero todo estaba completamente quieto. También revisé detrás del árbol grande donde mi esposa dijo que la mujer desapareció, aunque no encontré señales de que alguien hubiera pasado por ahà porque la tierra seguÃa igual, sin marcas nuevas. Regresé pensando que quizá mi esposa habÃa confundido sombras por el cansancio, pero en cuanto entré, ella me dijo con firmeza que lo que habÃa visto era una mujer embarazada caminando junto a la barda. y su mirada era tan clara que no quise contradecirla. Mientras avanzaba la noche, sentà que la casa estaba más silenciosa que otras veces.
9:11 Era un silencio que ya no se parecÃa al de siempre porque tenÃa una tensión que no sabÃa explicar, como si el aire estuviera cargado con algo que no entendÃa. La piedra seguÃa en la repisa del cuarto donde la habÃa dejado, Y por primera vez pensé que quizá traerla habÃa sido una mala idea, porque desde ese dÃa las cosas no se sentÃan igual. Antes de acostarme, noté que la luz del foco hacÃa un reflejo extraño sobre la parte negra de la piedra, un brillo que parecÃa moverse cuando yo cambiaba de posición, aunque traté de convencerme de que solo era la forma curva del objeto la que provocaba ese efecto. Nos acostamos tratando de recuperar la tranquilidad, pero mi esposa volvió a incorporarse con una expresión de alarma poco después de que apagué la luz. Me dijo que la mujer embarazada estaba afuera observando hacia la ventana, que la habÃa visto claramente por unos segundos antes de que dejara de verse, y su respiración temblaba mientras miraba hacia el vidrio como si pensara que la figura podÃa aparecer de nuevo en cualquier momento. Me levanté rápido para revisar otra vez, aunque esta vez no salà de inmediato porque querÃa entender si podÃa haber alguna explicación lógica, pero cuando me acerqué a la puerta no escuché ningún movimiento y el silencio seguÃa igual de firme. Ella permaneció sentada en la cama sin desviar la mirada de la ventana y con una tensión que no habÃa visto en ella antes.
10:44 Cuando por fin logramos recostarnos de nuevo, Mi esposa dijo que tenÃa un malestar ligero en el estómago y un mareo que apareció de repente. Yo pensé que era el susto y traté de tranquilizarla diciéndole que era mejor descansar y ver cómo se sentÃa al amanecer. Aunque mientras cerraba los ojos me quedó esa sensación persistente de que algo habÃa cambiado desde que traje la piedra y no lograba identificar qué era lo que estaba alterando la calma de la casa. Esa noche comenzó de una manera que no habÃa vivido antes porque me desperté sobresaltado al escuchar pasos suaves dentro de la casa, pasos que se dirigÃan hacia la puerta del patio. Me incorporé de inmediato pensando que quizá algún animal habÃa empujado algo o que el viento habÃa movido una tabla, pero cuando salà del cuarto vi a mi esposa caminando hacia la salida con la mirada fija en la oscuridad, como si algo la hubiera llamado desde afuera. No se dio cuenta de que yo la seguÃa porque avanzaba con una determinación que no le habÃa visto y porque parecÃa completamente concentrada en lo que escuchaba.
11:54 Cuando llegó a la puerta, se detuvo y apoyó la mano en el marco. Y en ese momento me acerqué para preguntarle qué hacÃa ahÃ. Ella dijo con claridad que habÃa escuchado el llanto de un bebé en el patio. Un llanto corto que venÃa desde el área donde colocamos la lavadora vieja y el tanque de agua. Lo dijo sin temblor en la voz y sin la duda que habÃa mostrado otros dÃas. Y eso me preocupó porque yo no habÃa escuchado nada. Agarré la lámpara que siempre dejamos cerca de la mesa y salà primero para revisar cada rincón, con la luz moviéndose entre las sombras de los árboles y las ramas sueltas que el viento empujaba sin fuerza.
12:35 El patio estaba completamente callado. No se escuchaba agua corriendo, ni grillos, ni nada que pudiera confundirse con un llanto. Caminé hacia el corral y alumbré el camino que da hacia el rÃo por si alguien se hubiera acercado desde ahÃ, pero el suelo estaba intacto y no habÃa huellas nuevas. Tampoco habÃa señales de que un animal hubiera pasado por la zona, y cuanto más revisaba, más evidente era que no habÃa absolutamente nada afuera. Cuando regresé, mi esposa seguÃa en la misma posición, con la mano en el marco y la mirada perdida en un punto fijo. Fue hasta que dije su nombre en voz alta que se giró despacio hacia mà y de inmediato se inclinó como si el mareo le hubiera caÃdo encima de golpe. Apenas tuvo tiempo de sostenerse de la pared cuando comenzó a vomitar, con un esfuerzo tan repentino que la hizo doblarse por completo.
13:30 Me acerqué rápido para sostenerla porque se veÃa pálida y con la respiración agitada. La ayudé a entrar a la casa mientras intentaba descifrar si lo que habÃa escuchado la habÃa afectado o si era el malestar que venÃa arrastrando desde el dÃa anterior. La senté en una silla y le pasé un trapo con agua frÃa para la frente porque tenÃa la piel helada, una frialdad que no correspondÃa a la temperatura de la casa. Desde ese momento me di cuenta de que algo más profundo le estaba ocurriendo, porque cuando miró hacia la repisa donde estaba la piedra, su expresión cambió de inmediato. Se llevó la mano al estómago y dijo que verla le revolvÃa el cuerpo, como si algo le apretara por dentro. Yo volteé hacia la piedra y no vi ningún cambio. SeguÃa igual, con el brillo tenue sobre la parte negra que ya habÃa notado la noche anterior. Aún asÃ, movà la piedra hacia una esquina de la repisa para que no quedara tan visible, aunque su reacción me dejó más preocupado que antes. La mañana siguiente fue aún más difÃcil porque mi esposa despertó con el estómago revuelto, mareos constantes y una palidez marcada que no habÃa tenido nunca. Apenas podÃa ponerse de pie sin sentir que iba a desmayarse y la piel le seguÃa extremadamente frÃa. Intenté convencerla de que fuéramos al pueblo para que la revisara a alguien, pero se aferró a la cama diciendo que necesitaba descansar y que en cuanto
15:02 se sintiera estable podrÃamos salir. Yo sabÃa que no era un simple malestar porque su mirada estaba perdida y parecÃa estar haciendo un esfuerzo enorme para mantener la conciencia enfocada. Esa noche la tensión aumentó porque, mientras intentaba dormir, mi esposa dijo que habÃa sentido a la mujer embarazada mucho más cerca que antes. Afirmó que la figura estaba casi pegada a la pared de la casa, del lado donde tenemos la ventana de la cocina, y que por unos segundos creyó que la mujer iba a entrar. Al escuchar eso, me levanté para revisar la parte exterior con la lámpara y no encontré nada. aunque ya no esperaba ver marcas porque, en las últimas noches, todo lo extraño llegaba sin dejar rastro.
15:50 Cuando regresé, mi esposa estaba despierta con una expresión que no lograba sostener del cansancio, y me dijo que habÃa tenido sueños repetidos durante la siesta de la tarde. En esos sueños, la piedra aparecÃa como una esfera completa, negra, perfectamente redonda y brillante, colocada dentro de un cÃrculo en la tierra. VeÃa manos acomodando la esfera con cuidado, y alrededor habÃa figuras moviéndose despacio, como si estuvieran siguiendo un orden preciso. También escuchaba murmullos que no podÃa distinguir, y el llanto de un bebé mezclado con voces bajas que parecÃan estar llamando algo desde muy lejos. Me contó los sueños con tanto detalle que me estremeció escucharlo porque su manera de describirlos se parecÃa más a un recuerdo que a un sueño. Con esa preocupación decidà guardar la piedra en una caja de madera para quitarla de la vista, porque pensé que quizá provocaba alguna reacción emocional fuerte en ella.
16:51 La llevé al patio y la dejé sobre una mesa donde no pudiera verla desde la cama, aunque no me animé a dejarla fuera del todo. Aún asÃ, esa noche mi esposa volvió a soñar exactamente lo mismo. con la esfera negra y las figuras moviéndose alrededor, como si la piedra no necesitara estar cerca para producirle esas imágenes. Al final de la noche me tomó del brazo con fuerza y me dijo con completa seguridad que la piedra tenÃa que ver con la presencia de la mujer embarazada y que algo se estaba acercando, algo que ella podÃa sentir más claramente cada vez que cerraba los ojos. Mi esposa amaneció más débil que cualquier dÃa anterior, porque no quiso levantarse de inmediato, y dijo que tenÃa un cansancio que no le permitÃa mantener los ojos abiertos por mucho tiempo.
17:44 Apenas tomó un sorbo de agua y volvió a recostarse con una palidez que me preocupó más que los mareos de las noches anteriores. Me dijo que el sueño de la esfera completa estaba empeorando, porque ahora veÃa que la tierra se abrÃa en cuanto las manos colocaban la esfera en el centro del cÃrculo. Lo describió como un movimiento lento y preciso, como si la tierra respirara al recibir ese objeto. Después de decirlo, se quedó en silencio y cerró los ojos con una expresión agotada, que me dejó claro que no podÃa seguir asÃ. En ese momento, decidà que tenÃa que deshacerme de la piedra porque era lo único que no pertenecÃa a nuestra rutina y lo único que habÃa llegado justo antes de que comenzaran todos los malestares.
18:31 Esperé a que mi esposa se quedara profundamente dormida porque su cuerpo ya no daba para más. Y cuando escuché su respiración tranquila, me levanté y fui al patio para buscar la caja donde habÃa guardado la piedra la noche anterior. Al abrirla, sentà de inmediato que la piedra estaba diferente porque conservaba el frÃo que ya conocÃa. Pero esta vez ese frÃo era más intenso y parecÃa salir de adentro de la piedra como si tuviera un centro helado. La envolvà en una tela gruesa para no tocarla directamente. Y cuando la levanté, noté que pesaba más que la primera vez que la traje del rÃo. El peso no era normal para un objeto de ese tamaño. Y eso me dio una sensación incómoda porque demostraba que la piedra habÃa cambiado desde que la encontramos. Aún asÃ, la sostuve con firmeza y salà del patio para tomar el camino que lleva al rÃo. Mientras, el aire de la mañana se sentÃa más fresco que otras veces y me hacÃa pensar que estaba entrando en un lugar que ya no era tan familiar como antes. Mientras avanzaba, tuve la sensación de que algo me acompañaba o me observaba desde los lados del camino. Aunque no vi ninguna figura entre los mezquites ni escuché pasos detrás de mÃ. Pero, aún asÃ, esa sensación de presencia me siguió durante todo el trayecto. Cuando llegué a la orilla, noté que el agua corrÃa con más fuerza en la zona profunda donde solÃa nadar cuando era joven. Porque esa parte del rÃo siempre habÃa tenido
20:04 un movimiento constante. Pero ahora parecÃa ir más rápido y chocaba contra las piedras con un sonido más marcado. Me acerqué despacio porque el suelo estaba húmedo y resbaloso por la corriente que habÃa subido un poco durante la madrugada. Sentà que la tierra cedÃa ligeramente bajo mis botas, y por eso avancé con cuidado hasta llegar al punto donde la profundidad comenzaba a hundirse de manera abrupta. Tomé la piedra entre las manos mientras la mantenÃa envuelta en la tela, y estiré los brazos para lanzarla lo más lejos posible hacia la parte más honda. La solté con un impulso fuerte y vi como la piedra atravesó el aire antes de caer en una zona del rÃo, donde el agua es tan oscura que no se distinguen las piedras del fondo.
20:52 En cuanto tocó el agua, se hundió de inmediato sin flotar, ni rodar, ni rebotar contra nada, como si el agua la absorbiera sin ofrecer resistencia, lo cual me dejó inmóvil unos segundos porque no era la forma en que normalmente se hunde una piedra, aun cuando es pesada. En el mismo instante en que desapareció bajo la superficie, sentà que el aire se aligeraba alrededor de mà y que el sonido del rÃo recuperaba su ritmo normal. La corriente ya no llevaba ese movimiento irregular que habÃa escuchado al llegar, y todo parecÃa volver a ser como antes. Me quedé un momento observando el punto donde la piedra habÃa caÃdo porque tenÃa la sensación de que algo habÃa cambiado de manera definitiva en ese instante, y aunque no podÃa explicarlo, sentÃa que lo que fuera que habÃa traÃdo la piedra se habÃa quedado en el fondo del agua regresé a casa con el pensamiento fijo en ese punto profundo del rÃo y en lo que pude haber desatado al traer la piedra en primer lugar cuando entré a la casa encontré a mi esposa respirando mejor y con el rostro más relajado aunque seguÃa débil y no tenÃa fuerzas para levantarse le mojé la frente con un trapo fresco y le pregunté cómo se sentÃa Y ella dijo que por primera vez en varios dÃas ya no sentÃa la presión en el estómago ni el mareo constante, lo cual me hizo pensar que quizá habÃamos tomado la decisión correcta. Durante el resto del dÃa se mantuvo tranquila y no mencionó
22:25 a la mujer embarazada, y cuando cayó la tarde la casa se sentÃa más ligera, con el mismo silencio habitual de siempre. Desde ese dÃa no volvimos a ver a la mujer embarazada rondando por la casa y las noches regresaron a la normalidad, sin la sensación de que alguien observaba desde afuera.
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