April 9, 2026

La Brujería Entró A Mi Casa Disfrazada De Amabilidad - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Esto pasó cuando yo vivía con mis padres y mis hermanos. Lo recuerdo bien, porque en esa casa todo tenía un orden claro y ese orden lo llevaba mi madre. Mi padre trabajaba muchas horas fuera. Nosotros estudiábamos, salíamos, volvíamos y siempre encontrábamos la casa andando por ella. Mi madre resolvía la comida, los pendientes, las visitas y los problemas diarios. Por eso, cuando ella cayó, todo se movió con ella. Ahí empezó todo, aunque en ese momento nosotros todavía no lo sabíamos. La mujer de la que hablo ya nos conocía, no llegó de la nada, tenía tiempo visitando la casa y entrando con confianza. A veces llevaba comida, otras veces llevaba dulces o algún regalo sencillo. Siempre decía que era por cariño, porque se acordó de nosotros, o porque tenía de más y no quería que se echara a perder.

1:04 Mi madre la recibía por educación. Esa era su forma de ser. Si alguien tocaba la puerta, ella abría. Si alguien llegaba con algo, ella daba las gracias. Nunca fue una mujer cerrada ni grosera. Con el tiempo, esa mujer empezó a ir demasiado seguido. Y eso fue lo primero que me incomodó. Lo segundo fue la manera en que preguntaba. No se limitaba a saludar y dejar lo que llevaba. Quería saber quién estaba en la casa, quién había salido, cómo seguía mi padre en el trabajo, si mis hermanos estudiaban, si mi madre dormía bien, si había preocupaciones de dinero.

1:44 Mi madre le contestaba lo necesario y cambiaba de tema, pero la otra insistía. También se fijaba mucho en todo. Miraba la cocina, la sala, la mesa, las puertas. No tocaba nada delante de nosotros, pero observaba cada espacio. Al principio nadie dijo nada. En muchas familias pasa que una persona entra seguido, se gana la confianza y termina siendo parte de la rutina. Nosotros pensamos eso, pero después la insistencia se volvió evidente. Si un día llevaba comida y nadie la aceptaba, al poco tiempo regresaba con otra cosa. Si dejaba un regalo y se quedaba guardado, luego preguntaba si ya lo habían usado. Si llevaba dulces, volvía a preguntar si ya se los habían comido. No lo hacía una vez, lo hacía seguido. Yo empecé a notar que no le bastaba con dejar cosas. Quería saber si esas cosas ya habían entrado de verdad a la casa. Hubo varias ocasiones en que lo que llevaba se quedó intacto.

2:51 Una vez dejó comida y nadie la probó, porque ya habíamos comido. Después llevó dulces y tampoco se abrieron. Mi madre dijo más de una vez que esa mujer era rara, pero no pasó de ahí, pero nunca imaginó que la situación iba más lejos. Yo sí empecé a desconfiar, no tenía una prueba concreta, solo veía que la insistencia no era normal. A veces la mujer se iba y al poco tiempo regresaba con cualquier pretexto, pero siempre encontraba la manera de volver a entrar. El día que todo cambió, llegó con pan y algo dulce para untarle. Entró, se sentó con mi madre y habló un rato con ella.

3:33 Yo estaba cerca y escuché parte de la conversación. Le preguntó a mi madre si no estaba cansada de cargar con todo, si no le pesaba estar al pendiente de la casa y de todos nosotros. Mi madre le dijo que así vivía y que seguía adelante. La bruja le respondió que nadie aguantaba tanto sin quebrarse. Esa frase se me quedó grabada. No porque fuera escandalosa, sino por el momento en que la dijo y por el tono con que la dijo. Después de que esa mujer se fue, mi madre se sirvió café y agarró un pedazo de pan. Le puso un poco de lo que la bruja había llevado y lo probó. No comió mucho. Dijo que estaba demasiado dulce y lo dejó a medias. Y poco después empezó a sentirse mal. Primero dijo que le ardía el estómago.

4:22 Luego le dieron náuseas. y después empezó a sudar y a perder fuerza. Mi padre creyó que algo le había caído mal y trató de ayudarla ahí mismo, pero el malestar subió muy rápido. Mi madre ya no se sostenía bien, se puso pálida, empezó a temblar y ya no podía caminar con firmeza. Ahí entendimos que no era un malestar simple. La llevamos a revisión y de ahí la pasaron al hospital porque no mejoraba. En el camino, vomitó varias veces. En el hospital la dejaron en observación. Le pusieron suero y le preguntaron qué había comido. Nosotros dijimos lo del café y el pan, pero los médicos hablaron de una intoxicación fuerte o de una reacción grave a algo que había ingerido. Mi padre les preguntó qué era exactamente, pero no le dieron una respuesta clara. Dijeron que había que esperar y vigilarla. mi madre seguía muy mal por momentos hablaba y por momentos apenas reaccionaba lo más duro fue verla sin fuerza ella siempre había sido la más firme de la casa y de pronto estaba internada sin que nadie nos dijera con certeza que tenía mientras mi padre se quedó con ella yo regresé a la casa con una tía para buscar ropa y otras cosas que hacían falta la mesa seguía casi igual Todavía estaba parte de

5:53 lo que esa mujer había dejado. Mi tía nos dijo que no moviéramos nada sin fijarnos bien. Empezamos a recoger con cuidado y entonces encontró algo debajo del mantel, justo en la parte donde habían dejado la comida. Era tierra, cabello y unos alfileres acomodados juntos. Yo no había visto eso antes. Mi tía se quedó seria y solo dijo que guardáramos todo y que no tocáramos nada más por ese lado. Cuando mi padre vio lo que encontramos, tampoco reaccionó con gritos. Se quedó callado, lo miró bien y preguntó varias veces si estábamos seguros de que eso no estaba antes en la casa y le dijimos que no.

6:36 Mi tía entonces dijo que conocía a una mujer que ayudaba en casos así. Mi padre no era hombre de creer en cualquiera, pero mi madre estaba muy grave y nosotros ya habíamos visto demasiadas cosas en pocas horas. No lo descartó y decidió buscar a esa mujer y escuchar lo que tuviera que decir. Fuimos con ella y le llevamos una prenda usada de mi madre, lo que había quedado de la comida y lo que mi tía encontró bajo la mesa. La señora revisó todo con calma, no trató de impresionarnos ni de meter más miedo. Nos dijo que, por lo que estaba viendo, alguien había metido cosas a la casa con intención de hacer daño y que la persona a la que apuntaban era mi madre. Mi padre le preguntó por qué decía eso. Ella respondió que no se basaba en una sola cosa. Mencionó las visitas constantes, la insistencia con la comida y el estado en que cayó mi madre después de probar lo que llevaron y lo que apareció debajo del mantel. Dijo que todo eso junto no le parecía casual. También nos dijo que no aceptáramos nada más de esa mujer, que limpiáramos la casa completa, que revisáramos bien los cuartos y la cocina, y que no le volviéramos a abrir la puerta. Añadió que todavía se podía ayudar a mi madre, pero que había que hacerlo de inmediato. Mi padre le dejó claro que lo único que le importaba era salvarla. La señora le respondió

8:07 que iba a hacer lo necesario. pero que también teníamos que entender que si alguien había hecho eso no iba a quedarse quieta y tarde o temprano iba a querer saber si había funcionado. Ese mismo día fue al hospital, entró como visita y estuvo un momento con mi madre. Después salió a hablar con mi padre y le dijo que seguía delicada, pero que todavía había forma de sacarla adelante. Mi padre volvió a la casa con esperanza y con miedo. Ninguno de nosotros durmió en paz. Ya no estábamos hablando de sospechas sueltas. Mi madre estaba internada y la última persona que había entrado con comida era esa mujer. En la mesa habían quedado cosas que nosotros no habíamos puesto ahí.

8:56 Desde ese momento supe que lo que estaba pasando en mi casa era real y que todavía no habíamos visto lo peor. Esa noche hicimos todo lo que la señora nos indicó. Nos pidió que no recibiéramos visitas, que no dejáramos comida destapada y que revisáramos bien toda la casa. Mi tía se quedó con nosotros para ayudar. Mi padre iba y venía del hospital y yo me movía de un cuarto a otro sin poder calmarme. Mi madre seguía internada y nadie nos daba una respuesta completa. En la casa ya no se respiraba tranquilidad. Cada objeto fuera de lugar nos ponía alerta. y cada rincón nos obligaba a mirar dos veces. La señora empezó por la entrada, siguió por la cocina, luego revisó los cuartos y terminó en el patio. Lo hizo con calma, no habló de más ni quiso impresionarnos, solo miró, apartó cosas y nos fue mostrando lo que encontraba. Junto a una maceta había un pedazo de tela amarrado. detrás de un mueble había restos de cera con semillas y debajo de la cama de mis padres encontró unos clavos envueltos en papel nadie de mi familia reconoció nada de eso mi padre no apartaba la vista mi tía guardaba silencio y yo sentía que la casa ya no era la misma cada vez que la señora recogía algo nos lo enseñaba antes de guardarlo decía que quería que viéramos todo con nuestros propios ojos

10:28 no quería que después quedara duda de dónde había salido cada cosa. Mi padre le preguntó si de verdad pensaba que eso tenía relación con el estado de mi madre, y ella respondió que sí. Dijo que la otra mujer había entrado poco a poco, ganándose la confianza, dejando cosas en la casa y esperando el momento en que mi madre bajara la guardia. También dijo que no le sorprendía que el daño hubiera ido contra ella. porque era la persona que sostenía el orden de la familia. Yo escuché todo eso sin interrumpir. No estaba pensando en si sonaba lógico o no. Yo solo estaba viendo a mi madre en una cama del hospital, a mi padre agotado, a mi tía recogiendo cosas extrañas del piso, y a una mujer extraña revisando cada espacio de la casa. En ese punto, lo único que me importaba era que mi madre siguiera viva.

11:26 Mi padre estaba igual. No quiso discutir más y le pidió a la señora que hiciera lo que tuviera que hacer y que nos dijera qué más debíamos hacer nosotros. Mientras ella seguía revisando, mi padre llamó al hospital para preguntar por mi madre. Le dijeron que seguía delicada, pero al menos ya no iba peor. Cuando colgó, la señora dijo que eso era buena señal, pero que todavía no bastaba. Luego nos advirtió algo muy claro. Dijo que la mujer que había llevado esas cosas iba a buscar la forma de volver a acercarse. Querría saber si mi madre seguía mal, si lo que hizo había funcionado y si la puerta seguía abierta. Nos dijo que no nos quedáramos solos con ella, que no recibiéramos nada de sus manos y que no la dejáramos entrar bajo ningún motivo. No pasó mucho antes de que eso se cumpliera. La mujer volvió a la casa al poco tiempo. Yo estaba cerca de la puerta cuando llegó, traía fruta en una bolsa y preguntó por mi madre con el mismo tono de siempre. Me dijo que había sabido que seguía internada y que venía a dejar algo para la familia. Yo le respondí que no hacía falta y que mi madre seguía en el hospital.

12:42 Ella dio un paso hacia la entrada y dijo que solo iba a dejar lo que llevaba. En ese momento salió mi tía. Le habló de frente y le dijo que ya no queríamos nada suyo y que no volviera. La mujer quiso sostener la sonrisa, pero ya no pudo. Dijo que iba con buena intención y que nadie tenía derecho a tratarla de esa manera. Mi tía le respondió que la casa ya no estaba abierta para ella. Entonces la otra dejó de fingir calma. Nos dijo que después veríamos cómo terminaban las cosas. dejó la bolsa en el suelo y se fue yo me quedé viendo la fruta y no la toqué pero mi tía la levantó con una escoba y la sacó cuando mi padre volvió y le contamos lo que pasó se enojó mucho pero no salió a buscarla dijo que primero estaba mi madre y que lo demás se resolvería después a partir de ese momento para mí ya no quedó duda hasta entonces yo todavía trataba de ordenar las cosas en mi cabeza y Pensaba en la comida, en la enfermedad repentina de mi madre, en lo que salió debajo del mantel y en lo que la señora había encontrado en la casa. Pero ver de nuevo a esa mujer en la puerta, con otra bolsa en la mano y con la misma insistencia, terminó de cerrar todo. Mi padre pensó igual. Esa noche nos dijo que pasara lo que pasara, esa mujer no volvía a entrar. También nos pidió que no habláramos con vecinos

14:14 ni repitiéramos nada fuera de la familia. En el hospital, mi madre empezó a responder mejor. Seguía débil, pero ya abría bien los ojos, reconocía a todos y podía hablar con más claridad. También empezó a tomar agua sin vomitar. Los médicos dijeron que el tratamiento estaba funcionando. Mi padre volvió a preguntar qué había provocado ese estado. pero no le dieron una respuesta exacta. Hablaron de una intoxicación severa o de una reacción fuerte a algo que había comido. Con eso nos tuvimos que quedar. Nosotros sabíamos lo que había pasado antes de que ella cayera así. Sabíamos quién había entrado a la casa, qué había dejado y qué habíamos encontrado después. Cuando mi madre por fin salió del hospital, volvió muy débil. Bajó de peso y tardó mucho en recuperar fuerzas. Le costaba caminar, dormía mal y se cansaba rápido.

15:12 Ya no era la misma mujer que había sostenido la casa sin pausa. Seguía siendo mi madre, seguía queriendo levantarse y hacer las cosas, pero el cuerpo ya no le respondía igual. La señora que nos ayudó nos dijo que ahora tocaba limpiar la casa a fondo y cortar por completo todo lo que viniera de la otra mujer. Mi padre hizo caso. Revisó cuartos, cajones, repisas, cocina, patio y hasta las cosas guardadas desde hacía tiempo. Sacamos ropa, platos, adornos y otros objetos que esa mujer había llevado en distintos momentos. Muchas cosas terminaron en la basura y lo mismo pasó con regalos viejos y con cualquier comida que apareciera sin que supiéramos bien de dónde había salido. Mi padre también dejó claro que ya no se contaban asuntos de la casa a cualquiera. Mi madre aceptó eso sin discutir.

16:08 Ella misma cambió. Desde entonces dejó de recibir visitas a solas. Si alguien llegaba con un regalo, lo apartaba. Si alguien llevaba comida, no la tocaba. Mis hermanos dejaron de abrir la puerta sin preguntar primero quién era. Yo también cambié. Ya no veía la amabilidad de la misma forma. La rutina de la casa siguió, pero ya no con la misma paz. Mi padre cargó durante mucho tiempo con la culpa de no haber puesto distancia antes. Mi madre sobrevivió, pero pagó un precio alto. Nosotros también, pues el miedo se quedó. No vivíamos paralizados, pero más atentos, más cerrados y más desconfiados. La confianza que había antes en la casa se rompió, y eso fue lo más duro. No solo estuvimos a punto de perder a mi madre, también perdimos una forma de vivir con más calma. Sobre la otra mujer, supimos después que empezó a enfermarse. Yo no vi todo de cerca, así que no voy a inventar detalles.

17:11 Lo que sí sé es que su salud empeoró y que murió tiempo después. En mi familia siempre se dijo que fue porque el trabajo se le devolvió. Esa fue la explicación con la que nos quedamos. Yo no necesito agregar más. Con lo que viví me basta. Esa mujer entró muchas veces a nuestra casa con comida, regalos y palabras amables. Mi madre fue la única que comió de lo que llevó y terminó al borde de la muerte. Nosotros buscamos ayuda y logramos salvarla. Después de eso, esa mujer murió. Mi madre siguió con vida, pero la casa ya no volvió a ser la misma y esa es la verdad que yo recuerdo.