June 25, 2026

La Brujería Con Tierra De Panteón Que Entró A Mi Casa - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Yo recuerdo la enfermedad de mi padre, desde el pleito por el terreno, porque antes de eso era un hombre fuerte, trabajaba sin quejarse y rara vez aceptaba estar cansado. El conflicto fue con un hombre conocido de la familia, alguien que había tratado con nosotros durante años y conocía la casa. El problema empezó cuando ese hombre reclamó una parte del terreno, que mi padre había trabajado mucho tiempo Mi padre tenía sus papeles, conocía los límites y no aceptó que se los movieran de palabra. Se reunieron para hablarlo, primero con calma y después con enojo. Yo estuve cerca y escuché cuando el hombre lo amenazó. Le advirtió que se iba a arrepentir de meterse con él. Y mi padre sostuvo que solo defendía lo suyo. Mi madre intervino antes de que la discusión creciera, lo tomó del brazo y lo sacó de ahí. Después de ese pleito, mi padre empezó a sentirse mal. Primero habló de dolor en el estómago, cansancio y falta de hambre. Pensamos en una infección o en desgaste, porque todavía seguía trabajando. Tomaba té, comía poco y se acostaba temprano, pero despertaba peor. Mi madre notó que sudaba sin esfuerzo. Permanecía sentado mucho tiempo y le costaba responder preguntas sencillas. Fuimos con un médico, lo revisaron y le mandaron a hacer estudios. Los resultados salieron con

1:36 algunas cosas alteradas, pero nada explicaba el deterioro tan rápido. Le dieron medicamento, reposo y dieta blanda. Mi padre obedeció. Tomó lo que le mandaron y dejó de hacer trabajos pesados, pero siguió cayendo. La ropa empezó a quedarle floja. La cara se le adelgazó y las manos le temblaban al agarrar un vaso. Probaba dos o tres cucharadas y apartaba el plato. En la casa cambiaron las rutinas. Mi madre dejó una libreta sobre la mesa para anotar la temperatura, los dolores, los vómitos y lo poco que lograba comer. Yo empecé a quedarme más tiempo con ellos porque mi padre necesitaba ayuda para levantarse, caminar al baño o sentarse en el comedor. Por las noches se quejaba del estómago, del pecho y de la espalda. Mi madre le llevaba agua y revisaba si tenía fiebre. Nadie dormía bien. Una vez se cayó en el comedor, lo encontramos en el piso, con dificultad para respirar y sin fuerza para incorporarse. Lo llevamos a que lo atendieran de urgencia. Lo estabilizaron y regresó a casa más débil. Desde ese momento, mi madre dejó de verlo como una enfermedad común. No lo dijo con miedo. Lo dijo con cansancio, porque ya habíamos seguido indicaciones del doctor, ya lo habían revisado, y aún así mi padre seguía consumiéndose. Luego empezaron a aparecer cosas afuera

3:06 de la casa. Primero encontramos tierra regada frente a la puerta. Mi madre la barrió, pero revisó el suelo antes de tirarla. Después apareció más tierra cerca de la ventana del cuarto de mis padres, con restos de cera y papel mojado. No estaba en un lugar de paso ni venía de una maceta. Estaba puesta ahí, cerca de donde dormía mi padre. Él preguntó qué habíamos encontrado y mi madre le respondió que alguien estaba dejando cosas afuera y le pidió que no se levantara. Yo revisé el patio con cuidado y encontré un envoltorio cerca de una planta. Lo levanté con una pala porque mi madre me indicó que no lo tocara con las manos. Adentro había tierra oscura, hilo, plumas y un papel dañado por la humedad. No había forma de tratarlo como basura común. Lo guardamos en una bolsa y se lo enseñamos a un vecino de confianza. El vecino nos recomendó ir con un brujo, que atendía casos de trabajos hechos para dañar. Mi padre no quería. Prefería seguir con los médicos y esperar a que el medicamento hiciera efecto. Pero mi madre le habló claro. Ya lo habían revisado, ya estaba tomando medicina y su cuerpo seguía perdiendo fuerza. Mi padre escuchó, bajó la mirada y aceptó ir.

4:31 El brujo vivía en una casa y atendía en un cuarto aparte. No necesitó que le contáramos todo de golpe. Miró a mi padre, le pidió sentarse y escuchó a mi madre. Ella le explicó el pleito por el terreno, la amenaza, la enfermedad, la tierra en la entrada. lo que apareció junto a la ventana y el envoltorio del patio. El brujo no interrumpió. Cuando terminó de escuchar, hizo una limpia con un huevo, rezó en voz baja y lo rompió en un vaso con agua. Después abrió la bolsa con el envoltorio usando una vara. El brujo fue directo. Según él, a mi padre lo estaban trabajando con brujería vudú y tierra de panteón. Explicó que el trabajo tenía intención de enfermarlo, quitarle fuerza y llevarlo a la muerte si nadie lo cortaba. Mi madre se quedó quieta. Yo sentí rabia porque cada parte de lo que escuchábamos encajaba con lo que había pasado en la casa. Mi padre preguntó si había manera de ayudarlo. El brujo le respondió que sí, aunque el cuerpo ya estaba muy golpeado y el proceso iba a requerir constancia. Nos pidió una foto reciente, una prenda usada, su nombre completo y su fecha de nacimiento.

5:47 También pidió revisar otra vez la casa, sobre todo las entradas, macetas y esquinas. Al regresar, revisamos con más atención y encontramos otro paquete cerca del patio enterrado a medias. Tenía tierra, alfileres y un papel con el nombre completo de mi padre. Mi madre lloró al verlo. No gritó ni hizo preguntas al aire. Solo se sentó y se cubrió la cara con las manos. Mi padre estaba en la sala, escuchó cuando le contamos lo que apareció y nos pidió volver con el brujo. Ya no discutió, estaba demasiado cansado para pelear contra lo que tenía enfrente. Llevamos todo en bolsas cerradas.

6:29 El brujo acomodó los objetos sobre la mesa y explicó que el trabajo seguía activo. También señaló que el daño venía de alguien relacionado con el conflicto del terreno. Mi padre guardó silencio, y en ese silencio todos pensamos en el mismo hombre. La segunda limpia fue más pesada. Sentaron a mi padre en una silla con una cubeta cerca. El brujo pasó ramas por su cuerpo, rezó, usó aguardiente y trabajó sobre los objetos encontrados. Mi padre empezó a sudar aunque estaba quieto. Luego se dobló del dolor y vomitó varias veces. Mi madre quiso acercarse, pero el brujo le pidió esperar. Yo me quedé junto a la puerta, listo para sostenerlo si se caía. Cuando terminó, mi padre estaba agotado, con la camisa mojada y la respiración cargada.

7:22 El brujo nos dio agua preparada para limpiar la entrada y el patio, además de un baño de hierbas para él. También nos explicó que iba a cortar lo que estaba pegado a su cuerpo, pero no prometió una recuperación inmediata. Primero había que detener el daño, luego ver cuánto podía recuperar. Regresamos a la casa sin hablar mucho. Mi madre limpió la entrada, yo guardé las bolsas donde habíamos llevado los objetos y mi padre se acostó. Pasó una noche difícil, con sudor, temblor y dolor, pero después logró dormir varias horas. Al despertar pidió caldo, comió poco, pero sin vomitar. Ese fue el primer cambio claro que vimos desde que todo había empezado. La recuperación de mi padre avanzó despacio. Seguía débil, con la ropa floja y las piernas inseguras, pero el dolor bajó y empezó a tolerar la comida. Mi madre mantuvo la libreta sobre la mesa, anotaba lo que comía, las veces que vomitaba, la temperatura y los cambios en el sueño. En la casa ya nos separábamos una cosa de la otra. Cuidábamos su cuerpo y lo que pasaba alrededor.

8:37 El brujo volvió a revisarlo. Después de la limpia anterior, aseguró que el trabajo había perdido fuerza, aunque todavía quedaba algo sosteniéndolo. No habló con Rodeos, nos dijo que, para cortar bien el daño, necesitaba ubicar a la persona que lo alimentaba. Preguntó otra vez por el conflicto del terreno. por la amenaza y por la gente cercana al hombre que había discutido con mi padre también revisó los objetos que habíamos llevado sobre todo el papel con el nombre escrito y la tierra recogida en la casa ahí señaló al mismo hombre del pleito mencionó detalles que coincidían con él con su familia y con la forma en que se había movido después de la discusión también habló de una mujer mayor que lo había acompañado para buscar ayuda en ese trabajo Mi madre entendió de inmediato por qué el hombre vivía con su madre, y ella también había estado presente en otros problemas por el terreno. Mi padre bajó la cabeza, pero todos lo teníamos muy claro. Yo quise ir a enfrentarlo, lo dije en la casa, con coraje, pero mi madre me frenó antes de tomar una decisión tonta.

9:51 Primero había que sostener a mi padre, sacarlo de la cama y conseguir que comiera. En ese estado... cualquier pleito podía hundirlo más. El brujo también pidió que no lo buscáramos. Si el otro hombre sabía que el trabajo estaba cayéndose, podía encargar otro refuerzo. Durante los días siguientes hicimos lo indicado. Mi madre bañaba a mi padre con las hierbas, separaba su ropa usada y limpiaba la entrada con el agua que nos dieron. Yo revisaba el patio, el portón y las macetas. Antes de salir y antes de cerrar la casa, Lo hacíamos porque ya habíamos encontrado cosas y porque cada objeto nuevo coincidía con una recaída. Encontramos más tierra cerca del portón, mezclada con cera y papel. La levanté con una pala y la puse en una bolsa. Mi padre quiso ver, pero mi madre le ordenó quedarse sentado. Llevamos todo con el brujo. Al verlo, se molestó porque reconoció el intento de reforzar el trabajo. Nos explicó que alguien seguía pendiente de mi padre y que no le bastaba con verlo enfermo. En ese periodo, el hombre del conflicto pasó frente a la casa, se quedó mirando hacia la entrada y luego se fue. Mi padre lo vio, pero mi madre cerró la cortina y le pidió que no se levantara. Nadie habló durante unos minutos, pero esa visita pesó más que cualquier comentario. porque llegó cuando mi padre

11:22 empezaba a mejorar y después de encontrar otro objeto afuera. El brujo propuso una devolución. Mi padre preguntó qué se haría con eso. La respuesta fue clara, no se mandaría enfermedad a nadie, solo se regresaría el trabajo a su origen para que dejara de sostenerse sobre él. Mi madre aceptó. Mi padre también aceptó, con la voz baja, porque ya no pedía justicia, pedía vivir. Pedía que el dolor se terminara y que su cuerpo dejara de apagarse. La devolución se hizo con los objetos encontrados, la ropa usada de mi padre y su nombre escrito en un papel limpio.

12:02 El brujo rezó, quemó hierbas, rompió el trabajo y volvió a limpiarlo. Mi padre sudó mucho, se dobló del dolor y vomitó varias veces. Yo le sostuve la espalda. Mi madre le limpió la boca y le acercó agua cuando pudo respirar mejor. El brujo siguió hasta terminar, sin adornar lo que hacía y sin prometer milagros. Al final, sostuvo que el amarre principal quedaba cortado, pero el cuerpo de mi padre necesitaba tiempo. Después de esa noche, mi padre empezó a levantarse con más seguridad. Caminó dentro de la casa, salió al patio y pudo sentarse sin temblar tanto. Comía poco, pero ya pedía comida. Hablaba más, preguntaba por las cuentas, por el terreno y por los pendientes acumulados. Mi madre todavía lo vigilaba de cerca. Dormía ligera, escuchaba cada movimiento y revisaba su respiración. En el pueblo empezó a correr el comentario de que el hombre del conflicto estaba enfermo.

13:05 Lo escuchamos por vecinos y por una mujer que llegó a la casa. Decían que estaba encerrado, con fiebre, y que en su casa también buscaban ayuda. Mi padre oyó todo desde la sala. No celebró y no pidió detalles. Solo nos pidió no hablar de eso con cualquiera. El brujo nos advirtió que el problema no quedaba cerrado por un rumor. La casa debía seguir cuidándose. Mi padre debía seguir revisándose. Y nosotros debíamos evitar pleitos. También fue claro con algo que mi madre necesitaba escuchar. Una limpia podía cortar el trabajo. pero no reconstruía el cuerpo en unos días.

13:47 Mi padre había perdido peso, fuerza y semanas de sueño. La mejoría tomó meses. Mi padre volvió a caminar más, volvió a comer mejor y recuperó algo de peso, pero no regresó a ser el mismo. Se cansaba rápido, dejó de cargar cosas pesadas y midió cada salida. Había días buenos y días malos. En algunos se levantaba temprano y quería encargarse de todo. pero en otros amanecía con dolor y tenía que sentarse antes de terminar cualquier tarea. Mi madre cambió también. Revisaba quién llegaba, qué dejaban cerca de la puerta y qué aceptaba de otras personas. Yo miraba el suelo antes de abrir el portón. El terreno siguió causando tensión. Mi padre conservó sus papeles, pero evitó cruzarse con el otro hombre. Si lo veía de lejos, cambiaba de camino o se metía a una tienda. No era miedo de hablarle de frente. Era cansancio de saber hasta dónde podía llegar alguien por coraje. Mi padre decía poco sobre eso, pero cuando lo hacía hablaba sin vueltas. El hombre nunca aceptó nada. No hubo confesión, disculpa ni explicación.

15:01 Lo que tuvimos fueron hechos. La amenaza después del pleito, la enfermedad de mi padre y la tierra en la entrada. También los objetos con su nombre, la señal del brujo. la visita frente a la casa y el refuerzo que apareció cuando mi papá empezaba a mejorar. Con eso nos bastó para entender de dónde venía el daño. Mi padre sobrevivió porque se atendió, porque mi madre no lo soltó y porque el brujo cortó lo más fuerte. Aún así, la vida en la casa cambió. Mi madre guardó la libreta de los síntomas. Yo guardé el recuerdo de mi padre sentado en aquella silla, sudando, sin fuerzas, esperando ayuda.

15:43 Y él guardó una desconfianza que ya no se le quitó. El cierre fue duro. No hubo reparación. No hubo paz completa y no hubo manera de recuperar al hombre que mi padre era antes. Quedó vivo, pero marcado. Quedó mi madre cansada, quedó la casa en alerta y quedó ese hombre viviendo cerca. Alguien conocido quiso destruir a mi padre desde lejos. Pagó para hacerlo y siguió su vida sin responder por nada.