La Bruja Salvó A Mi Hija Pero Me Entregó A Mí - Historias De Terror - REDE
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
0:05 voy a contar esto como pasó, lo escribo porque ya no puedo seguir guardándolo, todo empezó con mi hija, Valeria tenÃa 8 años cuando se enfermó, hasta entonces era una niña sana, iba a la escuela, comÃa bien, dormÃa bien y nunca habÃa tenido un problema serio, pero en menos de un mes todo cambió, primero empezó con fiebre por las noches, después dejó de comer y Y luego llegaron los dolores en el estómago y en la espalda. Mi esposa y yo la llevamos al centro de salud. Le hicieron estudios, le dieron medicamento y nos pidieron esperar. La fiebre siguió y el dolor también. Cada dÃa estaba peor. Bajó de peso, perdió fuerza y dejó de levantarse sola de la cama.
0:54 Una tarde vomitó sangre y ese dÃa la llevamos al hospital y la internaron. Yo me quedé con ella varias noches. La vi doblarse del dolor y la vi quedarse callada mirando hacia un punto fijo. A ratos decÃa que tenÃa frÃo, aunque tenÃa fiebre. Una vez le dijo a su mamá que sentÃa una mano en la espalda cuando intentaba dormir. Los médicos siguieron con estudios, cambios de medicamento y revisiones, pero nadie nos daba una explicación clara. Mi suegra fue la primera en decir que eso no era normal. y nos habló de brujerÃa. Yo no quise escucharla, pero ella recordó un pleito que mi esposa habÃa tenido meses antes con una vecina por un terreno. Hubo gritos, amenazas y mucho rencor. Mi suegra insistÃa en que esa mujer pasaba seguido frente a la casa y se quedaba mirando. Yo le respondà que mi hija estaba enferma y que lo único serio eran los médicos. En ese momento yo todavÃa pensaba asÃ. Dejé de pensarlo el dÃa que volvà a la casa para buscar ropa limpia. Mi esposa estaba conmigo.
2:04 Movimos la cama de Valeria y encontramos un paquete envuelto en tela negra, amarrado con hilo rojo. Lo abrimos en el patio. Adentro habÃa tierra, un mechón de cabello, sujeto con un listón y una foto de mi hija atravesada con alfileres. La foto la habÃan sacado de un retrato de la sala y reconocà el listón. Mi esposa empezó a llorar y yo me quedé callado. Desde ese momento ya no pude seguir diciendo que todo tenÃa una explicación normal. Esa misma noche, mi suegra nos llevó con una mujer llamada Ofelia. Según ella, sabÃa trabajar esas cosas. Mi esposa llevaba una prenda usada de Valeria. Ofelia pidió su nombre completo, su fecha de nacimiento y la ropa. pisó todo en silencio y al terminar nos dijo que a la niña le habÃan hecho un trabajo para enfermarla y que el daño ya estaba muy avanzado. Mi esposa empezó a rezar y yo le pregunté si podÃa quitarle eso a mi hija.
3:10 Ofelia respondió que todavÃa habÃa una salida, pero que ya casi no quedaba tiempo. Le pedà que me hablara claro, entonces me dijo que habÃa una forma de salvar a Valeria, pero que no era una ayuda sin costo. Mi esposa preguntó qué querÃa decir. Ofelia respondió que esa decisión la tomaba una sola persona y que solo podÃa explicarla a solas. Mi esposa dijo que nos fuéramos. Dijo que eso estaba mal y que no querÃa seguir escuchando. Yo le pedà que me dejara quedarme. Discutimos ahà mismo. Ella lloró y me pidió que no hiciera una locura. Yo le respondà que nuestra hija se estaba muriendo. y que no iba a salir de ahà sin escuchar todo. Mi esposa salió del cuarto con mi suegra. Yo me quedé solo con Ofelia.
4:01 Entonces me explicó el trato. Dijo que podÃa pedir ayuda por mÃ, pero que esa ayuda no venÃa de Dios. Dijo que mi hija iba a vivir si yo aceptaba entregar mi vida cuando me la reclamaran. Aclaró que no iba a morir esa noche. Dijo que me dejarÃan seguir con mi vida por un tiempo. pero que desde ese momento yo iba a quedar marcado y que un dÃa vendrÃan por mÃ. También me advirtió que las señales iban a empezar esa misma noche y que yo iba a reconocerlas. Le pregunté si habÃa otra salida, pero me respondió que no. Le pregunté si mi hija se iba a salvar de verdad y me respondió que si yo aceptaba, iba a haber el cambio de inmediato. No tomé esa decisión con calma La tomé con miedo. Pensé en irme. Pensé en volver al hospital y esperar lo que dijeran los médicos.
4:58 También en mi esposa. Y pensé en lo que me estaban pidiendo. Pero yo ya habÃa visto a mi hija vomitar sangre. Ya la habÃa escuchado pedir que no la dejara sola. Y ya habÃa visto lo que estaba escondido debajo de su cama. En ese momento ya no pensé en otra cosa. Solo pensé en salvarla. Le dije a Ofelia que aceptaba. Sacó una navaja y me pidió que me cortara la palma. Lo hice. Puso mi sangre en un recipiente y escribió mi nombre completo y el de Valeria en una hoja. Después me ordenó repetir que entregaba mi vida a cambio de la vida de mi hija. Lo repetÃ. Quemó el papel y terminó el trabajo. Antes de dejarme salir, me advirtió que no intentara romper el pacto.
5:45 Me dijo que eso ya no se deshacÃa, y también me dijo que el daño dejaba de seguir en Valeria y pasaba a mà de otra manera, y no como enfermedad, como deuda. Salà de ahà y regresé al hospital. Cuando entré al cuarto, vi a mi hija sentada en la cama. SeguÃa débil, pero estaba despierta y pidiendo agua. Mi esposa lloraba. Y me dijo que poco antes de que yo llegara la fiebre habÃa bajado de golpe y Valeria habÃa dejado de quejarse. También habÃa pedido de comer. Me acerqué a la cama y mi hija me agarró de la mano. Me dijo que ya no sentÃa la mano frÃa en la espalda y después me dijo algo que no he podido olvidar. Me dijo que ese frÃo ya no estaba con ella, que ahora estaba conmigo. Bajé la vista y vi mi palma. El corte seguÃa abierto y alrededor tenÃa una marca oscura. No era una herida normal. No le dije nada a mi esposa. Me quedé viendo a mi hija respirar con calma. Y, en ese momento, supe que el trato se habÃa cumplido. Al dÃa siguiente, los médicos dijeron que la respuesta habÃa sido favorable. Le repitieron estudios y la siguieron observando. Mi hija siguió mejorando y en pocos dÃas ya comÃa sola, hablaba mejor y querÃa volver a la casa. Cuando le dieron el alta, mi esposa me abrazó y dijo que Dios habÃa escuchado nuestras oraciones.
7:17 Yo me quedé callado, pues ya sabÃa lo que habÃa hecho y no tuve valor para decirlo. Esa misma noche empezó lo otro. Valeria volvió a dormir en su cuarto y mi esposa se quedó con ella hasta que se durmió. Yo estaba en la sala cuando escuché tres golpes en la ventana del patio. Fui a revisar y no habÃa nadie. Revisé puertas y candados, pero todo estaba cerrado. Volvà a sentarme y poco después sentà un frÃo fuerte en la nuca. Era el mismo frÃo que mi hija habÃa sentido en el hospital. Me quedé quieto y esperé hasta que amaneció.
7:57 Desde esa noche supe que el precio ya se estaba cobrando. Lo que vino después no cayó de golpe. Entró poco a poco y se quedó. Mi hija salió del hospital, volvió a comer, recuperó fuerzas y dejó atrás los dolores. Subió de peso, regresó a la escuela y volvió a ser la niña que habÃa sido antes de enfermarse. Nunca más volvió a caer asÃ. Yo vi esa recuperación con mis propios ojos y también vi lo otro. La herida de mi palma cerró a los pocos dÃas. Pero la marca no se fue. Quedó oscura, redonda y fija en el centro de la mano. Al principio me repetà que todo estaba en mi cabeza, pues habÃa pasado dÃas sin dormir.
8:44 HabÃa visto a mi hija al borde de la muerte, y venÃa cargando miedo desde la noche del pacto. Me aferré a esa idea unos dÃas. Después dejaron de servirme las explicaciones. La primera señal fueron los pasos. Empezaron cuando mi familia ya estaba dormida y la casa se quedaba en silencio. Yo los oÃa en el pasillo, cerca de los cuartos. Eran lentos y claros. No sonaban a tuberÃa, ni a ramas, ni a animales en el techo. Sonaban a alguien caminando dentro de la casa. Me levantaba, prendÃa la luz y revisaba todo, pero nunca encontré a nadie. Después llegaron los golpes en las ventanas y en la puerta del patio. Luego apareció el frÃo. No venÃa del aire ni del clima, pues se me plantaba en la nuca o en la espalda. Cada vez que lo sentÃa, la mano marcada me empezaba a arder. Mi esposa empezó a notar el cambio muy pronto. Dejé de dormir bien.
9:43 Me levantaba varias veces por noche para revisar puertas, candados y ventanas. Ya no me gustaba quedarme a oscuras y ya no me gustaba estar solo. Ella me preguntó varias veces qué habÃa hecho con Ofelia. Yo le conté solo una parte, y le dije que aquella mujer habÃa trabajado para quitarle el daño a Valeria. No le dije cuál habÃa sido el precio. Guardé eso, porque pensé que podÃa cargarlo yo solo. Pero me equivoqué. Desde ese momento, empecé a alejarme de mi esposa, aunque seguÃamos bajo el mismo techo. A los pocos meses fui a buscar a Ofelia. QuerÃa encontrarla y obligarla a decirme todo. QuerÃa saber cuánto tiempo tenÃa...
10:27 qué significaban las señales y si habÃa una forma de romper lo que yo habÃa aceptado su casa estaba cerrada toqué varias veces pero nadie respondió pregunté por ella y una vecina me dijo que se habÃa ido poco después de la noche en que la visité no dejó dirección no dejó aviso y nadie supo decirme dónde estaba la busqué en otros lugares pero nadie me dio razón Volvà a mi casa sabiendo que me habÃa quedado solo con el pacto. Seguà trabajando porque tenÃa que mantener a mi familia. Manejo un camión de reparto y paso muchas horas en la calle. Pensé que fuera de la casa iba a sentir un poco de alivio, pero no fue asÃ. Una mañana vi a un hombre parado a la orilla de una carretera que yo recorro seguido. Estaba quieto mirando hacia el camino. No hacÃa señas, no caminaba y no hablaba.
11:26 Pasé frente a él y sentà el frÃo en la espalda. Miré por el espejo y ya no estaba. Volvà a verlo otras veces, siempre lejos, siempre quieto. Nunca le distinguà bien la cara, pero siempre supe que era el mismo. Empecé a escribir lo que me pasaba en una libreta. Anotaba cuando aparecÃan los pasos, cuando ardÃa la mano y cuando sentÃa el frÃo. También anoté lo que vieron otros. Mi esposa me dijo un dÃa que una sombra habÃa cruzado el comedor. Mi suegra me aseguró que habÃa escuchado mi nombre en la cocina cuando estaba sola. Yo no les conté todo, no quise llenarles la cabeza con algo que no podÃan resolver. Valeria, en cambio, estaba bien. CrecÃa, estudiaba, se reÃa, jugaba y hacÃa planes. Cada vez que la veÃa asÃ, recordaba por qué habÃa aceptado el trato. Cada vez que la veÃa asÃ, también recordaba que la cuenta seguÃa abierta. Intenté romper el pacto. Fui a una parroquia y hablé con un sacerdote. No le conté todo, pero le dije lo suficiente para que entendiera que yo sentÃa que habÃa entregado algo grave. Me dijo que rezara. que me confesara y que sacara de la casa cualquier objeto relacionado con trabajos o brujerÃa. Hice todo eso, tiré lo poco que todavÃa conservaba de aquella noche, recé, me confesé y limpié la casa. Durante unos dÃas hubo calma, pero
12:57 después regresaron los pasos, volvieron los golpes y volvió el frÃo. Ahà entendà que lo hecho seguÃa de pie. Con el tiempo me volvà una persona difÃcil, Dejé de salir, dejé de ver amigos y me molestaban los lugares ruidosos porque yo necesitaba estar atento a todo. En mi propia casa caminaba en alerta, dormÃa poco y me sobresaltaba por cualquier ruido. Mi esposa me dijo muchas veces que yo ya no era el mismo hombre y tenÃa razón. Mi hijo menor aprendió a no acercarse por detrás porque más de una vez reaccioné mal del susto. Todo eso fue desgastando la vida en la casa. El miedo que yo cargaba empezó a caerle encima a todos. Mi esposa se fue una temporada con los niños a casa de su madre. No se fue por falta de amor, se fue porque vivir conmigo se habÃa vuelto pesado. Yo estaba presente, pero mi cabeza estaba atrapada en otra cosa. Cuando regresaron, volvieron más por Valeria que por mÃ. Mi hija querÃa estar en su casa y yo prometà hacer un esfuerzo. Fui a terapia.
14:07 La psicóloga habló de culpa, trauma y miedo sostenido. Yo escuché todo. No niego que tenga culpa ni que viva con miedo. Lo que niego es que todo haya nacido ahÃ. Todo empezó la noche en que acepté el pacto. Con los años, las señales se hicieron más precisas. La marca me ardÃa cuando se acercaba algo importante para mi hija. pasó cuando volvió a la escuela en sus cumpleaños y pasó cuando se enfermó de gripe y yo temà que todo empezara otra vez el orden casi siempre era el mismo primero ardÃa la mano después escuchaba los pasos y luego llegaba el frÃo a veces veÃa al hombre lo vi al fondo de la calle lo vi al otro lado del portón y lo vi una vez junto al pasillo de la casa nunca habló y nunca hizo un gesto solo estaba ahà La señal más fuerte llegó hace unos meses. Yo volvÃa del trabajo. Valeria salió a recibirme con sus calificaciones en la mano. VenÃa contenta. Y me habló de la escuela, de una materia que habÃa sacado bien y de un trabajo que la maestra habÃa felicitado.
15:18 Mientras la escuchaba, la marca me empezó a arder. Levanté la vista y vi al hombre al fondo del pasillo. Estaba dentro de mi casa, quieto. No vi su cara con claridad, pero supe que era él. Cerré la puerta de golpe y mandé a mi hija con su mamá. Cuando miré de nuevo, ya no estaba. Esa noche no dormÃ. Entendà algo que ya no pude negar. Ya no lo estaba viendo solo afuera. Ya estaba entrando. Desde entonces vivo esperando. Puse en orden mis papeles, mis cuentas y todo lo que mi esposa tendrÃa que resolver si yo falto. No le he contado todo porque, bastante, ha cargado ya por culpa mÃa. Valeria tiene 14 años y está sana. Eso era lo único que yo querÃa cuando acepté, y lo conseguÃ.
16:08 El costo sigue aquÃ. Ayer encontré lodo en el piso de la sala. Empezaba en la puerta y terminaba junto al sillón donde me siento por las noches. Afuera no habÃa lluvia, asà que limpié el piso sin decir nada. Después me quedé sentado mirando el pasillo hasta que amaneció. Hoy la marca volvió a arder, por eso escribo esto. Yo hice un pacto para salvar a mi hija. Mi hija se salvó y desde esa noche yo dejé de vivir en paz. Ahora espero a que venga por mÃ.
Apple Podcasts
Spotify
Castro
RSS Feed