Aug. 6, 2026

La Bruja Del Vecindario Que Atacaba Mientras Todos Dormían - Historias De Terror - REDE

La Bruja Del Vecindario Que Atacaba Mientras Todos Dormían - Historias De Terror - REDE
La Bruja Del Vecindario Que Atacaba Mientras Todos Dormían - Historias De Terror - REDE
REDE (Relatos Desclasificados)
La Bruja Del Vecindario Que Atacaba Mientras Todos Dormían - Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

0:05 Me llamo Ernesto y durante 12 años viví en la calle Jacarandas. Conocía a casi todos los vecinos, sabía quién trabajaba de noche, quién vivía solo y quién necesitaba ayuda cuando se enfermaba. Éramos gente acostumbrada a vernos todos los días. Por eso recuerdo con claridad la llegada de Teresa Varela, la mujer que rentó la casa 18 a finales de marzo. Llegó con pocas cajas, habló con el dueño y pronto comenzó a saludar a quienes pasaban. Dijo que era viuda, que no tenía familiares cerca y que buscaba un lugar tranquilo. Durante el día barría la entrada, conversaba con las vecinas y ofrecía ayuda cuando alguien cargaba bolsas. También atendía a los niños cuando se caían, hablaba despacio, sonreía con frecuencia y nunca levantaba la voz. Poco después asistió a una comida entre varias familias. Llevó pan, ayudó a servir y pasó buena parte de la tarde haciendo preguntas. Quiso saber nuestros nombres completos, las fechas de nacimiento de algunos vecinos y el tiempo que cada familia llevaba en la calle. Preguntó quién dormía solo, quién padecía alguna enfermedad y qué niños tenían pesadillas. Yo respondí que vivía con mi hermana y que mi perro dormía en el patio. Teresa escuchó, asintió y cambió de temas. Durante los días siguientes, siguió saludando desde su puerta, aceptó encargos pequeños y ofreció infusiones a

1:35 quienes mencionaban algún dolor. El primer problema serio ocurrió en casa de Julia. Su esposo, Rubén, llevaba dos días con fiebre y casi no había comido. Yo había ido a ayudar a mover una cama, de modo que vi cuando Teresa llegó con un frasco sin etiqueta. Dijo que conocía un remedio para bajar la fiebre. Puso un polvo oscuro en una taza con agua caliente y aseguró que la cantidad era segura. Julia dudó, pero Rubén estaba cansado y aceptó beberlo. Teresa esperó hasta que terminó, recogió la cuchara y dejó el frasco sobre la mesa. Antes de irse, dijo que el efecto comenzaría durante la noche. Horas después, Rubén empezó a temblar, perdió el conocimiento y cuando despertó no podía mover bien la mano derecha. Su familia lo llevó a recibir atención médica. Al regresar, Julia nos contó que le habían indicado evitar cualquier preparado sin identificar. Buscó a Teresa para reclamarle, pero ella respondió que la fiebre había causado el problema y que su mezcla no tenía relación con lo ocurrido. No preguntó por Rubén ni explicó el contenido del frasco. Después de ese incidente, comenzaron los ruidos en la casa dieciocho. Se escuchaban golpes separados y un arrastre que cruzaba de un lado a otro, siempre cuando la calle estaba en silencio. Mi habitación quedaba frente a la casa y en varias ocasiones vi a Teresa salir con una bolsa o una cubeta. Caminaba inclinada, llevaba

3:08 el cabello suelto y avanzaba sin encender la luz de la entrada. Durante el día usaba el cabello corto, pero de noche lo vi largo, blanco y extendido sobre la espalda. En una de esas ocasiones la vi abrir y cerrar la puerta con la misma llave que llevaba durante el día. Una noche mi perro empezó a gruñir hacia la calle y golpeó la puerta del patio. Me acerqué a la ventana y vi a una anciana junto al árbol de la esquina. Llevaba la ropa con la que Teresa había entrado a su casa unas horas antes. Tenía la espalda doblada, el cabello blanco, las uñas largas y los dientes afilados. Permaneció quieta unos segundos. Volvió la cabeza hacia mi ventana y abrió la boca. La sonrisa dejó todos los dientes visibles.

3:57 Después caminó hasta la casa 18, abrió la puerta y entró. A la mañana siguiente, Teresa estaba barriendo la entrada. Tenía el cabello corto, las manos normales y la misma voz tranquila. Le pregunté si había salido durante la noche. Me respondió que había dormido. Dijo que yo había visto a otra persona y miró hacia mi patio. Antes de entrar comentó que los animales inquietos solían terminar lastimados. Dos días después encontré a mi perro herido junto al bebedero. Tenía una cortada profunda en el costado y tierra húmeda alrededor de las patas. La puerta del patio seguía cerrada. El cerrojo estaba puesto y nadie de mi familia había entrado durante la noche. Mi hermana llevó al animal a una clínica veterinaria donde recibió varias curaciones. yo recogí parte de la tierra y la guardé en una bolsa recordaba la frase de Teresa y las veces que la había visto salir con una cubeta el siguiente caso involucró a la nieta de Marta Teresa le había entregado una bolsa de tela y había dicho que ayudaría a la niña a dormir Marta la colocó debajo de la almohada pero a la mañana siguiente encontró a su nieta con marcas en el cuello y vómitos Ese mismo día nos mostró la bolsa, que contenía cabello, tierra y un papel con el nombre completo de la niña. Marta recordó que Teresa había escrito ese nombre durante la comida del vecindario, cuando se ofreció

5:29 a preparar una lista para repartir los alimentos. Guardó la bolsa y dejó de permitir que la niña se acercara a la casa 18. Samuel, otro vecino, llegó después con una figura de tela, varias agujas y un par de zapatos dañados. Contó que había encontrado las agujas dentro del calzado y la figura debajo de su cama. En el pecho de la figura aparecían su nombre y su fecha de nacimiento. Y varios recordamos que Teresa le había preguntado esa fecha semanas antes. Samuel fue a reclamarle, pero ella no abrió la puerta. Desde ese día comenzó a sentirse débil y dejó de trabajar durante una semana. La situación empeoró cuando se desmayó frente a la casa dieciocho. Yo estaba cerca y vi que antes de caer levantó el brazo y señaló una ventana. Detrás de la cortina apareció una mano delgada, con uñas largas y oscuras. La mano se retiró cuando corrimos hacia él. Samuel recuperó el conocimiento después de varios minutos y tenía una cortada en el pecho. Marta trajo la figura que él había encontrado y la tela estaba abierta en el mismo sitio. Esa noche nos reunimos nueve adultos en casa de Julia. Cada persona contó lo que había visto y llevó los objetos que conservaba. Sobre la mesa pusimos la bolsa de Marta, la figura de Samuel, las agujas, la tierra de mi patio y el frasco que Teresa había dejado después de preparar el remedio de Rubén.

7:03 Anotamos las fechas, los nombres de los afectados y el orden de los hechos. Así que decidimos observar la casa desde nuestras entradas y salir juntos si Teresa volvía a acercarse a una vivienda. Queríamos impedir que dejara más objetos o preparara otra mezcla para alguien. Antes de terminar la reunión, escuchamos tres golpes en la puerta. Julia abrió y encontró una pequeña bolsa en el suelo con su nombre escrito en un papel sujeto con hilo. Pero desde la sala veíamos la calle vacía. Me acerqué a la ventana y miré hacia la casa 18. Teresa estaba detrás del vidrio, inmóvil, con una mano apoyada a la altura del rostro. Mientras la observábamos, sus uñas comenzaron a crecer sobre el cristal.

7:51 A la noche siguiente mantuvimos el acuerdo. Los nueve que habíamos estado en casa de Julia y otros dos vecinos permanecimos atentos. Nadie buscó a Teresa ni se acercó a su puerta. Cada uno observaba desde su entrada. con la indicación de salir solo cuando ella intentara dejar otro objeto frente a una casa o acercarse a alguien. Habíamos visto suficiente y sabíamos que si actuábamos por separado, Teresa tendría la ventaja. La calle quedó en silencio y las luces de la casa 18 se apagaron. Después, Teresa abrió la puerta y salió con una bolsa. Tenía el aspecto que mostraba durante el día, caminaba derecha y llevaba el cabello corto.

8:34 Avanzó hasta la esquina, se detuvo y apoyó una mano en el muro. Su espalda se dobló. El cabello cayó sobre los hombros y perdió el color oscuro. Las uñas se alargaron y los dientes quedaron visibles. El cambio ocurrió frente a nosotros. Éramos once personas mirando desde puntos de la calle. Y todos vimos a la misma anciana que yo había observado días antes. Teresa caminó hacia la casa de Julia y sacó una figura de la bolsa. La dejó frente a la puerta y levantó la cabeza cuando encendimos las luces. Salimos al mismo tiempo y cerramos el paso entre ella y las casas. Le pedimos que se apartara, que dejara la bolsa en el suelo y que no tocara a nadie. Su voz era más grave y áspera.

9:22 Dijo que cada familia pagaría por haberse metido en sus asuntos y señaló la puerta de Julia. Marta recogió la figura con un trapo. En el papel sujeto a la tela estaba escrito el nombre completo de Julia. Samuel preguntó por qué guardaba nuestros datos y nuestras cosas. Teresa levantó una mano hacia él. Samuel se dobló y se llevó ambas manos al pecho. Dos vecinos lo sostuvieron antes de que cayera. Julia dio un paso hacia Teresa, pero Rubén la detuvo. Mantuvimos la distancia hasta que Teresa avanzó contra Julia con las uñas extendidas. Rubén tomó una silla y la colocó entre las dos, pero Teresa arañó el respaldo, dejó varias marcas y trató de pasar por un costado.

10:08 Movimos dos mesas desde la entrada de Julia y formamos una barrera. Yo empujé una junto con Samuel y otro vecino, mientras Marta retiraba la figura del suelo. Teresa intentó rodearnos para volver hacia Samuel, pero le cerramos el paso y avanzamos juntos. Usamos las mesas para obligarla a retroceder hasta la casa 18. Durante el forcejeo, la bolsa cayó y se abrió. Había figuras de tela, fotografías, mechones de cabello y papeles con nombres. Reconocí una fotografía de mi perro. Marta encontró el nombre de su nieta. Y Samuel identificó un pedazo de una camisa que había perdido. Julia vio un botón de la ropa de Rubén. Teresa se agachó para recogerlo todo.

10:56 Pero Marta sostuvo la bolsa con el pie y le exigió que dejara las manos visibles. Teresa retrocedió hasta la entrada y trató de cerrar la puerta. Entramos detrás de ella, porque parte de los objetos seguía en el suelo y ya había intentado atacar a Julia. No recorrimos toda la casa ni abrimos muebles personales. En la cocina vimos frascos sin etiqueta y varias figuras sobre una mesa. En otro cuarto había ropa. fotografías y papeles con nombres de vecinos. Una mujer fue por don Álvaro, dueño de la casa, y regresó con él y con uno de sus hijos. Don Álvaro revisó los daños y los objetos que estaban a la vista. Teresa aseguró que todo era suyo y que nadie tenía derecho a tocarlo. Él le recordó que la casa era rentada y le dijo que no permitiría que siguiera ahí. Ella discutió, pero dejó de hacerlo cuando entendió que todos permaneceríamos juntos y que nadie iba a abandonar la entrada. Teresa se sentó en la sala. Su cuerpo empezó a recuperar el aspecto habitual. Las uñas se acortaron, la espalda se enderezó y los dientes dejaron de sobresalir, y el cabello volvió a quedar corto y oscuro. Nadie se acercó. Julia llevó a Rubén a su casa. La madre de Samuel se quedó junto a él. y los demás vigilamos la puerta. Teresa pidió agua, bebió despacio y afirmó que las figuras formaban parte de sus prácticas. Negó

12:29 haber causado las enfermedades, aunque sabía quién había resultado herido y qué síntomas seguía teniendo. Al amanecer aceptó marcharse. Don Álvaro consiguió una camioneta y permitió que guardara ropa, documentos y objetos personales. Tres vecinos revisaron las cajas antes de cerrarlas Dejaron pasar sus prendas y papeles, pero apartaron las figuras, las fotografías, los frascos y las pertenencias que reconocimos. Teresa pidió quedarse otra noche, pero nadie aceptó. Después culpó a Julia por haber reunido a los vecinos y dijo que Rubén conservaría la debilidad en la mano, mientras Samuel seguiría sufriendo desmayos. No respondió cuando le preguntamos de dónde había sacado esa información. Cuando terminaron de cargar acompañamos a Teresa hasta la salida de la calle. Subió a la camioneta y mantuvo la vista en las casas. Antes de partir repitió los nombres de Marta, Samuel y el mío. Don Álvaro cambió las cerraduras y se quedó con la única llave.

13:37 Nosotros reunimos los objetos y cada familia identificó lo suyo. Quemamos las figuras y los papeles en un recipiente de metal. Los frascos se enterraron cerrados lejos de las viviendas, porque nadie quiso abrirlos ni conservarlos. La salida de Teresa no borró lo ocurrido. Rubén mantuvo la debilidad en la mano derecha y tuvo que dejar varias tareas de su trabajo. Samuel sufrió otros desmayos durante los meses siguientes, aunque después dejaron de repetirse. Las marcas de la nieta de Marta desaparecieron. pero la niña evitó dormir sola durante mucho tiempo. Mi perro se recuperó y volvió a caminar con normalidad, aunque cada vez que pasábamos frente a la casa, 18 se detenía, gruñía y tiraba de la correa para regresar. La vivienda quedó vacía. Durante varias semanas se escucharon golpes en el interior, aun cuando la puerta permanecía cerrada y don Álvaro tenía la llave. Entramos en grupo en dos ocasiones y no encontramos a nadie. Retiramos lo que quedaba, limpiamos los cuartos y cerramos el espacio donde Teresa guardaba las figuras. Los ruidos continuaron algunos días y luego cesaron. Pero nadie quiso rentar la casa. Varias familias se mudaron durante el año siguiente y don Álvaro terminó por vender el terreno. Nunca supimos dónde se instaló Teresa, ni si ese era su

15:10 nombre verdadero. yo conservo el recuerdo de aquella noche porque vi el cambio desde el principio hasta el final vi los objetos con nuestros nombres y vi la forma en que atacó a Julia y señaló a Samuel la expulsamos cuando los daños ya eran graves habíamos tardado porque cada incidente ocurrió en una casa distinta y porque ninguno quería aceptar que todos estaban relacionados la última vez que la vi estaba dentro de la camioneta cerca de la avenida llevaba el rostro tranquilo y las manos sobre las piernas cuando pasó frente a mi casa volvió la cabeza y me miró después levantó una mano hacia la ventana y las uñas comenzaron a crecer antes de que la camioneta doblara la esquina después ya no supe nada de aquella bruja de la casa 18