April 11, 2026

La BRUJA Del Río: La Advertencia De Mi Abuelo Era Real - Historias De Terror - REDE

La BRUJA Del Río: La Advertencia De Mi Abuelo Era Real - Historias De Terror - REDE
La BRUJA Del Río: La Advertencia De Mi Abuelo Era Real - Historias De Terror - REDE
REDE (Relatos Desclasificados)
La BRUJA Del Río: La Advertencia De Mi Abuelo Era Real - Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

0:05 Han pasado muchos años desde esa noche y todavía la recuerdo entera. No la recuerdo por lo que me contaron después, sino por lo que vi, por lo que sentí y por lo que hice. Salí por mi cuenta, desobedecí a mi abuelo y todo empezó ahí. Yo vivía con él desde niño. Era un hombre callado, firme y poco dado a repetir las cosas. Por eso, cuando me advirtió varias veces que no me acercara al río, después de las once de la noche, debía haberlo tomado en serio. No me lo dijo como un consejo ni como una recomendación. Me lo dijo como una orden. También me dejó claro que si escuchaba algo afuera, no saliera. Y que si alguien me llamaba desde el camino o desde el puente...

0:51 No respondiera. Yo tenía 17 años y me molestó que me hablara de esa manera. En ese tiempo me sentía más fuerte que el miedo y más listo que cualquier advertencia. Pensé que quería controlarme. Creí que estaba usando historias viejas para asustarme y evitar que anduviera de noche. Mi abuelo no discutía mucho, pero esa vez insistió más de lo normal. Me dijo que en nuestra familia ya había pasado algo grave y que él no iba a permitir que volviera a ocurrir. Yo le pregunté varias veces de qué estaba hablando, pero nunca quiso explicarlo completo. Siempre terminaba igual. Me decía que bastaba con obedecer. Esa noche cenamos en silencio. Yo seguía molesto y él se dio cuenta. Me miró varias veces, no con enojo, sino con atención. Terminó de comer, recogió la mesa, aseguró la puerta y se fue a su cuarto.

1:51 Esperé un rato y cuando dejé de oír movimientos dentro de la casa, me puse las botas, agarré una linterna y salí sin hacer ruido. No salí porque tuviera algo que hacer, no iba a buscar a nadie, no iba a cruzar el río y no iba a pescar. Salí porque quería demostrarle que estaba equivocado. El camino al puente lo conocía bien, lo había recorrido muchas veces de día, solo y acompañado, así que no necesitaba pensarlo para avanzar. Esa noche iba con seguridad, iba molesto, casi decidido a volver unos minutos después y decirle en la cara que no había pasado nada. La linterna alumbraba apenas lo suficiente para ver el suelo y las orillas del camino, pero no me preocupaba. Mi ánimo cambió cuando empecé a escuchar el río más cerca. No fue porque creyera de golpe en lo que me había dicho, sino porque todo estaba demasiado callado. No había ruido de animales ni de insectos, solo el sonido del agua. Seguí hasta el puente. Me detuve al llegar y alumbré hacia abajo. Vi el cauce oscuro, unas ramas atoradas cerca de la orilla y las tablas húmedas bajo mis pies. Pero nada más. Me quedé quieto un momento pensé que ya era suficiente, que podía regresar y dar por terminado el desafío, fue entonces cuando sentí el olor, era un olor fuerte, sucio, de agua estancada,

3:21 lodo y tela mojada, lo sentí primero y luego escuché un raspón detrás de mí, sobre la madera, fue un ruido breve y seco, muy cerca, me volteé de inmediato y no vi a nadie, Alcancé a dar un paso para regresar, pero el segundo ya no lo di. Algo me cayó encima por la espalda con todo el peso del cuerpo. Me cerró los brazos y me hundió contra las tablas del puente. Antes de entender qué estaba pasando, sentí las garras. Me abrió la espalda desde el hombro hasta más abajo de la mitad. El dolor me cortó la respiración y me tiró de rodillas. La linterna salió rodando y quedó a un lado encendida. Con esa luz vi una mano sujetando la camisa. Era una mano pálida, larga, con dedos huesudos y uñas grandes, curvas y oscuras en la punta. Traté de girarme para apartarla, pero me rasgó otra vez más arriba, cerca del cuello y de la nuca.

4:22 Grité e intenté arrastrarme hacia la linterna, pero el peso siguió pegado a mí. Sentía las rodillas clavadas en mis costados y una respiración rápida junto a mi oído. Alcancé a girar la cabeza lo suficiente para verle parte de la cara. Tenía los ojos rojos, la piel blanca y el pelo negro pegado al rostro. En ese momento entendí que no estaba forcejeando con una persona. Me soltó la espalda solo para cambiar de posición. Bajó al suelo del puente y me agarró de las piernas. Ahí la vi mejor. Tenía forma de mujer, era muy delgada y se movía encorvada. La ropa estaba mojada y llena de suciedad. Las manos eran lo peor. Tenía garras demasiado largas para ser humanas.

5:09 Me agarró un tobillo y empezó a jalarme hacia el borde del puente. Yo me prendí de una tabla con las dos manos. Pateé varias veces. Le pegué en los brazos y en el pecho, pero no la hice retroceder. Mi cuerpo avanzó sobre la madera y sentí como las uñas se me doblaban al tratar de sostenerme. Miré hacia abajo y vi el agua entre los huecos del puente. Ahí entendí que si me soltaba, me iba a arrastrar al río. Grité el nombre de mi abuelo. Lo grité una y otra vez. La bruja me hundió más las uñas en la pierna y siguió jalando. Una bota se me salió y ella tiró con más fuerza y me arrastró otro poco. Ya tenía medio cuerpo cerca del borde cuando escuché pasos corriendo desde el camino. Era mi abuelo.

5:58 Venía con una lámpara en una mano y el machete en la otra, y no se detuvo a preguntar nada. Apenas vio lo que estaba pasando, avanzó directo hacia nosotros. Me gritó que no la mirara a la cara y que me arrastrara hacia él. Yo traté de hacerlo, pero la bruja volvió a tirar de mi pierna y mi pecho golpeó otra vez contra las tablas. Mi abuelo se acercó más y levantó el machete. Ella alzó la cabeza y lo miró. Yo también lo miré a él y en ese instante sentí otro golpe, distinto al miedo. Mi abuelo no estaba sorprendido, estaba asustado, sí, pero no sorprendido. Sabía lo que tenía enfrente y sabía que esa noche podía llegar. Se acercó otro paso y sin dejar de mirar a esa cosa, me dijo que no debí salir, que eso era lo que llevaba años tratando de evitar.

6:51 Después me habló con más claridad y me dijo que la maldición venía buscando a los hombres de nuestra familia y que antes ya se había llevado a otro. Me dijo que por eso nunca me dejó ir solo al puente de noche y por eso me repitió tantas veces la advertencia. Yo le pedí que me sacara de ahí. Me respondió que iba a hacerlo, pero que ahora tenía que obedecer sin discutir. La bruja se movió de golpe, soltó mi pierna un instante y saltó sobre él. Mi abuelo alcanzó a cubrirse con el brazo y ella le abrió la manga y la carne. Él le tiró un machetazo y la hizo retroceder. Ese momento me dio un poco de espacio para moverme. Mi abuelo me gritó que me levantara y avanzara hacia él. Lo intenté, pero la pierna me tembló y apenas pude apoyarla. Di unos pasos torpes y volví a caer de lado. La bruja volvió a lanzarse hacia mí. pero mi abuelo se metió en medio y la enfrentó de frente. No retrocedió y no dudó, se plantó entre ella y yo, y entonces me ordenó que me apartara, que no me acercara a él y que no volviera al puente, pasara lo que pasara. Ahí entendí lo que ya había decidido, no estaba pensando solo en sacarme de ahí, estaba dispuesto a quedarse en mi lugar.

8:14 Mi abuelo no se movió cuando la bruja quedó frente a él, Tenía el brazo herido y respiraba con dificultad, pero seguía firme. Me ordenó que avanzara hacia la salida del puente y que no perdiera tiempo. Yo empecé a moverme arrastrando la pierna, sin dejar de mirarlos. Volvió a gritarme que siguiera y que esta vez obedeciera. Le oí la voz más dura que nunca. No repitió la orden y no tuvo que hacerlo. yo entendí que ya había decidido lo que iba a hacer y que no pensaba apartarse la bruja giró la cabeza hacia mí y dio un paso en mi dirección mi abuelo se atravesó de inmediato y lanzó el machete desde arriba ella se hizo a un lado con una velocidad brutal y el golpe pegó contra la madera antes de que mi abuelo pudiera recuperar bien la postura ella le cayó encima por la espalda Le clavó las garras bajo el hombro y le abrió la camisa. Yo escuché el rasgón de la tela y el golpe de su cuerpo contra las tablas. Mi abuelo se dobló, pero no cayó. Metió la mano hacia atrás, la alcanzó del pelo y se echó con fuerza contra una viga. El choque la hizo soltar un chillido corto.

9:31 Mi abuelo aprovechó ese segundo para girarse y volver a quedar frente a ella. Yo seguía avanzando, pero iba muy lento. La pierna me fallaba y la espalda me ardía con cada movimiento. Aún así, seguí. No había dado ni unos cuantos pasos cuando volteé otra vez. La bruja ya estaba en el suelo, agachada, y le había agarrado una pierna. Mi abuelo trató de zafarse y bajó el machete hacia su brazo. No sé si la hirió, pero ella soltó la pierna y saltó de nuevo. Esta vez le cayó directo al pecho. Lo tiró de espaldas. levantó el brazo sano para cubrirse la cara y ella le rasguñó el cuello la mejilla y la parte alta del pecho vi la sangre en la camisa vi también que todavía seguía peleando giró el cuerpo empujó con una rodilla y logró apartarla lo suficiente para tomar aire entonces me miró me gritó que corriera de una vez y que no lo obligara a perder lo único que todavía podía salvar esas palabras me sacaron del puente bajé como pude pues no corría bien tropezaba me apoyaba en los postes y sentía que la pierna se me doblaba detrás de mí seguían sonando golpes arrastres y madera crujiendo alcancé a escuchar a mi abuelo una vez más no oí todo pero entendí una parte le dijo que me dejara salir y que lo tomara a él después escuché otro grito esta vez

11:05 de dolor y ya no me atreví a volver la cabeza Llegué hasta la primera casa del camino y golpeé la puerta con las dos manos. Me abrió un vecino. Apenas me vio, me sostuvo del brazo antes de que me fuera al suelo. Yo traté de hablar rápido y le dije que mi abuelo seguía en el puente y que una mujer lo estaba atacando. Usé esa palabra porque todavía no podía decir otra. El vecino llamó a su hijo y a otros hombres de la casa de al lado. salieron con lámparas una soga y una escopeta vieja yo quise ir con ellos me paré di unos pasos y el dolor me dobló me sentaron en una silla y uno de ellos me apretó la pierna con un trapo para cortar la sangre yo seguía repitiendo que se apuraran que no lo dejaran solo que todavía estaba vivo los hombres salieron enseguida yo me quedé oyendo sus pasos alejarse y mirando hacia el camino Pasó poco tiempo, pero a mí se me hizo eterno. Cuando regresaron, no traían a mi abuelo. Venían callados. Uno cargaba el machete y otro traía la lámpara rota. El vecino me dijo que en el puente había mucha sangre, marcas de arrastre y pedazos de tela, pero que no habían encontrado el cuerpo. También me dijo que habían buscado en la orilla y entre las piedras cercanas, pero la oscuridad no dejaba ver nada.

12:34 y bajar hasta el agua era demasiado peligroso. Yo traté de levantarme otra vez, pero no pude. La pierna ya casi no me respondía y el mareo me tumbó de nuevo en la silla. No dormí esa noche. Me quedé oyendo a los hombres entrar y salir, abrir puertas, hablar en voz baja y volver con las botas llenas de lodo. Cada vez que entraban, yo levantaba la cabeza, esperando verlo detrás de ellos. Nunca entró. Al amanecer encontraron primero su gorra cerca de la orilla. Más tarde hallaron un pedazo de camisa atorado entre ramas. El cuerpo apareció río abajo. Yo no fui a verlo. No me dejaron levantarme. Dijeron que estaba perdiendo mucha sangre y que si me movían iba a empeorar. No hacía falta verlo para entender lo que había pasado. Mi abuelo se quedó en el puente para que yo saliera y pagó con su vida. Pasé varios días con fiebre, me cosieron la pierna y me vendaron la espalda. Los cortes tardaron mucho en cerrar y algunos se abrieron otra vez antes de sanar bien. Años después sigo teniendo cuatro cicatrices largas en la espalda y dos marcas profundas en la pierna. Los médicos escribieron que eran heridas hechas por algo afilado, pero nadie me preguntó más.

13:56 En el pueblo se dijo que mi abuelo cayó al río tratando de rescatarme. Algunos aceptaron esa versión y siguieron con su vida. Otros no dijeron nada. Los más viejos evitaban mirarme cuando se hablaba del puente. Yo entendí el motivo con el tiempo. Después supe que mi abuelo no me mintió. En la familia ya había pasado algo parecido. Un hermano suyo desapareció cerca de ese mismo río cuando era joven. también supe que desde entonces él evitó ese puente de noche y nunca dejó que yo me acercara solo todo eso explica sus advertencias pero no cambia lo principal yo salí sabiendo que me lo había prohibido y lo desobedecí por orgullo esa decisión lo llevó hasta el puente y esa misma decisión le costó la vida nunca me pude quitar esa verdad de encima la culpa no se va uno aprende a cargarla y nada más. Durante mucho tiempo me desperté sobresaltado al sentir un roce en la espalda. Dejé de pasar por puentes de noche, dejé de acercarme a ríos y dejé de dormir tranquilo cuando oía agua correr cerca. También decidí no tener hijos, no quise dejarle a nadie de mi sangre la posibilidad de cargar con lo mismo. Esa decisión la tomé muchos años después con la cabeza fría y nunca la cambié. hay gente que cree que los recuerdos se deforman con el

15:26 tiempo en algunas cosas puede ser cierto en esto no yo recuerdo la advertencia de mi abuelo que me dijo que no saliera recuerdo el peso de ese cuerpo sobre mi espalda las garras entrando en la piel y el tirón en las piernas hacia el borde sus ojos rojos la piel pálida y la fuerza con la que me arrastró recuerdo a mi abuelo llegando al puente viéndolo todo de golpe y entrando sin vacilar recuerdo que me sacó de ahí y se quedó en mi lugar, esa noche me salvó la vida y me dejó una carga que no termina, yo seguí viviendo, él no, todo pasó porque quise demostrar que sabía más que él, esa es la verdad, por eso la cuento así, fui al río después de la hora que me prohibieron, la bruja me atacó y mi abuelo me rescató, luego murió por mí, Yo me arrepentí esa misma noche y no he dejado de arrepentirme desde entonces.