La Bruja Del Pozo Vino Por Mi Familia - Historias De Terror - REDE
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0:05 En octubre de 2019, mi familia se mudó a la casa que habÃa pertenecido a mis abuelos. Ãramos seis, mi padre, mi madre, mi hermana Nadia, mi hermano Roberto, mi abuela MarÃa y yo. La casa llevaba varios años cerrada. Mi padre reparó algunas puertas, limpió el patio y cambió las cerraduras. En el fondo habÃa un pozo cubierto con una placa de concreto. Mi abuela nos pidió que no la moviéramos. Dijo que el pozo estaba seco desde hacÃa décadas y que no habÃa razón para abrirlo. Durante la mudanza, ella se quedó cerca de la puerta trasera y vigiló el patio. Roberto se acercó al pozo y mi abuela le ordenó que regresara. Mi padre le pidió que se calmara, pero ella tomó al niño del brazo y lo llevó hasta la casa. Creà que temÃa que se lastimara, asà que no le di importancia. Los primeros dÃas pasaron sin problemas.
1:01 Después comenzó a aparecer un olor desagradable en el pasillo durante la madrugada. Mi padre revisó el baño, la cocina y las tuberÃas, pero no encontró el origen. Al abrir las ventanas, el olor desaparecÃa, pero a la noche siguiente regresaba frente al cuarto de mi abuela. Roberto fue el primero que habló de una mujer. Una noche entró llorando al cuarto de mis padres y dijo que alguien se habÃa sentado junto a su cama. Mi madre intentó tranquilizarlo, pero él insistió. Describió a una mujer con el cabello mojado y las manos cubiertas de tierra, y aseguró que lo habÃa observado sin hablar. Mi padre revisó el cuarto, el armario y el patio. Las puertas estaban cerradas y las ventanas tenÃan puesto el seguro. Dos noches después, Nadia encontró huellas de pies en el corredor. La tierra empezaba frente a la puerta trasera y terminaba en el cuarto de mi abuela, sin marcas de regreso. Mi padre comprobó la cerradura. Entramos y encontramos a mi abuela despierta, sentada contra la cabecera. Dijo que una mujer habÃa entrado y le habÃa apretado la muñeca. TenÃa cuatro moretones oscuros alrededor del brazo. Mi madre quiso llevarla a una clÃnica, pero ella se negó y nos pidió que saliéramos. A partir de esa noche, mi abuela dejó una silla contra la puerta, mantuvo la luz encendida y evitó cruzar el patio. Mi
2:32 padre le preguntó qué sabÃa. Ella respondió que habÃa cosas enterradas en esa casa y que debÃan permanecer donde estaban. Cuando él le exigió una explicación, mi abuela bajó la voz y dijo que hablar podÃa atraer de nuevo a la bruja. La noche siguiente, encontramos una gallina muerta frente a la entrada. La gallina tenÃa el cuerpo abierto. Dentro habÃa un pedazo de tela con el nombre de mi madre escrito a mano. Mi padre recogió todo con una bolsa, lo llevó fuera del terreno y lo enterró. Al regresar, instaló una cámara en el pasillo y otra junto a la puerta trasera. Mi madre quiso que nos fuéramos, pero él respondió que primero necesitaba saber quién estaba entrando. Tres dÃas después, la cámara del pasillo registró movimiento frente al cuarto de mi abuela. La puerta se abrió despacio, aunque el corredor estaba vacÃo. Una mano salió desde la oscuridad, dejó un mechón de cabello en el suelo y volvió a entrar. Mi padre corrió hacia el cuarto. Mi abuela estaba acostada con los ojos abiertos y la respiración agitada.
3:40 Dijo que la misma mujer se habÃa inclinado sobre ella y le habÃa preguntado en dónde estaban sus hijos. El mechón no pertenecÃa a mi abuela. Estaba cubierto de tierra y tenÃa un hilo rojo atado en un extremo. Mi madre pidió que saliéramos esa noche, pero mi padre decidió esperar hasta el amanecer porque mi abuela apenas podÃa caminar y Roberto se habÃa quedado dormido. Cerró las puertas, colocó muebles frente a las entradas y se sentó en la sala con una linterna. Yo me quedé despierto con él. Mi madre y Nadia estaban con Roberto. Durante un rato escuchamos el viento y los movimientos de mi abuela al otro lado del pasillo. Después sonaron tres golpes dentro de su habitación. Mi padre llegó primero y encontró la puerta cerrada desde dentro. Mi abuela gritó una vez. Mi padre golpeó la madera con el hombro hasta romper el seguro.
4:37 La encontramos en el suelo, junto a la cama, con sangre en la boca y la muñeca torcida. La ventana seguÃa cerrada. En la pared habÃa cinco lÃneas trazadas con tierra húmeda, y debajo estaba escrito otra vez el nombre de mi madre. Mientras la levantábamos, Roberto apareció en la puerta, señaló una esquina y dijo que la mujer seguÃa ahÃ, Ninguno de nosotros vio a nadie. Roberto retrocedió, chocó con la pared y repitió que la mujer tenÃa varios dientes afilados. Mi abuela dejó de resistirse cuando lo escuchó. Esperó a que mi padre sacara a Roberto y me pidió que cerrara la puerta. Me contó que una mujer llamada Jacinta habÃa trabajado en la casa muchos años antes. AtendÃa animales, curaba heridas y preparaba remedios. Algunas personas del pueblo también la buscaban para perjudicar a otros, aunque mi abuela afirmó que nunca vio lo que hacÃa. Jacinta tenÃa una cicatriz profunda en la barbilla y varios dientes afilados. Según ella, habÃa desaparecido después de una pelea con mi abuelo. Le pregunté por qué estaba segura de que era Jacinta. Mi abuela respondió que la habÃa visto junto a su cama y que reconoció la cicatriz. Después me sujetó la mano y me pidió que impidiera que mi padre abriera el pozo.
6:00 Admitió que mi abuelo habÃa enterrado algo ahà y que todos corrÃamos peligros y lo sacábamos. Antes de que pudiera preguntarle qué habÃa bajo la placa, escuchamos un golpe en el patio. Mi padre habÃa salido por la puerta trasera y estaba frente al pozo. La placa se habÃa movido varios centÃmetros. Sobre el concreto habÃa cinco marcas recientes. hechas por dedos cubiertos de tierra. A la mañana siguiente, mi padre llamó a mi tÃo JoaquÃn. Entre los dos empujaron la placa hasta dejarla sobre el pozo y colocaron encima herramientas. Mi madre empezó a guardar ropa en unas bolsas. QuerÃa sacar a Roberto y a Nadia antes de que anocheciera, pero mi abuela se opuso. Dijo que irnos no servirÃa, porque la mujer ya sabÃa quiénes éramos y podÃa seguirnos.
6:52 Mi padre perdió la paciencia y le exigió que contara todo sin ocultar nada más. Mi abuela esperó hasta que Nadia llevó a Roberto a otra habitación. Después se sentó junto a la mesa y admitió que Jacinta nunca se habÃa marchado. Mi abuelo la encerró tras la muerte de una mujer y de su hijo durante un parto. Jacinta explicó que la mujer llegó muy débil y y que la hemorragia no se detuvo, pero mi abuelo la acusó de provocar ambas muertes mediante uno de sus trabajos. Durante dos dÃas, mi abuelo y otro hombre golpearon a Jacinta para obligarla a confesar. La segunda noche la sacaron al patio, levantaron la placa y la bajaron al pozo con una cuerda.
7:38 Mi abuela sostuvo una lámpara. Jacinta seguÃa consciente, pidió agua, llamó por su nombre a cada persona presente. y dijo que regresarÃa por los hijos de la familia. Después, mi abuelo cubrió el pozo y obligó a mi abuela a ayudarlo. Mi padre le preguntó qué habÃa dentro de la caja. Ella respondió que mi abuelo la encontró en el cuarto de Jacinta y la arrojó al pozo esa misma noche. HabÃa fotografÃas, cabello, cordones, frascos y huesos pequeños. Aseguró que esos objetos probaban que Jacinta practicaba brujerÃa Mi abuela nunca abrió la caja y no sabÃa de dónde habÃan salido las fotografÃas. Mi madre insistió en que debÃamos marcharnos y dejar la casa cerrada, pero mi padre dijo que la placa ya se habÃa movido sola y que no bastaba con poner peso encima. QuerÃa sacar los restos de Jacinta y enterrarlos lejos del pozo. Mi tÃo estuvo de acuerdo.
8:38 Mi abuela les pidió que no tocaran la caja y se puso frente a la puerta del patio. Mi padre la apartó y le dijo que no podÃan esperar otro ataque. Retiraron las herramientas y levantaron la placa con una barra. El olor del pasillo salió del pozo con mayor fuerza. Mi padre ató una lámpara a una cuerda y la bajó hasta el fondo. Desde el borde distinguimos huesos humanos, restos de ropa y una caja de metal cubierta de óxido. Alrededor habÃa frascos rotos, cabello y cordones anudados con hilo rojo. Mi tÃo colocó una escalera y descendió. Mi padre sostuvo la parte superior mientras yo iluminaba el interior. JoaquÃn sacó los huesos, luego subió la caja y la dejó en el suelo. Mi madre cubrió los restos con una sábana.
9:29 Mi abuela miraba desde la puerta, con las manos cerradas sobre el pecho. Mi padre abrió la caja con una herramienta. Dentro encontró fotografÃas antiguas de la familia. En unas aparecÃa mi abuelo joven, en otras estaba mi madre cuando era niña. Todos los rostros tenÃan los ojos perforados. Debajo habÃa un pedazo de tela con nuestros nombres. El de mi abuela estaba tachado. Junto al de mi madre habÃa cinco lÃneas, y los demás estaban escritos en una columna. Mi padre guardó la tela dentro de la caja. Mi abuela cayó de rodillas. Dijo que Jacinta habÃa marcado primero a mi madre y que después seguirÃa con los demás. Mi padre llevó los restos a una parte del terreno y comenzó a cavar. Mi tÃo iba a ayudarlo cuando la escalera cayó dentro del pozo. pero nadie la habÃa tocado. Mi madre pidió que dejaran todo, pero mi padre terminó la fosa, colocó los restos, cubrió la tierra y puso una cruz de madera. Luego cerró la caja y decidió llevarla con nosotros.
10:35 Esa tarde nos instalamos en la casa de mi tÃo. Mi padre guardó la caja en una bodega y cerró la puerta con llave. Durante la cena, Roberto miró detrás de mi madre y preguntó por qué la mujer estaba ahÃ. Todos volteamos. No vimos a nadie, pero mi madre se llevó una mano al cuello y dijo que alguien acababa de tocarla. Cuando apartó los dedos, vimos cinco marcas rojas. Nadia y yo nos quedamos en la sala con Roberto. Mis padres ocuparon un cuarto cercano y mi abuela se acostó junto a ellos. Nadie consiguió dormir. Más tarde, escuchamos pasos en el corredor. Mi madre salió del cuarto con la cabeza baja y avanzó hacia nosotros. Mi padre la llamó varias veces, pero ella siguió caminando. Cuando levantó la cara, tenÃa tierra alrededor de la boca. Se dirigió a Roberto y extendió las manos. Mi padre la sujetó por detrás antes de que llegara a la cama, aunque ella forcejeó y logró golpearlo en el rostro. Mi tÃo encendió la luz.
11:39 Mi madre dejó de resistirse, miró sus manos y preguntó por qué estaban sucias. Mientras tratábamos de tranquilizarla, una puerta golpeó al final del corredor. La bodega estaba abierta, la cerradura seguÃa puesta, pero la madera se habÃa partido alrededor y la caja habÃa desaparecido. Mi abuela señaló la puerta trasera. Un rastro de tierra húmeda cruzaba el patio y continuaba por el camino. Mi padre tomó una linterna y salimos detrás de él. Las marcas nos llevaron hasta nuestra casa. Atravesaron el terreno y terminaron en el pozo. La placa estaba apartada y la caja habÃa vuelto al fondo. Mi abuela se acercó al borde antes de que pudiéramos detenerla.
12:24 Mi madre la sujetó por un brazo, pero ella se soltó y dijo que Jacinta querÃa que bajara sola. Desde el interior llegó una voz de mujer. No entendà todas las palabras, aunque escuché con claridad el nombre de mi madre, el de Roberto y el mÃo. Mi padre apartó a mi abuela del borde y la llevó de regreso a la casa. Ella pedÃa que la dejaran volver y repetÃa que Jacinta no se irÃa hasta que alguien bajara. Mi tÃo colocó otra vez la placa sobre el pozo. Nadie quiso recuperar la caja. Cerramos la casa y nos quedamos juntos. Mi madre tenÃa fiebre. Se limpiaba las uñas, pero la tierra seguÃa apareciendo debajo. No recordaba haber salido del cuarto ni haber caminado hacia Roberto. Cuando vio las marcas de su cuello, comenzó a llorar y pidió que la sujetáramos si intentaba levantarse otra vez. Mi padre se quedó a su lado. Mi abuela explicó por qué el nombre de mi madre estaba marcado. Cuando era niña, habÃa salido al patio mientras Jacinta seguÃa dentro del pozo. Se acercó a la abertura y escuchó sus gritos. Antes de que mi abuelo la sacara de ahÃ, Jacinta alcanzó a decir su nombre y mi madre tuvo pesadillas durante años y después dejó de recordarlas. Nadia preguntó por los demás nombres escritos en la tela. Mi abuela dijo que mi abuelo habÃa encontrado fotografÃas y prendas de la familia entre las cosas
13:55 de Jacinta. Después de encerrarla, metió esos objetos en la caja y los arrojó al pozo No sabÃa qué habÃa hecho Jacinta con ellos, pero estaba segura de que los nombres nos unÃan a todos con la casa. Mi padre la acusó de habernos llevado ahà sabiendo lo ocurrido. Mi abuela admitió que antes de la mudanza soñó varias veces con el pozo abierto. Escuchaba a Jacinta pedirle que regresara con los hijos de la familia. Obedeció porque creyó que asà dejarÃa tranquilos a los demás. La luz se apagó mientras hablaba. En la oscuridad escuchamos el roce de una silla y luego la puerta trasera. Mi padre encendió una linterna y la silla de mi abuela estaba vacÃa. Salimos al patio y ella caminaba descalza hacia el pozo. Mi padre la alcanzó antes de que tocara la placa, pero mi abuela se volvió y le arañó la cara. Mi madre avanzó para ayudarlo, pero se detuvo y miró hacia el otro lado. Entonces vimos a Jacinta. TenÃa el cabello pegado al rostro, la barbilla abierta por una cicatriz y varios dientes afilados. Su ropa estaba cubierta de tierra. No habló.
15:08 Miró a mi abuela y señaló la placa. Mi abuela dejó de luchar y dijo que debÃa abrir el pozo y bajar sola. Mi padre respondió que no lo permitirÃa. Jacinta giró la cabeza hacia mi madre. Ella soltó a mi padre, miró a Roberto y avanzó hacia él. Nadia tomó a Roberto y corrió hacia la casa. Mi madre fue detrás. Yo la alcancé en el corredor y la sujeté por los brazos. Intentó morderme, se soltó una mano y me golpeó la cabeza contra la pared. Mi padre entró, logró separarla y encerró a Roberto con Nadia en una habitación. Cuando regresamos al patio, mi abuela ya no estaba. Mi tÃo permanecÃa en el suelo, con sangre en la frente, y dijo que algo lo habÃa empujado cuando trató de sujetarla.
15:58 La placa estaba apartada. Mi padre y yo miramos dentro. La caja seguÃa en el fondo, y junto a ella estaba mi abuela, de pie, con la cabeza inclinada. No habÃa escalera, pero mi padre se ató una cuerda a la cintura y lo ayudamos a bajar. La encontró viva, con tierra en la boca y marcas oscuras en las muñecas. Cuando intentó levantarla, mi abuela abrió los ojos y le advirtió que Jacinta estaba detrás. Mi padre alcanzó a voltearse, recibió un golpe en la espalda y cayó de rodillas. Tiramos de la cuerda hasta sacarlo, pero mi abuela quedó abajo.
16:38 Mi tÃo bajó después y gritó que los huesos también estaban ahÃ. Eran los mismos que mi padre habÃa enterrado durante la mañana, amontonados junto a la caja y cubiertos con tierra fresca. Mi tÃo JoaquÃn sujetó a mi abuela por debajo de los brazos y nosotros tiramos de la cuerda hasta sacar a los dos. Mi abuela ya no respiraba. La llevamos a la sala y tratamos de limpiarle la boca. TenÃa tierra en la garganta, las uñas rotas y las muñecas inflamadas. Mi padre buscó el teléfono para pedir ayuda. pero mi madre se lo quitó y lo lanzó contra la pared. Después se arrodilló junto al cuerpo, tomó tierra de su ropa y comenzó a extenderla sobre su cara.
17:22 Mi padre la apartó, pero ella gritó con una voz ronca, repitió nuestros nombres y trató de entrar al cuarto de Roberto. Mi tÃo y yo la sujetamos hasta que perdió el conocimiento. Salimos de la casa antes del amanecer, dejamos la caja y los huesos dentro del pozo, Volvimos a cubrirlo y no regresamos por nuestras cosas. Mi abuela fue enterrada dÃas después. Mi madre quedó al cuidado de unos familiares porque despertaba con tierra en las manos y trataba de salir durante la noche. Cuando la detenÃan, decÃa que una mujer la esperaba junto al pozo. Mi padre no volvió a la casa. Roberto siguió viendo a Jacinta junto a las puertas y después al lado de su cama. Nadia y yo instalamos una cámara en su cuarto. Una madrugada la grabación mostró a mi madre entrando, aunque ella estaba en otra ciudad.
18:16 Se acercó a Roberto y se quedó junto a la cama. Jacinta apareció detrás, señaló a Roberto y luego apuntó hacia la puerta donde yo dormÃa. A la mañana siguiente encontré cinco marcas de tierra sobre la madera. Debajo estaba escrito mi nombre. Limpié la puerta y cambié la cerradura. Pero dos dÃas después, las marcas aparecieron dentro de mi habitación. Desde entonces, Nadia, Roberto y yo dormimos en el mismo cuarto. Mi madre sigue al cuidado de la familia. Mi padre vive aparte y la casa permanece cerrada. Nadia ha retirado la caja ni los huesos del pozo. La última grabación que conservamos muestra a Jacinta junto a Roberto. Permanece durante varios minutos y después gira la cabeza hacia mi cama donde levanta la mano como si intentara agarrarme.
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