July 17, 2026

La Bruja Del Pozo Que Maldecía El Ganado - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Me llamo Mateo Larios y todavía recuerdo muy bien que en 2018 estudiaba medicina veterinaria en Guadalajara. Para terminar la carrera acepté hacer mi servicio social en una granja del sur de Sonora. La propiedad se llamaba El Mesquite y pertenecía a Ernesto Valdés, quien criaba vacas, cabras, cerdos y gallinas. Me recibió y me llevó a Los Corrales, porque desde hacía meses nacían animales con deformidades. Habían perdido cuatro becerros y tres cabritos. Algunos tenían la mandíbula incompleta, otros las patas torcidas, y uno había nacido con una abertura en el abdomen. Casi todos murieron poco después del parto. Ernesto quería una explicación concreta. Por eso me pidió revisar el alimento, el agua, los medicamentos, los toros y los potreros. Empecé por ordenar los registros, aunque muchos estaban incompletos. Faltaban fechas de monta, cambios de corral y controles del agua cuando fallaba la bomba principal. Confirmé que las madres de los animales afectados habían pasado por el mismo corral durante varias semanas.

1:18 En ese periodo, los trabajadores llevaron agua de un pozo de la propiedad. La usaban cuando la bomba dejaba de funcionar y llenaban los bebederos con cubetas. Pedí que desde entonces se anotara cada cambio de alimento, cada movimiento de los animales y cada uso del pozo. Los registros anteriores dependían de Don Hilario, el encargado de los corrales, un hombre de más de 70 años. Cuando le pregunté cuándo comenzaron los nacimientos anormales, me habló de Candelaria, una anciana que vivía cerca del pozo. Don Hilario dijo que era una bruja, que así le llamaban en el poblado, y que ella caminaba alrededor de los corrales durante la noche, que los perros ladraban hacia su casa y que las vacas golpeaban las cercas cuando la veían. También aseguró que había encontrado cubetas junto a los bebederos y que Candelaria preparaba remedios con plantas y restos de animales. Me pidió que no me acercara y que evitara mirarla a los ojos. Le pregunté si la había visto entrar en la granja tocar a los animales o poner algo en el alimento. Admitió que nunca la había sorprendido dentro de los corrales. Su acusación dependía de rumores y de la conducta de los animales, así que anoté lo que dijo y seguí trabajando. En el corral de las vacas preñadas encontré alimento húmedo pegado al fondo de un comedero. La mezcla contenía hojas molidas

2:49 y semillas ajenas a la ración. Pregunté quién la había puesto ahí, pero los trabajadores dijeron que el comedero estaba limpio el día anterior. Guardé una muestra, tomé agua del bebedero y del pozo y envié todo al laboratorio. Después, revisé los corrales al terminar la jornada. Los perros seguían ladrando hacia el pozo y las cabras se agrupaban contra la puerta cuando alguien caminaba cerca. Una noche, vi a Candelaria con una cubeta mientras caminaba entre su casa y el pozo. Le pregunté qué hacía ahí y respondió que necesitaba agua. Le pedí que no se acercara a los corrales, no discutió y regresó a su casa. A la mañana siguiente encontré semillas junto a la cerca. Podían haber caído de una cubeta o haber llegado con el viento, de modo que las guardé sin acusar a nadie. Don Hilario insistió en que Candelaria había intentado entrar, pero Ernesto le pidió que dijera que había visto. Él solo repitió que los animales se alteraban cuando ella aparecía. Poco después, una cabra comenzó el parto. La primera cría nació sana. La segunda tenía el cuello rígido, parte de la boca sin formar y una masa de tejido en la cabeza. Respiró unos minutos. La madre intentó limpiarla y después se apartó.

4:12 Hice la necropsia y encontré alteraciones en el cráneo y el paladar. El daño se había producido durante la gestación, no durante el parto. Don Hilario observó el procedimiento desde la puerta y cuando terminé aseguró que había visto a Candelaria cerca del corral la noche anterior. Ernesto se molestó, le exigió que dejara de culparla sin pruebas y luego me pidió revisar el pozo y sus alrededores. Fuimos juntos y encontramos una cubeta con hojas cortadas, semillas y grasa animal. Cerca había restos parecidos a los del comedero. Ernesto afirmó que ninguno de sus trabajadores usaba esos materiales. Candelaria estaba frente a su casa, por lo que nos acercamos para preguntarle.

4:59 Era una mujer de edad avanzada, tenía las uñas largas y varios dientes rotos y oscuros, pero hablaba con claridad. Ernesto le mostró la cubeta y quiso saber si era suya. Candelaria respondió que recogía plantas para preparar remedios y que a veces dejaba recipientes junto al pozo. También dijo que los animales se enfermaban porque sus dueños no los cuidaban bien. Le pregunté qué plantas utilizaba y mencionó algunas especies comunes, pero dejó de responder cuando le mostré una de las semillas recogidas en el corral. Tomó la cubeta, entró en su casa y terminó la conversación. Ernesto le indicó que podía seguir usando el pozo, pero debía mantenerse lejos de los bebederos, la bodega y los animales. Los resultados del laboratorio llegaron una semana después. En el alimento húmedo y en el agua del bebedero encontraron restos de una planta tóxica, capaz de causar deformidades si una hembra gestante la consumía durante una etapa específica del embarazo. La misma sustancia apareció en el agua del pozo, aunque en menor cantidad, mientras que el alimento de la bodega estaba limpio. El informe confirmaba la exposición, pero no señalaba quién había colocado la planta en el comedero, ni demostraba que todos los nacimientos tuvieran la misma causa. Ernesto cerró el acceso al pozo, vació los bebederos, cambió el alimento y trasladó a las

6:30 hembras gestantes a otro corral. También prohibió que los trabajadores utilizaran remedios preparados fuera de la granja. Nacieron dos becerros sanos y los animales se mantuvieron tranquilos. Después, una cabra perdió la gestación y expulsó una cría con una alteración en la columna. Revisé la fecha de monta y comprobé que la madre había bebido agua del pozo antes de que Ernesto cerrara el acceso. El daño se había producido meses antes, por lo que las medidas nuevas no podían corregirlo. Días más tarde, el bebedero de las cabras apareció cubierto por una capa de grasa. La puerta seguía cerrada, pero debajo de la cerca había un espacio por donde una persona podía pasar agachada. Seguimos unas huellas hasta el pozo y terminaban cerca de la casa de Candelaria. Rubén, uno de los trabajadores, dijo que había escuchado una cubeta. y visto a una persona caminar hacia ese lugar, aunque solo distinguió una falda larga. Ernesto decidió hablar otra vez con Candelaria, y nos pidió a don Hilario y a mí que lo acompañáramos. La encontramos dentro de su casa, y en el suelo había bolsas con plantas y sobre una mesa, un recipiente con grasa parecida a la del bebedero. Ernesto le preguntó si había entrado en la granja. Candelaria lo negó y respondió que cualquiera podía conseguir plantas y grasa.

7:58 Don Hilario perdió la calma y la acusó de enfermar a los animales. Ella lo miró sin bajar la vista y dijo que él también había llevado agua del pozo a los corrales y que sabía lo que había dentro. También dijo que si seguía se iba a arrepentir y se rió de manera burlesca. Ernesto dejó de preguntarle a Candelaria y se volvió hacia Don Hilario. Le preguntó cuántas veces había usado el agua del pozo durante esos meses. Don Hilario admitió que la llevaba a los corrales, cada vez que fallaba la bomba principal, sin anotarlo. También reconoció que algunas veces había visto hojas flotando en el agua y que se limitaba a retirarlas antes de llenar las cubetas.

8:41 Yo le pregunté si había usado algún remedio preparado por Candelaria. Primero dijo que solo aceptó una mezcla. para los parásitos de las cabras pero después admitió que también la usó en dos vacas y otros animales con diarrea vertía una parte en el agua y guardaba el resto en la bodega sin registrar las cantidades ni las fechas Ernesto quiso saber por qué había ocultado esa información Don Hilario respondió que temía perder el trabajo y que nunca pensó que el preparado pudiera dañar a las crías Candelaria sonrió y dijo que sabía más de lo que estaba dispuesto a contar. Don Hilario dio un paso hacia ella, pero Ernesto se atravesó y nos ordenó regresar a la granja. En los corrales revisé con él las fechas de cada tratamiento. Sus respuestas cambiaron. Primero habló de tres cabras y dos vacas.

9:36 Después aceptó que la dio a otros animales. También reconoció que entregaba alimento, sal y grasa a Candelaria a cambio de sus preparados. Ernesto lo apartó del manejo de las hembras gestantes y le pidió que nos mostrara los recipientes que había utilizado. Don Hilario dijo que los había tirado. Su declaración explicaba parte de los casos, pero no la mezcla hallada en el bebedero después del cierre del pozo. Don Hilario insistió en que ya no usaba los preparados cuando yo llegué a la granja. Esa noche faltó a la revisión de los corrales. Su habitación estaba vacía. pero el sombrero, el machete y la ropa seguían ahí. Ernesto reunió a los trabajadores y salimos a buscarlo. Revisamos los potreros, el camino y la zona cercana al pozo. Lo encontramos en el suelo, con una herida en la cabeza, heridas como de garras en el cuerpo y tierra debajo de las uñas. Cerca había una cuerda, una cubeta rota y varias plantas aplastadas. Aún respiraba, por eso lo llevamos a una clínica de álamos, donde murió al día siguiente sin recuperar la conciencia. Nadie vio lo ocurrido. Cuando volvimos a la granja, Candelaria ya no estaba. Su casa estaba vacía y sus pertenencias habían desaparecido. Solo quedaron bolsas con plantas y dos recipientes con grasa. Ernesto mandó cubrir el pozo, cerró la casa y suspendió la reproducción de los animales.

11:07 Varios trabajadores renunciaron, pero yo continué hasta terminar mi servicio social. Revisé las hembras gestantes, controlé el alimento desde la bodega hasta los comederos, y confirmé que nadie volviera a usar el agua del pozo. Ernesto y yo revisamos el lugar donde don Hilario guardaba los preparados. Encontramos frascos vacíos y una libreta con nombres de animales, cantidades y marcas hechas junto a varias fechas. Algunas anotaciones coincidían con los partos anormales. La libreta demostraba que don Hilario había administrado mezclas a más animales de los que reconoció. En algunos casos aparecía una cantidad, en otros solo había una raya junto al nombre de la vaca o la cabra. No se indicaba quién había preparado las sustancias, pero quedaba claro que había ocultado información importante. Antes de irme, nació otro becerro con la mandíbula incompleta La madre llevaba semanas en el corral nuevo y solo había bebido agua de la bomba principal.

12:12 Revisé sus registros y comprobé que durante el primer mes de gestación había permanecido en el corral antiguo, cuando don Hilario usaba agua del pozo. La fecha coincidía con el periodo en que la planta tóxica podía afectar la formación del feto. Ese caso tenía una explicación médica, porque la exposición había ocurrido meses antes del nacimiento. Aún así, varios hechos seguían sin encajar. Alguien había colocado la mezcla en el comedero. Don Hilario había usado preparados de Candelaria y ocultado las dosis, y después del cierre del pozo apareció otra sustancia en el bebedero. También estaba su muerte junto al pozo, ocurrida poco después de discutir con ella, y la salida de Candelaria esa misma noche. Ernesto decidió cerrar la granja al terminar la temporada, y me pidió que redactara un informe con los resultados del laboratorio, los nacimientos, los movimientos de los animales y las declaraciones de los trabajadores.

13:14 Escribí que la causa más probable de las deformidades era la exposición de las hembras gestantes a una planta tóxica. También señalé las fallas en el control del agua, el alimento y los registros. No acusé a nadie porque las pruebas confirmaban la presencia de las sustancias. pero no identificaban a la persona que la había colocado. Regresé a Guadalajara, terminé la carrera y traté de dejar el asunto atrás. Meses después, Ernesto me llamó para que revisara el último grupo de animales antes de cerrar la propiedad. Cuando volví, la granja estaba casi vacía, la casa de Candelaria seguía desocupada y el pozo permanecía cubierto. Revisé tres vacas y cinco cabras, todas sin signos de enfermedad. Después entré en la bodega y encontré un costal abierto, con alimento mezclado con hojas y semillas iguales a las analizadas meses antes.

14:11 El costal pertenecía a un lote comprado después de la muerte de don Hilario. Ernesto aseguró que había llegado cerrado y que nadie debía haberlo abierto. Ninguno de los trabajadores recordó quién tocó el costal. Ernesto sostuvo que solo él tenía la llave de la bodega, aunque uno de los hombres dijo que don Hilario había guardado una copia antes de morir. Revisamos el resto del alimento y no encontramos otra mezcla contaminada. Retiramos el costal, limpiamos la bodega y separamos a los animales. Esa misma tarde, una cabra que aún no llegaba al final de la gestación comenzó a sangrar y expulsó una cría con las patas torcidas y el abdomen abierto. La madre sobrevivió. Guardé muestras del alimento, del agua y de los tejidos. Luego las llevé a Guadalajara para analizarlas. El laboratorio volvió a detectar la misma planta tóxica en una concentración mayor. La sustancia había llegado al alimento. aunque nunca pudimos establecer cuándo se mezcló ni quién tuvo acceso al costal. Tampoco pude determinar si don Hilario había actuado por descuido, por miedo o mediante un acuerdo con Candelaria. Ernesto cerró el mezquite ese mismo año, vendió los animales y dejó la propiedad desocupada. Candelaria no regresó a su casa y nadie del pueblo afirmó haberla visto de nuevo. Con el tiempo dejaron de hablar de ella y de la muerte de don Hilario. Años después,

15:44 cuando releí mi informe, confirmé que los análisis habían probado la presencia de la planta tóxica en el agua y el alimento. Los registros también demostraban que don Hilario utilizó preparados sin controlar las dosis, y ocultó esa práctica. La causa médica de las deformidades quedó establecida, pero nunca supimos quién contaminó los comederos, qué ocurrió junto al pozo, ni por qué Candelaria se marchó después de la muerte del encargado. Eso fue lo último que pude dejar por escrito. La causa de los nacimientos quedó registrada, pero la persona responsable nunca fue identificada. Pero muchos decían que fue la bruja del pozo.