Hay Cosas Que Deben Permanecer Ocultas
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0:05 El primero de los soldados murió, poco después de seguir unas huellas que ninguno de nosotros pudo identificar. Recuerdo ese momento con claridad, porque hasta entonces, todo lo que habÃamos encontrado dentro de la montaña podÃa explicarse de alguna manera, pero después de aquellas huellas empezamos a perder el control de la situación. Mi nombre es Alejandro Serrano y, en octubre de 2019, formé parte de un equipo enviado a una zona de la Sierra de Chihuahua para revisar varias cavidades localizadas durante trabajos de reconocimiento. Ãramos seis civiles, Laura Medina, geóloga, Emilio Quirós, biólogo. Verónica Telles, arqueóloga. Sergio Pineda, técnico en comunicaciones.
0:54 Raúl Treviño, paramédico. Y yo, especialista en análisis ambiental. Viajábamos con ocho militares bajo el mando del capitán Arturo Salcedo. Al llegar a la zona, nos esperaban otros cuatro soldados, que caminaron con nosotros hasta la entrada y se quedaron vigilando afuera. Ninguno de nosotros conocÃa la ubicación exacta antes del viaje. Tampoco sabÃamos quién habÃa encontrado la cueva, ni por qué se habÃa considerado necesario enviar una escolta tan grande. Salcedo explicó que habÃa actividad criminal en la región y que los soldados estaban ahà por seguridad. La respuesta bastó en ese momento y comenzamos a trabajar. Entramos durante la mañana con el equipo necesario para tomar muestras, registrar el lugar y revisar las condiciones del interior. Los primeros tramos no mostraron nada fuera de lo común, aunque pronto encontramos señales de que otras personas habÃan trabajado ahÃ. Laura localizó perforaciones en la roca y más adelante vimos cables viejos sujetos a las paredes. Sergio revisó varios y confirmó que estaban sin corriente. Luego preguntó a Salcedo si habÃa existido alguna instalación dentro de la montaña. El capitán nos respondió que no tenÃa información sobre eso y nos pidió que siguiéramos.
2:20 Más adelante, encontramos una puerta de acero instalada directamente en la roca. Estaba abierta, y detrás continuaba un corredor nivelado que descendÃa hacia el interior. Laura revisó la zona y dijo que esa obra habÃa necesitado maquinaria y personal. Verónica preguntó desde cuándo conocÃan el lugar, pero Salcedo respondió que nuestra tarea consistÃa en revisar la cueva. tomar muestras y documentar lo que encontráramos. No añadió nada más y continuamos. A mayor profundidad, perdimos comunicación con los cuatro soldados que se habÃan quedado afuera. Sergio intentó contactar con ellos varias veces y solo recibió interferencia. Colocó un repetidor, consiguió recuperar la señal durante unos segundos y volvió a perderla. El ruido seguÃa entrando por los radios, asà que grabó una parte para revisarla después. Salcedo atribuyó el problema a la montaña y decidió que avanzáramos, y nadie volvió a discutirlo después.
3:27 Yo llevaba el equipo de medición junto al cuerpo, y recuerdo que desde ese punto ninguno volvió a separarse del grupo más de lo necesario durante el avance. Llegamos a una cámara amplia, en donde habÃa cajas vacÃas. envases de comida y botellas que llevaban bastante tiempo ahÃ. Verónica revisó los objetos y dijo que alguien habÃa permanecido en esa zona durante un periodo prolongado. Desde ese punto, Salcedo revisó cada acceso antes de permitirnos movernos y habló con sus hombres sin apartarse mucho del grupo. Laura volvió a preguntarle si otras personas habÃan entrado antes que nosotros y respondió que no podÃa hablar de esa información. Fue Emilio quien encontró las huellas. Estaban sobre una parte húmeda del suelo y seguÃan hacia uno de los túneles laterales. Me acerqué con los demás y vi que eran demasiado grandes para pertenecer a cualquiera de nosotros. Marcaban tres dedos largos y se repetÃan en la misma dirección. Emilio se agachó para revisarlas.
4:33 Verónica tomó fotografÃas y Laura observó el terreno alrededor. Las marcas eran recientes. Salcedo preguntó si podÃan corresponder a algún animal de la región, y Emilio le respondió que no conocÃa ninguno que dejara ese tipo de huella y se desplazara de esa manera. Añadió que preferÃa no sacar conclusiones hasta encontrar más rastros. Salcedo eligió a dos soldados, Rosales e Ibarra, y les ordenó revisar el túnel. Los dos avanzaron con lámparas y mantuvieron comunicación por radio. mientras nosotros esperábamos en la cámara. Primero informaron que seguÃan encontrando huellas. Después, Rosales dijo que habÃa escuchado movimiento más adelante. Salcedo le ordenó regresar, pero antes de que recibiera respuesta, Ibarra informó que habÃa una abertura al final del corredor. Inmediatamente después escuchamos varios disparos. Recuerdo que nadie se movió durante unos segundos.
5:36 Salcedo llamó a Rosales y luego a Ibarra pero ninguno respondió. Los soldados que estaban con nosotros levantaron los fusiles hacia el túnel y los civiles retrocedimos. Raúl abrió su mochila médica y se colocó cerca del capitán. Esperamos hasta que escuchamos pasos acercándose desde el corredor. Ibarra apareció solo. VenÃa corriendo. TenÃa sangre en el cuello y en un costado. Alcanzó a entrar en la cámara y cayó. Raúl llegó hasta él. Lo puso boca arriba y comenzó a revisar las heridas. Salcedo le preguntó dónde estaba Rosales. Ibarra intentó responder mientras respiraba con dificultad. Dijo que habÃan encontrado algo dentro del túnel.
6:24 Señaló hacia la oscuridad y añadió que habÃa más de uno. Salcedo le pidió una descripción y alcanzó a decir que uno caminaba erguido. Raúl trató de detener la hemorragia mientras los demás vigilábamos el acceso. Pero Ibarra perdió el conocimiento y murió poco después. Entonces escuchamos la voz de Rosales. VenÃa desde el túnel y pedÃa ayuda. Uno de los soldados quiso avanzar, pero Salcedo lo detuvo. Sergio revisó el radio y confirmó que no estaba entrando ninguna transmisión y la voz llegaba directamente desde el corredor. Rosales volvió a pedir ayuda y repitió las mismas palabras con la misma entonación.
7:08 Sergio levantó la cabeza y dijo que la repetición era exacta. La voz sonó una tercera vez. Salcedo ordenó mantener la posición. Emilio estaba junto a mÃ. Verónica habÃa bajado la cámara y Laura se habÃa colocado cerca de Raúl y del cuerpo de Ibarra. Escuchamos movimiento detrás de la curva del túnel y todos fijamos la vista en ese punto. Primero apareció una mano apoyada contra la pared. Después vimos una cabeza y unos segundos más tarde, la figura salió completa bajo nuestras luces. Era bÃpeda, más alta que cualquiera de nosotros. TenÃa los brazos largos, la piel cubierta por pequeñas escamas y tres dedos principales en cada mano. La cabeza era estrecha y la mandÃbula sobresalÃa. Emilio la observó unos segundos y dijo en voz baja que no podÃa identificarla como ninguna especie que conociera la criatura levantó la cabeza y avanzó hacia nosotros uno de los soldados le ordenó detenerse pero siguió avanzando salcedo esperó un instante más levantó el arma y dio la orden de disparar los disparos llenaron la cámara y la criatura cayó cerca de la entrada del túnel recuerdo el ruido rebotando dentro de la roca y la forma en que todos nos quedamos mirando el cuerpo sin acercarnos Salcedo mantuvo a sus hombres apuntando durante varios segundos. Luego, permitió que dos avanzaran para comprobar si
8:41 seguÃa con vida. Uno de ellos confirmó que todavÃa respiraba. Emilio pidió revisarla antes de que hicieran algo más, y dijo que necesitaba observarla. Pero Salcedo no quiso arriesgarse a que volviera a levantarse. Asà que uno de los soldados terminó con ella. Nos acercamos cuando el capitán dio la señal. A corta distancia se veÃan las diferencias con un cuerpo humano. La piel estaba cubierta por pequeñas placas. Las manos tenÃan tres dedos principales y las proporciones de los brazos y las piernas eran distintas a las nuestras. Emilio se puso los guantes, se arrodilló junto al cuerpo y tomó una pequeña muestra de tejido de una de las heridas. No intentó explicar qué era, Dijo que necesitaba un laboratorio antes de hacer cualquier afirmación. Verónica tomó varias fotografÃas y yo registré lo que pude, aunque ya nadie estaba pensando en completar una inspección. Lo único importante era salir de la cueva.
9:47 Salcedo intentó comunicarse con los hombres de afuera y solo recibió interferencia. Mientras Sergio revisaba, escuchamos otra vez la voz de Rosales dentro del túnel. PedÃa ayuda con las mismas palabras que habÃamos oÃdo antes. Sergio buscó la grabación y comparó ambas. Nos dijo que la repetición era idéntica. No una frase parecida ni otra llamada. Era el mismo registro reproducido otra vez. Salcedo no quiso esperar más y ordenó regresar. Dos soldados cubrieron el túnel mientras los demás recogÃamos el equipo. Dejamos el cuerpo de la criatura donde habÃa caÃdo y colocaron a Ibarra sobre una manta para sacarlo. Raúl caminó junto a los hombres que lo cargaban y nosotros empezamos a subir por el mismo corredor por el que habÃamos entrado.
10:40 La puerta de acero estaba cerrada cuando llegamos y eso nos detuvo de inmediato. Salcedo y dos soldados intentaron abrirla, pero el mecanismo estaba asegurado. Sergio revisó el costado, encontró el control interno y confirmó que el cierre habÃa sido activado después de nuestro paso. El capitán le preguntó cuánto tardarÃa en abrirla. Sergio respondió que demasiado. Los soldados colocaron una carga pequeña junto al marco, nos hicieron retroceder y la detonaron. El golpe deformó la estructura. Después forzaron una abertura, suficiente para que pudiéramos cruzar uno por uno. Dos militares pasaron primero, luego Verónica, Laura y Emilio. Yo estaba esperando mi turno cuando escuché disparos del otro lado y me agaché junto a la pared. Salcedo pidió información y uno de sus hombres respondió que habÃa visto movimiento en el corredor.
11:40 El capitán nos ordenó cruzar rápido, Pasé por la abertura y al incorporarme vi una figura al fondo. Estaba erguida y alcanzó a esconderse detrás de una parte de la pared antes de que los soldados pudieran apuntar. Salcedo decidió no perseguirla y ordenó mantenernos juntos y continuar hacia la salida. A partir de ahà empezamos a encontrar señales de que algo habÃa ocurrido entre nosotros y la entrada. Primero vimos sangre en el suelo. después un cargador de fusil y un casco. Salcedo lo reconoció como parte del equipo de uno de los soldados que se habÃan quedado afuera. Intentó contactarlos por radio y no recibió respuesta. Seguimos avanzando, encontramos marcas de disparos en la roca y más sangre, hasta que uno de los hombres apareció apoyado contra una pared.
12:34 Estaba consciente, pero tenÃa una herida grave en el abdomen. Raúl se arrodilló junto a él y comenzó a atenderlo. El soldado explicó que habÃan sido atacados desde un conducto lateral que no habÃan visto cuando llegamos. Dijo que eran varias criaturas y que habÃan salido muy cerca de su posición. Salcedo preguntó por los otros hombres. El herido respondió que uno habÃa muerto y que los demás habÃan intentado alcanzar el exterior. Raúl consiguió controlar parte de la hemorragia y dijo que podÃamos moverlo, aunque necesitaba atención médica cuanto antes. Dos soldados lo levantaron y seguimos. Al llegar a la entrada, encontramos el lugar vacÃo. Los hombres que debÃan estar vigilando ya no estaban ahÃ. Vimos un cuerpo entre las rocas y más rastros del enfrentamiento alrededor. Salcedor de no revisar el área antes de alejarnos. El helicóptero estaba en el punto de aterrizaje a cierta distancia y nadie respondÃa por radio.
13:38 Mientras los soldados aseguraban la zona, Verónica encontró una cámara militar cerca de la entrada. SeguÃa funcionando y tenÃa grabados los últimos minutos del ataque. Nos reunimos alrededor de la pantalla. En la grabación aparecÃan los cuatro soldados vigilando afuera. Durante los primeros minutos no ocurrÃa nada. Luego, uno de ellos giraba hacia los árboles y levantaba el arma. Una figura aparecÃa a cierta distancia y después otra. Los hombres empezaban a disparar y la imagen se sacudÃa cuando el soldado que llevaba la cámara caÃa al suelo. Antes de que terminara el archivo, se veÃa una criatura acercándose desde un costado.
14:22 Llevaba el chaleco de Rosales y tenÃa uno de los radios sujeto al pecho. Sergio entendió lo que estábamos viendo y dijo que eso explicaba las voces dentro de la cueva. Si habÃan recogido los radios de los soldados, podÃan reproducir fragmentos de las comunicaciones grabadas y utilizarlos para atraer a cualquiera que estuviera escuchando. Salcedo ordenó dejar la cámara. Verónica protestó porque era evidencia, pero el capitán respondió que tenÃa instrucciones claras sobre cualquier material encontrado en la zona. y que su prioridad era sacar vivo al grupo. Verónica guardó su propia cámara y no volvió a discutir. El soldado herido empezó a empeorar mientras organizábamos la salida. Raúl dijo que necesitábamos moverlo cuanto antes. Salcedo decidió que debÃamos llegar caminando hasta el punto de aterrizaje y abandonar todo lo que no fuera necesario. El cuerpo de Ibarra quedó cubierto cerca de la entrada. Raúl se opuso al principio, pero el capitán explicó que necesitábamos a dos hombres para transportar al herido y que cargar otro cuerpo iba a retrasarnos.
15:36 Nadie insistió. Salimos de la cueva y empezamos a movernos por la sierra con el grupo más cerrado. Los soldados cubrÃan los lados y los civiles Ãbamos en medio. Durante el trayecto no vimos nada, pero escuchamos movimiento detrás de nosotros varias veces. En una ocasión, uno de los soldados quiso detenerse para revisar el terreno, pero Salcedo le ordenó seguir. Yo miré hacia atrás una sola vez y no vi ninguna figura. Solo escuché ramas moverse a cierta distancia. Seguimos avanzando y nadie volvió a pedir que nos detuviéramos. El camino hacia el helicóptero se hizo más lento desde el principio.
16:18 Llevábamos a un hombre herido y los soldados cubrÃan los lados mientras avanzábamos. Yo caminaba cerca de Laura y Emilio, con Raúl junto al herido. Salcedo iba al frente, revisando el terreno antes de decidir por dónde seguir. HabÃamos pasado por esa zona al entrar, pero ahora cualquier ruido nos hacÃa mirar hacia los árboles y nadie se apartó del grupo. En uno de los pasos encontramos un árbol atravesado sobre la ruta. Laura se acercó, revisó el tronco y dijo que habÃa sido cortado hacÃa poco. Ese camino estaba libre cuando habÃamos pasado horas antes. Salcedo nos hizo retroceder y eligió una bajada por un costado. El terreno era más difÃcil y tuvimos que avanzar con cuidado. Durante el descenso, el herido perdió el conocimiento. Raúl comprobó que seguÃa respirando, ajustó el vendaje y nos pidió continuar. Poco después, Sergio recibió una transmisión. La voz pertenecÃa a uno de los soldados desaparecidos y pedÃa ayuda. Salcedo tomó el radio, preguntó dónde estaba y esperó respuesta. La misma frase volvió a escucharse, sin cambios. Sergio cortó la comunicación y dijo que era otra grabación. Asà que seguimos avanzando hasta que el terreno se abrió y pudimos ver el punto donde estaba el helicóptero.
17:44 Salcedo no permitió que fuéramos directamente. Mandó a dos soldados por delante mientras los demás esperamos cubiertos. Uno regresó y confirmó que el piloto y otro tripulante estaban muertos. También dijo que ninguno de ellos podÃa pilotarlo. Cuando llegamos al claro, Raúl volvió a revisar al herido, intentó mantenerlo estable y finalmente nos dijo que habÃa muerto. Salcedo no comentó nada, miró a sus hombres. Después entró al helicóptero y utilizó el radio. Después de varios intentos, lograron comunicarse con una instalación militar. Salcedo dio su identificación, informó que llevábamos civiles, que tenÃamos muertos y heridos, y pidió extracción inmediata. La respuesta tardó en llegar. Cuando la escuchamos, la orden fue regresar a la cueva y asegurar la entrada. Salcedo pidió que repitieran la instrucción, y la voz volvió a ordenar lo mismo. Explicó que habÃamos sufrido un ataque, que habÃa hombres desaparecidos y que no podÃamos regresar con el grupo en esas condiciones. Pero la respuesta no cambió. DebÃamos volver a la cueva, asegurar el acceso y esperar apoyo. Laura le preguntó qué iba a hacer. Salcedo apagó el radio y dijo que no pensaba regresar. Raúl le preguntó si sabÃa qué habÃa dentro de la montaña, pero respondió que no.
19:09 Luego añadió que tampoco iba a obedecer una orden, que nos devolvÃa al mismo lugar en donde ya habÃamos perdido hombres. Mandó revisar munición, agua y rutas de salida, mientras Sergio buscaba otra frecuencia. Nos quedamos cerca del helicóptero para organizarnos. Emilio sacó la muestra de tejido que habÃa tomado y la revisó con lo poco que llevaba. Dijo que no podÃa identificarla ahà y que necesitaba un laboratorio y guardó el recipiente. Verónica revisó sus fotografÃas y volvió a guardar la cámara cuando Salcedo se lo pidió. Sergio consiguió una señal civil durante unos segundos. Dio nuestra ubicación aproximada. explicó que habÃa una emergencia con varias bajas y pidió que enviaran ayuda, la comunicación se cortó antes de que recibiera una confirmación completa, mientras intentaba recuperarla escuchamos la voz de Rosales entre los árboles, Después llegó otra voz. Eran fragmentos cortos, repetidos con la misma entonación que habÃamos escuchado antes por radio.
20:13 Los soldados levantaron sus armas y Salcedo ordenó no disparar sin ver un objetivo. Yo estaba cerca del helicóptero cuando uno de los hombres señaló hacia el bosque. Alcanzamos a ver una figura entre los árboles. El soldado la observó con la mira y confirmó que tenÃa la misma forma que la criatura abatida dentro de la cueva. Antes de que pudiera apuntar bien, la figura se retiró. Poco después, escuchamos un golpe contra el helicóptero. Una mano apareció por la puerta abierta, agarró el borde y tiró con fuerza. El soldado más cercano disparó. La criatura cayó hacia atrás y todos salimos por el lado contrario. Al movernos, vimos más figuras alrededor del claro, pero no estaban agrupadas. HabÃa una hacia el bosque, otra cerca del acceso por donde habÃamos llegado. y al menos una más en el lado opuesto.
21:05 Salcedo decidió salir de ahÃ. Nos ordenó tomar agua, lámparas, baterÃas y todo lo necesario para caminar durante varias horas. Los soldados repartieron munición y dejaron el resto del equipo. Partimos antes de que terminara de oscurecer y avanzamos hacia el oeste. Durante un tramo no vimos ninguna criatura, pero escuchábamos movimiento entre los árboles a nuestra misma altura. Yo no podÃa distinguir nada cuando miraba, solo oÃa ramas y pasos que se detenÃan cuando el grupo se detenÃa. Más adelante encontramos nuevas huellas. Emilio revisó varias y dijo que no pertenecÃan al mismo individuo. HabÃa diferencias claras de tamaño y profundidad. No pudo establecer un número exacto, pero confirmó que habÃa más de dos. Salcedo cambió otra vez la dirección y seguimos avanzando hasta que oscureció por completo. Sergio volvió a probar el radio y esta vez respondió protección civil.
22:04 Dio nuestros nombres, informó que viajábamos con personal militar y que tenÃamos varias bajas. Pidió apoyo terrestre y dio nuestra posición. No mencionó las criaturas. Después explicó que prefirió describir un ataque y esperar a estar frente a los rescatistas antes de dar detalles. El operador confirmó que enviarÃan una unidad y pidió mantener la comunicación cuando fuera posible. Seguimos caminando. Más tarde escuchamos disparos detrás de nosotros. Salcedo se detuvo solo unos segundos y dijo que podÃan estar usando armas recogidas a los soldados desaparecidos. Nadie respondió. La idea bastaba para entender que debÃamos seguir moviéndonos. Poco después escuchamos la voz de Salcedo desde el bosque. El capitán caminaba unos metros delante de mÃ, pero la grabación ordenaba detener la marcha.
22:57 uno de los soldados giró y apuntó hacia los árboles pero Salcedo le ordenó bajar el arma la frase volvió a repetirse Sergio reconoció esas palabras eran las mismas que el capitán habÃa usado al salir de la cueva confirmó que estaban reproduciendo otra comunicación capturada continuamos sin detenernos minutos después escuché un golpe detrás de la columna y varios se giraron al mismo tiempo Méndez, uno de los soldados que cerraban la marcha ya no estaba Su arma habÃa quedado en el suelo y habÃa sangre junto a unas rocas. Dos hombres quisieron entrar al bosque para buscarlo, pero Salcedo los detuvo y dijo que perderÃamos a más gente si nos separábamos. Nadie insistió. Recogieron el fusil de Méndez, cerraron el espacio que habÃa dejado en la formación y seguimos caminando.
23:49 La desaparición de Méndez nos obligó a mantener la marcha. Verónica iba en silencio. Laura se quedó cerca de ella y Emilio empezó a cojear. Raúl le revisó el tobillo mientras avanzábamos, ajustó el vendaje y le dijo que siguiera apoyándolo con cuidado. Sergio llevaba el radio encendido y probaba distintas frecuencias, hasta que consiguió contactar otra vez con Protección Civil. El operador confirmó que una unidad venÃa hacia nosotros y pidió que buscáramos una zona abierta para facilitar el encuentro. Salcedo acordó una señal sencilla para identificar a los rescatistas y evitar que una grabación pudiera engañarnos. Seguimos avanzando hasta encontrar un punto abierto. Ahà nos detuvimos. Los cuatro soldados que quedaban con Salcedo tomaron posiciones y Sergio mantuvo abierta la frecuencia. Esperamos varios minutos sin decir nada. Yo miraba hacia el valle y después hacia los árboles. hasta que vimos luces acercándose desde abajo. Sergio llamó al operador y recibió la señal acordada. Salcedo pidió esperar hasta ver a las personas. Poco después aparecieron dos vehÃculos y varios hombres bajaron de ellos. Uno gritó la identificación acordada. Salcedo respondió y nos hizo avanzar. Empezamos a bajar hacia los vehÃculos cuando llegaron los primeros disparos desde los árboles. Uno de los rescatistas cayó. Salcedo y sus hombres respondieron mientras los
25:24 demás corrÃamos. Vi una figura salir entre las rocas y llevaba parte de un uniforme militar. Durante un instante creà que podÃa ser uno de los hombres desaparecidos, pero cuando giró hacia la luz vi la cabeza y las manos. Era una de las criaturas. Verónica también la vio y tropezó al intentar cambiar de dirección. Raúl la levantó del brazo y la empujó hacia el vehÃculo. Laura, Verónica, Emilio, Sergio y yo subimos al primero. Raúl terminó en el segundo. Salcedo y sus cuatro hombres se quedaron afuera cubriendo nuestra salida mientras los conductores arrancaban. Seguimos escuchando disparos durante el descenso.
26:07 Sergio intentó llamar al capitán varias veces, pero no obtuvo respuesta y ninguno de los vehÃculos regresó. Al llegar a una carretera, encontramos ambulancias, personal de seguridad y varios hombres vestidos de civil. Apenas bajamos, comenzaron a separarnos. A Emilio le quitaron la muestra, a Verónica le retiraron la cámara y Sergio tuvo que entregar los radios y el equipo de comunicaciones. También revisaron mis cosas y se quedaron con mis registros. Preguntamos por Salcedo y por los hombres que habÃan quedado con él, pero nadie nos dio información. Me trasladaron a una instalación médica, me hicieron estudios y después dos hombres comenzaron a interrogarme. QuerÃan saber qué habÃamos visto dentro de la cueva, cuántos individuos habÃamos observado, quién habÃa tomado fotografÃas y si alguno de nosotros habÃa tenido contacto directo con ellos. También preguntaron por la muestra de Emilio y por copias de los registros. Respondà lo que recordaba.
27:13 Cuando describÃa a la criatura abatida, uno de los hombres preguntó cuánto habÃamos permanecido junto al cuerpo y quién habÃa retirado el tejido. No pidió que repitiera la descripción, ni quiso saber por qué pensábamos que no era humano. Anotó el nombre de Emilio y pasó a la siguiente pregunta. Ese detalle se me quedó grabado, porque fue la única parte de la entrevista en la que no pidió aclaraciones. Dos dÃas después nos permitieron salir. después de firmar documentos de confidencialidad relacionados con una operación de seguridad. Más tarde conocà la versión oficial. El incidente habÃa sido registrado como un ataque de un grupo armado en una zona de difÃcil acceso. La cueva no aparecÃa en el informe y tampoco habÃa ninguna referencia a los organismos que habÃamos visto.
28:07 Emilio no regresó con nosotros. Nos dijeron que permanecerÃa bajo observación y que serÃa trasladado a otra instalación. Su familia intentó localizarlo, pero no recibió información clara. Yo tampoco volvà a verlo. Laura regresó a su trabajo y poco después dejó de responder mis llamadas. Raúl se fue de la región y evitó hablar del tema. Sergio siguió en contacto conmigo durante un tiempo y murió años después en un accidente de carretera. Verónica conservó una tarjeta de memoria. Durante el trayecto la habÃa retirado de su cámara y la guardó entre sus cosas. Cuando nos revisaron, encontraron la cámara, pero no la tarjeta. Una semana después me llamó y nos reunimos para revisar los archivos. HabÃa fotografÃas de la entrada, de la puerta de acero, de las huellas y del cuerpo de la criatura. También habÃa varias imágenes tomadas mientras Emilio preparaba la muestra. Verónica hizo copias y me entregó una.
29:12 Después de aquella reunión hablamos pocas veces y meses más tarde dejó de responder. Fui a buscarla y ya no vivÃa en el mismo lugar. No encontré información confiable sobre a dónde se habÃa ido. Del capitán Salcedo y de los cuatro hombres que quedaron cubriendo nuestra salida tampoco recibà información verificable. Guardé las fotografÃas durante años. No las revisaba con frecuencia porque recordaba cada escena. Tiempo después abrà otra vez los archivos y amplié una imagen tomada dentro de la cámara, poco después de que los soldados abatieran a la criatura. El cuerpo estaba en primer plano, dos militares aparecÃan cerca y Emilio se preparaba para tomar la muestra.
29:59 Al fondo se veÃa el túnel por el que habÃan entrado Rosales e Ibarra. En esa parte de la fotografÃa habÃa tres figuras. Las tres estaban dentro del corredor. Una se encontraba junto a la pared y las otras dos aparecÃan más atrás. La iluminación era débil, pero al ampliar la imagen se distinguÃan las cabezas, los brazos y la posición de los cuerpos. Estaban de pie y orientadas hacia nosotros. Verónica y yo habÃamos revisado esa fotografÃa varias veces y ninguno habÃa notado su presencia. Ese archivo me dejó una pregunta que nunca pude resolver. Las tres criaturas estaban ahà mientras nosotros examinábamos el cuerpo y tomábamos muestras. TenÃan al grupo completo delante y nadie las habÃa detectado. No avanzaron en ese momento. Permanecieron dentro del túnel y actuaron después durante nuestra retirada. Nunca supe qué ocurrió con la muestra de Emilio, quien dio la orden de hacernos regresar a la cueva, ni qué información tenÃa Salcedo antes de entrar.
31:06 Tampoco supe qué pasó con él y con los cuatro soldados que se quedaron cubriendo nuestra salida. Lo único que conservé fue aquella copia de las fotografÃas. La última vez que hablé con Verónica me hizo una pregunta. QuerÃa saber por qué nos habÃan dejado llegar hasta los vehÃculos, si habÃan tenido oportunidades de atacarnos antes. No pude responderle. Años después sigo sin tener una respuesta. Solo sé lo que muestra aquella fotografÃa. Mucho antes de que nosotros supiéramos dónde estaban, ellos ya sabÃan dónde estábamos nosotros. La primera vez que escuché mi nombre dentro de aquella cueva, Gael estaba a mi lado, Nadia venÃa detrás de mà y Bruno avanzaba unos metros adelante, pero ninguno habÃa hablado. La voz salió del túnel que tenÃamos enfrente, pronunció mi nombre con mi mismo tono y volvió a repetirlo. Para entonces ya querÃamos salir, porque las marcas que habÃamos dejado durante la entrada habÃan empezado a desaparecer. y algo se movÃa detrás de nosotros desde hacÃa varios minutos. Recuerdo haber mirado a Gael esperando que dijera algo, pero él solo levantó la lámpara y apuntó hacia el fondo. No vimos a nadie. Aún no habÃamos visto de frente lo que nos seguÃa, y esa falta de certeza hacÃa difÃcil decidir por dónde continuar. Pero
32:39 seguimos avanzando. Ãramos cuatro, Gael habÃa encontrado aquella entrada meses antes en una zona montañosa de México y nos propuso volver con equipo. Llevábamos lámparas, agua, cuerda, botiquÃn y cinta para marcar el recorrido. No buscábamos nada extraño. QuerÃamos entrar, revisar hasta dónde continuaba el paso y regresar por la misma ruta. Durante la primera parte todo salió bien. El acceso era estrecho, después se abrÃa y, más adelante, habÃa tramos donde tenÃamos que agacharnos. Gael iba dejando tiras de cinta en puntos visibles. Después de un rato, el aire empezó a sentirse más caliente. Gael dijo que podÃa deberse a una corriente interna y seguimos. Poco después apareció barro en el suelo y ahà Bruno encontró las primeras huellas.
33:35 Nos llamó y alumbró una zona donde habÃa varias impresiones claras. No eran botas. Cada marca terminaba en tres dedos largos y todas iban hacia el interior. Gael se agachó para revisarlas y dijo que no reconocÃa el animal que podÃa haberlas dejado. Nadie propuso regresar. Nadie se opuso de inmediato, pero todavÃa tenÃamos el camino marcado, asà que decidimos avanzar un poco más antes de volver. No tardamos mucho en encontrar una mochila apoyada contra una pared. Estaba seca, cerrada y tenÃa objetos en buen estado. Bruno abrió uno de los bolsillos y encontró agua, comida y una libreta. Gael llamó en voz alta para saber si habÃa alguien cerca y esperamos en silencio, pero nadie respondió. Lo que escuchamos fueron varios golpes más adelante, separados y regulares. Gael volvió a llamar y los golpes se repitieron. No pudimos saber qué los producÃa. Nadia dijo que ya era suficiente y que debÃamos regresar. Esta vez estuvimos de acuerdo. Dejamos la mochila en su sitio y emprendimos la salida. El regreso empezó sin problemas hasta que llegamos al punto donde debÃa estar una de nuestras cintas. La roca estaba ahÃ, pero la cinta habÃa desaparecido. Gael revisó alrededor y no la encontró en el suelo. Seguimos hasta la siguiente marca y
35:05 también faltaba. Ahà empezamos a hablar menos. Un poco después encontramos otra cinta, solo que estaba colocada en una parte distinta de la pared, más arriba de donde Gael la habÃa dejado. Ãl aseguró que esa no era su posición. Bruno dijo que podÃa haber otra persona dentro y que quizá estaba moviendo las señales. pero nadie habÃa pasado junto a nosotros. Continuamos hacia la salida y entonces oÃmos un roce detrás. Nos giramos al mismo tiempo. Algo cruzó el túnel y desapareció en una curva. Antes de que pudiéramos alumbrarlo de frente, alcancé a ver una espalda gris verdosa, un brazo largo y una mano apoyada en el suelo.
35:50 Bruno levantó la lámpara y Gael nos pidió que no avanzáramos. Nos quedamos observando la curva, pero nada volvió a salir. Nadie preguntó si podÃa tratarse de una persona. Yo no contesté, pues habÃa visto suficiente para saber que la figura se movÃa agachada y que el brazo llegaba demasiado abajo cuando apoyaba la mano. Gael decidió que siguiéramos. Llegamos a una cámara que ya habÃamos cruzado durante la entrada. En el centro habÃa varias piedras que recordábamos bien, porque estaban acomodadas en lÃnea. Ahora estaban movidas. Entre ellas habÃa una de nuestras cintas. Bruno se acercó, alumbró el suelo y encontró otra huella de tres dedos junto a la cinta. Nadie volvió a mencionar una broma. Seguimos por el túnel de salida y aceleramos el paso. Desde ese momento empezamos a escuchar movimiento detrás. Eran pisadas separadas, siempre a cierta distancia, y cuando nos detenÃamos, cesaban. Cuando avanzábamos, volvÃan a escucharse.
36:56 Llegamos a un paso estrecho, en donde solo podÃa cruzar una persona a la vez. Gael pasó primero, después Nadia y luego yo. Bruno quedó al final. Mientras avanzaba entre las paredes, lo escuché decir que habÃa algo detrás de él. Le pregunté qué veÃa y dijo que distinguÃa una figura en el túnel. Le pedà que siguiera avanzando, pero apenas terminé de hablar, una voz detrás de Bruno repitió la misma indicación con mi tono. Los cuatro la escuchamos. Bruno entró de inmediato y empezó a avanzar con tanta prisa que se golpeó varias veces contra la roca. Cuando salió, tenÃa tres marcas en el cuello. Nadia las revisó y dijo que no eran profundas. Bruno explicó que algo le habÃa puesto una mano en la nuca justo antes de entrar al paso. Gael le preguntó si habÃa alcanzado a verla.
37:50 Bruno respondió que sÃ, durante un instante, y que los dedos eran largos. Seguimos moviéndonos, y del otro lado del paso volvimos a escuchar mi voz. Esta vez pronunció el nombre de Gael, pero nadie respondió. Continuamos hasta encontrar una bifurcación, pero ese punto no coincidÃa con el camino que recordábamos. Gael revisó sus notas y confirmó que durante la entrada no habÃa marcado dos túneles en esa parte. Uno de ellos tenÃa una corriente de aire más fresco y decidimos tomarlo. porque pensamos que podÃa conducir hacia una salida o acercarnos a la superficie. Avanzamos juntos, sin dejar espacio entre nosotros, hasta que vimos una figura detenida en medio del túnel.
38:37 Gael levantó la lámpara y por primera vez la vimos completa. Era más alta que nosotros. TenÃa la piel gris con zonas verdosas, brazos largos y pies terminados en tres dedos gruesos. Sus ojos reflejaron la luz. permaneció quieta mientras nosotros también nos detenÃamos. Bruno sacó la barra que llevaba en la mochila y Nadia le pidió que no se acercara. Nadia hizo ningún movimiento durante unos segundos. Entonces la criatura abrió la boca y dijo mi nombre usando la voz de Gael, pero Gael estaba a mi lado. Eso fue suficiente. Dimos la vuelta y regresamos hacia la bifurcación. Al principio escuché un solo golpe detrás. Después otro, y enseguida una serie de pasos rápidos que se acercaban. No miré hacia atrás hasta llegar. al cruce. Cuando lo hice, la criatura ya venÃa detrás de nosotros. La criatura alternaba dos formas de avanzar.
39:38 A ratos corrÃa erguida y en otros momentos apoyaba una mano en el suelo para ganar velocidad. Escuchábamos sus pasos detrás mientras bajábamos por el túnel de la izquierda, con el barro resbalando bajo las botas y las lámparas moviéndose de un lado a otro. Nadie hablaba, solo tratábamos de mantenernos juntos y no caer. Después de un tramo dejamos de escucharla. Seguimos hasta encontrar una cavidad lateral donde cabÃamos los cuatro. Cubrimos parte de las lámparas y dejamos solo la luz necesaria. Bruno dijo que habÃa sentido los dedos cerrarse sobre su nuca justo antes de entrar al paso estrecho y que al voltear alcanzó a ver una mano larga retirándose. Gael le preguntó si estaba seguro y él respondió que sÃ. En ese momento escuchamos una respiración en el túnel. VenÃa acercándose. Nos quedamos inmóviles. El sonido llegó hasta la entrada de la cavidad. Pasó frente a nosotros y siguió unos metros más. Esperamos sin encender más luz.
40:44 Entonces escuchamos la voz de Nadia ordenándonos que saliéramos, pero Nadia estaba sentada a mi lado. Ninguno respondió. La voz volvió a escucharse más lejos y luego cambió al tono de Bruno, repitiendo una frase que él habÃa dicho minutos antes. Gael levantó una mano para que guardáramos silencio y permanecimos ahà hasta que el túnel volvió a quedar quieto. Gael decidió que no podÃamos regresar por el mismo camino. Para salir por donde habÃamos entrado, tendrÃamos que cruzar otra vez el paso estrecho y pasar por la zona donde aquella criatura nos habÃa seguido. Seguimos descendiendo. El túnel se ensanchó y en las paredes habÃa varios huecos bajos. Bruno alumbró uno y vimos huesos en el fondo. Nadia se acercó, miró desde fuera y dijo que algunos eran de animales, pero más atrás habÃa un cráneo humano. Cerca encontramos una bota vieja, restos de tela y una botella vacÃa. No tocamos nada, seguimos caminando y al pasar frente a otro hueco, escuchamos a un hombre llorando y pedÃa ayuda desde adentro.
41:57 Bruno se detuvo y Nadia lo sujetó del brazo. El llanto duró poco. Después, la voz repitió una frase que Gael habÃa dicho antes de entrar a la cueva, cuando todavÃa estábamos afuera, que regresarÃamos esa misma noche. Los cuatro la recordábamos. Ya sabÃamos que aquellas criaturas podÃan copiar nuestras voces, pero esa frase solo la habÃamos dicho afuera, antes de encontrar la entrada. Continuamos sin contestar a ningún sonido. La galerÃa terminó en una cámara amplia y en el centro habÃa una abertura que bajaba a otro nivel. Nos acercamos solo lo necesario. Gael iluminó hacia abajo y la luz alcanzó una parte del fondo. Vimos dos criaturas. Una estaba agachada junto a una pared, y la otra caminaba cerca de uno de los túneles inferiores. TenÃan la misma piel gris verdosa y los mismos brazos largos de la que nos habÃa perseguido. Una era más grande. Gael bajó la lámpara y retrocedimos. Antes de alejarnos, una de ellas levantó la cabeza y soltó un chasquido, y desde abajo respondieron otros.
43:10 No vimos cuántas habÃa. Nos apartamos de la abertura y regresamos por el borde de la cámara, pero desde el túnel por el que habÃamos llegado empezaron a escucharse pasos. Gael encontró una grieta lateral y nos señaló que entráramos. Ãl pasó primero, Después Nadia y luego yo. Bruno quedó al final. Apenas metió una pierna, algo lo agarró de la bota y tiró hacia atrás. Bruno gritó y se sujetó de la roca. Yo me devolvà hasta alcanzarlo por los brazos y Gael me sujetó desde adelante. Nadia alumbró hacia la entrada y vi una mano gris cerrada alrededor del tobillo de Bruno. Nadia tomó una piedra y golpeó la mano. La criatura soltó. Tiramos de Bruno hasta meterlo por completo en la grieta y la bota quedó afuera.
44:00 Seguimos hasta encontrar un espacio donde pudimos detenernos. Bruno no podÃa apoyar bien el pie. Nadia revisó el tobillo y lo vendó. Del otro lado seguÃamos escuchando movimiento. Algo raspaba la entrada y metÃa los dedos entre las piedras, pero el cuerpo no pasaba. Gael encontró otro conducto al fondo, metió la mano y sintió corriente de aire. No tenÃamos otra ruta, asà que nos metimos. Avanzamos, arrastrándonos durante un buen rato. Gael iba primero, Nadia después, Bruno detrás de ella y yo cerraba el grupo. El tobillo de Bruno lo obligaba a moverse despacio y varias veces tuve que empujarlo desde los pies para ayudarlo a superar desniveles. Detrás seguÃamos escuchando roces, cada vez más lejos. El conducto empezó a subir y el aire se sentÃa más fresco. Llegamos a una cámara pequeña donde varias raÃces entraban por grietas del techo. Buscamos una abertura, pero el único paso estaba bloqueado por piedras y tierra. Nos pusimos a retirar lo que podÃamos con las manos. Algunas piedras salÃan, otras estaban encajadas y habÃa que moverlas entre dos. Bruno trabajaba sentado.
45:16 Nadie retiraba tierra y Gael buscaba por dónde entraba el aire. Mientras movÃamos el derrumbe, escuché un roce detrás. Miré hacia el conducto, pero no vi nada y seguà quitando tierra. Entonces llegó un chasquido, corto y cercano. Gael dijo que no paráramos. Nadia levantó la lámpara para revisar el techo y se quedó quieta. Seguà la dirección de la luz. HabÃa una criatura sobre nosotros, aferrada a las grietas con manos y pies. Era más pequeña que las otras y nos observaba desde arriba, pero ninguno la habÃa visto entrar. Bruno empezó a retroceder apoyándose en una sola pierna. La criatura abrió la boca y habló con la voz de Nadia y nos ordenó que dejáramos las piedras. La verdadera Nadia estaba frente a mà con la lámpara levantada. Gael tomó una piedra del suelo y se la lanzó. Falló.
46:13 La criatura soltó una mano, movió el cuerpo y cayó frente a nosotros. Nadia agarró la barra de Bruno y se puso frente a ella. Yo seguà quitando piedras del derrumbe, porque detrás de aquella criatura ya se escuchaban más chasquidos entrando por el conducto. Gael empezó a trabajar conmigo. La criatura no avanzó de inmediato. Permaneció agachada frente a Nadia con una mano apoyada en el suelo. Bruno intentó ponerse de pie y perdió el equilibrio. Yo saqué otra piedra y sentà una corriente de aire más fuerte, y le dije a Gael que ahà habÃa un hueco. Metimos las manos y empezamos a retirar tierra con más rapidez. Detrás de nosotros, la criatura dio un paso y Nadia levantó la barra. Desde el conducto llegó otro chasquido, y al mirar hacia la entrada, vi una mano gris apoyarse en el borde, y después apareció una segunda. La criatura dio otro paso hacia Nadia y ella mantuvo la barra delante del cuerpo. Detrás, Gael y yo seguÃamos quitando piedras del derrumbe, porque ya habÃamos sentido aire entrando por un hueco, y sabÃamos que ese paso podÃa ser nuestra única salida. Bruno estaba sentado cerca de nosotros. Desde el conducto empezaron a aparecer más manos. Primero vimos una, luego otra, y después escuchamos varios cuerpos moviéndose entre las piedras. Nadia golpeó a la criatura cuando volvió a acercarse. La barra alcanzó uno
47:44 de sus brazos y la obligó a retroceder. Se agachó, apoyó una mano en el suelo y siguió mirándola. Gael consiguió mover una piedra grande y el aire frÃo entró con más fuerza. Metimos las manos en el hueco, Retiramos tierra y piedras hasta que logramos abrir un espacio suficiente para pasar arrastrándonos. Gael me pidió que entrara primero. Me metà de lado y avancé hasta comprobar que el conducto seguÃa subiendo. Le dije que continuaba. Bruno pasó después porque necesitaba más tiempo para mover la pierna. Y Gael entró detrás de él. Nadia quedó al final todavÃa con la barra.
48:25 Desde dentro escuché un golpe fuerte. luego otro y después un chillido. Gael llamó a Nadia y ella respondió que siguiéramos. Avanzamos unos metros y volvimos a escuchar su voz diciendo lo mismo, pero esta vez sonó más lejos. Gael dejó de llamarla. El conducto se estrechó y tuvimos que movernos con los codos pegados al cuerpo. Bruno avanzaba despacio y yo lo empujaba por los pies cuando se quedaba atorado. Detrás seguÃan escuchándose golpes y roces. En un punto pude girar la cabeza y mirar hacia atrás, pero no vi a nadie. Seguimos avanzando y poco después apareció una luz a lo lejos, moviéndose hacia nosotros. Gael se detuvo. La luz se acercó lo suficiente para iluminar una mano que sujetaba la lámpara. Era gris, tenÃa dedos largos y avanzaba arrastrándose.
49:20 por el conducto. Gael me ordenó seguir. Continuamos mientras aquella luz avanzaba detrás de nosotros. La criatura empezó a usar la voz de Nadia y pronunció nuestros nombres. Bruno preguntó qué le habÃa pasado y Gael respondió que no lo sabÃa. ninguno la habÃa visto caer ni habÃa visto que la atraparan solo sabÃamos que se habÃa quedado atrás con la barra y que ahora una de esas criaturas llevaba su lámpara más adelante el conducto se abrió un poco y pudimos ponernos de rodillas bruno quiso regresar pues dijo que nadie podÃa seguir viva Gael le recordó que las criaturas estaban detrás, y que volver significaba meternos hacia ellas sin espacio para movernos. Bruno insistió, pero un chasquido sonó desde el túnel y todos volvimos a movernos. El paso empezó a subir, habÃa raÃces atravesando la tierra y el aire era cada vez más fresco. Gael se adelantó para buscar una salida, mientras yo me quedé detrás de Bruno, porque el tobillo ya casi no le respondÃa. Cada vez que se detenÃa, escuchábamos movimiento acercándose. Entonces volvió a oÃrse la voz de Nadia, y esta vez pidió ayuda. Bruno se giró, pero le dije que siguiera. La voz repitió su nombre y al final escuchamos un chasquido seco. Bruno bajó la cabeza y continuó. Gael encontró una parte donde la tierra
50:52 estaba floja y empezó a retirar piedras y raÃces con las manos. Cuando llegamos con él, ya habÃa abierto un hueco pequeño. Entraba aire frÃo y se veÃa una franja de luz. Los tres empezamos a cavar. Sacábamos tierra con las manos y la empujábamos hacia atrás. Gael logró pasar primero y desde afuera me ayudó a subir y yo salà detrás. Nos inclinamos sobre la abertura para sacar a Bruno. Empezó a trepar usando las raÃces. SubÃa lento, pero avanzaba. Cuando su mano apareció, Gael la agarró y yo sujeté su antebrazo. Bruno gritó, pues algo tiró de él desde abajo.
51:34 Su cuerpo bajó de golpe y casi nos hizo caer dentro. Gael mantuvo su mano y yo lo sujeté por el brazo. Bruno dijo que algo tenÃa su pierna. Tiramos con fuerza y conseguimos subirlo un poco. Durante un segundo vimos parte de su hombro y su cabeza. pero una mano gris apareció alrededor de su cintura y volvió a jalarlo. Gael se inclinó demasiado y tuve que sujetarlo de la mochila. Bruno empezó a resbalarse entre nuestras manos. Intenté agarrarlo mejor, pero la tierra cedÃa debajo. Su mano salió de la de Gael. Yo alcancé a sujetarle la muñeca unos segundos más, pero después también la perdÃ. Bruno desapareció dentro del conducto.
52:21 Gael intentó meterse detrás de él y tuve que detenerlo y nos quedamos junto a la abertura escuchando. Desde abajo llegó un golpe, luego otro y después Bruno gritó una vez. El silencio duró poco y su voz volvió a escucharse desde el túnel. Dijo que estaba bien. Gael se acercó al hueco y la voz repitió que estaba bien y nos pidió que bajáramos. Ninguno respondió. Ya habÃamos oÃdo lo mismo con Nadia. Nos alejamos de la abertura y empezamos a caminar sin saber exactamente dónde habÃamos salido. Estábamos en una zona de monte. Seguimos el terreno cuesta abajo hasta reconocer parte del camino que habÃamos recorrido antes de entrar.
53:07 No hablamos durante el trayecto. Varias veces escuché ramas moverse detrás, pero cada vez que volteaba no veÃa nada. Gael caminaba delante de mà y no se detenÃa. Llegamos al vehÃculo cuando ya habÃa oscurecido y solo quedábamos nosotros dos. Nos sentamos dentro durante unos minutos. Yo tenÃa las manos llenas de tierra y varios cortes en los brazos y Gael miraba hacia el camino. No regresamos esa noche. No tenÃamos fuerzas y ya sabÃamos que habÃa varias criaturas dentro. Esperamos hasta que hubo luz y volvimos a la barranca. Nos detuvimos antes de llegar a la entrada y, en el suelo, habÃa huellas de tres dedos. Algunas estaban alrededor de la abertura y otras continuaban hacia afuera. Gael las vio y me dijo que no avanzáramos más. Hasta ese momento, ninguno habÃa visto a una criatura completamente fuera de la cueva. Entonces, encontramos una bota en el suelo. Era la de Bruno.
54:11 La reconocà de inmediato. HabÃa quedado dentro cuando aquella mano lo agarró por primera vez y nosotros logramos sacarlo por la grieta. Ahora estaba afuera. Gael se acercó solo lo necesario para verla y regresó conmigo. No habÃa huellas de botas alrededor, solo marcas de tres dedos. Entonces una voz salió de la entrada. Era Nadia y pronunció el nombre de Gael. Los dos miramos hacia la oscuridad y Gael no respondió. La voz volvió a llamarlo más fuerte y después se quedó en silencio. Esperamos y unos segundos más tarde escuchamos otra voz desde el mismo lugar y ahora era la voz de Bruno y dijo que seguÃa vivo.
54:57 Gael dio un paso hacia adelante y yo lo sujeté del brazo antes de que avanzara más. La voz repitió lo mismo, con el tono de Bruno, con su forma de hablar y con la misma manera de alargar algunas palabras cuando estaba cansado. Gael se quedó quieto y ninguno respondió. La entrada estaba frente a nosotros y, desde donde estábamos, no alcanzábamos a ver el fondo. Esperamos varios segundos y la voz dejó de hablar. Después escuchamos un roce contra la piedra y una figura apareció dentro de la abertura. No salió por completo. Se quedó en la sombra, lo suficiente para que viéramos la cabeza, parte del torso y una mano apoyada en la roca. Era una de las criaturas, pero tenÃa la forma del rostro de Bruno, aunque tenÃa la misma piel gris verdosa, los brazos largos y los ojos que reflejaban la luz. Nos miró sin acercarse. Gael retrocedió primero y yo hice lo mismo. La criatura no nos siguió. Cuando ya estábamos más lejos, la voz de Nadia volvió a salir de la cueva y pronunció nuestros nombres.
56:04 Pero seguimos caminando. No hablamos hasta llegar al vehÃculo. Gael dejó la bota de Bruno en el suelo junto a la puerta y se sentó sin quitarse la mochila. Yo tenÃa las manos llenas de tierra, los brazos raspados y todavÃa sentÃa el cuerpo tenso por la subida. Revisamos lo que conservábamos. Quedaban algunas cosas del equipo, una lámpara, parte del botiquÃn y la bota que habÃamos encontrado afuera. Nada de eso explicaba lo que habÃa ocurrido. Tampoco necesitábamos discutirlo en ese momento. Los dos habÃamos visto a aquellas criaturas. HabÃamos escuchado nuestras voces salir de lugares donde no estaba nadie del grupo. HabÃamos visto el rostro de Bruno en una de esas criaturas y habÃamos encontrado huellas fuera de la cueva. lo único que querÃamos era alejarnos, durante los dÃas siguientes hablé con Gael varias veces, no intentábamos reconstruir cada minuto ni buscar una explicación completa, hablábamos de partes concretas, sobre todo de lo que habÃa pasado con Nadia, los dos recordábamos que ella habÃa quedado detrás de nosotros con la barra en la mano mientras abrÃamos el paso entre las piedras, También recordábamos su voz, diciéndonos que siguiéramos, y poco después, la misma voz repitiendo la frase desde más atrás. Después, vimos su lámpara en una mano gris. Eso era todo.
57:29 Ninguno vio a nadie a caer. Ninguno vio su cuerpo. Pero con Bruno fue distinto. Lo vimos subir hacia nosotros. Vimos la mano que apareció alrededor de su cintura, y sentimos cómo lo jalaban mientras tratábamos de sostenerlo. Lo escuchamos gritar desde abajo. HabÃamos visto su rostro en uno de ellos, y después escuchamos su voz pidiéndonos que regresáramos. Gael querÃa saber qué eran esas criaturas, pero yo dejé de pensar en eso muy pronto. No tenÃa una respuesta, y tampoco tenÃa datos suficientes para buscar una. PodÃa describir lo que habÃa visto, y nada más. Caminaban sobre dos piernas, aunque también apoyaban las manos cuando necesitaban moverse rápido. TenÃan la piel gris verdosa, los brazos largos y los pies terminaban en tres dedos. Lo más difÃcil de aceptar era la voz, no repetÃan sonidos al azar, escuchaban frases y luego las usaban.
58:27 Al principio se notaba una pequeña diferencia en el ritmo, pero cada vez que volvÃan a hablar sonaban mejor. En los últimos minutos dentro de la cueva ya costaba distinguir una voz real de una copia, cuando no podÃamos ver a la persona. Ese detalle fue el que más tiempo se me quedó en la cabeza. Dentro de una cueva, uno depende mucho de lo que escucha. Si un compañero queda detrás, lo llamas. Si responde, avanzas hacia su voz. Nosotros dejamos de poder hacer eso. Cada vez que alguien nos hablaba desde un lugar que no veÃamos, tenÃamos que decidir si era una persona o una de esas criaturas. Después de perder a Nadia, la voz seguÃa apareciendo. detrás de nosotros después de perder a Bruno ocurrió lo mismo al salir la cueva volvió a usarlos a los dos no sé si seguÃan vivos en ese momento y nunca tuve una forma de comprobarlo Gael y yo dejamos de explorar juntos durante unas semanas seguimos hablando del tema Luego, las llamadas se hicieron menos frecuentes. Cada vez que lo mencionábamos, terminábamos en el mismo punto. No sabÃamos quién habÃa dejado la mochila que encontramos al principio. No sabÃamos cuánto tiempo llevaban aquellas criaturas ahÃ. Y tampoco sabÃamos hasta dónde podÃan alejarse de la entrada. Las huellas afuera eran suficientes para entender que podÃan salir. Ese dato cambió la forma en que yo recordaba todo. Mientras estábamos dentro, pensaba que el
59:59 peligro terminaba al alcanzar la superficie. Después de ver esas marcas, ya no estaba seguro de eso, y pensaba que quizá podrÃan estar entre nosotros. Meses más tarde, Gael me llamó una noche. Dijo que estaba revisando una bolsa vieja de equipo y habÃa encontrado una cinta amarilla doblada. Era del mismo tipo que habÃamos usado para marcar el camino. Me preguntó si recordaba la cinta que apareció entre las piedras dentro de la cueva. Le dije que sÃ. Entonces me dijo que la que tenÃa delante estaba doblada de la misma forma. No pude verla pues no estuve con él. Nunca dije que fuera la misma cinta porque no tenÃa forma de comprobarlo. Gael, en cambio, estaba convencido. Le pregunté si recordaba haberla guardado y me dijo que no. Después de esa llamada dejamos de hablar de la cueva. Nunca regresé a esa zona y tampoco volvà a entrar en una cueva con Gael. A veces me han preguntado por qué no volvimos con más gente. Nunca tuve una respuesta distinta.
1:01:04 Entramos cuatro y salimos dos. HabÃa restos humanos dentro, varias criaturas, túneles estrechos y marcas que llegaban hasta el exterior. Llevar más personas no cambiaba lo que habÃa ahà abajo. Solo aumentaba el número de personas expuestas. Con el tiempo, dejé de buscar explicaciones. Pensé en animales, en personas escondidas y en algún engaño. Pero ninguna opción cubrÃa todo lo que habÃamos visto y escuchado. Dejé de darle vueltas. Lo que ocurrió dentro de esa cueva sigue siendo suficiente para mÃ. Hay una parte que todavÃa recuerdo con una claridad que no ha cambiado. No es la primera criatura que vimos, ni las huellas, ni la bota afuera. Es el momento en que la voz de Bruno salió desde el conducto después de verlo desaparecer. Yo sabÃa que algo lo habÃa arrastrado.
1:01:59 HabÃa sentido su brazo resbalar entre mis manos. Recuerdo la fuerza al sostenerlo y el instante exacto en que dejé de sentir su peso. Aún asÃ, cuando escuché que decÃa que estaba bien, tuve el impulso de volver. Ese fue el momento que más miedo me dio, porque durante unos segundos le creÃ.
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