Hasta Hoy No Tengo Una Explicación
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0:05 El molino llevaba diez años cerrado, cuando acepté el turno nocturno. La puerta del sótano tenÃa una sola cerradura y solo habÃa una llave en servicio, la misma que yo guardaba en el bolsillo desde que empezaba cada jornada. Por eso todavÃa recuerdo con claridad lo que sentà aquella noche cuando bajé a encender la bomba de desagüe y encontré a una mujer de espaldas arrodillada en el agua. Llevaba tres meses trabajando ahà y conocÃa bien la rutina. Durante las lluvias fuertes tenÃa que revisar el nivel del sótano porque el agua se acumulaba rápido y la bomba evitaba que alcanzara la instalación eléctrica. Aquella tormenta empezó antes de medianoche.
0:49 En uno de mis recorridos vi agua saliendo por debajo de la puerta, asà que regresé a la caseta. Tomé la linterna, el radio y las llaves y volvà al edificio. La cerradura estaba intacta. AbrÃ, encendà la luz de la escalera y empecé a bajar. El foco del fondo no funcionó. Cuando llegué abajo, el agua ya me cubrÃa los tobillos. Avancé unos pasos, escuché movimientos cerca del tanque y levanté la linterna. Entonces la vi. Durante mis rondas anteriores, habÃa pasado frente a esa misma entrada. Siempre encontraba el pasador exterior libre, la puerta cerrada con llave y el área vacÃa.
1:29 El sótano tampoco tenÃa una segunda salida que yo conociera. Por eso, antes de seguir bajando, miré de nuevo hacia la cerradura y luego hacia el agua, tratando de ordenar lo que estaba viendo. No escuché pasos arriba ni puertas moviéndose en el edificio, y tampoco habÃa nadie conmigo en el turno. Aún con todo eso, seguà tratando a la mujer como a una persona que necesitaba ayuda, porque en ese momento eso era lo único razonable. Mi intención era sacarla, encender la bomba y esperar a que bajara el nivel. Estaba arrodillada junto al borde, completamente inmóvil, con el cabello largo pegado a la espalda y un vestido claro empapado hasta la parte baja. Mi primera idea fue que alguien se habÃa metido al molino para refugiarse de la lluvia, pero esa explicación no encajaba con la puerta cerrada. Aún asÃ, le hablé con calma. Le pregunté quién era y le dije que tenÃa que salir porque el nivel estaba subiendo, pero no me respondió. Repetà la advertencia con más fuerza y le pedà que se pusiera de pie. La mujer movió la cabeza lentamente, sin volverse hacia mÃ, y empezó a emitir un gemido agudo, áspero y continuo. El sonido rebotaba en el concreto y me provocó un dolor fuerte en los oÃdos. Retrocedà un paso, le pedà que se calmara y mantuve la luz sobre ella. Apoyó una mano en el tanque, luego la otra y se levantó. SeguÃa dándome la espalda. El vestido estaba pegado al cuerpo por
3:00 el agua y llevaba zapatos viejos de tela. Le señalé la escalera y le dije que saliéramos. Comenzó a caminar hacia mÃ, arrastrando uno de los pies, sin responder a ninguna de mis preguntas. Me aparté para dejarle paso, pero cuando llegó a la escalera no pasó junto a mÃ. Siguió de frente hacia donde yo estaba. retrocedà un peldaño y le ordené que se detuviera pero no hizo caso dio otro paso levantó la cara y por primera vez pude verla de frente tenÃa el rostro muy pálido los ojos abiertos y la piel de las mejillas y la frente levantada en varias zonas la luz de la linterna le dio directamente y no parpadeó el gemido seguÃa saliendo de su garganta aunque apenas movÃa la boca Volvà a retroceder y apreté el radio para pedir apoyo, pero solo escuché estática. Lo intenté otra vez sin resultado. Ella siguió subiendo ahora más rápido mientras el zapato que arrastraba golpeaba cada escalón. Dejé de hablarle y subà hacia la salida.
4:07 Llegué al patio, me giré y la vi a pocos metros todavÃa avanzando. Durante un segundo pensé en seguir retrocediendo y dejar la puerta abierta, pero levantó una mano hacia mà y continuó acercándose. Cerré de golpe, puse el pasador y aseguré la barra. Casi de inmediato comenzaron los golpes desde el otro lado. Al principio fueron separados, luego llegaron varios seguidos, fuertes y desordenados. Me alejé de la entrada, saqué el teléfono y llamé a emergencias. Expliqué que habÃa una mujer atrapada en un sótano inundado que avanzaba hacia mà sin detenerse y que yo habÃa salido porque no sabÃa qué pretendÃa hacer. Me indicaron que no volviera a entrar mientras existiera riesgo y que enviarÃan ayuda. Después llamé al dueño del molino. Me contestó tras varios tonos. Le dije que habÃa encontrado a una mujer dentro del cuarto de bombas. No alcancé a describirla. Antes de que pudiera añadir nada, me preguntó si llevaba un vestido claro y largo.
5:10 Me quedé en silencio y los golpes seguÃan detrás de la puerta. Le pregunté cómo sabÃa eso, pero no me respondió. Solo me dijo que no abriera, que esperara afuera y que los bomberos ya iban en camino. Le aclaré que el agua estaba subiendo y que habÃa una persona ahà dentro. Me repitió la instrucción y volvà a preguntarle por el vestido. Guardó silencio unos segundos. Dijo que iba hacia el molino y terminó la llamada. Ahà fue cuando empecé a preocuparme por algo distinto. Yo no le habÃa dicho la edad de la mujer, no habÃa descrito su cara y tampoco habÃa mencionado la ropa. Solo le informé que habÃa encontrado a alguien en el sótano. Sin embargo, él conocÃa un detalle que no tenÃa forma de saber por mi llamada.
5:58 Mientras trataba de entenderlo, los golpes empezaron a perder fuerza. Después escuché un llanto bajo, entrecortado. Me acerqué unos metros y le grité que la ayuda estaba en camino, pero igual no me contestó. El llanto siguió un poco más y al mirar hacia la base de la puerta, vi agua saliendo por debajo. Entonces recordé que nunca habÃa encendido la bomba. La llave del tablero seguÃa conmigo. Llamé otra vez a emergencias y avisé que el nivel continuaba subiendo. Me insistieron en que permaneciera afuera. Aún asÃ, avancé hacia la puerta y pensé en retirar la barra, pero antes de tocarla, tres golpes fuertes sacudieron el metal, asà que me detuve. El llanto volvió, cada vez más débil, hasta apagarse por completo, y después solo escuché el agua. Regresé a la caseta y me quedé junto a la ventana desde donde podÃa ver la entrada del sótano. La corriente siguió saliendo durante buena parte de la madrugada. No escuché más golpes ni volvió el llanto. Llamé una vez más para confirmar que la ayuda seguÃa en camino y esperé sin apartar la vista del edificio. No querÃa acercarme otra vez sin los bomberos, pero tampoco podÃa dejar de pensar en la llamada al dueño. Repasé exactamente lo que le habÃa dicho y no encontré ninguna frase que explicara cómo habÃa adivinado la ropa de aquella mujer. Durante las horas
7:29 siguientes escuché la lluvia. el agua corriendo por el patio y el ruido del techo de la caseta. Cada cierto tiempo miraba la puerta para comprobar que la barra siguiera en su sitio. No se movió. Al final de la noche, cuando la lluvia empezó a bajar y el cielo comenzó a aclararse, seguÃa esperando que alguien apareciera por el camino de la entrada. Para entonces, la puerta llevaba horas cerrada y nadie habÃa salido. Lo que ya no podÃa explicar era cómo habÃa entrado aquella mujer, ni por qué el dueño sabÃa exactamente qué llevaba puesto. Me quedé esperando ahà hasta que amaneció por completo frente al molino. Al amanecer llegaron los bomberos y poco después apareció el dueño del molino.
8:15 Yo seguÃa en la caseta cuando vi entrar los vehÃculos por el portón. SalÃ, les indiqué dónde estaba la mujer y les dije que llevaba horas sin escucharla. Uno de los bomberos me preguntó si el sótano tenÃa otra salida. Le respondà que no, que solo se podÃa entrar por esa puerta. El pasador seguÃa puesto y la barra continuaba en su sitio, exactamente donde los habÃa dejado. Ellos se acercaron, retiraron ambos seguros y me pidieron que permaneciera atrás mientras abrÃan. Yo esperaba que el agua saliera en cuanto movieran la puerta, porque durante la madrugada la habÃa visto correr por debajo del metal. No salió nada, Uno iluminó las escaleras y empezó a bajar y el otro entró detrás. Me quedé arriba con el dueño hasta que escuché una voz desde el fondo. El cuarto estaba vacÃo. Bajé varios escalones y lo primero que noté fue el concreto seco. Seguà hasta el piso y comprobé que no habÃa charcos, humedad en las paredes ni agua alrededor del tanque y la bomba seguÃa apagada. Metà la mano en el bolsillo y saqué la llave del tablero que no habÃa usado en toda la noche. Los bomberos me preguntaron en dónde habÃa estado la mujer. Señalé el costado del tanque y el punto donde la vi levantarse. Revisaron las tuberÃas, el espacio de mantenimiento y los rincones del cuarto. No encontraron a nadie ni descubrieron otra salida. Me acerqué mientras uno de ellos
9:47 alumbraba el interior del tanque. En el fondo habÃa lodo y, junto a una esquina, sobresalÃa un pedazo de tela. Trajeron un gancho, lo sujetaron y comenzaron a levantarlo. Primero salió una manga, luego el resto de la prenda. Era un vestido viejo, deteriorado y cubierto de barro fresco. Antes de sacarlo por completo, uno de ellos sostuvo la tela sobre el tanque para que escurriera. El barro cayó de nuevo al fondo y dejó visibles varias costuras oscuras en el cuello y las mangas. Yo no necesité acercarme más para reconocerlo. HabÃa visto esas mismas partes cuando la mujer subió detrás de mà por la escalera. El bombero colocó la prenda sobre una lona, tomó fotografÃas y pidió una bolsa para conservarla.
10:36 Nadie la tocó con las manos. El dueño observó todo desde la entrada y evitó acercarse mientras terminaban de asegurarla. Yo seguà ahÃ, sin decir nada. Lo reconocà en cuanto lo vi. TenÃa el mismo largo, las mismas mangas y el mismo cuello. Miré al dueño y él bajó la vista. Uno de los bomberos le preguntó si sabÃa de dónde habÃa salido esa ropa, pero contestó que no. Entonces le pregunté cómo habÃa sabido lo del vestido durante nuestra llamada y solo guardó silencio. Volvà a plantearle lo mismo. Esta vez sin rodeos, yo solo le habÃa dicho que encontré a una mujer en el sótano y antes de escuchar cualquier descripción, él preguntó si llevaba un vestido claro y largo.
11:24 Me pidió que saliéramos al patio. Afuera le dije que necesitaba una explicación. Respondió que años atrás hubo una inundación fuerte en esa zona cuando todavÃa habÃa vivienda cerca del canal. El agua subió durante la noche y murieron varias personas, entre ellas una mujer y sus hijos. No me dio nombres ni fechas. Le pregunté qué relación tenÃa esa inundación con el molino. Dijo que años después, algunos empleados del turno nocturno empezaron a escuchar el llanto de una mujer cerca del cuarto de bombas durante las tormentas. Quise saber si alguien la habÃa visto. Tardó en responder y finalmente admitió que sÃ. Dos trabajadores, en años distintos, habÃan reportado a una mujer cerca del sótano. Ambos mencionaron un vestido claro y largo, por eso conocÃa ese detalle. Le pregunté por qué nunca me habló de esos reportes cuando acepté el puesto. Me contestó que eran historias viejas, que nadie habÃa demostrado la entrada de una persona al edificio y que nunca habÃan encontrado una prueba fÃsica. señalé la puerta abierta y le recordé que los bomberos acababan de sacar una prenda del tanque no tuvo respuesta uno de los bomberos salió con el vestido dentro de una bolsa todavÃa llevaba lodo adherido a la tela el dueño lo observó y volvió la cara le pregunté si reconocÃa la prenda y dijo que no dejé la conversación y bajé otra
12:55 vez acompañado por uno de los bomberos porque querÃa revisar el lugar antes de marcharme Recorrà el mismo espacio donde habÃa estado durante la noche. El piso continuaba seco y no habÃa huellas. Me detuve frente a la bomba y pregunté si toda aquella agua podÃa haber desaparecido sin que el equipo funcionara. El bombero dijo que necesitaba revisar el sistema completo antes de responder y confirmó que la bomba estaba apagada. Miré el tanque. El vestido ya no estaba dentro, solo quedaba el lodo del fondo. tampoco encontramos nada que explicara por dónde habÃa entrado o salido aquella mujer. Subà y regresé a la caseta. El dueño vino detrás de mà y me dijo que me fuera a casa, descansara y habláramos después. Abrà el cajón donde guardaban los documentos del personal y saqué una hoja de baja voluntaria. La puse sobre el escritorio. Ãl entendió lo que iba a hacer y me pidió que no tomara una decisión en ese momento. Le respondà que no iba a cubrir otro turno en ese lugar. Llené la hoja, puse mi nombre, firmé y dejé las llaves junto al documento. Antes de salir, le pregunté qué habÃa ocurrido con los dos trabajadores que aseguraron haber visto a la mujer. Me dijo que ya no trabajaban para la empresa. Quise saber por qué se habÃan ido. Guardó silencio. Le pregunté si habÃan renunciado después de verla, pero no me respondió y solo miró las
14:28 llaves sobre la mesa. salà de la caseta y caminé hacia el portón los bomberos seguÃan trabajando junto al sótano y la bolsa con el vestido estaba en el patio uno de ellos se acercó antes de que me fuera y me pidió mis datos para completar el reporte se los di y aclaré que la llave del tablero habÃa permanecido conmigo durante todo el turno por lo que la bomba no habÃa sido encendida anotó la información y regresó con su compañero yo miré una última vez hacia la bolsa El lodo seguÃa húmedo y se habÃa acumulado en la parte inferior del plástico. El dueño permanecÃa cerca de la oficina. No volvió a llamarme ni trató de convencerme de regresar. Crucé el portón y dejé el molino esa misma mañana. No volvà a trabajar ahÃ, ni regresé por mis cosas, porque todo lo que llevaba durante el turno salió conmigo. Tampoco llamé al dueño para preguntar qué hicieron con el vestido o qué significado tenÃan. lo último que escuché de él fue el silencio que dejó cuando quise saber por qué los otros dos empleados se habÃan ido, eso fue suficiente para mÃ, habÃa pasado toda la noche siguiendo un procedimiento de seguridad, habÃa pedido ayuda y habÃa entregado las llaves, mi trabajo terminaba ahÃ, firmé la renuncia por una razón concreta, el dueño conocÃa el vestido antes de que yo se lo describiera, Y después admitió que otros trabajadores habÃan visto a una mujer vestida de la
16:01 misma forma. Cuando dejé las llaves sobre la mesa, ya sabÃa que no iba a volver a entrar a ese sótano. Salà por el portón, escuché cerrarse la reja detrás de mà y seguà caminando sin mirar otra vez hacia el edificio. Esa noche nunca se me olvida y espero no volver a pasar por algo asà en mi vida. El llanto de la mujer era desgarrador y muy feo. es algo que no le deseo a nadie. Si te gustó este video, te recomiendo ir a ver Turno Nocturno en la Bodega, Noche de la Llorona, y también El Velador que encontró a la Llorona dentro de la bodega.
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