Oct. 8, 2026

Hasta Hoy No Tengo Una Explicación

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 El molino llevaba diez años cerrado, cuando acepté el turno nocturno. La puerta del sótano tenía una sola cerradura y solo había una llave en servicio, la misma que yo guardaba en el bolsillo desde que empezaba cada jornada. Por eso todavía recuerdo con claridad lo que sentí aquella noche cuando bajé a encender la bomba de desagüe y encontré a una mujer de espaldas arrodillada en el agua. Llevaba tres meses trabajando ahí y conocía bien la rutina. Durante las lluvias fuertes tenía que revisar el nivel del sótano porque el agua se acumulaba rápido y la bomba evitaba que alcanzara la instalación eléctrica. Aquella tormenta empezó antes de medianoche.

0:49 En uno de mis recorridos vi agua saliendo por debajo de la puerta, así que regresé a la caseta. Tomé la linterna, el radio y las llaves y volví al edificio. La cerradura estaba intacta. Abrí, encendí la luz de la escalera y empecé a bajar. El foco del fondo no funcionó. Cuando llegué abajo, el agua ya me cubría los tobillos. Avancé unos pasos, escuché movimientos cerca del tanque y levanté la linterna. Entonces la vi. Durante mis rondas anteriores, había pasado frente a esa misma entrada. Siempre encontraba el pasador exterior libre, la puerta cerrada con llave y el área vacía.

1:29 El sótano tampoco tenía una segunda salida que yo conociera. Por eso, antes de seguir bajando, miré de nuevo hacia la cerradura y luego hacia el agua, tratando de ordenar lo que estaba viendo. No escuché pasos arriba ni puertas moviéndose en el edificio, y tampoco había nadie conmigo en el turno. Aún con todo eso, seguí tratando a la mujer como a una persona que necesitaba ayuda, porque en ese momento eso era lo único razonable. Mi intención era sacarla, encender la bomba y esperar a que bajara el nivel. Estaba arrodillada junto al borde, completamente inmóvil, con el cabello largo pegado a la espalda y un vestido claro empapado hasta la parte baja. Mi primera idea fue que alguien se había metido al molino para refugiarse de la lluvia, pero esa explicación no encajaba con la puerta cerrada. Aún así, le hablé con calma. Le pregunté quién era y le dije que tenía que salir porque el nivel estaba subiendo, pero no me respondió. Repetí la advertencia con más fuerza y le pedí que se pusiera de pie. La mujer movió la cabeza lentamente, sin volverse hacia mí, y empezó a emitir un gemido agudo, áspero y continuo. El sonido rebotaba en el concreto y me provocó un dolor fuerte en los oídos. Retrocedí un paso, le pedí que se calmara y mantuve la luz sobre ella. Apoyó una mano en el tanque, luego la otra y se levantó. Seguía dándome la espalda. El vestido estaba pegado al cuerpo por

3:00 el agua y llevaba zapatos viejos de tela. Le señalé la escalera y le dije que saliéramos. Comenzó a caminar hacia mí, arrastrando uno de los pies, sin responder a ninguna de mis preguntas. Me aparté para dejarle paso, pero cuando llegó a la escalera no pasó junto a mí. Siguió de frente hacia donde yo estaba. retrocedí un peldaño y le ordené que se detuviera pero no hizo caso dio otro paso levantó la cara y por primera vez pude verla de frente tenía el rostro muy pálido los ojos abiertos y la piel de las mejillas y la frente levantada en varias zonas la luz de la linterna le dio directamente y no parpadeó el gemido seguía saliendo de su garganta aunque apenas movía la boca Volví a retroceder y apreté el radio para pedir apoyo, pero solo escuché estática. Lo intenté otra vez sin resultado. Ella siguió subiendo ahora más rápido mientras el zapato que arrastraba golpeaba cada escalón. Dejé de hablarle y subí hacia la salida.

4:07 Llegué al patio, me giré y la vi a pocos metros todavía avanzando. Durante un segundo pensé en seguir retrocediendo y dejar la puerta abierta, pero levantó una mano hacia mí y continuó acercándose. Cerré de golpe, puse el pasador y aseguré la barra. Casi de inmediato comenzaron los golpes desde el otro lado. Al principio fueron separados, luego llegaron varios seguidos, fuertes y desordenados. Me alejé de la entrada, saqué el teléfono y llamé a emergencias. Expliqué que había una mujer atrapada en un sótano inundado que avanzaba hacia mí sin detenerse y que yo había salido porque no sabía qué pretendía hacer. Me indicaron que no volviera a entrar mientras existiera riesgo y que enviarían ayuda. Después llamé al dueño del molino. Me contestó tras varios tonos. Le dije que había encontrado a una mujer dentro del cuarto de bombas. No alcancé a describirla. Antes de que pudiera añadir nada, me preguntó si llevaba un vestido claro y largo.

5:10 Me quedé en silencio y los golpes seguían detrás de la puerta. Le pregunté cómo sabía eso, pero no me respondió. Solo me dijo que no abriera, que esperara afuera y que los bomberos ya iban en camino. Le aclaré que el agua estaba subiendo y que había una persona ahí dentro. Me repitió la instrucción y volví a preguntarle por el vestido. Guardó silencio unos segundos. Dijo que iba hacia el molino y terminó la llamada. Ahí fue cuando empecé a preocuparme por algo distinto. Yo no le había dicho la edad de la mujer, no había descrito su cara y tampoco había mencionado la ropa. Solo le informé que había encontrado a alguien en el sótano. Sin embargo, él conocía un detalle que no tenía forma de saber por mi llamada.

5:58 Mientras trataba de entenderlo, los golpes empezaron a perder fuerza. Después escuché un llanto bajo, entrecortado. Me acerqué unos metros y le grité que la ayuda estaba en camino, pero igual no me contestó. El llanto siguió un poco más y al mirar hacia la base de la puerta, vi agua saliendo por debajo. Entonces recordé que nunca había encendido la bomba. La llave del tablero seguía conmigo. Llamé otra vez a emergencias y avisé que el nivel continuaba subiendo. Me insistieron en que permaneciera afuera. Aún así, avancé hacia la puerta y pensé en retirar la barra, pero antes de tocarla, tres golpes fuertes sacudieron el metal, así que me detuve. El llanto volvió, cada vez más débil, hasta apagarse por completo, y después solo escuché el agua. Regresé a la caseta y me quedé junto a la ventana desde donde podía ver la entrada del sótano. La corriente siguió saliendo durante buena parte de la madrugada. No escuché más golpes ni volvió el llanto. Llamé una vez más para confirmar que la ayuda seguía en camino y esperé sin apartar la vista del edificio. No quería acercarme otra vez sin los bomberos, pero tampoco podía dejar de pensar en la llamada al dueño. Repasé exactamente lo que le había dicho y no encontré ninguna frase que explicara cómo había adivinado la ropa de aquella mujer. Durante las horas

7:29 siguientes escuché la lluvia. el agua corriendo por el patio y el ruido del techo de la caseta. Cada cierto tiempo miraba la puerta para comprobar que la barra siguiera en su sitio. No se movió. Al final de la noche, cuando la lluvia empezó a bajar y el cielo comenzó a aclararse, seguía esperando que alguien apareciera por el camino de la entrada. Para entonces, la puerta llevaba horas cerrada y nadie había salido. Lo que ya no podía explicar era cómo había entrado aquella mujer, ni por qué el dueño sabía exactamente qué llevaba puesto. Me quedé esperando ahí hasta que amaneció por completo frente al molino. Al amanecer llegaron los bomberos y poco después apareció el dueño del molino.

8:15 Yo seguía en la caseta cuando vi entrar los vehículos por el portón. Salí, les indiqué dónde estaba la mujer y les dije que llevaba horas sin escucharla. Uno de los bomberos me preguntó si el sótano tenía otra salida. Le respondí que no, que solo se podía entrar por esa puerta. El pasador seguía puesto y la barra continuaba en su sitio, exactamente donde los había dejado. Ellos se acercaron, retiraron ambos seguros y me pidieron que permaneciera atrás mientras abrían. Yo esperaba que el agua saliera en cuanto movieran la puerta, porque durante la madrugada la había visto correr por debajo del metal. No salió nada, Uno iluminó las escaleras y empezó a bajar y el otro entró detrás. Me quedé arriba con el dueño hasta que escuché una voz desde el fondo. El cuarto estaba vacío. Bajé varios escalones y lo primero que noté fue el concreto seco. Seguí hasta el piso y comprobé que no había charcos, humedad en las paredes ni agua alrededor del tanque y la bomba seguía apagada. Metí la mano en el bolsillo y saqué la llave del tablero que no había usado en toda la noche. Los bomberos me preguntaron en dónde había estado la mujer. Señalé el costado del tanque y el punto donde la vi levantarse. Revisaron las tuberías, el espacio de mantenimiento y los rincones del cuarto. No encontraron a nadie ni descubrieron otra salida. Me acerqué mientras uno de ellos

9:47 alumbraba el interior del tanque. En el fondo había lodo y, junto a una esquina, sobresalía un pedazo de tela. Trajeron un gancho, lo sujetaron y comenzaron a levantarlo. Primero salió una manga, luego el resto de la prenda. Era un vestido viejo, deteriorado y cubierto de barro fresco. Antes de sacarlo por completo, uno de ellos sostuvo la tela sobre el tanque para que escurriera. El barro cayó de nuevo al fondo y dejó visibles varias costuras oscuras en el cuello y las mangas. Yo no necesité acercarme más para reconocerlo. Había visto esas mismas partes cuando la mujer subió detrás de mí por la escalera. El bombero colocó la prenda sobre una lona, tomó fotografías y pidió una bolsa para conservarla.

10:36 Nadie la tocó con las manos. El dueño observó todo desde la entrada y evitó acercarse mientras terminaban de asegurarla. Yo seguí ahí, sin decir nada. Lo reconocí en cuanto lo vi. Tenía el mismo largo, las mismas mangas y el mismo cuello. Miré al dueño y él bajó la vista. Uno de los bomberos le preguntó si sabía de dónde había salido esa ropa, pero contestó que no. Entonces le pregunté cómo había sabido lo del vestido durante nuestra llamada y solo guardó silencio. Volví a plantearle lo mismo. Esta vez sin rodeos, yo solo le había dicho que encontré a una mujer en el sótano y antes de escuchar cualquier descripción, él preguntó si llevaba un vestido claro y largo.

11:24 Me pidió que saliéramos al patio. Afuera le dije que necesitaba una explicación. Respondió que años atrás hubo una inundación fuerte en esa zona cuando todavía había vivienda cerca del canal. El agua subió durante la noche y murieron varias personas, entre ellas una mujer y sus hijos. No me dio nombres ni fechas. Le pregunté qué relación tenía esa inundación con el molino. Dijo que años después, algunos empleados del turno nocturno empezaron a escuchar el llanto de una mujer cerca del cuarto de bombas durante las tormentas. Quise saber si alguien la había visto. Tardó en responder y finalmente admitió que sí. Dos trabajadores, en años distintos, habían reportado a una mujer cerca del sótano. Ambos mencionaron un vestido claro y largo, por eso conocía ese detalle. Le pregunté por qué nunca me habló de esos reportes cuando acepté el puesto. Me contestó que eran historias viejas, que nadie había demostrado la entrada de una persona al edificio y que nunca habían encontrado una prueba física. señalé la puerta abierta y le recordé que los bomberos acababan de sacar una prenda del tanque no tuvo respuesta uno de los bomberos salió con el vestido dentro de una bolsa todavía llevaba lodo adherido a la tela el dueño lo observó y volvió la cara le pregunté si reconocía la prenda y dijo que no dejé la conversación y bajé otra

12:55 vez acompañado por uno de los bomberos porque quería revisar el lugar antes de marcharme Recorrí el mismo espacio donde había estado durante la noche. El piso continuaba seco y no había huellas. Me detuve frente a la bomba y pregunté si toda aquella agua podía haber desaparecido sin que el equipo funcionara. El bombero dijo que necesitaba revisar el sistema completo antes de responder y confirmó que la bomba estaba apagada. Miré el tanque. El vestido ya no estaba dentro, solo quedaba el lodo del fondo. tampoco encontramos nada que explicara por dónde había entrado o salido aquella mujer. Subí y regresé a la caseta. El dueño vino detrás de mí y me dijo que me fuera a casa, descansara y habláramos después. Abrí el cajón donde guardaban los documentos del personal y saqué una hoja de baja voluntaria. La puse sobre el escritorio. Él entendió lo que iba a hacer y me pidió que no tomara una decisión en ese momento. Le respondí que no iba a cubrir otro turno en ese lugar. Llené la hoja, puse mi nombre, firmé y dejé las llaves junto al documento. Antes de salir, le pregunté qué había ocurrido con los dos trabajadores que aseguraron haber visto a la mujer. Me dijo que ya no trabajaban para la empresa. Quise saber por qué se habían ido. Guardó silencio. Le pregunté si habían renunciado después de verla, pero no me respondió y solo miró las

14:28 llaves sobre la mesa. salí de la caseta y caminé hacia el portón los bomberos seguían trabajando junto al sótano y la bolsa con el vestido estaba en el patio uno de ellos se acercó antes de que me fuera y me pidió mis datos para completar el reporte se los di y aclaré que la llave del tablero había permanecido conmigo durante todo el turno por lo que la bomba no había sido encendida anotó la información y regresó con su compañero yo miré una última vez hacia la bolsa El lodo seguía húmedo y se había acumulado en la parte inferior del plástico. El dueño permanecía cerca de la oficina. No volvió a llamarme ni trató de convencerme de regresar. Crucé el portón y dejé el molino esa misma mañana. No volví a trabajar ahí, ni regresé por mis cosas, porque todo lo que llevaba durante el turno salió conmigo. Tampoco llamé al dueño para preguntar qué hicieron con el vestido o qué significado tenían. lo último que escuché de él fue el silencio que dejó cuando quise saber por qué los otros dos empleados se habían ido, eso fue suficiente para mí, había pasado toda la noche siguiendo un procedimiento de seguridad, había pedido ayuda y había entregado las llaves, mi trabajo terminaba ahí, firmé la renuncia por una razón concreta, el dueño conocía el vestido antes de que yo se lo describiera, Y después admitió que otros trabajadores habían visto a una mujer vestida de la

16:01 misma forma. Cuando dejé las llaves sobre la mesa, ya sabía que no iba a volver a entrar a ese sótano. Salí por el portón, escuché cerrarse la reja detrás de mí y seguí caminando sin mirar otra vez hacia el edificio. Esa noche nunca se me olvida y espero no volver a pasar por algo así en mi vida. El llanto de la mujer era desgarrador y muy feo. es algo que no le deseo a nadie. Si te gustó este video, te recomiendo ir a ver Turno Nocturno en la Bodega, Noche de la Llorona, y también El Velador que encontró a la Llorona dentro de la bodega.