Fui Al Camino De Las Brujas Y Una De Ellas Quiso Quedarse Con Mi Hijo - Historias De Terror - REDE
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0:06 Recuerdo bien cuando empezó todo. Yo vivÃa con mi esposa Rosa, mi hijo Carlos, mi hija Mariela y el bebé Emiliano, en un pueblo al que llegamos por trabajo. Rentábamos una casa en una orilla. No conocÃamos bien a nadie y no tenÃamos familia cerca. Nuestra vida era tranquila hasta que comenzaron los ruidos en la noche. La primera vez escuché pasos en el techo y pensé que era un animal. Me quedé acostado esperando a que se callara, pero no se cayó. Los pasos siguieron varios minutos con pausas claras de un lado a otro. Al dÃa siguiente no dije nada.
0:47 Pensé que no valÃa la pena inquietar a Rosa por una sola noche, pero volvió a pasar. La segunda vez salà al patio con una lámpara. Revisé alrededor de la casa y no vi a nadie. Volvà a entrar y los pasos empezaron otra vez. Ahà entendà que alguien estaba rondando la casa. Poco después comenzaron los rasguños en las ventanas. Primero fueron leves, luego se hicieron más claros y más seguidos. Sonaban en un vidrio, paraban y luego empezaban en otro. Yo revisaba y no encontraba nada. No eran ramas ni piedras, eran marcas hechas con fuerza sobre el vidrio o el marco.
1:28 Rosa empezó a ponerse más nerviosa que yo, sobre todo porque el bebé se alteraba antes de cada ruido. Se movÃa dormido, abrÃa los ojos de golpe y empezaba a quejarse. Rosa lo cargaba y trataba de calmarlo, pero muchas veces, en cuanto ella lo levantaba, empezaban los pasos o los rasguños. Una mañana hablé con un vecino, le pregunté si en esa zona se metÃan muchachos a molestar. Me respondió que en ese rumbo se escuchaban cosas en las casas donde habÃa recién nacidos. Le pedà que hablara claro. Entonces me dijo que en el pueblo habÃa gente que hablaba de brujas. Lo dijo serio. Yo no le creÃ, pero tampoco me gustó la forma en que lo dijo. Asà que me fui con esa idea en la cabeza. Desde ese dÃa puse más atención. Revisaba puertas y ventanas antes de dormir.
2:24 Dejé una lámpara cerca de la cama y un palo al alcance de la mano. También procuré que Carlos y Mariela durmieran más cerca de nuestro cuarto. Lo hice porque ya era evidente que alguien rondaba la casa por las noches. Los ruidos seguÃan un orden. Primero el techo, luego las ventanas, después silencio, y al rato otra vez el techo. La noche que escuchamos la primera risa cambió todo. rosa tenÃa al bebé en brazos porque estaba inquieto yo estaba sentado en la cama entonces se oyó una risa de mujer junto a la ventana del cuarto fue breve y clara venÃa del vidrio rosa se quedó quieta yo me levanté y caminé hasta la ventana antes de llegar se escucharon tres rasguños seguidos corrà la cortina y alcancé a ver una sombra apartarse hacia un lado no le vi la cara vi el movimiento y vi que se retiró rápido Después de eso, pasamos a Carlos y a Mariela a nuestro cuarto para tener a los niños juntos. Esa madrugada volvimos a escuchar pasos y luego otras risas, ya más lejos.
3:34 Cuando amaneció, salà a revisar. Encontré marcas frescas en el marco de una ventana y tierra removida junto a la pared. Llamé a Rosa para que lo viera. En cuanto lo miró, me dijo que ya no querÃa seguir en esa casa. Yo le respondà que primero iba a hablar con la autoridad del pueblo. Fui a buscarla y conté lo que estaba pasando. Expliqué que llevaban varias noches subiéndose al techo y raspando las ventanas. También dije que habÃa un bebé en la casa. La respuesta fue mala. Me dijeron que si yo no habÃa visto claramente a la persona, no podÃan hacer mucho. Mencionaron que tal vez eran muchachos molestando.
4:17 Les dije que esto no habÃa pasado una sola vez y que la situación iba empeorando. Me respondieron que si volvÃa a pasar, avisara otra vez. Salà de ahà sin confianza y sin ayuda. De regreso me detuvo una señora mayor que vivÃa cerca. Me dijo que ya sabÃa lo que estaba ocurriendo en nuestra casa. Después me advirtió que no dejáramos solo al bebé durante la madrugada y que no abriéramos las ventanas cuando escucháramos risas. Le pregunté por qué hablaba de eso con tanta seguridad. Me contestó que cuando ya se escuchaban junto al vidrio era porque querÃan entrar. No discutà con ella, seguà caminando, pero ya iba más tenso que antes. Esa tarde revisé otra vez la casa, ajusté lo que pude en la ventana del cuarto y movà un mueble para usarlo de apoyo desde adentro. También revisé la cocina y las puertas. Rosa preparó una mochila con papeles, algo de dinero y ropa del bebé. También hablé con Carlos y le dije que si en la noche escuchaba algo, se levantara rápido y se quedara con nosotros junto a su hermana. La siguiente noche empezó igual que las anteriores. Primero se escuchó el ruido arriba de la casa. Luego vino un silencio corto. Después empezaron los rasguños en una de las ventanas. Rosa tomó al bebé y yo me quedé sentado en la cama con la lámpara en la mano. Entonces volvieron las risas, pero esta
5:50 vez fueron dos y sonaron más cerca. Luego vino un golpe seco en el marco. No fue un rasguño, fue un golpe claro. Ahà entendà que ya no estaban dando vueltas alrededor de la casa. Ya estaban probando por dónde entrar. Esa noche no dormimos. Rosa no soltó al bebé. Y yo seguÃa sin saber qué habÃa afuera, pero ya tenÃa claro que cada noche se acercaban más. La casa dejó de sentirse segura. Adentro estábamos nosotros con tres niños. Afuera habÃa alguien insistiendo en entrar. Aún asÃ, no nos fuimos ese dÃa. Pensé que podÃamos aguantar un poco mientras buscábamos salida, pero me equivoqué. A la noche siguiente ya no se quedaron en el techo ni afuera de las ventanas. Esa noche intentaron entrar por el bebé. Recuerdo esa noche completa, sin huecos, porque ahà se acabó cualquier duda que yo todavÃa tenÃa. Hasta ese momento ya habÃamos pasado varias noches con pasos en el techo, rasguños en las ventanas y risas junto al vidrio. Ya habÃamos dormido tensos, con la lámpara cerca y los niños en nuestro cuarto. Pero esa noche todo pasó de golpe y dentro de la casa.
7:08 Rosa y yo estábamos despiertos desde antes de que empezara el ruido. Emiliano andaba inquieto y por eso ella lo tenÃa cerca. Carlos y Mariela dormÃan en un colchón dentro del cuarto, a un lado de nuestra cama porque, desde dÃas antes, decidimos no dejarlos solos. Yo tenÃa la lámpara junto a la mano y un palo recargado contra la pared. Entonces se escucharon otra vez los pasos arriba de la casa. Fueron claros, lentos, de un lado a otro. No dije nada, Rosa tampoco, pero los dos nos quedamos atentos, esperando el siguiente ruido. Después vinieron los rasguños en la cocina. Esta vez sonaron más fuertes, más seguidos, con más presión sobre el vidrio y el marco. Me levanté, agarré la lámpara y salà del cuarto sin prender la luz. Fui despacio, pero no por miedo a caminar. Fui asà porque querÃa escuchar bien desde donde estaban tocando. En cuanto llegué a la cocina oà que uno de los vidrios se movió.
8:14 Me acerqué a la cortina, la abrà apenas de un lado. y alcancé a ver una sombra cruzando hacia el patio. No vi cara, no vi ropa, no vi más que ese movimiento rápido. Volvà al cuarto y le dije a Rosa en voz baja que ya no era el ruido de otras noches, que alguien estaba metiendo mano en la casa. No habÃan pasado ni unos segundos cuando se oyó una risa junto a la ventana del cuarto. Luego se oyó otra, más corta, y enseguida vino un golpe seco en el marco Rosa abrazó al bebé y se pegó a la pared yo le dije a Carlos que se levantara de inmediato que tomara a Mariela de la mano y la llevara al baño le dije también que no la soltara y que esperara ahà hasta que yo le hablara Carlos se levantó rápido todavÃa medio dormido pero entendió apenas alcanzaron a moverse se escuchó otro golpe ahora más fuerte del lado de la cocina tomé el palo y fui otra vez La ventana ya estaba forzada. Un seguro habÃa cedido y uno de los vidrios estaba corrido. Antes de acercarme más, vi una mano entrar por el hueco. Vi los dedos buscar el otro seguro y moverse hacia abajo. No dudé.
9:30 Le pegué al marco con fuerza, para sacar la mano y la retiraron de golpe. Afuera se escuchó una carrera corta. Luego, otra risa, pero esta vez más lejos. No me quedé ahÃ. En ese momento entendà que me estaban moviendo de un lado a otro para abrir otro punto de la casa, asà que salà corriendo de la cocina y regresé al cuarto. Cuando entré, la ventana del cuarto ya estaba cediendo. La tabla que yo habÃa puesto para reforzarla estaba zafada de un lado y el marco se movÃa hacia adentro. Me lancé sobre la ventana y la sostuve con el cuerpo. Del otro lado tiraron otra vez. Rosa ya habÃa sacado a Carlos y a Mariela del baño y los tenÃa junto a ella. Carlos abrazaba a su hermana. Mariela estaba llorando y Emiliano ya lloraba fuerte. Yo les dije que se quedaran pegados a la pared y que nadie se separara.
10:28 En ese momento volvieron los pasos sobre el techo, justo encima de nosotros. Fueron pocos, pero claros, y luego se escuchó un golpe fuerte arriba. Carlos dijo que habÃa visto una sombra pasar por el lado del patio. Yo no podÃa soltar la ventana. La sentÃa floja en las manos. Si la soltaba, se abrÃa más. Rosa se acomodó con el bebé entre los brazos y cubriéndole la cabeza. Mariela seguÃa llorando y Carlos trataba de calmarla sin dejar de mirar hacia la ventana. De pronto la ventana se abrió lo suficiente para que entraran dos brazos. No fue un hueco grande, pero bastó. Vi las manos meterse hacia la cuna y hacia la cama. Rosa reaccionó en ese instante y se puso al bebé contra el pecho, cubriéndolo con el cuerpo. Yo solté una mano de la ventana, agarré el palo y golpeé hacia los brazos con toda la fuerza que pude. Se oyó un grito de mujer y los brazos salieron de inmediato. Carlos tomó otro palo que estaba recargado cerca de la puerta y golpeó también el marco.
11:34 Todo ocurrió en segundos, pero alcanzó para ver la intención con total claridad. No estaban intentando asustarnos. Estaban buscando al niño. En medio de eso, se rompió un vidrio de la esquina y cayó al piso del cuarto. Rosa giró para cubrirle la cara al bebé. Yo me puse frente a la ventana, cerrando el paso con el cuerpo. Del otro lado, vi dos sombras moviéndose muy rápido. No les vi la cara, pero sà vi manos volver hacia el mar y escuché otra risa corta y seca. Ahà tomé la decisión de salir. Quedarnos encerrados ya no tenÃa sentido, pues la ventana estaba vencida, la cocina ya habÃa sido forzada y nosotros tenÃamos a tres niños adentro. Le dije a Rosa que nos Ãbamos en ese momento. Ella me respondió que no querÃa cruzar por la cocina si todavÃa habÃa alguien por ese lado.
12:28 Entonces le dije a Carlos que se preparara para abrir la puerta principal cuando yo se lo ordenara, que no soltara a Mariela y que saliera primero. A Rosa le dije que no soltara al bebé bajo ninguna circunstancia. Mientras ellos se acomodaban, yo seguà empujando la ventana para ganar unos segundos más. Afuera se escuchó movimiento sobre la pared y luego otra vez en el techo. Ya estaban rodeando la casa. Carlos abrió camino. Yo empujé el mueble contra la ventana una vez más y corrimos hacia la puerta principal. La tranca se atoró. Jalé, empujé, volvà a empujar y no abrÃa. Metà el hombro con más fuerza y entonces cedió.
13:13 Abrimos de golpe y salimos todos a la calle y, en cuanto cruzamos hacia afuera, se oyó otra risa sobre la casa. Levanté la lámpara y vi dos bultos agachados en el techo, moviéndose hacia la parte de atrás. No me detuve y seguimos corriendo. Llegamos a la casa del vecino que me habÃa advertido dÃas antes. Toqué con fuerza, abrió de inmediato y nos metió. Su esposa prendió las luces y llevó a Carlos y a Mariela a un cuarto. Rosa seguÃa abrazando al bebé sin soltarlo. Cuando por fin revisamos a Emiliano, vimos la cobija rota y tres marcas rojas en una pierna. Eran delgadas y recientes. Rosa empezó a llorar en cuanto las vio. Yo le pedà al vecino que llamara a la autoridad del pueblo. Tardaron en llegar, pero cuando por fin fueron a la casa, ya no habÃa nadie. La ventana del cuarto estaba forzada, la cocina dañada, la cuna movida y en el marco quedó una mancha oscura.
14:16 La alumbraron y dijeron que era sangre. Esa noche no regresamos a dormir ahÃ. Nos quedamos con los vecinos hasta el amanecer. Rosa no soltó al bebé. Carlos y Mariela no durmieron. Y yo me quedé sentado junto a la puerta, con la lámpara y el palo en la mano, esperando a que no volvieran. A la mañana siguiente vimos otra vez las marcas del niño. Miramos la casa abierta y supimos que ya no habÃa nada que pensar. HabÃan intentado entrar y habÃan ido directo por el bebé. Al amanecer llevamos a Emiliano al centro de salud. Rosa no lo soltó en todo el camino. Lo llevaba pegado al pecho, envuelto en la misma cobija rota de la noche anterior.
15:00 Yo iba mirando la calle y tratando de ordenar la cabeza, pero no podÃa. TenÃa el cuerpo cansado, las manos duras de tanto apretar el palo y la ventana, y la mente seguÃa metida en el cuarto, en el ruido del vidrio. y en los brazos entrando por el marco. Aún asÃ, habÃa que hacer lo primero, que era revisar al niño. La enfermera nos hizo pasar sin tardarse mucho. Rosa le mostró la pierna de Emiliano y ella limpió la zona con cuidado. Dijo que eran tres raspones cortos, superficiales, recientes. Luego llamó al médico para que lo revisara también. Le tocó la frente, le movió la pierna y nos dijo que, en ese momento, estaba estable. que solo lo vigiláramos por fiebre o inflamación. No hubo más que eso. A nosotros nos bastaba con saber que el niño seguÃa bien y que las marcas no eran más graves. Salimos del centro de salud y fuimos directo a la casa, pero no entramos todos. Carlos y Mariela se quedaron con la vecina.
16:03 Rosa y yo entramos solos. Yo abrà primero y me quedé unos segundos en la puerta, mirando hacia adentro. La casa estaba revuelta, la ventana del cuarto seguÃa abierta y dañada, y en la cocina también se veÃa claro que habÃan forzado la entrada. No quise detenerme mucho. Entramos, tomamos bolsas, papeles, ropa del bebé y lo más necesario. En el marco del cuarto seguÃa la mancha de sangre seca, y en una astilla de la madera habÃa un pedazo de tela atorado. No hablamos casi nada mientras sacábamos las cosas. Rosa iba de un lado a otro con la cabeza baja, tomaba ropa, revisaba los documentos, volvÃa a revisar los pañales y luego miraba al bebé otra vez. Yo hice lo mismo con las herramientas, el dinero, los papeles de renta, unas mudas de los niños y lo poco de valor que podÃamos cargar.
17:00 Cada ruido de la calle me hacÃa volver la cara hacia la puerta. No querÃa llegar a la noche, todavÃa dentro de esa casa. La noche anterior nos habÃa dejado una sola idea clara. Ahà ya no podÃamos seguir. Mientras estábamos en eso, llegó la señora que, dÃas antes, me habÃa dicho que cuidara al bebé. Miró la ventana, vio la madera rota y la mancha del marco, y dijo de inmediato que ya no habÃa nada que pensar, que no pasáramos otra noche ahÃ. También dijo que en ese pueblo ya habÃan ocurrido cosas parecidas. Yo no le pedà detalles ni discutà con ella. A esa altura ya no me importaba cómo lo nombraban los demás. Yo no necesitaba una palabra. Lo que yo tenÃa delante era una ventana vencida, una cocina forzada y un bebé con marcas en la pierna.
17:54 Volvà a buscar a la autoridad del pueblo y la respuesta fue casi la misma de antes. Me dijeron que podÃan dejar aviso, que si querÃa podÃa presentar una queja en otro lugar. y que por el momento no podÃan hacer más. No ofrecieron vigilancia, no hicieron una revisión seria, no preguntaron por los niños y no dieron ninguna seguridad para esa noche. Salà de ahà con más prisa que antes. Ya no estaba esperando ayuda, ya estaba pensando solo en sacar a mi familia de ese lugar antes de que oscureciera. Ese mismo dÃa llamé a mi hermano, que vivÃa en otra ciudad, y le dije que necesitábamos llegar con él, De inmediato, me dijo que sà y con eso bastó.
18:38 Regresé a la casa, se lo dije a Rosa y desde ese momento todo se volvió a puro. Vendimos unas cosas a un vecino, guardamos otras en costales y dejamos lo que no podÃamos cargar. Nos fuimos con lo básico, ropa, papeles, algo de dinero, cobijas y lo necesario para los niños. Lo demás se quedó ahÃ, regado entre la prisa y el miedo. Rosa estaba muy alterada, aunque hacÃa el esfuerzo de mantenerse firme por Carlos y Mariela. Cada poco rato revisaba la pierna de Emiliano, le tocaba la frente y se aseguraba de que respirara tranquilo. Carlos pasó casi todo el dÃa callado, no preguntó mucho, solo obedecÃa y ayudaba en lo que le pedÃamos. Mariela no se querÃa despegar de su madre. Yo andaba de un cuarto a otro, cargando bolsas, cerrando costales, viendo qué faltaba, pendiente de la calle y del cielo, pues no querÃa que nos alcanzara la noche ahÃ. Esa era mi idea fija desde que salimos de la casa del vecino. Nos fuimos antes de que oscureciera, y en el camino casi no hablamos. Rosa llevaba al bebé en brazos y de vez en cuando le descubrÃa la pierna para mirar las marcas. Carlos iba despierto.
19:57 viendo hacia afuera. Mariela terminó dormida al poco rato. Yo iba mirando el camino y repasando lo que habÃa quedado atrás. La ventana abierta, la cuna movida, la cocina forzada, la sangre en el marco. No iba pensando en cuentos ni en versiones del pueblo. Iba pensando en un hecho simple. Si nos quedábamos otra noche, volvÃan a entrar. Los dÃas siguientes fueron duros. Emiliano tuvo un poco de fiebre y lo vigilamos de cerca. Rosa casi no dormÃa. Carlos se despertaba de madrugada sobresaltado, diciendo que oÃa pasos arriba del techo y Mariela ya no quiso dormir sola. Yo perdà el trabajo porque no regresé al pueblo y también perdimos la renta adelantada y varias cosas que dejamos. Irnos nos salvó, pero también nos dejó casi empezando de cero Esa parte pesa mucho porque la gente a veces escucha la historia y se queda con la noche del ataque. Lo que vino después también tuvo un costo y fue un costo alto.
21:03 Tiempo después me llamó el vecino que nos abrió la puerta aquella noche. Me dijo que en la casa se volvieron a escuchar ruidos aún estando vacÃa. También me contó que otras personas no duraron ahÃ. Yo no le pedà detalles pues no quise seguir buscando versiones ni completar nada. Para mà era suficiente con lo que nosotros habÃamos vivido. Yo no necesitaba oÃr más historias para saber que hicimos lo correcto al salir. Hasta hoy cuento esto tal como lo recuerdo. Durante varias noches escuchamos pasos en el techo, rasguños en las ventanas y risas de mujer junto al vidrio. Revisé varias veces y no encontré una explicación normal. La noche más grave forzaron la cocina. Vencieron la ventana del cuarto y metieron los brazos buscando al bebé. Nosotros reaccionamos, cubrimos al niño, golpeamos para hacerlas retroceder y salimos de la casa con los tres niños. Emiliano quedó con marcas recientes en la pierna y en el marco quedó sangre.
22:08 A la mañana siguiente lo revisaron en el centro de salud y ese mismo dÃa nos fuimos del pueblo. La gente de ese lugar decÃa que eran brujas. Yo no afirmo más de lo que vi y de lo que escuché. Vi sombras moverse en el techo y junto a la ventana. Escuché risas junto al vidrio. Vi manos entrar por la cocina y por el cuarto. Arrosa cubrir al bebé con el cuerpo y vi a Carlos ayudarme a sacar a Mariela de la casa. Eso fue suficiente para tomar la decisión. Nunca volvimos a esa casa ni a vivir en ese pueblo. no hubo apoyo real, no hubo protección y no hubo forma de recuperar lo que dejamos, nos fuimos porque era la única salida que tenÃamos, esa es la parte más dura de recordar, uno quisiera resolverlo de otra manera, quedarse, defender su casa, seguir con su vida, pero nosotros no pudimos, nosotros salimos con miedo, Con pocas cosas y con la certeza de que, si tardábamos más, el riesgo para mi hijo iba a ser todavÃa mayor. Lo voy a contar como lo recuerdo, porque esa noche, en el rancho de mi familia, nos cambió a todos. Ãramos cuatro, mi padre, mi hermano Julián, mi primo Toño y yo. HabÃamos ido desde temprano a revisar animales y a quedarnos a dormir,
23:41 porque al dÃa siguiente todavÃa faltaba trabajo. En mi familia habÃa una regla vieja. Después de las diez de la noche, nadie salÃa al patio ni al corral. La regla venÃa desde mis abuelos. Ellos decÃan que en ese lugar salÃa algo del monte. Unos lo llamaban Nahual y otros solo decÃan que no convenÃa andar afuera a esa hora. Yo crecà oyendo eso, pero nunca habÃa visto nada. Mi padre sà respetaba esa regla. Cada vez que nos quedábamos en el rancho, repetÃa lo mismo. De noche nadie salÃa por gusto y si pasaba algo se resolvÃa entre todos. Esa noche lo dijo otra vez cuando terminamos de cenar. Ya era tarde y cerró el tema. lo que faltara se hacÃa al dÃa siguiente, Toño se burló un poco y dijo que siempre salÃan con la misma historia para meter miedo, yo no dije nada y Julián se quedó callado, todavÃa seguÃamos sentados cuando se oyó el primer golpe afuera, salió del lado de las gallinas y fue un golpe seco, Mi padre levantó la cabeza y se quedó escuchando. Luego vino otro, más fuerte, y ahà notamos algo peor. Los perros del rancho se callaron de golpe. Esos perros ladraban por cualquier movimiento, pero esa vez se quedaron mudos. Mi padre dijo que tal vez se habÃa metido alguien, porque tiempo atrás ya habÃan robado herramientas y una baterÃa. Esa
25:15 fue la primera idea que tuvimos. Mi padre agarró la escopeta, Toño tomó un machete, yo una lámpara y Julián una barra. Mi padre nos ordenó salir juntos y no abrirnos. En cuanto cruzamos la puerta, sentà el cambio en el rancho. Los animales seguÃan inquietos, pero el ruido normal de la noche se habÃa cortado y solo quedaban esos golpes aislados, seguidos de silencio. Fuimos primero a la parte de las gallinas. La malla estaba levantada y habÃa dos gallinas tiradas con el cuello quebrado. Mi padre se agachó, las vio un momento y dijo que eso no era trabajo de un perro cualquiera. Toño respondió que entonces debÃa ser un animal del monte, pero ya no habló más. Desde el corral salió otro golpe y todos volteamos al mismo tiempo. Nos movimos hacia allá. Los becerros estaban apretados en una esquina y la vaca se pegaba al cerco, nerviosa. Alumbré hacia el fondo y alcancé a ver algo negro entre los postes.
26:23 No vi la figura completa, vi el lomo alto y luego un cambio en el cuerpo. Se lo dije a mi padre. Ãl me pidió que dejara fija la luz y obedecÃ. Entonces se oyó un gruñido corto, ronco y cerca. En ese momento apareció uno de los perros del rancho, por debajo de la cerca. VenÃa arrastrándose, con la parte de atrás del lomo abierta y sangre en la tierra. Al verlo asÃ, dejamos atrás la idea del ladrón. Mi padre dijo que regresáramos a la casa. Lo dijo rápido, pero ya estábamos abiertos en el patio, y el trayecto nos dejaba descubiertos. Antes de movernos, se oyeron dos pasos arriba del cuarto donde guardábamos costales. No fueron pasos ligeros, fueron dos golpes sobre la lámina. Levanté la luz y lo vi. Primero aparecieron las patas apoyadas en el borde del techo, luego el cuerpo entero. Era una figura negra, grande, más alta de lo que podÃa ser un perro. Cuando la lámpara le pegó de frente, se incorporó sobre las patas traseras y quedó parada. Eso fue lo que se me quedó grabado. Quedó erguida y nos miró. TenÃa cabeza de perro, hocico largo, pecho ancho y las patas delanteras dobladas cerca del cuerpo. No era una persona ni un perro normal. Los cuatro la estábamos viendo y nadie gritó.
27:51 Mi padre levantó la escopeta. Toño dio un paso atrás. Julián soltó una groserÃa y se pegó más a la cerca. Yo me quedé quieto con la lámpara en la mano. La figura siguió asà unos segundos, luego bajó el cuerpo, saltó del techo y cayó al suelo. Mi padre ordenó que nos cerráramos hacia el cuarto para salir juntos, pero no alcanzamos. La cosa avanzó primero de lado y luego se vino encima. El primer golpe se lo dio a Julián, lo lanzó y la lámpara de él cayó al suelo. Mi padre disparó en cuanto lo vio caer. El tiro le pegó o la rozó porque la figura giró pero no cayó. Toño entró con el machete y apenas se acercó, recibió un golpe de un lado que también lo tumbó.
28:39 Yo metà el palo que llevaba para apartarla y se me partió en las manos. Ahà ya la tenÃamos enfrente. Con una lámpara en el suelo y la otra en mi mano, alcancé a verla mejor. TenÃa el lomo alto, las costillas marcadas y los ojos reflejando la luz. En cuatro patas se movÃa rápido, pero al levantarse quedaba más alta que cualquiera de nosotros. Mi padre gritó que nos pegáramos a la pared y que no la dejáramos meterse entre nosotros. Hicimos eso a la fuerza. Julián ya sangraba de la pierna. Toño se levantó otra vez con el machete. Yo recogà una horquilla vieja y mi padre volvió a cargar la escopeta. La figura empezó a moverse de lado buscando el hueco. Mi padre disparó cuando se lanzó contra el cuarto para entrar por un costado. El tiro la sacudió pero no la detuvo. Dio un salto largo, cayó del otro lado del gallinero y dejó de verse. Mi padre gritó que nos metiéramos de una vez. Aprovechamos ese segundo, levantamos a Julián y corrimos hacia la casa. Ya habÃamos cruzado parte del patio, cuando la figura salió otra vez, por el lado del tinaco. VenÃa erguida sobre dos patas, con la cabeza baja y el cuerpo cargado hacia nosotros.
29:58 Ahà supe que no nos iba a dejar entrar sin pelear. Mi padre disparó otra vez en cuanto la tuvo enfrente, pero la figura no cayó, solo cambió de rumbo y se fue contra Toño, que era el que estaba más cerca y traÃa el machete arriba. Toño alcanzó a tirarle al cuello, pero el golpe le entró más atrás, en la parte alta del lomo. Y en ese mismo momento, la cosa se volvió contra él y le soltó dos golpes seguidos, uno en el pecho y otro en el brazo. Toño se fue al suelo junto al bebedero y el machete salió de su mano. Mi padre gritó que no nos separáramos. Yo estaba sosteniendo a Julián para que no se fuera de lado, pero tuve que soltarlo un segundo para recoger el machete. Julián ya traÃa rota la pierna del pantalón y la sangre le bajaba hasta la bota.
30:51 Quiso apoyarse por su cuenta, pero la pierna no le respondió. En eso, la figura giró otra vez hacia nosotros, bajó a cuatro patas, avanzó unos pasos y volvió a levantarse. Ese cambio nos cortó el ritmo por completo, cada vez que uno pensaba que ya la tenÃa enfrente de una forma. Al siguiente movimiento ya estaba de otra. Mi padre nos mandó pegarnos a la pared de la casa y se quedó de frente con la escopeta. Yo levanté a Julián del brazo y me lo llevé arrastrando hasta la puerta. Toño se puso de pie con trabajo, volvió por el machete y se nos juntó. La figura empezó a cerrarnos por un lado, sin entrar directo, buscando espacio. Mi padre esperó a que se acercara más y disparó casi encima.
31:40 Ahora sà reaccionó, dio un salto hacia atrás y soltó un gruñido fuerte, animal salido del pecho. Con ese espacio logramos meter a Julián a la cocina. Yo entré con él, Toño detrás, y mi padre cerró de un golpe. Luego atravesó una mesa contra la puerta. Los golpes empezaron casi en cuanto quedó cerrada. Primero pegaron en una pared, luego en el techo y después en la puerta. No fueron raspones ni empujones flojos. Eran golpes de lleno, uno tras otro, con pausas cortas entre cada embestida. El marco temblaba cada vez y adentro nos movimos rápido. A Julián le amarré arriba de la pantorrilla con un trapo porque la sangre seguÃa saliendo. Toño traÃa abiertas varias rajadas en el pecho y otra más en el brazo. Mi padre tenÃa lastimada una mano, pero seguÃa firme. Lo más grave ahà era Julián.
32:38 Ya estaba pálido, sudando y respiraba corto. mi padre se quedó un momento junto a la ventana viendo por las rendijas aunque afuera casi no se distinguÃa nada yo le pregunté si todavÃa traÃa cartuchos y me dijo que ya le quedaban muy pocos Toño se apretó el brazo con la mano buena y preguntó si lo que estaba afuera podÃa tumbar la puerta mi padre respondió que sà lo dijo directo sin darle vueltas luego dejó de mirar por la ventana y se fue a revisar qué tenÃamos a la mano Detrás de la cocina estaba el tambo con diésel para la bomba, unas botellas vacÃas y trapos viejos.
33:20 Mi padre dijo que preparáramos dos botellas, por si tenÃamos que prender fuego en la entrada y abrirnos paso hasta la camioneta. Yo le dije lo del tanque de gas que estaba cerca. Me respondió que por eso el fuego iba a ser corto y en la pura entrada, solo para frenarla y ganar unos segundos. No estábamos pensando en tumbarla, ni en quedarnos a pelear ahà dentro. QuerÃamos salir. Preparamos dos botellas con trapo y poco diésel, lo suficiente para que prendieran. Mientras hacÃamos eso, los golpes cambiaron de lugar. Sonaron sobre el cuarto donde dormÃamos, luego en una esquina del patio y después se cortaron de golpe. Ese silencio nos dejó peor, porque mientras pegaba, al menos sabÃamos por dónde andaba. Cuando dejó de sonar ya no supimos desde dónde iba a entrar. Mi padre volvió a acercarse a la ventana y dijo que no veÃa nada. En ese instante algo se estrelló contra la puerta. La mesa se recorrió varios centÃmetros. Julián se arrastró hasta un rincón y agarró un banco con las dos manos. Toño se puso junto a la entrada con una de las botellas. Yo tomé la otra y mi padre quedó en medio con la escopeta descargada. Ya más para usar la culata que para otra cosa. La segunda embestida abrió una rajadura en el marco. Entró tierra, aire y una parte de la sombra de afuera. Por esa rendija alcancé a ver pelo
34:52 negro y un pedazo de hocico. Mi padre le hizo una señal a Toño y esperó el siguiente golpe. Cuando volvió a empujar abrió lo mÃnimo y Toño metió el trapo prendido por el hueco. La respuesta fue inmediata. se oyó un golpe hacia atrás luego un gruñido más fuerte y enseguida entró el olor a pelo quemado yo abrà un poco más y aventé mi botella al suelo justo frente a la puerta la botella se rompió chueca pero prendió un tramo corto de fuego en la entrada con esa lumbre vimos mejor la figura estaba pegada a la puerta traÃa sangre en el hocico el pelo chamuscado en el cuello y un hombro y una pata delantera la apoyaba mal Ahà se notaba que sà le habÃan entrado los tiros y el machete. Mi padre salió primero y le pegó con la culata de la escopeta en la cabeza.
35:46 Yo salà detrás con la horquilla y se la metà al pecho. No entró hondo, pero la frenó un instante. Toño lanzó el segundo trapo prendido y la figura giró con fuerza. En ese giro le abrió la mano a mi padre y lo tumbó contra una cubeta. Yo traté de sacar la horquilla, pero se quedó atorada y tuve que soltarla. Entonces se me vino encima, dio dos pasos en cuatro patas, se levantó otra vez y me cerró el frente de la puerta. Desde adentro, Julián aventó el banco y le pegó en una pierna. No la tumbó, pero le cortó el paso, el tiempo suficiente para que yo me metiera. Toño jaló a mi padre del brazo bueno y entre los tres volvimos a cerrar. La lumbre seguÃa afuera ya más baja y el humo entraba por la rajadura del marco. Mi padre se apretó la mano con un trapo, respiró una vez y dijo que encerrados nos iba a acabar. La única salida seguÃa siendo la camioneta.
36:48 Estaba cerca, pero el tramo hasta allá quedaba abierto. Entonces repartió lo que seguÃa. Yo corrÃa primero con las llaves, Toño cubrÃa con el machete y mi padre sacaba a Julián. Julián ya no podÃa caminar bien, pero seguÃa consciente y nos dijo que lo sacáramos de una vez, antes de que esa cosa volviera a tumbar la puerta. Nos quedamos quietos unos segundos, escuchando. Afuera volvió a moverse por un costado de la cocina. Se oyeron pasos cortos junto al tinaco, luego un roce contra la pared y otra pausa. Mi padre se asomó por la rendija, esperó el momento en que la sombra pasó del otro lado y nos hizo la seña. Toño apretó el machete. Yo guardé las llaves en la mano para no perder tiempo. Mi padre acomodó a Julián del brazo y tomó aire. En cuanto la figura cambió otra vez de lado, abrimos de golpe y salimos.
37:48 Corrà directo a la camioneta y no volteé. Abrà la puerta, me subÃ, metà la llave y el motor prendió al primer intento. En cuanto encendió, solté el claxon y prendà las luces altas. El patio quedó alumbrado de frente y ahà los vi salir. Toño venÃa detrás de mà con el machete levantado. Mi padre traÃa a Julián sostenido de un lado y Julián apenas podÃa apoyar una pierna. Todo pasó en segundos, pero yo todavÃa lo recuerdo por partes. Primero la luz, luego el ruido del motor y después la figura saliendo del lado del corral. Con las luces de la camioneta la vi completa. Era negra, grande, con la cabeza de perro, el lomo alto y el pecho ancho.
38:35 No la confundà con un perro del monte ni con una sombra. La vi de frente, con la luz encima, moviéndose entre ellos y la camioneta. Salió cerrándoles el paso antes de que alcanzaran el cobertizo, y ahà empezó la parte más dura de toda la noche, porque ya los tenÃa a pocos metros de la puerta y todavÃa no podÃan subir. Toño se metió entre ellos y soltó dos machetazos cortos para abrir camino. Uno le pegó en el costado, el otro no alcancé a verlo bien, porque la figura giró de golpe y volvió a entrar por otro ángulo. Mi padre soltó a Julián un segundo para no caerse con él, y en ese momento el Nahual se fue directo a mi hermano, que ya estaba en el suelo y apenas levantaba los brazos. Toño volvió a meter el machete y logró sacarle la cabeza del frente. En esa vuelta, la figura le alcanzó la bota y lo hizo caer de rodillas. Yo seguÃa con una mano en el claxon y la otra en el volante. No estaba pensando con calma.
39:39 VeÃa que si se quedaban atorados ahà ya no los iba a sacar. Metà reversa un poco y luego avancé hacia el bulto negro. No le pegué de lleno pero lo obligué a quitarse del frente. La defensa pegó contra un poste y el golpe sonó fuerte. Las luces siguieron sobre la figura y por un momento se echó hacia atrás. Con ese espacio mi padre levantó a Julián por debajo del brazo y casi lo aventó hacia la puerta del copiloto. yo abrà desde adentro y Julián se subió arrastrándose mi padre rodeó por atrás y se metió del otro lado Toño seguÃa afuera le grité que se subiera de una vez él ya estaba de pie pero traÃa una mano mala la camisa abierta y llena de sangre alcanzó a dar dos pasos hacia la camioneta cuando la figura volvió a salir por debajo del cobertizo y se le vino encima otra vez Toño respondió con el machete pero ya traÃa menos fuerza Dio un golpe corto, reculó y el Nahual lo alcanzó en la espalda empujándolo contra el costado de la camioneta. No lo tumbó por completo, pero lo dejó doblado y sin aire. Mi padre abrió su puerta y le gritó que se moviera hacia atrás. Toño no corrió abierto. Se pegó a la camioneta y siguió el costado hasta la puerta trasera. Quiso subirse por ahÃ, pero la figura volvió a meter la cabeza y una pata por debajo, tirando hacia sus piernas. Yo avancé otra vez
41:10 la camioneta unos metros para obligarla a salir de abajo. Funcionó. Dio un salto hacia atrás y por primera vez la vi mal apoyada de una pata. También le vi el costado abierto. Ya iba herida, eso era claro. Toño aprovechó ese segundo, abrió la puerta trasera y se metió medio cayéndose. Apenas azotó la puerta, metà velocidad y saqué la camioneta del patio. No volteé de inmediato. Me fui derecho hasta agarrar el camino y solo entonces miré por el espejo. No vi que nos siguiera y no voy a decir que ahà se me quitó el miedo. El miedo siguió todo el trayecto. Nadie habló durante los primeros minutos. Adentro solo se oÃa el motor, el aire entrando por una ventana que no cerraba bien y la respiración de todos.
42:01 Julián iba recostado del lado del copiloto con la pierna amarrada y la cara blanca. Toño se apretaba el brazo con una mano y con la otra trataba de sujetarse, para no golpearse en el pecho. Mi padre traÃa sangre en la palma y en la muñeca, pero aún asà iba viendo hacia atrás a cada rato. Cuando llegamos al centro de salud, ya venÃamos todos manchados de sangre, tierra y humo. A Julián le cosieron la pierna porque la herida era profunda. A Toño le cerraron los cortes del pecho y del brazo. Mi padre traÃa la mano abierta y un golpe fuerte, asà que también lo atendieron de inmediato.
42:42 Yo traÃa golpes en los brazos y una raspada larga, pero fui el que salió mejor. Esa parte ya no tuvo nada raro. Fueron preguntas, curaciones y llamadas a la familia. Nadie nos contradijo al vernos entrar en ese estado. No hizo falta explicar mucho al principio. Bastaba con ver cómo llegamos. Cuando amaneció, regresamos al rancho con dos vecinos. Fuimos por las cosas a revisar a los animales y a ver qué habÃa quedado. La malla seguÃa rota. En la entrada de la cocina habÃa sangre, tierra revuelta, marcas de golpes en la puerta y pelo negro quemado cerca del suelo.
43:23 También encontramos el patio alterado de punta a punta, pero ya no se distinguÃa un rastro limpio. Entre nuestras pisadas, la sangre, los animales sueltos y todo lo que pasó en la noche, la tierra quedó revuelta. Uno de los perros murió por la herida que traÃa. Los otros dos no se acercaban al corral. Se quedaban pegados a la casa y no querÃan salir. Mi abuela no se sorprendió cuando supo. preguntó fue si habÃamos salido después de la hora que ella siempre prohibÃa, mi padre le dijo que sà y ella bajó la cabeza, no nos regañó, no hizo preguntas largas y tampoco quiso discutir lo que era, en la familia nadie volvió a burlarse de esa regla, se quedó fija otra vez ya sin necesidad de explicarla, Después de esa noche, el rancho siguió ahÃ, pero ya no fue igual para nosotros. Durante mucho tiempo, nadie quiso dormir solo. Si habÃa que ir, se iba de dÃa y se regresaba temprano. Mi padre reforzó puertas, arregló cercos y puso más luz, pero eso solo servÃa para cuidar la casa. Lo otro seguÃa allá afuera. Yo no voy a inventar ni a darle otro nombre. digo lo que vi y lo sostengo igual ahora, una figura grande, negra, con forma de perro, capaz de moverse en cuatro patas y de pararse en dos, nos hirió, nos acorraló y solo se apartó, cuando entre todos le respondimos con fuego, machete, golpes,
44:56 luces y la camioneta encima, nos salvamos porque alcanzamos a reaccionar, porque no nos soltamos por completo y porque se abrió un espacio para salir, No hubo nada fácil en eso. Si tardábamos un poco más en correr a la camioneta, esa noche no salimos completos. Yo vivÃa en un pueblo pequeño. Desde niña escuché hablar del camino viejo que salÃa por la orilla del monte. La gente le decÃa el camino de las brujas. DecÃan que ahà se aparecÃan cosas y que una mujer embarazada no debÃa meterse por ese tramo.
45:42 Yo oÃa todo eso, pero nunca lo tomé en serio. Para mà eran historias del pueblo. Cuando pasó lo que voy a contar, yo estaba embarazada. No era un embarazo que yo hubiera buscado. TenÃa miedo, estaba enojada y no sabÃa qué iba a hacer. En mi casa casi no hablaba de eso, me guardaba todo. Un dÃa salà con mis primos a caminar. QuerÃan ir un rato hacia el monte. Yo acepté, porque querÃa distraerme y salir de la casa. Uno de ellos dijo que por el camino viejo llegábamos más rápido y seguimos por ahÃ. Al principio Ãbamos hablando normal, pero cuando entramos más al camino se acabó el ruido del pueblo. Ya no se oÃan carros, ni voces, ni perros.
46:29 Solo se escuchaban nuestros pasos. Uno de mis primos dijo que mejor no siguiéramos tanto y otro contestó que no pasaba nada. Yo también dije que la gente exageraba demasiado con ese lugar. Nos detuvimos un momento para descansar. Yo ya venÃa cansada y traÃa la cabeza llena de cosas. Ahà fue donde dije lo que no debÃa decir. Lo dije por enojo y lo dije sin pensar. Dije que yo no querÃa tener a mi hijo en ese momento y que no estaba lista. Apenas terminé, mis primos se quedaron en silencio. Una de mis primas me dijo que no hablara asÃ, y menos en ese lugar. Otro dijo que mejor nos regresáramos. Yo iba a responderle cuando escuchamos un ruido a un lado del camino. Se oyó claro entre los árboles, asà que todos volteamos. Luego salió una mujer del monte y se acercó hasta quedar cerca del camino.
47:27 Ninguno de nosotros la conocÃa. Yo estaba segura de eso. pues en un pueblo pequeño uno ubica a casi toda la gente a esa mujer yo no la habÃa visto nunca traÃa ropa oscura y el cabello suelto no pidió ayuda y no dijo nada al principio solo se quedó mirándonos uno de mis primos le preguntó si necesitaba algo pero ella no lo miró a él me miró a mà después bajó la vista a mi vientre y sonrió luego dijo que si yo no lo querÃa ella sà Lo dijo despacio y claro, y todos la escuchamos. Mi prima me agarró del brazo y otro de mis primos empezó a retroceder. Yo me quedé inmóvil, pues acababa de decir exactamente lo que yo habÃa dicho unos segundos antes.
48:17 Nos regresamos de inmediato. Yo no podÃa caminar rápido, pero mis primos me apuraban y me sostenÃan. Nadie quiso quedarse ahÃ. Más adelante, uno de ellos volteó hacia atrás y dijo que la mujer seguÃa ahÃ. Yo también volteé y la vi parada en el mismo sitio. No se habÃa movido. Llegamos al pueblo alterados y nos fuimos directo con una tÃa. Le contamos todo. Lo primero que me preguntó fue qué habÃa dicho yo antes de que saliera esa mujer. Yo no querÃa repetirlo, pero lo hice. Mi tÃa se molestó y dijo que esas cosas no se dicen. Luego mandó llamar a mi mamá. Cuando mi mamá llegó y escuchó la historia, se asustó. Esa noche no me dejó dormir sola.
49:01 Me dijo que no volviera a pasar por ese camino y que no dijera otra vez algo asà del niño. Yo traté de ponerle una explicación. Pensé que tal vez esa mujer nos habÃa escuchado desde el monte. Me repetà eso porque me convenÃa creerlo, pero esa calma me duró poco. DÃas después la vi otra vez. Yo estaba en una tienda del pueblo, habÃa gente comprando y el tendero estaba ocupado. Yo estaba esperando mi cambio, y cuando levanté la vista hacia la calle y la vi, estaba parada enfrente, quieta, mirándome. Era la misma mujer del camino, la reconocà al instante.
49:43 Se me cayó una moneda de la mano y el tendero me preguntó si me sentÃa bien. Volvà a mirar hacia la puerta y ella ya no estaba. Salà enseguida a la calle. Miré a los lados, pero no la vi. La calle estaba casi vacÃa y regresé a mi casa temblando. No quise contárselo a todo el mundo, pero sà se lo dije a mi mamá. Ella me escuchó en silencio. Me dijo que podÃa ser el susto que yo seguÃa cargando desde ese dÃa. Pero también me pidió que no saliera sola. La mujer volvió a aparecer otras veces. A veces la veÃa en una esquina. A veces estaba al final de una calle. y otras veces la veÃa junto a una barda. Nunca se acercaba demasiado cuando habÃa mucha gente, pero siempre estaba mirando hacia mÃ. En varias ocasiones volvió a repetir la misma frase. DecÃa que si yo no lo querÃa, ella sÃ. No decÃa nada más y no cambiaba las palabras. Yo escuchaba eso y se me cerraba el pecho. Mis primos también estaban asustados. Ellos habÃan oÃdo a esa mujer en el camino. y sabÃan que yo no estaba inventando nada. En mi casa dejamos de hablar del tema frente a otras personas, porque no querÃamos que todo el pueblo se metiera. Aún asÃ, el miedo ya estaba dentro de la casa. Yo empecé a tener miedo de salir, de quedarme sola y de acercarme a las ventanas.
51:14 También empecé a dormir mal. Me acostaba cansada y aún asà tardaba en dormirme. Con el paso de los dÃas dejé de sentirme segura incluso dentro de mi casa. Ya no me gustaba estar sola en un cuarto y me sobresaltaba con cualquier ruido. Si escuchaba algo afuera iba de inmediato a revisar. Todo empezó en ese camino. Yo dije algo sin pensar y después de eso esa mujer empezó a aparecerse frente a mÃ. Después de la primera vez que la vi otra vez en el pueblo mi vida cambió. Yo seguÃa haciendo lo necesario, pero ya no vivÃa tranquila. Mi mamá empezó a acompañarme a todas partes. Si yo tenÃa que ir al centro de salud, ella iba conmigo.
51:57 Si tenÃa que hacer un mandado, me acompañaba una prima, una tÃa o alguno de mis primos. Ya no me dejaban sola mucho tiempo. Al principio yo pensé que estaban exagerando, pero luego entendà que no. Desde aquel dÃa en el camino, todo se habÃa movido de lugar. La mujer no aparecÃa todos los dÃas, pero aparecÃa lo suficiente para que yo no pudiera descansar. A veces la veÃa al pasar por una calle, a veces la veÃa junto a una barda, y otras veces levantaba la vista hacia una ventana o hacia un patio y ahà estaba. Siempre era la misma. No la confundà nunca con otra persona. no era una mujer del pueblo a la que yo no ubicara bien era la misma mujer que salió del monte la reconocÃa por la cara por la forma de quedarse quieta y por esa sonrisa que me dirigÃa solo a mà una tarde pasó algo que terminó de convencer a mi mamá yo estaba en la casa sentada cerca de una ventana mi mamá andaba en otra parte yo levanté la vista y vi a la mujer del otro lado del vidrio Estaba parada frente a la ventana y me miraba fijo.
53:09 No iba pasando, no estaba lejos, estaba ahÃ. Yo me quedé inmóvil, mi mamá notó mi cara, siguió mi mirada y también la vio. Soltó lo que traÃa en las manos y vino por mà de inmediato. Me llevó a otro cuarto y llamó a mi tÃo, pero cuando salieron a revisar ya no habÃa nadie afuera. Desde ese dÃa, en mi casa, dejaron de hablar del asunto como un simple susto. Mi mamá llamó a una tÃa y también habló con otra persona del pueblo. Todos me decÃan que no saliera sola, que no caminara por la orilla del monte y que tratara de mantenerme serena. Yo hacÃa el intento, pero no lograba calmarme. La mujer seguÃa apareciendo. A veces la veÃa cuando iba caminando con mi mamá. A veces la alcanzaba a ver. aunque fuera acompañada por otras personas, y otras veces solo la veÃa yo. A esa altura ya no me importaba mucho que alguien dudara, yo sabÃa bien lo que estaba viendo. En una revisión del embarazo me pasó otra vez. Fui al centro de salud con mi mamá, estábamos esperando, cuando miré hacia un espacio abierto que daba al patio, y ahà estaba ella. se quedó quieta y me miró después miró mi vientre y luego dijo que ya faltaba poco y repitió la misma frase que si yo no lo querÃa ella sà mi mamá estaba a mi lado y también la vio las dos
54:40 nos levantamos mi mamá quiso ir hacia ella pero cuando salimos ya no estaba revisamos alrededor y no la encontramos a partir de ahà el miedo ya no se me quitó yo empecé a pensar en el niño todo el tiempo Ya no era solo culpa por lo que dije en el camino, era miedo. Miedo de que algo pasara antes del parto, durante el parto o después. Empecé a dormir mal, me despertaba varias veces en la noche y cualquier ruido me alteraba. Si escuchaba algo afuera, me incorporaba de golpe. Si un perro ladraba cerca, yo ya no podÃa volver a cerrar los ojos. Mi mamá me repetÃa que tratara de calmarme. porque el embarazo ya estaba avanzado, pero yo no podÃa. En el pueblo la gente empezó a enterarse. Unos nos creyeron y otros no. Algunas personas decÃan que ese camino tenÃa mala fama desde hacÃa años.
55:40 Otras decÃan que yo estaba impresionada y que por eso veÃa cosas. Yo dejé de discutir pues no tenÃa fuerzas para convencer a nadie. Lo único que me importaba era que el niño naciera bien y que esa mujer dejara de aparecer, pero eso no pasó, en mi casa empezaron a suceder cosas que antes no ocurrÃan, una noche se escucharon ruidos en el techo, mi tÃo salió a revisar y no encontró nada, otro dÃa se oyó un golpe afuera y cuando asomaron ya no habÃa nadie, en otra ocasión uno de mis primos dijo que alcanzó a ver una figura pasar por la parte de atrás y Desde entonces, en la casa, todos dormÃan más atentos. Nadie hablaba mucho del tema, pero todos sabÃan que algo seguÃa cerca. Poco antes de que naciera mi hijo, mi mamá quiso llevarme con una familiar a otro lugar. QuerÃa que pasara fuera del pueblo los últimos dÃas del embarazo, pero no pudimos hacerlo, pues yo ya estaba muy avanzada. Además, no tenÃamos dinero para movernos de un dÃa para otro. Nos quedamos donde estábamos.
56:51 Yo no me sentÃa tranquila con eso, pero tampoco tenÃa otra salida. Mi hijo nació en el hospital del municipio. El parto fue difÃcil, pero salió bien. Cuando me lo pusieron en brazos, yo sentà vergüenza por lo que habÃa dicho en el camino y también sentà miedo. Desde ese momento solo querÃa tenerlo cerca. Lo miré y pensé que no iba a dejar que nadie me lo quitara. Mi mamá me dijo que lo importante era que el niño habÃa nacido bien, y yo quise aferrarme a eso. Regresamos a la casa al dÃa siguiente. Entré con el niño en brazos y sentà otra vez la tensión que me habÃa acompañado durante todo el embarazo. No vi nada raro, pero el cuerpo se me puso duro desde que crucé la puerta. Mi mamá me pidió que no pensara en eso, que descansara y que tratara de dormir. Mi tÃo se quedó cerca. Una prima también pasó la noche con nosotros.
57:48 Nadie querÃa decirlo de frente, pero nadie querÃa dejarme sola con el niño. Tratamos de mantener la calma, revisaron puertas y ventanas, y pusieron la cuna cerca de mi cama. Mi mamá se quedó conmigo. Mi tÃo se quedó despierto en otra parte de la casa. Mi prima también se mantuvo alerta. Yo no pude dormir bien, pues el niño estaba muy pequeño. yo seguÃa débil por el parto y mi cabeza no dejaba de dar vueltas tenÃa una sola idea fija esa mujer no habÃa terminado conmigo la noche iba pasando y en la casa casi nadie hablaba todo estaba en silencio hasta que se escuchó un golpe afuera fue un solo golpe seco contra una pared todos nos quedamos atentos mi tÃo salió a revisar y volvió diciendo que no habÃa visto a nadie Mi mamá me pidió que no me alterara y yo seguà mirando hacia la ventana.
58:47 Después se escuchó el primer arañazo. Fue un ruido largo sobre el vidrio. Luego vino otro y después otro en otra parte de la casa. El niño se despertó llorando. Mi mamá lo cargó. Mi prima se puso de pie de inmediato y mi tÃo regresó y dijo que ya nadie iba a salir ni a abrir. Apenas terminó de decirlo, empezaron las risas afuera Yo supe que era ella. Desde que empezaron los arañazos, dentro de la casa nadie volvió a dudar. Ya no era un ruido aislado ni algo que pudiera explicarse fácil. Primero sonó en una ventana, luego en otra, y después en una puerta. Los golpes cambiaban de lugar y no nos dejaban seguir pensando con calma.
59:34 Mi hijo se despertó llorando y ya no se volvió a quedar tranquilo. Mi mamá lo cargó unos momentos mientras trataba de calmarlo. Mi prima se quedó de pie junto a la cama. Las risas se escuchaban afuera, pegadas a la casa. No venÃan de lejos. Se oÃan junto a la ventana, luego en la pared y después en la parte de atrás. Yo estaba recién aliviada y todavÃa me sentÃa débil. Aún asÃ, no podÃa apartar la vista de la ventana. No querÃa moverme de la cama, pero tampoco podÃa cerrar los ojos. Mi cabeza estaba fija en una sola idea, que esa mujer no entrara y que no tocara a mi hijo. En medio de esos ruidos se escuchó la voz. No la escuché solo yo, la escucharon mi mamá, mi prima y mi tÃo. Era la misma voz que oà en el camino y la misma que habÃa escuchado otras veces durante el embarazo. Dijo otra vez que si yo no lo querÃa, ella sÃ. Lo dijo claro, sin apurarse y sin alzar demasiado la voz. Mi mamá empezó a rezar en voz baja, mi prima se persignó y mi tÃo se quedó junto a la puerta, atento a cualquier otro golpe. Yo le pedà a mi mamá que me diera al niño. Ella dudó un momento, pero me lo entregó. Yo me lo pegué al pecho y no lo solté más en toda la noche. Los ruidos siguieron durante mucho tiempo. A ratos eran arañazos largos en el vidrio. Luego venÃan golpes secos en la madera y
1:01:06 después se oÃan pasos sobre el techo. No habÃa descanso. Cuando un ruido terminaba, empezaba otro. El niño lloraba, se cansaba, se quedaba quieto un momento y volvÃa a llorar. Mi cuerpo seguÃa dolorido por el parto. Me costaba moverme y hasta respirar hondo. Aún asÃ, el miedo me mantuvo despierta. Yo no pensaba en otra cosa. tenÃa al niño abrazado la mirada clavada en la ventana y el oÃdo pendiente de cada sonido en un momento todo se quedó en silencio pero ese silencio fue peor que los golpes nadie habló mi mamá dejó de rezar mi tÃo no se movió de la puerta y mi prima se quedó quieta mirando hacia la sala yo seguà viendo la ventana y en eso la cortina se movió un poco No fue un movimiento grande, solo se levantó lo suficiente para dejar ver el vidrio. Entonces la vi. La mujer tenÃa la cara pegada a la ventana. No estaba lejos, estaba del otro lado del vidrio, a pocos pasos de mi cama.
1:02:12 Era la misma mujer del camino. TenÃa la misma sonrisa y la misma mirada fija. No estaba golpeando en ese momento, solo me miraba. Yo grité, mi mamá volteó y también la vio. Mi prima dio un paso hacia atrás y se tapó la boca. Mi tÃo alcanzó a entrar al cuarto justo cuando la mujer levantó una mano y golpeó el vidrio una sola vez. El golpe sonó fuerte. Luego ella se movió y salió de nuestra vista. Mi tÃo quiso abrir y salir, pero mi mamá se lo impidió. Le dijo que no iba a dejarlo ir afuera. Le dijo que no sabÃamos qué habÃa ahà ni qué podÃa pasar si abrÃa. Ãl se quedó adentro, pero no se apartó de la puerta. empujaron un mueble contra la entrada del cuarto y nos encerramos todos ahÃ, nadie pensó ya en dormir, nadie habló de esperar a que se calmara, solo querÃamos aguantar hasta que amaneciera, la voz volvió varias veces, siempre decÃa lo mismo, no cambiaba una palabra, repetÃa esa frase y luego se callaba y después volvÃan los arañazos, los golpes o las risas, Mi mamá rezaba por momentos y luego se quedaba callada para escuchar. Mi prima lloraba en silencio y mi tÃo seguÃa firme junto a la puerta.
1:03:31 Yo tenÃa al niño en brazos y sentÃa que no iba a poder soltarlo ni para acomodarme. El dolor del cuerpo seguÃa ahÃ, pero en esa noche el miedo estaba por encima de todo. Las horas pasaron despacio. Yo no miré ningún reloj. Nadie estaba pendiente de la hora. Solo esperábamos la luz del dÃa. Cada cierto tiempo pensábamos que los ruidos iban a terminar, pero no. VolvÃan. En la ventana, en el techo, en la puerta, en una pared. La casa entera quedó tomada por esos sonidos. Mi hijo lloró hasta quedarse afónico. Mi mamá me ayudó a acomodarlo y a darle de comer, sin dejar de estar atenta a la voz de afuera. Mi prima se sentó un rato en el piso y luego volvió a levantarse. Mi tÃo no se separó ni un momento de la entrada. Hubo otra pausa larga antes del amanecer. Esta vez nadie se movió ni habló. Yo no dejaba de mirar la ventana, aunque ya no veÃa nada detrás del vidrio. SentÃa la espalda entumida, los brazos cansados y el cuerpo agotado, pero no podÃa relajarme. TenÃa la sensación de que, si bajaba la guardia un segundo, esa mujer iba a volver a aparecer en el mismo sitio. Al amanecer, todo terminó. No fue poco a poco. No se fue alejando. Simplemente dejó de escucharse. Se acabaron los arañazos, los golpes, las risas
1:05:02 y la voz. Aún asÃ, nadie abrió de inmediato. Nos quedamos un rato más dentro del cuarto y esperamos a que hubiera más luz. Mi tÃo salió primero, revisó la puerta, la sala, las ventanas y luego el patio. Afuera no habÃa nadie, pero sà quedaron marcas. En la ventana del cuarto habÃa rayones claros sobre el vidrio. En el marco también habÃa señales y en otra ventana encontraron más. Mi mamá las vio y se quedó callada unos segundos. Luego dijo que ya no nos Ãbamos a quedar en esa casa. No lo dijo dudando, lo dijo como una decisión tomada. Nadie se opuso y nadie propuso esperar otra noche. Todos entendimos lo mismo. Esa misma mañana empezamos a guardar lo necesario.
1:05:50 No empacamos todo, solo tomamos la ropa, los papeles importantes, unas cobijas y las cosas del niño. Mi mamá se movÃa rápido y mi tÃo consiguió en qué llevarnos. Yo seguÃa débil, asà que me quedé con el niño mientras ellos entraban y salÃan. Nadie habló mucho durante esas horas, pues todos seguÃamos tensos. Todos querÃamos irnos antes de que volviera a caer la tarde. Nos fuimos del pueblo ese mismo dÃa. Al principio pensamos que serÃa por unos dÃas, pero ya no regresamos a vivir ahÃ. Yo no quise volver a dormir en esa casa, y mi mamá tampoco quiso que el niño pasara otra noche ahÃ. nos fuimos por miedo y esa es la verdad no fue una salida ordenada ni planeada fue una huida desde entonces vivo en otro lugar nunca volvió a pasarme algo tan fuerte como esa noche pero el miedo ya no se me quitó sigo revisando puertas y ventanas antes de dormir sigo despertando con cualquier ruido afuera mi hijo creció lejos de ese pueblo él sabe que nos fuimos por algo grave pero no conoce toda la historia. Yo no se la cuento completa, porque no quiero dejarle ese peso. Yo sé lo que pasó y sé lo que vivÃ. Mis primos escucharon a esa mujer en el camino. Mi mamá la vio conmigo más de una vez. Mi familia oyó su voz afuera de la casa, la noche en que nació
1:07:22 mi hijo. También vieron las marcas en las ventanas al amanecer. Yo dije algo en un lugar del que todos hablaban. Y después esa mujer apareció, me siguió durante el embarazo, llegó hasta mi casa y nos obligó a irnos. Han pasado años, pero yo sigo viviendo con miedo.
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